Pues después de tanto tiempo (always), aquí está el capítulo nueve, espero que les guste. Sin mucho más que decir, ¡a leer!
Uno, dos, tres, cuatro, cinco… buzón. Lo mismo pasó las siguientes veinte veces que marcó aquel número. Había empezado a preocuparse pues no sabía nada de su amiga desde la noche anterior. No había amanecido en la casa de los gemelos por lo que había llamado una y otra vez a su departamento corriendo con la misma suerte que al marcar a su celular. Pero después de ver esas fotografías le urgía encontrarla.
Sabía que se conocían, pero de eso a tener una "relación" había un gran trecho; además, hasta donde ella sabía, su amiga tenía novio. Y no era una de esas con las que solía meterse el rubio. Pero las fotos no mentían. Justo por eso llama a su celular por enésima, pero nadie responde.
¨ ° º O º ° ¨
Una taza humeante de chocolate en una mano, un libro sobre su regazo cubierto con una delgada pero cálida cobija y recostada en el sillón, era la descripción de un buen domingo, aunque claro, ese buen domingo no incluía el cansancio y tristeza que sentía justo ese momento por lo que no era tan bueno como parecía.
Su celular suena por enésima vez en ese día. La foto de su pelirroja y alegre amiga aparece en la pantalla por vigésima vez, al parecer le urgía hablar con ella pero ella no tenía ganas de hablar con nadie. Aunque Ginny Weasley no era la única que le había llamado. Tenía más de quince llamadas perdidas de su amiga Carrie, unas cuantas de Ron, algunas de Harry y dos de un número desconocido. Sabía que sus amigos debían estar preocupados por no poder contactarla, pero estaba ocupada pensando en todo lo que había pasado que no quería hablar con nadie más. Carrie había ido a buscarla el día anterior, cerca de las ocho de la noche, pero teniendo en cuenta el deprimente aspecto que la castaña tenía y no queriendo preocuparla, no abrió.
Pero entre todo esto, hubo algo que iluminó un poco su día. La única llamada que respondió. Cormac McLaggen le llamó al medio día para darle la noticia de que era una fuerte candidata para presentarse en el African Photo Fest y que de ser seleccionada recibiría un correo con toda la información necesaria sobre los documentos que tendría que presentar y demás situaciones; pero claro, Cormac le avisaría antes.
"Dentro de un mes, más o menos, se darán los resultados definitivos, pero estoy seguro de que tú serás seleccionada así que… prepara tus maletas" había dicho el rubio.
Hermione no pudo evitar sonreír, sabía que el Festival era hasta dentro de un año, pero, de ser elegida, tendría que viajar seis meses antes a África para realizar su trabajo. Esa idea de dejar Londres por medio año le parecía lo idóneo para el momento que estaba viviendo, olvidarse de todo lo que le estaba pasando. Esperaba ser seleccionada como una de las expositoras, no sólo porque eso daría a conocer su trabajo a nivel mundial, lo que le abriría muchas puertas, también porque viajar a África debía ser una experiencia única. En el fondo, sabía que sería difícil dejar a sus amigos, su trabajo, su vida, pero de tener que hacerlo no dudaría ni un segundo en tomar sus maletas e ir a cumplir un sueño.
Pero mientras se daban esos resultados, no podía quedarse encerrada en su departamento. Tenía que hablar con Nathan, aclarar las cosas y, en caso de que ya no hubiera solución, terminar con su relación lo mejor posible. Ella lo quería mucho, no podía decir que lo amaba, pero si lo quería y le tenía mucho cariño, así que no quería perder todo por… por lo que había pasado; tenía que intentar conservar al menos su amistad.
También tenía que llamar a Ginny, hablar largo y tendido con Carrie, tranquilizar a Ron y tener una plática, que bien le hacía falta, con Harry, al fin, él era su mejor amigo desde que eran niños. Pero eso lo haría después, en ese momento sólo se dejaría llevar por ese libro de ficción que Carrie le había recomendado una y otra vez, ¿qué mejor forma de escapar de tus problemas, por un rato al menos, que un buen libro?
¨ ° º O º ° ¨
Estaciona frente a un lugar nada agradable. Una casa de una planta y aspecto lúgubre; al igual que las demás construcciones de la calle, pareciera que todo el lugar estaba abandonado, pero era entendible teniendo en cuenta con quien se reuniría en esa casa.
Baja del auto y siente una ráfaga de aire que le produce un escalofrío. Se pregunta porque la reunión tenía que ser justo a esa hora. Mira el cielo estrellado, la Luna era oculta por las oscuras nubes amenazando con soltar su lluvia en cualquier momento, tal vez era por eso que "El Jefe" había decidido esa hora, la oscuridad de la noche le daba un aspecto aun más tétrico al ambiente y causaba miedo en cualquiera que intentara acercarse.
Camina hasta la acera y una blanca sonrisa lo recibe. Eso lo hace desconfiar más.
Después de dejar a Granger en su departamento el día anterior, no dejó de pensar en lo que pasó en todo en día; pero al día siguiente, después de conseguir el número de la castaña y llamarla más de lo hubiera llamado a cualquier mujer, es decir, dos veces y sin obtener respuesta, a su cabeza llegó la corta conversación con su moreno amigo. Al pensarlo mejor, se dio cuenta de que no había sido tan buena idea aceptar su oferta, sabía de qué iba ese negocio, su padre trabajaba para él y a pesar de nunca haber tenido problemas seguía sin convencerse del todo. Durante la fiesta le había dicho que estaba dentro sólo porque tenía que librarse de él para evitar que la ebria de Granger hiciera una tontería. Y ahí estaba, pensando de nuevo en ella.
Niega con la cabeza y sigue a su moreno amigo al interior del lugar. Era frío y oscuro, un tanto húmedo pero parecía seguro, o bueno, sabía que nadie lo vería. Llegan a una puerta en el fondo de la casa, Zabini toca dos veces, esperan un par de segundos y la puerta se abre. Entran. El rubio con una mirada altiva, más por costumbre que por otra cosa, mira el lugar. La luz era baja, por lo que el hombre sentado en la punta contraria de la larga mesa no se veía completamente. Una chimenea crepitando detrás de la silla hacia cálida la habitación.
—Retírate, Zabini —dice el hombre con voz suave pero firme.
El moreno inclina la cabeza, le da una palmada al rubio en el hombro y sale del lugar. El rubio no dice nada, Blaise le había advertido que no hablara a menos que Voldemort se lo pidiera. Un hombre de aspecto cetrino aparece, su cabello largo y grasiento hasta los hombros lo permiten reconocerlo de inmediato. Severus Snape. Ese hombre había sido su profesor en Hogwarts, no recordaba exactamente que asignatura impartía pero estaba seguro de que era algo en relación con arte, y si trabajaba para Voldemort, un traficante de arte, era más que obvio que sabía sobre ello.
Murmuran algo que él no logra escuchar. Snape le entrega un folder a Voldemort, le lanza una mirada escrutadora al rubio y sin decir más desaparece justo como había aparecido, entre las sombras.
—Acércate —habla el pálido hombre, mirando los papeles dentro del folder.
El rubio se acerca hasta quedar a un par de metros frente a él, ni tan cerca ni tan lejos.
—Zabini dijo que estabas seguro de querer trabajar conmigo, debes saber que yo no acepto a cualquiera, si estás aquí en por recomendación de Zabini —dice Voldemort aún sin mirarlo—, pero para que estés dentro y puedas gozar de todo lo que alguien obtiene al trabajar conmigo necesito que hagas este trabajo —cierra el folder y se lo tiende.
Draco lo toma enseguida y hace ademán de abrirlo, pero Voldemort lo detiene.
—No aquí, vete, revisa, piensa y dale a Zabini una respuesta el día de mañana, si aceptas tienes dos semanas para planearlo y hacerlo; si decides no hacerlo… nosotros nos haremos cargo —los ojos de Voldemort se oscurecen con malicia.
Ellos se harían cargo, el rubio supo que no sería sólo cosa de realizar el trabajo sino también de no dejar cabos sueltos. Sin esperar más, da media vuelta y vuelve sobre sus pasos dejando ese lugar…, aunque no por última vez.
¨ ° º O º ° ¨
"Draco Malfoy, se abre al mundo… ¿y al amor?"
La portada de la revista llamaba la atención de la mayoría de las personas que pasaban cerca de algún puesto de revistas, además de todas aquellas mujeres que estaban suscritas a la revista y gracias a esto recibían cada mes el nuevo número.
La fotografía del rubio actor en si llamaba la atención, pero las pocas palabras del artículo principal lograban aún mayor impacto. Durante todo el mes, Weasley Magazine había estado anunciando que su siguiente número sería dedicado en gran parte al joven Malfoy, habían obtenido una entrevista exclusiva, personal, con el rubio que prometía mucha información. Muchas mujeres estaban ansiosas por leerla, sobre todo las admiradoras del atractivo actor.
Pero lo que más lograba que la revista fuera adquirida era el "amor". ¿Draco Malfoy enamorado? Era sabido por todo el mundo que el rubio actor no era de los que tuvieran relaciones duraderas. Siempre se le veía con una mujer diferente así que el decir que estaba enamorado de verdad podía tomarse sólo como un chisme más, pero si había fotografías que lo demostraban… tenías que comprar la revista para juzgar por ti misma.
Ese fue el pensamiento de la pelirroja directora de diseño de la revista al enterarse sobre dichas fotos. Y vaya que había funcionado, pues la revista parecía estar vendiéndose como pan caliente. Pensó mucho en si publicar las fotos o no, llamó un sin fin de veces a la castaña para que le explicara pero nunca respondió, por lo que al final las publicó sin más. Si, tal vez su amiga terminaría odiándola, pero ese era su trabajo y bueno… no podía decepcionar a sus lectores.
"Este chisme pasará pronto" se repetía la pelirroja una y otra vez, sabía que las noticias de ese tipo no duraban más de unas semanas en la boca de todos por lo que le diría a su amiga que no tendría que preocuparse por tanto tiempo.
Lo que no sabía era que esa noticia no sólo haría que Hermione Granger la odiara, sino que odiara al mundo entero por creerse esa tontería y también odiaría a Draco Malfoy por ser tan famoso y hacer lo que había hecho en plena calle, pero sobretodo se odiaría a ella misma por ser tan débil y dejar que el rubio hiciera lo que hizo.
¨ ° º O º ° ¨
— ¡Draco Lucius Malfoy! —se escucha el grito en todo el auto.
— ¡¿Qué demonios te pasa, Parkinson?! —exclama igual de molesto que la morena, con todo lo que había pasado la noche anterior, no estaba para soportar los regaños de su amiga y asistente.
—Detente en el primer puesto de revistas que encuentres, compra la Weasley Magazine de este mes y ¡dime que demonios te pasa a ti! —responde Pansy, segundos después la llamada termina.
El rubio frunce el ceño sin comprender. Su entrevista debía ser lo que se publicara en la Weasley Magazine de aquel mes, ¿por qué la morena estaba tan molesta ante eso?
Se detiene en un semáforo en rojo, justo en la esquina ve un puesto de revistas y desde su auto llama al vendedor.
— ¡Hey, tú! Dame la Weasley Magazine más reciente —pide el rubio sacando dinero de su billetera.
El vendedor, un hombre de unos cuarenta años, flacucho, con barba y bigote entrecanos, frunce el ceño pensando en si era una buena idea vender una revista a un auto en media calle, pero al ver la revista y darse cuenta de que aquel rubio era el mismo de la portada no lo piensa más y se acerca rápidamente.
—Aquí tiene, señor —dice entregando la revista.
—Sí, toma —el rubio le paga—, quédate con el cambio.
—Gracias, señor —el hombre inclina ligeramente la cabeza y se aleja hacia la acera.
"Draco Malfoy se abre al mundo… ¿y al amor?" lee frunciendo el ceño, no recordaba haber dicho nada acerca del amor en su vida, ni siquiera tenía amor en su vida.
"El rubio ¿enamorado? Las fotografías lo demuestran pero, ¿será verdad?" lee las letras más pequeñas.
¿Enamorado? ¿Fotografías? ¿Pero de que mierda estaban hablando? Draco abre la revista y pasa rápidamente las páginas, se detiene al encontrar el artículo. Una fotografía de las que Granger había tomado en Malfoy Manor ocupaba toda una página siendo el inicio de la entrevista que se expandía por cuatro páginas más; seguido de esto, ocupando dos páginas más, estaban las fotografías que demostraban que él tenía algo con esa chica. Ocho fotografías, de un cuarto de página cada una. Se podía ver a él saliendo de un edificio de departamentos y subiendo a su auto, pero lo que causaba "sorpresa" era la chica de rebelde cabello castaño que subía con él. En otra se veía a ellos volviendo al edificio, después cuando estuvieron muy cerca uno del otro. Pero eran las últimas tres las que lo paralizaron pues se veía claramente cuando ellos se besaban.
"Granger" es lo primero que se le viene a la mente, ella era la culpable de todo eso, era amiga de Ginny Weasley por lo que debía haberla llamado para darle algo más para vender.
Escucha varios cláxones al salir de su ensimismamiento, el semáforo ya había cambiado a verde, deja la revista a un lado y avanza de nuevo.
—Llama a Granger —dice en voz alta, sin despegar la vista del camino.
Suena…, buzón. Tres veces le había llamado ya y no había respondido a ninguna, pero él tenía que hablar con ella.
—Maldita sea, Granger, responde el jodido teléfono —gruñe en voz baja, pero ya no vuelve a marcar.
¨ ° º O º ° ¨
Al cruzar las puertas se encuentra con lo mismo de siempre, el vestíbulo con la pequeña sala de espera, fotografías colgando en las paredes y la recepción. Respira profundo, siente que está donde tenía que estar, nada de fiestas ni salidas con rubios creídos, ella era una fotógrafa que siempre estaba inmersa en su trabajo y no podía negarlo ni cambiarlo, no fingiría ser alguien que no era, eso sólo le había traído problemas.
—Granger —la llama la rubia recepcionista—, te han estado llamando como mil personas, lo cual no entiendo, es decir, no eres tan interesante, pero en fin —toma una pequeña nota y se la tiende a la castaña—. Ellos hablaron, unos más que otros pero da igual.
Hermione toma la nota y después de un "gracias" camina hasta el ascensor.
Ginny Weasley
Carrie
Harry Potter
Ron
Luna
Secretaria Sr. Belknap
Eran los nombres escritos en la nota. Sale del ascensor y camina hasta su oficina. Al entrar sonríe tranquila. Si, ahí era justo donde debía estar.
Lee los nombres de la nota de nuevo y decide llamar a la secretaria del señor Belknap. Se sienta detrás de su escritorio, saca una pequeña agenda de un cajón y busca el teléfono. Mientras ella marca, en la planta baja, una llamativa peliazul entra al vestíbulo con una mochila negra al hombro, una cámara colgando de su cuello y un nuevo tatuaje en el brazo derecho que quedaba a la vista gracias a la blusa sin mangas que vestía.
—Hola —saluda sonriendo amable a la recepcionista—, quería saber si ya llegó Hermione Granger —dice la peliazul.
—Sí, acaba de llegar —responde la rubia, neutra.
—Genial —Carrie sonríe y camina rumbo al ascensor.
—Oiga, espere, no puede subir, tengo que avisar… —habla Lavender antes de ser interrumpida.
—No se preocupe, ella me conoce —la peliazul le resta importancia con la mano y llega hasta el ascensor.
Pero la rubia recepcionista se apresura hasta ella y la detiene poniéndose enfrente.
—Señorita, no puede pasar si no la anuncio, así que por favor, espere.
Carrie rueda los ojos y con un "de acuerdo" vuelve frente a la recepción. La rubia marca, entonces Carrie ve algo que llama su atención, una revista con un rubio muy conocido en la portada, así que el egocéntrico de Malfoy al fin había dado una entrevista a una revista. La toma y comienza a hojearla sin interés, al llegar a la parte dedicada a Malfoy se detiene a leer unas pocas líneas dejando salir unas cuantas risas irónicas de su boca. Al pasar la entrevista se paraliza, las fotografías que mostraban al rubio con su "nuevo amor" ocupaban las dos páginas pero la peliazul no podía creerlo.
Se dirige rápidamente al ascensor sin escuchar las palabras de la recepcionista que le decía que podía subir y después le reclamaba por llevarse su revista. Al llegar al segundo piso sale del ascensor y corre hasta la segunda puerta de la izquierda. Toca impaciente, con la revista en su mano y los ojos clavados en ella, aún sin creer lo que veía.
La puerta se abre a los pocos segundos, una castaña fotógrafa la recibe con una débil sonrisa que decía claramente "perdón por no responder todo el fin de semana", pero la peliazul ni siquiera parece percatarse de eso porque enseguida cruza el umbral y cierra la puerta tras de si, como esperando que nadie la viera entrar, como si aquello de lo que fuera a hablar con su amiga no estuviera ya publicado en una reconocida revista con un famoso actor en portada.
—Dime que no es cierto —es lo primero que sale de la boca de Carrie.
La castaña frunce el ceño sin saber a qué se refiere, pero recibe la respuesta en cuanto su amiga le muestra la revista abierta en la página de las fotografías.
—Ahora entiendo porque no respondiste todo el finde —dice Carrie con notado sarcasmo.
Hermione toma la revista casi arrebatándosela de las manos. Sus ojos como platos, su respiración entrecortada y sus labios entreabiertos demostraban su incredulidad.
¿Dónde? Lo sabía. ¿Cuándo? También lo sabía. ¿Por qué? Era obvio. ¿Cómo? No tenía idea. ¿Cómo se habían enterado que Malfoy estaba ahí? ¿Habría sido alguno de sus vecinos? No lo creía.
Sin despegar la vista de la revista, camina hasta uno de los sillones que había en su oficina cerca de la ventana y se deja caer en él.
— ¿Hermione? —pregunta Carrie al ver su reaccionar, pero la castaña no responde—. ¿Estás bien?
Hermione siente como sus ojos de humedecen, justo como lo habían hecho todo el sábado después de lo que pasó con Nathan hasta que se quedó dormida.
—Yo… esto… —balbucea la castaña, pensando en sólo una cosa, si tenía alguna oportunidad de arreglar las cosas con Nathan, esas fotos se llevaban esa oportunidad al demonio.
—Hermione, ¿qué pasó? —pregunta Carrie poniéndose seria, actitud que pocas veces adoptaba pero que siempre que lo hacía era porque la situación lo merecía.
—Nathan —murmura Hermione con tristeza, hasta ese momento parecía darse cuenta de que su relación de prácticamente seis años con el moreno terminado por completo.
— ¿Nathan? ¿Qué pasó con él? —pregunta la peliazul sentándose a su lado.
—Se acabó, Carrie —habla la castaña, cerrando la revista y dejándola en la mesa de centro, desvía la vista al ver la portada—. Nathan nos vio, no sé porque pasó… yo… Malfoy —niega con la cabeza y baja la mirada.
—Hermione, dime que pasó desde la fiesta, la última vez que te vi estabas bailando con un tipo que no conozco —pide Carrie mirándola preocupada.
—No sé qué pasó, no lo recuerdo, no sé porque tomé, podría decir que fue para divertirme un poco pero… —comienza Hermione y mira hacia la revista— no lo fue.
—Para olvidar —suelta la peliazul, llamando su atención, la castaña la mira sin entender—. Tomaste porque querías olvidar —explica—. La primera vez que me emborraché hasta no recordar nada al día siguiente fue después de que murió Lia; y tú sabes que a esa vez le siguieron más y más. Todo estaba mal, mis padres, Leo, yo… —se detiene por unos segundos, con la vista clavada en la ventana—. Comencé a tomar con desesperación buscando olvidar. Tú lo hiciste por eso —vuelve a mirar a Hermione—, la pregunta aquí es ¿que querías olvidar?
La castaña une su mirada con la de su amiga. Lia…, hace tanto que no escuchaba su nombre.
—Bueno, tengo que irme —Carrie se levanta y evita mirar a su amiga—, Leo llamó para decir que hoy vendría a casa de mis padres para cenar así que tengo que ayudar a mamá a preparar todo —abre la puerta, Hermione ya estaba tras ella—. Iré mañana al edificio, Hagrid tiene un departamento vacío así que seremos vecinas y ya tendremos tiempo de platicar —la peliazul sonríe un poco, la castaña sabía lo mucho que aún le afecta a hablar de Lia.
Carrie se despide con un beso en la mejilla y sale de la oficina sin decir más.
¨ ° º O º ° ¨
El caso se le estaba yendo de las manos. La pista de los cuadros robados se había esfumado en el mercado negro y a Voldemort parecía habérselo tratado la tierra, como siempre pasaba después de un robo. Había revisado ya todos los documentos sobre el caso, había vaciado todas las cajas y los escritorios y pizarrones de la sala estaban llenos de esos papeles. Aun así seguían sin avanzar en la investigación.
Frustrado, toma la taza de café de su escritorio y da un sorbo. Mira por la ventana cuando escucha una voz queda a su espalda, gira y se encuentra con una Tonks que no recordaba haber visto antes. El rostro de la detective demostraba incredulidad pero sobretodo tristeza, fue eso lo que impactó al azabache.
— ¿Tonks? ¿Estás bien? —pregunta Harry dejando su taza en su escritorio y analizando la actitud de su compañera.
— ¿Por qué no me lo habías dicho? —dice Tonks ignorando las preguntas de su jefe.
— ¿Decirte que?
Tonks avienta un folder sobre el escritorio del ojiverde, quien frunciendo el ceño lo toma para comprender a que venía todo eso. Era el informe del robo a Slughorn así que Harry entiende lo que pasaba.
— ¿Por qué no me dijiste? —pregunta Tonks de nuevo.
—Lupin pidió que no se te dijera —responde Harry.
—Yo tenía derecho a saberlo, el cuadro lo hizo para mí, ¡debieron decirme! —exclama la detective presionando los puños, notablemente molesta.
—Lupin lo pidió, él quería ser quien te lo dijera —explica el azabache, entre sorprendido y molesto, estaba demasiado estresado con la investigación como para soportar un arranque como eso.
— ¿De verdad? Pues ya lo veremos entonces —Tonks da media vuelta y camina hasta la salida.
—Tonks, no puedes irte así, estás en horario de trabajo —la detiene Harry desde su lugar, imponiendo, como pocas veces lo hacía, su puesto de jefe del lugar.
— ¿No? ¡Mírame! —grita la detective y sale dando un empujón a la rubia que entraba justo en ese momento.
— ¿Pero qué le pasa? —pregunta Astoria mirando a Harry confusa.
El azabache niega con la cabeza y se deja caer en la silla detrás de su escritorio. La rubia camina hasta el fondo de la sala y se sienta en el borde del escritorio del chico.
— ¿Qué te pasa a ti? —pregunta Astoria clavando su mirada en él.
—Nada —dice Harry tomando un informe y leyéndolo por tercera vez.
Greengass lo mira unos segundos. Sonríe un poco. Se levanta y se coloca junto al azabache. Le quita el informe de las manos con delicadeza, él dirige su mirada a ella.
—Claro que te pasa algo, estás muy estresado por el caso —dice la rubia y toma la taza del ojiverde—. Así que trata de relajarte un poco —le tiende la taza, Harry la toma y sus manos se rozan.
Se miran sin decir nada. Una sonrisa sincera se forma en los labios de Harry, la rubia corresponde.
— ¿Qué te parece si esta noche nos relajamos y vamos a divertirnos un poco? ¿Un bar? ¿Una disco? ¿Qué dices? —sugiere Astoria alzando una ceja, gesto que había copiado de un viejo conocido suyo.
Harry la mira y suelta un suspiro mientras niega con la cabeza.
—No, Astoria, tengo que seguir trabajando —responde amable el azabache dejando la taza en el escritorio, pero sin borrar su sonrisa.
—Oh, vamos, Harry, entiendo que tienes mucho trabajo pero debes descansar al menos una vez en tu vida, así podrás volver el día de mañana y tener más energía para terminar con el caso —trata de convencer la detective.
Pero antes de que Harry pueda dar una respuesta, Padma Patil irrumpe en la sala, seguida de Dean Thomas.
— ¿Interrumpimos algo? —inquiere el moreno al notar la escena entre Harry y Astoria.
Padma, con una revista en mano, no lo había notado sino hasta ese momento. Alza las cejas al entender a lo que se refiere su compañero, pero la rubia se aleja de su jefe antes de que pueda preguntar.
—Para nada, sólo trataba de que Harry se tomara un respiro, si sigue así de frustrado jamás podrá resolver el caso —explica Astoria encogiéndose de hombros y yendo al escritorio temporal que le habían instalado cerca de la puerta.
Dean y Padma se miran entre sí, sospechando. Justo en ese momento, Nathan cruza la entrada y después de un simple "buenos días" se sienta detrás de su escritorio y toma unos documentos que comienza a leer con atención. Los otros lo miran confusos, aunque el ojiazul no era precisamente el alma de la fiesta esa actitud tan seca era extraña en él, ero todos sabían de los problemas que había estado teniendo con su novia así que deciden no decir nada.
¨ ° º O º ° ¨
Cruza todo el set al verlo llegar. Se detiene frente a él mirándolo incrédula.
— ¡¿Estás loco?! —grita llamando la atención de todos a su alrededor.
—A mí no me hablas así, ¿de acuerdo? —dice el rubio en voz amenazadora, tomándola con fuerza del brazo y arrastrandola hasta su camerino.
Draco cierra la puerta con fuerza y suelta a la morena sin delicadeza alguna.
—Dolohov estaba furioso cuando se enteró, sabes que debes avisarle cuando estés saliendo con alguien para que él lo use bien —dice Pansy, sentándose en el sofá y cruzándose de brazos—. Pero con toda la publicidad que esto —toma la Weasley Magazine que había comprado esa mañana de la mesa de centro y se la muestra— te está dando, ahora está muy feliz —rueda los ojos y deja la revista donde estaba antes.
—Ahí lo tienes —dice el rubio sentándose en el otro sofá—. Así que deja tus reclamos para alguien más.
—Mis reclamos seguirán mientras no me expliques porque con esa simple fotógrafa justamente, quiero decir, pudiste haberte metido con Ginevra Weasley, al menos ella es conocida —dice Pansy mirándolo con las cejas alzadas.
—Yo no tengo nada que ver con Granger, ¿de acuerdo? Esto es un malentendido, igual que en el colegio y sino fuera porque, como dice Antonin, esto me publicidad ya lo estaría negando.
—Entonces es sólo una más que pasa por tu cama —dice la morena, más asegurando que preguntando.
El rubio lo piensa unos segundos antes de responder.
—No, ni siquiera es lo suficiente para eso —responde, recordando las palabras que le había dicho en el restaurante.
Pansy suelta un suspiro y se levanta.
—Bien, en ese caso, prepárate porque Theodore te quiere listo en quince minutos —avisa, abriendo la puerta—. Y ¿debo recordarte de nuevo que le prometiste a tu madre que cambiarías?
Draco clava su mirada en ella pero no responde; no tenía que recordárselo, él pensaba en eso cada día, a pesar de tratar de olvidarlo, aquella platica con su madre seguía clavada en su cabeza y se reproducía una y otra vez.
— ¿Por qué? No he llegado a los treinta y ya gané un Óscar.
— ¡Eso no significa nada!
— ¿No? —preguntó incrédulo, alzando una ceja— Sólo significa que no tengo porque ser un filántropo hipócrita para que me reconozcan.
—Draco, sabes que no es eso a lo que me refiero —dijo una mujer con rostro fino y pálido; cabellera rubia, casi blanca, más abajo de los hombros; ojos azul cielo y labios delgados y rosados; vestida con un elegante vestido color azul oscuro.
—Lo sé —aceptó el rubio sentándose de nuevo y evitando mirar a su madre—. Aún así no entiendo porque me pides eso, ¿en qué cambiaría las cosas?
—En todo —respondió Narcisa Malfoy, mirando a su hijo, sin perder ese porte elegante digno de una ex modelo y actriz.
—Ya obedecí una vez, entre a Hogwarts por ti… —comenzó Draco, mirándola.
—Y todo resultó excelente, ¿no? —interrumpió Narcisa, devolviendo la mirada con más intensidad.
—Si —soltó de golpe, como molesto por eso—. Pero no pienso hacer esto. ¿Sentar cabeza? ¿Casarme? ¿Formar una familia? ¡Por favor! Soy un famoso actor, eso no es para mí —declaró, levantándose y negando con la cabeza.
—Draco, piensa, si de verdad quieres crecer en tu carrera, tienes que madurar y demostrarle a los medios que estas madurando —explicó la mujer, sin inmutarse ante las reacciones del rubio.
Draco se sentó de nuevo y analizó lo que su madre le había dicho. Para crecer en su carrera tenía que crecer en su vida. Maldita sea, su madre tenía razón y él lo sabía, pero se negaba a aceptarlo.
—Tú dejaste tu vida de modelo por casarte, yo no pienso hacer lo mismo; lo siento, madre —dijo el rubio.
Narcisa lo miró y él pudo notar como sus ojos se cristalizaban. El rubio frunció el ceño.
—Yo no dejé esa vida de fama y… excesos por casarme —aclaró la mujer, clavando la mirada en una de las ventanas que daban al jardín de la mansión.
—Es sabido por todos que después de que te casaste, desapareciste de los reflectores.
—Tú, mejor que nadie, debes saber que no todo lo que se dice en la televisión y en las revistas es verdad.
Draco soltó un fuerte suspiro, se levantó por tercera vez y se dispuso a salir de la sala sin decir nada más y sin aceptar lo que su madre le había pedido.
—Abusaron de mí —soltó Narcisa, sin despegar la mirada de la ventana, el rubio giró.
— ¿Qué? —preguntó Draco sin entender.
Su madre de levantó lentamente y caminó hacia la ventana con pasos calmados y las manos unidas al frente.
—Es por eso que dejé ese mundo de fama —una traviesa y fina lágrima escapó de su ojo derecho, pero debido a que estaba de espaldas, su hijo no lo notó.
— ¿Abusaron? ¿Cómo? —preguntó el rubio, sin atreverse a aceptar que habían abusado de su madre de "esa" manera.
—De la peor forma que un hombre puede abusar de una mujer —respondió Narcisa, respirando profundamente e irguiendo la espalda y cuello.
— ¿Cuándo? ¿Quién? —quiso saber Draco, acercándose a su madre, con la respiración agitada y los puños apretados.
—Hace mucho tiempo, un nombre que no recibió ningún castigo porque… —se detuvo, pensando en que decir a continuación— era necesario.
— ¿Necesario? —Draco se coloca frente a ella, notando su rostro imperturbable; ella le devuelve la mirada.
—Tu padre no es tan recto como se muestra y eso lo sabes —dijo Narcisa, con sus ojos azules clavados en los grises de su hijo, como esperando que entienda todo lo que esconde con ese simple gesto.
Pero Draco sabía a que se refería. Su padre tenía tratos con personas que no eran muy apegadas a las leyes, lo sabía desde hace un tiempo, pero aún así le sorprendió el hecho de que su madre se lo dijera tan directamente.
—Y si quien abusó de mí no volvió a hacerlo fue porque es conocido de Lucius gracias a sus "negocios" detrás de la cortina —contó la mujer sin dejar de mirarlo—, pero por la misma razón no pude hacer nada contra él.
—Madre —comenzó Draco, tomándola del brazo, pero ella negó con la cabeza y retiró su mano, tomándola entre las suyas.
—Te pido que madures, que comiences a pensar en casarte y tener una familia, porque esa vida que tanto te gusta, en la que sólo te preocupas por actuar, ir a fiestas, acostarte con mujeres atractivas y comprar todo lo que puedas, con el tiempo te das cuenta de que no es tan buena —dijo Narcisa, soltándolo y acariciando la mejilla de su hijo—. Prométeme que cambiaras, Draco.
Draco colocó su mano sobre la de su madre. Siempre habían sido muy unidos, no por nada ambos tenían la pasión por la actuación en común. Recordó como, en el colegio, creían que era un insensible que sólo se amaba a si mismo pero no era así; a pesar de todo, de los pocos cariños maternales que su madre tuvo con él, aunque él sabía que era porque así la habían tratado a ella y porque su padre, Lucius Malfoy, así lo ordenaba, siempre le demostró que lo quería, a su manera pero lo quería, y eso era suficiente para que él también la quisiera.
—Te prometo que… trataré de cambiar, madre —dijo el rubio.
Narcisa asintió, retiró su mano, recobró su porte elegante y un tanto frío y salió del salón, dejando a su hijo solo con sus pensamientos, pensamientos que sólo iban en una dirección: el maldito que le había hecho aquello a su madre.
Claro, había entrado al trato con Voldemort porque quería descubrir al desgraciado que había abusado de su madre, por eso aceptó, no porque tuviera que deshacerse de Blaise para salvar a la ebria Granger. Se dice a si mismo, tratando de convencerse, pero lo cierto era que ni siquiera había pensado en su madre en aquel momento. En lo único que pensó era en esa tonta castaña que era tan estúpida como para dejarse llevar por un idiota que no conocía. Un idiota que de haber logrado su cometido habría disfrutado el cuerpo de la fotógrafa inconscientemente, lo cual habría sido un desperdicio. Esos labios tan carnosos tenían que ser probados en tus cinco sentidos, porque sólo así sabrías lo que podían provocar…
—Maldita, Granger, sal de mi cabeza —dice Draco en voz alta, interrumpiendo sus pensamientos.
Tocan a la puerta, el rubio no responde pero aun así escucha una voz del otro lado.
—Draco, tienes cinco minutos.
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—Padma, estás aquí para trabajar no para leer revistas.
—Estoy trabajando, jefe —responde la morena, sin mirarlo siquiera y dando un sorbo a su taza de café.
Así era ella, o al menos lo era con su jefe. Así cómo Tonks era la única que bromeaba con el jefe de la brigada, Alastor Moody, sin recibir una mirada de advertencia; Padma era la única que evitaba que su jefe directo, Harry Potter, se volviera más severo y parecido a Moody con el paso de los días, el porque era fácil.
Mientras que Tonks era demasiado despreocupada y parlanchina, Nathan bastante explosivo e impulsivo y Dean un tanto distraído, Padma era inteligente y decidida. Los demás también tenían sus cualidades y la morena tenía sus defectos, como que fue la última en unirse al equipo, pero era eso justamente lo que le permitía dar ese aire de juventud al ambiente. Claro que era extraño pensarlo de esa manera, pues casi todos tenían la misma edad, pero no había mejor forma de explicarlo. Padma, sin buscarlo, le recordaba a Harry sus principios en el departamento y eso lo hacia sonreír; había comenzado desde muy joven en ese lugar, había sido "El Novato" durante un tiempo y ahora estaba ahí como "El Jefe" más joven desde siempre.
Es por eso que existía como un contrato nunca escrito y firmado en el aire en el departamento entre Tonks y Moody de poder llevarse como hermana menor fastidiosa y hermano mayor que la soporta y se ríe de sus ocurrencias; al igual que uno entre Padma y Harry que decía: seguiré siendo "La Novata" si tú no te conviertes en Moody.
— ¿Estás trabajando? —pregunta Harry— En ese caso, ¿puedo saber que tiene que ver la revista en eso?
—Tiene mucho que ver —responde Padma, dando otro sorbo a su café y cambiando de página.
—Explicate —pide al azabache, quitándole la taza y dejándola fuera de su alcance, en el otro escritorio.
—De acuerdo —la morena cierra la revista y se levanta—. Hey, será mejor que todos vean esto —dice llamando la atención de los demás, quienes estaban sumergidos en su propio trabajo.
Nathan, Dean y Astoria miran a la morena y se levantan, Tonks no había vuelto desde su discusión con Harry. Todos se juntan en la mesa central y esperan a que Padma tome la palabra.
—Bien, Harry cree que estoy perdiendo el tiempo leyendo esta revista —comienza Padma, negando con la cabeza hacia su jefe, quien le lanza una mirada tipo: "habla claro"—, si ya voy, si estoy leyendo esto es porque puede tener información valiosa para nuestra investigación —deja la revista sobre la mesa, un par de segundos después, Nathan, Astoria y Harry se abalanzan sobre ella al mismo tiempo, pero después de una mirada de el jefe, Nathan y Astoria la sueltan.
El ojiverde abre la revista y busca la entrevista realizada a Draco Malfoy, al encontrarla la lee sin detenerse, no tarda más de cinco minutos en terminarla y mirar a sus compañeros.
—Como era de esperarse, no hay nada aquí —dice Harry, vuelve sus ojos a la revista y cambia de página, se paraliza al encontrarse con las fotos que estaban causando gran impresión en la ciudad de Londres.
Pero él no se sorprendió porque Draco Malfoy tuviera nueva novia, sino porque él conocía a esa chica castaña que se besaba con el rubio. La conocía porque era su mejor amiga desde que eran niños.
Deja la revista en la mesa y sale de la sala sin decir nada. Saca su celular y marca un numero. Tenía que hablar con Hermione, su amiga tenía algunas cosas que explicar.
—Harry —responde la voz de la castaña al otro lado de la línea.
—Hermione, ¿que ha pasado contigo? Te he llamado y no respondías —dice el azabache aliviado al escucharla.
—Si, estuve algo desconectada del mundo el fin de semana, tenía algunas cosas que arreglar sin interrupciones —explica Hermione.
—Me tranquiliza que estés bien —dice Harry, entrando en la parte trasera de una de las salas para interrogatorios.
—Lo estoy, gracias —dice la castaña, a eso le sigue un largo silencio—. Ya viste las fotos —asegura, entendiendo porque le había llamado.
—Si —acepta el ojiverde—. Tenemos que hablar sobre eso.
—No hay nada de que hablar…
—Hermione —la interrumpe el detective—, tengo que hablarte sobre él, tal vez no te haya dicho quien es realmente y yo no quiero que…
—Harry —interrumpe la castaña esta vez—, no es necesario, yo no tengo nada que ver con Malfoy, fue todo un malentendido —aclara.
—De todas formas quiero hablarte.
—Yo también, nos vemos a las seis en el café del centro, ¿de acuerdo?
—De acuerdo, ahí nos vemos —termina Harry y cuelga.
Justo en ese momento, ya fuera del edificio, Nathan daba vueltas molesto, mientras Astoria trataba de tranquilizarlo. Cuando Harry dejó la revista, fue Nathan quien la tomó y vio las fotografías, aventó la revista y salió sin decir nada, directo al ascensor; Astoria fue la siguiente en ver la revista para después correr tras el ojiazul.
—Nathan, cálmate ya —dice la rubia, tomándolo del brazo.
El ojiazul se suelta y se aleja rumbo al estacionamiento. Astoria lo sigue de cerca.
—No puedes irte así —lo detiene la rubia al verlo llegar a su auto.
—Déjame, Astoria —dice Nathan con voz calmada pero molesta.
—No, Nathan, no puedo dejar que te vayas así, estás molesto y alterado y… te puede pasar algo, por favor… —dice Astoria, acercándose a él— No quiero que nada te pase —toma su brazo y lo mira directo a los ojos.
El detective le devuelve la mirada al sentir su mano acariciar su brazo.
—Primero cálmate y luego puedes irte si quieres —Astoria lleva sus manos al cuello del ojiazul y se acerca más a él.
Nathan trata de alejarse pero su auto detrás de él se lo impide, toma las muñecas de la rubia pero en lugar de retirarlas sólo clava su mirada en ella, pensando en que hacer. Al final las suelta y la toma por la cintura, Astoria no espera más y se pega por completo a él con sus rostros muy juntos, al asegurarse que de que el ojiazul no la detiene, lo besa.
Primero el beso es frío, sin sentido, sólo de parte de la rubia; pero cuando ella está por separarse, él la toma con fuerza y responde igual. Las manos de Nathan se pasean por la espalda de la detective, con urgencia, como si buscara algo que con su novia hubiera perdido hace tiempo.
Astoria hunde sus manos en el cabello del ojiazul, profundizando más en el beso; sus cabezas se ladean y sus labios se abren más. Nathan mete sus manos debajo de la blusa de la rubia, siente su piel estremecerse bajo sus dedos y un ligero gemido escapa de los labios de ella. Él se detiene al escucharla, la separa de golpe, tomándola de los brazos, Astoria lo mira incrédula.
El detective, con respiración agitada, niega con la cabeza y sin mirarla más, sube a su automóvil. La ojiverde lo ve encender el auto, da un paso lejos y él avanza hasta salir del estacionamiento.
Astoria se acomoda la ropa, respira profundamente y siente como el amor por ese ojiazul se enciende en su interior de nuevo; pero al mismo tiempo, sin notarlo, una chispa de odio brota de repente, pues sabía porque se había detenido: por Granger.
¨ ° º O º ° ¨
La reconoce de inmediato, su indomable y castaño cabello contrastaba con el paisaje gris que se había instalado en Londres debido a la proximidad del invierno. Sus ojos clavados en un libro del que no lograba ver el título, se mueven con tranquilidad entre las líneas de las páginas. La mesa vacía y el gesto de negación que le había dedicado al mesero, dejaban en claro que esperaba a alguien.
Él la miraba desde su auto estacionado del otro lado de la calle. La había seguido después de verla salir de Potter's Gallery, llevaba diez minutos vigilándola, pensando aún en porque la había ido a buscar. Se quita los lentes de sol que ahora son inútiles pues el cielo se había nublado y baja la ventana, esperando que ella no se percate de su presencia.
"¿A quien espera?" Se pregunta el rubio "¿Su novio?"
Saca una cajetilla de cigarros de la guantera y toma uno, lo prende con el encendedor que saca de su pantalón y en seguida siente la suavidad del humo pasear por su boca, lo retiene unos segundos para después soltarlo hacia fuera del auto. Retira la ceniza en el cenicero de su auto y después sostiene el cigarro entre los dedos, con el brazo sobre el alféizar de la ventana.
¿A quien esperaba? Eso era algo que él se quedaría a averiguar. Pero no mantendría su ojos clavados en ella todo el rato pues terminaría por descubrirlo. Da otra calada al cigarro y toma el folder en el asiento del copiloto, lo abre y la foto de un hombre de cabello largo y canoso, es lo primero que se ve. La foto está sostenida a varias hojas llenas de información suficiente para realizar el trabajo que Voldemort le había asignado para incluirlo en su grupillo de maleantes. Levanta la fotografía y lee el nombre de su víctima: Xenophilius Lovegood.
El señor Lovegood era dueño de un importante periódico de Londres, pero más que eso era un coleccionista de raros objetos de gran valor. Entre estos se encontraba "La espada del León", era una espada única que databa de la Edad Media y valía cerca de diez millones de dólares (?. Pero lo más curioso de todo eso fue descubrir que Xenophilius y Luna Lovegood, la co-estrella de Draco en la serie, eran padre e hija; era obvio que por esa razón le habían dado aquel trabajo, para demostrar su lealtad.
Levanta la vista del folder y mira hacia la castaña, aún en espera y absorbida por el libro entre sus manos.
"Sigue siendo una come libros" piensa Draco, sonriendo ladinamente.
Vuelve la mirada al informe. El señor Lovegood, como muchos otros coleccionistas, no confiaba en los bancos, por lo que sus preciados y antiguos objetos, incluyendo la espada, estaban guardados en una bodega con mucha seguridad debajo de su casa. Mientras sigue leyendo la información, un plan va formulandose en su cabeza; él no era un ladrón pero era un hombre astuto, sabía que no sería nada fácil robar la espada, pero tenía que hacerlo si quería ganarse la confianza de Voldemort y ser aceptado. Aún con todo eso en su cabeza, no olvidaba que lo hacia para descubrir quien había abusado de su madre y hacerlo pagar.
Cierra el folder y lo lanza al asiento trasero, da una tercera calada al cigarro y toma su celular. Marca un número, mientras mira con ojos entornados hacia el otro lado de la calle, justo a una mesa fuera de aquel sencillo café.
—Necesitaré ayuda —dice el rubio en cuanto el otro responde la llamada.
—Bien, tú di lo que necesitas y lo tendrás —responde la voz.
—Nos vemos en mi departamento a las diez.
—Hey, no soy tu perra, Draco.
— ¿No? —pregunta Draco, justo en el momento en que un hombre de cabello azabache, ojos verde esmeralda y lentes, llega con la castaña, el rubio entorna la mirada— Entonces nos vemos en el "Lago Negro", a la misma hora.
—Perfecto, me gusta ese lugar, nos vemos —la llamada termina.
Draco guarda el teléfono en su pantalón y baja del auto. Cruza la calle y sin saber muy bien porque camina hasta la mesa donde una castaña parecía inmersa en la plática que tenía con el azabache sentado frente a ella.
"¿Quien es y que demonios quiere con Granger?" piensa el rubio, a pocos pasos de alcanzar la mesa. El ojiverde se le hacia familiar pero no sabía de donde.
Cuando está a unos dos metros de distancia parece darse cuenta de lo que pasa y se detiene. Analiza lo que estaba a punto de hacer, frunce el ceño, niega con la cabeza y da media vuelta dispuesto a irse. Pero al girar choca con una mujer rubia y de ojos verdes que también le parece familiar. Se miran el uno a la otra, pero es ella quien lo reconoce primero.
— ¿Draco? —pregunta la rubia en voz más alta de lo que él hubiera querido teniendo en cuenta quien más estaba cerca. Entonces la reconoce.
— ¿Astoria? —pregunta Draco, sin creerlo.
—No puede ser —dice Astoria, llevándose una mano a la boca—. ¡Eres tú! —exclama llamando demasiado la atención.
—Si, soy yo, no tienes porque gritar… —habla el rubio, poco antes de ser interrumpido por una voz que reconoce de inmediato.
— ¿Malfoy? ¿Qué demonios haces aquí?
Y hasta aquí llegamos por hoy, espero que le haya gustado y les dé más ganas de seguir leyendo.
Recuerden que hay un grupo en Facebook en el que subo imágenes y adelantos y cosas así sobre el fic, se llama (por si gustan entrar) "Lágrimas de un ángel – FanFic DH" o también les dejo el link (recuerden que es sin espacios) www. facebook groups/267634773391936/
Ahora si es todo, espero sus reviews.
X. Yiriz
