Siento haber tardado tanto pero este último capítulo me ha costado sobremanera y el tiempo no es precisamente algo que me sobre. Desde que comenzé a escribir esta historia tenía en mente todo su desarrollo y el final, este final que he escrito. Ha sido difícil no dejarme influenciar por el final de temporada, aunque en realidad hay tanto parecido en parte de la historia y sobretodo en lo que muchos se han imaginado que es la continuación, espero que Marlow no decida continuar por aquí, eso nos haría sufrir mucho aunque fuera un sólo capítulo creyendo Kate que Castle está muerto (aunque no me cabría ninguna duda que Stana lo bordaría). También me ha costado escribir las escenas M, quería que fueran eróticas pero no pornográficas, así es como a mí me gustan así que al que le gusten estas últimas se sentirá desilusionado, es más fácil leer que escribir está claro. En definitiva, que me ha costado mucho escribirlo y espero que este final os agrade. Me queda un Epílogo que también tenía pensado de hace tiempo y que no he querido incluir en el capítulo ya demasiado largo de por sí. Gracias a todos por leer.
Cuando Beckett entró en el apartamento se sorprendió de encontrar las luces apagadas, imaginaba a Castle sentado en el sofá leyendo, viendo la televisión, escribiendo o, porqué no, preparando la cena para cuando ella regresase.
- ¿Castle?- gritó con la intención de que le su marido le oyera, pero el silencio fue lo único que obtuvo por respuesta y aquello le extrañó. – Estará en su despacho- pensó, desde hacía unos días había empezado a escribir de nuevo "La inspectora Nikkie Heat ha vuelto" le había dicho un día y había comenzado a escribir un nuevo libro, más personal, más dramático, pero que según él le iba a encantar, así que ahora pasaba algunas horas sentado en su despacho. No podía escribir muchas horas seguidas porque se agotaba, pero volver a escribir había sido su mejor terapia. Se dirigió al despacho pero se encontró con que la luz también estaba apagada. Sorprendida fue hasta el dormitorio, pero tampoco había nadie, todo era silencio y oscuridad. Aquello empezaba a no gustarle, aquella casa siempre la recordaba llena de luz y sonidos, ruidos más bien -¿Dónde demonios se ha metido este hombre?, no se le puede dejar solo ni un momento. – suspiró con fastidio
Era viernes, y para su desgracia había finalizado su excedencia de dos meses de la comisaría, el lunes tendría que ir a trabajar de nuevo. No es que necesitara trabajar, a fin de cuentas era la esposa de un millonario escritor de bestsellers, pero su trabajo también era parte de su vida, de su identidad, dejarlo del todo significaría abandonar una parte de su vida. Además sabía que Castle se sentía en parte culpable de que hubiera dejado su trabajo por cuidarle y aunque ya había tratado ese tema con el Dr. Burke, ella consideraba que su vuelta al trabajo, a su rutina de siempre era una manera de volver a la normalidad para todos.
Aquella tarde se había acercado a la comisaria para preparar su regreso al trabajo; superó sin problemas la prueba de tiro y las revisiones médica y psicológica, así que el lunes volvería de lleno a su trabajo, placa y pistola incluidas. Castle no estaba recuperado del todo, pero podía valerse por sí mismo y con la ayuda de Martha y Alexis podrían seguir cuidando de él hasta su plena recuperación. A él le faltaban unos meses de rehabilitación, para recobrar la fuerza en sus piernas y todavía estaba muy delgado, pero ya salían a pasear por el parque y podía, dentro de casa, hacer casi todas las tareas domésticas.
Volvió al salón y comenzó a subir las escaleras pensando que estaría en el piso de arriba, en la habitación de Alexis o de Martha, aunque no entendía para qué las acciones de Castle a veces escapaban a su comprensión. Martha estaba hasta el día siguiente en una representación en Boston y Alexis en la universidad, no esperaban a ninguna de las dos hasta el día siguiente.
- ¿Estás aquí, Castle?, deja de jugar, no tiene gracia ¿Dónde estás? – preguntaba un poco enfadada, seguro que se trataba de alguno de sus jueguecitos, uno de los inconvenientes de que pasase tanto tiempo Castle encerrado en casa es que se aburría enormemente y tenía mucho tiempo para inventarse todo tipo de juegos y retos que quería que su mujer y su hija hicieran con él, pero el escondite era demasiado infantil incluso para alguien como él. En realidad el reposo había acentuado el espíritu de niño malcriado que convivía con el adulto Castle y alternaba ambos como si de un trastorno bipolar se tratase, si bien era una de las facetas que más amaba de ese hombre, hoy no estaba para esas tonterías.
Cuando Kate comprobó que Castle no estaba en ninguna de las habitaciones superiores, su enfado se transformó, primero en preocupación y después en pánico al comprobar, mediante una llamada perdida, que el móvil de Castle estaba en casa, estuviera donde estuviera no lo llevaba con él, por tanto estaba ilocalizable. Sólo se había marchado unas horas a la comisaría y él había desaparecido sin dejar rastro, ¿Qué demonios había pasado?, viejos fantasmas la visitaron. Bajó corriendo las escaleras para ver si le había dejado una nota en la cocina o en el despacho, pero no había nada. Ni una nota, mensaje o pista, nada que le dijera dónde se había marchado o con quién, su móvil seguía encima de la mesa del despacho y cuando entró en la habitación comprobó que no se había llevado el paraguas a pesar de que llovía, y por su mente sólo pasaron escenarios nada prometedores.
– Castle no se habría marchado sin avisarme, no por su propia voluntad. – Notó como su corazón se aceleraba y que le costaba respirar, sus manos comenzaron a sudarle. Estaba entrando en un ataque de pánico, igual que en sus pesadillas nocturnas, sólo que ésta vez empezaba a transformarse en una real. – Dios, sólo han sido unas horas, ¿qué coño ha pasado aquí?- Ella era consciente que quizás estaba exagerando, pero después de lo sucedido con Tyson meses atrás, se había vuelto una paranoica, preocupada por todo lo que le pasaba o hacía Castle, en el fondo se había convertido en una persona demasiado sobreprotectora. Empezó a recordar la angustia y la desolación de aquellos meses atrás, del día que Cstle supuestamente murió y de cómo lo encontró herido y moribundo. – No, otra vez no, por favor.- Pero no pudo evitar empezar a temblar, se apoyó en la pared para intentar calmarse.
Su mente de inspectora de homicidios le hizo comenzar a buscar evidencias de una pelea, un secuestro, algo que le llamara la atención.. Pero no tenía sentido, el 3XK estaba muerto, lo había matado ella misma, así que ¿quién querría hacerle daño a Castle o era quizás a ella? Miró en el salón la cocina y el dormitorio, pero no encontró nada que le llamara la atención además del silencio y la oscuridad. Ese silencio y oscuridad en la que se convirtió su vida meses atrás.
Habían pasado cuatro días desde que había despertado en aquella habitación de hospital, cuatro días desde que Lanie le había comunicado que Castle estaba muerto, cuatro días desde que su vida se había convertido en un infierno de vacío y de dolor. La opresión sobre su pecho no remetía
- Cálmate Kate, piensa, piensa, esto no puede estar pasando, otra vez no, seguro que hay una explicación para todo esto. – Pero sin darse cuenta, el trauma de lo acontecido meses atrás, a pesar de las visitas de ambos al Dr. Burke, todavía estaba latente en su memoria y su cerebro no fue capaz de reconducirla fuera del pánico. Sus manos le temblaban y los peores escenarios posibles, en los que Castle había sido secuestrado de nuevo, aparecían en su mente. - ¿A dónde iba ir él sin avisarle? Tampoco podía ir muy lejos sin compañía, la compra estaba hecha y en el caso de tener alguna reunión hubiera era ella la encargada de acercarlo y acompañarlo, así que para ella, en un momento de irracionalidad provocada por los fantasmas del pasado, Castle se había marchado del loft en contra de su voluntad, esa era su única explicación.
Decidió que llamar a Espo y Ryan era una buena idea, ellos la entenderían y la ayudarían, en realidad no sabía si estaba desaparecido ni nada, probablemente la tomarían por loca, pero no le importaba cada minuto era crucial. Prefirió no llamar a Alexis ni Martha para no preocuparlas. Se acercó a la caja fuerte y sacó su pistola de repuesto y decidió bajar al garaje a comprobar si estaba su coche allí, después les llamaría y daría el aviso de su desaparición.
Cuando se acercó a la puerta para salir, el ruido de la llave le alertó, sacó su pistola y se preparó apuntando con su arma hacia la puerta del loft, dispuesta a disparar si fuese necesario a quien estuviera al otro lado. La puerta al abrirse mostró a un Castle cargado con una bolsa en una mano y, las llaves en la otra. Al ver que alguien le apuntaba se asustó y tiró la bolsa al suelo mientras levantaba las manos y gritaba.
- ¿Castle? – preguntó una Beckett tan sorprendida como é, que por instinto no bajó el arma.
- ¿Pero qué haces Kate? ¿Por qué me apuntas con una pistola? ¿Estás bien?– Castle bajó las manos y recogió la bolsa con premura para acercarse a ella, sin embargo Kate se había quedado congelada sin decir nada mirando a Castle. Su mirada había pasado de sorprendida a enfadada.
- ¿Ha pasado algo? – Preguntó Castle- Baja esa pistola ya!- Castle entró en la casa y cerró la puerta.- Si quieres esposarme y jugar, no hace falta que lo hagas tan real, yo me dejo detener encantado, ya lo sabes, pero en ese caso preferiría que no estuviera cargada- le dijo Castle con una sonrisa levantando una ceja.
En esos momentos Kate reaccionó, guardó su arma y se acercó a Castle lleno de furia, tenía lágrimas en los ojos de pura rabia. Se lo quedó mirando unos segundos, que a él se le hicieron eternos, y después le dio una bofetada con toda la rabia que había acumulado los últimos 15 minutos, desahogando la desesperación que había sentido buscándolo por el loft en los que lo creía secuestrado o algo peor.
Un sorprendido Castle se llevó su mano libre a la cara justo donde le acababa de abofetear su esposa, borrándose su sonrisa.
- Pero ¿yo que he hecho para que me pegues?- preguntó aturdido más que sorprendido.
Kate no contestaba, sólo lo miraba tratando de calmarse, dominando sus ganas de propinarle una paliza allí mismo.
- No me mires así, sea lo que sea yo no he sido.
- ¿Que qué has hecho, Castle? ¿Se puede saber dónde demonios estabas?
- Yo…, esto…- Balbuceaba, no entendía el porqué de su enfado pero su cara le advertía que se avecinaba una fuerte pelea- He bajado un momento a comprar unas cosas, quería…quería darte una sorpresa. – Castle seguía acariciando su irritada mejilla, ahora roja de la bofetada, se le notaba cansado y que le costaba respirar, como si hubiera hecho un gran esfuerzo en el viaje, que en realidad así había sido, había andado unas manzanas y cargado con la bolsa a la vuelta y su debilitado cuerpo todavía no estaba acostumbrado del todo.
- Pues menuda sorpresa! ¿Sabes el susto que me has dado? ¿Cómo se te ocurre irte sin más de casa? No me has dejado una nota, ni avisado, ni te has llevado el móvil, además se supone que no puedes ir solo, estás convaleciente ¿recuerdas?- Kate vio las ojeras de Castle y que le costaba respirar, pero no le dijo nada al respecto, ese no era el punto en esos momentos, ella todavía podía sentir los latidos de su corazón asustado y cómo le temblaban las piernas.
- Sólo he ido una tienda aquí al lado, y aunque estoy cansado creo que soy capaz de hacerlo, además… se supone que no ibas a venir tan pronto, por eso no creí necesario avisarte, no me has dado tiempo de prepararte la sorpresa!
- Maldita sea Castle, ¿no lo entiendes? – Kate seguía sin calmarse, sentía como sus ojos volvían a escocer intentaba evitar llorar, aunque esta vez fuese de alivio.
- No entiendo a qué viene tanto alboroto. Vale, me he dejado el móvil en casa, pero eso le puede pasar a cualquiera- Kate, ¿estás bien?
- No Castle, creía… creía- Kate bajó la cabeza un segundo, sus fuerzas le fallaron y sintió una lágrima caer por su cara y sus ojos húmedos sin poder soportarlo más- creía… creía que te había pasado algo, que… que te habían vuelto a secuestrar o algo peor.
- Kate, cariño, estoy bien – Castle la miró con ternura entendiendo el origen de su bofetada, estaba asustada, muy asustada. Se dio cuenta que todavía temblaba un poco y se acercó a ella para abrazarla.
- Lo siento, entré en pánico.- Es lo único que se atrevió a decirle Kate bajando la cabeza de nuevo, mientras sollozaba- yo, no podría volver a pasar por aquello. Tengo miedo, Castle, tengo miedo de que te pase algo, que… que me vuelvas a faltar. Yo… me pongo nerviosa sólo de verte marchar a otra habitación, no soporto tenerlo todo controlado, no soporto no verte.
- Mi vida, tranquila, estoy aquí, no me ha pasado nada, no me va a pasar nada. Tienes que confiar en mí, aunque a veces no lo parezca, soy adulto, se cuidarme. – Kate levantó la cabeza con una sonrisa que contrastaba con sus lágrimas. Castle le acarició las mejillas con el dedo para borrar las lágrimas que caían, sorprendido por la confesión que su mujer le acababa de hacer, no parecía haberse dado cuenta hasta entonces lo que ella estaba sufriendo. Dios, como amaba a esa mujer, y estaba claro cómo le amaba ella a él. No podía dejar de sentirse el hombre más afortunado del planeta.
Kate se abrazó a él, fuerte necesitando sentir su calor y su presencia, y él la dejó. Le acarició la espalada para tranquilizarla, mientras le besaba el cabello de la parte superior de su cabeza. Kate se mecía como una niña, poco a poco dejó de llorar. Estuvieron unos minutos en silencio, abrazados, hasta que Kate se tranquilizó y se separó unos centímetros de él. Su angustia se había mitigado, pero no se había calmado. Había algo que todavía le preocupaba, no sabía el porqué pero sentía que no había recuperado del todo su vida. Sin duda, tendría que hablar con el Dr. Burke.
- Lo siento, ¿Te he hecho mucho daño?- le susurró acariciándole la mejilla dolorida.
- Nahh, creo que si hubiese sido alguna de esas llaves tan chulas que les haces a los sospechosos me hubiese dolido más, aunque hubiera sido muy sexy. – se separó de ella unos centímetros
- No te creo, está roja.- acercó su mano para acariciarle la mejilla de nuevo.
- Ya te digo!, pegas fuerte inspectora.- Ambos sonrieron.
-¿Y puede saberse que era eso tan importante que tenías que comprar?- Kate abrió la bolsa que portaba Castle e indagó en su interior.- Velas y pétalos de rosas! ¿De qué va esto?- Kate no salía de su asombro.
- Bueno no te había dicho nada porque esa era la sorpresa, había pensado que… dado que mi madre y Alexis no están y esta mañana me han quitado los puntos… bueno… ehhh tu y yo podíamos, ya sabes… hacer cosas de adultos- Castle bajaba la cabeza un poco avergonzado poniendo la cara de un niño pequeño suplicando ir al parque a jugar.
- Yaaaa, y como creías que no iba a querer, pretendías chantajearme con una baño relajante de espuma ambientada con velas y… supongo que con una copa de vino, ¿no es así?
- Bueno, si esa era la idea. Además, iba a enseñarte el primer capítulo de mi nueva novela.
Castle levantó la cabeza para ver cuán de enfadada estaba su mujer por su intento de manipularla para tener, por fin, sexo esa noche. Pero lo que vio le sorprendió, Kate la miraba con una gran sonrisa, tiró la bolsa al suelo y se lanzó sobre Castle besándolo con gran ímpetu mientras le tomaba por el cuello apretando su pelo con los dedos. Inicialmente Castle se quedó estático sin responder, sin entender qué sucedía, pero cuando Kate le mordió el labio pidiendo intensificar su beso, le respondió cómo el mejor sabía y se perdió en el sabor a café y vainilla de su boca. Le tomó de la cintura y la acercó más a él. Ella instintivamente arqueó su cintura para aproximase al cuerpo de Castle, amoldándolo al suyo intensificando el roce entre ambos, mientras su lenguas jugaban entre ellas buscando el dominio del otro, como a ellos les gustaba, desafiándose. Cuando les faltó el aire separaron los labios para respirar, manteniendo las frentes juntas, como hacían siempre desde aquella primera vez, mirándose fijamente a los ojos.
- ¿Eso es un sí a mi propuesta, Sra. Castle?- le dijo Castle con la ceja levantada, respirando con dificultad.
- ¿Tú que crees, Rick?- le respondió ésta, con un susurro y con un tono de voz sensual que no dejaba lugar a dudas de sus intenciones.
- ¿Preparo entonces el baño?- dijo Castle mientras intentaba alejarse del abrazo.
- Eso… mejor lo dejamos para después- y volvió a besarle de nuevo, pero esta vez sus manos bajaron hasta su camisa sacándola del pantalón e introduciéndolas por debajo de ella para acariciar, casi arañar, primero su abdomen libre de apósitos, rozando con más suavidad sus cicatrices y después con más pasión y fuerza su pecho.
Rick no pudo evitar un jadeo y la tomó por la cintura para volver a acercarla acariciando con sus manos el final de su espalda. La empujó hacia el sofá mientras intentaba quitarle su camisa apresuradamente sin dejar de besarla con pasión. Cuando llegaron al sofá e intentó tumbarla, ella se resistió.
- No, aquí no, vamos al dormitorio. Es improbable que Alexis venga, pero no quiero interrupciones, Rick.-le susurró Kate mientras terminaba con el último botón de la camisa y se quitaba ella misma los zapatos. Le cogió de la mano y lo llevó a la habitación.
Cuando llegaron al dormitorio volvieron a besarse con ímpetu. Kate tiró la camisa de él al suelo para atacar su cinturón que se le resistía. Castle sonrió entre beso y beso y la empujó suavemente sobre la cama situándose sobre de ella. Kate tumbada bocarriba lo esperaba impaciente mordiéndose el labio. Castle se acercó a su cintura y le desabrochó el pantalón. Ella se incorporó para facilitarle el trabajo mientras jadeaba ante el contacto de sus manos, que se deslizaban despacio junto con el pantalón acariciando sus piernas.
- Rick.- Kate mantenía los ojos cerrados disfrutando de esas caricias que tanto había añorado y que le hacían temblar.
Castle se paró contemplando el cuerpo de ella, había tomado algo de peso, pero seguía estando muy delgada, aun así podía apreciar sus maravillosas curvas de diosa.
- Dios, como había echado esto de menos, Kate.- Los ojos de Castle la miraron intensamente, el azul se había oscurecido por la lujuria. Kate por su lado los había vuelto a abrir. Ella se mordió el labio sintiéndose de nuevo deseada, los ojos de Castle eran pura lujuria, y era ella la que lo provocaba, aquello la excitaba todavía más. Le sonrió, arqueó su cuerpo como invitación a que continuara con sus caricias.
- Yo echo de menos otras cosas Rick, por favor...no, no pares- le susurró desesperada.
Castle se quitó los pantalones y se tumbó sobre ella. Primero besándole los labios de una forma suave que impacientó a Kate que pidió más incrementando el roce entre sus caderas, aumentando así la presión sobre la erección del escritor y su propia humedad. Kate acariciaba con fuerza su cuello, su espalda sintiendo su piel ardiente y sudorosa sobre sus manos, suspirando con cada caricia. Interrumpió su beso en la boca y comenzó a besar húmedamente el mentón de él para bajar después y besar primero y morder después sobre su pulso en el cuello, lo que hizo que Castle jadeara aumentando el ritmo de su roce. Acercó sus manos al sujetador y con rapidez lo desabrochó.
- Veo que no ha perdido práctica escritor.- le murmuró entrecortadamente con una sonrisa.
- Esto es como andar en bicicleta, con una buena profesora, jamás se olvida.
Rick comenzó el descenso de sus besos desde su barbilla, pasando por el cuello para terminar en uno de sus pechos, que beso, lamió y mordió delicadamente guiado por los gemidos y suspiros de su musa.
Kate mantenía los ojos cerrados, sin poder evitar rozar su pelvis con la de él cada vez con más fuerza, bajando las manos hasta sus glúteos, arañándolos y empujándolos para incrementar el roce y mostrar su necesidad cada vez mayor de él. Sin poder evitarlo subió sus manos hasta el elástico de su bóxer e introdujo una de sus manos en el interior, rozando su miembro suave y caliente. Él, al sentir la presión de sus manos, no pudo evitarlo y mordió con más fuerza uno de sus pezones, lo que provocó un gruñido de satisfacción por ambas partes.
Castle levantó la cabeza y vio a su musa, su compañera y su esposa, con la cabeza hacia atrás, los ojos cerrados y la boca entreabierta, sin poder evitar jadear, sudorosa y excitada, con los puños apretados sujetando las sábanas. Adoraba verla en ese estado, vulnerable y entregada totalmente a él sabiendo que era él y sólo él quien la llevaba hasta allí, satisfacerla de esa manera era uno de sus mayores placeres. Si algo había aprendido con la madurez era que la satisfacción de tu pareja suponía tu propia satisfacción, y que la generosidad mejoraba, y vaya de qué manera, el sexo.
Los suspiros pasaron a jadeos y después a gemidos cuando Castle terminando con sus pechos, comenzó a bajar su reguero de húmedos besos por su vientre plano y terso, parándose a saborear con su lengua el tatuaje de su cadera y a sentir el olor de ella en su pubis y en sus braguitas mojadas.
La anticipación pudo con ella, incapaz de mantener sus caderas quietas y tomó a Rick por la nuca para acercarlo más a su cuerpo e impedir que se detuviera. Sentir cómo exageraba el gesto al aspirar su olor siempre la ruborizaba, pero la hacía sentirse sensual y. Se sentía al borde del abismo sin siquiera haber empezado. Joder ni siquiera se había quitado la ropa interior y estaba a punto de irse perdida de placer. Comenzó a respirar fuertemente para controlarse cuando sintió las manos de Castle quitándole su última prenda despacio, lentamente como una tortura dejando ocasionales roces de sus dedos por el interior de su muslo. Cada vez el calor de su cuerpo aumentaba y sentir la cadencia de su respiración sobre su propia piel no le estaba ayudando a controlarse.
- Rick, te necesito, ya – suplicó ella.
- Shhh, esto no ha hecho más que empezar, llevo meses pensando en esto, quiero hacerlo despacio, llevarte al cielo, princesa, saborear hasta el más mínimo rincón de tu piel- le susurraba Rick mientras rozaba con sus labios la piel caliente de sus muslos.
- Rick, no voy a poder aguantar, estoy a punto de …- Kate apenas podía respirar de la excitación y su voz era apenas un murmullo.
- Puedes irte cuando quieras, nena, esta noche es para ti, para demostrarte lo que te quiero, lo que te necesito, que estoy aquí y que no me voy a ir. – le contestó mientras ascendía despacio acercándose a hacía su lugar favorito. Y comenzó su lujurioso masaje, primero con las manos y luego con la boca.
Ella no necesitó más de unos segundos de delicadas caricias para sentir que perdía la capacidad de respirar mientras un escalofrío ascendía por su cuerpo y la estremecía nublándole la vista. Gritó sin poder ni querer evitarlo sintiendo su cuerpo convulsionar. Se sentía maravillosamente bien, como hacía meses. Al sentir su orgasmo, el paró para dejar que lo disfrutara y disfrutarlo observando como su mujer cerraba los ojos, apretaba la mandíbula y repetía su nombre. Le encantaba mirarla así, excitada, temblorosa, débil, perdida en sus manos y en el placer que le daba.
- Dios, Rick, Rick.
Unos segundos después recuperó la consciencia, jadeaba costándole respirar, tardó un tiempo en normalizarse y entonces abrió los ojos y lo primero que vio fue a Rick mirándola embelesado, sonrió y él le respondió con otra sonrisa mayor.
- No me mires así, sabes que me da vergüenza.
- Luces preciosa Kate, eres preciosa y así lo eres más.
- Ven- le dijo mientras levantaba las manos.
Antes de acercarse, se incorporó y se quitó el bóxer, para después tomarla por los hombros y darle un suave beso, calmado, lleno de amor, sin la premura de antes. Pero Kate parecía tener otras ideas en la cabeza, profundizó el beso mientras incrementaba el roce de sus sexos ávida de más, bajando sus manos por su espalda para acercarlo más.
- Despacio, Kate, hagámoslo despacio.
Y sin esperar respuesta la volteó para que descendiera sobre él, lenta pero decidida llenándola por completo.
Ambos gimieron al contacto y tal y como le había dicho, la tomó por las caderas y la guio marcando el ritmo, para que empezara a moverse despacio, un ritmo pausado pero acompasado de quienes están sincronizados y acostumbrado a hacer aquello. Era casi doloroso para ambos, pero lo necesitaban así. Castle, a pesar del cansancio y del dolor incrementó gradualmente el ritmo de su mujer que se dejaba llevar.
La habitación se convirtió en el escenario principal del amor de los dos esposos que sentían que recuperaban su vida por completo después de la pesadilla. Entre suspiros y gemidos ambos fueron acercándose a la liberación buscada.
- Mírame Rick, no dejes de mirarme.- Ambos sentían que aquella ansiedad por llegar, por liberarse, y hacerlo juntos, era algo más que el propio acto en sí, sentían que estaban cerrando sus heridas, recuperando una vida que no tenía que haberse interrumpido, limpiando sus almas. Y cuando llegaron a la culminación de su expresión de amor, terminaron con un beso que ahogó sus gritos simbolizando su unión.
Kate cayó sobre él, la cabeza en su cuello, tratando de recuperar la respiración, agotada pero feliz. Rick le acariciaba la espalda apenas tenía fuerzas y por unos minutos ninguno dijo nada, Rick recuperando las fuerzas que su débil cuerpo necesitaba y Kate escuchando el latir de su corazón acelerado y su respiración asimilando lo que aquello había significado.
- Te quiero, Rick- le dijo sobre su cuello apenas como un susurro, mientras le besaba despacio.
- Lo sé, yo también. – paró de acariciarle y Kate levantó la vista.
- ¿Estás bien? ¿Te he hecho daño? – se movió un poco para evitar rozar su abdomen- ¿te hago daño?
- Estoy mejor que nunca, esto es mejor que cualquier medicina. .
- Lo sé.- Kate sonrió acercándose para darle un beso. – Será mejor que descanses, se te ve cansado.
- No me importa.
- Pero a mí sí.
- ¿Y el baño? – Kate se incorporó sobre su cintura mirándole con ternura—Es pronto, dormimos un poco, cenamos y luego lo preparo.
- Tú ganas.
Kate se incorporó para quitar su peso sobre él, y desde su lado, puso una mano en su abdomen, entrelazó las piernas y apoyándose en su hombro lo comenzó a acariciarlo.
Agotado y débil, Castle se durmió, mientras Kate lo observaba en silencio, disfrutando de tenerlo junto a ella, de sentirlo respirar, de su calor y de su olor. Posó su mano sobre su corazón y la dejó allí sintiendo su latir, el mayor signo de la vida, su vida, la de los dos. Todavía estaba acelerado del esfuerzo, latía rápidamente, más que el suyo.
Sonrió, estaba agotado y dormía profundamente, había andado a saber cuántas manzanas sólo para comprar unas velas de las que a ella le gustaban y sales de baño con olor a cereza, su olor. Seguramente habría tenido que hacer un descanso en el camino debido al esfuerzo y todo para darle una sorpresa y ella se lo había devuelto con una bofetada, sin duda estaba paranoica y no se merecía a ese hombre. En lugar de enfardarse, o de tratar de descansar le había dado una tarde de sexo increíble, en su estado lo lógico hubiera sido que fuera ella la conductora, la que hiciera todo el trabajo, pero él era así, generoso y sorprendente hasta en la cama. Estaba cansado, estaba débil, pero aun así su única preocupación era darle placer a ella.
Era como un niño, pero el niño más cariñoso que había conocido, era un buen padre, un buen marido, un buen amante, pero sobre todo era un buen hombre. Y por todo eso lo amaba hasta la locura, por eso cuando lo perdió creyó que ella moriría.
Habían pasado seis días desde la muerte de Castle y tres desde que dieron a Kate el alta en el hospital tras operarle el hombro para extraerle la bala y curarle las contusiones y heridas que la barra de hierro en manos de Tyson le había dejado. Seis días de pesadilla continua en la que nada era ya lo mismo.
Tras contarle Lanie en el hospital lo sucedido a Castle, Kate entro en un estado de pánico e histeria que obligó a los médicos a sedarla para evitar que sus heridas de abrieran. Pero cuando le dieron el alta y entró en el loft, donde todo lo que la rodeaba le recordaba a él, todo era él, Kate se sumió en una profunda depresión. Esos últimos días, ella había entrado en un estado catatónico. No hablaba, no comía, no escuchaba, ni si quiera se movía por su propia voluntad.
Jim, preocupado por el estado de su hija, se quedó en el loft cuidando de las cuatro mujeres. Si bien Martha mantenía la entereza más allá de lo esperado, Alexis y Kate eran una responsabilidad muy grande para alguien que tendría que quebrarse en algún momento, por eso y ante la negativa de moverse del loft, Jim se mudó al cuarto de invitados por unos días. Alexis mostraba mejor ánimo que Kate, lloraba y apenas hablaba, pero no se había sumido en un mundo de sueños y dolor como Kate. Martha y Jim, junto con Lanie que pasaba todas las tardes al salir del trabajo, cuidaban de las dos mujeres, pero era Kate la que más les preocupaba. Alexis era joven y éste había sido un duro golpe, pero tenía toda la vida por delante para planificar su futuro. Sin embargo, para Kate ésta era la segunda vez que el destino le arrebataba lo que más quería., primero a su madre y después a su marido. Jim sabía lo que era perder al amor de su vida, de repente, injustamente, sabía lo que era que te arrebataran la vida del ser más querido, de tu mayor apoyo y lo difícil que es afrontar la vida de una manera completamente distinta a como la habías planeado.
Kate pasaba las horas en la habitación que ambos habían compartido hasta ahora, en la cama arropada por las sábanas que todavía olían a él, miraba al techo inmóvil sin hablar con nadie, a veces unas lágrimas asomaban lentas, otras veces sus ojos secos estaban vacíos, sin vida, y otras, la mayoría, lloraba sin consuelo. Pero lo que más les preocupaba era su mutismo, había momentos en los que le hablaban y su mirada se volvía, escuchaba y asentía sin hablar, pero muchas otras ni siquiera mostraba signos de comprender, simplemente estaba en cuerpo, pero no en alma con ellos. Era dócil, se dejaba hacer, no oponía resistencia siempre que no la movieran de la habitación. Tampoco era fácil lograr que probara bocado, al principio comía un poco pero era incapaz de retener lo que comía, eso unido al dolor en sus costillas y hombro que las convulsiones le provocaban al vomitar, hicieron que apenas probara bocado.
Pasados diez días la situación era insostenible, estaba tan débil y aislada, cada día más que comenzaron a pensar que había perdido la razón. Ella seguía sumida en su mundo de recuerdos, donde Richard y ella eran felices, estaban juntos y planificaban una vida en común que en la realidad que ellos representaban, en la que Castle estaba muerto, nunca tendría. Recordaba su sonrisa, sus bromas, sus ojos azules, su mirada, sus caricias y su olor. Aquellos recuerdos mitigaban su dolor y la ayudaban a respirar.
Jim y Martha, preocupados pidieron cita con el único médico que ella aceptaría, el Dr. Burke, Kate necesitaba ayuda y la necesitaba rápido. El doctor había aceptado venir al loft, así que Jim tomó cuidadosamente a Kate de la cama y ésta dócilmente se dejó llevar al baño, desvestirse y meterse bajo la ducha. Jim la dejó allí para que se lavara, la higiene era una de las únicas cosas que ella todavía mantenía. Pasado un rato y extrañado de que no saliera, Jim le pidió a Alexis que fuera a ayudarla mientras él preparaba el despacho como consulta improvisada.
Alexis entró en el baño y al no verla se acercó a la ducha. Allí, desnuda, dejando ver su extrema delgadez, la palidez de su rostro, sus heridas y, mojada por el agua que no paraba de correr, sentada y abrazada a sí misma, presionando con los brazos sus piernas sobre su pecho, lloraba Kate, abrumada por los recuerdos que aquella ducha le daba. Alexis tampoco pudo aguantar mucho más, débil anímicamente y sin todavía acostumbrarse a la ausencia de su padre, no pudo soportar como Kate, su otra madre, la mujer más fuerte que había conocido, su ejemplo durante muchos años se derrumbaba de ese modo ante ella. Si el futuro se le hacía difícil sin su padre, se le hacía imposible sin Kate y aquella mujer estaba, poco a poco, dejándose morir de pena.
-Kate-se acercó a ella y sin importarle el agua la abrazó, comenzando a llorar las dos juntas, compartiendo el dolor de la ausencia del hombre más importante en sus vidas.
Estuvieron ambas, abrazadas y llorando por un rato sin decir nada. Hasta que Alexis se separó y mirándole a los ojos le dijo
- Kate, mírame por favor. Sé que duele, pero no puedes dejarte ir. Te necesito, ¿me oyes? La abuela y tú sois lo único que me queda ¿no lo entiendes? No puedes dejarme tú también, no puedes dejarme sola – Alexis zarandeaba a Kate mientras seguía llorando.
Aquellas palabras despertaron a Kate los recuerdos del pasado, a su mente volvió aquel caso que años atrás había investigado sobre la cultura Maya y la maldición de una momia. Recordó cómo Castle le hizo prometer a Kate que si algo le pasaba, ella se haría cargo de Alexis, que ella le cuidaría. Entonces se dio cuenta que estaba incumpliendo su promesa, que había sido tan egoísta en pensar sólo en su dolor que se había olvidado de Alexis. Kate despertó de su letargo, tomó a Alexis de sus hombros y la miró
- Shhs, mi niña, tranquila, yo estoy aquí, lo superaremos juntas, ya lo verás.
Kate despertó de su letargo, aquello dolía más que nada de lo que había imaginado, pero no podía fallarle a Alexis, se lo había prometido a su padre, años atrás, y la súplica de aquella muchacha que estaba sufriendo como lo hizo ella hacía más de quince años le habían hecho despertar. Tomó la determinación de estar allí para ella, tenía que estar para su hijastra y para su suegra y tenía que estar por Castle. Iba a buscar al hijo de puta de Tyson y a meterle un tiro en la cabeza uy después enterraría el cuerpo de Castle como le había prometido.
Nunca pudo imaginarse años atrás, que esa promesa le salvaría la vida, y mucho menos pudo imaginarse que le ayudaría a sobrevivir los meses siguientes hasta que Castle apareciera de nuevo en sus vidas.
Pasadas unas horas Castle despertó. Le dolía todo el cuerpo, pero esta vez el dolor era bien venido. Vaya que no le importaba si eran las consecuencias de una tarde de sexo intenso con su mujer.
- Buff, ya casi ni me acordaba de cómo era ella de apasionada en la cama, segura de sí misma, dominante, pero tierna y dulce y nada convencional- pensó Castle para sí mismo.
Se incorporó un poco para contemplar a su esposa. Kate se había quedado dormida a pesar de la hora., eran las 10 de la noche y ambos habían caído en los brazos de Morfeo tras el esfuerzo de un par de horas antes, había hecho el amor de una forma muy intensa.
Kate estaba tumbada de lado, más bocabajo que otra cosa, ligeramente tapada por la sábana, que únicamente escondía una de sus piernas y parte de sus nalgas.
La miró de arriba abajo. Comenzó por el pelo, recordando lo suave que era al tacto, el olor que desprendía cuando lo besaba y lo erótico que era cuando lo dejaba caer por sus hombros cuando estaba desnuda. Sin tocarla sólo marcando el camino, pasó delicadamente la mano por su cara, delineando sus ojos, aquellos que cambiaban de color según su estado de ánimo de verdes a marrones, recordando la mirada de hacía unas horas en la cama, ojos casi cerrados y oscuros, llenos de vida y de pasión. Bajó los dedos a sus labios, recordando su sabor, su textura, carnosos y suaves, delicados cuando sonríen, abrasadores cuando besan. Dios, sus labios, adoraba su boca entera. El cuello, qué decir de su cuello, su olor a cereza, como le gustaba a él degustar esa mezcla de cerezas, sudor y mujer cuando la besa, cuando le oye gemir al morderle la apófisis saliente marcada por su extrema delgadez o el hombro desnudo. Bajó disgustado, apenas podía verle el lateral de uno de sus pechos, cómo los amaba! Y le molestó no poder contemplarlos, aunque rememoró perfectamente su forma, tamaño y color de unas horas antes, le gustaba como se amoldaban a su mano, a su boca, cómo se endurecían cuando los acariciaba o mejor, cuando los arañaba y mordía, y le encantaba oírla a ella cuando lo hacía. Bajó por su espalda, le temblaba la mano necesitada de un roce, pero no quería despertarla. Observó sus vértebras perfectamente delineadas comenzando por el cuello, unos de sus puntos más sensibles hasta la zona lumbar, donde vio las marcas que sus dedos habían dejado horas antes mientras la acariciaba y la guiaba en sus movimientos, no era la primera vez que su pasión le dejaba huella, pero el tacto de su cintura, la forma de sus caderas lo enloquecían y ella lo sabía. Más de una vez, sin siquiera llegar a desnudarse ella llevaba sus manos a sus caderas, sólo para provocarle, sólo para hacerle perder la razón, y lo lograba fácilmente. Cuando fue a recorrer su nalga, aquella que no podía evitar morder por las mañanas cuando se despertaba antes que ella y estaba destapada como ahora, su mano flaqueó y la rozó, sintiendo estremecerse todo su cuerpo, así como despertar a su amiguito de ahí abajo.
- Es preciosa, es la mujer más perfecta que he visto - murmuró muy bajo para no despertarla.
- Te he dicho que no hagas eso, es espeluznante. – murmuró ella con la voz ronca de haberse despertado.
- ¿Cómo sabes?
- Llevo un rato despierta, Castle, lo suficiente para ver cómo me observas. Hazme un favor- Kate se volvió rodando sobre la cama dejando al descubierto su plena desnudez.
- Dime- balbuceó él si poder apartar la mirada de sus pechos.
- Deja de mirar y tócame, es más divertido. – sonrió sensualmente mientras levantaba la poca sábana que le tapaba.
Rick se acercó presuroso y le beso urgentemente mientras llevaba una de sus manos a su pecho. Al acercarse a ella, Kate sintió su erección.
- Vaya, para estar convaleciente te veo muy dispuesto- Castle solo pudo sonreír con suficiencia levantando una de las cejas sugestivamente. - ¿no estás cansado?
- Para ti nunca.- y volvió a besarla.
Comenzaron de nuevo el juego del amor, esta vez más urgente, más presuroso.
Kate rodó por encima de él hasta dejarlo tumbado en la cama. Tomó sus manos y las colocó a la altura de su cabeza, sujetándolas.
- Kate, déjame tocarte.
- No esta vez me toca a mí- le dijo con una sonrisa. Se acercó a sus labios y le mordió el superior, esturándolo para saborearlo. Castle intentó levantar la cintura para provocar el roce, pero Kate a horcajadas con una pierna a cado lado de su cintura no le dejó. Comenzó a besarle húmedamente el cuello, luego los hombros, mordiéndole la piel. Le soltó las manos y acarició sus hombros, adorándolo mientras bajaba a sus pezones y después a sus abdominales. Besó con ternura sus cicatrices, una a una, las dos heridas de bala, con suavidad recordándole lo cerca que había estado de perderle. Y en ese momento se dio cuenta de la razón por cual se había sentido incompleta, la misma razón por la cual su ausencia fue tan dolorosa. Olvidando un poco la pasión, una lágrima cayó sobre su herida.
- Kate, ¿estás bien? – Castle se incorporó preocupado.
- Sí Castle, sólo… sólo acabo de darme cuenta de una cosa.
- ¿De qué?- le preguntó expectante, tenía que ser algo muy importante para que la hubiese interrumpido.
- Ya sé que antes te había ducho que quería esperar, pero … - Kate bajó la cabeza, no estaba segura de lo que iba a decir, pero la visión de nuevo de sus cicatrices y la sensación de que en la vida las cosas que se desean no se deben nunca aplazar, levantó la cabeza decidida. – Quiero un hijo Rick, quiero que lo tengamos, no quiero esperar más, no quiero … volver a arrepentirme nunca de las cosas que no he hecho.- le miró expectante
Castle se quedó bloqueado, su mujer le estaba algo más que sorprendiendo en ese día con sus confesiones. Tardó unos segundos en procesar la información, unos segundos que ella interpretó como una negativa y bajó la cabeza.
- Eso, eso, eso es… - intentó enmendar el error Castle.
- ¿Un error? – le preguntó compungida y a punto de llorar.
- Eso es la mejor idea que podrías tener, Kate. – le dijo sonriendo. Ella levantó la cabeza entre sorprendida e ilusionada.
- ¿En serio? ¿Todavía quieres tener un hijo conmigo?
- Y cien si tú quisieras
- Eyyy, sin pasarse, de uno en uno, ya veremos cómo se nos da. – le respondió con un ligero golpe en el hombro.
- Serás una madre maravillosa y lo harás perfecto, y ya verás cómo querrás más de uno.
Kate se acercó a él y le beso dulcemente.
- Te quiero, Richard Castle.
- Yo también te quiero Katherine Beckett.
- Siempre – dijeron ambos al mismo tiempo, no pudieron evitar reírse y mirarse con todo el amor que se profesaban.
Se volvieron a besar, despacio de nuevo, pero esta vez con más pasió que ternura. Kate volvió a ponerse encima de él y con una sonrisa diferente, sexy, Castle le susurró en sus labios.
- ¿Qué tal si empezamos a practicar?
Kate rió con una fuerte carcajada que se oyó en toda la habitación y sin mediar palabra volvió a besarle al mismo tiempo que descendía sobre él.
Disclaimer: Castle ni sus personajes me pertenecen.
