Disclaimer: Ninguno de los personajes de Naruto me pertenece.

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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que bien. Acá estoy subiendo para ustedes el capítulo 9, que realmente espero les guste. Y ya saben, como siempre quiero decirles gracias, de corazón, por todo. Es indescriptible el ánimo que me dan, cuanto me animan. Me hacen muy feliz, ya sea simplemente leyendo (lo cual es demasiado, desde ya), haciéndome saber su valiosa opinión, y sea comentario o crítica (ya saben, todo ayuda y no duden en hacerme saber cuanto se pase por sus mentes) o por apoyarme a cada capítulo ¡Los adoro! Son los mejores... Espero que el capítulo les guste ¡Nos vemos y besitos!


Últimos suspiros

IX

"Peligroso juego de seducción y muerte"

Se encontraba finalmente en una amplia habitación, quizá la más grande que hubiera visto en su vida. También la más lujosa, con una gran cama matrimonial en medio. A ambos lados una mesita de noche tallada en fina madera. Con apliques en oro. Un amplio ventanal de cristal que dejaba ver una gran vista al mar. Cortinas de seda, al igual que las sábanas. Y un gran baño en suite, con una amplia ducha en uno de los rincones, con pantallas completamente trasparentes. Un lujoso tocador decorado con grandes espejos con marcos dorados. Simplemente ostentoso, y pensar que aquel había sido el lugar más barato (cercano al palacio) que habían encontrado.

En la habitación junto a ella se encontraban Chouji y Shikamaru.

—¡Vaya! —exclamó contemplando la amplia ducha, y luego el majestuoso tocador—. Este baño es inmenso —una sonrisa se dibujó al contemplarse en el vasto espejo. Luego su vista se dirigió a la ducha, quizá la más grande que jamás hubiera visto—. Pareciera que entraran tres personas en ella. Esta habitación es maravillosa.

Entonces oyó un ruido, un leve golpe contra la puerta seguido de un grito claramente familiar. Chouji.

—Ino ¿Estás lista? —la muchacha se apresuró al ropero y sacó todo lo que fuera a necesitar de allí. También del tocador, y entonces respondió.

—No, en unos minutos.

—Bien, te esperaremos.

Y sin decir más comenzó a vestirse. Usando un largo y sencillo pero precioso vestido negro. Cuyo frente consistía en un leve escote, que apenas insinuaba (y resaltaba) los bustos de la joven, de forma sensual y llamativa. Haciéndola distinguirse más. Y un tajo del lado derecho, descendiendo a partir desde el inicio del muslo de la chica hasta el final del vestido. Dejando entrever la, bien torneada, pierna de ella al caminar. Sin exponerla demasiado. Y la espalda completamente descubierta.

En los pies unas altas sandalias negras que se sujetaban finamente a sus delicados tobillos. Y en el cuello una gargantilla plateada.

—Ya falta poco —gritó entonces, tras haberse vestido. Mientras corría al baño a arreglar su cabello. Y el maquillaje.

Dejando su larga y dorada cabellera suelta, delineó delicadamente sus ojos de negro. Resaltando sus intensos ojos azules, haciendo su mirada más sensual y firme. Mientras que pintaba sus labios de un claro color rosa, no muy llamativo sin embargo que preponderaba bien sus carnosos labios. Y finalmente colocando algo de perfume en su cuello, escote y muñecas, estuvo lista.

—¡Ya pueden pasar! —gritó a sus amigos. Repasando el plan en su cabeza. Recordando las palabras del moreno sobre qué mejor que una mujer para apartar a un hombre de un lugar poblado y llevarlo a uno oculto. Sin mencionar que jamás desconfiarían de ella.

—¡Cielos! Ino... ¿Qué demonios te tomó tanto...? —sin embargo no pudo continuar. Tampoco pudo hablar Chouji, al ver a su amiga de aquella forma. Tan, femenina. Toda una mujer. Al ver la reacción de ellos Ino no pudo evitar sino sonreír.

—Justo la reacción que buscaba —declaró orgullosa, sonriendo triunfal ante la mirada estupefacta de sus dos compañeros—. Estoy segura que con Masato también funcionará.

—Claro —aseguró Chouji, saliendo de su estado de sorpresa. Shikamaru pareció también reaccionar mas no dijo nada—. Y dime Ino ¿Cómo llevarás tu kunai?

La joven sonrió y caminando hasta la cama, levantó el pié sobre esta y corriendo la tela del vestido (donde se encontraba el tajo) descubrió su pierna hasta poco más del muslo dejando ver una delgada liga de encaje negro la cual portaba un kunai enganchado a ella.

—¿Ven? —sonrió de lado—. Todo solucionado.

Tanto el moreno como el Akimichi no dijeron nada. Simplemente permanecieron en silencio, hasta que el Nara finalmente habló.

—Bien, tápate ¿Quieres? —dijo finalmente, sintiéndose de alguna forma incómodo—. Hay cosas que como tus amigos no debemos ver... —Ino simplemente rió.

—Bien.

Y sin decir más se dispusieron a salir, encaminándose hacia la fiesta. Ino caminando de forma altanera y llamativa. Sobre todo al ingresar a la fiesta, después de todo el plan era que ella atrajera a Masato y lo apartara de los demás. Para así poder matarlo.

Y rápidamente lo logró, pudo notar varias veces al pasar que los ojos oscuros de aquel sujeto no se apartaban de ella. Prácticamente devorándola con la mirada, de forma totalmente descarada.

—Todo va bien —susurró al pasar junto a Shikamaru, lo suficientemente cerca como para que nadie la oyera. Así el moreno se apartó y se dirigió junto a Chouji, transmitiéndole la misma información que su amiga le había dado.

Entonces algo sorprendió a la joven rubia, o al menos fingió sorpresa, cuando Masato se acercó a hablarle. Con dos copitas de sake en la mano, y un cigarrillo en la boca.

—Gran noche ¿No te parece? —comentó él, contemplando hacia la ventana en que ella observaba. Ino se volteó a verlo y sonrió, tomando descaradamente la copa de la mano de él. Rozando deliberadamente sus dedos contra los de Masato.

—Cierto —bebió un sorbo de sake—, aunque prefiero la calidad a la cantidad —sonrió y se aclaró, ante la confusa mirada de él—, me refiero en cuanto a compañía. Una buena compañía es mejor a cien personas mediocres. Y este salón está lleno de ellos.

Aparentemente el comentario complació de sobremanera a Masato, quien se mostró orgulloso y engreído. Contemplando con la mirada las curvas de la joven mujer frente a él. Sin siquiera intentar disimularlo.

—Creo que acuerdo contigo ¿Tu nombre? —ella volvió una vez más la mirada a la ventana.

—Setsuka —mintió. Volteándose una vez más a sonreírse y acotando finalmente—. Es un honor conocerlo señor Masato. Puedo ver que es usted mucho más atractivo en persona —aunque la sola idea en su cabeza provocó repulsión, y las palabras le supieron amargas.

—Gracias, puedo ver que en este lugar no hay una mujer tan hermosa como tú.

—¿Usted cree? —y casualmente rozó su rodilla con la pierna de él. A lo lejos podía ver a Shikamaru y Chouji verla de forma discreta.

—No lo creo, estoy seguro de ello.

Entonces Ino comenzó a caminar, sacudiendo sus caderas de forma sensual, hasta la escalera del palacio. Que se ubicaba a uno de los costados y llevaba al resto de la infraestructura. Dicha escalera era amplia y majestuosa, y se separaba en dos para luego volver a unirse.

—Que magnífico palacio tiene usted —contempló hacia arriba, rogando que la insinuación funcionara y Masato mordiera el anzuelo.

—Eso creo, tiene tantos años como esta querida ciudad. Y sin embargo los años no parecen haberlo afectado, sino por el contrario, resplandece más ahora —Ino sonrió, al parecer Masato no diría las palabras que Ino tanto esperaba—. ¿Le gustaría ir arriba? —y entonces agregó, en tono enigmático—. ¿Y conocerlo?

Por supuesto la muchacha accedió, aunque algo temerosa. Y comenzó a subir los escalones. Uno a uno teniendo cuidado de no tropezar, contemplando de reojo hacia abajo. En busca de Chouji y Shikamaru, ambos se encontraban al pié de la escalera. Viéndola marcharse con aquel sujeto.

—Por aquí —dijo él, sacándola de su estado de ensimismamiento. Temiendo del camino que estaban tomando.

—¿Qué hay aquí? —preguntó con curiosidad ella, contemplando el interior de la habitación. Justo dentro, se encontraba una gran cama.

—Mi habitación.

Y sin decir más se lanzó sobre ella, de manera algo brusca. Aprisionándola contra la pared. Besando su cuello y piel. Ino, por su parte no se resistió, tampoco correspondió, simplemente lo dejó besarla. A pesar de sentir aquella repulsión y miedo, a pesar de sentirse asqueada por el simple contacto. Parecía que todo lo que los labios de Masato tocaban era corrompido, ensuciado. Manchado. Ella estaba siendo manchada, mas no lo apartó.

Y lentamente comenzó a bajar la mano por su pierna, intentando contenerse cuando sintió las manos de él tocarle el pecho, en busca del kunai que había escondido en la liga. Entonces lo encontró y con los dientes apretados, y en un rápido movimientos, lo sacó y atravesó a Masato por la espalda. Apuñalándolo desde atrás. Lo sintió detenerse, mirarla con profundo rencor mientras un delgado hilo de sangre escurría de sus labios. Pronto toda luz en sus ojos desapareció, cayendo el cuerpo inerte de Masato contra el suelo. El vestido de Ino salpicado completamente de sangre, al igual que parte de su rostro. Una gota carmesí corrió por sus labios, y el sabor metálico la invadió.

Sin embargo no se movió, y permaneció allí en silencio. Contemplando el hombre muerto frente a ella, aún apoyada contra el marco de la puerta de aquella habitación.

Escuchó unos pasos, Chouji y Shikamaru corrían hacia ella.

—Lo logré... —fue todo lo que atinó a decir la rubia, su cabello despeinado y su piel levemente irritada. Por la fricción de los besos.

—Ino ¿Estás bien? —cuestionó Chouji, sin embargo los ojos de ella seguían fijos en el que una vez había sido su blanco.

Sin embargo antes de que pudieran decir algo más, oyeron unos pasos correr hacia el lugar. Cada vez más próximos, rápidamente Shikamaru tomó a Ino de la muñeca y seguido por Chouji se ocultaron en la habitación contigua. Observando con la puerta entreabierta hacia el pasillo.

Era un pequeño niño, de no más de seis años.

—¡Papá! —gritó feliz, acercándose. Entonces se detuvo en su caminar, contemplando el cuerpo en el piso. Y la sangre esparcida en el lugar. Ino pudo ver como sus ojos se llenaban de lágrimas. Y su voz quebró— ¡Papá! ¡No! Papá, despierta. Papá, mamá me dijo que te buscara. Papá —sollozó.

Lloró, una y otra vez en vano. Abrazándose al cuerpo sin vida de Masato. Gritando lastimosamente por su padre. Llamándolo, rogándole que despertara, que no lo dejara solo.

Ino podía sentirse desgarrar en el interior, se quebraba lentamente con cada grito del pequeño. Sus ojos fijos en la escena, y aunque ninguna lágrima escapó de sus ojos por dentro estaba llorando.

—Ino, debemos irnos —susurró Chouji—. Pronto vendrán más, debemos irnos.

Sin embargo la rubia no se movió, no podía hacerlo. Su cuerpo no respondía. Aún sentía el cálido líquido carmesí manchar su negro vestido. La sangre en sus manos, en su rostro.

—Ino, muévete —esta vez fue Shikamaru quien habló, intentando hacerla entrar en razón.

Sin embargo, al ver que la muchacha no se movía la tomó por la muñeca y la arrastró hacia fuera. Escapando por una de las ventanas, los tres desaparecieron en la oscuridad de la noche. Dejando aquel siniestro escenario del asesinato que ellos mismos habían cometido. Todo el camino preguntándose si aquello había sido lo correcto. Y aunque quizá lo hubiera sido para unos, definitivamente no lo había sido para otros. Y un niño había perdido, aquella noche, a su padre.