Los personajes son de la grandiosa SM, la historia es completamente mia

Gracias a mi hermosa beta Alepattz por su paciencia

A leer!


Capitulo 8

"Obtuve mi violencia en ultrarrealismo de alta definición…"

Survivalism – Nine Inch Nails

El frío de la noche le estaba trayendo recuerdos que lo único que lograban era enfurecerlo más, esta noche definitivamente había sido la peor del mes, ver a su madre en el estado en que se encontraba de la mano de aquel hijo de puta. Su puño se impactó contra el tablero del jeep de Emmett.

-Tranquilo hermano- la mano de Jasper le tocó el hombro, pero ni eso le hizo disminuir su furia, esa furia que traía arraigada por años.

Cuando era niño lo que más amaba era a su madre, su Esme, siempre tan hermosa, tan paciente, tan llena de vida… ¿Pero ahora que quedaba? ¿Dónde estaba la mujer que llegaba del trabajo para atender a su hijo, la mujer que amaba la vida en familia, la que le hacía esas deliciosas galletas, dónde maldita sea…?

Y para terminar de hacer esta noche espectacular se había enterado de lo ocurrido con Bella, con esa pobre chica que ellos mismos habían traumatizado. Ya se podía imaginar lo aterrada que estuvo en esos momentos, pero esa frágil mujer como siempre daba a notar que en realidad no necesitaba ser protegida, porque había podido actuar por sí sola.

-Llegamos- la voz de Emmett lo sacó de sus pensamientos.

Al mismo tiempo los tres amigos descendieron del jeep y se dirigieron a la cajuela.

-¡Mierda Emmett! ¿Qué no sabes lo que es la limpieza?- gritó Jasper al ver el mundo de basura que había en ella.

-Sabes que lo mío no es precisamente eso- dijo Emmett rascándose la cabeza

-Pero dime, ¿qué es lo tuyo?- ambos empezaron a reír cuando la voz de Edward los cortó.

-¡Basta! No venimos a platicar sobre las mierdas de Emmet- levantó la alfombra de la cajuela y de un pequeño compartimiento sacó un arma, la cual guardó en la parte trasera de su pantalón y tomó un bate de béisbol

-Que comience la fiesta- dijo Emmett mientras él y Jasper tomaban los bates restantes.

Los tres caminaron en el silencio de la noche, la calle a esa hora estaba desierta, solo se podían ver las luces que iluminaban tenuemente los porches de las casas y la luz del semáforo que titilaba como precaución.

-Crees que hoy estén en casa- dijo Jasper.

-Donde más podrían estar, su horario de trabajo a terminado- Emmett miró a Edward como esperando su autorización, al momento él asintió y el enorme hombre se adentró en aquel lugar seguido de Edward, Jasper revisó nuevamente la calle y siguió a sus amigos.

-Emmett tú deberías vivir aquí- dijo Jasper divertido.

El lugar era todo menos bonito, las paredes estaban pintadas de un color verdoso, aunque ahora parecía que un gran vomito las cubría, el suelo sucio llegando a enlodado remataban el lugar y el aroma era entre cloaca y estiércol.

-Amigo yo se de mugre pero esto ya es un chiquero- dijo Emmett mientras subían las escaleras

-Si no fuera por Rose tu casa sería parecido a esto- Edward les miró advirtiéndoles que se concentraran-

El sonido de Survivalism es lo que los recibió, las paredes se cimbraban ante aquel ruido.

-¡Wow! Tendremos un poco de ambientación- dijo Emmett, los tres caminaron hasta el final del pasillo hasta llegar a la puerta con el numero 409.

-Listos- dijo Edward, los chicos asintieron. Con el mango del bat llamo a la puerta.

Como si se tratara de una escotilla la puerta se abrió, dejando salir el humo que se contenía en aquel lugar, parecía como si estuvieran quemando miles de cigarrillos de marihuana al mismo tiempo. Un hombre de la estatura de Emmett les abrió la puerta, sin darle momento a hablar Jasper le azotó el bate en la cabeza tres veces seguidas, el hombre se desplomo en el suelo mientras la espesa sangre salía de su frente.

Con gran destreza Edward le aventó el bate a Emmett, sacó el arma de sus pantalones y entró en el departamento custodiado por sus amigos. El lugar era bastante caótico, en las paredes se podían ver diferentes grafitis hechos con pintura en aerosol, mientras que en el suelo se desparramaban incontables colillas de lo que parecían ser cigarrillos de marihuana. El olor era intoxicante y a la vez insoportable. Nadie se había percatado de su llegada debido al ruido, para cualquiera la escena en aquel departamento podría ser grotesca, en la estancia había tres hombres y dos mujeres del lado derecho se encontraba una pareja, lo único que se podía percibir era el cuerpo del hombre desnudo y las piernas abiertas de la mujer, las arremetidas del hombre eran duras sin ninguna consideración. A su lado se encontraba una vieja mesita de té en la cual descansaba el cuerpo de una mujer morena, en su vientre tenía tres líneas de coca perfectamente alineadas, sus manos colocadas a ambos lados de la mesa la sostenían de las fuertes arremetidas del hombre que se la follaba mientras un segundo hombre le acariciaba los senos y aspiraba la coca. En la mesa del comedor descansaba una tercera mujer totalmente desfallecida ya sea por el cansancio o por la droga mientras dos hombres hacían las cosas más repugnantes con su cuerpo.

Por un momento Edward se sintió como si hubiera sido tragado en el túnel del tiempo, podía sentir la excitación, la aberración y la suciedad en aquel departamento, uno de los hombres en el comedor levantó la vista hacía los recién llegados, por un momento Edward creyó que se miraba en un espejo. ¿Cuántas veces no había estado él en aquella posición, tan perdido que no sabía nada de si mismo? Solo al día siguiente sentía las nauseas mientras imágenes de lo vivido lo invadían. El solo hecho de recordar aquellos días de su adolescencia hizo que un viejo escalofrío lo recorriera. ¿Cuántas veces aquella escena no había sido representada por James, Tania y él? Antes de que el hombre que los miraba reaccionara Edward soltó un disparo hacia el techo, todos miraron en su dirección y se levantaron de sus posiciones.

-Muy buenas noches- la voz afilada de Edward cubrió el lugar, la música se detuvo abruptamente- espero que hayan disfrutado su noche, porque esta será la última.

Los hombres en la sala se pararon para hacerles frente, pero ninguno tenía cerca algún tipo de arma.

-No, no, no- dijo Emmett mientras avanzaba hacía ellos - yo que ustedes no lo hacía- dijo mientras veía como miraban las ropas desparramadas por los sillones.

-¡Tyler!- Edward soltó un enorme grito – ¡Tyler! Maldita rata, ¿dónde estás?- acto seguido salió un hombre moreno de una de las habitaciones, solo tenía puestos unos pantalones de mezclilla con el botón desabrochado y detrás de él salió una mujer envuelta en una sábana.

-Que demo…- la voz de Tyler se cortó al encontrarse con la mirada furibunda de Edward.

-Mi viejo amigo a que debo el honor- dijo tratando de no mostrar el miedo que comenzaba a recorrerle y es que el hecho de que el príncipe estuviera en sus terrenos no podía ser nada bueno.

-Yo no soy tu amigo y he venido a cobrarme- Tyler negó con la cabeza.

-Que yo sepa no tenemos ninguna deuda- intentó por todos los medios recordar si debía algo a aquel hombre, pero por más que lo hacía no encontraba el qué.

-Hace unas semanas tú y tus hombres atacaron a una mujer que manejaba un mini- Jasper y Emmett estaban esperando indicaciones para atacar.

-El príncipe habla de la perra que se nos escapó- dijo uno de los hombres en el comedor.

-La recuerdo- dijo Tyler mientras una sonrisa se formaba en su rostro- por esa noche tuvo suerte, aunque la próxima vez no te aseguro que se salve.

Edward apuntó el arma directamente a Tyler- Esa perra como la llaman es mi mujer y esto les va a enseñar a no meterse con nada que sea mío- dos disparos seguidos salieron del arma y esa fue la señal que esperaba, Emmett le aventó el bate a Edward y en seguida comenzaron a golpear a los hombres que se encontraban en la estancia, los gritos de las mujeres no se hicieron esperar y rápidamente se arrinconaron detrás del televisor, sus cuerpos temblaban al ver la sangre correr por el sucio piso mientras Jasper golpeaba al segundo hombre que todavía se sostenía en pie, la mujer en la mesa ni siquiera parpadeo de lo perdida que estaba. Con paso seguro Edward se acercó a Tyler quien se retorcía en el piso después de los balazos recibidos en su pierna derecha.

-Jamás vuelvas a acercarte a ella, entendido- el bate golpeó el hombro de Tyler quien por el dolor no contestó – ¿entendido?- Edward volvió a golpear.

-Ssss...iii- dijo con voz temblorosa.

-Bien- camino hacía sus amigos y les hizo una seña para salir de ahí – que pasen buena noches- los tres salieron del edificio de la misma forma en que habían entrado sin que nadie se percatara de sus presencia…


"…sabes mi trágica devoción a las leyendas de príncipes encantados

…sabes que una música melodiosa y un canto suave me hacía sollozar, y que una palabra de afecto me hacía esclava de otra alma, y sabes, también que todo lo que soñé tuvo una realidad desgarradora"

Teresa Wilms Montt

Hacía mucho tiempo atrás que la obscuridad la cubría, hubo un tiempo en que ella aún soñaba con la vida perfecta, es más, ella creía que tenía la vida perfecta, nada en el mundo era más importante para ella que su hermosa. Pero en realidad, ¿quién vivía una vida color de rosa? Ahora tenía la certeza de que nadie lo hacía y que ella había terminando pagando muy caro su arrogancia.

Esa noche era más oscura que las anteriores, ni siquiera recordaba como había llegado aquí, o más bien si lo recordaba pero prefería olvidarlo. Con pasos cansados caminaba sobre la acera, ni un alma había por las calles de Seattle pero sabía que si llegaba en la mañana sin un solo centavo era segura la golpiza, y no es que aquel hombre necesitara el dinero sino simplemente de una manera u otra quería demostrarle que ella era su propiedad y hacía lo que él quería con ella.

Sentía un frío que le calaba los huesos, ese frío que sentía noche a noche después de dejar su casa. Hacía ya tanto tiempo que ya ni siquiera recordaba lo que era la felicidad, ahora era como aquellos sueños que vislumbras a lo lejos, que crees que algún día lo podrás tener y solamente estás esperando. Pero ella ya no la esperaba, porque ya la había vivido, ella ya la había sentido, simplemente se le fue de las manos o tal vez solo la dejo ir.

Esta noche había sido la más difícil de todas, ¿por qué? Porque lo había visto a él…siempre lo veía a lo lejos pero esta noche lo tuvo tan cerca, tan al alcance de su mano que sintió otra vez esa opresión en el pecho esa que no la dejaba respirar, siempre que veía a su pequeño niño de cabellos cobrizos pasaba lo mismo, aunque ya no era pequeño, ahora era todo un hombre, un hombre respetado en ese mundo asqueroso, su Edward, su pobre Edward, su pequeño que había sufrido más que todos. Ella ya se había resignado hace mucho tiempo, Carlisle, de él era mejor no hablar. Pero su pobre Edward viéndolo con su mirada resentida, con todo ese odio que guardaba para ella y para ese hombre, no era para menos, tantas veces le había pedido que se fuera con él y ella simplemente había dicho NO.

Y no es porque no quisiera o no añorará vivir junto a su hijo, sabía que si se iba con él estaría protegida nada le haría daño. Pero las palabras de Cayo resonaban en su mente cada vez que tomaba la decisión de alejarse.

-¡Juro por mi vida que si te vas con él, jamás te voy a dejar ser feliz y voy a matar a los que más quieres, si hasta ahora han seguido con vida a sido gracias a mí!- Aunque ahora ella sabía que Edward tenía mucho poder y era muy querido por Aro, también era de entenderse que Cayo era su hermano y si Cayo tomaba la decisión de deshacerse de Edward la familia Vulturi simplemente lo haría y ella no quería eso, menos para aquel ser que era el más indefenso de todos, su pequeño ángel a quien hasta el momento nadie había tocado y esperaba que así siguiera.

Llego a una esquina, estaba demasiado cansada ya y se recargó en la pared para tratar de calmar las punzadas de sus pies, ya no encontraba refugio ni calor para tratar de amainar su tristeza, algunas veces lo buscó en la droga, llegó a ser tan dependiente de ella que ahora hasta las manos le temblaban si no le daban un poco de lo que alguna vez le dio a consumir Cayo. Heroína…esa heroína que ahora recorría sus venas, que la hacía temblar y ver imágenes que no existían, pero esta noche estaba más cansada que las anteriores y sabía que ni un poco de esa medicina la haría olvidar. Ver esa furia en esos ojos y esa tristeza reflejada en su rostro era lo que realmente la estaba matando esta noche.

Aquí parada rogaba porque le llegara un cliente que le diera un poco de dinero, a estas alturas había perdido la cuenta de los hombres con los que se había acostado, después del número 50 había preferido no contar. El primero, su amor, su Carlisle…cuando los recuerdos la embargaban lloraba y la herida se abría en todo su esplendor, tantas noches había preferido pensar en su marido mientras Cayo profanaba su cuerpo, tantas veces soñó con que su amor la rescataba de las entrañas del infierno. Pero después dejó de pensar en él, después de saber y verificar que su amor la había cambiado por alguien más joven y hermosa.

Había veces que intentaba recordar como había empezado todo este infierno, todo pasó tan rápido que ni ella pudo detenerlo, un día simplemente habían llegado los Withersdale, eran un matrimonio tan feliz pero aquella tragedia fue la que marcó las vidas de todos para siempre. Mary y los pequeños se quedaron solos y aunque su familia los ayudaba en todo lo que podían no fue suficiente. Un mes después de la muerte del señor Witherdale, Mary simplemente comenzó a salir con otro hombre. Esme al inicio desconfiaba mucho de él, no sabía por qué pero esa mirada y esa actitud que tenía como de lobo al acecho le hacían sentir mucho miedo, jamás en su mundo de color de rosa había visto esa hambre y ese odio en los ojos de nadie, y es que una vez su madre le había dicho que los ojos eran las ventanas del alma y por la mirada de ese hombre podía decir que su alma esta podrida, negra.

Cuando se lo exteriorizó a su esposo esté le dijo que no exagerara las cosas que Cayo Vulturi era un muy buen hombre que lo único que intentaba hacer era sacar a esa pequeña familia adelante, esas palabras y ver el amor reflejado en los ojos de Mary la habían hecho desistir de su idea. Aunque siempre que estaban juntos en alguna reunión ella lo seguía evadiendo, saludándolo cortésmente y hablando con él lo menos posible. Pero eso realmente no era impedimento para él porque siempre terminaba cerca de ella e intentando hacerle conversación.

-¿Cuánto?- la voz del extraño la sacó de sus recuerdos, un mercedes conocido estaba estacionado frente a ella, ese hombre asqueroso estaba ahí haciéndole como siempre la misma pregunta.

-200 dólares- Esme contestó serena o al menos lo intentó.

-Pero si vales menos que eso- el hombre se inclinó un poco más para verla mejor – ahora que te puedo dar 300 si me dejas practicar contigo- su voz ronca le hizo sentir una ganas enormes de vomitar.

-¿Practicar?- Ella negó con la cabeza.

- Vamos mujer ni que fuera la primera vez, y tengo un regalito para ti- agitó ante sus ojos una bolsa con ese maravilloso polvo blanco, por lo menos así no lo sentiría tanto.

-Pero nada de animales- dijo ella tajante, los ojos del hombre se pusieron oscuros, o eso es lo que ella creyó.

- Nada de animales- dijo el hombre levantando su mano con solemnidad – aunque ese traserito tuyo no se salvara esta vez y por supuesto tendremos compañía- un escalofrío le recorrió el cuerpo, la última vez había amanecido en el callejón cerca de la iglesia presbiteriana, todo el cuerpo le dolía y no recordaba nada.

-Está bien- soltó un suspiro, de todas formas era eso o irse a vender con los drogadictos de Broad Street y ellos iban a ser más por menos dinero, abrió la portezuela del auto y una vez que estuvo sentada el hombre se giró hacía ella colocando su mano entre sus muslos.

-Verás que esta noche nos vamos a divertir mejor que nunca- su mente como siempre comenzó a vagar por aquellos recuerdos felices, se refugio en su mundo de color de rosa donde era Esmerald Platt, amada esposa y madre, mujer respetable en el barrio fino de Seattle y no Esme la drogadicta perdida que hoy asistiría a la mayor degradación de su vida.


Mil perdones y gracias a las que no me han abandonado, les mando un enorme abrazo de Emmett...

Gracias por sus alertas, favoritos y por sus reviews, estos son el alimento para mi alma y para este princípe que vive en mi cabeza...

Gracias... Selene, Nikita, Eliza, Anabell, Demorcef, Ashleyswan, Chayley Acosta, Bea, Mentxu Masen Cullen, Yolabertay, Rommyev, Mary Cullen, Laura Katherine, Gabriela C.P., nini18, ebchs, Karlita carrillo cullen, jhanulita, SabiaAtenea, Guest, Sachita1212, melyna-cisne,

"un review es como una gota de agua en el desierto"

"Las alas que me llevan a volar no se encuentran en mi espalda, se encuentran en mis manos cuando escribo"