ADVERTENCIA: Odio cortar con la sorpesa (si es que todavía quedaba alguna) pero son las reglas. En este capítulo hay RAPE

Capítulo IX

AL FINAL

Star Hill

Forzando su mente a trabajar, Shion trataba de defenderse. Su cuerpo entero se retorcía bajo el de Dohko. Sus puños golpeaban su rostro, mientras trataba de encender sus cosmos. Pero la furia hacía al librano más rápido y sin reparar en el daño recibido devolvía los golpes con más rapidez y fuerza.

El puño de Dohko se incrustó en sus costillas, haciéndolas crujir y de la boca de Shion salió un regueo de sangre, en una muda exclamación de dolor.

Comenzaba a sentir la desesperación de su vida al extinguirse. Debía poder defenderse a sí mismo. Necesitaba hacerlo.

Su cuerpo resplandecía, destilando su cosmo, amenazando. Dohko golpeó con fuerza el abdomen de Shion, para mantenerlo quieto. Shion cegado por el dolor, devolvió el golpe, pero fue demasiado abajo y le golpeó el hueso de la cadera, que crujió, pero no pareció romperse.

Su manto estaba completamente hecho trizas, con el resto de sus ropas. Su cuerpo desnudo aún estaba bajo el control del tigre. Trató una vez más de encender su cosmo, pero una mordida en su hombro lo hizo perder la concentración.

Dohko estaba agazapado sobre el cuerpo de Shion como un verdadero felino, estaba devorándolo en verdad, descargando su furia. Marcando un castigo que sabía como merecido y al mismo tiempo, innecesario. Todo su dolor controlaba su cuerpo. Tanta soledad se trasmutaba en furia, en un deseo sanguinario que no pretendía eliminar, sino humillar.

Las uñas de Shion se le clavaron el la mejilla, hasta el hueso, sólo para luego tirar y desgarrar la carne. El ariano quería quitarse al otro de encima, sin importar cómo, pero con las piernas inmóviles casi por completo sólo podía usar las manos, un par de garrazos más y pronto el rostro de Dohko parecía cubierto con una máscara de sangre.

Entre tanto rojo afloraron los filosos y blancos dientes, en una mueca parecida a una sonrisa. Había sentido un dolor mucho más profundo durante tantos años que ya no le importaba.

Blanco contra blanco, los dientes se clavaron por debajo de la clavícula, desgarrando, probando el sabor de esa sangre, que a pesar de toda la autoridad que tenía, seguía siendo roja.

Recargó su peso en él para mantenerlo quieto. Sus manos estaban ocupadas mancillando, acariciando y lastimando sin pudor todo el cuerpo atrapado bajo él con la punta de las uñas, abriendo heridas que sangraban al instante.

Shion atestó nuevos golpes sobre él. Sintió el crujir de los huesos de Dohko a su vez. Pero su mente estaba siendo aprisionada por la tensión, la incertidumbre y aún en un lugar recóndito, el miedo.

Dohko se incorporó un momento, obligando a las inmóviles piernas de Shion a abrirse. Colocó su cadera entre ellas, miró al otro con ojos brillantes de furia al tiempo que pretendía besarlo.

Shion siguió golpeándolo a puño cerrado, pero al librano eso ya no parecía importarle. Estaba demasiado excitado, demasiado molesto. Le apresó las muñecas. No iba a detenerse ahora. Por fin iba a tener aquello que había visto tener a tantos otros y que siempre debió estar reservado para él...

Shion golpeaba el torso contra el piso, tratando de liberarse. En el borde de lo inevitable por fin logró encender su cosmo.

Ambos se inmovilizaron debido a la fuerte energía que Shion despedía de su cuerpo. La cadera de Dohko a sólo unos centímetros de su cuerpo.

-No puedes detenerme por siempre.

Reclamó relamiéndose la sangre de los labios, suya y de Shion. Ambos sabían que eso era verdad. Que si hacía falta ambos podrían esperar mil días. Pero al final uno terminaría cediendo. Y Dohko tenía la certeza de que no sería él.

Incrementó su cosmo a su vez, haciéndolo fluctuar agresivo contra Shion. Dragones como luces brillantes golpeaban y se clavaban en el cuerpo bajo él.

La ansiedad de Shion no lo dejaba controlarse adecuadamente, ni respirar, ni moverse con precisión, doscientos años de ser un caballero dorado, desplazados por las manos de Dohko. Sólo trataba de mantenerlo quieto. Sólo un poco más. Trataba de aferrarse a una esperanza que había muerto hacía ya doscientos años, desde que su armadura había tocado su cuerpo por última vez.

Pero ahora, tuvo que dejarla ir...

Cuando el potente miembro atravesó su cuerpo, todo el cosmos de Dohko explotó en su interior. Shion cerró los ojos, sintiendo su carne despedazarse, la energía quemaba sus entrañas, expandiéndose hasta su boca, azotando todo su cuerpo.

Quebrándolo.

El desgarre fue demasiado... El grito que hirió su garganta fue tan fuerte que se expandió por todo el Santuario y todos pudieron escucharlo.

El corazón de todos los caballeros tembló. Y más allá en los límites de sus dominios, Mu dejó caer los víveres que sostenía ente las manos para comenzar a correr, casi hasta quebrarse las piernas. Quería verlo. Ya una vez lo había visto partir. Y ahora corría para ayudarle, porque quería verlo.

A su padre, su maestro, su amigo... y su amante.