El vampiro rubio había estado esperando ese día con mucha emoción, después de todo sería la primera vez en varios meses que pudiese reunirse con su amigo Otabek. Cada vez que quería ir a verlo, Yakov se antojaba de darle montañas y montañas de trabajo inútil, lo que lo obligaba a cancelar sus planes con el azabache. Esa era la verdadera razón por la que su humor iba de mal en peor, no soportaba un momento más bajo el jugo de aquellos ancianos. ¿Por qué debía él cargar con la responsabilidad de los nobles? No había ninguna razón. Simplemente por eso había tomado una decisión: abandonaría la corona que se le había dado desde su nacimiento.

Estaba harto de ser controlado, manejado a la voluntad de aquellos antiguos ancestros. Quería vivir libre, salir a pasear noche tras noche sin preocuparse de la hora para regresar. Iba a vivir la vida como se le diera la gana, ya no le importaba si era un vampiro, un humano, un hombre lobo… Todo lo que podía pensar era como se lo había dicho Yuuri hacía un par de siglos atrás: "El simple hecho de ser un ser vivo, ya te permite ser feliz". Eso era todo lo que necesitaba para impulsar su deseo en esos momentos.

De nada valía quedarse en un mismo sitio con miedo a avanzar hacia la luz del sol, incluso si se quemaba, quería ver qué había en el mundo durante el día. Esa era la sensación que había nacido en su corazón. Por un momento sonrió de forma ladina, era verdaderamente ridículo que hubiese aprendido de la vida gracias a ese cerdo… Sin embargo, no había podido tener un mejor maestro.

Cerró sus orbes, esperando la llegada de Beka, y sin quererlo, un recuerdo del pasado volvió a su memoria. Era un recuerdo que pensó había perdido con el pasar de los años… no obstante, allí estaba.

Rusia es demasiado frío… ¿Cuánto más vamos a tener que caminar, Yurio? —el azabache estaba tiritando de frío mientras caminaba por entre los árboles de un bosque cubierto de nieve. Se supone que estaban yendo hacia un lugar seguro, pero sabía que no era así. Porque la mirada en el rostro del rubio le decía muy claramente que estaba sufriendo al llevarlo consigo. No importaba, no le guardaría rencor… Es más, incluso había aceptado ir con él a pesar de las advertencias de Viktor.

Ya falta poco, así que guarda silencio, cerdo. Tú voz me molesta —respondió el de orbes claros sin ni siquiera voltear a mirarlo. Era verdad que no le agradaba ese humano, pero de allí a estarlo llevando directamente a su muerte… Seguramente Viktor iba a odiarlo—. ¿Por qué volviste con Viktor? ¿No hubiese sido mejor estar con otro humano?

Una risa incómoda abandonó sus labios, antes de bajar la mirada hacia la blanca nieve. Verla le recordaba que le había prometido a Makkachin y a Viktor que irían a hacer un muñeco de nieve más tarde ese día. Sin embargo, parecía que una vez más no podría cumplir con la promesa que le había hecho—. ¿Ah? —la pregunta del contrario lo había sorprendido. En ese momento recordó algo que casi había olvidado, incluso para los vampiros, Yurio era un niño—. Porque es la única persona que puedo amar, mi corazón no podría soportar que no vuelva a su lado cada vez que renazco… ¿Crees que está mal que ame de esta manera a Viktor?

¿El amor te hace así de estúpido? —frunció el ceño ante la risa extraña que soltó aquel humano y gruñó. Sin embargo, en su mente le estaba dando vueltas a aquella extraña pregunta—. Se supone que como vampiro diga que es antinatural, una aberración. Pero me da igual. Ambos son igual de estúpidos y descerebrados, no tienen remedio

Está bien que pienses de esa manera, Yurio, por ahora. Sé que con el tiempo entenderás que el simple hecho de estar vivo te da el derecho a ser feliz. Suena como una hermosa ilusión en estos momentos, pero algún día el mundo aceptara el amor. Entenderán que incluso entre especies pueden amarse y ser felices. Porque el amor nunca será algo malo —aseguró el azabache, sin bajar el ritmo de sus pasos.

El silencio en el bosque era absoluto, apenas y podía escuchar su respiración junto con la del vampiro que caminaba frente a él. Los árboles estaban callados, dormidos gracias al frío manto de nieve que los arropaba. No había rastro de ningún ser viviente en ese lugar, por lo que empezó a preguntarse en dónde estarían. Sabía que la muerte estaba al final de ese camino, pero no sentía miedo… Sentía dolor, una fuerte opresión en su pecho que le impedía moverse con libertad… Nuevamente había fallado en quedarse con Viktor, no obstante, estaba bien. Por ello aceptaría su destino, hasta ser capaz de llevar en sus hombros la carga que suponía tener como pareja al conde albino que el mundo deseaba.

Llegamos —anunció con voz clara y fuerte. En ese momento, el sueño del azabache le parecía un cuento de hadas imposible. Los humanos nunca aceptarían a los vampiros en su mundo, porque eran monstruos, y, los vampiros jamás se rebajarían a estar con simples humanos. Ese sueño nunca se cumpliría, por eso, sintió pena por ese chico que se dirigía directamente al final de su vida, de nuevo. Era la primera vez que sentía pena por él, aunque no era la primera vez que ayudaba a Yakov para darle fin a su existencia. Nunca lo tocaba, nunca disparaba el arma o atentaba contra su psiquis… solo era un cómplice, pero eso no borraba el hecho de que era un pecado imperdonable lo que estaba haciendo, incluso cuando era a favor de los de su raza—. Entra tu solo.

Sí, ya lo sé… Nos veremos en mi próxima vida, Yurio —con suavidad se acercó al contrario, dándole una suave caricia en la cabeza antes de continuar hacia la entrada de la cabaña—. Sé que es egoísta, pero discúlpate con Viktor por mí… dile que la próxima vez haremos ese muñeco de nieve… —estaba resignado, por eso no escaparía, ni siquiera haría el esfuerzo de luchar en contra de esos vampiros que se habían tomado tantas molestias para separarlo de Viktor. El resultado era algo totalmente predecible. En esa vida no era lo suficientemente fuerte como para poder estar con el amor de su vida. Así que lo aceptaría, para volverlo a intentar una y otra vez, sin importar cuánto doliera.

¿Piensas seguir intentando? Eres realmente patético —anunció con voz suave mientras se cruzaba de brazo y lo observaba caminar de reojo. A pesar de que llevaba una pesada cruz sobre sus hombros, seguía caminando derecho, con la vista en alto y sin ninguna duda. Inclusive sentía cierto respeto en esos momentos hacia él, que caminaba de esa manera hacia el lugar de su muerte.

Al ver cómo la puerta se cerraba, no pudo evitar sentirse ansioso, decepcionado y de alguna manera su corazón había recibido la brisa fría del invierno directamente—. Ridículo… —fue la única manera en la que consiguió llamar a ese gélido sentimiento que recorría su interior. Ese ser no era nadie para él, y sin embargo, allí estaba, sintiéndose mal por el hecho de que iba a morir.

Abrió sus ojos apenas sintió que el ruido de una motocicleta se acercaba a lo lejos—. Esa persona nunca ha dejado de sonreírme… Realmente es un cerdo estúpido —sonrió para sí mismo levemente. Era verdad, sin importar sus groserías, el maltrato, los golpes, Yuuri Katsuki siempre era amable con él. Se preocupaba, eso era algo que nadie más había hecho por él… Inconscientemente bajó la mirada hacia su muñeca, donde estaba el brazalete que el azabache le había dado en el pasado. "Si en algún momento te ves en aprietos, esto te ayudara… Por lo menos en contra de otro noble vampiro" Incluso estando en peligro, Yuuri nunca pensaba en sí mismo. Suspiró, en esa ocasión, él estaba de parte de esa rara pareja.

Levantó la mirada al ver a Beka detener la moto justo frente a él, se veía como todo un chico malo en esos momentos. Por eso sus orbes esmeraldas estaban fijos en ese hombre mientras retiraba el casco y se bajaba, dedicándole una leve sonrisa que hubiese derretido a medio consejo vampírico. Maldición… Lo deseaba para sí mismo—. ¿Cómo estás, Beka?

—Muy bien, siento haberte hecho esperar. Se me hizo un poco tarde en el trabajo —se acercó al rubio con una tenue sonrisa. Ya hacía casi un mes que no habían podido verse, y estaba en su límite. Sí, era bastante ridículo que un cazador como él anhelara sus encuentros con un vampiro. Pero lo que había empezado por un deslumbramiento había terminado en convertirse en un sentimiento de necesidad, pues se había enamorado del hada rusa. Nada podía ser peor—. ¿Y tú? ¿Has estado bien? Me sorprendió que me escribieras.

—Sí, algo ocupado. Es que iba a tener el día de hoy libre y pensé que sería una buena oportunidad para reunirnos —declaró con voz suave mientras alzaba la mirada para poder apreciar ese serio rostro que tanto le gustaba. Definitivamente no necesitaba a nadie más… Pero existía un problema incluso más grande… ¿Cómo podía decirle a Otabek lo que quería? Era un vampiro después de todo, y esa persona que tanto le gustaba pertenecía a la raza humana—. ¿Qué opinas de los vampiros? —lanzó sin ninguna preparación.

Había mantenido su sonrisa hasta que el rubio mencionó lo de los vampiros, inevitablemente su ceño se frunció un poco más y bajó la mirada, incapaz de mantener la ajena. Esa era una pregunta difícil, porque sentía desprecio hacia algunos y cariño hacia otros… Pero era un adulto, veía las formas desde un punto menos instintivo que los demás cazadores—. Perdí a mi hermana a causa de un vampiro, los desprecio… —sus palabras salieron con cierta rabia contenida, pero al levantar levemente su mirada… Se encontró con esos orbes esmeraldas llenándose de lágrimas.

Nunca en su vida pensó que el insulto de alguien podría romper su coraza con tanta facilidad, pero en esos momentos su corazón parecía haber recibido un golpe directo—. Yo… Yo lo siento… No sé qué me pasa… —y es que ver las lágrimas del hada rusa era casi considerado un milagro. Ese vampiro de aspecto frágil y personalidad poderosa era el deseo de muchos nobles. No obstante, él solo quería a la persona frente a él, que seguramente lo consideraría un monstruo.

—Yuri… —atrapó entre sus brazos ese delgado cuerpo y lo abrazó contra su pecho, sin miedo alguno. No podía simplemente quedarse allí parado cuando sus palabras había herido a la persona que amaba—. Está bien… No te odio a ti… Incluso si eres lo que una vez juré destruir, no quiero perderte —el ceño del azabache estaba fruncido en una expresión de preocupación, de dolor… Le estaba confesando que sabía acerca de su identidad… Y eso lo dejaba en desventaja.

Al sentirse abrazado, pasó sus manos por los costados del más alto y se aferró a su espalda con fuerza. Deseaba que el dolor parara… Pero fueron las palabras del contrario, lo que causaron que se quedara perplejo. ¿Beka ya sabía qué era?... Y aun así se había quedado a su lado—. C… ¿Cómo sabes eso? —inevitablemente sus orbes esmeraldas se fijaron en los castaños ajenos, notando de inmediato que había algo más detrás de esa mirada de sufrimiento—. Eres… No, no puede ser…

—Soy un cazador… ya sabía de ti, desde hace muchísimo, Yuri. Nunca has sido mi objetivo, esa es la única verdad. Créeme, por favor —le estaba rogando con la mirada que creyera en sus palabras. Era verdad que en el filo de su daga habían muerto un sinfín de vampiros, pero él nunca la sujetaría en contra de su amigo. "Júralo… Júrame que no te acercaste a mí por eso" esa simple petición por parte del más bajo, lo hizo despejar cualquier duda que había tenido antes de ese momento—. Te lo juro, he estado observándote por mí mismo, sin ninguna orden o nada parecido. Fui encantado por ti —tomó el mentón ajeno con su diestra, y al verlo tan indefenso, simplemente bajó su mirada, uniendo sus labios con los ajenos. Aquel beso le sabía a gloria.

Las manos de Yuri se encontraban totalmente aferradas a la espalda ajena, por lo menos a su chaqueta. Sus cejas estaban fruncidas y las lágrimas se habían acumulado en la comisura de sus bellos ojos. Ese juramento era todo lo que necesitaba para confiar en Otabek, nada más… Si hubiese querido herirlo ya lo hubiese hecho, había tenido todas las oportunidades del mundo… Por eso, aunque fuese tonto, iba a confiar en él. Ante aquel suave beso, cerró sus orbes, dejando que las últimas lágrimas fluyesen hacia el suelo.

Soltó suavemente al vampiro, para poder limpiar el rastro de lágrimas que adornaba sus mejillas—. Lo siento, por haberte mentido todo este tiempo. Esto quiere decir que estamos saliendo ¿o no? —su diestra inevitablemente se quedó fija sobre esa pálida mejilla que sintió deseos de acariciar y besar. Yuri era joven aún, por eso debía tratarlo con la delicadeza que tanto se merecía.

—N… ¿No es obvio que si? —exclamó en un gruñido bajito, avergonzado. Su pálido rostro parecía haberse iluminado casi por completo ¿y cómo no? Si su primer beso había sido con la persona a la que tanto adoraba. Sintió una mirada sobre ellos, y tuvo que voltear a ambos lados—. Estamos en problemas ¿no? Esto es casi como una comedia, una tan trágica como la que Viktor y Yuuri tienen viviendo siglo tras siglo.

Él también se sentía extrañamente observado, por lo que dirigió un par de miradas de reojo hacia el profundo bosque a sus espaldas. Tomó la mano del rubio apenas empezó a hablar, y le sonrió levemente—. No digas eso, el mundo ha estado cambiando mientras los vampiros se ocultan en la noche. Nos vamos ¿o no?

—Bien… Vamos —aseguró, y antes de darse cuenta ya se encontraba aferrado a la cintura del mayor mientras la brisa golpeaba su rostro. Ir en motocicleta siempre le parecía genial, y más porque iba con su ¿novio?... ¡Oh diablos! Le había mostrado a Otabek un lado demasiado vergonzoso de él. Quería morir.

Desde la burbuja de su mundo despreocupado, ninguno era capaz de saber que eran observados por el familiar de cierto noble insoportable que había decidido tomar a Yurio a toda costa. JJ estaba más que dispuesto a mancharse las manos de sangre humana si así lograba hacerse con el hada rusa. No iba a permitir que un simple humano se quedara con ese preciado tesoro, que solamente debía ser poseído por un noble como él.

—Disfruta mientras puedas, my lady. Porque voy a capturarte, voy a encerrarte en un lugar que ni siquiera ellos podrán encontrar —aseguró mientras reía levemente, y deslizaba su diestra por la espalda desnuda de la hermosa vampiresa que compartía su cama esa noche.

En ese mundo cada quien estaba buscando su propia razón de vivir, sus propios objetivos. Unos se ignoraban con otros, sin saber la verdad tras la vida de ninguno de ellos.

Los cazadores eran considerados héroes, los vampiros eran considerados los villanos, y, por supuesto, los humanos eran las víctimas. Sin embargo eso no era del todo real, más bien… el líder de los cazadores: Christophe Giacometti, no lo creía así. Después de todo así como había vampiros crueles, también había humanos que se acercaban en maldad. Por eso, él y su asociación estaban en contra de la maldad. Más cuando él mismo era un dhampyr, un ente nacido de la unión de un humano con un vampiro.

—Todos siempre están haciendo un escándalo, lamentablemente esta vez deberíamos ponerle un alto a esta situación ¿No lo crees? —ese hombre de tez clara, sonreía. Las patillas de su cabello eran negras, al igual que sus cejas, barba y bigote, sin embargo lucía una parte superior en tono amarillo pollito. Era sensual ¿qué más podía decir acerca de sí mismo? Largas pestañas y orbes en tono oliva, cualquier ser querría estar a su lado.

—La iglesia ha dado su brazo a torcer, al igual que el gobierno. Pronto… ese gran muro que ha sido construido va a caer. Las reglas no serán solamente para beneficiar a un solo bando, y todos podrán ser felices con las personas que amen~ —dio un paso hacia el escritorio del presidente, y sonrió completamente despreocupado. Pichit Chulanont, era también parte de los cazadores, no obstante, su misión era vigilar a cierto humano en especial—. Espero que esta vez actuemos a tiempo…

Con pereza se estiró, sonriéndole al moreno frente a él—. Sacando cuentas… puede que lo logremos. En estos momentos Otabek está con el hada rusa, así que él no nos dará problemas. Mi mayor preocupación es Yakov y JJ, ambos están cegados por un objetivo realmente sin sentido. ¿Qué dices? ¿Cuál de los dos es el peligro más inmediato?

Se acercó al escritorio, y tomó asiento sobre este con una sonrisa—. Bueno, sinceramente JJ no me preocupa~ su objetivo es el hada rusa, y Otabek puede manejarlo sin problema. En cambio, Yakov va a querer deshacerse lo antes posible de Yuuri. Más ahora que el mismo consejo ha decidido aceptar la unión entre vampiros y humanos, todo gracias al recurrente esfuerzo de Yuuri.

—Entonces nuestra mejor oportunidad es neutralizar a Yakov de inmediato… ¿Dónde están Guang Hong y Leo? —al ver la sonrisa en el rostro del azabache, suspiró—. ¿En serio? ¿No podían irse a tener sexo en otro momento? —se recargó en el asiento, echándolo hacia atrás.

—Lo dices como si tener un lazo de sangre fuese algo fácil de controlar. Bueno, no pasara nada mientras Yuuri se mantenga al lado de Viktor ¿no? —al ver cómo el rubio teñido asentía, sonrió—. ¡Entonces no hay nada de qué preocuparse! Viktor definitivamente no lo va a dejar solo sabiendo que es peligroso para él.

—Oh… Hablando de eso… ¿estás bien con eso? —para el de orbes oliva estaba muy en claro que Pichit había desarrollado cierto apego hacia Yuuri Katsuki, pero como mejor amigo del conde Nikiforov, no podía apoyarlo al cien por ciento.

—Claro que estoy bien con eso, porque es mi mejor amigo. Voy a apoyar esto por lo que ha luchado tanto, después de todo, la única razón por la que Yuuri existe en estos momentos es por Viktor. Yo no puedo competir contra él —con una sonrisa totalmente alegre, el de orbes oscuros se levantó del escritorio. Claro que no era fácil aceptar aquello, pero él no iba a meterse… porque quería a Yuuri, lo quería tanto como para renunciar a sus sentimientos y verlo feliz junto a otra persona.

—Ese chico siempre ha tenido suerte para hacerse querer sinceramente por todos ¿No es increíble? —apoyó ambos codos sobre la mesa de fuerte madera frente a él y apoyó el rostro en el dorso de sus manos,

—Es porque él ofrece su amabilidad a todas las personas que se cruzan en su camino. No creo que tenga nada de sorprendente, él siempre ha sido así —declaró el moreno con una sonrisa, Él no era como Chris, era un simple humano reclutado por la iglesia… Y estaba agradecido, pues gracias a esa oportunidad había conocido a Yuuri, a los cazadores… a ese grupo tan especial que lo había adoptado como un miembro más de esa familia.

—Puede que tengas muchas razón~ Entonces solo nos queda esperar que la noticia se vuelva oficial. Estoy seguro de que a mis padres les hubiese gustado ver este día —anunció con una pequeña y encantadora sonrisa. Sus padres en el pasado habían sido juzgados como criminales y condenados a una dolorosa muerte. Fue, en aquel entonces que entendió que no había diferencias entre vampiros y humanos.

—Seguramente estarían orgullosos de lo que has logrado~ es que por favor ¿quién se imaginaría que los cazadores no eran todos humanos? Creo que ni la iglesia lo notó cuando empezó a hacer tratos con nosotros. Teníamos la ventaja desde entonces —aseguró Pichit con una sonrisa.

—Tienes razón~ Es más, vayamos a comer algo delicioso mientras el par de tortolos vuelve —se apresuró a levantarse y a tomar el brazo del moreno para jalarlo hacia la puerta que daba al área común.

La organización conocida como "cazadores", llamada héroes por el simple hecho que lidiaban con vampiros malvados. Pero esa no era su única función, también llevaba castigaba a humanos que atentaban contra vampiros que estuviesen viviendo en paz y bajo reglas de convivencia.

Su origen se remontaba a muchos siglos atrás, cuando tanto los vampiros como los humanos eran seres estúpidos y completamente intolerantes. El amor entre razas era pagado con la muerte, y los niños nacidos entre ellos sufrían ese castigo también. Chris era un sobreviviente, y su salvador era nada más y nada menos que su buen amigo: El Conde Viktor Nikiforov.

Había sido su tan buena amistad con el albino, lo que le había permitido llegar a edad adulta sin haber sido descubierto. Estaba en deuda con él, y por ello había estado manejando las cosas a su antojo… todo para conseguir que el triste conde volviese a sonreír siempre.

Sentimientos enredados están cubriendo cierto espejo.

Pronto el reflejo que hay en él se volverá confuso.

¿Serás capaz de vivir en este nuevo mundo?

La culpa vive en el gato.

Él solamente quería ver por curiosidad.

Lo que encontró fue un charco de sangre.

Lo que perdió fue su amabilidad.