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—¡Watson! —volvió a gritar Holmes.
—Holmes… —Había alivio en su voz—. No pasa nada, viejo amigo… Ha huido. Es un mal tirador, eso seguro… ¿Dónde está usted?
—Aquí abajo, mi querido amigo —respondió Holmes—. En el suelo hay una trampilla, y yo estoy en una celda…
Watson siguió el sonido de su voz hasta encontrar la abertura.
—Ah, aquí está… Bien, saquémosle de ahí…
—Coja mi abrigo, Watson —ordenó Holmes, lanzándole la prenda—. Apuesto a que es bastante resistente…
Watson obedeció y sujetó con fuerza el abrigo mientras Holmes lo usaba para salir de aquel húmedo y helado agujero. Watson lo ayudó a ponérselo de inmediato, pues en el viejo almacén hacía un frío tremendo.
—¿Dónde está? —preguntó Holmes, girándose bruscamente—. ¡Maldita oscuridad! ¡Buckhannon! ¿Dónde está? ¡Buckhannon…!
—Holmes —dijo Watson con voz suave—. Lo siento, viejo amigo, pero me temo que se ha dado a la fuga. Venga, está helado. Necesitamos encontrar un sitio seco y cálido…
Sin embargo, Holmes insistió en registrar el resto del almacén vacío, y después la zona circundante. Watson tan sólo podía observar, preguntándose qué esperaba encontrar el gran detective en la oscuridad. Finalmente, Holmes, irritado, volvió con expresión hosca junto al doctor, que lo esperaba en la puerta de la casucha.
—Perdí su rastro a la entrada de un callejón —explicó, claramente molesto por lo que él consideraba un error suyo—. Usted tenía razón, Watson. Cuando falló el primer disparo, huyó con el rabo entre las patas.
—Afortunadamente, es un mal tirador y un cobarde —dijo Watson. A continuación estornudó y farfulló una disculpa al tiempo que sacaba un pañuelo del bolsillo.
—Ya lo creo —asintió Holmes, mirando a su compañero—. Espero que no se le presente otra oportunidad como ésta. Mis disculpas, Watson; mi descuido nos ha puesto a ambos en peligro.
—No se mortifique, mi querido Holmes —respondió Watson con jovialidad. Tosió tras el pañuelo—. Opino… que aquí fuera hace un frío terrible...
—Sí —asintió Holmes. Tomó del brazo a Watson y lo condujo hacia el callejón—. Vamos, busquemos un coche que nos lleve a Baker Street… He descubierto que, después de varias horas en esa celda, siento una desesperada necesidad de tomar una taza del excelente té de la señora Hudson…
