Dejó de percibir el tiempo sin que lo notara. Sabía que el sol anunciaba un nuevo día y la luna otra noche, pero en algún momento se hizo demasiado doloroso mirar hacia la ventana esperando ver llegar a la policía, dirigida por su madre, dispuesta a todo con tal de rescatarlo mientras su padre ya estaba en el juzgado buscando en su astucia la manera de volver a hacer legal la pena de muerte. Era lo menos que se merecía ese cerdo. Él había sido un niño bueno, con sus travesuras ocasionales pero era un niño bueno y bien portado. Él no merecía entrar gateando al estudio de Steven cuando el hambre y la sed le hacían sentir que estaba enloqueciendo, suplicando mientras abría el cierre de su pantalón.
Sería más fácil entrar a hurtadillas a la cocina como al principio, pero desde aquella ocasión en que Kyle intentó apuñalarlo mientras dormía, todas las puertas habían sido cerradas con llave y él permanecía encerrado hasta que llegaba la noche y Steven decidía si merecía o no su insulina y alimento. Mientras pasaba el cepillo por su cabello, algo que odiaba que hicieran, se daba cuenta que incluso con la puerta abierta, él ya no tenía ganas de escapar. Se había dado por vencido. Si alguien tan asqueroso como ese hombre seguía sonriendo y cantando mientras lo tocaba, en tanto que Kyle ya no podía ni siquiera ir al baño sin miedo, era que el mundo ya no tenía nada guardado para él. Si su madre había sido capaz de montar una guerra por defender sus ideales moralistas pero no por rescatarlo, ya no sentía que valiera la pena volver a casa.
-Alegra esa cara, mi ángel, hoy vas a jugar por fin con tus amigos ¿No te da emoción? Sé que te prometí que los verías antes pero estábamos todos tan emocionados con nuestros niños que apenas nos pusimos de acuerdo- se inclinó para besar sus cabellos. Le había comprado un shampoo con olor a fresas solo para él- Te va a encantar el patio de juegos de Dylan, tiene una fuente de chocolate y un trenecito. Además le construyó una casa del árbol enorme a su niño-
-Pensé que vendrían aquí-
-Oh, no. La casa de Dylan es mucho más grande. Es el líder de la organización, tiene ciertos privilegios, además- se arrodilló para quedar a la altura del niño, dándole vuelta a la silla para que quedaran de frente- su niño, Eric, es el que nos dio la forma de contactarlos a ustedes. Al menos yo estoy muy agradecido con él por eso y si él decide que las reuniones sean en su casa, así será- lo tomó del mentón para besarlo- por favor pórtate bien, no quisiera castigarte-
No había salido de esa casa, no había visto el barrio exclusivo y las elegantes fachadas que combinaban con el hogar del hombre. Miró hacia todos lados, buscando una forma de escaparse, como si su valentía volviera al ser tocada por la promesa de libertad. Pero viendo un poco más enfrente, notó que efectivamente era una calle cerrada, custodiada por varios vigilantes en el frente. Suspiró con frustración, asqueado por la mano del hombre en su cuello, guiándolo. Se permitió deslumbrarse por un momento ante las luces de colores colgadas en el árbol, iluminando una casa del árbol tan enorme que parecía más bien un extravagante departamento moderno. El trenecito detenido bajo el árbol que, con sus vagones de colores y luces también. En medio la enorme fuente de chocolate que ya borboteaba. En otro momento no hubiera dudado en soltarse para treparse al tren o meter sus dedos en el dulce líquido y saborearlo. Pero por alguna razón, sentía que esos juegos ya no eran para un niño tan... Roto.
- Mira, tus amiguitos están ahí- señaló una esquina oculta del patio. Ahí estaban Stan, Kenny y Butters sentados en silencio. Dándole la espalda a los juegos- puedes ir con ellos, amor, yo estaré con los adultos en la sala-
Conforme iba avanzando, se hacía más pesada la aura que envolvía a los niños sentados, sin mirarse ni siquiera. Kenny arrancaba pasto mientras Butters se pegaba a sus piernas como un gato asustado. Stan sólo estaba abrazando sus rodillas, mirando hacia cualquier lado.
-Hey- se sentó junto a su amigo. De cerca pudo ver las horribles ojeras bajo sus ojos y las marcas amoratadas en su cuello. Ni siquiera se atrevía a preguntar.
-Quiero irme a casa, Kyle- si no hubiera estado a su lado, no lo habría podido escuchar. Él ya no parecía su amigo, sino una copia mal hecha. Una sin alma- por favor, quiero volver a casa- se pegó a su costado tu aunque le sobresalto el tacto, trató de no alejarlo. Él no iba a hacerle daño. Pasó su brazo por sus hombros, recargando su cabeza.
-Yo también, amigos-
-Nuestros padres deben estar a punto de encontrarnos- no había rastro del tono jovial y risueño de Butters, ahora más bien parecía un robot- muy pronto vamos a estar en casa otra vez- Kenny buscó su mano, sujetándolo sin mirarlo. Ninguno creía esas palabras pero todos sabían la falta que les hacía aferrarse a una esperanza, aunque fuera tan frágil.
-¿Somos los únicos?-
-Token y Craig fueron llevados a otro estado, no sabemos dónde. Clyde está castigado y no le permitieron venir con nosotros. No sé si hay más niños, es todo lo que pude escuchar mientras esperaba que llegaran- Stan se removió en los brazos de Kyle, buscando un poco más de cariño.
-Jesús- Leo apretó con fuerza la mano de Kenny, mordiéndose las uñas-¿Creen que a nosotros nos lleven también a otro estado?¿Creen que vayan a castigarnos también?-
-Probablemente a ti sí, Butters, eres un imán de castigos. Jamás había escuchado de nadie que fuera castigado por ganar un premio de novela-
-¡Ustedes me incriminaron!-
-Solo te hicimos famoso- Kyle intervino sin notar las curvas en sus labios- fuiste el consentido de Garrison por más de una semana-
-Pero nunca vimos un sólo centavo de esa idea- Kenny le arrojó un puñado de pasto a Kyle. Stan soltó una pequeña risa al verlo quitarse las ramitas verdes del cabello. El pelirrojo tomó un puño de pasto y se lo arrojó de vuelta a Kenny. Éste se levantó antes de ser alcanzado y echó a correr mientras Kyle le seguía con más pasto. Butters también se levantó, haciendo equipo con Kenny para perseguir al otro. Stan también se levantó y pronto los cuatro estaban corriendo por el patio de juegos, olvidándose por unos minutos de lo que estaban viviendo.
