Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son propiedad exclusiva del señor Hideaki Sorachi.
Aclaración: Cada vez que mencionen a un "él" hará referencia (casi en su mayoria) a Gintoki. Excepto por las menciones en los comentarios.
Octubre: Mes 7: Primera parte
Dark angel pregunta:
Hola a todos los que lean este tema. Escribo para consultarles acerca de un problema que me ha perseguido durante mucho tiempo. Se trata de una chica, una que me vuelve loco, literalmente. Si la conocieran verían por qué, es todo un caso. Verán, este asunto es sencillo pero también complejo. Comenzaré contando desde el inicio:
El año pasado tuve la desagracia de presenciar el fin del ciclo de todo ser humano. Se trata de mi hermana, mi única familia en el mundo. Desde ese entonces nada volvió a ser igual para mí solo me mantenía en pie el firme deseo de venganza hacia el bastardo infeliz que la dejó morir.
Como es natural, aprendí a valerme por mí mismo y tomé la decisión de cambiarlo todo: de ambiente, de distrito, de escuela. Comencé trasladándome a uno de los colegios del distrito Kabuki. Ahí es donde construiría mi nueva vida, lejos de todo.
Llegué temprano en el primer día de clases con el fin de conocer gente o simplemente encontrar personas con quien "pasar el rato". Ese lugar era endemoniadamente grande, muy distinto del pequeño pueblecito del que venía, en el que la escuela apenas acaparaba un cuarto de la manzana de una esquina. Era imposible no perderse sin volverse loco allí.
En mi desenfreno por no querer preguntar hacia dónde quedaba mi salón, me quedé sentado en un banco mirando a los alumnos que entraban sin parar y los criticaba mentalmente a medida que pasaban. Fue en el lapso de esos pocos minutos cuando tuve el honor de conocerla.
- ¡Oi! ¡Enano! ¿Eres de secundaria? –me preguntó una chica de pelo rojo a mis espaldas.
- ¿A quién le dices enano? –reaccioné yo enojado mientras me ponía de pie, mostrando que mi alturaera superior a la de ella.
- ¡Pues a ti, idiota! Te pregunto si eres de secundaria o ¿acaso eres de primer año? –me volvió a hablar, redoblando su postura.
La primera impresión que tuve de ella fue que era grosera, vulgar, molesta, inmadura, torpe –podría seguir todo el día si tuviera que describirla en su totalidad así que me saltearé algunas cosas– y distraída. Nada de lo que me gusta en una chica. No podría nombrar ni una sola cualidad favorable.
- ¿Te parece que soy enano? Soy más alto que tú –le respondí furioso.
- ¡Ohhh! Vaya, estoy en presencia de un jugador de la NBA. Qué honor.
Sarcástica la nena. Muchos podrían pensar que una jovencita debería ser educada, cordial y amable. Pero ella, en particular, no era nada de eso; ni se acercaba.
- Mira quién lo dice. Aquí el único renacuajo eres tú. Y por cierto, soy de segundo.
Noté desde el inicio que era muy impulsiva y provocarla se fue convirtiendo en mi hobby favorito.
- Bien, tenemos dos lugares libres. Escoge el que quieras –me dijo mi sensei cuando entré al aula.
- Quiero ése –le señalé, firme y seguro.
Aquel era el asiento más próximo a ella, quien se encontraba durmiendo sobre su pupitre.
- ¿Estás seguro? ¿No prefieres ése que está al lado de esa linda chica de allá?
- No, ahí estará bien.
- Ok. No quiero quejas después –quedé advertido mas no era consciente del terrible peligro que corría en verdad.
Quería estar lo más cerca posible. Por mucho que me desagradó desde un comienzo, me atrajo la emoción de "reírme" de alguien, estaba dispuesto a hacerla sufrir hasta que me rogara piedad.
Con el correr del tiempo, pude comprobar la increíble fuerza que poseía, mucho para una "doncella" como ella.
- ¡Tus pelos no se ven tan bonitos ahora, idiota! –me gritó después de golpearme en la nariz por haberme burlado de su evidente tardío en el segundo día de clases.
De esta forma, los moretones y golpes comenzaron a ser frecuentes en mí, se convirtieron en parte de mi vida cotidiana así como las continuas discusiones subidas de tono que manteníamos estrictamente. Era algo necesario, teníamos que insultarnos a diario.
Sorprendentemente, solo nos castigaron esa vez por estar peleándonos en clases. La gente que nos conoce diría que podría contar hasta con los dedos de los pies las veces que podríamos haber sido expulsados. Por suerte, ella cuenta con docente que la protege todo el tiempo: su tutor. También debo agregar al rector (bastardo) que tenemos, que también nos ha hecho el favor de no delatarnos en más de una ocasión.
Un día, mientras cumplíamos nuestro castigo limpiando las aulas, descubrí lo fácil que era hacerla poner nerviosa.
- ¿Qué tanto te gusto para que me busques mientras duermes? –le pregunté solo con el fin de hacerla enojar al darme cuenta de que había soñado conmigo.
- ¡¿Que qué?! ¡¿Estás loco?! ¡Nada de eso! –dijo sonrojada.
Se veía tan tierna con sus mejillas teñidas de un escarlata que no tenían comparación con nada.
- ¿Estás segura? –le volví a preguntar pero nos vimos interrumpidos por un profesor que nos decía que nos portáramos bien.
El último de día de nuestra sentencia, después de terminar todos mis quehaceres para poder ir rápido al trabajo, me crucé con ella. Supe a la perfección hacia dónde se dirigía y fui a sentarme afuera en el patio, debajo de un árbol para observarla. Pensé que no me vería pero me equivoqué, sí me notó. Y no solo eso, se trepó a la ventana y salió por ella para reclamar mi tranquila estancia.
- ¡Oye! ¡¿Por qué no estás haciendo nada?!
- Ya terminé mi trabajo –afirmé con toda calma.
- ¡Entonces ayúdame a terminar con el mío!
- No tengo ganas –le dije para sentir la satisfacción de molestarla.
Ella respondió partiéndome el escobillón en la cabeza.
- ¡¿Qué demonios te pasa?! –le pregunté enojado.
- Es lo que mereces por ser un maldito holgazán.
No es de sorprenderse si digo que discutimos y peleamos hasta hacernos sangrar –más bien ella me hizo sangrar a mí–. Después de tanto humillarme con su destreza casi ninja, tuve la oportunidad de hacerla caer al suelo y sujetarla fuertemente para que se quedara quieta. Me acerqué para volver a ver ese rubor que tanto me gustó la primera vez y, si se daba la oportunidad, hasta incluso me atrevería a más. Casi me rompió la frente en el intento, me dio un cabezazo que nunca me esperé y tuve que retroceder adolorido. La insulté. Aquello había dolido mucho.
De pronto oímos unos pasos y la puerta del salón se abrió de repente. Alguien había sido alertado por los ruidos y los gritos que profetizábamos al viento. Nos pusimos detrás del árbol y yo aproveché de nuevo para hacer de las mías: me puse detrás de ella, muy cerca; lo suficiente para que cuando se diera vuelta, y sabía que lo haría, se topara de frente conmigo. Mi predicción fue acertada. Yo me aseguré de ello porque le respiré en el cuello. Cuando se giró hacia mí, hice de cuenta que no lo noté por algunos segundos. Luego la miré fijamente y me fui acercando, haciendo que retrocediera, hasta dejarla sin salida. Le pasé una mano por la mejilla, sin tocarla, y cuando cerró los ojos le di una palmada a la corteza del árbol, aplastando un mosquito. Se enojó mucho por eso pero de la sorpresa –o más bien de la vergüenza– no pudo decir nada. Después me arrepentí de no haber usado ese momento para llegar a más, pero ese es otro tema.
- Vamos a dejar esto en secreto –le dije a modo de broma, lo que pareció no entender, y luego la ayudé a terminar de limpiar.
A la salida, no conforme con mis actos malvados del día, me despedí de ella con una advertencia.
- Seamos inteligentes la próxima vez y hagámoslo sin que nadie se entere. Adiós.
No me quedé a esperar su reacción, creí que entendería. Y cuando lo hiciera, seguramente no me gustaría estar cerca.
Una tarde, en clase de Educación física, me desafió a una carrera alrededor de la cancha. A los pocos segundos lo convertí en una jugosa apuesta en la que el perdedor tendría que ser el esclavo del otro por dos semanas. Como campeón de las interescolares de la secundaria me impuse indudablemente; por más fuerte que fuera no podía ganarme. Aproveché esa oportunidad para hacer mis maldades y molestarla lo más que pude.
Un mediodía, cuestionando su "refinado" lenguaje, me contestó algo interesante. Fue más o menos así:
- ¿Sabes? Para ser una chica, como dices, eres bastante vulgar –oh sí, yo era malo, realmente malo con ella.
- ¡Pues si no te gusta puedes irte al demonio! ¡Me importa una m***** lo que tú o las otras personas opinen sobre mi lenguaje o sobre mí! ¡Yo hablo y digo lo que quiero!
Vulgar ¿no lo creen?, toda una obra de arte. Esa respuesta subió varios centímetros en mi escala de impresiones. Me agradaron mucho sus fuertes convicciones. Era segura, decidida, orgullosa. Era auténtica. Supongo que esa fue una de las cosas me que cautivó.
Ese mes en particular –Mayo– fue bastante fastidioso para mí. Verán, todos los empleos que tomaba me quedaban muy lejos de la escuela y mis anteriores jefes eran muy exigentes conmigo. Se podría decir que la razón de aquello era por completo culpa mía: puertas afuera de la escuela yo era alguien distinto, era agresivo. Descargaba mi furia y enojo con todo aquel adulto que me encontraba, por eso no me llevaba bien con ninguno de mis jefes y terminaban por darme el trabajo más pesado o, en el peor de los casos, me echaban.
Falté a clases en más de una ocasión por estar lastimado por el exceso de trabajo y por querer ganarle a un ex policía experto en combate. Siempre nos juntábamos en un gimnasio a "practicar" algunos movimientos. Yo en realidad quería golpearlo con todo lo que tuviera pero de nada servía, siempre me ganaba. De todas formas, sus ágiles reflejos no eran nada comparados con los golpes que ella me regalaba, eso era totalmente distinto a todo lo que conocía.
Hubo un día, en el que me encontraba de muy mal humor por todos los problemas del trabajo y las constantes discusiones con los jefes, que ella salió con una pésima lectura de un inglés de lo más horrible. Creo que fue algo así:
- Ter waz uance a princes naimed Lucia, lived in a palas wit a prinse named Romeo, wen te prinses wen to te garden were te Prinse…"
Tendrían que escucharla, toda la clase carcajeaba por eso, yo incluido. No solo era brabucona y peleonera, también disfrutaba de hacer de "payaso" del curso, para variar. Recuerdo que me reí bastante de esa mala interpretación de un cuento que nos hizo leer el (revolucionario) profesor Katsura. Sospecho que lo hizo para levantarme el ánimo, pues en esa semana había estado peor que un perro con rabia, pero no podría afirmarlo de forma segura. Ella es tan impredecible a veces.
En las últimas semanas del mes todo el salón se puso a trabajar para el festival que se haría en Junio. Me tocó hacer equipo con ella por pura casualidad. Discutimos mucho acerca de cómo haríamos los adornos que servirían de separador. Nunca nos poníamos de acuerdo en nada.
En una ocasión, cuando nos íbamos a casa, bajó tan rápido las escaleras que sin querer se resbaló dando como resultado una caída en perfectas condiciones.
Me di vuelta y la vi viniendo hacia mí, por suerte pude frenar su caída. Al momento de sostenerla, sentí como si me hubiera encontrado con un pajarito caído de un nido, un pajarito bastante raro y despeinado, pero un crío al fin. Esa fue la primera vez que la tuve entre mis brazos, fue algo… lo contrario a mágico, no sabría cómo decirlo. Ella tiene el don de arruinar los mejores momentos, pero extrañamente, no solo se puso nerviosa por estar tan cerca mío sino que tuvo el atrevimiento de mirarme los labios. Estaba claro, las insinuaciones y las molestias surgían efecto, en verdad le llegaban. Pero para mí en ese momento solo era un juego, uno que se volvía cada vez más adictivo y emocionante.
Bajé la vista y vi su pie casi colgando. No era raro suponer que se había lastimado por aquel desliz así que la acompañé hasta su hogar. Como se opuso tanto le inventé una tonta teoría de que si no la llevaba a su casa dejaría de moverse y los buitres se la comerían. Puso una cara de terror absoluto cuando se lo mencioné. Parecía una niña pequeña a la que se le podía engañar fácilmente.
Después, hizo todo un circo para darme las gracias. Muy orgullosa la chica, muy orgullosa. Yo también lo era pero no a ese nivel de magisterio. En algún punto todos cedemos pero no ella, no esa chiquilla tosca y ordinaria; no había con qué aplacarla. Fue eso lo que quizás me motivó a querer seguir aún más lejos, más que cualquier otro.
Las primeras semanas de Junio intensificamos nuestras tareas y me vi en la obligación de faltar varias veces a clases por los cambios de horarios –gracias a mi conducta– y ella me reclamó la ausencia.
- ¿Dónde estuviste ayer? Tuve que arreglármelas yo sola con todas las cosas para el festival.
- Tuve unos asuntos que atender –le contesté sin ánimos.
- ¡No me importa lo que tengas que hacer! ¡Tu deber es asistir a clases para ayudarme! O si quieres falta en el día, me haces un favor pero a la tarde, no importa cómo, ven para ayudarme. No alcancé ni siquiera a pintar los bordes –resuelta y enérgica, así es ella.
- Está bien. Si tanto me extrañas no volveré a faltar, lo prometo.
- ¡No es eso! Es solo que tienes que hacer tu parte, nada más.
- Sí, sí. Lo que tú digas.
Sus órdenes sonaban bastante tentadoras, es decir, me desagradaba la forma en la que lo decía pero a la vez me impulsaba a seguirla. Me gusta que ella sea ruda y firme, que me de órdenes, me encanta. Sin embargo una cosa era lo que yo pensaba y sentía y otra cosa era lo que demostraba. Nunca le dejé ver este lado de mí o sería mi perdición.
Cuando llegó el festival, me encontré con una linda sorpresa: la desarreglada, irregular y desaliñada chica que siempre molestaba estaba convertida en toda una dama formada y esbelta. ¡Si vieran la figura que tiene! Perfecta, en simples palabras, perfecta. Ese día no tuvo más opción que dejar notar el par de melones que se empeñaba tanto en esconder. Me enamoré de esa figura a primera vista en cuanto la vi. Oh, lo siento yo hablo de ella pero ustedes no saben ni cómo estaba vestida –o quizás sí…–. Verán, hicimos una especie de café/restaurante. Las chicas tenían que vestir un yukata rojo y ajustado con botas altas y medias hasta el muslo. Lo normal hubiese sido que ella misma lo hiciera con sus propias manos pero como es tan inútil, incluso para eso, le dejó su atuendo a las chicas "fashion" del salón. Éstas siempre trataban de impresionarme con alguna estupidez, por esa razón lo confeccionaron de esa manera tan provocativa. Y lo lograron, ella estaba despampanante.
- Vaya, vestida así no pareces tan monstruosa –fue lo único que atiné a decir cuando la vi.
Nada mal para mí, estaba a punto de soltarle que estaba hermosa y no podía hacer eso, no en ese momento.
- ¿Tengo monos en la cara o qué? ¿Qué tanto me miras? –supongo que mis ganas de observarla se habían hecho muy evidentes, pero yo siempre me salía con algo para disimular todo.
- Ahora veo que lo que decías sobre tus atributos era verdad –Di en el blanco, se puso roja instantáneamente.
- ¡De-deja de decir tonterías! –me respondió cubriéndose con una bandeja. Qué maldad.
Estaba tan linda que no pude quitarle la vista de encima en todo el tiempo y todos los días que duró el festival. Hasta soñé con ella vistiendo ese atuendo. Claro que… no se puede contar qué es precisamente lo que soñé, ustedes entenderán.
- ¿Sabes? Te ves linda así vestida… para ser un monstruo –traté de decírselo en forma indirecta cuando nos sentamos afuera para descansar un rato, pero no captó las señales. Solo se molestaba por haberle jugado una mala pasada.
- Sabía que existían los idiotas pero tú me has sorprendido.
Se la veía cansada y por eso se apoyó contra la pared cerrando los ojos. Los míos, en cambio, se desviaron automáticamente hacia sus contorneadas piernas.
- ¿Qué estás mirando, pervertido? –me descubrió sin que yo lo advirtiera.
- Tienes piernas de pollo –no sé qué era exactamente eso pero ella lo tomaría mal, como siempre.
- ¡Mira, si tienes algún problema conmigo solo dilo de una vez! ¡Sé que soy fea y que no tengo un cuerpo bonito, así que no me molestes por eso! –me gritó de repente parándose frente a mí.
No sé lo que la impulsó a decir eso. Quizás fueron las otras chicas o quizás fui y no me di cuenta. Tenía tantas ganas de decirle que no era cierto, que estaba hermosa y que tenía el cuerpo más perfecto que jamás haya visto, sin mencionar que tampoco era fea. Tiene unos ojos azules, que parece que te atraviesan con la mirada. Su piel es suave, pálida y tersa. Hermosa. Lástima que ella no lo notara.
- No todo. Tienes buenos pechos –dije en lugar de todas las cosas que me tenía guardadas.
- ¿Es lo único que te importa? –me sorprendí con esa pregunta, en verdad metí la pata. Le hubiera dicho que estaba linda, o al menos que me gustaba su cabello (que es cierto).
- Am… – me quedé sin palabras, no sabía qué hacer.
En el último día de nuestro "servicio" como café/restaurante, tuvimos que actuar una escena para los clientes en el que casualmente nos teníamos que insultar como parte del acto. La gente se reía de las barbaridades que decíamos y yo me dedicaba a molestarla. Tanto, que terminé con una pierna rota, cortesía de la joven, por haberme pasado de la raya. Me molesté tanto que la obligué a venir conmigo cuando vino la ambulancia, bajo la excusa de que era mi novia. Si vieran cómo se puso por eso. Aún en mi estado más crítico tenía el afán de fastidiarla. Su tutor había venido con nosotros porque un docente debía hacerse cargo. Se compadeció tanto de mi situación (sin mencionar que él siempre tenía que pagar por las travesuras de "su pequeña") que me ofreció la oportunidad de quedarme en su casa hasta que me recuperara. A ella no le gustó eso y fue por eso que acepté, solo para tener el placer de verla enojada.
Aquí es donde sucede el hecho más importante que me hizo caer rendido a sus pies. En mi estancia en la casa de esos dos, tuve la suerte de conocerla un poco mejor. Quizás mucho más de lo que la mayoría podría apreciar.
En un día de lluvia torrencial me contó que, por algunos problemas familiares, se había quedado completamente sola en el mundo. Vino a Japón engañada y gracias a su fuerte metabolismo se las ingenió para escapar. Ahí es donde entra su actual tutor como todo un héroe y la salva, permitiéndole quedase con él. Un gesto noble ¿no creen? Ella dice que él es todo un haragán y un irresponsable, pero para mí él es y seguirá siendo un semidiós. No estoy consciente de si sus mejores amigos también saben esto. Para mí, aquella confesión fue mucho más que solo un relato, era la raíz de toda su forma de ser. Con las otras chicas, por mucho que le desagradaran, no era peleonera, es decir, no se les enfrentaba. Solo era así de agresiva con los chicos. También es desconfiada y ruda. Supongo que siempre está atenta a la traición de aquellos que la rodean.
Yo también me abrí con ella y le conté casi toda mi historia. Creo que ambos nos identificamos mucho el uno al otro con nuestro pasado.
Quizás fue por eso que, cuando le dije que no había podido comprar los medicamentos que me habían recetado por no poder ir a mi casa, se empeñó tanto en ayudarme. ¿Pueden creer que me llevó hasta allí, lejos por cierto, para que yo pudiera tomarlos? Incluso faltamos las dos primeras horas a clases. Cada vez me sorprendía más.
Como gesto de agradecimiento por sus atenciones, le compré aquello que ella tanto quería: un celular. Uno bonito y caro para que lo disfrutase al máximo. Fui hasta una tienda cercana en mi casa y escogí uno que tuviera de todo: navegación por internet, velocidad, juegos, radio, todo lo que se le pudiera agregar a un teléfono móvil. Se lo dejé en una mesita al costado de la cama, tratando de hacer el menor ruido posible, pues ella estaba durmiendo. Se despertó con el sonido de la bolsa apoyándose y tuve que salir corriendo para que no me viera.
Lástima que no supo reconocer que el obsequio vino de mi parte. Lo entendí en cuanto me lo mostró. No me importó mucho, de todas formas esa omisión me fue muy útil más adelante.
Lo que pasó después me dejó atónito. Gracias a mi pierna herida, recibí demasiada atención de las estúpidas de la clase y eso la puso celosa.
- ¿Por qué no les dijiste a las "taradas super descerebradas" que te trajeran hasta aquí? –me preguntó cuando almorzábamos.
- Solo me interesas tú –le dije sinceramente con un toque de burla. Lo arruiné después completando la frase –. Estar contigo es como estar con un hombre. Tienes la fuerza de uno, después de todo. No podría decirle a una delicada chica que me cargase hasta aquí.
Mal hecho, jugar con la rival de una chica es lo peor que pueden hacer. No lo intenten nunca. Yo pagué el precio por ese tonto comentario y me dejó de hablar en toda la semana. Evitó estar cerca de mí en todo momento. Hasta preparó almuerzos separados para que yo no estuviera con ella. Fui un idiota.
Después de que me sacaran el yeso quise enmendar mi error pero no sabía cómo pedirle perdón. Incluso si le dijera que el presente venía de mi parte, seguro terminaría rompiéndomelo en la cara.
Pero aún así, enojada y molesta conmigo, seguía siendo considerada. Más de una vez, me morí de hambre por no llevar nada para comer y cuando ella podía darse cuenta de aquello siempre me convidaba de su "intento" de almuerzo. En esa ocasión, me lo dio enteramente y se compró un simple yogurt. Hasta me dijo que me fuera a casa para no limpiar después de hora con ella.
- ¿Qué haces tú aquí? Te dije que te fueras.
- No quiero parecer un inútil, es suficiente con este maldito bastón.
- ¿Qué acaso no tienes que ir a trabajar?
- Sí.
- ¿Y entonces?
- Nada, llegaré un poco tarde.
- Vete de una vez, te despedirán.
- Cubro el turno de la noche y ya.
- Mañana amanecerás como un zombie entonces.
- No importa.
- ¿Qué no entiendes? No quiero verte. Lárgate –no sé si lo decía porque estaba enojada o porque quería que me fuera para no llegar tarde.
- ¿Tanto me odias? –le pregunté para cerciorarme.
- Sí. Me desagrada estar a tu lado, así que vete –no era odio, lo supe a la perfección; lo vi en sus ojos.
- Eres una hermosa tsundere –le dije en el oído y casi me mata por ello. Me fui saltando en un pie lo más rápido que pude para que no me alcanzara.
En verdad lo era. Por más agresiva y violenta que fuera, tenía su lado amable y sensible. Me gustó poder conocer esa parte de ella.
No fui a al trabajo rápidamente. En vez de eso, hice uso de mi tiempo en otra cosa: fui al salón de clases a visitar a una persona en especial.
- Ah, eres tú. Pasa. ¿Cómo está tu pierna?
- Mejor, gracias.
- ¿Y qué te trae por aquí?
- Vengo a pedirle un favor. O más bien, a exigírselo.
- ¿Exigirme tú a mí?
- Sí. Si se niega a ayudarme, contaré a todos el romance que mantiene con "cierta" profesora del colegio de cabello rubio.
- Tienes agallas para venir a chantajearme. Podría expulsarte por esto. Dime tu petición y luego veré si vale la pena ayudarte o echarte a patadas.
- Quiero me ayude a conquistar una chica. La pelirroja –él tosió como si se le hubiera atragantado una bola de villar en la garganta mientras tomaba un té.
- ¿Cómo dices? ¿A ******? –no pondré su nombre para evitar acontecimientos futuros. Mi vida peligra si lo dijera abiertamente.
- Sí, a ella.
- ¿Te has vuelto loco? Sabes a lo que te enfrentas ¿cierto?
- Lo sé perfectamente.
- ¿Y por qué ella? –me quedé callado sin decir nada. Él me miró represivo y luego volvió a hablar.
- Comprenderás que si no me das una buena razón y si encuentro tus intenciones mal direccionadas, no sólo no te ayudaré sino que yo mismo acabaré contigo ¿verdad?
- Lo sé, por eso vengo a pedírselo a usted. Es el único que la conoce mejor que nadie. Le juro que mis intenciones son verdaderas, no pretendo jugar con ella.
- Entonces, respóndeme esta pregunta: ¿por qué ella?
- Porque es distinta a todas. A pesar de que es bruta y agresiva, también tiene su lado bueno. Es única y decidida. Nada le importa, solo lo que ella cree, lo demás no existe. Pero también es muy orgullosa y despistada. No llegaría muy lejos si lo intentara solo.
Se quedó pensando un rato mientras daba vueltas en su asiento corredizo y luego respondió.
- Está bien, te ayudaré. Pero si la haces sufrir o te pasas de listo con ella ¡morirás!
- Entiendo.
Con eso, tenía formalmente el permiso de su tutor para cortejarla. No sería nada fácil pero lo intentaría.
Lo que voy a contar a continuación no me enorgullece en ningún aspecto, pero fue algo necesario si quería conquistarla: entre los dos ideamos un plan para que unos compañeros la retaran a una apuesta segura. El castigo sería que me besara. Ingenioso ¿no? Lo del castigo fue idea mía, a él no le agradó mucho pero estuvo de acuerdo. Coincidió conmigo en que esa sería la única forma en la podría robarle un beso alguna vez. Si fracasaba al menos tenía eso como consuelo.
Convencí a algunos compañeros –los pocos que se atrevían a desafiarla de vez en cuando– que solo quería molestarla y me burlaría de la prenda por el resto del año, hecho que no sucedió. Ellos aceptaron con la condición de que si algo se salía de control yo tendría que defenderlos y enfrentarme a ella. Accedí y el trato se llevó a cabo exitosamente; yo los fui guiando en cada momento.
Todo sucedió tal como lo teníamos planeado. Los intentos de ella por acercarse a mí fueron desde una basurita en el ojo, un golpe que me dejó desmayado, hacerse la ahogada y hasta un ensayo de una obra de teatro. Sublime, simplemente sublime. Me reí de todo aquello porque es muy torpe para esas cosas. Pobre, si la habré hecho sufrir.
En el último intento, lo de la obra, fue cuando cometí la estupidez más grande que pude haber hecho. Me burlé de ella por el ensayo y se enojó tanto que se arrepintió. Él quiso matarme ese día. Pero es tan difícil tratar con ella.
- Eres un idiota, perdiste tu oportunidad.
- Tenía que molestarla también. Es lo que siempre hacemos. Si no decía nada ella se daría cuenta de que algo no andaba bien.
- Tonto, ella es tan torpe que jamás se daría cuenta de algo así. Si no se lo dices claramente, nunca sospechará.
Ese fue mi regaño por mi falta. De todas maneras, fue bueno que no lo hiciera ese día porque el lunes siguiente a ese viernes sería mi cumpleaños. Así que como regalo, dejé todo listo para que la prenda de la apuesta se realizara de forma segura.
- Si me dices con qué te están chantajeando quizás pueda ayudarte –la enfrenté con la excusa de que me había dado cuenta de todo: sus planes, los chicos, la apuesta–. Obtendrás más de mí si me lo pides que si intentas sacármelo a la fuerza.
No dijo nada, supuse que la sorprendí.
- Dime qué es ¿una foto? ¿un abrazo? No soporto la forma en la que te estás comportando, tú no eres así –mentí, sí me gustaba cómo se estaban dando las cosas pero tenía que fingir.
- Pues… es que… –se tomó su tiempo para hablar, estaba muy avergonzada. –¿Y qué me pedirás a cambio?
- Oh, ¿por qué crees que haría algo así?.
- Porque tú tampoco eres así. No me ayudarías a no ser que eso te pueda beneficiar a ti también. Sabes que estoy en una situación desesperada y aprovechas eso para ponerlo a tu favor ¿me equivoco? –sonreí, me conocía bien, o mejor dicho, conocía a aquel chico desinteresado y que no le importaba nada cuando no estaba hipnotizado por una chica, ahora era diferente.
- Según como yo lo veo, no te quedan muchas opciones. Dado que lo que te han pedido, tiene estrecha relación conmigo, este es el único camino que te queda. Así que tú decides.
Pareció tener un duro enfrentamiento entre sus ideales y sus intereses. Lo último ganó y terminó por aceptar.
- Está bien, dime qué pides a cambio.
- Ya lo sabrás más adelante.
En realidad no tenía pensado en cobrarle el favor puesto que todo eso lo había planeado yo, y fue por eso que le dije eso.
Después la ayudé a decirme de lo que se trataba la apuesta.
- ¿Y bien? –traté de apresurarla.
- ¡¿Y bien qué?!
- ¿Qué esperas? Ven.
Casi se muere cuando se lo dije. Creo que la idea de que ella tenía que besarme aún no le entraba por completo en la cabeza, y menos que yo lo supiera y estuviera dispuesto a eso.
- ¡No puedo! –me dijo después un intento. En realidad sabía que no se animaría y eso era lo que yo quería.
- Está bien, lo haré yo. Levanta la cabeza y cierra los ojos. Yo haré el resto –me sentí el rey del mundo por haber logrado esa hazaña. ¿Cuántos tendrían el valor de hacerlo? Solo un idiota hechizado como yo.
Me acerqué despacio y me incliné hacia ella. Noté que estaba muy nerviosa y traté de tranquilizarla, luego me animé. En pocas palabras: fue lindo, mucho debo admitir. Fue sereno y calmado. No me atreví a mucho puesto que era su primer beso. Tenía ganas de abrazarla y apretarla para que nunca más se fuera pero si lo hacía, arruinaría todo. Tuve que controlarme para no agarrarla de la cintura y pegarla más a mí.
Me quedé más de la cuenta prendida de sus labios pero no pareció darse cuenta ni tampoco me lo reclamó. Lo que sí hizo, fue golpearme muy fuerte cuando nos separamos. Me dejó tirado en el piso adolorido. Me pegó con ganas.
Después de eso se fue corriendo avergonzada y luego recuperó su "tesoro" –que se lo había sacado yo pero supuestamente lo hicieron ellos para que cumpliera la apuesta–. Les dije a mis compañeros que nos tomaran una foto con mi celular para retratar ese momento –y quizás el único–, en el que nos habíamos acercado tanto. Lo que no preví es que le dejaron el recuerdo también a ella. Le pasaron la foto por mensaje mientras uno de ellos lo dejaba en el salón bajo su escritorio y se encargó de recibirla. Me pregunto cómo se habrá puesto por la osadía de esos chicos. Yo, sin embargo, miro aquella imagen todo el tiempo y me imagino que alguna vez, ella es la que se anima a darme un beso demostrando sus sentimientos. Era un sueño muy lejano aún, pero válido para seguir ilusionándome.
Ese día, contrario a lo que yo pensaba, no terminó bien. Discutimos cuando nos encontramos en el aula. Quería ver su reacción y por eso fui hasta allí. Mala idea. Estaba molesta por lo que había tenido que hacer y… se podría decir que ella me trató mal y yo a ella. Es muy hiriente cuando está enojada.
- ¿Eso era lo que te habían quitado? –pregunté haciendo de cuenta que no sabía nada.
- Cállate –me respondió enojada.
- Estás consciente de que lo recuperaste gracias a mí ¿cierto? Me debes un poco más de agradecimient…
- ¡No te debo nada! Si mal no recuerdas, no me salió nada barato el favor que me hiciste.
- Pero sin mí no lo hubieras conseguido.
- Hubiese encontrado la manera.
- ¿Y qué esperabas? O quizás… tú realmente querías eso –insinuación y burla: una mala combinación.
- ¿Qué dices? Ni de broma. ¿Por qué querría eso? –se ruborizó al poco tiempo.
- Dímelo tú. Ya lo has comprobado. ¿Te gustó? –enrojeció aún más.
- ¿Po-por qué me preguntas eso? Claro que no.
- Oh, ¿acaso lo hice tan mal? Podríamos intentarlo de nuevo si quieres.
- ¡No, aléjate! –me gritó empujándome.
- Oye, relájate. Solo era una broma.
- ¿Una broma? No juegues conmigo, lo que pasó fue solo por la apuesta. No te hagas ilusiones –eso dolió mucho más de lo que imaginan.
- ¿Y quién las tendría contigo? Eres tan fría como el hielo. Además, dime por qué me golpeaste hace un rato. Me dejaste bastante aturdido, seguro que tendré un moretón más grande que una casa mañana. No te hubiera besado si sabía que ibas a hacer eso.
- Pues no lo hubieses hecho, no te pedí que lo hicieras.
- Recuérdame no intentarlo nunca más contigo. Es como querer acercarse a un oso –estaba enojado conmigo mismo y con ella. Fui tan estúpido.
Él me mataría cuando se enterase, de hecho así lo hizo. Cuando la vio llegar a la casa de malhumor y le conté lo que sucedió, me marcó aún más el golpe que ella me había dado. Me advirtió que fuera más paciente, esto de por sí ya era una total locura.
Pensé que los próximos días serían decisivos para que pudiera provocarle algo. La molesté con ello, pero solo se avergonzaba, nada más. No había surtido mucho efecto, no lo suficiente para que pudiera dar el paso final. Estaba lejos aún de mi objetivo principal. Fastidiarla tampoco parecía conducir a nada, todo lo contrario, me alejaba más de ella.
Un día, escuchando una conversación con su mejor amiga sobre chicos, me acerqué con la idea de incomodarla un poco.
- Hola –la saludé en tono de burla cuando me puse cerca de ella y de repente se paró encontrándose conmigo.
- Qui-quitáte de mi camino –me ordenó molesta.
- Pero si tú fuiste la que chocó conmigo.
- No es cierto, yo solo me paré para ir al baño.
- Pues no es mi culpa que seas ciega.
- Bueno, ya no importa, apártate.
- No quiero.
- Si no lo haces tendré que obligarte.
- Hazlo entonces.
Terminamos a los golpes, como siempre. El rector en persona tuvo que venir a separarnos. Casi nos volvió a castigar esa vez.
A la salida quise disculparme pero ella estaba muy enojada.
- ¿Qué demonios quieres y por qué estás chiflando?
- A las "perras" se las llama así ¿o no? –traté de burlarme mas no era el momento ideal para ello.
- ¡A mí no me llamas "perra", insecto chupasangre!
- ¿No te gusta el apodo que te di?
- ¡Por supuesto que no! ¡Te odio, te odio!
Eso me dolió mucho. Me había esforzado tanto para recibir solo un fuerte repudio.
- ¡Pues yo también! ¡Iba a pedirte disculpas pero veo que será imposible!
- ¿Por ser un idiota, un zopenco, un engreído? La verdad no me importa, solo aléjate de mí.
- Pues eso haré. No vale la pena estar con la Reina del hielo.
- ¿Piensas que llamándome así vas a lograr algo? Esas cosas no me afectan.
Este puede que haya sido el peor error de todos los tiempos que pudiera haber cometido. En verdad me dolió tanto lo que dijo que hizo que sacara lo peor de mí.
- ¿Qué tal esto, entonces? Eres tan fría, orgullosa y arrogante que ningún chico podría fijarse en ti jamás. Nunca te casarás si sigues así. El único que te soporta es ********* pero jamás le gustarás a él.
- No me importan esas cosas –intentó disimular que no le afectaba. Muy mal, eso me llevó a decir lo que dije después.
- ¿Te das cuenta de que la única forma de que te hayan besado alguna vez es gracias a una tonta apuesta?
- ¿Y qué tiene?
- Nadie querría hacerlo.
- Cállate, tú lo hiciste.
- Solo para vengarme luego. No fue algo que quise. Es más, fue como haber besado a un caballo –se detuvo y respiró hondo.
- Pues, esa apuesta fue la peor cosa que me sucedió alguna vez. Tampoco quise besarte, tu mal aliento espantaría a cualquiera.
- ¿No te has fijado en el tuyo? ¿Crees que fue placentero? No lo volvería a hacer ni aunque me pagaran todo el dinero del mundo.
- ¡Si tanto te desagradó entonces finjamos que nunca sucedió! ¡No vuelvas a mencionarlo jamás!
- ¡Perfecto, eso haré!
- ¡Bien!
Hice mal, lo sé. Aquello había sido como un puñal en medio de la espalda, cortando todo a su paso. Estuve molesto por algún tiempo. Solo después de escuchar que ella hablaba con un compañero fue cuando comprendí que había estado mal en no controlarme.
- ¿Tú… crees… que alguna vez podré gustarle a algún chico? –escuché que nuestro compañero se reía.
- ¿Hablas en serio? ¿Desde cuándo te preocupas por esas cosas?
- Dime si lo crees.
- Mira, yo no sé mucho de esas cosas. Sabes que a mí no me va muy bien tampoco.
- Entonces también lo crees.
- No sé quién te dijo eso pero no le hagas caso. Siempre encontrarás a alguien que esté dispuesto a quererte como eres.
- ¿Tú te fijarías en alguien como yo?
- Amm… mira, es que tú no eres de mi tipo, espera ¿esto es una confesión?
- No, tonto. No lo es.
- Ah, menos mal. De todas formas…
Su tutor me llenó de coscorrones cuando fui a visitarlo a la sala de profesores, me lo merecía.
- Lo arruiné todo. Es el fin, no habrá otra oportunidad.
- Ya, cálmate. Aún hay solución. Seguramente acudirá a mí, le daré un empujón.
- ¿Cómo? Lo que le dije…
- No hace falta que digas nada más. Déjame todo a mí.
- De acuerdo.
No sé lo que habrá hecho ese hombre per lo que pasó después fue algo inesperado: ella quiso cambiar. Intentó ser "diferente". Se animó a modificar su aspecto y hasta su personalidad por las boberías que le había dicho.
El sábado siguiente, él me mandó un mensaje avisándome que ella iría al centro comercial a comprarse un nuevo uniforme. Yo partí en cuanto lo recibí. Se compró una camisa ajustada y, unos zapatos que le ayudé a pagar como forma de disculpas. Ella salió con su típica desconfianza y tuve que fingir que lo había hecho para quedar bien con la vendedora, de lo contrario no habría forma de que aceptara.
Los siguientes días se la pasó presumiendo a todo el mundo su nuevo "yo", en especial a mí. Me gustó al principio pero después fue tomando otro rumbo totalmente distinto. En verdad fue cambiando a tal punto de que ya no era ella. No tenía esa chispa que me hacía quererla tanto como lo hacía en secreto. Era alguien diferente. Pensé que mi indiferencia y mi claro descontento la harían arrepentirse porque era obvio que lo hacía por mí, solo para mí; mas ella no dio marcha atrás. Al contrario, cada vez se salía más y más de la gráfica de su "yo" normal.
Le pedí consejos a él y los dos estuvimos de acuerdo en que esa situación solo podría ser manejada por una mujer: su enamorada. La profesora fue la que se encargó de hacer que volviera a ser la misma de siempre. También me golpeó después de que le contamos todo lo que había pasado. Le prometí que sería más cuidadoso y así fue. A partir de ahí, me abstuve de decir cosas innecesarias e impedir que ella también las dijera.
Mi siguiente jugada para ese entonces fue hacer algo realmente estúpido para terminar de confirmar mis sospechas y avanzar al siguiente paso: besé a su rival. Les juro que no me agradó en lo más mínimo. Esa tonta siempre se llevó mal con ella porque es refinada, arreglada y estirada, en cambio, mi dulce princesa del horror era todo lo contrario. No solo eran rivales por naturaleza sino que también lo eran en las cuestiones amorosas. Se podría decir que ambas se disputaban mi amor, aunque ella no se diera cuenta. Mi preferencia era clara pero es tan despistada que no lo notaba, así que pensé en meter un poco de presión. Tenía la intensión de que esa tonta se encargara de esparcir que la había besado al salón cuando volviéramos del almuerzo, pero tuve la desgracia de que ella misma lo presenciara.
- Lo siento, no quise interrumpir –dijo ella cuando su lonchera de plástico se cayó al suelo, quizás por la impresión.
- No te imagines cosas extrañas, no estábamos haciendo nada –sí, claro. Nadie creería eso pero tenía que intentarlo.
- No parecía.
Ese comentario final me lo dijo todo, estaba celosa, mucho por lo que se notaba.
Me odió en ese momento, lo sé. Yo en cambio estaba feliz porque eso me demostraba que estaba listo para el siguiente nivel.
Lo que hice después fue cobrar el favor que supuestamente me debía. ¿Qué sería? ¿Qué cosa podría hacer que me acercara a ella sin que pudiera decir que no? Fácil: le pedí que fingiera ser mi novia para librarme de su rival.
Comencé mandándole un mensaje al celular. Como era lógico, no sabía quién era yo. Quise jugar un poco con ella, hasta le di algunas señales. La cité a la plaza bajo la excusa de que quería decirle algo importante. Por mucho que se negó por estar enojada conmigo, sabía que iría de todos modos. La intriga y el enigma son más grandes que el orgullo.
- Hola, qué linda estás
- ¿Qué quieres? ¿Para qué me citaste hasta aquí? –ignoró totalmente el alago que le hice.
- Tranquila, ¿acaso no puedo pedirte que nos veamos un rato?
- Si no es nada importante me iré.
- ¿Por qué tan acelerada?
- Porque no quiero perder el tiempo contigo. Dime a qué vienes –tuve que acelerar las cosas, "el horno no estaba para bollos".
- Qué directa. Bueno, si lo quieres así, vengo a pedirte que cumplas con el favor que me debes.
- ¿Y de qué se trata?
- Quiero que seas mi novia.
- ¿T-tu qué? ¡No, claro que no!
- Vamos, no te alarmes, será sólo por un mes.
- ¿Quieres que sea tu novia por un mes? ¿Cómo es eso?
- Bueno, en realidad, solo quiero que finjas. Es para ahuyentar a esas idiotas, estoy cansado de ellas.
- Sólo díselos y punto. Además ¿por qué tengo que ser yo?
- Serás como mi guardaespaldas. Ninguna otra chica podría hacerles frente, en cambio tú, ya tienes un desprecio nato hacia ese grupo. Usa esto como excusa para tratarlas mal.
- No tienes nada que pensar. Solo acepta o tendrás que darme tu celular.
- ¿Qué?
- Si no fuera por mí no lo tendrías.
- Está bien. Pero si esto es un engaño para hacerme quedar mal, te juro que me las pagarás.
- No te arrepentirás, lo prometo.
Sí, lo había conseguido. Como despedida, cometí la locura de darle un pequeño beso improvisado. Casi muero por ello pero valió la pena.
- ¡¿Qué demonios estás haciendo, idiota?!
- Oye, si vas a ser mi novia estas cosas son normales ¿no?
- ¡Ni de broma! ¡No pienso hacerlo!
Me fui corriendo lo más rápido que pude y llegué a la segunda esquina sonriendo de la emoción.
- Eres atrevido, chico –me detuvo un hombre de pelo blanco, a un costado de una casa.
- Tengo que serlo con esta señorita. De lo contrario nunca llegaría a nada.
- ¿Qué piensas hacer ahora?
- Usarlo como excusa para estar cerca. Le pediré que actuemos como una pareja real.
- Ten cuidado con lo que haces, puedes terminar en el hospital otra vez.
- Descuida, esta vez será diferente. Ya lo verás.
- Bien. Inventaré algo para cuando regresen a clases. Le daré trabajos extras para que la ayudes en eso ¿te parece?
- Es perfecto. Eso estará bien. Y por cierto ¿a ti como te está yendo?
- Bien, pronto será el momento. ¿Se lo dirás a ella?
- No, prefiero que tú lo hagas.
- Ok. Te avisaré si sale o algo.
- Gracias.
Agosto se avecinó muy pronto. Las vacaciones de verano casi no me dejaron verla. Solo una sola vez pude "encontrármela" en el centro comercial. Hice lo que pude para retenerla conmigo pero parecía molesta ese día. Se fue sin decirme mucho. Me pasé horas enteras torturándome con que no me extrañaba ni un poquito. Yo, por mi parte, quería ir a verla en más de una ocasión pero no tendría excusa para ello.
Cuando las clases volvieron a iniciar de nuevo no aguanté más y, con fines justificados, la fui a buscarla hasta la casa. Estaba feliz de verla otra vez. Creo que se notó bastante porque volví a repetir mi pequeña maldad de besarla de sorpresa. Me corrió todo el camino al colegio, por suerte me encontraba en buen estado para que no me alcanzara.
En los próximos días no me despegué de ella ni siquiera en los recesos. Buscaba cualquier pretexto para estar a su lado, siempre en pos de "mantener lo del favor". Se ponía como un tomate cada vez que estábamos muy cerca o la tomaba de la mano o le decía cosas en doble sentido. Me encanta verla así. Le dije que como era mala actriz teníamos que simular que en verdad éramos pareja, por eso la iba a buscar todos los días y la llevaba hasta la casa. Hacer que tuviéramos una cita fue lo más difícil, no me concedió. Me evitó a toda costa.
Tal como prometió su tutor, le dio trabajos para levantar las notas. Muy pronto, los demás profesores también apoyaron la moción. Eso significaba más tarea y por ende, más tiempo con ella. Me pasé dos semanas enteras ayudándola a practicar y ejercitar cálculos. Sacó buenas notas por eso y me lo agradeció regalándome un par de auriculares blancos. Esa vez costó menos, meses atrás hubiera estado semanas enteras dando vueltas para dármelo.
Muy pronto, se corrió la voz de que yo tenía novia. Aunque no lo parezca, soy un chico popular en mi escuela pero nada de eso me importaba en realidad. Un día una de mis compañeras, que ella tanto odia, se acercó a mi asiento para preguntarme si el rumor era verdadero.
- ¿Es cierto que tienes novia?
- Sí –afirmé con seguridad pero sin ningún tono exaltante.
- ¡¿Qué?! –gritaron las tontas.
- No puede ser. ¿Y quién es ella? –me interrogó una.
Levanté un dedo sin ánimos aparentes y la señalé a ella. Nombraron al compañero de al lado por negarse a creer que podría tratarse de la chica molesta que siempre se sentaba al lado mío; es natural pensar eso, nos llevábamos muy mal. Negué con la cabeza y la volví a señalar. Tuve que sacarle el celular para que ella afirmara también. Casi me mata por eso. A mí tampoco me agradaba la idea de que todos supieran, pero si lograba mi cometido de conquistarla, tarde o temprano se enterarían.
Tendrían que haber visto cómo se pusieron todos al saber la noticia. Éramos la pareja menos esperada así que no fue sorpresa que trataran de seguirnos a todas partes para comprobarlo con sus propios ojos. Le propuse un día que les demostráramos al "público" nuestro "amor incondicional" con un beso. Se negó, claro. Hablar con ella no tenía sentido, nunca diría que sí, eso lo sabía. Pero al menos la iba preparando para lo que tenía pensado.
Un lunes al finalizar la clase, la distraje para que se quedara hasta que se hubieran marchado todos los alumnos. Me acerqué a ella y hasta la tomé de la cintura. Me animé a hacer aquello que quería desde hace tanto. No opuso resistencia alguna, se dejó llevar sin problemas y sin complicaciones. Esta vez sí fui más osado y le di un beso de verdad, uno como la gente. La traté con mayor delicadeza que pude y hasta me tomé el atrevimiento de hacer que me rodeara el cuello con sus manos. Increíblemente se dejó también. Caí en la cuenta de que ella también lo deseaba pero jamás lo admitiría. Lamentablemente, no estábamos ni en el lugar ni en el momento adecuado. Su tutor entró al aula interrumpiéndonos con el aviso –dirigido exclusivamente a mí– de que no hiciéramos tales cosas dentro de la escuela.
Se apenó tanto por el hecho de que su "papi" nos haya visto. Ingenuamente pensó en él y "apreciación" de la situación. No sabía que yo ya le había pedido permiso hace tiempo y me lo había concedido.
Estuvo extraña conmigo al día siguiente y al otro. La tenía donde quería. Acompañándola a su casa después del colegio, me arriesgué a tomarla de la mano y dejarla contra una pared. Creí que esta vez sí me detendría pero no fue así más bien parecía que lo esperaba. La abracé y besé a gusto, sin que nadie nos interrumpiera. Tiernamente, ella posó sus manos suavemente en mis brazos. Parecía que quería abrazarme pero estaba indecisa. Lo que haya sido me tenía loco.
Cuando la solté daba la impresión de que estaba perdida en el tiempo. Creo que le gustó. Fue por eso que, en el último día de nuestro "juego" la llevé a un parque de diversiones y al volver, le pedí formalmente lo que quería.
- Waaaau, estuvo muy bueno. Gra…cias por llevarme –Al fin se animó a decirme la maldita palabra. Avancé bastante ¿no creen?
- Fue un placer, también la pasé muy bien.
- Pues no parece, tienes cara de amargado.
- Hay algo que quiero decirte.
- ¿Qué es? –junté valor, no sabría lo que me esperaba.
- Te divertiste conmigo ¿cierto?
- Sípi.
- Y todo este tiempo… ¿la pasaste bien?
- Salvo por algunos momentos incómodos, se podría decir que no estuvo tan mal.
- Entonces… ¿quieres ser mi novia de verdad?
- ¿Qué? Disculpa, creo que oí mal ¿qué dijiste?
- Sabes bien lo que dije. Sé mi novia de verdad.
- Pero… ¿por qué me pides eso?
- ¿No es obvio? –se lo dije con un tono condescendiente.
Me miró asustada, al fin lo entendió todo. Él tenía razón, si no se lo decía de forma directa, la muy tonta jamás sospecharía ni adivinaría nada.
- No hace falta que me respondas ahora. Puedes tomarte el tiempo que quieras, hasta entonces piensa en eso.
Le robé otro pequeño beso, que ni pareció sentirlo, y luego me fui a casa.
Con eso llegamos a Octubre, el mes de la indecisión. No quise presionarla para que me diera una respuesta pero también quería estar con ella. Él me dijo que no me acercara por al menos un tiempo. Había vuelto a su casa shockeada. Incluso en los primeros días de clases la revelación de mis intenciones pareció afectarle bastante. Estaba extraña y no se atrevía a verme ni hablarme. Me pregunté muchas veces si no habré hecho mal en decírselo en ese momento.
- Estuve mal. Creo que debí esperar.
- Tranquilo, muchacho. Solo necesita tiempo para pensar.
- ¡Pero ni siquiera me habla! Me ignora totalmente.
- Ella es así. Recién ahora está empezando a atar cabos. Es un poco lenta. Dale tiempo.
- Esta maldita espera me está matando.
- Lo sé. Pero con ella debes ser paciente. Pronto te dará una respuesta.
- ¿Te dijo algo a ti?
- No. Y cuando pregunté qué le había pasado tampoco dijo nada. Tranquilo.
Esa fue mi conversación con su tutor después de la primera semana y media de clases. La ansiedad me invadía muy arrebatadoramente. Comprendí que se tomaría mucho más tiempo del que yo pensaba. Pero lo consideraba. No es como si no le importase, solo que no sabía cómo actuar. Incluso encontré una pregunta formulada por ella en esta página. No voy a poner lo que ella dijo, por el simple motivo de que es muy extenso y además, no quiero delatarme demasiado. Su pregunta puntualmente había sido pedir consejo sobre la situación. Encontré muchas repuestas a su tema. Estas fueron algunas de ellas.
Gorila-san responde:
No es muy difícil, niña solo dile que sí. Es un buen chico, te lo aseguro ;)
Mr-Mayora responde:
Es un revoltoso y testarudo jovenzuelo, pero parece que te quiere de verdad. Anímate.
Ah, y dile que te compre mayonesa.
Asosiación-antigorilas responde:
Mmmm. Parece que sus sentimientos son genuinos. Inténtalo un tiempo y si ves que no funciona, patéalo hasta dejarlo en China.
Anpan-forever responde:
ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN ANPAN
Terrorista642 responde:
Déjale una bomba en la casa, lo entenderá como un "si".
Látigo furioso responde:
Qué sujeto tan atrevido e intrépido. Golpéalo un poco y luego dile que sí.
Love fresa responde:
¿A qué le temes? Deja de ser tan orgullosa y dile que sí. Es un buen chico, en verdad.
Jhony responde:
Cualquier decisión que tomes estará bien, sólo no le pegues a un tal Jhony de tu clase.
Kunai298 responde:
Me parece un tonto y sanguinario sujeto. Pero ha demostrado que sus sentimientos son verdaderos. Merece una oportunidad. Si ves que te falla, mátalo.
Elizabet-des responde:
El amor más puro, aún en la adversidad de la noche tormentosa, continúa ardiendo en el fulgor exótico de la brisa del deseo…
Lulu.c1t4 responde:
¡Dile que síiii! Wuaaa, qué valiente es el chico x pedirte que de verdad seas su novia :3
Valqiria8 responde:
Haz sido bastante extensa y descriptiva en tu cuestión. Tanto que me imagino que todo lo que pueda decirte ya lo sabes de antemano, aunque por alguna razón no desees reconocerlo. Haz dejado en claro que tu a "él" le importas, demasiado. Tanto para quererte como su novia a pesar de todos los pleitos y roces conflictivos que han tenido. Supongo que al final, más que un sádico, es un masoquista. Y por lo que he leído él no te es indiferente. Decir que le tienes aprecio es una forma bastante pobre de llamarle. Cambiaste tu estilo, incluso hasta intentaste cambiar tu personalidad, algo que me imagino debió ser muy difícil debido a tu carácter orgulloso. Y todo solo por él, para agradarle únicamente a él. Así que creo que es bastante obvio que los sentimientos que él expresa hacia ti, son correspondidos en todas las formas. Simplemente imagina cómo sería estar con él. ¿Es desagradable que te tome de la mano? ¿Te disgusta cuando se acerca solo para robarte un beso? Fuera de lo que opinen los demás, ¿sigues realmente viéndolo como tu enemigo?
No puedo decirte que le contestes positiva o negativamente. Eso solo es decisión tuya y de lo que logres decidir si hablas con el corazón.
Kotsuki Kurosaki responde:
No es imposible que seas afectuosa sin cambiar tu carácter. Sólo deberías bajarte un poco los humos xD ¿Podría ser algo tsundere? xD pues no sé, eso pienso yo. Pero creo que deberías aceptar n.n
Ishinomori Ayame-sensei responde:
Párate a pensar un poco. Razona esas sensaciones que tienes cuando estás con "él". ¿Por qué quisiste cambiar? ¿Por un simple "te lo demostraré"? ¿O será porque piensas en él como en otra persona? ¿Qué ha hecho él por ti y qué has hecho tú por él? Mira el sentido en las palabras y las acciones del "sádico", que son las de un chico enamorado... Debes dejar a un lado tu orgullo por una vez para ver el sentimiento con claridad.
Mar responde:
Qué mono es ese chico. Ha sido increíble cómo de estar enfadada con él por las cosas que hacía he pasado a quererlo xD Pienso que es muy tierno lo que hizo. ¡Acepta!
Dark angel responde:
Haz lo que sientas. Piensa bien las cosas y trata de ser sincera contigo misma. Deja tu orgullo de lado. Cualquier decisión que tomes estará bien (aunque yo creo que deberías aceptar xD)
********** responde:
Aprecio los comentarios de todos. Aún no estoy decidida. Este asunto es bastante complicado. Me muero de la vergüenza cada vez que lo veo. No sé cómo hablarle ahora. Es todo tan confuso.
Dark angel responde:
No seas tonta. Háblale como si nada ¿qué crees que estará sintiendo él si no le dices nada? Sé que es difícil pero ten en cuenta que para él también lo es.
********** responde:
Tú…tienes razón. Es verdad. Al menos hasta que me decida tengo que acercarme un poco también. ¿Sabes? Me pareces… No, nada. Gracias.
Antes que nada quiero agradecer a todas las personas que me apoyan (les pagué en secreto para que lo dijeran, ok no. Es mentira). Me alegra saber que hay personas que me tienen algo de fe todavía.
Por otro lado, el comentario que le hice pareció funcionar fuera de la internet. Días después comenzó a hablarme de nuevo, tímidamente, pero por lo menos ya no me era indiferente.
- Hola –me habló al llegar al aula.
- Hola –le respondí yo mirándola–. ¿Almorzamos juntos? –creo que me apresuré con esa propuesta.
- Mañana, tal vez.
Me di una palmada en la frente por haberme adelantado. Al día siguiente, no quería ser insistente. Esperé a que ella me lo dijera pero no sucedió. A la otra mañana sí insistí, o mejor aún, fui directamente con ella. Me senté enfrente, no muy cerca para no incomodarla.
- ¿Qué tienes ahí? –le pregunté tratando de sonar "normal".
- Arroz, como siempre.
- Yo compré algunas cosas ¿quieres un poco?
- No.
- Vamos, esto es mejor que la porquería que preparas.
- ¿Disculpa? Al menos yo cocino. No soy como "otros" que ni siquiera lo intentan.
- ¿A qué hora quieres que lo haga? No tengo tiempo de nada.
- Eso no es verdad. Tuviste tiempo para instalarte en mi casa y torturarme con tareas. Podrías si quisieras.
- Está bien, me atrapaste. No quiero ni me gusta cocinar.
- Ya somos dos, la diferencia es que yo tengo que hacerlo de todos modos.
- Y no te sale muy bien,
- ¡Cierra la maldita boca, bastardo! ¿De qué te ríes?
- Al fin me vuelves a hablar como antes –se ruborizó levemente con mi comentario.
- Es que…
- Está bien. No digas nada. Insúltame, golpéame si quieres, pero no dejes de hablarme. No es común en ti.
- Eres un idiota, un tonto, un… –se quedó mirándome sin saber qué más decir–. Mira, aún no tengo una respuesta…
- No importa. Esperaré el tiempo que sea necesario. No te sientas presionada.
- Solo… quiero preguntarte ¿por qué yo?
- Es tu forma de ser.
- Creí que no te gustaba cómo yo era.
- No, al contrario. Eso es lo que te hace especial. Eres diferente a todas. Eres única.
- Bueno, ya basta. Solo cómete tu almuerzo. No quiero escuchar nada más por ahora.
- Ok, lo siento.
Creí que había metido la pata por algo que agregué pero no fue así. Solo estaba apenada de que alguien al fin hablara bien de ella. Quise acompañarla hasta la casa pero se negó.
En una ocasión, en un receso, su rival y sus amigas notaron que no estábamos juntos como siempre y quisieron molestarla por ello.
- ¿Por qué no estás con "tu novio" ahora? ¿Es que acaso ya rompieron?
- Eso no te importa.
- De seguro ya se cansó de ti, lo aburriste y ya no quiere estar más contigo.
- Te equivocas. Yo le gusto. Soy yo la que tomó distancia.
- ¿Y por qué?
- ¡¿Qué rayos te importa, víbora?! ¡Aléjate si no quieres que te de una paliza!
- No te tengo mie…
- ¡Dije que te alejaras!
Salieron corriendo después de eso. Sí que puede infundir temor después de ese tremendo grito. Las tontas tomaron eso como una ruptura y quisieron acercarse a mí. Las esquivé en todo momento y les dije que no estábamos peleados.
Ella y yo nos volvimos a hablar, eventualmente discutimos de forme leve, pero al menos pude estar cerca y comunicarme. La respuesta no llegó en esos días, algo que ya me imaginaba.
Bueno, esto es todo hasta ahora. La pregunta es: ¿qué puedo hacer para convencerla de aceptar sin presionarla? Es decir, sé que tiene que tomar la decisión ella sola pero… también me gustaría poder hacer algo. Ustedes entienden.
Saludos.
Respuestas:
Sadaharu35 responde:
Maldito infeliz ¿todo este tiempo estuviste planeándolo todo? ¡Voy a matarte! ¡Voy a degollarte y dejarte colgando de un precipicio!
Dark angel responde:
¿Disculpa? ¿Te conozco?
Sadaharu35 responde:
No me vengas con estupideces voy a darte la paliza de tu vida, maldito gusano.
Dark angel responde:
Tonta. Mejor hablemos esto en persona.
Sadaharu35 responde:
Ja, si te veo morirás. ¿Gin te estuvo ayudando todo el tiempo? No puedo creerlo.
Dark angel responde:
¡No digas más nada! Al menos ten la decencia de mandarme un mensaje privado. No me digas todo esto aquí.
Sadaharu35 responde:
¿Qué? ¿Se puede hacer eso? No sabía que existía algo como el "mensaje privado". ¿Qué demonios es eso?
Dark angel responde:
Tal como su nombre lo indica, es un mensaje que solo tú y yo podemos ver.
Sadaharu35 responde:
¿Y me lo dices ahora?
Dark angel responde:
¡Te dije que mejor habláramos en persona!
Sadaharu35 responde:
Bueno, bueno. ¿No puedes borrar los comentarios?
Dark angel responde:
No.
Sadaharu35 responde:
Uhhhh. Bueno, emm. Yo no soy esa "pelirroja" de la que habla este IDIOTA. Es una compañera mía, yo la conozco. No es muy amiga, bueno sí, pero no tanto.
Dark angel responde:
¬¬ Tonta. Quédate callada mejor. Te veo mañana.
Sadaharu35 responde:
No pienso almorzar contigo ¿entendiste?
Dark angel responde:
MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP
MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP MP
Sadaharu35 responde:
¿Qué me estas queriendo decir? ¿Maldita P***? ¡Ahora sí que vas a morir!
Dark angel responde:
No, tonta. Significa Mensaje Privado.
Sadaharu35 responde:
Aaaaaahhh, ok. Ya entendí, ya entendí. Tonto.
Dark angel responde:
Por cierto, Sadaharu35… te quiero.
Notas del autor:
Uff. Cómo me costó este capítulo. No se imaginan. Lo tuve que reescribir 3 veces. Fue muy difícil encontrar el estilo de este chico.
La idea era que él escribiera de una forma distinta a la de Kagura y que diera aquellos detalles que ella –por tonta, distraída y por ser ella, precisamente– no veía.
Por ejemplo: En el fic, Kagura dice que Okita se agachó para escupirla cuando la dejó contra el suelo. Y aquí, Sougo dice que quería acercarse, en un intento de beso.
¿Se dan cuenta?
Siempre lo aclaré. Kagura ve y piensa lo que quiere. No se da cuenta de lo que realmente pasa a su alrededor, a no ser que sea muy evidente.
También quería dejar bien en claro cómo cada género cuenta una historia. Se sabe que a las mujeres nos gusta hablar mucho y damos vueltas para contarlo todo. Damos muchos detalles. En cambio a los hombres van más al grano.
Por otro lado, me tomé la osadía de poner sus nicknames e integrarlas a la historia. Me pareció lindo hacerlo. Si alguna no está de acuerdo, que me lo digan y ya ¿Ok?
Con el tiempo iré editando todos mis capítulos para arreglar algunas faltas que he cometido. Los he visto. Tuve que volver a leerlos todos para saber qué parte es la que iba a contar Okita. Fue loco cuando me quedaba leyendo mi propio fic xD En más de una vez me ha sucedido.
Ahh, por cierto, tengo ganas de contactarme con la gente. Si tienen ganas avísenme e intercambiamos mail o cuentas de faceebook y todo eso xD
Agradecimientos:
Gracias a Fede, Marisa y Rocio por ayudarme tanto y soportarme con esta historia. Los tengo locos xD
Y muchas, muchas gracias a: Mar, valqiria8, Ishinomori Ayame-sensei, lulu.c1t4, Kotsuki Kurosak y antonia.f. aguilar por leer, comentar y seguir esta humilde historia. Me alegra mucho que lo hagan n.n
Reviews anónimos:
Mar:
Jeje, sí suele pasar. Lo que pasa es que Kagura entiende todo mal. Ella también tiene la culpa de que Sougo le haya dicho esas cosas también, es muy orgullosa y dice cosas feas cuando se enoja u.u
Este cap. Sirvió para que vieran qué pensaba Sougo todo este tiempo. Espero que te haya gustado n.n
Pronto aparecerá alguien que tanto esperas, pronto n.n
Besos. Gracias por comentar y leer n.n
Bueno, eso fue todo. Cualquier duda pregunten. Saludos a todos.
