Realmente no tengo mucho que comentar sobre este capítulo.

Simplemente comentar que esta historia ha sido muy meditada, no es algo que haya ido escribiendo sobre la marcha. Este era al punto al que quería llegar; pero para ello se debía recorrer un camino.

Como curiosidad, mientras repasaba el capítulo iba escuchadno "Chasing the black-chaped man" de la BSO de Final Fantasy VII y creo que la melodia le queda bastante bien (por aquellos que les mole poner banda sonora a las lecturas XD).

Muchas gracias a los que se dedican parte de su tiempo a esta historia; ya sea leyendo y/o dejando reviews. Me gusta escribir y me halaga ver que llega a la gente algo que (en parte) ha nacido de mi imaginación.

¡Nos vemos!

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CAPÍTULO 7

"–Nadie me echará de menos.

–Eso no es cierto. Yo sí."

"Yo... yo también te he echado de menos, Axel."

Testarudez. Era una palabra con la que podía describirse su carácter. Nadie suele esperar que un muchacho de aspecto frágil se rebele contra superiores que le duplican la edad y casi la altura. Pero Roxas había mostrado una curiosidad difícil de contentar. Quería respuestas. Las buscaba. Y al final las obtenía.

Una vez había desafiado una autoridad que podría haberlo borrado de la faz de tierra, abandonado la Organización XIII al amparo de la oscuridad. Axel lo había seguido y seguramente habría podido obligarlo a regresar por la fuerza; pero no lo hizo. Tantas veces como intentaran detenerlo serían las veces que él volvería a escapar en busca de la verdad. Por eso el pelirrojo lo había dejado marchar, sin intención de aplazar lo inevitable.

Y ahora seguía haciendo gala de esa cabezonería. Había atravesado la oscuridad para encontrar a Axel y lo encontraría. Lo arrancaría de su existencia mayor si era necesario. Al fin y al cabo, él esa especial. El incorpóreo del elegido. Contaba con recursos con los que ningún otro ser viviente podía soñar siquiera.

El estómago se le encogía a causa del malestar y las emociones mal contenidas. En tres días su sistema no había aceptado ningún tipo de alimento. Pero bueno, aquello tampoco era tan grave. Él no podía morir. En aquel momento las necesidades vitales como el sueño o el hambre estaban muy por debajo de sus preocupaciones.

"Puedes intentarlo una vez más; abandonar y buscar un nuevo camino; o quedarte paralizado mientras buscas una respuesta."

Roxas había decidido intentarlo una vez más. Al amparo de la oscuridad nocturna, se dirigió a la habitación de Lea. Avanzaba en silencio, colocando los pies expertamente para no producir ningún ruido, recordando lo aprendido durante su estancia bajo las órdenes de Xemnas. Aquellas lecciones tenían algo de militar, y ahora le resultaban de ayuda.

Envuelto entre mantas, Lea dormía profundamente. Roxas intentó pausar su respiración, anulando al máximo su presencia. En su puño, el peso del arma le pareció momentáneamente excesivo. La llave espada de Ansem, creada artificialmente tiempo atrás en Bastión Hueco. Una vez había obligado al elegido a blandirla contra sí mismo. Ese viejo ya había sobrepasado su esperanza de vida, no tenía porque ser más difícil.

Abrir el corazón a la oscuridad. Ese era el cometido de aquella arma. Parecía tan fácil alzarla y clavarla en el pecho de una persona indefensa... y le estaba costando demasiado. ¿Culpa quizás ?¿Por atacar a alguien que no puede defenderse ?¿Era más noble apuñalar a alguien que tenía la oportunidad de contraatacar? Tragó saliva.

Quizás la amabilidad del anciano era lo que hacía tan difícil esa tarea. Lo había acogido en su casa y lo había cuidado. Y él... bueno, lo odiaba. Lo odiaba porque era el ser original de donde había salido Axel; y su presencia equivalía a la inexistencia de su compañero. Lo odiaba porque a pesar de todo había mostrado compasión hacía él; con lo cual no le permitía crearse la imagen de un enemigo al que eliminar.

Pero era más que la culpa de traicionar la mano amiga que le había ayudado. Lo condenaba al dolor infinito, al grito de la oscuridad de los corazones extraviados. Y... bueno, no había nada en este mundo que mereciera escoger ese camino. Si Axel reaparecía, quizás lo odiaría por haberle devuelto una media existencia anclada a las tinieblas. Y eso sí que no podría soportarlo. Más que no poder existir en el mismo plano: si Axel lo odiara, entonces sería definitivamente inalcanzable.

Aun y así, había una posibilidad de que aquel fuera el camino correcto. Y la decisión ya estaba tomada. Medio siglo arrastrándose en la oscuridad le había llevado hasta allí. Y ahora, bajo la luz blanquecina de la luna, tenía que dar un último paso. El filo de la llave espada centelleó en la oscuridad, siniestro. Iba a hacerlo. Tenía que hacerlo. Lea seguía durmiendo, ajeno a todo. Con la empuñadora aferrada entre sus manos, dejo caer todo su peso sobre el arma, en una trayectoria que se le hizo eterna.

Algo blanco nubló su visión momentáneamente. Reconoció la forma de unas plumas revoloteando cerca de su cara. El relleno de la colcha se fue apartando de su vista hasta ver unos ojos verdes que lo miraban severamente desde el otro lado. Unas manos viejas pero fuertes aferraban aquella arma, desviando el blanco unos veinte centímetros.

–Traidor –fue lo único que pronunció el anciano.

–Sabías que lo haría –la voz de Roxas tembló ligeramente; pero no su mirada.

–Hm... supongo que sólo era cuestión de tiempo.

–No he atravesado la oscuridad por un viejo.

–Lo sé. Pero no tienes agallas para eliminar a este viejo.

–Eso lo veremos –masculló entre dientes.

–No veré nada, Roxas. Sí realmente quisieras hacerlo, ya lo habrías conseguido. No habrías esperado tantos meses –Lea se incorporó –. Lo que ocurre es que tu conciencia no sería capaz de cargar con ese peso.

–No estés tan seguro –la frase sonó menos amenazante de lo que deseaba.

–¿Realmente crees que podrías anular mi existencia sin pestañear ?¿Después de todo lo que he hecho por ti ?¿Después de lo que te conté sobre el grito de la oscuridad? Permíteme que lo dude, niñato –Lea le dirigió una mirada desafiante –. Puede que fueras un mimado; pero nunca tan egoísta como para llegar a este extremo.

Las manos de Roxas temblaron, sudadas, aun con la empuñadura entre ellas. No podía. Deseaba hacerlo; pero no podía. Nunca se había sentido tan impotente, tan humillado como en ese instante. Se dejó caer sobre el colchón, derrotado.

–Dijiste... dijiste... –suspiró ruidosamente– Dijiste que Axel había dudado. Que no sabía lo que quería. Que había demasiadas cosas que lo vinculaban al reino de los seres de la oscuridad. Quizás... esa era la razón. Había una oportunidad.

Joder con Axel... Nunca una media existencia había dando tantos problemas.

Hizo un amago por acercarse al rubio, y se fijó en aquel reflejo rojizo que tenía en el pelo y los ojos ligeramente verdosos. Casi había olvidado que la primera apariencia de Roxas no era así. El joven continuaba quieto, temblando, tomándose la libertad de dar rienda suelta a su desesperación después de tanto tiempo. Las lágrimas caían sobre el metal oscuro del arma.

Realmente no podía llamarse "Sabio" a alguien que sentenció a los incorpóreos como seres sin capacidad de sentir. El que tenía allí delante experimentaba emociones tan intensas como para desarrollar una enfermedad. El único color que mostraba su rostro era le rubor de la fiebre.

Lea notó como una presencia se revolvía en su interior, presionándolo. Después de tantos años, había llegado el momento de sincerarse consigo mismo.

–No son exactamente mis recuerdos, así que no puedo asegurarlo... pero creo que Axel nunca te explicó por qué buscaba al espíritu de fuego.

Roxas no alzó la vista de sus manos; pero prestó atención por un segundo.

–No me contó nada. Y tú me dijiste... bueno, ya sabes lo que me dijiste.

–Ya. Es que... –se detuvo para buscar las palabras correctas – en realidad, siempre, en cualquier vida, he tenido la misma pregunta. Todo era muy confuso, muy difícil... Había muchas contradicciones entre lo que debía y lo que deseaba hacer... y necesitaba conocer si el camino que había elegido era el correcto.

–¿Y era el correcto? –preguntó, curioseado por aquel arrebato de sinceridad.

–Confiaba en que un ente abstracto como el espíritu de fuego me diera una respuesta que yo no podía darme. Y mientras tanto iba aplazando la decisión.

–¿Conseguiste tu respuesta?

–¡Je! He tenido más de cincuenta años para pensar y sigo sin estar seguro. Y no por no saberlo, sino por no aceptarlo. Tú tienes muy claro lo que quieres... y en cierto modo te envidio, Roxas.

–De que sirve saber lo que quieres si no puedes cumplirlo –murmuró el joven arrastrando la llave espada hacía sí.

–Con ello tienes medio camino cumplido –esta vez sí que se acercó al joven –. Roxas, dame eso.

–...

–La llave espada, Roxas –dijo ofreciendo la mano para que se la tendiera.

–Desaparecerá de tus manos en segundos.

–Razón de más para que me la des. No te lo voy a robar, si regresará a ti en nada. Sólo quiero comprobar una cosa.

–...

–Roxas...

Ante la insistencia del anciano, Roxas le entregó la llave espada por la empuñadura con gesto cansado. Lea la sostuvo con ambas manos, nivelando el peso desconocido con la diestra colocada en mitad del arma. En escasos segundos se volatilizaría para regresar al incorpóreo.

Roxas seguía el brillo oscuro del metal cuando este desapareció en el pecho del anciano. Antes de que pudiera decir nada, antes de que su cerebro asimilara la imagen que captaban sus ojos, Lea le dedicó una sonrisa irónica. Habló, y su voz sonó extrañamente lejana.

–Recuerda una cosa: esto no lo hago por ti, lo hago por mí – dijo con orgullo.

El más joven quiso hablar; quiso moverse, hacer algo... pero su cuerpo lo traicionaba y sólo podía permanecer inmóvil, contemplando la escena que se desarrollaba ante sus ojos.

–Muchas veces me he preguntado si existir como incorpóreo era el camino correcto. Y no lo es. Pero para mí es el único que vale la pena.

Y fue la voz de Axel, fue Axel quien dijo aquellas palabras.

Y después ya no hubo nada más. Los dedos de Roxas se movieron cuando la llave espada regresó a ellos, envolviéndose alrededor de la empuñadura, devolviéndolo a la realidad. La habitación, la casa, estaban vacías.

Lea había desaparecido. La respuesta que había encontrado lo había dirigido a la media existencia de la oscuridad. Quizás era lo mejor, quizás se lo esperaba. Pero aun y así...

"Recuerda una cosa: esto no lo hago por ti, lo hago por mí."

Tendría que recordarlo si volvía a verlo. Saldría en su busca, y lo encontraría. Cumpliría su objetivo y después... lo que vendría después no lo sabía. Ahora, simplemente, volvía a estar solo en el mundo.

Inspiró hondo y se secó las lagrimas bruscamente con el dorso de la mano.

Había llegado el momento de continuar el viaje.

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