INTERCAMBIO DE VIDA

(Life Exchange)

Por Rozefire

Traducido por Inuhanya


Capítulo 9: Tras el rastro de Sesshomaru


Estaba oscuro cuando despertó… pero de nuevo, había estado oscuro cuando se había dejado inconsciente, así que no era sorpresa. Sin embargo, por alguna razón parecía un poco más oscuro de lo normal… y ligeramente más tranquilo.

Conocía esta sensación… la sensación de que de repente hubiese sido envuelto con algodón o algo y todos sus sentidos se hubiesen apagado. Luna nueva… noche humana… mierda…

Ahora le dolía todo… su cuello estaba tieso y sus extremidades frías, y no fue hasta que olió el fuerte aire salado que se dio cuenta dónde estaba, y qué había estado haciendo antes de caer inconsciente.

Destruyendo el puente… huyendo de la isla por… Kagome…

Permaneció ahí por largo tiempo, sólo mirando las estrellas en los cielos. Su mente repitiendo la escena en el salón del trono, una y otra vez. Estaba muerta… realmente estaba muerta…

Y aquí estaba porque iba a salvarla, recordó él. Iba a seguir a Sesshomaru e iba a traer a Tenseiga de ese bastardo gallina y a revivir a Kagome. Se forzó a sentarse, gruñendo levemente ante el dolor que se disparó por su tieso cuerpo. No podía ahondar en Kagome ahora… tenía que concentrarse en poseer a Tenseiga para poder salvarla.

Aunque… ese dominante dolor y vacío lo llenó ante la idea de ella muerta y fría en el piso del trono. Literalmente le quitó la fuerza e hizo una mueca mientras caía en la arena con un destrozado jadeo. "M-Maldición…"

Tuvo que permanecer ahí por un tiempo, un brazo sobre sus ojos intentando desvanecer la imagen de Kagome de su mente. De cierta forma funcionó… pero sólo terminó recordando cosas extrañas…

Cosas como hablarle a un árbol… profanar su habitación… besar a Bankotsu y… lastimar a Kagome - más de una vez. Qué demonios lo había poseído para hacer todas esas cosas?

"Realmente debo haber estado loco…" comenzó a sentarse otra vez, intentando buscar en su cerebro una pizca de locura… alguna idea que fuera extraña… algo para delatar que aún estaba loco.

No encontró nada. Todo tenía sentido y de repente no tenía urgencia de quitarse la ropa y correr desnudo por la playa gritando como una persona verdaderamente loca. No… todo estaba golpeándolo con perfecta claridad, mayormente la muerte de Kagome. Sus recuerdos fueron un poco rudos en los extremos, como si hubiesen pasado hace mucho, mucho tiempo, aunque sabía que apenas habían pasado la semana pasada.

Era extraño… como si los últimos días hubiese sido una persona completamente diferente…

Y hablando de quitarse la ropa…

Bajó la mirada y se tensó de nuevo. Qué demonios le había pasado a su ropa? Su grueso haori que alejaba el frío se había ido, dejándolo sólo en su delgado kimono que alcanzaba el medio muslo, y un par de pantalones tres cuartos igualmente delgados que usualmente iba debajo de su hakama… la cual también estaba perdida, junto con sus botas.

"Típico…" refunfuñó él mientras se levantaba tembloroso, intentando sacudir la arena de su húmeda piel. Obviamente unos buenos samaritanos habían pasado, visto al hombre inconsciente con los buenos zapatos y el haori y hakama de las ratas del fuego que eran tan buenos como cualquier armadura, y decidieron que como el joven durmiente no estaba usándolas…

Gruñó enojado mientras sacudía su cabeza, intentando retirar la arena en su cabello. La arena era algo asombrosamente resistente… parecía salir de todas partes… Estaría sacándose esa cosa de su cabello al menos por otra semana…

Eventualmente, se rindió de intentar deshacerse de la arena, no lo estaba llevando a ningún lado, y tenía cosas más importantes que atender. Afortunadamente Tessaiga aún estaba a la mano. Quienquiera que haya robado la mayoría de su ropa afortunadamente había superado a la vieja katana en su mano. Levantó la funda y la aseguró en su cintura, deslizando dentro a Tessaiga mientras giraba sus ojos hacia el mar.

Con su humana visión, y siendo de noche, apenas podía ver más que unos pocos metros en el agua. El puente debería estar elevado para entonces, pero siendo el genio que era, lo había destruido.

Por qué? Realmente no recordaba… era un manchón.

Por un serio momento contempló regresar a la isla en ese momento, nadando o en bote, no le importaba. El punto era, Kagome estaba allá… no tenía idea de qué le había pasado a su cuerpo para entonces. Había sido un estúpido al irse tan apresuradamente, y quería regresar y arreglar las cosas antes de irse en su misión de encontrar a Tenseiga.

Pero otra parte más urgente de él estaba diciéndole continuar. Sesshomaru probablemente estaba caminando hacia Tokio para entonces con Tenseiga colgada a su lado. Inuyasha no podría arriesgar desperdiciar más tiempo, por el bien de Kagome…

Tenía que continuar…

Aunque con sentidos humanos, no tenía idea de dónde comenzar a buscar…

Era momento de 'seguir a su nariz'. Él suspiró y comenzó a subir la pendiente de la playa, hacia el angosto camino que se extendía a lo largo de la costa oeste en ese lugar. Sabía que si iba hacia el norte se dirigiría hacia tierras neutrales donde no gobernaba ningún jefe y los villanos eran libres y, bueno, neutrales. Si iba hacia el sur se dirigiría directo hacia un distrito llamado Nagato… un lugar al que no deseaba ir de nuevo.

Por cuál camino habrá ido Sesshomaru? Conociendo al tonto probablemente no habría tomado ningún camino y se adentró en el bosque, tomando el camino más duro y difícil a donde sea que fuera. Si realmente iba a algún lado. Ahora era un caminante…?

Bueno, por su bien mejor que hubiese ido al norte, porque Inuyasha ciertamente no iba a dirigirse hacia Nagato o el bosque en este momento de noche. Ahora dónde estaba ese caballo…?

El caballo también había sido robado. Era eso o había huido, abandonando a su dueño. Pero eso no era mucho problema, no cuando la tierra estaba llena de comerciantes en su camino al este de Nagato. Y a los comerciantes con frecuencia les gustaba llevar caballos y todo tipo de bienes junto con ellos en sus viajes a esos mercados.

Significaba que Inuyasha no tendría que ir muy lejos hasta que se topara con un grupo de comerciantes en sus humildes caminos. Seis caballos y tres hombres… al menos podrían disponer de un caballo.

Por supuesto, robar un caballo de tres hombres en forma humana no era una tarea fácil, pero de alguna forma logró distraerlos lo suficiente para quitarles una de las yeguas más fuertes y hacer un rápido escape. No había sido seguido desde que los comerciantes no podían abandonar sus bienes. Simple.

Pero ahora estaba exhausto y tuvo que luchar por mantenerse despierto y detenerse de caer de su nuevo caballo. Tenía una misión… y si podía lograrlo hasta la mañana sin caer dormido, sería mucho mejor. También tuvo que luchar por mantener su mente ocupada, de lo contrario sus pensamientos ultimadamente lo llevaría al salón del trono… a Kagome.

Mentalmente sacudió la mirada sin vida en sus ojos y forzó su atención de regreso al estrecho camino que estaba siguiendo por el bosque. Por fuera puede verse calmado, con cabeza fría y seguro de a dónde iba… pero por dentro su corazón estaba estresado y su mente en un estado peor. Miraba el camino mientras la yegua caminaba continuamente… realmente no estaba consciente de lo que pasaba a su alrededor y de nuevo se encontró llenándose con pensamientos de Kagome.

Los vagos recuerdos de los días pasados no fueron plácidos como parecían. Recordó pensar algunas de las cosas más horribles que haya imaginado… cosas que podrían perturbarlo. Ideas de lastimar a Kagome, romper su brazo… destrozar su espíritu.

Hizo una mueca y se movió en la silla mientras recordaba lo que había pasado esa vez en la primavera. Había estado aterrorizada de él… y no le había importado en el momento. Mirando atrás era obvio lo asustada que había estado, pero en el momento no lo había notado. Era muy perturbador. Había querido ponerla en su lugar… castigarla por ser franca y diferente - las dos cualidades de ella que más admiraba. Qué demonios le había pasado?

Una fría sensación pasó sobre él mientras recordaba la forma en que la había tocado… violado… visto su dolor y escuchado su grito. Estaba disgustado consigo mismo, lo había disfrutado por esa fracción de segundo hasta que había hablado sobre amor y hecho sentir mal y llevar su mente a su abrupto alto. Sus recuerdos del momento después eran borrosos, realmente no los recordaba del todo, su mente había estado muy dispersa cuando ella le había lanzado la palabra A en su cara.

Eso fue lo más cercano que le había hecho a Kagome de esa forma…

Probablemente odiaba sus agallas. No era nada que no mereciese… ni por tratarla así.

Un distante sonido de risas lo regresó de ese momento del tiempo y salió de sus pensamientos para mirar hacia el camino. Adelante, pudo ver una luz intermitente a través de los árboles, como un campamento. Incluso con sus oídos humanos podía escuchar la plática, sonando ligera y si no levemente ebria. No eran hombres lo que podía escuchar, sino mayormente mujeres y voces infantiles.

Mientras se acercaba a la luz y al campamento, se preguntó en qué se estaba metiendo. Alguna tropa de gitanos, tal vez? Un grupo perdido de comerciantes? Hubo un estallido de luz azul a través de los bosques mientras se acercaba, casi asustándolo. Siguiendo el estallido hubo sonidos de apreciación y ánimo. Podría reconocer ese tipo de magia en cualquier lado, se burló. Duendes nada menos. Bueno, los duendes veían mucho de lo que pasaba en los bosques, así que tal vez sabrían si Sesshomaru había pasado por el área.

"Buenas noches señoritas." Tosió él fuertemente llegando al pequeño claro con el fuego y los duendes. Todos se veían humanos, pero sus sonrisas no titubearon mientras se giraban para mirarlo. Jóvenes y ancianas, pero todas mujeres. "Me preguntaba si podrían ayudarme."

"Es uno fuerte." Dijo una duende mayor. "Arrogante."

"Culpa a mi padre." Respondió Inuyasha planamente.

"Testarudo." Dijo otra. "Franco."

"Culpa a mi madre."

Hubo una risa general. "Cree que es bueno y noble! Qué divertido!"

"Soy bueno y noble!" Espetó Inuyasha, su paciencia ya acabándose. "Miren - van a ayudarme o no?!"

"Ayudar a encontrarte? Encontrar tu alma?" intervino una joven a su rodilla y él frunció.

"No necesito encontrarme - nunca estuve perdido! Y sé dónde está mi alma!" él señaló su pecho. "Justo aquí! Estoy buscando un joven Inu Youkai. Han visto uno por ahí?"

"No seas tonto." Otra mujer resopló. "Todos saben que sus almas están en sus brazos derechos."

"O el izquierdo, dependiendo de cuál lado del cerebro usen." Otra duende discutió.

Inuyasha sacudió su cabeza. "Miren." Dijo lentamente, como si estuviera hablando con niñas, de cierta forma lo estaba. "Quiero encontrar un Inu Youkai. Sólo díganme - algún Inu Youkai ha pasado por este bosque en la última semana."

"Un lindo Inu Youkai?"

"Sí. Parece una mujer."

"Estás celoso." Fue la franca respuesta.

"Qué?!" Espetó Inuyasha enojado.

"De su inteligencia y carisma superior!" una mujer dijo desde el fuego. "Estás celoso - sí lo estás!"

"Si quisiera ser la encarnación viviente de un carámbano entonces no tendría ningún problema - suelta!" él retiró las manos de la joven que había estando explorando su pierna un poco más. "Sólo quiero una respuesta directa - sí o no?! Lo vieron?!"

"Es una posibilidad. Vemos muchas cosas."

"Y tu visión tan periférica vio al viejo de pelo blanco con la peluda estola alrededor de su hombro?" Demandó Inuyasha. "Necesito encontrarlo - es cuestión de vida o muerte."

Hubo un espontáneo sonido de tristeza, de simpatía alrededor de los duendes. Dirigió una mirada alrededor confundido. Brujas… cada una de ellas…

"Gran tristeza inunda tu alma." La chica a su lado señaló su brazo derecho. Él giró sus ojos y miró suplicante hacia los cielos.

"Sólo díganme si han visto al perro demonio y la tristeza se irá." Respiró él, temeroso de que si levantaba su voz más que un susurro se quebraría.

"Tan aterrorizado de su propio control…" la vieja duende en el fuego habló de nuevo. "Otra vez se saldrá del camino correcto y se perderá en la locura que burbujea bajo la superficie como un grito luchando por escapar?"

Insectos perceptivos. "Les pagaron para ser así de vagas, no?" gruñó él, disparándole al horizonte distante una mirada sobre las copas de los árboles. La luz estaba comenzando a esparcirse mientras la mañana se aproximaba rápidamente hacia el amanecer.

"Pega el brinco, no?"

"Tu pregunta es en vano de todas formas."

"No sobrevivirás solo."

Inuyasha distraídamente retiró de nuevo las manos de las duendes mientras le fruncía a las mujeres a su alrededor. "Dejarían la deprimente basura - todo lo que quiero saber es dónde está Sesshomaru."

El sol brilló sobre el horizonte a este punto, y sintió el ardor de su sangre Youkai despertando en sus venas. Era una leve sensación que parecía más refrescante que dolorosa mientras sus uñas se engrosaban y alargaban, sus orejas se tornaban peludas y puntudas y se deslizaban hacia arriba en su cabeza. Escuchó con nueva claridad el jadeo de deleite de las duendes mientras observaban su cabello esparcirse blanco desde las raíces hacia las puntas como si de repente hubiese envejecido unos cientos de años.

"Hanyou!" rió la anciana y juntó sus manos. "Hazlo otra vez!"

"Ahora vemos por qué quieres al Inu Youkai!"

"Te diremos en ese caso."

"Dónde?" Inuyasha sintió el cansancio salir de sus huesos mientras se inclinaba. "Lo han visto? Por cuál camino se fue?" Una vez más tuvo que retirar las manos de la duende que ahora estaba separando sus pies para examinar las uñas.

"Hmmm…" una duende de mediana edad inhaló profundamente como si inhalara la información para responder su pregunta. "El Inu Youkai… se dirigió hacia las minas de plata en el norte."

"Minas de plata?" Repitió Inuyasha. "Para qué fue allá?"

"No examinamos su alma. No pudimos. Demasiadas capas - a diferencia de ti que eres simple de mente como el día que naciste." Respondió la mujer. "No encontramos respuestas a sus motivos y preguntas."

"Bien." Él haló las riendas para mover al caballo. "Han sido… de ayuda…"

"Visítanos otra vez cuando estés completo!" entonaron tras él.

"Ni en sus vidas!" gritó él sobre su hombro mientras aceleraba, dirigiéndose hacia el norte.


Jakotsu bostezó levemente mientras recogía su kimono para reunirlo alrededor de sus rodillas mientras caminaba por la oscura agua desde el bote hacia la playa. El agua fría helaba sus pies y apresuró el paso mientras salía del agua y subía por la duna de arena que se había reunido tras la destrucción del puente de arena. En la cima soltó su kimono y miró alrededor, escaneando el área por alguna señal del Rey Hanyou.

Obviamente, casi habían pasado dos días desde que Inuyasha se había ido, y el hanyou no estaba por ningún lado… pero…

La mirada de Jakotsu descansó en un parche de desordenada arena a una distancia. Ningún intento había sido hecho para esconderlo… y la impresión en la arena indicaba que una persona había estado acostada ahí hacía poco tiempo. Aún mejor, fueron el conjunto de huellas que se alejaban de la desordenada arena, primero dirigiéndose hacia la orilla y luego regresando a subir la pendiente hacia el camino sobre la playa.

No podría haber sido alguien más. Y por lo que se veía, era inconsciente de que estaba siendo seguido… esto era un juego de niños…

Era simple cuestión de seguir el rastro por la pendiente hacia el camino y tomar el norte en busca del prófugo rey. No podía esperar, era todo lo que podía hacer para contener su excitación. El rey hanyou estaba siéndole entregado en bandeja de plata. El hermoso Rey Inuyasha… con las lindas orejas y el sexy cuerpecito. Tan ingenuo y tan agresivo al mismo tiempo. Realmente sólo era un muchacho en muchas formas…

"Oye tú!"

Jakotsu levantó la mirada y miró tras él para ver una banda de comerciantes acercándose. "Quién yo?"

"Eres un marica, no?" el líder le echó un vistazo.

"Tal vez. Me lo han dicho." Jakotsu se movió para descansar su funda en su hombro, mirando a la banda de hombres. "Necesito un caballo. Les importa si tomo uno?"

"Tendrás que dar algo por él." Los comerciantes llegaron a un alto a unos metros. "Qué tal esa espada?"

"Qué hay con ella?" Jakotsu la bajó de su hombro para descansar la punta contra el suelo.

"Se ve muy costosa." Asintió el comerciante. "Muéstranosla y consideraremos un trato."

"Por supuesto…" Jakotsu sonrió oscuramente mientras deslizaba a Jakotsutou de su funda. "Se las mostraré."


Kagome no había salido de su habitación por toda una semana. Sí, era natural penar tan profundamente por la pérdida de un ser amado, y Sango entendía tan bien como todos que Kagome había amado a Inuyasha, probablemente más de lo que se amaba a sí misma. Pero ahora estaba llegando al punto de verdadera seriedad. No comía, tampoco veía a nadie y no hablaba por la puerta.

"Kagome?" Sango descansó sus manos levemente contra la puerta. Su alma dolía por su amiga, y aún más por Inuyasha. Pero tenía que seguir fuerte por su Kagome. "Por favor… Kagome abres la puerta?"

No hubo respuesta.

Miroku había especulado que tal vez no estaba ahí. Tal vez había cerrado la puerta contra ellos, puesto conjuros ofuda sobre el marco para detener a los guardias de derribarla, luego saltó por la ventana para huir y matarse al saltar del mismo barranco.

Se había ganado una sincera bofetada por eso.

"Kagome… por favor!" Sango estresó sus palabras. "No estás comiendo! Tienes que hacerlo o morirás! Crees que Inuyasha querría que eso pasara?"

Aún no hubo respuesta. Pero al menos no estaba en peligro inmediato. Los humanos algunas veces podían pasar sin comida por semanas. El agua era un problema más preocupante, pero afortunadamente parecía estar tomándose las copas que eran dejadas afuera de su puerta, pero sólo cuando nadie andaba por ahí.

Los nervios de Sango estaban desgastándose como estaba. Quería hablar con Kagome, compartir su dolor, y aliviar algo del suyo. "Crees que eres la única sufriendo aquí?!" acusó ella amargamente a través de la puerta. "Crees que después de conocerlo toda mi vida - yo no estoy de duelo también?!" ella golpeó la puerta enojada con su puño. "Kagome! Abre la puerta!"

No sorprendentemente, después de dos semanas de aislamiento, Kagome aún no le abría la puerta a su amiga.

Sango logró componerse de nuevo y contuvo las lágrimas al borde de su visión. "Lo siento… Te traeré la cena en una hora… puedes tomarla o dejarla. Tú decides."

Ella se alejó en silencio de la puerta y la miró un momento antes de girarse para dirigirse a sus labores. Se detuvo de una cuando vio a Miroku de pie a unos metros, observándola tristemente. Era la única persona que no soportaba tener alrededor. No porque la enojara o irritara… sino porque podía ver su dolor por lo que era y sabía que sólo estaba guardándoselo para ella. No podía derrumbarse y llorar… tenía que ser fuerte…

Lady Inu tampoco estaba bien, sólo poniéndose peor. Kagome estaba matándose de hambre y Fushi estaba haciendo un hábito diario el desaparecer sin rastro, preocupándola durante las horas del día y encima de todo, Inuyasha estaba muerto. El reino estaba sin rey y todos estaban en un estado de terror de cuándo el sur invadiría y conquistaría.

"No lo contengas." Le dijo Miroku tranquila y seriamente.

Sango sintió su resolución desplomarse y su rostro se derrumbó con desesperación mientras caía en sus brazos y desahogaba su corazón.


Algo no había estado bien con ese cuerpo…

Por supuesto que no se había sentido bien. Él estaba muerto. Cómo se supone que iba a sentirse bien?

Kagome frunció sus ojos ligeramente mientras miraba al techo, sus ojos moviéndose sobre las leves formas de las vigas de madera que se entrecruzaban sobre su cabeza.

No podía dormir. Cada vez que cerraba sus ojos veía el contenido de ese ataúd. Y las pocas veces que lograba unas cuantas horas de sueño después de agotarse con pena, todo lo que soñaba era la horrible realidad de que Inuyasha estaba muerto. Bueno al menos era un cambio de los sueños donde ella era quien moría por sus manos.

Y no podía comer, porque la vista del cuerpo la perseguía, haciéndola querer vomitar.

Deseaba nunca haber visto ese cuerpo.

Los últimos días había intentado desvanecer las imágenes de su mente… pero por primera vez dejó a su mente hundirse en ellas. Por qué luchar con lo que su cerebro estaba mostrándole? Una y otra vez. Estaban endurecidas en el ojo de su mente, y no iban a dejarla hasta que lo aceptara.

Su rostro había sido lacerado. Cortado más allá del reconocimiento… al verlo casi había querido gritar que no era él. No podría haber sido Inuyasha. Hasta que vio su rostro muerto y sin vida no aceptaría que estaba muerto! Pero entonces había visto sus orejas, caídas contra su pálido y familiar cabello…

Aún si hubiese habido otro hanyou en la isla, dudaba que se hubiese parecido a Inuyasha. Esas orejas eran de Inuyasha…

Aún si uno de ellos hubiese sido medio comido por esos animales salvajes.

Si ella hubiese podido sentir algún tipo de aura, habría sabido si era él o no. Pero no sintió nada además del frío sueño de la muerte… no la familiar calidez de su presencia, ni tampoco la desconocida presencia de un extraño. Sólo muerte.

Sus ojos se habían empañado con lágrimas para este punto. Había tratado de examinar el resto por pruebas de que él no era el hombre que amaba… pero no podía ver! Y lo poco que pudo ver fue muy horroroso para las palabras…

Por qué había pedido ver este cuerpo?

Inuyasha se había ido. Ese cuerpo no era él… era sólo su carcasa vacía. Carne y huesos. Donde sea que estuviese Inuyasha… no había estado ahí con ella. Tal vez ahora su alma estaba flotando hacia nirvana o algo estúpido como eso…

Nunca había creído en el más allá… Eso había sido hasta que Naraku llegó por supuesto…

Esperaba que Inuyasha hubiese sido una persona lo suficientemente buena para ir a un lugar feliz. Tal vez había sido reencarnado… como un perro tal vez? Tal vez renacería como el próximo hijo de Sango?

No… eso tenía un sentido levemente perturbador…

Tal vez estaba buscando en su derecho ese minuto y resopló ante su pena. Probablemente le diría abofetearse y continuar con su vida… estaba aburrida de observar cuando sólo se sentaba en su cama llorando todo el día. Sabía lo incómodo que lo ponía. Le diría hacer algo interesante… como jardinería.

Le habría dicho con alguien agradable que cuidara de ella…

En realidad… no lo haría. Cuando había sido cortejada durante los últimos tres años, desde los chicos del establo hasta amigos nobles suyos - él siempre había reprimido cualquier interés en desarrollo, diciendo que podría hacerlo mucho mejor que ese tipo de basura.

De cualquier forma, sentía que la única persona que él pensaba justo para estar con ella… era él mismo.

Pero no se entregaría.

Ahora estaba muerto. La había amado? Estaba llorando en su tumba, maldiciendo su estupidez por no admitirle sus gloriosos sentimientos más pronto? O aún era indiferente?

Kagome cerró sus ojos brevemente y lanzó un brazo sobre sus ojos. Tan pronto se dio cuenta de lo que había hecho dejó caer su brazo. Inuyasha usualmente hacía ese gesto cuando estaba cansado o estresado. Habían compartido tiempo juntos… y aunque no siempre parecía hacer el esfuerzo para hacer tiempo para ella, lo veía al menos una vez al día. Pero eso nunca sería suficiente para Kagome. Pero a él no pareció importarle

Dio pistas, hizo ocasionales y discretos movimiento en él - movimientos que fueron lo inocentes suficiente para que no pudiera ser acusada de intentar colgarlo. Pero tal vez fueron demasiados discretos e inocentes, porque él nunca pareció captarlos. A veces lo ayudaba con la carga de trabajo. Visitaba las villas que no tenía tiempo para inspeccionar. Por supuesto, durante las últimas semanas había sido acompañada por Bankotsu. No había salido esta semana…

Las personas eran interesantes, y tan diferentes de su propia cultura, pero iguales en todos los sentidos. Se habían acostumbrado a tener humanos en los círculos reales, desde que habían estado viviendo con Lady Inu por muchos años. Su entusiasmo por aprender más sobre el pueblo Inu fue lo que la hizo una persona tan adorable para ellos. Estaban muy felices de compartir conocimientos sobre linajes, agricultura, las labores del reino en el que ahora vivían.

La gente la adoraba. Y ella se había enamorado de la isla a cambio… nunca pudo irse. Estaba fuera de pregunta.

Pero Inuyasha estaba muerto. Y la vida se había desvanecido completamente. La gente estaba de duelo por doquier. El funeral había llegado y pasado. El cuerpo había sido quemado y un nuevo rey iba a ser elegido pronto. Bankotsu probablemente era el mejor candidato… pero todos aún estaban reluctantes… era tan nuevo…

Tenían que aceptar las órdenes directas de Lady Inu. Como estaba, el reino estaba sobre sus hombros en ese momento. Por supuesto, sólo era temporal - pero era quien elegiría al próximo en la línea al trono - sería el chico del establo de nuevo o el amigo noble. O Bankotsu.

Pero Lady Inu estaba enferma. No podía reconocer los rostro al lado de su cama. Murmuraba cuando estaba despierta y gritaba con pesadillas cuando dormía. Aún no sabía que Inuyasha estaba muerto…

La destrozaría cuando saliera de su fiebre. Su esposo e hijo arrebatados de ella en el espacio de tres años. La mataría…

Pero era la única que podía elegir un nuevo Rey.

Ella escogería a Bankotsu, pensó Kagome. Parecía bueno y honesto. Tomaba sabias decisiones y tenía la fuerza que era cuestionablemente igual a la de Inuyasha. Sería un buen Rey… aunque no podía durar lo suficiente considerando que era humano. Fue una mente humana la que le había permitido a Inuyasha enloquecer.

Se había vuelto loco. Ahora estaba muerto…

Un pequeño sonido de la habitación adjunta la hizo sentarse y miró al otro lado de la habitación, intentando encontrar el origen del ruido. "Quién está ahí?"

Un momento de silencio.

"Por qué no sales?"

"Fushi?" El entrecejo de Kagome se arrugó preocupado. "Dónde estás?"

Él se asomó por la puerta de la habitación. "Mamá está llorando por ti."

Kagome lo miró un momento antes de sacudir su cabeza. "Cómo entraste aquí?"

"No cerraste la pequeña ventana… pasé por ella." Él estaba mirándola como si fuera una extraña. Tal vez lo era. No se sentía como la misma persona que había entrado a esta habitación.

"Sólo… quería estar sola por un tiempo, Fushi." Le dijo ella, honestamente.

"Una semana sola?" frunció él. "No estás aburrida?"

Ella le dio una sonrisa muy débil. "Mi mente me mantiene ocupada."

Fushi frunció ante eso.

Ella abrió sus brazos y lo invitó a entrar. Se acercó pero no entró en su abrazo. Pensó que había pasado la edad de necesitar abrazos. Ella dejó caer sus brazos con argumento.

Él bajó la mirada y frunció mientras frotaba sus descalzos pies contra el piso. "Todos están diciendo que el tío Inu está muerto…" él continuó mirando su gran pie. "No lo he visto en el palacio por años. Hubo ese funeral… Mamá dijo que no podía ir. Salí de todas formas y observé desde los árboles de sakura. El tío Inu estaba en el fuego, no es así…?"

Kagome asintió en silencio, rezando que Inuyasha la perdonara por no estar presente para honrar su cuerpo pasando de este mundo.

"Estoy confundido." Dijo él, un poco mal humorado. "Está muerto… pero… cuándo regresará?"

Kagome tragó duro. Esto era algo que Sango tendría que enseñarle… no era su lugar. Había aprendido sobre la muerte más joven que Fushi… había sabido que algunas veces cosas malas pasaban, y que la gente sólo dejaba de hacer lo que usualmente hacía. Se detenían. La había asustado por un tiempo, pero lo había aceptado a la edad de cuatro. Pero Fushi no había tenido que tratar con el concepto de la muerte. Vivía en un palacio saludable donde nadie había muerto durante los últimos cuatro años… bueno… al menos por los últimos siete días.

"A dónde vas cuando mueres?" Presionó Fushi titubeante. "Regresas, no? Eventualmente?"

Kagome sacudió su cabeza. "Fushi… algunas veces las personas se enferman… o envejecen… y sus vidas los dejan. Sus almas dejan sus cuerpos para renacer en mejores cuerpos… o para explorar sin las limitaciones de un cuerpo físico…"

"Pero cuándo regresarán de explorar?" preguntó Fushi, un poco más demandante esta vez. Estaba asustado.

"La gente muerta no regresa a sus cuerpos…" Le dijo Kagome tranquilamente. "Inuyasha se fue… no va a regresar a nosotros. Puede estar observándonos… tal vez nos visitará después en vida de alguna otra forma… pero no regresará."

"Pero…" Fushi estaba respirando duro, obviamente intentando no llorar. "Pero estuvo aquí la semana pasada! No puede irse y no decir adiós! Eso es malo! No nos extrañará?!"

Kagome asintió, encontrando difícil no llorar también. "Mucho. Y lo recordaremos por siempre. Estoy segura que él también continuará recordándonos. Te amaba mucho sabes… nunca quiso hijos pero estoy segura que estuvo feliz de tenerte como un sustituto."

Los brillantes ojos de Fushi se fijaron con los suyos, y sin un momento de titubeo, se lanzó en sus brazos, sollozos sacudían todo su cuerpo. Ella lo mantuvo cerca, delatando sus propios sollozos mientras cálidas lágrimas se deslizaban por sus mejillas para caer en su cabello. Sango iba a matarla.

"É-él se fue! S-sin d-decir a-diós se fue!" Tartamudeó Fushi contra su kimono. "S-si m-me amara n-no haría eso!" con sollozos era difícil de decir lo que estaba diciendo.

"Fue muy rápido. No tuvo la oportunidad." Susurró ella. Si hablaba sobre eso su voz también se quebraría con emoción. "Te amó como un verdadero sobrino… solía cuidarte cuando eras pequeño… llevarte a la cama cuando pudiste caminar y salir de tu habitación para dormirte en las escaleras… era tu guardián… siempre cuidará de ti. Recuerda eso. No pienses mal de él por irse tan pronto."

Y yo también intentaré no hacerlo…

Dónde estaba ahora se preguntó… si el más allá existía verdaderamente…?


"Inútiles… malditas… duendes…" refunfuñaba Inuyasha mientras partía una rama en dos una y otra vez hasta que quedara en pequeñas piezas. Las lanzó enojado en el camino adelante, puntualizando cada palabra siseada. "No podía ser… posiblemente… el salón de juegos! Tienen que ser las secretas minas de plata!"

No había sabido que había una mina de plata al norte, mucho menos dónde estaba exactamente. Estaba en Iwami… y ese distrito era un poco lejos al norte para su gusto. Necesitaba terminar con esta misión y regresar a tiempo para salvar a Kagome antes de que alguien decidiera cremar su cuerpo y arruinar sus oportunidades de revivirla.

Dónde demonios estaba él?

Su mirada fruncida cayó en una señal completamente profanada adelante. Yacía plana en el camino y ahora estaba enredada en helechos y enredaderas. Urgió a la yegua y se detuvo al lado para desenfundar a Tessaiga y hacer a un lado las plantas para poder leer la señal.

"Bienvenido a Kozushima-mura…" miró él con un frunce. "Dónde demonios es Kozushima cuando se está en casa?"


Continuará…


Nota de la autora: Un cambio de planes llega pronto que de nuevo puede sacar llamas de mi Mac. Sólo sopórtenlo y no me griten cuando hayan terminado de leer! (Apuesto que todos descargarán su frustración ahora - no voy a decirles lo que es, no tendrán que esperar mucho, lo prometo!)

Próximo capítulo - 'El Nuevo Gobernante'