¿En qué me quedé?... ¡Ah sí! El capítulo 8

He dejado bastante tiempo colgadas mis historias, he tenido una época apresurada pero… ya voy terminando mis proyectos, tuve que rehacerlos porque mi respaldo murió y con él, todas mis historias y especiales, incluso el de "Adán y Eva" que ya estaba terminado, pero así es la vida, por lo tanto, disfruten éste capítulo y dejen reviews que ya sé que éste capítulo parece milagro de la navidad próxima.

Lo crean o no siempre los leo, todo lo que me piden. No es que los haya olvidado.

Nos leemos después.

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Atrapados en la nieve

Capítulo 8: "Una cálida ráfaga"

-¿Qué es lo que se tiene que pensar? –le preguntó Uryuu en cuanto estuvieron a solas en la camioneta.

-No es de tu incumbencia –respondió Ichigo mientras se abrochaba el cinturón de seguridad y se abría camino con las cadenas puestas.

-Te has acostado con ella, ¿verdad?

Ichigo no se molestó ni en contestar.

-Lo entiendo perfectamente porque ella luce muy hermosa.

-Y muy joven para ti.

-Dan ganas de protegerla, ¿eh? –sonrió su hermano.

Ichigo hubiera preferido que mantuviera la boca cerrada.

-Tranquilo, me alegro de que te estés comportando con normalidad de nuevo.

-Espera un momento. Para –le indicó Ichigo cuando pasaron junto a la casa de Kenpachi.

Cuando su hermano detuvo la furgoneta, saltó al suelo y dejó en el buzón los guantes que el hombre le había prestado. El hacha, de momento, no iba a poder devolvérsela porque había quedado bajo el cobertizo. Ya le compraría una nueva después.

-¿Por qué dices eso de que me estoy comportando con normalidad de nuevo? –interrogó a Uryuu volviendo al tema cuando se subió al vehículo.

-Ya sabes, me refiero a salir, ligar y a esas cosas. Vamos, que me alegro de que te estés divirtiendo con la ojigris.

-Uryuu, me voy a casar con ella.

Al escuchar éstas palabras, Uryuu frenó en seco y se giró hacia su hermano con asombro.

-¿Qué has dicho?

-Ya me has oído.

-¿Le has pedido que se case contigo? Te recuerdo que la conoces hace apenas dos días –comentó poniendo en marcha los limpiaparabrisas -¿Te has vuelto loco acaso?

El pelinaranja se quedó mirándolo y se encogió de hombros.

-San Valentín te ha puesto la cabeza al revés. Me parece que te estás pasando un poco, ¿no crees?

Ichigo no se había vuelto a acordar de que era el día de San Valentín.

-¿Seguimos adelante o piensas quedarte aquí todo el día? –contestó a su hermano.

-Ya sabes que actualmente te puedes acostar con una mujer sin necesidad de tener que casarte luego con ella, ¿cierto? –insistió Uryuu sin mover la furgoneta.

-No es porque me haya acostado con ella –se desesperó Ichigo llevándose las manos a la cabeza, disgustado consigo mismo por admitirlo.

Uryuu se mantuvo pensativo.

-Ahora lo entiendo. Estás haciendo exactamente lo mismo que con Senna. Quieres salvarla – recordó.

-Maldita sea, Uryuu, déjalo ya.

El peliazul puso los ojos en blanco.

-¿Todavía no te has dado cuenta de que no tienes porqué ir por ahí arreglando lo que otros han hecho mal? ¿Y a ésta que le pasa? ¿No tiene dinero? ¿Su padre era alcohólico? ¿Su novio la golpeaba? –preguntó –Es eso, ¿verdad? Se te nota en la cara. No quieres que vuelva con ese tipo porque la ha tocado.

-¿Me voy a tener que ir caminando al parque de bomberos? –se enfadó Ichigo desabrochándose bruscamente el cinturón de seguridad.

-No seas tan susceptible. Te recuerdo que no soy yo el que va por la vida pidiéndoles a mujeres que no conoce que se casen con él.

-A ella la conozco un poco.

-¿Ah, sí? ¿Lo dices porque te has acostado con ella?

-¡Cállate!

Sorprendentemente, Uryuu se calló, tan solo se quedó mirándolo y comenzó a mover los dedos sobre el volante.

-Mira, sé perfectamente que para ti el matrimonio no tiene nada de malo, en eso no nos parecemos, desde luego, pero no quiero que vuelvas a sufrir –declaró.

-Ella no es Senna –le aseguró Ichigo.

-Eso no me suena muy convincente –le reprochó.

Ichigo se quedó mirando por la ventana, o al menos lo que se podía ver a través de ella. Se había acostado con Senna, sí, pero eso había sido en el instituto y, luego, cada uno se había ido por su lado. No la había vuelto a ver hasta que los habían llamado para que fueran a un domicilio donde estaba teniendo lugar una pelea.

Al llegar, encontraron a un hombre al que le tuvieron que dar puntos en el hombro porque huyendo de la policía había atravesado una ventana y se había cortado profundamente. La mujer embarazada que estaba en la casa había necesitado de mucho consuelo y muchos meses de apoyo.

Era ella… Senna.

Ichigo se había asegurado de que no le faltara comida, la había llevado al médico y había hecho todo lo que había estado en sus manos para ayudarla y, cuando Senna le había pedido que la ayudara a mantener alejado al padre una vez que naciera el niño, Ichigo había accedido.

Por eso se habían casado, pero, en realidad, nunca había estado enamorado de ella. En cualquier caso, Senna había decidido volver con el maldito aquel e Ichigo no había hecho nada para impedirlo.

Una semana después, ella y el niño aparecieron muertos.

Ichigo sabía que el bastardo que lo había hecho estaba en la cárcel, pero ni siquiera aquello mitigaba la sensación de fracaso por no haber sabido ayudarla de mejor manera.

Era consciente de que, si le contara a su hermano que Orihime estaba embarazada, Uryuu se convencería todavía más de que estaba intentando revivir y reescribir el pasado. Contarle que se había enamorado de ella tampoco le iba a servir de nada.

Hasta a él le costaba creérselo. A ella tampoco se lo había dicho por miedo a que se asustara y desapareciera.

-Y supongo que te habrá dicho que sí –comentó Uryuu –Claro, ¿qué te va a decir? Sabe perfectamente que eres un Kurosaki.

-Cuéntame algo que yo no sepa –contestó Ichigo –Por ejemplo, ¿qué más ha pasado en Las Noches? Y, por favor, hazlo mientras me llevas al parque de bomberos.

Gracias a Dios, su hermano puso el vehículo en marcha.

-No mucho, la tía Ikumi ganó a papá al póquer y la tía Rangiku consiguió hablar con Toshiro. Por lo visto, se va a hacer cargo del caso.

-Así que en las notas ponía que uno de nosotros no es quien creemos que es –recordó Ichigo.

-Sí.

-Qué tontería.

La única persona que conocía que mantenía en secreto su identidad era Orihime y tenía buenas razones para hacerlo.

-Nadie se mete con los Kurosaki y se va como si nada –comentó Uryuu.

Eso era exactamente lo que el pelinaranja le había dicho a Orihime y, ni por ésas palabras había accedido a casarse con él, pero Ichigo tenía paciencia y sabía esperar.

Tarde o temprano, Orihime cambiaría de parecer.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ-Atrapados en la nieve-Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

Aquella tarde, Orihime salió de casa porque se había quedado sin leche.

Se acercó a la furgoneta de Ichigo, con las llaves apretadas en la mano. Había hablado con los propietarios de la casa, que vivían en Tokio, y le habían prometido mandar a un personal del seguro.

También se había puesto en contacto con la empresa eléctrica porque su casa seguía sin luz. Así se había enterado de que la mayor parte de Karakura ya había recuperado la normalidad, menos unas cuantas casitas aisladas. Ellos también habían prometido mandar a alguien para ver qué pasaba.

Mientras tanto, Orihime había revisado el contenido de su refrigerador y se había decidido que había llegado el momento de hacer la compra completa.

El sol calentaba con fuerza y la nieve se estaba derritiendo a buen ritmo, como si quisiera desaparecer con la misma velocidad con la que había llegado. De hecho, hacía una temperatura agradable y Orihime solo se puso una blusa de manga larga y el abrigo.

Una vez ante el volante de la furgoneta, se quedó mirando el volante, que era de lo más moderno, puso la calefacción y bajó las ventanillas hasta la mitad para disfrutar de una cálida ráfaga.

Menos mal que la furgoneta era automática. De haber tenido marchas no habría sabido cómo conducirla. Entonces, recordó los BMW deportivos que su padre le había regalado desde los dieciséis años. Todos habían sido automáticos. También se le ocurrió que si no se hubiera gastado tanto dinero en hacerle ese tipo de regalos, no habría tenido que vender a su propia hija al menor postor.

Orihime puso en marcha la furgoneta y se dirigió hacia la carretera. Al pasar por la casa de su vecino, vio que el señor Kenpachi estaba en el jardín, le dijo adiós con la mano y no se sorprendió cuando el hombre no le devolvió el saludo.

Vio también, a muchas personas en los jardines de sus casas mientras se iba acercando al centro del pueblo. Fundamentalmente, adultos quitando nieve a paladas y niños jugando con lo que quedaba de ella.

Sabía que, si tomaba la calle principal, pasaría por el parque de bomberos y la tentación era muy fuerte. Aunque había insistido en que no quería casarse con Ichigo Kurosaki, no podía negar que una parte de sí misma estaba dispuesta a plantearse la propuesta.

Cuando le había dicho al hermano de Ichigo que había sido una suerte pasar la tempestad con él, lo había dicho enserio, pero eso no significaba que tuvieran que convertir un fin de semana fuera de lo normal en algo que no era, así que lo mejor que podía hacer era olvidarse de la fascinación que sentía por él.

Así que Orihime giró en dirección opuesta al parque de bomberos y se concentró en la lista de las compras. No tenía mucho sentido llenar el refrigerador de comida. Primero, porque no tenía mucho dinero y segundo, porque todavía no había vuelto la luz.

Tendría que esperar a que la compañía eléctrica solucionara aquello. Entonces, iría a Tokio, donde había grandes superficies y productos mucho más económicos.

Por ello, una vez en el mini súper, buscó una canasta portátil y compró dos cartones de leche y unas cuantas cosas más que le permitirían estar bien por unos días. Una vez en el estacionamiento de nuevo, colocó sus compras y subió al asiento del copiloto.

-Ichigo, ¿eres tú?

Orihime levantó la cabeza asustada y se encontró con una chica de tez blanca y ojos castaños.

-No, no soy Ichigo, lo siento –respondió con una risita.

-Disculpe, me he confundido de coche –dijo Orihime

–Me parece que te he visto en otra parte. Debe de ser que nos vimos por Karakura.

-No creo –contestó Orihime cerrando la puerta del copiloto y rodeando la furgoneta.

La mujer era bastante más baja que Orihime, así que, como no se movió de la puerta del conductor, Orihime terminó mostrando un buen escote a la altura de los ojos de ella.

-Disculpa –le dijo.

La mujer se apartó.

-Me llamo Nazoami –se presentó con otro sonrisa.

-Asuna Suno –contestó Orihime subiendo al vehículo.

-¿Eres nueva o sólo estás de paso?

-Nueva –mintió Orihime, aunque no quisiera ser maleducada con los habitantes de Karakura porque, de momento, era su nuevo hogar.

-Pues vaya que te hemos dado una excelente bienvenida con esta nevada –comentó Nazoami sonriendo –Trabajo en la cafetería de Unohana, la que está en la calle principal. Es donde mejor se come por aquí. Bueno, quitando el de Karakura, que ahora está cerrado –añadió –No le digas a Unohana que he icho eso, ¿eh?

-Tranquila, tu secreto está a salvo conmigo –dijo Orihime –Bien, te dejo, que llevo compras y necesito llegar a casa.

Nazoami se apartó y sonrió.

-Encantada de conocerte –se despidió.

-Lo mismo digo –mencionó Hime cerrando la puerta y poniendo el motor en marcha.

En seguida, con cuidado porque todavía no se había acostumbrado a aquel vehículo tan alto, salió del estacionamiento. Llegó a casa satisfecha consigo misma y consiguió estacionar la furgoneta en el mismo lugar en el que Ichigo la había dejado.

La nieve se estaba derritiendo y eso quería decir que se estaba convirtiendo en agua. Teniendo en cuenta lo que tendría que haber sido el jardín de su casa no era más que tierra, la mezcla significaba barro, así que decidió caminar por donde no había nieve.

Al entrar, comprobó que el teléfono estaba sonando. Se le hacía tan raro que estuvo a punto de no contestar, pero podía ser el agente del seguro o el técnico de la compañía de luz, así que descolgó el aparato.

-¿Estás bien?

Era Ichigo.

-Sí –contestó Orihime dejando el bolso en el sofá.

-Llevo una hora llamándote.

-Vaya.

Ichigo no lo había dicho en tono de demanda. De haber sido así, Orihime lo habría mandado al demonio. Ya había tenido suficiente con Grimmjow. Lo que transmitía el tono de Ichigo era preocupación y aquello era algo contra lo que Orihime no tenía defensa alguna.

-Es que estaba haciendo algunas compras –le explicó.

-Entonces, ¿ya tienes luz?

-No, todavía no –confesó.

-Espera un momento –le indicó Ichigo.

Y Orihime lo oyó hablar con alguien. De fondo, se oía un ruido infernal.

-¿Dónde estás? –le preguntó.

-En el camión de bomberos –le tranquilizó Ichigo –Volviendo al parque. Llevamos todo el día por ahí, atendiendo a la gente que ha sufrido desperfectos por la nevada.

-Así que vas de uniforme.

-Claro –dijo Ichigo en tono divertido- ¿Te gusta la idea? De ser así, deberíamos hablar de eso… eso que tú… ya sabes.

Orihime se dijo que «eso que tú ya sabes» era la propuesta de matrimonio. Pero no pudo evitar sonrojarse al pensar que podía ser otra cosa.

-No hay nada de qué hablar –insistió –No sabía que pudieras hacer llamadas personales estando en servicio.

Aquello hizo reír a Ichigo y, al oír su riza, Orihime tuvo que sentarse en el sofá, pues las piernas no la sostuvieron.

-Mi capitán va sentado a mi lado, así que no hay problema. Te puedo invitar a mi casa, pero supongo que me dirás que no. Tengo luz, ¿eh? –la persuadió.

Lo único que Orihime sabía sobre la casa de Ichigo era que apenas veía la televisión y lo cierto era que sentía curiosidad por verla, pero no podía ser.

-Ya he llamado a la empresa eléctrica y han dicho que van a mandar a alguien –lo esquivó.

-Muy bien. Entonces, te llamo dentro de un rato a ver qué tal.

-No. Ichigo, no hace falt…

Pero Ichigo ya había colgado.

Orihime se quedó mirando el teléfono y colgó también.

Tal y como había prometido, Ichigo la llamó un par de horas después. La encontró fuera, hablando con el agente del seguro, que tenía buenas y malas noticias para ella. Las buenas eran que la póliza cubría el arreglo del cobertizo. Las malas, que el arreglo de su coche corría por cuenta suya.

Orihime intentó llegar al teléfono, pero no lo consiguió. Sabía que era Ichigo porque no la llamaba nadie más. La tercera vez que llamó ya era de noche y Hime estaba profundamente dormida, así que, cuando oyó el timbre del teléfono, dio un respingo y se llevó un buen susto, lo que era normal teniendo en cuenta que había dejado el aparato sobre la almohada.

-La tercera es la vencida –dijo al descolgar.

-perdona por despertarte.

-¿Cómo sabes que estaba dormida? –le preguntó Orihime pasándose los dedos por el cabello y mirando de reojo el lado de la cama que Ichigo había ocupado apenas la noche anterior.

-Porque se te nota en la voz, ¿ahora sí ya tienes luz?

-Sí, sí, gracias –respondió ella.

Efectivamente, ya tenía luz. Desde ahí oía el generador que tres bomberos muy atractivos amigos de Ichigo habían llevado y puesto a andar al terminar su turno.

-¿Cómo sabías que todavía no tenía luz? –quiso saber.

-Uno tiene sus contactos, ¿ah? ¿Te han enseñado cómo se utiliza?

-Sí, tus amigos han sido realmente encantadores.

-Shukuro y Jinta están casados, así que no les hagas ni caso.

Orihime sonrió.

-¿Y qué me dices de Sado ah?

-Le dan pánico las mujeres.

Orihime rió.

-No seas mentiroso. Me ha estado hablando un poco de su novia, quizás no demasiado pero lo hizo.

-Está bien, me has descubierto –confesó Ichigo.

-No sé cómo te voy a pagar lo del generador, pero lo haré.

-No te preocupes, es el generador de la hacienda de mi tía. Ya le daré las gracias cuando te la presente. Si te crees que lo he hecho para que te sientas obligada a casarte conmigo, te equivocas y, si te crees que estoy esperando que me pidas perdón, te equivocas también.

-No tengo ninguna intención de conocer a tu tía.

-¿Cómo de que no? El domingo ha organizado un festival infantil en la hacienda. Los bomberos vamos a ir porque tenemos un camión que vamos a jubilar y a los niños les encanta subirse, ya sabes. Por razones obvias, yo soy el enlace entre el cuerpo de bomberos y la Fundación, que es la que patrocina el encuentro. Seguro que has oído hablar de ello.

Pues claro que había oído hablar de aquella magnífica fiesta. Había llamado a un montón de personas por teléfono y les había explicado que se trataba de un festival para niños sin recursos, para que pasaran un día en una hacienda.

Claro que eso no quería decir que ella fuera a asistir.

-Tengo entendido que todas las plazas de voluntarios están cubiertas.

-Siempre hace falta un par de manos más y, además, no puedo ir sin cita.

-Uno no va con una cita a un encuentro así.

-¿Y tú cómo lo sabes?

Lo sabía porque había acudid a multitudes de fiestas como aquélla y siempre lo había hecho sola, siempre había sido la hija encantadora, bien vestida y sonriente que atendía a la prensa y dejaba bien en alto el nombre de su familia.

-Lo sé y punto –se limitó a contestarle.

-Orihime, ¿de verdad quieres empezar una nueva vida? –le cuestionó Ichigo poniéndose en un tono más serio –Pues empieza a vivir en Karakura es un buen lugar.

¿Por qué le afectaba tanto que la llamara por su nombre?

-¿Estás solo?

-Sí, estoy en el parque, de guardia.

Ah, bien, por eso la había llamado por su verdadero nombre.

-¿Qué llevas puesto? –preguntó Ichigo.

-La pijama de siempre –mintió Orihime metiendo las rodillas por debajo de la camisa azul del cuerpo de bomberos que Ichigo había dejado en su casa.

En cuanto había vuelto la luz, puso la lavadora. Meter la camiseta de Ichigo con sus jeans le había parecido un gesto de lo más íntimo. Por supuesto, tenía intención de devolvérsela lavada y planchada.

¿Y por qué la llevaba puesta entonces?

-Ya sabes que me encantan las pijamas y en especial si la llevas tú.

Y sí, lo sabía perfectamente.

-Me han llamado el agente de la empresa eléctrica –comentó Orihime cambiando de tema deliberadamente –Me han dicho que van a tener que tirar una línea nueva o algo así. Parece ser que estará todo arreglado para el miércoles.

-Cobarde –murmuró Ichigo.

-No te lo discuto –dijo Hime.

-¿Y el coche? ¿Has llamado a seguro?

-Sí –contestó apreciando el gesto de Ichigo que le había indicado que lo hiciera, pero no lo había hecho por ella –Me han dicho que ya me dirán algo, que tienen que determinar si el seguro del propietario de la casa es responsable o si me lo cubren ellos. Por cierto, pasa por tu furgoneta cuando gustes. Ya sé cómo voy a ir a trabajar –le comunicó Orihime.

Sí, iba a ir en transporte, aunque eso significará que la dejara a un mínimo de 10 cuadras.

Sólo eran cuatro kilómetros y caminar era bueno estando embarazada. Además, estaba acostumbrada a salir a correr todos los días.

-No tengo prisa. No la necesito. Te la puedes quedar todo el tiempo que tú quieras.

-No quiero que sigas hablando así. Ichigo.

-¿Por qué?

-¡Porque no! ¡Porque lo digo yo!

Ichigo se rió y Orihime oyó una alarma por detrás.

-Lo siento, cariño, me tengo que ir. Que duermas bien y tengas dulces sueños –se despidió Ichigo colgando el auricular antes de que Hime le diera tiempo de despedirse. Cuando durmió, efectivamente, tuvo unos sueños muy dulces.

Soñó con él.

Continuará...