Inglaterra era grande, realmente grande, a los ojos de Yohken, por lo menos, pero no podía concentrarse en el tamaño del lugar, debía seguirle el paso a Haku.

–¡Oye Haku, ¿Por qué vamos tan rápido?!– Preguntó mientras Haku simplemente seguía caminando.

–Si no puedes seguirme el paso se atrasarás, debemos llegar a nuestro destino.– Respondió parando por tres segundos, Yohken estaba agotado, ese sujeto caminaba como si estuviese corriendo, luego, Haku prosiguió su marcha, para desgracias de Yohken.

–Debemos estar alerta, por si vemos a mi hermano y los demás.– Divagó el castaño ahora que caminaban más tranquilo.

–No sé cómo es tu hermano.– Le dijo Haku con simplicidad.

–Bueno… yo estaré alerta.– Yohken hizo una sonrisa torcida mientras buscaba otro tema de conversación.

–Oye, Haku, ¿No crees que sería mejor si te quitas la máscara y esa capucha?– Preguntó el chico, viendo como todas las personas se les quedaban viendo.

–No.– Esa fue la simple respuesta del hombre de la máscara.

–Pero todos te están viendo… pareces un loco.– Susurró.

–Te escuché.–

Hace unos minutos, los demás se encontraban en un apartamento bastante grande, con varias reliquias y lujos, la persona que tenían enfrente era una chica, de cabello y ojos verdes, vestía muy elegante, y de su cuello colgaba un diamante puro, de un brillo hermoso, ella les sonrió.

–Así es, soy Zelda Diethel, soy la hija de Lyserg.– Ella se puso de pie, ya que estaba sentada en un sofá de terciopelo rojo, dirigió la mirada hacia los demás, Arale tomó la palabra.

–Mucho gusto, soy Arale Usui.– Sonrió.

–Soy Jun Tao y él es mi hermano, Len.– Habló Jun.

–Yo soy Mikihisa Asakura.– Saludó estrechándole la mano. –Quiero que nos ayudes a encontrar a alguien.– Dijo desviando su mirada hacia afuera de la ventana.

–Hmp, no objetaré, puedo saber que es un shaman, de acuerdo, Morphen, posesiona el cristal, pero hay cosas que debes explicarme primero.– Ordenó la chica con una sonrisa, Miki y los demás asintieron.

–Haku… ¿Qué hacemos aquí?– Preguntó Yohken viendo la plaza donde se encontraban, los ancianos jugaban ajedrez, los niños perseguían a las palomas, que se posaban sobre las antiguas estatuas de personajes históricos de Inglaterra.

–Esperar.– Haku estaba recostado sobre la base de una de las estatuas, los niños se le quedaban viendo, y algunas personas mayores también.

–Pero… ¿A quién?– Preguntó curioso el chico, este hombre realmente era misterioso, pero por alguna razón, le gustaba estar con él.

–A Zelda Diethel.– Respondió. –No tardará en llegar, mientras, puedes ver este lugar, Inglaterra es realmente hermosa.–

Yohken suspiró, decidió ir a dar un paseo, de todas formas, tampoco es que quisiera que se le quedaran viendo raro también a él.

–Sabes que necesitan volverse más fuertes.– La hitodama apareció frente a su amo, quién retiró la máscara, sin descubrir su rostro con la capucha.

–Ya sabes qué haré cuando se reúnan.– Respondió con una sonrisa, mientras enredaba su larga barba en su dedo.

–¿Los enviarás con Aarón?– Preguntó mientras se posaba en su hombro.

–Aarón vive en la selva Amazónica, seguro se divertirán allá, además, seguro él saca todo provecho de sus habilidades.– Dijo mientras una paloma se posaba sobre su brazo la comenzó a acariciar.

–Aarón Kurayami, ese sujeto realmente está loco para irse a vivir así.– Bufó molesto el espíritu.

–Dile que pronto llegarán, que no envíe a Dai Tengu si siente su presencia, y si Garak está con él, infórmale sobre los chicos.–

Y así, la hitodama se fue volando, tardaría un tiempo en regresar, y en segundos, Yohken volvió.

–Llegan a tiempo, tengo algo que decirles.– Dijo, Yohken, al verlo, pudo ver como tenía la máscara bien puesta.

–¿Ya llegan?– Preguntó, mientras Haku dirigió su mirada a un lugar en específico, Yohken lo siguió, y pudo ver bien que ahí venían Miki y los demás.

–¿Eh? ¡Yohken! – Gritó Miki, luego todos también lo vieron.

–¡Eh, muchachos!– Yohken saludó, de inmediato, todos llegaron a su lado.

–¡Qué bueno que estás bien, Yohken-kun!– Jun le dio un beso en la mejilla, cosa que lo hizo sonrojar.

–Jejeje gr-gracias Jun…– Dijo con una sonrisa. –¡Eh, se me olvida! Este es Haku.–

–¿Y quién es?– Preguntó Len viéndolo directamente.

–Bueno, digamos que él me salvó de que muriera.– Dijo con una sonrisa el joven castaño.

Miki se le quedó viendo por un momento, pero luego, decidió presentar a la nueva integrante.

–Ella es Zelda Diethel.–

–Mucho gusto, Yohken-san.– Saludó con una reverencia.

–¡Claro! Por cierto, Haku, dijiste que tenías que decirnos algo.– Preguntó, todos los demás lo vieron, él suspiró, y sacó una pluma de entre sus ropas.

–Tienen que volverse más fuertes, no los he visto en acción, pero sé que no es suficiente para luchar al nivel los seguidores de Zerathos, mucho menos para enfrentarse a él.– Dejó caer la pluma, sin embargo esta fue llevada por el viento.

–¿Qué quieres decir?– Preguntó Len.

–Vayan a donde el viento los guíe, irán a la Selva Amazónica, allí se encontrarán con un sujeto llamado Aarón.– Ordenó mientras se daba la vuelta. –Nos vemos.– Despidió mientras se perdía entre una cantidad de hojas de otoño que caían.

–¿En la selva?– Preguntó Yohken.

–¿¡En la selva!?– Gritaron todos de repente.

La Selva Amazónica, uno de los lugares más peligrosos del mundo según los humanos, los animales salvajes se habían vuelto realmente violentos, cualquier contacto con alguien, era un ataque y una muerte segura.

–¡Este lugar no es para que viva una persona!– Gritó Arale.

–Es por eso que sólo los idiotas vienen aquí, como lo es Aarón.– Dijo una voz.

–¿¡Quién dijo eso!?– Preguntó Len.

–Yo.– Dos hombres encapuchados aparecieron de entre los árboles.

–¿Quién eres?– Preguntó Yohken con desconfianza.

–Es un placer, mi nombre es Zerathos.– Sonrió con confianza.

–¿¡Qué!?– Gritaron todos.

–¡Canalla!– Gritaron Yohken y Miki enfurecidos.

–¡Miki, Yohken, esperen, no hay que precipitarse!– Gritó Zelda.

–Haku tenía razón, a mí espíritu le llamaban Rikuto… pero en realidad sólo es un error…– Susurró, sacando su arma, la espada Futsunomitama no Tsurugi. –¡Reikato posesiona la Futsunomitama no Tsurugi!–

–¡Atzune, posesiona a Harusame!– Ordenó Miki, mientras ambos over soul se formaban.

–Son muy débiles.– Musitó Zerathos, mientras suspiraba.

Miki y Yohken atacaron, sin embargo, Zerathos, sin hacer nada, ordenó a su acompañante atacar, que los lanzó lejos con una cola de serpiente que salía de su cintura baja.

–¿Qué quieres?– Preguntó Yohken.

–El sujeto al que buscan está cerca, será mejor irnos, pero quería conocerlos antes, Asakura, Tao, Usui y Diethel, será un placer asesinarlos.– Dijo mientras dejaba detrás suyo las marcas de sus pies, que se desvanecieron entre los árboles, así como si nada hubiese ocurrido.

Caminaron por un tiempo, el sonido había vuelto a la normalidad, sin embargo tanto Yohken como Miki estaban furiosos, nadie hablaba, hasta que Len paró por un momento y gritó desesperado.

–¿¡Quién puede vivir aquí!?–

–Hola.– Saludó un joven hombre colgado boca abajo de una liana a centímetros de Len.

–¡AHHH!– Gritó espantado.

–¿¡Quién eres!?– Preguntó Yohken.

–Soy Aarón Kurayami, mucho gusto.– Sonrió, apareciendo ahora con Yohken.

–¡NO HAGAS ESO!– Recibió como respuesta.

–Ba-bájate de ahí primero y luego hablamos…– Dijo Zelda mientras él le sonreía.

Se encontraban en un lago entre los árboles, había una cascada que caía tranquila pero potentemente, era un lugar puro y tranquilo, más cuando Aarón les informó que los animales no atacaban a quienes fueran shamanes, todos estaban sentados frente a la roca donde él se posaba.

–Es un placer conocerlos.– Sonrió, mientras se acomodaba el cabello, era corto, estaba totalmente despeinado, era rubio, con un color rosáceo que venía desde la punta del fleco hasta el mechón más largo de su cabellera, sus ojos eran de un color carmín, un rojo vivo muy profundo, vestía de una manera muy peculiar, según Zelda, ya que no esperaba que alguien que viviera en la selva usara un short y unas sandalias, aunque no usaba camisa, solamente llevaba un collar con distintos tipos de colmillos de varios animales carnívoros, posiblemente así marcaba su territorio, Zelda rió, realmente había imaginado que se encontraría con alguien en taparrabo.

–Creí que eras un viejo o algo así.– Dijo Yohken con una sonrisa mientras lo veía de reojo.

–Jajaja claro que no, nací en 2015, tengo veinte años.– Sonrió mientras saltaba de la roca y caía de pie.

–Vaya, ¿Y así nos entrenarás?– Preguntó Jun. –Tienes casi la misma edad que nosotros.–

–Jejeje… jajaja… ¡Jajajaja ¡JAJAJAJA!– Aarón se comenzó a carcajear, cosa que asustó un poco a todos.

–Este sujeto está demente…– Susurró Arale.

–Bueno, la edad no tiene nada que ver con el poder.– Compuso su postura. –De hecho, es mejor que me llamen Aarón-sensei, porque seré su maestro.– Les dijo señalándose a sí mismo con aires de orgullo.

–¿¡En serio!? ¡Genial!– Dijo Zelda.

–Sólo hay una cosa que deben saber.– Dijo con una sonrisa confiada.

–¿Qué es?– Preguntó Miki.

–Zerathos es el hijo de Death Cannon.–

CONTINUARÁ…