Capítulo VIII
"Dean debería saberlo"
El chico rubio salió despedido a través del ventanal de la terraza, quedando, afortunadamente, retenido por la barandilla que lo libraba de una caída de varios pisos. Los tres espectros chupa-cerebros se dedicaron entonces al más joven y a la muchacha. Sus dedos índices se alargaban inauditamente en una especie de tubos óseos acabados en punta.
El muchacho desechado, por considerar su cerebro algo así como comida basura, entró de nuevo en la habitación y se arrojó sobre la espalda del monstruo que atacaba a la muchacha, alejándolo de ella.
- Dean, me vendría bien una mano por aquí – el más joven de los Winchester forcejeaba con los dos espectros restantes, demasiado fuertes para él solo.
Abby cogió la misteriosa bolsa que ambos hermanos habían tratado ocultarle sin éxito durante las dos semanas que llevaban viajando por el país. La abrió y cogió la escopeta recortada, parecía cargada así que apuntó con ella a uno de los que atacaban a Sam y disparó.
- ¡la sal no vale, Sammy!
- ¡Ya lo he notado!
- ¿Sal? - chilló la muchacha sacando una espada corta
- Gracias linda – el pecoso nuevamente arrojado contra la cómoda se levantó rápidamente, y dando un beso en la mejilla a la sorprendida chica le quitó la espada, cortando con ella media mano del espectro que se abalanzaba sobre ellos, dedo tubular incluido.
El ser gritó rabioso lanzándose con más ímpetu sobre el fastidioso muchacho con el que no habían contado."¡La espada tampoco vale Sammy!"
- ¡En serio hermano! ¡necesito algo de ayuda! - los otros dos espectros sujetaban ambos brazos del muchacho, pero eran incapaces de llegar a su cerebro pues una mano no era suficiente para mantener sujeto al estudiante.
- Abby siguió registrando en la bolsa mientras el mayor volvía a ser lanzado por los aires contra la pared. Encontró unos cuchillos pequeños, de apenas cinco centímetros de largo.
- ¿Plata maciza? - preguntó algo alucinada
Dean, esquivando una mesita de noche voladora, se las cogió de las manos. "Por probar" dijo lanzando un par de ellas a la criatura que quería cobrarse su mano destrozada destrozando la cabeza del escurridizo cazador.
- ¡Sammy, la plata si funciona!
- ¡Pues ayúdame!
No hizo falta, ambas criaturas lo soltaron decididas a vengarse de quien había acabado con su compañera.
El chico consiguió herir a uno, la herida de aquel ser burbujeó como cuando mezclas coca cola con azúcar. No pudo hacer más, el otro consiguió sujetarle por la espalda mientras el monstruo herido, bastante cabreado, acercó peligrosamente el dedo tubular a sus ojos.
- ¡Sammy, no me vendría mal una mano!
Sonaron dos detonaciones y ambos seres sobrenaturales cayeron al suelo con sendos disparos en la cabeza. "¿balas de plata?" preguntó el chico mayor intentando recuperar el aliento. "Balas de plata" el menor bajó lentamente el revólver nacarado de su hermano con una sonrisa satisfecha en su juvenil rostro.
Abby se sentó en la única cama que había resultado ilesa, con la bolsa de las armas sobre las rodillas. En el suelo, los tres seres que los habían atacado se deshacían en una masa informe y repugnante de fluidos orgánicos. Miró a los dos hermanos boquiabierta.
- tranquila Ab, ya ha pasado todo. Nunca permitiríamos que te hicieran daño – el mayor, con su patentada sonrisa de chico irresistible le quitó la bolsa de encima y le dio un tranquilizador abrazo.
- ¿Crees que se ha terminado Dean? - el más joven se sentó al otro lado presionando un hombro de su amiga – han sido muy perseverantes.
- Son los que os atacaron en Standford, los tres que quedaron. Creo que ya está Sammy, trabajo terminado – lo que le hizo recordar el motivo por el que su hermano estaba en Standford – vuelve conmigo Sam
- ¿Dónde Dean? Sólo dime un sitio – replicó el más joven con toda la intención. Su hermano se levantó y guardó las armas en la bolsa.
- Voy a llevar esto al coche – susurró roncamente antes de salir por la puerta.
- No debería meterme donde no me llaman Sam, pero ¿no crees que estás siendo muy duro con él? - la chica había visto en los ojos del pecoso algo más que enfado cuando se puso a guardar las armas.
- No importa Ab, llevamos así un tiempo. No quiere darse cuenta de que no puedo pasar el resto de mi vida matando criaturas como hace él.
- Pues no se os da mal. No se Sam, quizás sólo quiera estar contigo.
- Es mi hermano Abby, siempre ha estado conmigo – le dijo a la joven – no es que me queje, salvo por sus gustos musicales, lo cabezota que es y su manía de meterse en problemas, no es una compañía tan terrible. Pero es lo único que conozco, esta vida, la caza, quiero hacer algo diferente.
Al ver que la joven no lo entendía el muchacho le explicó desalentado sin saber que su hermano había vuelto: "No conocí a mi madre, me he pasado la vida dentro del coche de ahí fuera, viajando por el país con mi padre y con Dean. Sin parar en ningún sitio más de dos o tres semanas. Sin un lugar al que llamar hogar o al que invitar a algún amigo a merendar o a estudiar. Nunca he tenido una fiesta de cumpleaños a la que asistiera alguien aparte de Dean. Cuando me gradué, era el alumno que tenía que dar el discurso en la entrega de diplomas y tuve que huir de mi padre para hacerlo"
- Fue un buen discurso – le hizo saber su hermano que ya estaba de vuelta
- No quiero hacerte daño Dean, pero no voy a volver. Papá lo dejó muy claro, me lo dijo muy claro, y tú no dijiste nada , sólo te quedaste mirando, como ahora. Te necesitaba hermano – el joven se fue alterando conforme hablaba mientras intentaba que el mayor protestara o dijera algo – necesitaba que me apoyaras, que dijeras ¿por qué no va a intentarlo? Que dijeras lo que me dijiste al recogerme en la fiesta de graduación, que podía ser lo que quisiera, que puedo hacer cualquier cosa que me proponga. Yo necesito salir de ésto Dean, no soy como tú, no me gusta esta vida. Está bien ayudar a la gente y todo eso, pero prefiero ayudar de otra forma, sin tener que jugarme la vida en cada trabajo, sin tener que preocuparme porque alguno de nosotros pueda salir malherido o muerto de la próxima misión.
- El coche está preparado – respondió el mayor sin querer mirar a su hermano a los ojos – llevamos a Abby a su casa y...
- Hablar contigo es malgastar saliva – y el chico salió dando un portazo tratando de tragarse la decepción por la actitud del mayor
Entre los dos ocupantes de la habitación se instaló un tenso silencio. El pecoso respiró profundamente y plantando su sonrisa de aquí no ocurre nada preguntó a la excéntrica chica "¿dónde quieres ir Ab?".
- A la MIT, no me apetece estudiar en Standford, es demasiado pijo para mi gusto. Sólo necesitaba saber que hubiese podido de haber querido – se dio cuenta de que su amigo estaba más afectado de lo que admitiría nunca - No confundas las cosas Dean, tu hermano te quiere y te necesita pero también necesita hacer su propia vida.
NCIS-SN NCIS-SN NCIS-SN
La máquina de constantes vitales tenía el desagradable sonido de los aparatos de hospital. El enorme agente del FBI aprovechó la ausencia de médicos, enfermeros y auxiliares, y la de los otros agentes para acercarse a la cama dónde el herido respiraba regularmente ayudado por la máquina, en el sueño inducido por las drogas.
Nunca se acostumbraría a verlo así. Siempre que se había encontrado en una situación similar se sorprendía de que pareciera tan frágil, tan indefenso, tan vulnerable. "Se que lo conseguirás, no me necesitas para seguir, sólo necesitas ser tú mismo de nuevo" Como si quisiera llevarle la contraria el herido se quejó suavemente. "Tranquilo Dean, podrás ir a casa, yo me encargaré de todo" Una solitaria lágrima surcó el rostro inconsciente de su hermano mayor, se inclinó y se la limpió con el pulgar no pudiendo evitar dejarle un beso en la frente.
- Que tierno
- ¿qué demonios pasa ahora Chris? - el supuesto Jason Newsted miraba la escena con una irónica sonrisa en los labios.
- Tenemos que irnos, el chico del NCIS, el McGee, ha despertado y nos ha dicho dónde está el virus.
- ¿está bien?
- Si, el tal Valley es muy competente, no nos vendría mal alguien así
- Vayámonos
- Él tampoco nos vendría mal – pero borró la sonrisa de su cara al ver la expresión con la que lo fulminó el más alto
- Él ya ha dado suficiente
En la salida se cruzaron con Valley y Gibbs. "¿Se marcha Burton?". El aludido dio la mano al veterano agente del NCIS "Nos reclaman en otro sitio". El más veterano asintió y marchó a la habitación del herido.
- Burton – llamó Valley muy serio
- ¿Si Valley?
- Debería saberlo, Dean debería saberlo.
- Lo sabrá cuando llegue el momento Valley, una noticia así podría destrozarle
- no subestimes lo destrozado que está muchacho
- Has cambiado Dick, un año es mucho tiempo – los verdes e irisados ojos del más joven sonrieron con un atisbo de calidez – créeme amigo, estoy haciendo lo más justo.
- Tú también has cambiado – respondió el auténtico agente estrechándole la mano con firmeza – un año es mucho tiempo, pero nadie cambia por completo Sam.
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El demonio aparcó el vehículo oficial de Tobías Fornell en la puerta de la residencia de León Vance. Estaba solo, el agente del FBI que acompañaba a los militares había sabido exorcizar a su compañero, descubriendo el sitio dónde ambos demonios menores habían ocultado el virus para ofrecérselo a Crowley, junto a la cabeza del Winchester, como ofrenda de lealtad.
La esposa de Vance acababa de recoger a los niños del colegio y entró en la casa. El supuestamente veterano agente del FBI bajó del coche y se dirigió a la puerta. Cuantos más rehenes consiguiera más moneda de cambio tendría para recuperar el virus.
