¡Hola de nuevo!
Aquí vengo con el siguiente capítulo; pero, antes que nada, tanto la autora como yo queremos agradecer, de todo corazón, todos los favoritos, follows y reviews que hemos recibido. ¡Mil gracias, de verdad!
Sin más dilación, os dejo leer…
Disclaimer: todo lo que reconozcáis pertenece a la grandísima JK Rowling, y la trama a WickedlyAwesomeMe. Yo sólo me encargo de traducir.
Capítulo 9: La fiesta de cumpleaños
Si alguien le preguntase, Theo negaría que hizo por encontrarse con Luna Lovegood en esa cafetería muggle. Estaba dando un paseo por el Londres Muggle, escapando de sus malditos trabajadores, del papeleo y de las responsabilidades. Mientras paseaba, sus ojos se dirigieron a una de las carísimas cafeterías muggle y la encontró sentada, escribiendo pensativamente en un papel.
Le había mandado una lechuza hacía dos noches, después de que Rose Weasley le rogase que invitase a Luna a su cumpleaños. Theo pensó que era una bendición disfrazada: tenía la intención de ponerse en contacto con Lovegood, para insinuarle la invitación a otra comida (esta vez ellos dos solos), pero no sabía cómo empezar la carta. Invitarla al cumpleaños de Rose era un buen comienzo. Sabía que le había gustado la amenaza, y pensó que contestaría al instante.
Al parecer, se había equivocado, y había estado preguntándose si su carta habría llegado a su destino.
Estaba herido. Ninguna mujer le había ignorado durante tanto tiempo. De hecho, sus ex le habían bombardeado con numerosos mensajes en el llamado teléfono móvil muggle. Las brujas le enviaban cartas, y las que más desesperadas estaban, Vociferadores. Él no podía aceptar que Lovegood ni siquiera se hubiese molestado en mandarle una carta, aunque fuese para rechazar la invitación.
Con estos pensamientos en mente, entró en la cafetería. Ella no había levantado la vista de lo que estaba haciendo, lo que hizo que su frustración aumentase. Tras pedir al azar lo que parecía un lujoso café, inmediatamente se dirigió a su mesa y se sentó en el asiento frente a ella.
Al fin, ella alzó la vista hacia el intruso. Hablando sinceramente, no estaba feliz de verle, y Theo no entendía el por qué.
—Hola —dijo con amabilidad, pero la tensión de su mandíbula apretada no abandonó su cara—. Estás de nuevo en el Londres Muggle.
—Obviamente —contestó, tamborileando sus dedos sobre la mesa. Miró a Luna expectante, esperando una disculpa por no haberle respondido, pero ella tan sólo le miró—. Oh, por… —se calló, recomponiéndose, y pasó una mano por su estiloso pelo—. ¿Por qué no has contestado mi carta?
Luna, silenciosamente, puso el bolígrafo sobre la mesa y le miró. Theo aprovechó la oportunidad para observar su ropa, y se sorprendió de nuevo por lo poco Lovegood que era. Llevaba unos vaqueros con una camiseta básica blanca. Su pelo rubio estaba sin hacer, pero podían observarse sus pendientes de rábanos. Vestía de una forma demasiado sencilla. Era raro pensar que estaba frente a la excéntrica Luna Lovegood que tenía ese extraño sentido de la moda con la que fue al colegio.
—No estoy segura de que te hayas dado cuenta, Theo, pero me he aislado de todo lo mágico —dijo con esa voz soñadora que le caracterizaba. Sus ojos azules no brillaban ese día, y eso le provocaba querer hacer cosas raras para devolver esos destellos a sus ojos.
—Puedo verlo —contestó, dándose cuenta de que ella ni agarraba su varita ni la sujetaba en su oreja. Dudaba inmensamente que estuviera en su bolsillo—. Pero responder a mi carta no te habría hecho daño alguno, ¿no?
Su rostro reflejó un poco de culpabilidad, y evitó mirar sus ojos.
—Ha sido maleducado por mi parte, lo siento —dijo al final—. He tenido demasiados torposoplos los dos últimos días y no pude encontrar el momento de hacerlo.
Estaba hablando, de nuevo, de esas malditas creaturas inventadas.
—Es gracioso que hables de tus queridas criaturas cuando has dicho explícitamente que te has aislado de todo lo que tenga que ver con la magia —explotó, incapaz de controlarse. Su ego estaba herido por su rechazo, y no pudo evitar volcarlo en ella.
Luna se estremeció por sus palabras, antes de mirarle despacio, con una frialdad que no sabía que Luna Lovegood pudiese poseer.
—Me recuerda a mi padre —dijo con simplicidad.
La molestia que sentía le abandonó de inmediato, siendo reemplazada por una culpabilidad que le hacía daño. Recordó que Xenophilius Lovegood había muerto en Azkaban después de haber fallado en entregar al Trío Dorado a los Mortífagos durante el reinado de Voldemort. Theo recordó que Luna había sido secuestrada durante esa época, y que su padre había tratado de negociar su vida por las vidas de sus amigos. Al final, la bondad que había en él le impidió hacerlo, y les permitió marcharse. Después de eso, fue rápidamente capturado por los Mortífagos y encarcelado en Azkaban, abandonado para que se pudriese ahí dentro.
Si Theo hubiese sido ella, se habría culpado a sí mismo por la muerte de su padre. Pero, ahora que lo pensaba, tal vez ella ya lo estaba haciendo.
—A Rose le gustaría que vieneses —dijo Theo al fin para romper el tenso silencio.
Al mencionar a la niña, una pequeña sonrisa apareció en la cara de la rubia.
—Es una niña muy dulce —dijo, mirándole—. Es una lástima que no pueda ir.
—¿Por qué no? —insistió Theo—. Es sólo una fiesta de cumpleaños. Será algo privado, lo juro. Lo celebraremos en el apartamento de Draco, y sólo asistirán cuatro personas.
—¿Incluyendo a Hermione y a Harry? —preguntó, su voz sonando innaturalmente calmada.
Theo rascó su coronilla.
—Bueno, sí. Obviamente —dijo, confundido por su pregunta—. Granger es la madre de Rose, y Potter es el mejor amigo de sus padres. Estoy seguro de que no se lo perderían por nada del mundo —la idea de pasar tiempo con los Gryffindor le hacía sentir incómodo, pero si eso significaba tanto para Draco, además de que se lo debía a Rose, no podía no asistir.
—¿Y lo van a celebrar en el apartamento de Draco? —preguntó, confirmándolo.
Él asintió con la cabeza.
—Sí —contestó—. Rose y Granger están viviendo con él. Parece ser que Granger está demasiado débil como para ir a su casa y cuidar de sí misma y de Rose.
Una extraña sonrisa se formó en sus labios.
—Draco siempre pensó que Hermione era guapa —dijo—. Lo podía ver en sus ojos.
Él bufó.
Aún no podía entender la extraña fascinación de su mejor amigo con la sabelotodo de pelo-arbusto. Theo sabía que Draco era súper duro con Hermione porque no podía entender sus sentimientos, bendito fuese su maldito corazón. Estaba convencido de que le quedó claro cuando desertaron y ayudaron al Lado de la Luz. Aún podía recordar, como si hubiese ocurrido el día anterior, las caras de Draco cuando Granger y Weasley anunciaron que iban a tener un niño y que se casarían tan pronto como la Guerra acabase.
Si la ruptura de un corazón tuviese una cara, fácilmente se parecería a Draco.
—No he… hablado con ellos durante años —dijo, mirando a la mesa nerviosamente.
—¿Por qué abandonaste el Mundo Mágico? —preguntó de nuevo.
Luna le volvió a mirar lentamente, con un brillo de conocimiento en los ojos.
—Creo que ya lo sabes —dijo con naturalidad—. Vivir ahí después de la Guerra… me traía demasiados recuerdos. Era… era sofocante —una triste sonrisa se formó en su rostro—. Tú, entre todas las personas, deberías entenderlo. Puedo verlo en tu cara. Que la magia puede cansar.
Theo, a veces, miraba su varita con asco, avergonzado de los hechizos que habían salido de ella para su supervivencia. Las guerras sacaban los rasgos más inhumanos en una persona. Cuando era un niño, nunca había habido ningún bando para él, sólo paz y confort. Estaba jodidamente seguro de que el Lado de la Luz no le ofrecería eso. La Luz y el Oscuro eran malditamente ridículos, para empezar. Fuera cual fuese el bando que escogiese, siempre habría confusión, dolor y peleas. Todo residía en la forma más aceptable de manejar el tema. La única razón por la que se unió al Lado de la Luz durante los últimos años de la Guerra fue porque le ofrecían la cosa más parecía a la paz y al confort que ansiaba. Ah, y Voldemort era una maldita putilla y merecía morir por haber separado a su familia.
La primera vez que paseó por el Londres Muggle fue por casualidad. Su reunión de negocios con una oscura compañía en los Países Bajos había sido cancelada por su temperamento, y estaba demasiado avergonzado de volver a su empresa. Theo no podía creerse lo en paz y confortado que se sentí al aventurarse por el Londres Muggle y encontrar el restaurante francés que pasó a amar. Desde entonces, se refugiaba en ese lugar cuando todo a su alrededor en el Mundo Mágico se volvía demasiado sofocante.
Así que sí, sabía que la magia podía cansar.
Queriendo cambiar el tema desesperadamente, aprovechó la oportunidad para mirar el papel sobre la mesa y se sorprendió de ver que ella no había estado escribiendo, sino dibujando. Sus ojos se abrieron, asombrado de que, en realidad, fuese un bonito dibujo de la abarrotada calle muggle de esa cafetería.
—¿Dibujas? —preguntó, dando un pequeño brinco cuando escuchó el asombro en su voz. No podía apartar sus ojos del dibujo, fijándose en cada uno de los detalles que ella había capturado a la perfección.
—Sí —sus ojos se dirigieron a ella, sorprendido por el tono rosa que había en sus mejillas. ¿Estaba avergonzada?—. En realidad, prefiero la pintura —confesó—. Pero es terriblemente desastrosa y huele —una pequeña sonrisa apareció en su rostro, recordándolo—. Ese olor no le gusta a todo el mundo.
Theo parpadeó, sin saber qué responder. En vez de ello, miró a Luna coger su bolígrafo y continuar dibujando.
—Rose te estará esperando —dijo en cuanto encontró su voz. Cogió una de las servilletas de la mesa y escribió en ella la dirección de Draco—. Le pediré a Draco que baje las barreras de su apartamento para que puedas acceder en caso de que decidas venir —una pequeña sonrisa ladeada apareció en su rostro mientras se levantaba y la miraba—. O, puedes venir de la forma muggle.
Entonces, procedió a irse sin mirar atrás, con miedo de lo que podría ver en su cara.
Era el día del sexto cumpleaños de Rose, y todo era un caos en la humilde morada de Draco Malfoy.
Los elfos domésticos de la Mansión habían acudido a primera hora de la mañana y habían estado hinchando globos y colgando decoraciones por todos lados. Cuando Rose se despertó, chilló encantada, señalando todas las decoraciones, y saltándose el desayuno.
Por esto, estuvo malhumorada hasta la hora de la comida, por lo que Tippy tuvo que hacerla rápidamente para contentar a la hambrienta cumpleañera. Draco no estaba acostumbrado a los almuerzos, y tuvo que morderse la lengua incontables ocasiones para no estallar con Rose. Hermione le miraba divertida, entendiendo su confusión, pero no hizo ningún comentario al respecto.
Su fiesta de cumpleaños a las seis en punto, pero Hermione había empezado a preparar la comida a las tres de la tarde. Los elfos domésticos de los Malfoy ayudaban encantados a la dulce Ama en la cocina, y Draco no la había visto en toda la tarde. Para ser una mujer recuperándose de una maldición mortal, Hermione tenía mucha energía.
Rose estaba ocupada preparando a sus juguetes para su fiesta, pidiéndole a Tippy que hechizase su ropa para que estuviesen guapos y festivos. Draco sabía que no tenía más opción que retirarse a su despacho si quería mantener su cordura.
A las cinco de la tarde ya estaba muriéndose de hambre. Al no haber comido exactamente a las doce de la mañana, su estómago estaba protestando el cambio horario de su comida. Pensó en ordenarle a Tippy que le hiciese unos sándwiches, pero estaba seguro de que estaría demasiado ocupado preparando la comida de la fiesta. Además, tenía mucha curiosidad por Hermione y su "deliciosa comida". Pensó que sería mejor estar hambriento por si no estaba tan buena como Rose había dicho, para no ofenderla si no tocaba nada de lo que hubiese preparado.
Potter llegó a las cinco y media, pasó por su despacho para saludarle y procedió a desaparecer a la cocina para ayudar a Hermione con los preparativos.
Theo apareció en su estudio a las seis en punto, con una loca mirada en la cara.
—¡Hay una maldita batalla ahí fuera! —exclamó, dejándose caer en uno de los sillones del despacho.
Draco gruñó, coincidiendo con él.
Diez minutos después, alguien llamó a la puerta. La cabeza de Hermione apareció por ella, con una amplia sonrisa en el rostro.
—La comida estará lista en quince minutos —anunció.
Malfoy escondió una risita mientras Theo la miraba boquiabierto.
—Joder, Granger, ¿estás bien? —preguntó Nott.
—Sí, ¿por qué? —preguntó Hermione.
Estaba hecha un desastre. Su pelo estaba más encrespado de lo normal, albergando trozos de queso y salsa roja. Su nariz estaba manchada de chocolate, y su ropa estaba llena de manchas de un montón de cosas que Draco no supo identificar.
—Nada, Granger —dijo el rubio, con la diversión audible en su voz.
Ella parecía confundida, pero, tras unos segundos, se rascó la nariz. Su gesto hizo que el chocolate se desplazase exitosamente hacia su mejilla.
—Bueno, ¡será mejor que me limpie antes de que empiece la cena! —fue su despedida antes de que su desordenado y desastroso pelo desapareciese tras la puerta.
Sin que él lo supiera, una sonrisa cariñosa creció en su rostro mientras miraba el lugar donde había desaparecido. Era raro que Granger estuviera así de despeinada. Ella siempre estaba impecable y limpia.
Draco, de repente, parpadeó sorprendido cuando Theo empezó a chascar sus dedos frente a su cara.
—Eh, eh, ojos al frente, soldado —dijo con una sonrisilla en la cara.
Draco apartó su mano de un manotazo y le taladró con la mirada.
—Por cierto, ¿dónde está Lovegood? —preguntó.
Todo el humor desapareció de la cara de Theo. En su lugar, frunció el ceño y evitó mirarle a los ojos.
—No estoy seguro de si vendrá —dijo decepcionado. Se mantuvo callado durante minutos, antes de respirar hondo y sonreír brillantemente de nuevo—. Bueno, hay más peces en el mar que Theodore Nott puede pescar.
Entonces, procedió a salir del despacho. Draco suspiró y le siguió, momentáneamente distraído mientras se maravillaba de cómo los elfos domésticos habían decorado su casa para el cumpleaños de Rose. Numerosos globos de helio inundaban su techo. Había confeti hechizado que caía desde arriba y desaparecía antes de tocar el suelo. Unas enormes letras que rezaban "Feliz cumpleaños, Rose" habían sido puestas en el centro de la habitación. Para ser una fiesta pequeña, los elfos domésticos no se habían andado con chiquitas. Era una pena que sólo seis personas fueran a asistir a la fiesta de la niña de seis años.
La cumpleañera estaba sentada en uno de los sofás de la sala de estar, jugando con las figuritas de los Tornados con Potter. El Niño Que Vivió tenía la varita en la mano, apuntando a las queridas figuritas de Draco, causando que hiciesen trucos que hacían que Rose aplaudiese, encantada.
—Eso cuesta mil galeones, Potter —gruñó Draco, anunciando su presencia—. Cada una.
Harry se sorprendió, tanto por su repentina llegada como por el precio de las figuritas, interrumpiendo su concentración. La figurita del Capitán Birch, que estaba suspendida en el aire, cayó precipitadamente. Se escucharon pequeños gritos que provenían de la figurita y, gracias a Merlín, los reflejos de Buscador de Harry Potter se mantenían intactos. Si no fuera así, su cámara de Gringotts habría sentido la pérdida de mil galeones.
—Ten cuidado, Potter —añadió Theo con una sonrisa ladeada, haciendo que el Auror le fulminase con la mirada.
—Vale, vale, chicos, portaos bien delante de la niña.
Todos los ojos se dirigieron a Hermione, y Draco pudo sentir su boca abriéndose. Llevaba una blusa amarilla, metida por dentro de una falda azul con vuelo. También llevaba unos tacones negros y, para completar el look, su pelo había sido domado y apartado de su cara, sujeto por una diadema amarilla.
—Ojos al frente, soldado —susurró Theo en su oído, y tuvo que cerrar la boca rápidamente antes de quedar en ridículo. Fulminó con la mirada a su amigo, que le miraba divertido.
—Estás impresionante, Mione —dijo Potter, acercándose a la castaña para darle un abrazo.
Draco puso una cara rara y fulminó a el revuelto pelo azabache de Potter. Theo trató camuflar una risilla, pero falló en el intento.
—¡Tengo hambre! —exclamó Rose—. Vamos a comer.
—Sí, sí, cumpleañera —dijo Hermione, agachándose para coger a la niña en sus brazos—. Maldita sea, hablas como tu padre.
Potter sonrió con tristeza y asintió.
—Realmente suena como él —dijo con suavidad, siguiendo a Hermione al comedor. Theo dirigió una mirada a Draco antes de seguirles.
Draco suspiró a su rugiente estómago y finalmente entró en el comedor. Las decoraciones eran mucho más simples, pero, Merlín, el olor invadió sus fosas nasales al instante, haciendo su boca agua. Esperaba que el sabor no le decepcionase.
La cena empezó y las conversaciones fueron superficiales. Hermione estaba constantemente pendiente de Rose, que protestaba, diciendo que era lo suficientemente mayor como para limpiarse la cara o llenar su vaso de zumo de naranja. Draco estaba enormemente asombrado por lo que decía la niña, pero la tristeza en los ojos de Hermione era muy visible. No había nada más triste que ver a tu hijo crecer ante tus ojos mientras va dejando de necesitarte.
"Joder, Malfoy", susurró una voz en su mente. "Suenas como un maldito padre". Draco gruñó y sacudió su cabeza para deshacerse de esa vocecita.
Theo y Potter estaban manteniendo una tranquila conversación sobre Quidditch, que pronto se volvió acalorada.
—¿A quién en su sano juicio le seguirían gustando los Chudley Cannons? —estalló Harry, frunciendo el ceño en frustración—. Hace años que no ganan una temporada. Si yo fuese su capitán, habría despedido a todos los jugadores y habría contratado a unos mejores.
Theo le taladró con la mirada.
—Tienen la mejor defensa —protestó, ignorando el cántico de Rose de "¡Tornados!"—. Bueno, de acuerdo, su ofensa es una mierda, pero tienes que admitir que su Guardián es brillante.
Draco tuvo que sonreír cuando Potter pareció entrar en conflicto. Sabía que su mejor amigo no se dejaría amedrentar. Necesitaba asegurarse de que todo el mundo entendiese por qué amaba a los Chudley Cannons. Y por eso Draco siempre trataba de no hablar de Quidditch con Theo: siempre acababa en una pelea física.
—¿De qué maldito equipo eres tú? —siseó Theo—. Ya tenemos entre nosotros a fans de los Tornados.
—¡Los Tornados son los mejores! —vitoreó Rose, alzando sus puños en el aire. Se las arregló para salpicar a su madre con salsa de lasaña, quien simplemente rodó los ojos y murmuró por lo bajini palabras como "ridículo" y "Quidditch".
Draco alzó una ceja cuando Harry, dudando, miró a Hermione antes de contestar:
—Me gustan… Eh… Las Arpías de Holyhead.
Ante la mención del equipo, la castaña enseguida endureció su rostro. Ginny Weasley era la Buscadora, y su adición a la plantilla había mejorado las estadísticas del equipo. Draco no podía discutir la elección de Potter, si era honesto consigo mismo.
Theo, sin darse cuenta de la tensión que se había generado, rodó los ojos teatralmente.
—Sólo te gusta ese equipo porque tu maldita novia juega en él —explotó. El color desapareció inmediatamente del rostro de Hermione, y Draco suspiró. Pateó a Theo tan fuerte como pudo, ganándose una mirada fulminante de su mejor amigo—. ¿Cuál es tu problema? —exclamó Theo, inclinándose para masajear su dolorida pierna.
Su mejor amigo podía llegar a ser bastante obtuso. Draco se preguntaba a menudo si siempre estaría condenado a ser amigo solamente de tontos.
—Las Arpías de Holyhead —susurró por lo bajini para que sólo Theo le escuchase. Después, lanzó una mirada a Hermione.
Afortunadamente, Theo cayó en la cuenta enseguida y tuvo la decencia de mostrarse arrepentido ante Granger y Potter.
—Ya… Ehh… ¡Vamos, Arpías de Holyhead! —animó Theo patéticamente, y procedió a llegarse la boca con la deliciosa lasaña de Granger. Rose no había exagerado en absoluto cuando alabó la comida de su madre.
Draco se aclaró la garganta y decidió romper el incómodo silencio.
—Entonces, Potter —dijo como quien no quiere la cosa—, ¿cómo está Rodolphus Lestrange?
Al parecer, fue una mala pregunto, porque Harry Potter le dirigió la mirada más oscura que jamás había visto en El Jodido Niño Que Vivió.
—No creo que este sea el mejor momento para hablar de ello —contestó el Auror entre dientes.
—Harry —dijo Hermione con seriedad—. Está bien. Yo también quiero saberlo.
Harry miró a su mejor amiga y suspiró.
—Qué maravillosa manera de arruinar la fiesta, Malfoy —el maldito Potter murmuró por lo bajini.
—El idiota de Nott empezó —interpuso Draco en un susurro, haciendo que Potter rodase los ojos y Theo le fulminase con la mirada.
—En serio, chicos —dijo Hermione, frunciendo el ceño con decepción.
Draco inmediatamente se calló, no queriendo que se caldease más el ambiente. La castaña parecía estar mucho más cansada de lo que a él le gustaría. Sabía que Potter cantaría dentro de nada.
—Nosotros… Eh… Aún no hemos conseguido sonsacarle nada —dijo Harry al fin, evitando la mirada de Hermione—. Los hechizos no han funcionado con él, y parece ser que nuestro favorito Moldy Voldy desarrolló una poción que producía algún tipo de inmunidad al Veritaserum.
Theo se atragantó al escuchar el mote mientras Draco simplemente asentía.
—Te dije que era una pérdida de tiempo mantenerle en el Ministerio —dijo el rubio—. Lestrange es cabezota y muy leal. No se dejará romper.
—Necesitamos esa información. Es vital, Malfoy —explotó Potter—. Ya tenemos una buena fuente de información. Y, a no ser que en realidad sigas relacionándote en secreto con esos bastardos y tengas la información que necesitamos, déjalo estar y permite que cada uno siga su maldito camino, ¿de acuerdo?
Draco estaba que echaba humo.
—¿Cómo te atreves…?
Consiguió evitar maldecir la horrible cara de Potter cuando un suave repiqueteo sonó, alertando de la llegada de otra persona.
Potter estaba avergonzado. Draco se levantó y le dirigió una severa mirada. Por el rabillo de los ojos, vio a Hermione frunciendo el ceño, decepcionada con su mejor amigo, y se sintió irracionalmente triunfante.
Mientras se acercaba lentamente a la puerta, se preguntó quién estaría llamando a la puerta a esa hora del día. Cuando abrió la puerta y vio a una nerviosa Luna Lovegood de pie, recordó que Rose la había invitado. Y Theo había dicho que no iría.
—Hola, Draco —dijo con su extraña y soñadora voz—. El cumpleaños de Rose es aquí, ¿no?
El rubio estaba demasiado atónito con su presencia. Su rareza había disminuido por completo. Llevaba un simple vestido amarillo pálido que hacía destacar el azul de sus ojos. Lo único que seguía dándole su toque eran los pendientes de rábano que colgaban de sus orejas y… ¿eso atado a una cuerda que colgaba de su cuello eran corchos?
—Eh, sí, pasa —dijo, haciéndose a un lado para que pudiese entrar.
Observó cuidadosamente a Luna entrar lentamente al comedor. Parecía sorprendida por las decoraciones de los elfos de la casa, comentando que la magia de confeti era brillante, y los globos eran encantadores, pero Draco estaba demasiado ocupado mirándola con incredulidad.
—¡Selena! —gritó Rose, e inmediatamente saltó de su silla, corriendo hacia la recién llegada.
—Hola, Rose, ¡feliz cumpleaños! —le saludó, riendo con suavidad mientras los pequeños brazos de Rose rodeaban su abdomen.
Draco miró a los adultos en la habitación. Theo estaba extático, habiéndose levantado en cuanto llegó Luna. Granger y Potter, sin embargo, parecía que hubiesen visto un fantasma.
—Joder —dijo Harry sin aliento—. Luna.
Había lágrimas en los ojos de la bruja rubia, pero la felicidad de su sonrisa era inconfundible.
—Hola, Harry —le saludó—. Ha pasado mucho tiempo.
Hermione de repente se apresuró hacia delante y, como su hija, rodeó a Luna con sus brazos.
—Oh, Merlín —dijo la castaña, con lágrimas cayendo de sus ojos—. ¿Dónde has estado? Hemos estado mandándote lechuzas durante años, pero nunca respondiste.
Luna miró a Theo rápidamente, alarmada. Nott enseguida salió en su ayuda.
—Odio romper esta emocionante reunión, pero creo que ha venido por mí —dijo, completándolo con una hermosa sonrisa.
Ella se secó las lagrimas con discreción y le fulminó con la mirada.
—He venido por Rose —dijo Luna.
Theo alzó las manos, riendo, y retrocedió.
—Te hemos echado de menos —dijo Potter, también dándole un abrazo—. Tenemos muchas cosas que contarte.
—Mamá, mamá —dijo Rose, tirando de la falda de Hermione—. ¿Podemos comer ya la tarta? Selena ya ha llegado.
—¿Selena? —preguntaron al unísono Hermione y Harry.
Las mejillas de Luna se tiñeron de rosa, y Theo sonrió.
—Es una larga historia, amigos —dijo Theo, haciendo una señal a la impaciente pelirroja—. La amenaza quiere su tarta ahora, así que debemos dársela.
—Has venido porque querías verme, ¿verdad, Selena? —preguntó con una sonrisa adornando su rostro.
Luna suspiró.
—He venido porque es el cumpleaños de Rose —dijo, comiendo un trozo de tarta de chocolate—. Tenía una plaga de torposoplos la última vez que la vi, y estaba preocupada —sonrió dulcemente a la pequeña niña, quien le devolvió una enorme sonrisa—. Me alegra ver que los torposoplos han desaparecido.
—Odio tener que romper ese corazón tan bonito que tienes, pero los malditos torposoplos no existen —susurró Theo.
Ella ladeó la cabeza, pensativa.
—Es curioso, porque tú también tenías una plaga la última vez que nos vimos —dijo mientras las comisuras de su boca se alzaban, formando una sonrisa.
—De todas formas, ¿qué cojones son los torposoplos? —preguntó.
Theo fulminó con la mirada a Draco cuando escuchó su pregunta. Su mejor amigo simplemente se encogió de hombros y volvió a la conversación que estaba manteniendo con Harry Potter.
—Normalmente entran por tu oreja y viajan a tu cerebro —explicó con su airosa voz—. De vez en cuando hay plagas, que se manifiestan como tristeza o distracción. Se eliminan pensando en cosas bonitas.
Theo soltó un bufido.
—Si hubiese tenido esas cosas rondando por mi cerebro me habría dado cuenta, muchas gracias —respondió.
Luna sonrió.
—Ya se han ido, para tu información —dijo con simplicidad—. Me pregunto el por qué.
Él se atragantó con su bebida, haciendo que Draco palmease su espalda distraídamente hasta que su tos desapareció. Theo podía sentir que se estaba sonrojando, y se negó a admitir que la razón por la que los torposoplos habían desaparecido era que Luna Lovegood, finalmente, había asistido.
Ni siquiera existían esos malditos bichos.
Después de la cena, Hermione hechizó los platos para que se limpiasen solos. Todos los asistentes se desplazaron al salón para que Rose abriese sus regalos.
Theo le dio una bolsa llena de todas las chucherías que se vendían en Honeyduckes. Hermione no estaba contenta con el regalo, pero se mordió la lengua para salvaguardar la felicidad de su hija. No pudo evitar lanzar a Nott una oscura mirada como compensación, secretamente satisfecha de ver cómo el castaño se heló levemente bajo su mirada.
Harry le dio una túnica de Quidditch de los Tornados que le quedaba a la perfección. El nombre "Weasley" estaba escrito en la parte trasera, y Rose se la puso, luciéndola con orgullo. Hermione dudaba que se lo pudiese quitar cuando llegase la hora de dormir. Sin embargo, apartó la vista de la túnica de Quidditch. Ver el apellido "Weasley" escrito en ella le recordaba a Ginny, y no podía permitirse estar triste el día en el que su hija cumplía seis años.
Luna, sorprendentemente también le había llevado un regalo. Hermione no dejaba de mirar a la rubia bruja, con miles de preguntas formándose en la punta de su lengua. ¿Por qué Rose la llamaba "Selena"? ¿Por qué había desaparecido tras la Segunda Guerra Mágica y a dónde había ido? ¿Y por qué, en nombre de Godric, seguía mirando a Theo, pidiéndole ayuda cuando estaba incómoda? Theo y Luna eran una pareja muy extraña. Por los cotilleos y las historias que Draco le había contado, dudaba enormemente que Luna fuese el tipo de su mujeriego amigo.
Luna regaló un libro a Rose, lo que encantó a Hermione. Sin embargo, cuando vio que era un libro de esas inexistentes criaturas en las que creía, la madre entró en conflicto. Rose estaba súper contenta con el regalo, corriendo hacia Draco y rogándole que se lo leyese esa noche antes de irse a dormir, y el rubio no pudo hacer otra cosa más que aceptar.
—¡Mamá, tu regalo! —dijo entonces Rose, corriendo hacia Hermione. Su madre le sonrió con cariño antes de sacar de su bolsillo un objeto envuelto en papel de regalo—. Es un libro, ¿a que sí? —gritó con felicidad la niña.
Hermione todavía no podía evitar sentirse orgullosa de que su hija hubiese heredado su amor por los libros. Era algo que siempre podrían compartir, especialmente cuando Rose entrase en la adolescencia. Era lo que la madre de Hermione había hecho cuando ella estaba creciendo, y era un recuerdo muy especial para la castaña.
—Ábrelo —dijo, y Rose rompió el papel de regalo con cuidado.
Cuando el libro fue expuesto en su totalidad, no pudo evitar lanzar una mirada a Harry y Draco, quienes bufaron al unísono al leer el título: "Historia de Hogwarts".
—Oh, Hermione, es muy tú —dijo Luna, soñadora, sin darse cuenta de las risitas que los hombres estaban tratando de camuflar. La Ravenclaw se acercó para mirar mejor el libro, y entones sonrió—. Es la primera copia que tuviste, ¿verdad?
Por regla general, Hermione cuidaba mucho sus libros, pero su primera copia de "Historia de Hogwarts" le había encantado y, bueno, lo había leído tantas veces que estaba bastante desgastado. Si alguien mirase su pequeña librería, enseguida adivinarían que ése era su libro favorito sobre todos los demás, que estaban en mejor estado.
—Sí, lo es —dijo al fin, sonriendo brillantemente cuando Rose parecía encantada—. Es mi libro favorito, así que debes cuidarlo mucho, Rosie.
—Sí, mamá —dijo Rose, abrazando el libro con reverencia.
La Señora Figg le regaló un suéter con gatitos bordados. Bill, Charlie y George, que eran los únicos miembros de la familia Weasley que mantenían el contacto con ellas, le regalaron unos sospechosos nuevos productos de Sortilegios Weasley. Inmediatamente pensó en esconderlos, para evitar que su hija destrozase la casa de Draco con sus productos.
Hablando de Draco, Rose estaba mirándole expectante, esperando su regalo. Él parecía un poco nervioso, lo que levantó las sospechas de Hermione, y le aseguró a Rose que llegaría de un momento a otro.
Mientras Rose hacía un puchero y exigía su regalo, Hermione no pudo evitar sonreír ante la forma en la que Malfoy manejaba a su hija. Sabía que Rose era un monstruito. Cuando era una niña, Hermione había sido igual. A pesar de que dijese palabrotas, Draco cuidaba muy bien de Rose. Seguía creyendo firmemente que sería un buen padre, a pesar de sus protestas.
La chimenea sonó, indicando la llegada de alguien, y Draco inmediatamente saltó de su asiento. Hizo que Hermione, Rose y Luna se apartasen, amenazando a la niña con no darle su regalo si trataba de espiar. Las mujeres y la niña se fueron a la cocina sin protestar, pero Rose era una niña impaciente. No paraba de saltar y tirar de su pelo.
—Se parece muchísimo a ti —dijo Luna, sonriendo ampliamente cuando Rose le sonrió mostrando todos los dientes.
—Mucha gente lo dice —dijo Hermione, su corazón dando un suave brinco. Le hacía sentir orgullosa que la gente continuase diciéndole que su hija se parecía mucho a ella. Su personalidad, sin embargo, se parecía más a la de Ron. Rose, a decir verdad, había heredado las mejores cualidades de su padre y su madre, y Hermione estaba agradecida por ello. Creía que su Rosie no tendría ningún problema en encajar cuando empezase Hogwarts.
—Quiero disculparme en nombre de Theodore por haber llevado a Rose a nuestra cena hace unos días —dijo la rubia—. En mi defensa, diré que ni siquiera sabía que iba a traer a una niña.
Hermione miró a Luna, pensativa.
—Así que ahora hay un "Theo y tú", ¿no? —preguntó.
Sus cejas se alzaron cuando Luna se sonrojó.
—Oh, no, Merlín, no. Simplemente estábamos… Eh… Comiendo —dijo.
Hermione tenía el presentimiento de que Luna se estaba callando algo, pero decidió dejarlo pasar. En vez de eso, continuó:
—He escuchado que has estado viviendo en el mundo muggle.
Luna evitó mirar sus ojos.
—Sí, es cierto —respondió.
—Hemos tratado de ponernos en contacto contigo, ¿sabes? —añadió Hermione con persistencia—. Estábamos súper preocupados cuando simplemente desapareciste después de la Guerra.
—Yo… Bueno… Necesitaba algo de tiempo —Luna tomó aire, temblorosa, y le miró con los ojos llorosos y sonriendo levemente—. Tiempo para mí.
—Pero has estado bien, ¿no?
—Oh, sí —contestó Luna—. El mundo muggle es muy agradable para una chica como yo.
Hermione no pudo evitar sonreír cuando Luna soltó una risita.
—¿Qué has estado haciendo estos últimos años? —preguntó Hermione, realmente curiosa.
Luna dibujó círculos en la copa frente a ella de forma distraída.
—Soy lo que los muggles llaman Diseñadora de Interiores —reveló—. Lo que más me gusta es pintar las paredes.
Los ojos de Hermione brillaron con deleite por la sorpresa.
—Oh, Luna, eso es maravilloso —dijo—. Recuerdo que solías pintar en Hogwarts, y todo lo que hacías era realmente bonito. Me alegra que estés haciendo algo que amas.
—Gracias —respondió delicadamente.
Su conversación fue interrumpida de repente cuando Rose lanzó un profundo suspiro y empezó a patalear por todo el suelo de la cocina.
—Rosie —la reprendió Hermione con una risita—, quédate quieta.
—Mamá —se quejó la niña, agarrando sus rizos con frustración—. Draco está tardando demasiado. ¡Mi regalo! —empezó a patalear de nuevo—. ¡Mi regalo!
—Maldita sea, definitivamente no ha heredado eso de mí —bromeó Hermione, rodando los ojos cuando Rose, de forma petulante, cruzó los brazos sobre su pecho.
Luna, con una triste sonrisa en el rostro, cogió la mano de Hermione.
—Lo siento, Hermione —susurró—. Por Ron.
Ella devolvió su sonrisa con una un poco más triste, pero no fue capaz de decir nada porque Draco, por fin, las llamó.
Cuando entraron en el salón, las decoraciones de los elfos domésticos habían desaparecido. Al frente, había lo que indudablemente era una pantalla plana de televisión, y Draco estaba muy orgulloso de sí mismo.
—¡Una tele! —exclamó Rose, corriendo para encenderla.
—Bueno, has estado dándome la lata por no poder ver tus dibujos alimados —dijo Draco, arrastrando las palabras, pero su voz estaba libre de irritación. De hecho, Hermione pudo observar una pequeña imagen creciendo en su rostro—. Vas a estar aquí durante unas semanas más, así que he decidido encontrar algo que te mantenga ocupada para que dejes de molestarme, maldita amenaza.
Hermione dejó escapar el hecho de que hubiese maldecido delante de su hija. En vez de eso, todo lo que pudo hacer fue mirar con incredulidad al rubio que le había acosado cuando era una niña.
Theo y Luna ya le estaban preguntando a Rose por los dibujos que veía. Harry tenía una mirada rara en la cara, y seguía dirigiendo extrañas miradas a Draco, antes de suspirar y unirse a los otros, maravillándose por la nueva televisión.
—No deberías haberte molestado en comprar una —dijo Hermione, por fin encontrando las palabras. Se sentía increíblemente nerviosa y avergonzada, aunque no sabía por qué—. Nos iremos dentro de poco, Draco, y bueno… ya sabes… tú y la tecnología…
—Dulce Salazar, Granger, ¿aún crees que soy un sangrepura fanático? —no sonaba ofendido, pero Hermione no pudo evitar sentirse un poco avergonzada—. Tu hija ha estado dándome la brasa desde que llegó, y era el único regalo que se me ocurría —se rascó el cuello con incomodidad y señaló patéticamente al aparato—. Además, tengo mucha curiosidad. Theo ha estado taladrándome la cabeza, diciendo lo que me he estado perdiendo, así que una tele será una buena adición a mi casa —era… era malditamente dulce, y todo lo que Hermione pudo hacer fue sonreírle, brillando—. ¿Qué pasa ahora, Granger? —escupió, sonrojándose levemente.
—Te dije que serías un buen padre, Draco —le tentó, haciendo que se sonrojase más aún.
—¡Y yo te dije que no volvieses a repetir esas palabras! —ladró en un rápido susurro—. Joder, Granger, ¿por instalar una tele en mi casa crees que seré un buen padre? —gruñó, cruzándose de brazos—. He visto una en casa de Theo y estoy jodidamente seguro que la mayoría de los programas que hay no son para niños.
Hermione asintió, coincidiendo con él.
—Hay buenos dibujos animados apropiados para niños —explicó—. Generalmente hago compañía a Rose cuando ve la tele para poder vigilar lo que ve —un repentino pensamiento cruzó su mente y una malvada sonrisa creció en su rostro—. Oye, ¿sabes qué? Ya que has sido tan cortés de comprar una televisión para mi hija, confío en que serás capaz de mantenerla alejada de todos los programas inapropiados. Sin embargo, te concedo unas palabras de advertencia: la mayoría de programas para niños… entumecen la mente.
Draco la miró confundido, sin estar seguro de a qué se refería, pero Hermione simplemente sonrió de medio lado y se alejó para unirse al grupo.
Nota de la Autora: En el siguiente capítulo aparecerá Narcissa, así que atentas a la actualización.
¿Qué os ha parecido este capítulo? Es la primera vez que se juntan todos los personajes principales en un mismo sitio, ¡y ha sido todo por Rosie! ¿Y Draco? ¿No ha sido encantador al regalarle una tele? ¡Contádnoslo con reviews, que nos hacen muchísima ilusión!
Con cariño,
WickedlyAwesomeMe y Pabel Moonlight.
