– Dochirasama desu ka?–
¡Hola! Los personajes de esta obra son propiedad de CLAMP, ante todo, pero la historia me pertenece.
Capítulo IX
– Onegai Señorita –
Dochirasama desu ka? – ¿De parte de quién?
"Toma ve a por él"
Aún resonaban sus palabras en mi cabeza y me daba la impresión que el dicho "tener la cabeza hueca" se había hecho realidad en mí. "Toma ve a por él… a por él… por él… él…" Resonaba el eco de sus palabras en mi cabeza ahora hueca.
¿Cómo cinco palabras podían estropear un precioso momento? Analizando la tarde, técnicamente me había metido mano en el tren, habíamos ido juntos uno yuxtapuesto al otro e incluso estaba tocando una de mis canciones preferidas de Gazette. Y hasta cuando le pregunté si le gustaba, no me había dado un no rotundo, pero me dejó más picada que antes.
"Toma ve a por él"
Cuando me preguntó que si quería un helado, me había imaginado que guardaría su guitarra e iríamos juntos al puestecillo de helados que estaba al otro lado de la plaza. Había imaginado incluso que él elegía mi helado y por casualidad elegía mi preferido.
Como una pareja de enamorados me daba el mío y estaría sonrojado, incluso se comportaría de una manera traviesa cuando robara un poco de mi helado, entonces yo le daría unos golpecitos en el brazo y me quejaría.
Él por supuesto me daría como recompensa todo su helado, aunque no me aprovecharía del todo de él. No soy tan mala…
"Toma ve a por él"
¡Pero qué se cree que soy yo!, ¿Su criada? Desde luego me iba a vengar… pienso ponerme más de tres bolas en mi cucurucho, mientras que a él le dejaré con una sola y miserable pequeña bola.
"Toma ve a por él, toma ve a por él" ¡Me saca de quicio!
Es como si me acariciase la cabeza con tres sordas palmaditas y me sonriera como si fuera su mascota. Silbaría y exclamaría: Vamos Sakura, "Toma ve a por él"
Me paré justo en frente del carrito de los helados y dirigí la vista donde se encontraba él. Aunque no podía apreciarle bien, parecía que se estaba riendo o por lo menos meneaba la cabeza mientras seguía tocando la guitarra.
– Bienvenida, ¿Qué desea?
– Hola, pues quiero dos helados– Miré la carta y suspiré.
Soy una blanda…
– Uno de chocolate con menta y otro…
Mi helado preferido es el de chocolate, en todas sus variedades aunque, últimamente me había viciado al helado de chocolate con menta, así que era el que me apetecía. Ahora tras explicaros el por qué de la elección de mi helado os contaré el mayor de mis problemas hasta entonces.
¿Qué helado le gustará a Li?
Esa elección es crucial, si acierto le causaría una buena impresión y si no, pues una de dos: O se mofaba de mí por no saber qué sabor es su preferido, o se enfadaba conmigo… Me puedo llegar a imaginar la situación y lo que diría.
"Incompetente"
Una voz gritó dentro de mí ¡NOOOOOO!, Tranquila Sakura… Analicemos a Li Shaoran: ¿Qué es lo que destaca en él a parte de su muy aclamada belleza? Su mal genio.
Es una persona ácida… es como un limón… ¿Le gustaría el helado de limón?
–… De limón.
– Muy bien.
El señor me despachó y le pagué lo correspondiente. Respiré hondo y me dirigí como si fuera directa al patíbulo. ¿Y si no le gustaba? Antes había bebido un refresco de limón…
De todas formas… Li Shaoran es un caballero… lo había demostrado en el vagón del metro. Pensándolo bien, aunque me había metido mano, había dejado quedarme sobre él durante todo el trayecto librándome de posibles pervertidos.
Respiré profundamente cuando llegué junto a él y me senté en el banco. Me giré un poco y le ofrecí su helado.
– Toma.
Él lo aceptó, pero no me dijo ni una palabra. Cuando ya me desentendí de su helado procedí a tomarme el mío. Me fijé que había guardado la guitarra.
– ¿De qué es?
– De limón.
Le miré un poco asustada… ¿Cuál sería su verdadera reacción?
– Inútil… No me gusta. Dame el tuyo.
– No.
– ¿Cómo qué no?
Me dijo a la vez que me arrebataba mi helado de las manos y lo cambiaba por el suyo.
– Pero ya he comido un poco mientras venía.
Intenté que entrara en razón, aunque me costaría un poco lograrlo, sé lo cabeza dura que es este príncipe arrogante, pero como ya habréis comprobado, una de mis cualidades principales es la perseverancia. Me devolvería mi helado, lo juro por mi madre.
– Me da igual.
– Te creía escrupuloso.
– ¿Yo?, Tal vez– hizo una pausa y sonrió– Pero ya te he probado.
La sangre se me agolpó en las mejillas y me creía morir. A este paso nunca me devolvería mi helado. Intenté no hacer mucho caso a su comentario, aunque estaba más roja que un farolillo de navidad.
Puse mi seria mirada en él y en lo que había sido mi helado. Intenté mirarle lo más enfadada posible, lucharía por mi helado y vencería. ¡Qué ha hecho! Por Kami… se lo está comiendo.
Encima le ha dado un lametazo mirándome con esos ojos tan provocativos. Sin duda tenía que aprender de él para lograr esa mirada tan provocadora… en serio, me ha dicho muchísima gente que el color de mis ojos me hace una cara muy dulce, y con él quiero ser cualquier cosa menos dulce.
Pero esa mirada en él quedaba tan depravadamente provocadora que… ¡Por Kami! Le ha dado otro lametón.
Ya no recuperaría mi helado… adiós helado…
¡Maldito seas! Pensé a la vez que comencé a comer del helado de limón… me sabía a premio de consolación, mientras él ganó el primer premio. Un gran cucurucho con una gran bola de chocolate con menta.
Nunca me hubiera imaginado que a Li Shaoran le gustara el chocolate. Tengo un amigo que siempre dice que a las personas se las puede analizar su personalidad por su forma de comer. Siempre había pensado que el chocolate era dulce, pero no veía a mi compañero como un engendro dulce… y mucho menos cálido.
Pero maldita sea… sé que puedo resultar un poco pervertida pero, una vez leí que el chocolate era un afrodisíaco… puede que en eso sí que se parezca a mi compañero. Sensual y muy, pero que muy apetecible.
¿Me volvería tan adicta a él como lo soy con el chocolate?
– Se te va a caer el helado.
Lentamente dirigí mi atención a la gota de limón que descendía por el cucurucho, se descongelaba el helado tan lentamente, y la gota mojaba mis dedos, que sensación más agradable. Sentía mis dedos fríos y mojados. Estaba tan inmersa en mi paranoia que no me di cuenta cuando sus dedos se cerraron en mi muñeca y su lengua limpió los restos de lo que había sido la gota de helado que se había descongelado.
Del susto y la impresión, dejé caer el helado al suelo. Ahora sí… ya no tenía ni premio de consolación… pero… Je… Aún seguía Shaoran Li lamiéndome los dedos.
Dedo a dedo, su lengua viajó en primera clase hasta llegar a mi mano, y fue ahí cuando me miró con esa mirada tan sugerentemente seductora. Cerré los ojos instintivamente intentando controlar el impulso de irme con él a terminarnos el helado a otra parte. Con mis ojos cerré las piernas en un impulso de no relajarme ante esas oleadas de placer y pues… para controlar un poco lo que ya sabéis.
¿Por qué sentía justo ahora mi cuerpo tan cálido? Me siento como mi ex–helado de limón. Cálido y húmedo, pero qué bien se siente ser un helado. Creo que me convertiría en helado siempre y cuando el que me vaya a comer fuera mi compañero el visual–kun.
Lo siento helados… a partir de ahora os trataré con más respeto, lo prometo.
– Vaya, dejaste caer el helado.
– Lo–lo siento– balbuceé entrecortada.
– Ven.
Le miré confundida, ¿Qué quería decirme?
– ¿Qué?
– Mi madre me enseñó que debía compartir las cosas.
Dijo mientras me pasaba un brazo por la espalda y me acercaba el helado a la boca. Una de mis piernas comenzó a temblar sola. Ahí estaba yo, hecha un manojo de nervios, con el helado a centímetros de mi boca. El brazo de Li–san apoyado en mis hombros y su pecho detrás de uno de mis brazos. ¡Me estaba abrazando!
Parecíamos una pareja de enamorados.
Aún me estoy riendo internamente por su comentario. Sé que si saco mi risa al exterior sonaría algo histérica y no quería arruinar el momento, además que, si él ha dicho que su madre le había enseñado a compartir, qué leches… ese helado era mío desde un principio.
Tímidamente me acerqué al helado y cuando quise hincarle el diente, el príncipe arrogante –cómo no– me lo retiró de la boca y le dio un buen bocado al helado. ¡Por Kami! Quedaba muy poco ya de lo que había sido una gran bola.
Desvié la mirada hacia un lado para que no viera la cara de perro que tenía puesta en ese momento. No pasaron más que unos segundos y ya tenía mi cara entre sus manos, mis labios abiertos por sus dos pulgares que no serían más que el preliminar del beso que acabó por darme.
Aquel beso fue húmedo, no fue un beso sin muchos miramientos no, reitero que fue uno especialmente húmedo. Su maravillosa lengua volvía a hacer estragos en mi ya frágil cordura y no contentándome solo con brindarme esos sentimientos que hacían estremecerme de la cabeza a los pies, me dejó un regalito.
¡Mi Helado!
¡No podía creerlo! Cuando dejó el helado sobre mi lengua se apartó de mí con tanta prisa que acabé con cierto mareo. ¿Sería el frío del hielo o que había abandonado mi cuerpo con esa abrupta rapidez? Realmente estaba atónita.
– ¿Qué?, no me lo devuelves.
Jamás. Había jurado sobre mi madre que me devolvería el helado.
– No, porque en primer lugar, fue mi helado.
Mi rabieta desembocó en una carcajada que sonó a música en mis oídos, de todas las risas que había soltado desde que le conozco, esta fue la primera que me pareció verdadera.
No es que dudase de la veracidad de sus sonrisas y ponga en duda su sentido del humor, solo que siempre parece tan serio y tan misterioso que nunca sé lo que está pensando realmente.
No es una persona transparente.
Y bueno, he de decir que su risa era preciosa. Muy profunda y masculina, realmente cuando reía rezumaba jovialidad y simpatía. Es más, parecía otro chico completamente diferente.
– Vaya, vaya… ¿A quién tenemos aquí?
Una voz masculina me sacó de mis pensamientos. Alcé la mirada y delante nuestra había dos sujetos –vestidos muy visuals– que se sentaron a nuestro lado a cada extremo.
– ¡No sabía que Li sabía reír delante de una chica!
Dijo el que aparentaba ser más mayor. Era alto y muy delgado, por lo menos sacaba tres cabezas al otro chico que le acompañaba. Tenía el pelo de color rojo fuego y el flequillo lo tenía echado a un lado. Parecía un pirata porque no se le veía el ojo, además qué, me gustó mucho ese flequillo porque las puntas las tenía negras brillantes.
Tenía la cara muy estilizada, pero no era tan guapo como el otro chico. Eso sí, tenía un pearcing en la boca. El pearcing en cuestión, era una cadenita que estaba comunicada con otro agujero en la oreja derecha. ¡Cómo me gustaba ese tipo de pearcing!
Me fijé en su ropa, en su camisa sin mangas de color negro y su pañuelo rokero rojo atado al cuello. No tenía camiseta debajo del chaleco, pero sí que tenía unos pantalones de vinilo negro brillante y unas plataformas que le elevaba incluso más. Su forma de vestir era muy gótica, pero no se salía del todo del visual kei. No he mencionado su lentilla, digo lentilla en singular porque no se le veía el otro ojo, la pupila era de color negra y tenía un dibujo de una cruz blanca. ¡Me encantó!
– Di la verdad chica, ¿Qué escondes bajo la falda?
Me dijo el otro chico con una sonrisa de oreja a oreja. Era un chico precioso, bajito, quizás un centímetro o dos más alto que yo. Tenía las facciones muy aniñadas, parecía una chica. ¡Era más guapo que yo!
Su pelo era rubio, lo tenía liso y un poco más largo que el mío, aunque lo tapaba un sombrero de copa de color blanco. Tenía en el labio inferior, en la parte izquierda, un arito muy chulo. Su maquillaje era más suave que el del otro joven.
Vestía muy Oshare, lleno de colgantes y pulseras en una de sus muñecas. Llevaba puesta una camisa con las mangas abombadas en los hombros, blancas con líneas negras; Una camiseta de tirantes negras con un dibujo –un sol y una luna unidos– y unos pantalones pesqueros negros que le llegaban por las rodillas. En los pies unas convers blancas.
– ¡Yo no escondo nada!
Logré expresar tras pasarle el escáner interno que tenemos implantados todas las chicas.
– Puedo asegurar que Sakura–chan es toda mujer.
Salió tras mi defensa Eriol, que acababa de llegar acompañado con una sonriente Tomoyo.
– Vaya, debe ser una marimacho entonces.
Dijo el bajito de forma despreocupada. Li Shaoran soltó otra carcajada y el más alto de todos les acompañó en el ataque de risa.
Yo no le veía sentido, me estaban insultando en la cara y nadie hacía nada por evitarlo, es más parecía que todos se estaban riendo.
– Haru–chan, mi mejor amiga no es una marimacho– logró decir mi Oni–san.
– Tranquilo Eri–chan, solo estaba bromeando, disculpa mi poca delicadeza.
Eso último lo dijo mirándome, se estaba disculpando conmigo.
– No importa.
– Mi nombre es Harumi, pero claro es un sobrenombre. Así que eres la famosa Sakura, ¿Estoy equivocado?
– ¿Soy famosa?– pregunté con curiosidad.
– Eriol–san nos habla de ti constantemente.
– Eres mucho más guapa en persona– dijo con una sonrisa verdadera.
Este chico, Harumi, se nota que le gusta muchísimo gastar bromas a la gente. Parece un chico sincero y puro, además que era tan adorable como una chica. Para mí, su sonrisa brilló muy cálida, así que acabé correspondiéndole.
– Gracias.
– ¿No crees Li–kun?
El aludido chasqueó la lengua y se levantó colgándose la guitarra a la espalda.
– ¿Vamos a ensayar ya o necesitamos otra hora adulando a la amiga de Eriol?
Espera. WHAT?
¿Qué había sido eso? Harumi sonrió y se levantó también. Yo me quedé sentada unos instantes más procesando la información. ¿Cuándo pasé a ser la amiga de Eriol?
Hacía unos instantes tenía toda su atención en provocarme, cosa que logró y ahora era simplemente "La amiga de Eriol". Menudo patán.
– ¿No vienes Sakura–chan?
Me preguntó Tomoyo sacándome de mis pensamientos.
– Sí… perdona.
– ¿Os encontrasteis aquí?
– No, fue en el metro.
– Así que vinisteis juntos ¿No?
– Sí… aunque ahora está raro.
– Creo que se debe porque todos tenían puesta la atención en ti.
– ¿En mí?– me señalé extrañada.
– ¡Es que estás monísima con ese conjunto!
Tomoyo me agarró la mano y corrimos juntas al lado de Eriol, que nos esperaba unos metros delante de nosotras. Entramos en uno de los edificios y aunque un poco apretados entramos todos en el ascensor.
Parecíamos sardinas en lata, pero aún así no noté cerca a Li. Miré disimuladamente hacia un lado y estaba justo frente a la puerta en el otro extremo.
De entre sus dos amigos, él era el más guapo de todos. Harumi tenía una cara preciosa, parecía ser un chico tierno y muy gracioso, pero le falta ese toque de perversión que tenía Li. Sin embargo, al chico alto de los brazos fuertes, tenía ese halo de misterio que rodeaba a Li, pero en él ese halo era mucho menos interesante.
El ascensor abrió sus puertas en el piso décimo. Salimos de allí y el chico alto de los brazos fuertes marcó el rumbo hacia la derecha. El pasillo era muy amplio y parecía un edificio lujoso. Las paredes eran de madera oscura y en cada esquina había una planta con flores y una lámpara iluminada, eso sin nombrar los innumerables cuadros que decoraban entre puerta y puerta.
Eriol sacó la llave que correspondía a la habitación setecientos siete y la introdujo en la cerradura. En unos momentos la puerta se abrió y uno a uno entramos en el apartamento.
He de decir que estaba muy nerviosa, la casa era muy espaciosa y estaba construida del modo occidental, por lo que no nos quitamos los zapatos. El suelo brillaba y las paredes eran de madera regia.
Al final del pasillo entramos en un gran salón en el que había una gran televisión de plasma dentro del mueble en la pared –supe que estaba allí porque las puertas estaban abiertas–. Unos cómodos sofás, una preciosa mesa de cristal con sillas muy modernas alrededor.
En la mesita de café que estaba frente al sofá, había innumerables revistas sobre música e incluso había partituras. Estábamos por fin en el estudio del grupo Clow.
– Vaya, chicos tenéis un gran estudio.
Oí decir a Tomoyo, Harumi soltó una risotada muy graciosa provocando el mismo efecto en sus demás amigos menos en Li, que se perdió tras una puerta tradicional y no volvió a aparecer en un buen rato.
– ¿Queréis tomar algo que no sea café?– Nos preguntó Eriol con una sonrisa.
– ¡Hay algo más que café y chocolate!
Exclamó Harumi siguiendo a Eriol hasta la cocina, esta era una cocina abierta y sobre todo moderna, no le faltaba ni un electrodoméstico.
– Traigo bolsas de té.
– ¿Por qué nunca tenemos té?
Harumi hizo pucheritos mientras pataleaba como un niño chico. Le miré con ternura, parecía un chico inocente a pesar que la primera vez que se dirigió a mí fue para preguntarme si escondía algo debajo de mi falda.
– Porque Li–sama es quién hace la compra.
Dijo el otro chico solemnemente mientras se apoyaba en la barra de mármol.
– Mi nombre es Juro Aihara, al contrario que Harumi, mi nombre es real.
– Yo soy Sakura Kinomoto y ella es mi mejor amiga.
– Tomoyo Daidouji.
– Encantado de conocerlas.
Hubo un ruido estrepitoso en la cocina que nos hizo perder el hilo de la conversación con Aihara, al parecer Harumi había tirado un montón de cacerolas al suelo.
Fue tanto el revuelo que Li había reaparecido y se asomó –a mi lado– en la cocina. Cuando vio lo que había pasado se llevó la mano a su frente y suspiró aliviado.
Por un momento había visto la preocupación en sus ojos, ¿O realmente me lo imaginé?
¿Podía él, el príncipe arrogante, preocuparse por alguien?
Aunque de pronto me vino la imagen de él yendo solo a la compra, ¿Sería cierto lo del café y el chocolate?
– Por cierto, ¿Cuándo vamos a empezar?
Oí a mi compañero de clase refunfuñar fastidiado a mi lado. Harumi pasó de él completamente, pero Eriol contestó a su pregunta.
– Estamos esperando a que lleguen Hayami y al técnico de sonido.
– ¿Quién es Hayami?– Pregunté sin pensar.
– Es nuestro manager, ya verás Sakura–chan cómo te enamorarás de él.
Sentí una fuerte aura negativa y fría a mi lado. Los vellos se me pusieron como escarpias, comencé a sentirme mal y creo que hasta había empalidecido porque Harumi se acercó a mi rostro y lo tomó con sus cálidas manos.
– ¿Te encuentras bien Sakura–chan?
Quise gritar de emoción. ¡Era tan mono cuando hacía eso! Mientras tanto a mi lado ya sabéis de alguien que murmuraba improperios sobre la familia de cierta persona que me tenía agarrada la cara con sus manos.
– ¿Quieres dejar de hacer eso y hacerme un chocolate?
Harumi me soltó de pronto y sonrió. Su alma era tan pura que sentí el frescor en mi alma. A pesar del ataque de Li Shaoran él seguía sonriendo, aunque… ¡Era aquello una lágrima?
– ¡Discúlpate ahora mismo!– le exigí enfadada.
Todos me miraron con asombro. Había gritado a Li y este me miraba con aquellos ojos tan amenazadores que… ¡Por kami! Creo que me quiere matar. Tragué saliva mientras cerraba los puños para iniciar el futuro contraataque.
– Te he dicho que te disculpes.
– No voy a hacer eso y lo sabes.
– Discúlpate.
– No.
– Toma, tu chocolate Li–Sama, Sakura–chan.
Nos interrumpió Harumi acercándonos a cada uno una taza con chocolate. ¡Desde luego me sacaba de quicio! Tomó la taza y tras lanzarme una mirada de soslayo volvió a marcharse por aquella misma puerta al estilo tradicional por la que había venido.
– No te preocupes, suele ser así.
– ¡Pero es tan idiota!
– Nunca había visto a nadie enfrentarse contra él, te estoy agradecido por haberte preocupado por mí, pero está bien.
Las palabras de Harumi me dejaron con cierto sabor agrio en la boca. Tal vez me había pasado un poco y había malinterpretado la situación. ¡Aunque seguía pensando que no tuvo que haber hablado así a Harumi! Qué se creía que era, ¿Su esclavo?
¿Desde cuándo había comenzado a hablar de más?
Tomé un sorbo de la taza y rumié ese pensamiento mientras sentía el calor del chocolate caliente, cálido en mi pecho.
Aunque en mi corazón jamás un chocolate me había parecido tan amargo.
– Deberíamos hacerle caso esta vez, ensayaremos sin el manager.
El chico alto, Juro Aihara, que se había mantenido callado hasta ese momento habló. Las palabras que dijo, fueron rotundas, Harumi abandonó la cocina tarareando y se perdió tras la puerta por la que se había escabullido el basilisco.
Juro hizo lo mismo y no tardamos mucho en imitarles nosotras acompañados de Eriol.
– No te preocupes, él tiene un carácter fuerte y odia perder.
– Ya pero…
– Te estás enamorando de él ¿No es cierto?
La sonrisa en la cara de Eriol, tenía muchísimos sentimientos que pude distinguir. Era una sonrisa sincera, algo tímida pero muy reconfortante. ¿Pensaría en Tomoyo?
Miré a Tomoyo y ella estaba absorta en todos los cuadros que estaban colgados en las paredes de los pasillos por los que estuvimos. Había un sin fin de puertas cerradas y el pasillo parecía no tener nunca fin. ¿Qué serían aquellas habitaciones?
– ¿Eriol te mudaste aquí?
– No realmente– hizo una pausa–. Pero es cierto que tengo un cuarto propio aquí.
– ¿Eso os lo proporciona la discográfica?
Preguntó Tomoyo de pronto.
– Así es.
Nos paramos ante una puerta que desentonaba con el diseño de las puertas que adornaban la casa. Esta estaba blindada, seguramente para no dejar pasar la música.
Eriol antes de abrir la puerta se dirigió a mí. Su mirada era seria, siempre ponía esa mirada cuando quería que le atendiese bien. Como buena amiga, eso hice. Aunque no sé por qué no quería oír las palabras que me dedicaría en breves.
– Sakura, Si te estás enamorando de Li, será mejor que le olvides.
– ¿Por qué Eriol–kun?
Pregunté con un hilo de voz.
– No te conviene– hizo una pausa y me miró con cierta ¿Desesperación en sus ojos?– No es la mejor persona para ti.
Asentí preocupada, ¿Qué querría decirme exactamente? Eriol y Tomoyo son personas que suelen calar a una persona hasta el fondo, a mi me cuesta llegar a hacerlo, y cuando lo consigo, muchísimas veces fue tarde y me hicieron daño.
¿Por qué mi Gps interno no tiene esa función?
¿Seré inútil como dice Li–san?
– ¿Sakura–chan?
Me llamó Tomoyo algo preocupada, zarandeé la cabeza saliendo de ese maldito telar donde se tejen los hilos de mis pensamientos llamado mente. Sonreí algo contrariada pero al parecer no me tomaron mucho en serio porque entraron al estudio.
El estudio, era una habitación insonorizada bastante amplia. Aunque yo me la había imaginado en un principio muchísimo más grande de lo que realmente era.
Las paredes eran de color castaño rojizo. Una vez me puse a investigar y llegué a la conclusión que insonorizar un cuarto es lo más retorcido que podían hacer unos obreros. Un auténtico trabajo de chinos. Ante todo, los ladrillos debían ser huecos, debían también taparse con cemento para cubrir posibles grietas.
El suelo estaba cubierto de una moqueta muy mullida y suave al tacto de color negro brillante. Me pregunto si ellos caminarán descalzos alguna vez mientras tocan y componen.
Eso me recuerda a que la casa huele francamente bien. ¿La discográfica les proporcionaría una asistenta?
El estudio se dividía en dos partes gracias a un tabique levantado en mitad de la habitación. Y junto a la ventanal que habían construido en el centro, había un sin fin de aparatos electrónicos y varios taburetes.
Me acerqué con curiosidad a la sala de control y me maravillé ante todo el equipo electroacústica, y todos los stocks incrustados en la pared. Me vi tentada a acariciar la mesa de mezclas, todos los volúmenes, mutes, panorámicos y un montón de cacharros más de los cuales no sé el nombre.
Y el ordenador.
– Será mejor que no toques eso, a no ser que tengas dinero para pagarlo si lo llegaras a romper.
– Lo siento.
Me disculpé con cierto deje de frialdad en mi voz. Le miré de reojo mientras se crujía los nudillos y se sentaba en un taburete. Se cruzaron nuestras miradas y la tensión era palpable.
No entiendo porqué estaba tan enfadado conmigo, se comportaba como una manera diferente que me hizo pensar que nunca terminaría de conocer a Li Shaoran.
– Si queréis podéis sentaros aquí.
Nos ofreció Eriol con su siempre semblante sereno. Tomoyo y yo accedimos y nos sentamos en el sofá de tres plazas. Atentas les escuchamos como comenzaron a calentar los instrumentos.
– Sabía que Harumi–san es el cantante.
Me sorprendió Tomoyo de pronto, mientras Juro se sentaba tras la batería y comenzaba a marcar.
– ¿Cómo lo supiste?
– Por la musculatura de Juro–san.
– No me imagino a Harumi–kun tocando la batería.
El bramido de la guitarra eléctrica nos sobresaltó de pronto, captando enseguida nuestra atención. Al grito de la guitarra se unió Eriol con su bajo. Se miraban con expresiones cómplices ante la mezcla de sonidos desgarradores de aquellos dos instrumentos.
No quité la vista de encima a Eriol, que mientras acariciaba el bajo nos regalaba una melodía conjunta con la guitarra de Li–san.
Tocaron varias canciones de algunos grupos que conocía, me gustaba como sonaban en conjunto, aunque disfruté muchísimo más cuando Harumi se unió a ellos.
El timbre de voz de Harumi es fino, tiene una voz masculina pero no es tan grave como la de sus compañeros. Cuando canta, es capaz de llegar a notas que solo había oído a Tomoyo.
Es impresionante. Muchas veces me pregunto, que de personas tan pequeñas, cómo es que salgan sonidos tan desgarradores de sus pulmones. He usado la palabra desgarradora, porque eso es lo que sentí cuando oí a Harumi cantar.
Observé a Juro–san durante un rato. Me llaman muchísimo la atención las personas que tocan la batería. No por nada, sino porque es el instrumento que jamás deja de sonar durante la canción.
Podían estar golpeando los tambores y los platillos durante horas aparentando no estar cansados. Juro se mueve igual que una pantera. Su cuerpo se contrae y se distorsiona mientras maltrata la batería sin compasión con sonidos sólidos y primitivos.
Creo que es eso lo que más me llama la atención, que tocan con toda la fuerza de su cuerpo y con todo el sentimiento de su corazón a pesar de no moverse durante el escenario.
Increíble.
Crujen las cuerdas bajo las púas y el rugido que profiere el bajo eléctrico tras los dedos de Eriol no le fue indiferente. Observó a Tomoyo y vio cierto brillo en sus ojos, apenas parpadeaba.
Dirigí mi mirada a Shaoran y se me cortó el aliento. Su expresión demostraba que estaba concentrado en lo que hacía, pero también estaba relajado. Tal vez no era consciente de lo sexy que se veía detrás del mástil de la guitarra.
Se movía con tal gracia, que casi no podía ni respirar. Movía de un lado a otro sus hombros a la vez que deslizaba sus dedos por las cuerdas. Me dejó con la boca seca. Acariciaba la guitarra como lo haría con el cuerpo de una chica.
¿Sería la guitarra su chica?
Sí, estoy celosa. Celosa de su instrumento, celosa por como la mira, por como la acaricia, por como la toca, celosa por todo. Ojalá se le rompieran las cuerdas. Maldita sea por el solo que estaba haciendo.
El cenit de la canción había llegado a su fin y el estribillo con la voz de Harumi volvieron a inundar la sala. Shaoran saltó y se colocó detrás de Eriol, ambos sonreían y dieron vueltas espalda sobre espalda. Conducían el mástil de las guitarras intentando que se acariciasen.
Harumi salió de entre ellos y profirió un grito que nos asustó. La canción era genial, con razón se estaban haciendo tan famosos. Clow era... no sé con qué palabra describir a la banda.
Shaoran pisó la batería y siguió tocando. Juro sonrió y le dio un golpe en la cabeza con una de las baquetas, el príncipe arrogante le devolvió la sonrisa y tras otro salto todos comenzaron a mover las cabezas de arriba abajo.
Todos eran parte de la canción, que me estaba poniendo los vellos de punta. Durante un momento agarré la mano de Tomoyo, pero no la miré. Les veía a ellos.
Unidos, sincronizados en perfecta armonía. Eran uno solo y a la vez eran cuatro. La melodía se volvía dulce, sensual, atrevida y rockera. Juro martirizó la batería antes de terminar la canción. A la vez que guitarra y bajo terminaban al unísono.
Y se hizo el silencio.
Tomoyo se levantó de su sitio y aplaudió con efusiva energía. Yo casi no podía moverme de mi sitio, me habían dejado anonadada. Eran muy buenos, tanto que me habían dejado sin palabras.
Al fin me levanté y felicité al grupo por deleitarnos con su música, pero me sentía mareada. Ver a Shaoran así, tan concentrado, tan sincero y tan a gusto me había hecho mella.
Necesitaba aire o partiría en dos su guitarra. Mana–sama sabe que lo haría. Recorrí toda la casa dando tumbos. Necesitaba agua. Mucha agua y si era fría mejor.
Abrí la puerta y caminé por el pasillo. Maldito Shaoran, era la peor droga que existía. Las puertas del ascensor se abrieron de par en par pero no vi quién salía. Porque de pronto fui abrazada.
Mareada como estaba me di la vuelta y era Shaoran, el príncipe arrogante que me sostenía entre sus brazos no me miraba a mí. Miraba a alguien que estaba frente a nosotros.
Miré en esa dirección y contuve el aliento. Era un chico de nuestra edad y era francamente guapo. Tenía algo en la mirada que no permitía que apartara los ojos de él. El pelo completamente liso y violeta. Era visual kei.
Vestía como un caballero vestido de azul.
Él nos sonrió e hizo una reverencia. El hombre que estaba a su lado habló primero, pero no le oí, solo escuché al muchacho.
– Shaoran, volvemos a encontrarnos.
– ¿Qué significa esto, Ienari?– preguntó Shaoran enfadado.
– Eso es lo que venía a deciros, la compañía quiere que Daisetsu sea la segunda guitarra. Un nuevo integrante de Clow.
Sentí que a Shaoran la respiración se le cortó de pronto. Volví a mirar al sonriente Daisetsu y me pregunté.
¿Qué clase de persona sería?
¡Konnichiwa! Aquí te dejo la novena parte de mi fanfic, espero que te haya gustado.
Nota de Hikari–sys: Bueno seré breve. Estoy de vuelta xD Este capítulo se lo dedico a cuatro personas que me han estado dando ánimos durante todo este año. Y gracias al cargo de conciencia que me han dado, decidí continuar en serio tras la edición de El Canto de la sirena. Como ese fanfic voy a subir las respuestas de los reviews en mi blog. No olvidéis pasar por él!
Chocolate con menta
La–Sakurita
Flor de Cerezo
y Rosh Bernal
Gracias a todos los que me habéis dado ánimos. Sin vosotros no sería nadie.
¡Ya sabes! algún comentario, alguna crítica, peticiones etc.
– ¡Escríbeme! –
ATTE:
– Hikari–sys –
