Título original: Kiss and Tell.

Autora Original: SunshineDaisiesWindmills.

Fecha original: 17 de marzo de 2010.

Idioma original: inglés.

Disclaimer: no me pertenece absolutamente nada de lo que sigue.


KISS AND TELL

9. SÉPTIMO AÑO, PRIMERA PARTE

(Kiss and Tell - 9. Seven Year, Part One, by SunshineDaisiesWindmills)

Sabía que sería ella.

¿Quién más si no? ¿Qué otra bruja poseía su intelecto, amabilidad y capacidad de liderazgo? ¿Quién más podría desenmascarar a un delincuente con una sola mirada?

Lily era la única opción lógica.

Y en el fondo, sabía que él también lo era.

Era menos obvio, por supuesto. Era un elemento perturbador y no creía en las reglas. Pero los estudiantes lo respetaban y seguían su ejemplo, y también era muy inteligente. Si lo hubiese nombrado prefecto, tampoco habría sido una gran sorpresa. Pero no era un prefecto, así que esto no tenía sentido.

Remus habría sido la opción lógica. Pero había ciertas limitaciones en lo que respectaba a su amigo. Él mismo había dicho que sería una imprudencia por parte de Dumbledore convertirlo en Premio Anual. Fue por eso por lo que el cargo recayó en James.

Estaba claro que era para él. Tenía sentido.

Lily, sin embargo, no lo tenía tan claro.


— James — suspiró Lily cuando entró en el compartimento de prefectos. — ¿Qué estás haciendo aquí?

Se levantó de su asiento y se acercó a saludarla.

— Esperándote, por supuesto — murmuró. No la besó, pero estaban tan cerca que podía sentir el calor que emanaba de su cuerpo.

— No tengo tiempo para esto ahora, James — susurró. — Tengo una reunión con el otro Premio Anual. — Él apoyó su frente contra la suya y sonrió.

— Y lo cierto es que llegas un poco tarde — ella se apartó inmediatamente.

— ¿Ya ha estado aquí? ¿Lo has visto? — empezó a moverse frenéticamente.

— Cálmate — se acercó a ella y puso las manos sobre sus caderas.

— ¿Pero y si cree que soy desorganizada, o poco fiable, o irresponsable, o…?

— Yo nunca pensaría algo así de ti — sonrió.

— Ya sé que tú no pero… — sus ojos se posaron en el objeto que resplandecía en el pecho del chico. — Oh, muy divertido, Potter, ¿quién te ha dado eso? — Le señaló la insignia que llevaba enganchada en la pechera de la túnica.

— Nadie, en realidad. La recibí junto con mi carta — dijo. Lily se echó a reír.

— Ya, vale, lo cierto es que me ha hecho gracia, Potter. Pero en serio, ¿dónde está Remus? Estoy segura de que él es el Premio Anual.

— No lo es — negó. — ¿Quieres ver mi carta?

— Oh, no. No estás de broma, ¿verdad? — él volvió a negar. — Esto no puede estar pasando… ¿Es que Dumbledore ha perdido la cabeza?

— Pues espero que no. En fin, ¿vamos al grano?

Ella aceptó en silencio y en seguida los prefectos de las casas empezaron a llegar por parejas. Cuando estuvieron todos en el compartimento, Lily empezó a explicarles sus funciones, responsabilidades y privilegios como prefectos. Al terminar, intervino James y, juntos, instruyeron perfectamente a todo el grupo.

Cuando los prefectos se marcharon, James empezó a recoger las cosas que habían esparcido y Lily se quedó mirándolo con gesto concentrado.

Al darse cuenta de la expresión de su cara, James la miró interrogante.

— ¿A quién has sobornado? — él se rió.

— ¿Por qué, en el nombre de Merlín, iba a sobornar a nadie para ser Premio Anual?

— No lo sé — dijo ayudándole a recoger. — Para que tus padres se sientan orgullosos, o por tu currículum… — vaciló un momento antes de añadir: — … ¿o para pasar más tiempo conmigo?

James bufó con burla.

— Mis padres estarían orgullosos de mí incluso aunque me pasase el día en casa bebiendo wisky de fuego y echándome a perder — Lily rió. — Tampoco necesito ampliar mi currículum, está bastante completo y, sobre lo último, ya demasiado tiempo contigo. — Ella lo miró claramente ofendida, pero él solo se encogió de hombros y suspiró — por culpa de estas tareas me voy a perder todas las cosas divertidas.

Ella hizo rodar los ojos ante sus lamentos. Luego, sonriendo con malicia, se giró hacia él. Dio un paso y se acercó a su oído para susurrar:

— ¿Todas las cosas divertidas?

Él le rodeó la cintura rápidamente con los brazos.

— Tal vez no todas ellas.

Lily se alejó con timidez.

— Pero has dicho que pasas demasiado tiempo conmigo… Así que tal vez debería irme — se giró para marcharse pero, como era de esperarse, él la cogió de la muñeca para que no se moviese.

— ¿Yo he dicho eso? Lo que quería decir es que apenas paso tiempo contigo.

Con presteza, Lily movió la varita en dirección a la puerta, haciendo que se bajase la persiana y se echase el cerrojo. Con lentitud se movió de nuevo hacia él.

— Mm… Eso suena mejor…


Al cabo de tres semanas de trabajo, James decidió que le encantaba ser Premio Anual. A pesar de que, efectivamente, se estaba perdiendo gran parte de la diversión, había ciertos beneficios que compensaban esa pérdida.

— ¡Oye, Evans! — fue hasta la mesa donde estaba la chica recogiendo. Ella hizo una breve pausa para mirarlo.

— ¿Sí, Potter? — estaba bastante seguro de que era el tono más amable que había usado jamás con él en público.

— Tenemos que organizar los horarios de los prefectos — Lily asintió. — ¿Cuándo estás libre?

— Esa es una pregunta peligrosa viniendo de ti — bromeó. — Yo puedo reorganizarme, elige tú.

— Vale — balbuceó. — Bueno, tengo entrenamientos de Quidditch martes y miércoles así que, ¿te viene bien el jueves?

— Perfecto, ¿aquí a las siete? — preguntó, volviendo a guardar sus cosas.

— Mejor en la biblioteca. Hay menos ruido.

— De acuerdo.


El jueves a las siete menos cuarto, James se dirigió a la biblioteca. Sacó de su mochila lo que iban a necesitar para la reunión y se recostó contra la silla, acomodándose para esperar a Lily.

Llegó cinco minutos después, a las siete en punto. Echando un vistazo a su reloj, Lily le dijo:

— ¿Has llegado a tiempo?

— Sí — sus cejas se fruncieron con duda.

— ¿Qué ha pasado? Tú llegas tarde a todos los sitios. Siempre.

— Eso me ofende — ella arqueó las cejas, impertérrita. — Vale, puede ser, pero no lo hago a propósito. Es que tiendo a distraerme con facilidad.

— ¿Con qué? — rió.

— Contigo, la mayor parte de las veces — Lily trató de fruncir el ceño pero fracasó rotundamente. Primero sonrió levemente y después soltó una carcajada.

James no pudo evitar sonreír también. Le pareció que su risa era la cosa más maravillosa que había oído en la vida. El resto de la reunión se pasó rápidamente. No estaba seguro de si habían avanzado en el trabajo realmente, pero no le importaba.

La había hecho reír, y eso era más que suficiente como para poder sentir que había cumplido con los objetivos de la tarde.


— Hola — era un susurro ronco que hizo que James se girase al instante. Se quedó quieto como una estatua, totalmente sorprendido.

Lily estaba allí, sentada en su cama, vestida solo con su ropa interior. Tras observarla embobado por un momento, se sintió capaz de volver a hablar:

— Ho-hola — ella sonrió y se levantó para acercarse a él. — ¿Qué te trae por aquí?

Estaba dando vueltas a su alrededor, moviendo un dedo por su cuerpo y dejándole a su paso un agradable cosquilleo.

— Tú, básicamente — él rió entre dientes.

— ¿Estás segura? No recuerdo que hayamos quedado. Recodaría una reunión como esta.

— En realidad —estaba de pie frente a él, con los brazos alrededor de su cuello, — la falta de ti es lo que me ha hecho venir — acarició su nariz con la suya. — Llevamos casi un mes aquí y todavía no hemos hecho nada… — le dio un beso — …divertido.

— Mmm… — inclinó la cabeza contra la suya. — Hemos estado muy ocupados… — Lily empezó a besarle el cuello — … he tenido entrenamiento de Quidditch… — le besó en la yugular — … y deberes de Premio Anual… — le mordisqueó el cuello — … y las clases han… — se interrumpió cuando lo mordió más fuerte. Movió las manos hasta sus caderas y los dedos pronto se deslizaron bajo sus bragas. Sentía la sonrisa de la chica sobre su cuello. Empezó a desabrocharle la camisa sin apartar la boca de él. Cerró los ojos para disfrutar de sus movimientos. Se quedó así, feliz, durante unos minutos, hasta que su camisa cayó al suelo. El frío repentino lo hizo volver en sí y empujó a Lily hacia la cama.

Siempre había tiempo para algo de diversión.


Lily estaba sorprendentemente satisfecha con sus tareas de Premio Anual. James era tan divertido en las reuniones como cuando estaban juntos en otras condiciones, si no más. La hacía reír constantemente, él se reía con ella, e incluso mantenían conversaciones inteligentes en las pocas ocasiones en que ella lo consentía. De hecho, Lily se dio cuenta de que, cuanto más tiempo pasaba con James en las reuniones, más tiempo quería pasar con él… fuera de ellas.

Lo cierto es que siempre había disfrutado de su compañía. Tenían una inexplicable química que se manifestaba cuando peleaban, hablaban o se acostaban. Se divertía más con él que con cualquier otra persona.

Se suponía que ella siempre había sabido esto, y lo cierto es que no había nadie más con el que disfrutase al discutir. Era algo a lo que nunca le había prestado atención, o tal vez había decidido intencionadamente no prestarle atención. Pero había algo que no podía seguir negándose a sí misma: le gustaba pasar tiempo con él.

Y lo cierto es que fue toda una revelación para ella.


La miró con ojos de artista, tratando desesperadamente de captar cada detalle de su cuerpo antes de que se marchase.

Era una visión exquisita: acostada en su cama, sin que la cubriese nada más que sus manos. Estaba en silencio, con una pequeña sonrisa en los labios y el pecho subiendo y bajando mientras trataba de recuperar la respiración. Su pelo estaba extendido a su alrededor, algunos mechones estaban pegado a su cara y otros se arremolinaban en su cuello o descansaban sobre la almohada. Sus ojos verdes recorrían la habitación, echando un vistazo a la ventana, al techo, a los pósters de las paredes, y a él.

Sus ojos se encontraron y ambos sonrieron. Se acercó a ella, le apartó el pelo de la cara y le acarició la mejilla. Ella le cogió la mano con suavidad, apartándola de su cara para atraerla a sus labios. Siguió dejándole besos lentos y húmedos por el brazo, el hombro y el cuello. Demasiado pronto, o tal vez no, llegó a sus labios. Se besaron lentamente, con suavidad, en voz baja; el tipo de besos únicos que solo conocen los amantes.

Ella se apartó y él supuso que se iría. Lily sonrió y se acercó más, acariciándole el hueco del cuello. James le besó el pelo.

— No te vayas.

— No — dijo en voz baja, sonriendo para sí misma. — No hay ningún otro sitio en el que quiera estar.


Cuando pensaba en ella, y en él, y en los dos juntos, nada tenía sentido.

Ella era fría y distante. Siempre lo era a no ser que tuviese algún problema. Tenía mal humor, por supuesto, pero que su mal genio era parte de su carácter endemoniado. Si podía evitarlo, nunca mostraba sus emociones. Tendía a alejar a la gente. Tenía muchos amigos, pero no tenía ninguno que fuese especialmente cercano. De hecho, su mejor amigo, si no se equivocaba, había sido Snape.

Él era amable y acogedor con la mayoría de la gente. Hablaba con todo el mundo, excepto con los Slytherins, y siempre era el protagonista de los cotilleos. Todo el mundo lo conocía y todos sabía de su vida y, para ser honestos, a él le encantaba que fuese así. Iba con el corazón en la mano, pero tratando de mantener su virilidad. Si era feliz, se le notaba. Si estaba enfadado, se le notaba. Triste, tranquilo, travieso, frustrado,… fuera lo que fuese lo que sentía, se le notaba. Siempre estaba abierto a entablar una conversación, y le encantaba conocer a gente nueva. Era amable con todo el mundo, a pesar de que solo llamaba amigos a unos pocos. Estaban muy unidos, más que los hermanos.

Ella era estricta y siempre seguía las reglas. Se decía a sí misma que las normas tenían un propósito: estaban allí para evitar que se desatase el caos y para proteger a los débiles. Castigaba a los alborotadores y defendían a los indefensos. Rara vez rompía las reglas, y solo cuando le convenía.

Él no creía exactamente en las reglas. Eran como directrices que, en ocasiones, estaba bien seguir. Pero creía justificado saltárselas si era por un buen motivo. Él las había roto casi todas, grandes y pequeñas.

Ella era dulce y delicada, como una flor digna de su nombre.

Él era directo y fuerte, un hombre entre hombres, con el alma de un poeta.

Ella era egoísta, lo planeaba todo pensando en cómo le afectaría.

Él era desinteresado, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para ayudar a quien le importa.

Ella no quería una relación.

Él no quería nada más que una relación.

Eran entes completamente diferentes. No tenían sentido.

Pero lo cierto era que no les importaba.

A él no le importaba que ella no quisiese una relación.

A él no le importaba que primero pensase en sí misma.

Apreciaba lo frágil que podía parecer. Y se divertía cuando ella trataba de demostrar que no lo era.

Le gustaba lo reacia que era a saltarse alguna norma, sobre todo si cuando decidía saltársela él también salía beneficiado. Le gustaba su empeño en proteger a los débiles y en defender aquello en lo que creía, incluso cuando no estaba de acuerdo con ella: respetaba que insistiese en seguir rigurosamente las normas; creía en ellas, aunque él no lo hiciese.

Era un adicto a su misterio, nunca dejaba de tenerlo intrigado. Le gustaba forzarla a expresar sus emociones. Adoraba ser el único capaz de hacerlo. Amaba poder estar más cerca de ella de lo que nadie más era capaz.

No tenía sentido. Pero es que en el amor, pensó, nada tiene sentido nunca.


Y no estaba muerta, nono, y tampoco estaba de parranda... He vuelto! Lo sé, ya me dábais por desaparecida: lo siento, sigo hasta arriba de trabajo y solo tengo unos ratitos para traducir.

Pero bueno, lo importante es que he vuelto, y KAT también. ¿Qué os ha parecido? ¿Algo más flojillo que los anteriores, tal vez? Si es así, no os preocupéis, es una transición para lo que se viene. Hemos pasado ya el ecuador del fic, queridos: a partir de ahora, sufriremos (todavía más) con la historia de (des)amor de estos dos. Nos leemos prontito, palabra.

Un besooo