Las semanas pasaron lentamente. Candy había contado a todos en el hospital que estaba de novia y que muy pronto sería la esposa del Sr William Andrey. Todas estaban muy asombradas y muy enojadas con Candy por no haberles contado que ella era una Andrey. Pero ella, les había explicado que su deseo era ser independiente, y libre de ese apellido, pero que ahora que se había enamorado del jefe de la familia, tendría que acostumbrarse. Y quizás, dejar para siempre su trabajo.

No habían pasado las tres semanas de su separación, cuando Candy recibió una inesperada sorpresa:

-¡Albert!- gritó al verlo -¿pero que haces aquí?- dijo corriendo a sus brazos y estrellándose en ellos.

- No puedo estar un día más sin ti- le dijo él abatido. Necesitaba oler tu aroma mi amada Candy.

Muy cerca de ellos se encontraba nada más ni nada menos que la directora del Hospital.

- ¡Vamos torpe!- ¿por qué lloras?- le dijo burlona Mary Jeane

- ¡Es que estoy muy feliz de verle!- le dijo haciendo un puchero

- Así que usted es su prometido. Esta niña nos ha contado mucho de usted- ¿viajó de Chicago solo para ver a esta torpe?-

Albert rió- ¿torpe? – jajajaja, menos mal que te consideraban una buena enfermera

- ¡Albert!- gritó Candy

- La mejor enfermera que he tenido- le dijo muy orgullosa Mary Jeane, pero veo que usted ha venido por ella, ¿no es verdad?

Albert no supo que responder, la verdad era que sí

- Bueno, mi urgencia aquí ha terminado, si quieres puedes marcharte Candy- te agradezco todo. Veo que en tu hogar también te necesitan- dijo muy emocionada Mary Jeane

- ¿En serio?- preguntó sorprendida Candy

- Si Torpe. pero antes de que te vayas, te haremos una fiesta de despedida. -Sr Andrey, usted también está invitado.

- ¡Oh Gracias!- dijo muy agradecido.

La fiesta fue muy emotiva. Asistieron pacientes, doctores y por su puesto todo el grupo de enfermeras. Todos pudieron presenciar todo el amor que se tenían y por sobre todo, lo guapo que era el sr Andrey.

Antes de irse, Mary Jeane abrazó fuertemente a Candy y le dijo:

- Ser enfermera está en tu venas Candy no lo olvides. (Albert escuchaba atento). No importa si no ejerces en un hospital o en un consultorio. Una enfermera tiene el deber de sanar, y a veces, ese trabajo lo tenemos enfrente de nosotros, puede ser por una enfermedad o por un corazón que necesita tanta atención y amor como un paciente enfermo. Recuerda que tú eres especialista en animar a la gente Candy. Ha sido un gusto para mí, verte convertida en lo que eres hoy, y te deseo lo mejor de aquí en adelante. Dicho esto, la abrazó fuertemente. Candy y Albert comprendieron muy bien lo que Mary Jeane decía y en ese momento decidió, que nunca más se separaría de Albert, aunque eso significara dejar su carrera.

Juntos, regresaron a Lakewood. Albert iba radiante, lleno de felicidad. Candy también. Así comenzaron los preparativos de la boda. La tía Elroy se encargó de todo. Candy y Albert se sentían agobiados con tanta cosa que tenían que hacer, pero al reunirse por las tardes en la biblioteca les daba paz.

Ahí estaban a gusto. Ahora Albert no se sentaba lejos de ella, se sentaba a su lado y la tenía firmemente abrazada a él. No perdía momento para decirle todo lo que la amaba y lo que necesitaba sentirla tan íntimamente otra vez. Pero ahora habrá que esperar Candy- esperaré a que seas mi esposa

- Albert a mi no me molesta- le dijo sonrojándose Candy

Él la besó con mucho amor y le dijo: no mi amor, las cosas deben ser como deben ser…no quiero que especulen y hablen mal de nosotros… tendremos que poder contenernos….hasta el día del matrimonio, porque después no te dejaré tranquila…