Capítulo 8: Tres Minutos


Es extraño decirlo, pensarlo siquiera, mencionarlo en un parpadeo y luego cerrar la boca. Pero ahí estaban aquellos sucesos que habían ocurrido a la velocidad de la luz y con una fuerza impactante. Primero había estado aquel continuo caminar pesaroso, aquellas quejas hacia nadie y en contra de todos; luego la pequeña intermitente molestia al saber que las cosas cambiaban sin que él pudiese hacer nada. Entonces el enojo había dado paso a una experiencia maravillosa relacionada con la persona que en ese instante yacía frente a él, tan cerca como nunca antes, con la calmada respiraciónhipnotizante.

Entonces llegaban los múltiples deseos, las contradicciones que guiaban sus acciones, los suspiros que se sentían como ráfagas. Su corazón latía de prisa, con los ojos bien abiertos le contemplaba. Era tenerle allí y desearle con locura, siendo aquel chico el límite de sus propias fuerzas. Le adoraba, no, mucho más que eso; lo que sentía hacia aquel mortal era algo más que devoción. Era saberle aquel ser que definiría su existencia, que erradicaría la soledad y desvanecería la desesperación. Era ver en su rostro, en su cuerpo, en sus sutiles movimientos, toda aquella libertad que su alma ansiabay, al mismo tiempo, las cadenas más tortuosas y que más deseaba, por las cuales su ser entero clamaba.

-¿Estás preparado?- preguntó con voz cadenciosa y extrañamente grave.

Sus manos temblaban cada vez que se acercaba a la blanquecina piel, cuando hasta el movimiento más suave se le hacía horriblemente brusco. Simplemente era como si no quisiera perturbar la paz del momento. Allí, frente a él, estaba el ser humano frágily delicado como la porcelana; en cambio, él era el monstruo fuerte y triste que podía quebrarle en pedazos aún sin desearlo.

Y a pesar de la aparente serenidad del momento, a pesar de los murmullos de la noche y el leve ondear de las cortinas, muy a pesar del calor del ambiente y los latidos de sus corazones, aún cuando todo el entorno demostraba una calma sin precedentes y una suavidad enloquecedora, toda su alma se hallaba en un estado casi caótico, con miles de pensamientos vagando dentro de su cabeza, estallando en una colisión espontánea que arrasaba con cualquier otra emoción que no fuese un nerviosismo agonizantey destructivo. Porque ahí estaba... bello y preciado como un santo dispuesto a su despertar, su nacimiento al mundo inmortal. Aceptando, un mártir de carne y hueso, tan bello en la demencia de sus oscuros ojos negros y aquel antiguo pesar que calaba hondo en él, viendo en aquella pantalla borrascosa los antiguos recuerdos que quemaban más que el fuego, que abrasaban más que al ardiente deseo, que dolían más que el sufrimiento mismo.

"¿Qué es lo que esconde tu alma?", parecía preguntar.

Y allí, entre vahos y velos, pacífico aunque alerta, estaba el aterrador secreto del cual tal vez ni siquiera Sasuke era consciente. Pero para Naruto estaba allí, como una vieja película, sin sonido y sin color pero perfectamente visible. Entre los retazos del pasado se guardaban tenebrosas memorias, masacres inacabables y gemidos de dolor y éxtasis. Pero era un secreto enorme, poderoso, divino... El mortal no podía saberlo, siquiera intuirlo, que las cenizas de su propia consciencia escondían cuerpos muertosy huesos corroídos por el tiempo.

-Estoy listo- respondió Sasuke mientras sus puños apretaban las suaves sábanas bajo él.

Estaba listo, sí, por completo. Sabía todo lo que tenía que saber, era consciente de los múltiples poderes que adquiriría si realizaban el Rito Sagrado, como Naruto solía llamarle. Estaba plenamente consciente de que perdería muchas cosas, pero realmente esas cosas nunca habían estado ahí para él. ¿No volver a ver la luz del sol? ¿Evitar todo posible contacto con los seres humanos? Cuando Naruto le había dicho esto, una sarcástica sonrisa se había formado en sus labios. La luz del sol era un mito para él, quien nunca había sido capaz de disfrutar del día plenamente, viviendo en un mundo de sombrasy susurros que no eran tal. Y el contacto humano era tan escaso como aborrecido. Los amigos, por su parte, eran meras ilusiones que no encajaban en su forma de ser. Tal vez al único a quien realmente extrañaría sería Lee, quien se había adentrado en su mundo de oscuridad sin proponérseloy, poco a poco, había ido tornándose en algo más que una voz y un cuerpo nulo.

Lee era...

Lee era lo más parecido a un amigo que Sasuke hubiese tenido nunca.

Por raro que parezca y a juzgar por su personalidad, se habría esperado de ese chico ser alguien molesto, ruidoso y especialmente perturbador en cuanto a su creciente alegría. Sin embargo, a pesar de portar siempre una enorme sonrisa y a pesar de presentar charla a cualquier ser con voz y boca, su verdadera forma de ser era completamente diferente. Esto, Sasuke sabía, se debía a ciertos eventos pasados relacionados con la muerte de su madre y la locura de su padre, pero estos eran temas que ninguno de los jóvenes solía tocar o discutir, mucho menos recordar. Lo único queSasuke necesitaba saber era que Lee estaba dispuesto a convertirse en la luz que guiara su camino. Y exactamente eso había sido, al menos hasta la llegada de ese misterioso ser que había comenzado a robar cada uno de sus pensamientos.

Al conocer a Naruto, el corazón de Sasuke había empezado a dividirse peligrosamente. Su existencia a la mitad vagando entre la vida y la muerte, un mundo lleno de pequeñas sonrisas conciliadoras y otro lleno de sangre como la droga y excitantes muertes en las callejas de su cerebro.

-Realmente...- susurró Sasuke echando el rostro a un lado, temiendo estar dentro de otro de sus sueños y despertar de un momento a otro a la terrible realidad- ¿Realmente me deseas?

-Con desesperación- respondió el rubio mordiéndose los labios de anticipación.

¿Desearle? ¿Con locura? ¿Arrebatadoramente? ¿Al punto de llorar debido a las ansias por tenerle? ¿Sintiendo su pecho hervir ante toda aquella demora? No, ni siquiera eso sería suficiente para describir lo que bullía en el interior del vampiro. Tomar a Sasuke... hacerlo suyo... unir sus vidas a una muerte eterna y sublime... ¡La Gloria!

-No puedes siquiera imaginar cuánto he deseado esto- dijo finalmente con una sonrisa, y sus brillantes hebras rubias danzaron con gracia.

Con movimientos sutiles y casi imperceptibles se acercó, cual felino, y lo primero que sus manos hicieron fue buscar las hebras de pelo negro que caían a cada lado del apuesto rostro blanco, de una apariencia enfermiza pero poseedor de una fuerza de voluntad incomparable, de una altanería y egolatría nunca antes vista en un ser tan débil. Pero era esto mismo lo que atraía al vampiro como un imán. Era ese espíritu guerrero que negaba a cualquiera que se atreviera a intentar cambiarle, reprimirle, contenerle. Y sin embargo...

-Eres mío...- susurró Naruto entrecerrando los ojos.

-No te confundas, dobe- replicó Sasuke sin cambiar la expresión perdida de su rostro-. No te pertenezco, no soy de nadie.

El rubio mostró una sonrisa de complacencia, sus desarrollados caninos brillando. Sí, eso era lo que le gustaba, la guerra, la batalla, el deseo de reducirlo a ser su esclavo sabiendo de sobra que será casi imposible lograrlo.

-Eso es lo que me gusta de ti- murmuró el vampiro acariciando los contornos del bello rostro, notando con sumo placer los ojos negros que se cerraban ante las caricias y se entregaban a la sensación-. Eres como una bestia salvaje, como un animal herido que se lanza sobre mí si tiendo mi mano en tu dirección. Me pregunto... ¿qué será ser como tú?

Ante estas palabras los ojos de Sasuke se abrieron y se dirigieron en su dirección. Casi podría decirse que le había mirado, pero eso era simplemente imposible. Pero casi, casi le había visto, y una décima de entendimiento había surcado sus prístinas gemas azabaches. Había en todo aquel intercambio de palabras y susurros una especie de encantamiento. Allí estaba la bestia hambrienta tratando de seducir al jovenzuelo despistado que lleva sobre su hombro una escopeta pero no se atreve a usarla; no la utiliza porque si mata a la bestia su ropa se llenará de sangre y es muy fastidioso limpiarlo luego.

Es entonces cuando el vampiro se lanza sobre su cuello, le chupa la sangre hasta morir y lo deja tendido en medio de la acera para que lo encuentre en unos minutos la policía. En cambio, en esta ocasión, el cuento había variado un poco. Ahora la bestia poseía una voz hermosa y auguraba secretos placeres, porque el oscuro ente de la noche estaba dispuesto a compartir su agonía, no, más bien le sentenciaba a compartir su dolor. Ahora el descuidado joven, que es ciego, cabe destacar, se mueve de forma fantasmal sobre el colchón extremadamente suave y logra llegar a tientas hasta donde se encuentran las vendas que tomara del hospital antes de partir por la ventana, cuando el vampiro lo hubo sostenido en brazos y susurrado a su oído que era tiempo.

Y, exactamente, era tiempo de la cacería y el juego.

-Naruto- le llamó desde su posición, con las blancas vendas entrelazadas con sus largos dedos de pianista. El rubio le observó dedicadamente, con el corazón latiendo con fuerza dentro de su pecho al tiempo que la creciente excitación sobrepasaba sus sentidos-, una vez me dijiste que si cierras los ojos tus sentidos se conectan con los de los demás seres humanos y eres capaz de ver a través de ellos.

El rubio asintió gratamente sorprendido. Así que las palabras que le decía a Sasuke no quedaban en el olvido... Saber esto era siempre divertido, que todo lo que decía era fielmente grabado en aquel cerebro lleno de genialidad.

-Así es- respondió acercándose a él y tomando las blancas manos.

-Y hace un momento dijiste que querías saber qué se sentía ser como yo- no hubo espacio para la respuesta; sin un segundo de pérdida continuó:-. Puedes serlo ahora- y mientras hablaba acercaba sus manos al rostro del vampiro y cernía las vendas alrededor de sus ojos-, verás tanto como veo yo...- ató un nudo fuertemente y acercó sus susurrantes labios a los del otro- seremos iguales...

Un electrizante escalofrío recorrió el inmortal quien, con los ojos vendados, simplemente atinó a afianzar a Sasuke por las caderas, por momentos perdiéndose en la sensación de oscuridad y vacío que se cerraba entorno a él. Ciertamente, aún con los ojos cerrados, era capaz de ver a través de los ojos mortales. Pero cuando el mortal que estaba a su lado era completamente ciego, de alguna forma él también adquiría por momentos esa ceguera y sentía lo que el humano sentía, pero aún más intensamente.

Se maravilló entonces con la desesperanza, con el conocimiento: saber y no saber, sentir y no sentir. Ahora comprendía un poco el porqué de aquella actitud evasiva que Sasuke siempre solía tener. ¿Cómo confiar cuando estás tan expuesto? ¿Cómo aceptar cuando la tela de la realidad es como una niebla?

-Sasuke...

-Sé como yo...- susurró el pelinegro paseando sus manos por el rostro del rubio, grabando en su mente y su memoria cada ángulo, cada imperfección, cada parte de las delicadas y ahora apuestas facciones. Tanto tiempo había deseado tocarle y poder definir sus rasgos, saber cómo era, qué clase de rostro tenía, y ahora finalmente podía hacerlo- Siente como yo...- los labios eran delgados y suaves, las mejillas tenían extrañas marcas, tres a cada lado. En su imaginación Sasuke pensó en un zorro, un zorro destructor capaz de acabar con ciudades enteras y tal vez eso era. Tal vez Naruto era un zorro encerrado en el cuerpo de un niño, de un hombre, de un vampiro- Observa como yo...- con la yema de sus dedos descendió por la barbilla, el cuello, sus dedos se adentraron a los caminos prohibidos y ni siquiera la tela de la camisa pudo detener su toque. La piel era suave, fría, y quería seguir tocando... Tenía un cuerpo trabajado, moldeado por el ejercicio, y el amplio pecho que subía y bajaba con cada respiración- Eres hermoso...

A estas últimas palabras le acompañó un delatador sonrojo.

Era bellísimo...

Y siguió tocando porque lo necesitaba. Ansiaba saber qué otros secretos encontraría en los recovecos más ocultos de su piel. Con parsimonia total desató uno a uno los botones de la camisa, dejando al descubierto la piel pálida que brillaba. Con las manos extendidas recorrió el plano abdomen hasta llegar a su vientre y descubrió, no sin un secreto placer y una pequeña vergüenza, el miembro excitado de su acompañante.

Sonrió con su conocida socarronería.

-Naruto- susurró en su oído mientras movía su mano cadenciosamente sobre la despierta erección del rubio, quien apenas pudo morderse los labios y apretar su agarre en las caderas del otro-. Yo también he deseado esto...

-Sasuke...- la voz le salió débil, perdida entre un murmullo y una exclamación.

Se mordió los labios cuando los largos dedos de pianista se cerraron sobre su erguido miembro y acariciaron con parsimonia. Muchas veces antes había imaginado aquello. Que el peso mortal sobre sus piernas lo guiaba a la locura y él podía poseerlo incontables veces. Ah, se sentía tan bien que casi no podía contenerse. Y el corazón de Sasuke lo invitaba, y su lengua húmeda y caliente viajaba por su oído, produciéndole muchísimos escalofríos. Aún llevaba la venda sobre los ojos, lo cual hacía las sensaciones más intensas, y su espalda se arqueó cuando un espasmo sacudió su cuerpo y la mano del pelinegro recorrió la base de su sexo y acarició sus testículos.

-Naruto- le llamó con grave voz sensual, maravillado al saberse con tanto poder sobre el rubio que se retorcía ante sus caricias.

Su miembro también dolía de lo excitado que estaba. No podía sino reprimirse al escuchar los ahogados gemidos de su pareja y la forma en que su voz parecía pedir por más cuando, en realidad, trataba de contenerse al máximo, sintiendo que tal vez el orgullo estaba en juego, o la masculinidad.

-Te deseo- repitió el pelinegro besando con voracidad los fríos labios del inmortal. Y no mentía. Lo deseaba tanto, desde que su voz se había colado en sus sueños y había comenzado a atormentarlo, con una presencia hecha de sombras pero que amenazaba profundamente.

Y ahora le tenía allí.

Justo donde quería, derritiéndose entre sus manos.

Sí, Sasuke era confiado y sabía que Naruto moriría por él si tan sólo se lo hubiese pedido. Pero subestimar a un vampiro es de tontos, eso lo supo el pelinegro cuando sintió las fuertes manos que lo lanzaban sobre la mullida cama y le arrancaban la ropa con desesperación.

-N-Naruto, espera...

-No me...- el rubio besó sus labios con pasión extrema- no me puedes pedir que...- descendió por el cuello depositando húmedos besos cargados de amor hasta llegar al amplio pecho blanco- que espere- con su sonrosada lengua acarició uno de los erectos pezones, haciendo que Sasuke cerrara los ojos inconscientemente.

Su piel parecía brillar febrilmente ante los toques que nunca antes nadie había depositado en él. Y había en todo el suceso una especie de hechizo, Naruto se sentía tocar el mismo cielo, por momentos, cuando la piel de Sasuke, cremosa y pálida, enrojecía ante sus besos tan mortales. No podía soportarlo más. Mucho mejor, no quería seguir esperando. ¡Era ese el momento! Su propia excitación se apretijaba ya contra sus pantalones, y el pensamiento de que finalmente le tendría para sí, a ese hermoso mortal por el cual daría hasta la vida...

Le besó una y otra vez, hasta que los labios hinchados le pidieron que parase porque también Sasuke quería tocarlo, y sentirlo y saborearlo. Con sus ojos negros y en penumbras parecía decir: también eres mío. Y lo era. También Sasuke se desesperaba, ¡claro que sí! Toda una vida en las sombras, con los vagos recuerdos de un mundo que le había dado la espalda a la menor oportunidad, no podía sino perder la calma y el control. ¡Ansiaba tanto todo eso! Quería ser como Naruto, y tener su fuerza, su poder. Quería dejar de lado la soledad, la fragilidad que indudablemente le había sometido tantos años. No le importaba el mundo o nada más, simplemente quería dejar de depender de otros, de la bondad de Lee, del deseo de protección de Naruto, simplemente valerse por sí mismo. Eso quería...

-¡Hazlo ya!- exclamó, completamente desnudo, temblando levemente.

-Espera, debo advertirte algo- susurró Naruto, conteniéndose al máximo, también él luego de haber descartado su ropa. Su piel dorada parecía relucir, como si se tratara de un rayito de sol en aquella oscura habitación.

Pero Sasuke no quería escuchar. No lo necesitaba.

-No me interesa, hazlo de una vez- ordenó contoneando cadenciosa y sensualmente las caderas.

-¡Demonios Sasuke! ¡Deja de moverte así!-le detuvo el vampiro, perturbado por la erótica visión frente a él; pero no podía hacer lo que tenía planeado sin avisarle antes de los muchos riesgos que correría- No quiero... no quiero que te arrepientas de lo que vamos a hacer.

-Y no voy a arrepentirme- le aseguró el pelinegro, más que convencido de que, perdiera lo que perdiera, no sería nada comparado con lo que ganaría.

Pero había tantas dudas en el vampiro...

-¿Cómo lo puedes estar tan seguro?- inquirió, acercando su rostro al de Sasuke, perdiéndose en las pupilas que parecían observar a través de él cuando en realidad no podía ver ni a un palmo de narices.

-Sabes perfectamente que nunca me retracto de mis palabras, y estás consciente de que deseo esto en la misma medida que tú.

-Entonces... entonces escúchame Sasuke, porque una vez que empecemos no podré parar.

Un pequeño e ínfimo momento de silencio, y el mortal supo que lo que vendría a continuación sería el comienzo de una caída que nadie podría detener. Y no quería que parase. No quería detenerse nunca, por más doloroso que fuese el final. Porque sencillamente estaba harto. Harto de todas las situaciones que habían definido su existencia; harto de perder una parte de sí con cada día que pasaba; harto de fingir que no le importaba estar ciego cuando simplemente odiaba a la vida misma por haberle condenado de semejante manera; y más que nada, estaba harto de depender siempre de Lee para no caer en la desesperación. ¡Porque en el fondo seguía igual que siempre! Odiando cada segundo que permanecía con vida, deseando que alguien acabara con todo eso. ¡Y ahí estaba Naruto! El vampiro, el inmortal, el condenado que iba a salvarlo...

-Son sólo tres minutos, Sasuke...- comenzó el vampiro, su voz de pronto profunda, grave, un tanto macabra- lo que toma hacerte un inmortal como yo. Tres Minutos Sagrados -pensó con suma ironía, recordando por momentos el instante en que Gaara le dijera esas mismas palabras- en los cuales tu alma vaga a tu pasado y te muestra de forma torturante cada una de las imágenes que más te duelen. Cuando eso pase, aférrate a mí, Sasuke. Aférrate a mi alma y a mi cuerpo. Porque si no lo haces te perderé, y tu alma vagará por quién sabe qué sitio y tu cuerpo no será más que un cascarón vacío, sin vida. ¿Estás dispuesto entonces? Luego de saber esto, ¿aún me permitirás hacerlo?

Sus últimas palabras sonaron amargas, casi dolorosas. El simple pensamiento de que Sasuke no pudiera lograrlo, que no pudiera abandonar su pasado, ¡era demasiado para él! Y entonces...

Entonces sonrió.

Una sonrisa arrogante y decidida, y dijo:

-¿Qué estás esperando, dobe?

Sintió la seguridad bullir dentro de él, asimismo el deseo volvió a nublar su mente. Se lanzó a besar sus labios, y su miembro erecto rozó el otro. Ambos soltaron un largo gemido, Sasuke arqueó la espalda y Naruto le vio como la cosa más hermosa del universo. Y finalmente iba a ser suya.

Lo tomó delicada pero firmemente de los brazos. Le besó el pálido cuello, sintiendo la piel erizarse.

-Prepárate, Sasuke- avisó.

Sus largos colmillos acariciaro la piel tan frágil, con las venas que relucían como si fuesen hilos de luna. Sintió, junto al deseo y la excitación, el hambre voraz que le consumía. Tembló visiblemente, le besó la mejilla, derramó dos finas lágrimas de sangre, y le mordió el cuello con fuerza. Sus ojos brillaron, se encendieron, cuando de Sasuke brotó un gutural gemido de dolor y se aferró a su espalda como si la vida entera se le fuese en ello.

Dolía, muchísimo más de lo que Sasuke había pensado en un comienzo. Pero ni siquiera este pequeño sufrimiento pudo sobrepasar el placer que lo recorrió cuando, de una certera y profunda embestida, Naruto entró en él, robándole la respiración. De pronto era mejor que todo, que cualquier cosa, cuando el rubio inmortal salió de él para luego entrar aún más profundamente. Y había entonces mucho más que eso. Más que el frenético movimiento de ambos que hacía a Sasuke arquear la espalda y sus labios proferir sugerentes gemidos y jadeos. Era de pronto, en aquel momento, cuando todo el mundo parecía hacerse pequeñito, como si no contuviera ningún secreto. Y entre sus manos tenía una masa cálida que le inundaba las entrañas, cada partícula de su ser.

Entre ellos había un lazo, Sasuke pudo sentirlo cuando Naruto succionó con más ansias y la sangre de pronto fluía, casi graciosa, diluyendo sus fuerzas con el placer. Su propio corazón parecía estremecerse, cuando Naruto y él era un mismo ser. Pudo verlo, en aquel instante, lo que era ese chico de pdoeres sobrenaturales. Contempló, como un flash en un segundo, algo de lo que había sido su pasado hace ya tantos años. Allí había estado una aldea que le temía, un pelirrojo que le había arrebatado todo y que, de la misma forma, el había otorgado un mal mayor pero que barría con cada uno de sus antiguos pesares.

Eso era lo que Sasuke buscaba, lo que estaba obteniendo.

-¡Naruto!- gimió cuando el rubio golpeó su próstata.

De pronto era como si su vista se empañara.

Le sintió entrar y salir a una velocidad increíble. El placer resultaba demasiado grande e imposible de controlar. Sus gemidos se hicieron más sonoros, al igual que los del vampiro, quien le mantenía siempre tomado de las caderas, embistiéndole tan profundamente que eran como un sólo ser. Se estaban fundiendo...

Eso era lo que Naruto ansiaba, lo que estaba consiguiendo.

Le penetró más fuertemente, gritó su nombre cuando el éxtasis se hizo incontenible e indetenible. Allí estaba... el sabor de Sasuke, el aroma de Sasuke, el sudor de Sasuke, y la voz de Sasuke, cuando el orgasmo lo golpeó de pronto y no pudo evitar gemir su nombre mientras se corría sobre su propio abdomen. ¡La visión era demasiado maravillosa! El rostro del pelinegro lucía demasiado apuesto, con las mejillas sonrojadas, las hebras de cabello húmedas; demasiado excitante. Siguió embistiéndolo, bebiendo de él, hasta el momento en que el corazón de Sasuke y el suyo eran uno solo.

Aún no acababan.

Ahora venía la parte más difícil, cuando la muerte de Sasuke se encontraba tan cerca.

Se separó apenas un poco. Le miró, con adoración. Acarició un lado de su rostro, aún dentro de él. Con una de sus afiladas uñas hizo un corte en su propio cuello, pequeño pero profundo, y acercó la herida a los entreabiertos labios de Sasuke.

-Bebé- le instó.

Y antes de poder decir cualquier cosa, el pelinegro sintió la sangre vampírica inundarle el paladar.

Ahora sí, no había vuelta atrás.

Se aferró a la herida que sangraba, sintiendo que sus propias fuerzas se consumían y renovaban con vigor absoluto. El sabor era particular, no podría definirlo con palabras, pero se sentía como vino dulce, ansiado, esperado... Abrió los ojos levemente, pero una mata de pelo rubio le obstruyó la visión. Perdía el conocimiento, poco a poco. Antes de darse cuenta estaba llorando. Lloró en silencio, cuando el dolor en su pecho pasó de ser un débil aunque insistente punto a convertirse en una ardiente llama devoradora.

Allí estaba, entonces, el recuerdo.

Cuando todo se volvió oscuridad y el dolor en su corazón se hizo intolerable.

De fondo escuchó los leves latidos del corazón de Naruto.

Y su voz, que parecía susurrar...

"Regresa..."

CONTINUARA...