Cap 9
Entre un sueño y una maravillosa realidad
Corazón Indómito
Que mis palabras trasmuten en tus sueños
Que mi boca sea tu eterno sabor
Que mis brazos cerquen un seto para este amor.
Que me una a ti eternamente
Y permanezca así por siempre
Y mi corazón indómito esta aquí a tus pies
Que ya no tengo destino…
Si no estoy junto a ti.
-Estas aquí, no sabes las ganas que tenía de verte –le dijo la joven rubia después de separarse unos instantes de los labios del joven actor.-No quiero que vuelvas a dejarme nunca ¿Lo entiendes?- le dijo mientras lo besaba en los labios, en las mejillas, en la frente.
-¿Es eso lo que quieres? –preguntó Terry con cierta reticencia – hay muchas cosas que hay que aclarar, yo quiero decirte...
-Por favor no digas nada. Arreglaremos las cosas mi amor, lo prometo. He querido estar junto a ti, tal vez desde el mismo instante en que te vi por primera vez y hoy no voy a negarnos esa oportunidad…, por favor no vuelvas a separarte de mí- y Candy comenzó a besarlo con desesperación para que no le quedara duda a Terry de sus palabras
Esta vez los besos eran diferentes. La urgencia que tenían por fundirse en un abrazo nublaba sus mentes y sus pensamientos. Querían estar juntos de tal manera que no hubiera cabida a separación alguna y esta vez estaban dispuestos a cualquier cosa.
Con lentitud el joven acariciaba su cuerpo, aun guardaba cierto miedo de que su mas preciado sueño se diluyera con la llegada del amanecer.
Pero no, la humedad de la boca de Candy no era un sueño. El sabor que ya había probado antes estaba ahí, a fresas silvestres, a novedad, a amor puro.
Mi alma sondeando en tu mirada, reconociéndote
y mi corazón sucumbe a tu amor…
Candy parecía dispuesta a seguirlo en todo, él sabía que la jovencita no era una mujer que se entregara por el calor del momento. Podía sentir el amor que ella le confesaba... ¡Dios! Lo podía sentir.
Los labios de Terry se separaron de los de ella y ante la mirada de cuestionamiento de Candy, sonrió y de inmediato los reanudó pero esta vez siguiendo la delicada línea del mentón femenino, alcanzó el palpitante hueco de su cuello y ella gimió alentándolo a continuar.
El sol y su tibieza insensible a la belleza de la eternidad
En las olas de este océano vagaba mi soledad.
Soy un fiel romero mendigando por una oportunidad.
La luz del lucero, consejero de mi pesar
Te aleja de mi vida como la bruma matinal
Lo que calla mi boca sofocada por mi fatuidad
No lograra detenerte de aquel portal.
Las frágiles manos de la joven acariciaban lentamente la espalda ancha de Terrence y con dedos temblorosos levantó la camisa de Terry. Sin separarse de su cuello, él tomó las manos de Candy y la instó a ir desabrochando la fina prenda. Luego, él deslizó sus manos hasta el cierre del vestido y fue ese sonido el que cortó el silencio de la habitación.
El delicado vestido color verde cayó a los pies de ambos y él miró a los ojos a Candy para luego fijar su mirada azul en las níveas palomas de sus pechos. Ella comenzó a respirar rápidamente y sus mejillas se ruborizaron. Terry decidió que era mucho esperar y sin esfuerzo, la levantó para colocarla sobre la cama.
El amplio lecho los recibió con sus suavidades. Él se colocó sobre el cuerpo anhelante de la joven quien aún tenía la ropa interior puesta. El corset ofrecía cierta dificultad por la gran cantidad de pequeños lazos. Candy adivinó una mirada de angustia en los ojos que amaba y sonrió coqueta, se sentó y solamente deshaciendo el moño y aflojando los lazos, se quitó la estorbosa prenda.
Una expresión de arrobamiento surgió de la boca de Terry y eso le permitió a Candy continuar. Le preguntó seductora.
-¿Te parezco bonita? – preguntó con inocencia.
-Bellísima- lo dijo en tono profundo y bajo y Candice tuvo que cerrar los ojos ante la sensualidad que él imprimía en cada nota.
Sin demora, él despojó a la joven del resto de su ropa mientras él mismo, besándola, acariciándola, se quitaba la propia.
Mi alma sondeando en tu mirada, reconociéndote
Y mi corazón indómito sucumbe a tu amor…
Suspiro triste, llagas de mi remordimiento
Ya se bañan mis mejillas con un mar de sal
Traduce mi oculto sentir
Que te prodigan mis besos
Te estoy amando sin poder atenuar este amor
Quiero que mires alrededor
Este mundo silente que nos rodea a los dos
Nota mi presencia, siente este latido que te pertenece
Y mi corazón indómito sucumbe a tu amor…
Pronto, Candice sintió la suavidad de la piel masculina, jamás pensó que pudiera serlo. El cuerpo de Terrence era el de un hombre en toda la extensión de la palabra, ella se ruborizó al comprobar que era bello. Por su profesión médica, había visto con anterioridad algunos cuerpos masculinos. Pero éste, el de Terrence, tan cercano, tan vibrante, tan en forma, le hacían tener sensaciones extremas. Lo deseaba tanto, desde antes, desde siempre.
De a poco como una vertiente
Avanza en la profanidad de los guijarros.
Como el rocío resuma entre los pétalos de las rosas
Como el otoño arrebata a las hojas de los abetos.
La brisa arrulla las flores de la primavera.
La lluvia embebe en mi ventana,
Cae y cae pausado como el baile de los cisnes.
Las manos sabias de Terry la estaban haciendo sentirse tan mujer, la hacían conciente de su propia feminidad y del poder que ejercía sobre él, sobre su hombre.
Terry por su parte, sabía que debía ir despacio, con cuidado. Aquél era un terreno virgen y él era su primer explorador.
Con lentitud y mirando la carita ruborizada de su compañera, se colocó entre las piernas trémulas de la joven. La voz profunda de él se escuchó dando una orden.
-Mírame, Candy- Ella obedeció y los destellos verdes de sus ojos iluminaron los de él- quiero que me mires cuando tú y yo seamos uno solo. Te amo, Candy, te amo.
Ella no pudo responderle cuando lo sintió invadir su intimidad. No hubo dolor, sólo la certeza de pertenecerse uno al otro por completo.
Las lentas y suaves evoluciones del joven sobre su cuerpo la estaban transportando a galaxias lejanas. Cada movimiento, cada beso y cada abrazo íntimo eran con el objetivo de hacer que la joven disfrutara de su encuentro amoroso y sobre todo, que tuviera la sensación de que él, Terrence Grandchester, le pertenecía, en cuerpo y alma.
Muchos minutos después, algo parecido a una corriente eléctrica recorrió la espina dorsal de Candy, sus uñas se enterraron en la espalda amplia del hombre y un gemido alto surgió de la boca femenina. Luego, él escuchó cómo llamaba su nombre con dulzura.
Un instante después, él la siguió en su loca carrera hacia las estrellas y junto con ella, bajaron del cielo lentamente, poco a poco hasta las tranquilas aguas del sueño reparador.
* . *
Un viento fresco entraba por la ventana. El joven ingles abrió los ojos lentamente y con una sonrisa en los labios se levantó a cerrar la ventana. La joven se movió y al no sentir el cuerpo de Terry abrió los ojos de inmediato.
-Hola –le saludo el joven duque mostrando sin pudor alguno su desnudez al dirigirse al lecho junto a su joven amada.
-Hola Terry – murmuró Candy mientras buscaba algo interesante en la sábana para no ver a Terry desnudo a la luz de la mañana.
Terry vio su diario en el piso y lo levantó.
-¿Lo leíste? – preguntó mientras lo hojeaba. Cada hoja contenía una emoción, un recuerdo que muchas veces quiso sepultar sin éxito alguno.
Candy se sintió avergonzada. Había sido un error leer algo tan privado, pero esa había sido su única entrada al corazón del joven actor.
-Sé que no debí, sé que invadí tu intimidad. Pero yo necesitaba… conocer las razones. Lo encontré sin querer, lo juro Terry y cuando vi qué era no pude dejar de leer. Entendí cada una de tus acciones y comprobé que me amabas desde el inicio, desde siempre. He estado tan ciega. ¿Cómo pude ignorar la sensación de que algo había pasado? Que no eras tu el que escribió esa carta, ¿Por qué nunca puedo seguir lo que me dicta el corazón? –confesó con genuino arrepentimiento mientras Terry sentía que la amaba mas a cada instante.
-Yo tampoco pude seguir lo que me dictaba el corazón – aseguro Terry mientras se metía bajo las sabanas, buscando, inconcientemente, el cuerpo tibio de Candy.
-Me fuiste a buscar… -dijo Candy.
-Pero aun así quise odiarte, debí ir a Francia, debí hacer más… y luego cuando te encontré de nuevo –hizo una breve pausa para después continuar - Tenía todas las intenciones de lastimarte, de matar a tu novio – y al recordar al joven médico pregunto: - ¿Lo amas?
-No – aseguró Candy sin titubear.
-¿Porqué lo aceptaste? –preguntó Terry
-Quise olvidarte, me sentía sola pero sólo termine lastimando a un buen hombre.
El semblante de Terry era de enojo y Candy le tomó el rostro con las dos manos.
-Eso está en el pasado. No hubo nada más que un beso no correspondido Terry – le aseguró con todo el amor que sentía y vio el semblante de Terry aceptar su respuesta.
-De cualquier forma no pienso reprocharte nada –le aseguro el joven duque - Simplemente te amo Candy.
La joven abrazó a Terry con ternura, pero el joven estaba más allá de querer un simple abrazo. La había amado por mucho tiempo, la había deseado desde aquella noche en el barco y hacia unas cuantas horas la había hecho suya por primera vez.
Ahora que las cosas estaban aclaradas quería recobrar todas las horas que la creyera perdida y estar con ella siempre.
Terry la miró fijamente y con delicadeza comenzó a acariciar los brazos de la joven. Los recorrió de arriba abajo para después aventurarse por el talle. La joven cerró los ojos y se aferro al cuello del actor. Sabía lo que iba a pasar en ese momento y con gusto seguiría a Terry por el camino de la pasión nuevamente.
Esta vez las sensaciones fueron diferentes. Candy no podría amar a otro hombre y aunque faltaban muchas cosas por aclarar, sabía que lo peor había pasado. El amor que los unía no solo espiritualmente sino también físicamente sellaba el compromiso que alguna vez se hicieran.
Mientras Terry sentia a Candy estremecerse debajo de su cuerpo y disfrutar las caricias intimas que el le provocaba, se juraba que la amaria y la seguiria a cualquier lugar. Dos años habian sido muchos y ahora que conocia las delicias de su cuerpo y que su corazon aun le pertenecia, no estaba dispuesto a volver a renunciar a ella.
Terry sintió a Candy estremecerse, a punto de caer al precipicio del placer que el le prodigaba y ya no pudo pensar mas. Por primera vez disfrutaría de la felicidad como en aquel instante en el que seguía a Candy por ese maravilloso camino de la satisfacción total.
* . * . *
-Debimos haber hecho esto la noche de la presentación del Rey Lear en Chicago-le dijo Terry con una sonrisa de medio lado mientras Candy intentaba cubrir su desnudez con la sabana.
-Debimos hacer tantas cosas desde el Colegio mi amor- le dijo Candy mientras escondía su rostro en el pecho del actor.
-¿Me hubieras permitido entrar a tu cuarto, en el colegio para amarte sin descanso como hace un momento? –pregunto Terry, imaginando todas las noches que hubiese podido pasar con Candy amándola en su habitación.
-Tal vez… -contesto mitad tímida mitad seductora.
Terry acariciaba tiernamente la cabeza de Candy mientras pensaba en el futuro. Quería quedarse con ella pero no estaría tranquilo hasta haber arreglado las cosas con Susana y Abigail Marlowe y pedirle formalmente a Albert su aprobación. Bueno no era exactamente la aprobación de Albert lo que necesitaba sino por respeto pedirle la mano de Candy.
Disfrutaría un par de semanas mas a Candy mientras arreglaba los detalles sobre su viaje a America y de su enfrentamiento con Susana y Abigail Marlowe.
Continuara…
Irlanda, Terry's Miracle Angel
