9º Mozambique
Habían pasado una larga y eterna semana desde que la boda de los Potter se celebró. Desde que ella le besó para después marcharse para siempre. Ron se había intentado hacer el fuerte, se había prohibido llorar como tantas veces lo había echo antes y en su corazón nacía un nuevo sentimiento, la decepción.
Hermione había sido todo lo que había deseado siempre. Casi desde la primera vez que la vio. Y ahora, tanto tiempo después tenía que auto convencerse de que ya nada podía hacer para impedir lo que estaba ocurriendo. Ella había elegido, ya había decidido, y él no era nadie para hacerla cambiar de opinión. Había jugado su última baza y lo había perdido todo.
En la oficina de aurores, Ron leí unas solicitudes con interés, Kingsley Shacklebolt le observaba desde la puerta.
- Debes pensarlo bien, Weasley, no es un asunto para tomarse a la ligera.
- Lo sé - musitó el pelirrojo - pero ya sabes que llevo demasiado tiempo pensando en esta posibilidad… además no puedes negar que mi proyecto fue de los mejores.
Kingsley no tuvo más remedio que asentir. Ron era de sus mejores aurores y sabía que estaba preparado para cualquier cosa, sin embargo el vínculo amistoso que les unía le pedía a gritos que convenciese al pelirrojo de lo contrario.
- sabes que te necesito por Londres - musitó mirándole fijamente
- Harry regresa mañana de su luna de miel, él puede realizar las patrullas más complicadas, siempre ha sido el mejor.
- Ron… no puedes comprometerte a esta labor para huir de tus problemas sentimentales.
Esa afirmación ataco directamente el corazón de Ron, que abrió los ojos mitad aturdido mitad enfadado.
- No tienes ni idea de mis problemas, Shacklebolt
- Claro que si, Ron, Hermione se ha ido, entiendo tu dolor, pero es hora de que lo superes, el mar esta lleno de peces y tú…
- ¿Y yo que? - declaró el pelirrojo levantándose de la silla con violencia.
- Después de 4 años sigues llorando por ella.
Ron cogió su chaqueta de la percha y se dirigió a la salida de la sala, sin querer decir nada más.
- Prométeme - dijo Kingsley agarrándole de un brazo cuando el pelirrojo salía - que lo pensaras con la cabeza fría, no con el corazón.
El muchacho asintió, no podía decirlo, pero sabía que su jefe tenía razón.
Kingsley se sentó en la silla que Ron había dejado vacía, le dolía haber sido tan duro, pero sabía que el joven pelirrojo solo aceptaba esa misión para poner fin a todo, poner miles de kilómetros de distancia de ella y dedicarse en cuerpo y alma a su profesión.
Observó las solicitudes del traslado y observó que aun faltaba la firma. Puede que aun no estuviese todo perdido, Mozambique no era lugar para Ron. Tan solo quedaba un as en su manga y debía jugarlo antes de que fuese tarde. Cogió un puñado de polvos flú que había en una maceta cerca de la chimenea y los arrojó al fuego que se tornó verdoso.
- Grimmauld Place
Y el mago se perdió entre las llamas.
Giró a una velocidad vertiginosa y entonces se detuvo frente a dos caras que le miraban sorprendido. Kingsley observó que ambos estaban abrazados y con la ropa a medio desabotonar.
- Kingsley- gritó Ginny tapándose rápidamente
- Lo siento- murmuró el auror azorado - pero es importante.
Harry sonrió divertido mientras se abrochaba los botones de su camisa.
- Aun es mi día libre, Kingsley, no pienso ir a trabajar
- Se trata de Ron
Ginny le miró atenta.
- ¿Qué ocurre?
Y Kingsley les contó todo.
- No puede ser- exclamó Ginny tapándose la boca.
- No me había dicho nada- susurró Harry pensativo.
El auror de color bebió un sorbo de la taza de té que Ginny le había preparado y les dio unos momentos para que asimilasen toda la información.
- Tú puedes prohibírselo Kingsley, como jefe de aurores - le dijo Ginny a la desesperada
- No puedo, mandó el proyecto al mismísimo ministro de magia, que quedó encantado, le escribió una hoja de recomendación hacia mi despacho. Ron sabía perfectamente que yo no le autorizaría, pero con esa recomendación….
- Pero Kingsley - sollozó Ginny- en Mozambique le mataran
Por todos era sabido que los brujos de esa zona practicaban magia negra muy avanzada y solo los aurores más experimentados y suicidas iban a esas zonas para intentar controlar la situación.
- Aún no ha firmado los papeles - aclaró Kingsley - pero debes hablar con él, Ginny. Los dos debéis hablar con él.
- Si Ron quiere ir- determinó Harry - nadie podrá convencerle de lo contrario… es demasiado cabezota
- No pienso dejar que mi hermano muera en África, Harry Potter - gritó Ginny enfadada.
Harry asintió. También él estaba asustado.
Ron estaba en su cuarto, doblando con delicadeza unas camisetas y unos pantalones y guardándoles en una maleta, cuando la puerta se abrió con violencia, dejando entrar una cabellera pelirroja.
- TU, MALDITO PELIRROJO ESTUPIDO
- ¿Ginny? ¿Qué ocurre?
Por un momento pensó que su hermana había perdido la cabeza, pero entonces vio las lágrimas de sus ojos.
- Ginny… ya lo sabes - dijo bajando la mirada
- ¿Te has vuelto loco? ¿Mozambique?
- Sé que te parecerá una locura, pero es donde quiero ir
- Es una locura, no me lo parece. ¿Por qué no me lo dijiste antes?
- Porque habrías intentado convencerme de lo contrario.
Harry entró en el dormitorio y se apoyó en el armario.
- Tu lugar no esta allí, amigo - declaró.
- Tampoco aquí… lo he intentado, pero no puedo seguir atado a todos estos recuerdos
- ¿Y la solución es que te maten? -declaró la pelirroja
- No, claro que no… soy un tío duro, Ginny, no pienso ser blanco fácil
- Ron - suspiró Harry- sabes que solo uno de cada 3 aurores regresan con vida de allí
- Pues yo seré ese uno - dijo intentando sonreír, pero borró la sonrisa cuando vio el rostro de su hermana que parecía ir a desmayarse de un momento a otro.
- Por favor… Ron… - suplicó
Ron podía ser muchas cosas, pero realmente quería a su hermana y verla tan frágil, tan afectada hizo que se sintiese mal por haberse planteado ir allí.
- Esta bien -aceptó- no iré
Ginny le miró incrédula y sin decir nada más se tiró a sus brazos.
- Gracias a dios Ron, no puedo perder a otro hermano. - sollozó sin soltarle.
Ron acaricio su cabello pelirrojo y dejó escapar una débil lágrima por el recuerdo de Fred.
La noche pareció pacifica y eterna, nadie escuchó como una lechuza ululaba en la ventana de la cocina, pidiendo paso para entregar la correspondencia, nadie, excepto Ron.
Cuando el sol salió Molly se comunicó con su hija llorando. En la cocina había una carta arrugada, una lista de invitaciones para una boda, y en una de ella rezaba el nombre de Ron. En el dormitorio de Ron, no había nadie, la maleta había desaparecido al igual que todas sus pertenencias.
Harry apareció rápidamente en el ministerio, rezando porque no hubiese ocurrido lo que pasaba por su mente. Abrió el despacho de aurores y en la mesa encontró el formulario de Ron Weasley firmado, aceptando así, su misión en Mozambique.
