Wolas xiquiss!
Hoy no voy a poder contestaros a los reviews T-T, ahora tengo que acompañar a mi prima al medico, nada una revisión rutinaria, pero después tenemos que ir a comprarle un regalo de cumpleaños a una amiga que mañana es su cumple :D así que hoy no tengo tiempo tampoco... estrés, estrés, estrés...
Os voy a dedicar este cap a todos los que ayer me escribieron un review (compensacion...)
Así que especial dedicatoria a: *miaumiaulogic* *The Lady Annabelle* *rimasonante* *Guest* *Aleksast* *Sardes333* *kaoru-uchiha* *lucia* *Chiaki Suzuki* *LaChicaRiddle* *guiguita* *Eyanes* *Alejandra Diaz* *SALESIA*
Y por supuesto para todos aquellos lectores en las sombras.
Disfrutad de la lectura y espero que tengáis un fantástico viernes!
Besazos!
Disclaimer: Ni los personajes que le pertenecen a la maravillosa J.K Rowling ni la trama de esta fantástica historia que le pertenece a IcyPanther (encontrareis el enlace a la historia original en historias favoritas, en mi perfil), son de mi propiedad, yo sólo traduzco la historia para que pueda llegar a más gente.
.- Una historia de IcyPanther -.
Capítulo 9 – Hermione was rigth! – Like always – (¡Hermione tiene razón! – Cómo siempre -)
- ¿Qué habrá en el otro extremo de esa cadena? – preguntó Harry con nerviosísimo, mirando hacia el Bosque Prohibido, desde donde saía la cadena que arrastraba Hagrid y la envolvió entrono a una gigantesca estaca de metal que había justo en el suelo de al lado de su cabaña – Hoy no tenemos Cuidado de Criaturas Mágicas, ¿verdad?
- Sí que tenemos. – le contestó Hermione asustada, atrayendo el cuerpo de Draco hacia el suyo – Pero cualquier cosa que haya traído Hagrid ha tenido que estar aprobada antes por Dumbledore… ¿no? ¿Verdad, Harry?
- Nunca se sabe con Hagrid. – murmuró Harry viendo como el semi-gigante acabada de envolver la cadena en la estaca y entraba en su cabaña, con una gran sonrisa en su boca – Lo que haya en el otro extremo de esa cadena seguro que no suena demasiado amable.
- ¿De verdad nos van a comer? – lloriqueó Draco, mirando temerosamente a Hermione.
- Sólo estaba bromeando. – le aseguró la chica, aunque ni ella estuviera muy segura de si eso era cierto. En el fondo sabía que Hagrid era una maravillosa persona, que nunca había tenido la intención de traer nada peligroso a sus clases… pero su definición de peligroso distaba mucho de la de los demás.
- Vamos y mantendremos la esperanza de que Hagrid sabe lo que está haciendo. – suspiró Harry, dejando de lado la ventana y dirigiéndose hacia su habitación. Hermione asintió en acuerdo con él y después de dejar a Draco en su habitación, se fue a la suya propia, para vestirse y hacerse una coleta alta desenfadad en la parte superior de su cabeza. Si iban a tratar con algo peligroso, quería tener toda la visión posible… no iba a dejar que su incontrolable pelo le causara un accidente.
Echándose un último vistazo en el espejo, Hermione se dedicó una sonrisa de satisfacción y se dirigió hacia la salida tambaleándose ligeramente, mientras se colgaba la mochila del hombro. Harry estaba de pie en medio de la puerta de Draco, con el niño a su lado, vestido con sus normalmente ropas negras.
- Realmente debería conseguirte algo más de ropa, Draco. – le anunció – Todos los días vas vestido completamente de negro.
- Pero es todo lo que tengo en mi baúl. – le contestó de mala cara – No es culpa mía.
- Bueno, hay una excursión a Hogsmeade dentro de dos días. – les informó Harry, mientras caminaban por el pasillo del castillo dirigiéndose a desayunar. A un lado del comedor había un gran cartel de color naranja brillante el cual rezaba "Hogsmeade" en letras mayúsculas – Tal vez, podamos ir.
- Eso sería perfecto. – exclamó Hermione, aplaudiendo - ¡Podemos comprarte un sombrero de borla! ¡Y unos guantes rojos!
- ¿No crees que es un poco pronto para empezar a comprar ropa de invierno? – le preguntó Harry, aunque Hermione hizo caso omiso de él y seguía planeado todo lo que compraría, Draco a su lado palidecía por momentos.
El desayuno transcurrió normalmente, salvo por el hecho de que Hermione no paraba de hablar del sombrero de borla y que Ron no estaba comiendo tanto como normalmente, hoy sólo llevaba dos platos.
- ¿Te pasa algo en el estómago? – le preguntó Harry a su silencioso amigo, la falta de apetito era bastante notable.
- ¿No has oído el rugido de esta mañana? – le preguntó Ron, con sus pecas destacando considerablemente contra su piel blanca de miedo – Algo malo va a pasar, lo sé.
- Aquí se acerca algo malo. – le susurró Harry a su vez, cuando un niño pequeño se dejó caer junto a Ron, seguido de una Lavender que parecía un poco cansada. Ron miro a Terry con terror bajándose del banco y yéndose al más cercano, donde están Ginny y Hermione hablando sobre el sombrero con un Draco aplastado entre las dos.
- Ayudadme. – declaró Ron, señalando al pequeño Ravenclaw, persiguiendo constantemente a su tutor, con una sonrisa pícara en el rostro – No me gusta la manera en la que me mira. – y de hecho, cualquiera estaría asustado viendo al niño agarrando fuertemente un cuenco lleno de avena, preparado para lanzarlo.
Con un gritito de felicidad, Terry lanzó el cuenco el cual voló por los aires. Ron alzó la mirada viendo como caía en espiral hacia él, un pegote marrón de avena ya caía sobre su cabeza. Haciendo un rápido movimiento – en su opinión una decisión bastante estúpida – saltó sobre Ginny, empujando a su hermana hacia la trayectoria en la que caía el cuenco, el cual aterrizó sobre la cabeza pelirroja de Ginny un segundo después.
El Comedor quedó en un sepulcral silencio, mientras Ginny agarraba el cuenco de su cabeza y lo dejaba de nuevo sobre la mesa, con la avena goteándole por la cara y sus ojos marrones chispeantes.
- Ron. – dijo con un espeluznante calma - ¡Te voy a MATAR! – gritó, lanzándose hacia adelante y enfrentándose a su hermano fuera del banco.
- ¿No deberíamos pararlos? – preguntó Draco, tirando de la túnica de Hermione mientras miraba como Ginny le hacía cosquillas a Ron, el cual estaba de un rojo brillante mientras reía incontrolablemente, agitando los brazos y las piernas violentamente, intentando desprenderse de su hermana.
- Nah… Ron no se lo merece. – dijo Hermione riendo, ignorando los gritos de auxilio de su amigo, que ya tenía la cara azul por falta de oxígeno.
- ¿Y ahora hay que ayudarle? – preguntó Draco inocentemente, cuando Ron dejó de moverse con la cara de un púrpura brillante.
- ¡RON! ¡Oh, Dios! ¡RESPIRA! – gritó Ginny, golpeando el pecho de su hermano - ¡DESPIERTA MALDITA SEA! - entonces, Ron se sacudió y empezó a toser, el color purpura poco a poco fue convirtiéndose en un rojo brillante y parpadeó con ojos llorosos mirando hacia Ginny – ¡Lo siento mucho! – le dijo, acunando la cabeza de su hermano entre sus brazos.
- Está bien, Ginny. – le consoló Ron, alejándose de ella lo más que pudo - ¿Qué estáis mirando todos? – preguntó con irritación fulminando a los estudiantes que estaban con la boca abierta.
- A ti. – le contestó un Slytherin, con una sonrisa burlona en su boca.
Ron se levantó lentamente del suelo, con las manos fuertemente apretadas en puños, preparado para una pelea. Hermione miraba a su alrededor, preguntándose donde se habían metido todos los profesores.
- ¿Quieres pelea? – preguntó Ron, caminando a grandes zancadas hasta el chico de cuarto año.
- Venga.
Justo antes de que Ron pudiera siquiera lanzar el primer puñetazo, un pequeño niño rubio estaba de pie entre los dos, con las manos extendidas.
- La pelea no es buena. – dijo Draco en voz baja, mirando directamente a los ojos azules de Ron, para luego girarse y mirar a los oscuros ojos del Slytherin – Por favor, no lo hagáis… os meteréis en problemas.
Los dos chicos mayores se quedaron mirando el uno al otro por un breve momento, antes de que Ron bajara los puños y el Slytherin escondiera de nuevo su varita.
- ¡Oh, Draco! – explotó Pansy, con una efusión exagerada, apresurándose hacia su pequeño amigo y plantándose frente a él - ¡Has sido muy valiente! – el clic de una cámara sonó, mientras Pansy abrazaba por el cuello a Draco.
- ¿Qué está pasando aquí? – era la voz exigente de Snape, que caminaba por el Comedor hacia el corro de estudiantes que se había formado y que normalmente significaba pelea.
- ¡Draco ha estado brillante, tío Sev! – exclamó Pansy, abrazando las piernas del profesor de Pociones. Snape encaró una ceja ante el nuevo nombre que había adoptado la niña hacia él – Está bien que te llame así, ¿no?- preguntó, mirando con admiración al hombre.
- Claro que puedes llamarle tío Sev, Pansy. – dijo Draco sonriendo y también abrazándose a su tío – Seguro que no le importa, ¿verdad tío Sev?
- Por supuesto que no. – le contestó Snape gustoso, removiendo el pelo de su ahijado. Hubo más flashes de cámaras - ¿Qué estáis mirando? – gruñó Snape. Inmediatamente los estudiantes volvieron a sus desayunos, ninguno quería enfrentarse a la ira de Snape.
- ¿Por qué no ha pasado eso conmigo? – gimoteó Ron, golpeándose la cabeza contra la mesa.
- Porque yo, - dijo Snape con autoridad – soy un respetado profesor de este colegio. – con un movimiento de su túnica, el hombre se dirigió hacia la mesa de profesores, Draco y Pansy iban detrás de él, pasando inadvertidos para Snape.
- ¿Dónde ha ido Draco? – preguntó Hermione, mirando a su alrededor – Estaba aquí hace un segundo.
- No mires, – le dijo Ginny riendo – pero alguien va a tener serios problemas. – Hermione levantó la mirada hacia la mesa principal donde Ginny deliberadamente no estaba mirando y su boca se abrió con horror – Te he dicho que no miraras.
Draco y Pansy se estaban internando por todo el lateral de la mesa, poniendo un petardo en cada plato de comida, sin que los profesores se dieran cuenta mientras comían.
- ¿De dónde han sacado los petardos? – gimoteó Hermione, viendo ya su castigo inminente.
- ¿Eh, Hermione? – preguntó Neville con un ligero toque de pánico en la voz, irrumpiendo en la zona - ¿Has visto a Pansy? – Hermione levantó una mano para señalar. La boca de Neville se abrió exageradamente – Así que ahí estaba mi surtido de petardos de Fred y George.
- Vamos a morir todos. – exclamó Harry, mientras Ginny le daba palmaditas consoladoras en el hombro. Era demasiado tarde para advertir a los profesores ya que varios de los platos habían comenzado a iluminarse de un color rojo brillante. Eso no quería decir que Hermione no lo intentara.
- CUI… - los platos explotaron, salchichas y trozos de tocino salieron disparados sobre las cabezas de la gente, panqueques dando vueltas en el aire, vasos de zumo de naranja derramados y la avena salió en aspersión, mientras los petardos estallaron en una mezcla de colores brillantes encima de sus cabezas - …dado. – finalizó Hermione sin mucha convicción.
Por ahora el comedor estaba hecho un caos total – incluso peor que en el primer incidente en la mesa principal con Draco – la explosión de petardos había incendiado algunas de las túnicas de la gente que había más cerca y al resto les había dejado momentáneamente cegados. Los estudiantes gritaron con terror, cuando una silueta de luz, parecida al Expreso de Hogwarts, arrasaba la mesa de Ravenclaw, dejando platos del desayuno en llamas y algún que otro alimento por los aires.
- ¿Por qué a nosotros? – lloriqueó Harry, golpeándose la cabeza contra la mesa, completamente inconsciente de los gritos de los estudiantes de su alrededor que se dirigían hacia las puertas - ¿Por qué nuestra responsabilidad tiene que ser amigo de esa chica?
Esquivando objetos voladores, Hermione agarró a Draco por la cintura y a Pansy de la mano, tirando de ellos desesperadamente hacia la salida, mientras los pequeños protestaban, ya que querían ver acabar el desastre que habían empezado.
Neville se adelantó, cogiendo a Pansy y escabulléndose de allí. Hermione iba cerca detrás de él y Ginny tiraba de un aturdido Harry, que ahora veía pequeñas Saetas de Fuego alrededor de su órbita debido a los repetidos golpes que se había dado en la cabeza.
- Lo hemos conseguido. – dijo Hermione sin aliento, dejando caer a Draco sobre el césped que había debajo de un gran árbol en los jardines del castillo, el niño cayó e hizo una voltereta – No creo que… nadie los viera.
- Hemos tenido… suerte. – jadeó Blaise, mirando a Pansy quien le dedicaba una sonrisa y se iba a sentar junto a Draco, empezando a intercambiar emocionadas risitas cómplices – Sin embargo, podría apostar que Dumbledore nos vio.
- Probablemente… no diga nada… - dijo sin aliento Ginny, agarrando su corazón que latía desbocado – Sólo son… niños… después de todo.
- ¿Harry… está bien? – dijo Hermione, mirando al aturdido chico.
- GGGRRRRROOOOAAARRRR. – el suelo tembló bajo los pies de todos cuando el rugido retumbó por la zona, haciendo a Harry salir de su aturdimiento y abrir los ojos desmesuradamente.
- Bueno, ha sido un placer estar con vosotros. – dijo Ginny, poniéndose rápidamente en pie – Adiós, Draco, Hermione. Adiós, Harry. – dijo apresuradamente, plantándole un beso en la mejilla a Harry. - ¡Pasadlo bien con Hagrid! - entonces Ginny empezó a correr hacia la seguridad del castillo.
- Ya estaba empezando a sentirme mejor, - murmuró Harry, intentando ponerse en pie – pero ahora ya no estoy tan seguro. - Draco y Pansy corrieron hacia Hermione, abrazando cada una de sus piernas.
- ¿Qué ha sido eso? – preguntó Pansy, temblando de miedo.
- Eso es lo que nos van a enseñar hoy en Cuidado de Criaturas Mágicas.
- ¡Yo no quiero ir! – pero Neville la levantó en el aire, colgándose del hombro - ¡NO QUIERO IRRR! ¡NO PUEDES OBLIGARME! ¡BÁJAME! ¡HE DICHO QUE ME BAJES! ¡BÁJAAAAAMEEEEEEE! – Neville ignorando a la chica, empezó a dirigirse hacia la cabaña de Hagrid, con una sombría mirada en su redonda cara.
Hermione hizo lo mismo con Draco, pero a diferencia de Pansy este se sentó tranquilamente entre sus brazos, intrigado aunque todavía asustado. Cuando llegaron a la cabaña, Hagrid se estaba frotando las manos con regocijo.
- Hoy os traigo una gran sorpresa. – dijo, riéndose entre dientes para toda la clase – Dejadme ir a por ella. - llevándose dos dedos a la boca, soltó un silbido y esperó. Un gran sonido de fuertes pisadas y de ramas partiéndose, sacudía todo el suelo.
- ¿Eso es lo que creo que es? – preguntó débilmente Hermione, cuando la criatura atravesó los arboles sacudiendo la cabeza con orgullo.
- Este es Norberto. – dijo Hagrid alzando una mano y acariciando al dragón en el cuello – Hey, no os preocupéis. Es completamente inofensivo. – dijo el profesor cuando los estudiantes empezaron a retroceder y a sacar sus varitas.
- Hagrid, - dijo en un susurro Harry, sin dejar de mirar los dorados ojos del dragón - ¿no se supone que Norberto estaba en Rumania?
- Bueno, pues aquí esta, Harry. ¿Por qué no os sentáis y os lo explico? – con nerviosísimo, la clase empezó a sentarse, con las varitas al alcance por si necesitaban defenderse. Draco se sentó en el regazo de Hermione, mirando al dragón con gran interés.
Norberto había crecido mucho desde la última vez que lo habían visto los tres Gryffindors, ¡debía medir por lo menos unos diez metros de largo ahora! Las crestas de color negro que tenía a lo largo de su espalda brillaban al sol, sus escamas y unos pequeños cuernos que tenía en la cabeza eran demasiado brillantes a la vista. Estaba sentado sobre sus cuartos traseros, tenía una gran correa de metal alrededor de la boca que se unía a una gran cadena.
- Norberto es un Ridgeback Noruego. – dijo Hagrid con cariño, todavía acariciando al dragón – Se dice que es una de las razas más extrañas de dragones que hay hoy en día. Los Ridgeback desarrollan sus habilidades para lanzar fuego mucho antes que las otras razas…
- ¿Qué es lo que comen? – preguntó Draco, sonriéndole a Hagrid.
- Bueno… muchas cosas. Normalmente grandes mamíferos terrestres y criaturas acuáticas, pensad que es extremadamente extraño que un dragón os coma.
- ¿Podemos acariciarlo?
- Por supuesto. – contestó el profesor sonriendo, mientras el resto de la clase miraba al Slytherin en estado de shock. ¿Realmente quería acercarse lo suficiente como para llegar a tocarlo?
- Hagrid, - le dijo Hermione con nerviosismo, envolviendo un brazo alrededor de Draco para que no pudiera irse - ¿Cómo de seguro es Norberto?
- Una pregunta interesante. – reflexionó el guardabosques, mirando a sus alumnos – Ha sido sometido a varios hechizos aturdidores y le hemos retirado las garras. Después le pusieron la correa en la boca… que no se deshará a menos que alguien lo haga. Mientras no se suelte, estaréis bien.
- ¿Por favor, puedo acariciarlo, Hermione? ¿Por favor? – le rogaba Draco, son los ojos brillantes de emoción.
La chica alternaba una mirada ansiosa entre Draco y el dragón, del cual salía una gran bocanada de humo de sus fosas nasales y Hagrid la miraba esperanzada, así que suspiró.
- Está bien… pero ten mucho, mucho cuidado.
- Ahora acércate a él con cuidado y lentamente. – le advirtió Hagrid, viendo como Draco empezaba a correr, pero a su aviso empezó a disminuir la marcha.
- Sólo tienes que llegar y tocar sus escamas… así. – dijo el semi-gigante, agarrando una de las pequeñas manos de Draco en la suya y ayudándolo a extender su mano sobre las brillantes escamas.
- Es muy suave. – comentó Draco, que ahora acariciaba al dragón por su propia cuenta, mientras Hagrid observaba la escena como un padre orgulloso - ¿Puedo montarme en él? – lágrimas de felicidad se habían agolpado en los ojos de Hagrid que se agachó, abrazando a Draco mientras el niño gritaba cuando dio una vuelta haciendo un gran arco en el aire. Dándole un último apretón, Hagrid colocó al niño en la parte superior del lomo del dragón, justo detrás de las alas donde no había crestas afiladas
- Si pudierais adelantaros y coger uno de esos pergaminos… - la clase vacilante se adelantó, cogiendo cada uno un pergamino con un diagrama sobre los dragones con espacios en blanco para rellenar – Sentaos y acabadlo. Una vez hecho eso, no dudéis en venir a acariciar a Norberto.
- Parece que Draco realmente le hace justicia a su nombre. – dijo Hermione mientras se sentaba en un pequeño círculo con Harry, Ron, Lavender y Terry en su regazo.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó Lavender, mirando y saludando a Draco el cual todavía estaba en lomos del dragón, quien le devolvió el saludo con alegría.
- En latín, Draco significa dragón. Parece natural que se lleve bien con ellos. Sin embargo, estoy sinceramente sorprendida de que no esté asustado. Yo no hubiera querido acariciarlo.
- Bueno, yo no voy a acercarme a esa cosa. – dijo Ron, mirando hacia Norberto quien estaba resoplando - ¡Casi me arrancó la mano en primer año!
- Hagrid ha dicho que era perfectamente seguro. – dijo Harry – Pero, ¿qué está haciendo aquí? – Hagrid que estaba caminando hacia ellos escuchó la pregunta.
- Quería que mis estudiantes estudiaran a los dragones. – explicó, sentándose con un quejido junto a Hermione – Y el Ministerio dijo que si tomábamos las medidas pertinentes de seguridad, no debería haber problema.
- ¿Cómo le iba a Norberto en Rumania? – preguntó Harry.
- Era el mejor. – se jactó Hagrid - ¡Charlie me dijo que era el mejor lanzando llamas que habían tenido! Y me dijo que Norberto había conseguido novia en la manada. Mi pequeño ha crecido tanto.
El pequeño grupo continuó hablando de Norberto mientras rellenaban sus pergaminos, sin que ninguno viera al pequeño Slytherin.
- Lo siento. – le susurró Draco al dragón, acariciándole el cuello – A mí tampoco me gustaría estar encadenado. – Norberto resopló en acuerdo.
Echando un vistazo a su alrededor, Draco se dio cuenta que nadie le estaba mirando. Usando las crestas del dragón como escalera, trepó por su cuello hasta conseguir sentarse en la parte superior de la cabeza de Norberto.
Clavando las piernas cuidadosamente alrededor de los cuernos, Draco se sentó y empezó a meter mano en la correa, los dedos le cabían dentro con gran facilidad. Un segundo después sonaba un suave clic y la correa caía al suelo, acompañado del fuerte estruendo que hizo el bozal al caer al suelo.
Norberto dejó escapar un chirrido, lanzando su cabeza hacia atrás, mientras los estudiantes gritaban. Con un fuerte movimiento de su cabeza Norberto lanzó por los aires a Draco, para cogerlo cuidadosamente entre su boca, mientras parecía que una sonrisa se escapaba de las fauces del dragón.
- ¡SE HA COMIDO A DRACO! – gritó Hermione, poniéndose rápidamente en pie y empezando a correr hacia el dragón, que ahora libre de sus ataduras había alzado el vuelo - ¡SE ESTÁ YENDO!
Hagrid empezó a reír nerviosamente.
- Eso no tenía que haber pasado.
- ¿QUÉ HACEMOS? ¡OH, DIOS! ¡SE HA COMIDO A DRACO! ¡SE LO HA COMIDO!
- CONSIGUE CONTROLARTE. – gritó Harry, agarrando a Hermione por el brazo – TIENES QUE CALMARTE.
- ¡SE HA COMIDO A DRACO! ¿Y ESPERAS QUÉ ME CALME?
- ¡SÍ! – en ese momento Hermione se quedó en silencio y Harry respiró tranquilo – Escucha, el pánico no va a ayudar a Draco… tenemos que mantener la cabeza fría.
- ¡HA ATERRIZADO EN EL TEJADO! – gritó Ron, señalando una figura que destacaba en la torre más alta del castillo - ¡DE PRISA! ¡A POR LAS ESCOBAS! – para ese entonces, la mayoría de la escuela había oído el revuelo y estaban empezando a salir del castillo para saber cuál era el problema.
- ¿Qué está pasando aquí? – ordenó saber Snape, que estaba en su descanso y había decidido salir a caminar por los jardines cuando había oído los gritos.
- ¡SE HA COMIDO A DRACO! – llegó una frenética Hermione sollozando mientras señalaba a varios jugadores de Quidditch que montados en sus escobas habían subido a prestar "batalla" contra el dragón y mientras ella rezaba para que el niño todavía no hubiera muerto.
Los ojos de Snape se endurecieron y le arrebató la preciada Saeta de Fuego a Harry de las manos, montándose en ella, Harry estaba en completo silencio, sólo miraba en estado de shock como Snape pateaba el suelo y se lanzaba en un vuelo vertiginoso hacia el dragón.
- No pensaba que Snape sabía volar. – dijo Harry, mirando con asombro como el profesor de Pociones se lanzaba ágilmente alrededor de la bestia, disparando hechizos con la varita a la cabeza y al vientre del animal, sabiendo que eran las únicas zonas sensibles que no estaban protegidas por las gruesas escamas – Es increíble.
Segundos más tarde Norberto fue derribado contra el tejado y el castillo se estremeció ante el impacto, mientras Snape aterrizaba precipitadamente junto a él. Varios profesores más salieron de una de las puertas de la azotea, arrodillándose al lado del aturdido dragón. Desde el interior del dragón, si escuchabas con atención, podías oír unos golpes.
- Está vivo. – McGonagall dejó escapar un suspiro, desinflándose de alivio – Ni siquiera suena como si estuviera muy adentro… abrámosle la boca y echemos un vistazo.
Flitwick con su varita abrió la boca del dragón, mientras McGonagall y Snape se asomaban para ver a un niño pequeño aferrado a uno de los dientes más afilado, justo antes de ser engullido por la garganta de la bestia.
- ¡Tío Sev! – exclamó con alegría, con una gran sonrisa adornando su rostro - ¡Eso ha sido muy divertido! ¡Podía sentir como íbamos subiendo! – McGonagall se echó a reír nerviosamente, mientras Snape miraba a su ahijado el cual seguía con una amplia sonrisa en su cara - ¿Qué hubiera pasado si me hubiera soltado? – preguntó, mientras su agarre se empezaba a aflojar.
- Entonces, el estúpido dragón oficialmente te habría comido. – dijo Snape con el ceño fruncido – Mueve las piernas hacia adelante y hacia atrás y salta. – Draco lo hizo, aterrizando en la lengua del dragón – Ahora arrástrate hasta aquí. – volvió a hacerlo y Snape lo sacó rápidamente de allí con un fuerte abrazo – No vuelvas a hacer que me preocupe otra vez así. – murmuró contra el sedoso pelo rubio de Draco, ahora cubierto de saliva, pero Snape ni le prestó atención.
- Lo siento, tío Sev. – se disculpó Draco, abrazando al hombre alrededor del cuello – Pero no quería ver a Norberto atado… parecía triste.
- Prefiero que el dragón este triste a que seas su almuerzo.
- ¿Lo has matado? – preguntó Draco entrando en pánico, observando el cuerpo inmóvil del Ridgeback noruego.
- No, cariño, - le aseguró McGonagall – sólo lo ha aturdido. Aunque me sorprende Severus… ¿has aturdido a un dragón tu solo? Yo…
- Probablemente le ha ayudado el hecho de que Norberto no tenía garras y no podía lanzar fuego. – anunció Flitwick – Recuerdo haber leído que el Ministerio obligó al dragón a beber una poción que detenía el fuego en su interior… y ese efecto seguro que ha embotado sus sentidos demasiado.
- ¿Creéis que deberíamos decirles a los estudiantes que está vivo? – preguntó la señora Pomfrey, con la mirada fija en casi todos los estudiantes de la escuela, que ahora estaban reunidos en la base del castillo.
- Probablemente. – dijo McGonagall - ¿Alguna idea de cómo hacerlo bajar? – pero al parecer, Snape no estaba dispuesto a alejar de sus brazos a su ahijado por mucho tiempo y el niño parecía muy contento de seguir entre sus brazos.
- No… pero podemos hacer esto. Sonorus. – la enfermera se acercó al borde y miró hacia los estudiantes - ¡DRACO MALFOY ESTÁ PERFECTAMENTE BIEN! ¡POR FAVOR, CONTUNIAD HACIA VUESTRA PRÓXIMA CLASE A MENOS QUE SEÁIS UNO DE SUS TUTORES! ¡POR FAVOR, QUE SE REÚNAN CON NOSOTROS EN LA ENFERMERÍA!
- ¿Ves, Hermione? Draco está bien. – dijo Harry, dándole un abrazo a su amiga. Hermione asintió débilmente, para luego relajarse en los brazos de Harry - ¿Hermione? ¿Mione? – la chica se había desmayado.
Al trío le dieron el resto del día libre; ya que Hermione había pasado un "trauma emocional" y Draco necesitaba algo de tiempo para recuperarse. En realidad Harry, creía que eran Hermione y Snape los que necesitaban tiempo… Draco parecía estar perfectamente bien.
- ¿Estás lista para bajar a cenar, Hermione? – preguntó Draco, sentado a los pies de la cama de la chica, ahora ya vestía un conjunto de ropa limpia y el pelo ligeramente húmedo a causa de un reciente baño.
- Supongo que sí. – murmuró, sentándose - ¿Dónde ha ido Snape? – el profesor de Pociones se había negado a dejar al niño en todo el día y Harry tuvo que sonreír ante eso. Era un espectáculo ver que Snape se preocupaba tanto por alguien.
- El profesor Dumbledore le hizo bajar a cenar. – dijo Draco – Se supone que debemos bajar inmediatamente después de que te despertaras.
- Entonces, vamos. – dijo Hermione, levantándose de la cama para empezar a salir de la habitación, Draco iba detrás de ella cual perrito siguiendo a su dueña y llegaron a la sala común donde Harry les estaba esperando. Les sonrió, levantándose del sofá y uniéndose a ellos, alzando a Draco en el aire y colocándoselo encima de sus hombros.
Cuando entraron al Gran Comedor, la gente sonreía y saludaba a Draco; contentos de que el niño estuviera bien. Después de que el pequeño grupo se instalara en la mesa de Gryffindor y hubieran comenzado a cenar, Dumbledore se puso en pie para hacer un anuncio.
- Atención estudiantes, - dijo, haciendo callar a todo el comedor – Estoy bastante seguro de que todos habéis oído hablar del incidente con el dragón, tal como ha pasado, Norberto deberá volver mañana a Rumania… - en ese punto se escuchó un fuerte sollozo de Hagrid - … donde permanecerá el resto de sus días. Para aquellos de vosotros que no sepáis lo que ha pasado, el joven señor Malfoy fue engullido por Norberto esta mañana, pero está perfectamente bien… por desgracia no podemos decir lo mismo de su tutora. – todas las cabezas se volvieron hacia Hermione, que agarraba a Draco, negándose a soltarlo.
- Y ahora concluiremos el día. Por favor, recordad que tenemos prevista una vista a Hogsmeade en dos días, para estudiantes de tercero hacia adelante. Deberías ir, será agradable. – dicho eso el director volvió a sentarse y las conversaciones en el comedor se reanudaron.
- ¡No puedo esperar! – se río Draco, aplaudiendo – Yo puedo ir, ¿no?
- Por supuesto. – le prometió Harry, removiéndole el pelo. Pero dentro de su cabeza había un pensamiento muy diferente. "Debería ir bien… Draco no puede causar muchos más problemas, ¿verdad?". En ese momento una pequeña niña se acercó a la mesa, con los ojos brillándole con malicia. "Draco no," concluyó Harry "pero Pansy puede."
