Rada tiene un torbellino de emociones tan desordenado que contra su voluntad solicita la ayuda de una experta en la materia para que lo ayude a pensar. Al menos Pandora estaba despierta. Al día siguiente, el juez de Wyvern decide tomar la sartén por el mango y exponer sus conclusiones. Los villanos reciben un último encargo y se dirigen a Cobán para conseguirlo.
¡HOLA A TODOS! Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas. En esta ocasión, sumen 5 años a las edades del canon (sí, hubo cambio de año, recuerden). O si les resulta más fácil y menos complejo, dense una vuelta por el perfil de Ekléctica, donde encontrarán la línea de tiempo oficial: al principio de cada año aparecen las edades.
Un especial agradecimiento a Seika Lerki, Tsuyu Ryu y Ekléctica (El Concilio del Fic), madrinas y lectoras de prueba de este fic, que además de incentivarme y animarme a escribir, aplacaron mis instintos asesinos y varios personajes vivieron para contarlo.
Una recomendación especial, si quieren ver este universo expandido, lean "Madness of Love", de Lady Seika Lerki y el omake "Lo que Sueño de ti" y las adorables miniserie "Familia" y "Futuro" de Ekléctica. Finalmente, "Luz Amatista", de Tsuyu Ryu, es una joya. Las conversaciones que las inspiraron a ellas, de paso me inspiraron a mí para retomar este hábito mío de escribir fanfictions. ¡VAYAN A LEER! =D
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al genialísimo Masami Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy ganando dinero con esto, nada más entretengo a mi imaginación y le doy más trabajo a mi Musa. D8 ¡NO TENGO FINES DE LUCRO!
ADVERTENCIA
Cualquier coincidencia con la realidad, con situaciones reales y semejanzas con personas vivas o muertas, es una mera coincidencia. Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. Debido a la naturaleza de algunas escenas gráficas, se pide extra cuidado.
No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
¡No intenten nada de esto en casa!
"XXII. FACTA, NON VERBA"
("Hechos, No Palabras.")
Capítulo 8: El Principio
Cobán, Guatemala.
Tres días después. 10 de octubre. 19:47 horas
Por momentos a Maribel le habían flaqueado las manos pero, tras morderse la lengua y juntar coraje, finalmente había entregado la carta de renuncia. Tuvo que llegar a imprimirla, esa misma noche luego que regresó de Antigua en lo que había sido la experiencia más exhilarante de su existencia. Radamanthys, tras ponerse su mochila a la espalda (en donde había llevado un par de prendas de recambio) y sujetar la maleta de Maribel con una mano, la rodeó por la cintura y le dijo que lo sujetara con fuerza, sin darle ninguna otra advertencia.
Eso fue lo que hizo, e instantes después el mundo pareció explotar en manchas de colores, tal como si se hubieran lanzado baldazos de pintura contra las paredes. Cinco minutos después aterrizaban cerca de su casa en Cobán, a más de doscientos kilómetros de distancia. El juez no se notaba ni cansado, pero ella que no había movido ni las pestañas se sentía agitadísima y tuvo que sujetarse del inglés en lo que recuperaba la compostura y el equilibrio. Esto les dio una nueva oportunidad de estar muy cerca uno del otro, y de volver a sentir la respiración mutua, pero no hubo beso. Se separaron con recato y Radamanthys la acompañó a casa.
Laura, la mamá de Maribel, los recibió a la entrada cuando llegaron y se produjo un breve y simpático intercambio que no duró más de seis minutos. Rada siguió su camino y Maribel entró a ducharse (tenía que sacarse un viaje de encima) e hizo como si nada. Incluso no cayó en cuenta que su mamá había hablado con Rada sino hasta el otro día, cuando la mujer le preguntó de dónde había sacado a ese inglés tan interesante.
Según Maribel, había puesto paños fríos al respecto: Oh, lo conocí por ahí, me lo encontré en la estación de buses y me acompañó, dijo. Ya no hay hombres así, añadió, con lo cual, y a juzgar por la actitud de Laura, el asunto quedó hasta ahí.
¡JA! Ilusos todos los que creen que engañan a sus madres. El que Laura no haya hecho aspavientos no quería decir que no se hubiera dado cuenta. Tenía cincuenta y tres años en el cuerpo y no le costó nada atar cabos sueltos. ¿Acaso la creían tonta? Noooooooooooo. A estas alturas ya todas las tías y las abuelas de Maribel sabían que estaba saliendo con un extranjero y todas estaban juramentadas en decir nada que pudiera poner a la pareja en problemas y en ayudar en todo lo que pudieran, sin que Maribel o sus primas se enterasen. Claro… Claudia y un par más percibían que algo tramaban las mayores, pero no tenían pruebas. El único que no tenía idea de lo que pasaba era don Danilo.
Nada como una conspiración para darle sabor a la vida.
No es que Rada o Maribel se anduvieran escondiendo. Tras entregar la carta esa misma noche y haber soportado la indignación y el drama añadido de su padre, Maribel se había sentido más libre y se sorprendió a si misma al no sentirse muy afectada por ello. Laura se lo tomó con mucha más calma, pero don Danilo sufría lo indecible, tal como si le hubieran comunicado una muerte inminente: gritó, pataleó, berrincheó, gesticuló, prohibió que Maribel saliera de la casa, prohibió que se quedara, lloró, se lamentó, se preocupó, intentó convencer a su hija que turismo era la carrera ideal y, cuando no lo logró, intentó confundirla. ¡Qué no hizo ese hombre! Si bien había bajado una rayita la intensidad de su colapso emocional, seguía con su drama y comenzó a llenar a Maribel con beneficios en el trabajo, con tal que se retractara de su renuncia.
Pero no. Maribel se puso más firme que nunca, expuso sus argumentos y no dio pie atrás. Renunciaba y se dedicaría a seguir sus sueños. Si no le gustaba, ¡Qué pena! Hasta hace unas semanas no tenía la fuerza para hacer esto, pero ahora no sabía cómo era que no se había decidido antes. Estaba cumpliendo sus últimos días laborales antes de que se cumpliera el tiempo, pero hasta se sentía más feliz como nunca.
"Se te nota en la cara." Gruñó Radamanthys con las manos en la nuca. "El alivio me refiero."
"¿En serio, Keiran?"
"¡No me llames así! Dime Radamanthys, mujer, como todos. Me gusta más. ¡Hasta mi madre me llama así!"
"Seguro, pero nadie te habla por tu primer nombre, seguro. Solo yo. ¡Eso me hace especial!"
"No te des tanta importancia, Mary." Rezongó el juez en castellano, bajando los brazos, mirándola con fingida molestia.
Maribel le devolvió el gesto coqueta y no le dio otra opción al espectro más que rodar los ojos al cielo. Caminaban uno al lado del otro con tal calma y complicidad que bien daba la impresión que se conocían hacía años. No iban de las manos, no se habían dicho nada que expresase los sentimientos que se tenían, ni tampoco hablaban del casi beso que se habían dado en Antigua. No, nada de eso. Sentían que tenían todo el tiempo del mundo… y eventualmente iba a pasar.
Que se tenían ganas, se las tenían, pero cada cuál sofocaba esas ansias de la mejor manera posible. Y sí, se veían todos los días y todos los días probaban algo nuevo para comer.
"¿Ya comenzaste a buscar becas?"
"Sí. Debí haber renunciado antes: quizás hasta habría alcanzado a iniciar el año académico. Ni modo, toca el próximo año."
"Mejor, así alcanzas a prepararte. ¿Entonces Letras?" Preguntó Rada metiendo las manos a los bolsillos.
"¡Claro que sí!"
"¡MARIBEL!"
A la mujer se le erizó la espalda cuando la llamaron por la espalda. Algo de adrenalina se le soltó al torrente sanguíneo y sintió como las mejillas se le enrojecían sutilmente. Giró sobre sus talones al mismo tiempo que Rada, quien se veía imperturbable. El juez sacó las manos de los bolsillos y analizó a la extraña que se les acercaba irradiando alegría, evaluando si implicaba peligro.
Cierto, estando en Antigua aprovechó para rastrear esas energías tan raras, pero no pudo averiguar mucho más sobre los sorpresivos asesinatos que perturbaban a la población y sus autoridades. Intuía que tenían que ver con Xibalbá. No le habían llegado más órdenes al respecto, excepto "¡disfruta de tus malditas vacaciones!", pero nunca estaba de más ser precavido… sobre todo con las Cuevas de la Candelaria tan cerca: ahí había una que era una entrada al Xibalbá después de todo.
"¡Claudita! ¿Tú qué haces por aquí?" La saludó Maribel con cariño. "Te presento a Radamanthys Ainsworth." La chica le sonrió al juez. "Ella es mi primita Claudia."
"Un gusto." La saludó Radamanthys con un ademán de cabeza. Se sintió algo perturbado por la enorme alegría que le dedicó Claudia al sonreírle.
"¡Vaya! Con ese nombre sin duda no puedes ser bajo. ¡Ya tenía ganas de conocerte!"
"¿En serio?" Rada miró a Maribel muy ceñudo. "No me habías dicho que soy una celebridad."
"Celebridad nunca, Keiran: me hartabas y tenía que quejarme con alguien." Le respondió Maribel con un guiño.
"Oh." Rada se sintió algo halagado, lo admitía.
"¡Pero bueno! ¿Te llamas Radamanthys o Keiran?" Preguntó Claudia divertida, con una mano en la cadera.
"Keiran es mi primer nombre, pero no me gusta tanto como Radamanthys. Prefiero mi segundo nombre: todos mis amigos y enemigos me conocen así."
"Oh, tiene sentido." Reconoció Claudia.
"Solo yo le digo Keiran, ¿Estamos?" Afirmó Maribel decidida.
Rada levantó la uniceja sorprendido, pero no ofendido. Sonrió involuntariamente y tentado estuvo de rodear los hombros de Maribel con sus brazos.
"Perfecto. Entonces Radamanthys." Claudia miró con suspicacia al inglés. "Dado que mi prima se adjudicó el derecho de llamarte por tu primer nombre."
"Hmpf."
"Ya deja de gruñir o te vas a arrugar." Le dijo Maribel dándole un codazo. Claudia no dejaba de sonreír. "¿En qué andas, Clau?"
"Aquí, por la vida: me voy a juntar con unas amigas, y como te vi cerca, pasé a saludar." Reconoció Claudia mientras intercambiaba miradas llenas de contenido con Maribel. "Ya me iba y los dejo solos."
"Mejor. Ya váyase y luego hablamos." Gruñó Maribel con una encantadora sonrisa. Claudia se echó a reír, para nada ofendida.
"Te veo mañana, Primita… claro, si Radamanthys te deja tranquila." Comentó muy divertida, y comenzó a despedirse. "Nos hablamos y… ¡Un gustazo, Rada!"
"Te cuidas, Claudita."
Maribel bufó molesta una vez que Claudia se hubo alejado. Seguro la muy pilla se había acercado por curiosidad, pero ¿Qué no tenía sentido de la oportunidad? Como que no le gustaba compartir a Rada tan pronto, o que la hubieran abordado así de improviso. No es que le fueran a quitar al espectro, pero… ¡Hey! ¡Un poco de tino no le hace mal a nadie!
"No sabía que gruñías, Mary."
"Hay muchas cosas que no sabes de mí, Keiran."
"Tiene arreglo." Rada le guiñó el ojo y reanudó la marcha, notando que Maribel lo había tomado de la mano. "Esa es Claudia, tu prima. ¿No?"
"Sí, es ella. Es casi mi hermana. ¿Por?"
"Y por supuesto que le has hablado de mí."
"¿Eso te molesta?" Preguntó Maribel como quitándole importancia. "Claudia es quien en más confío. Seguro le has hablado de mi a alguien, Keiran."
"Puede ser." Rada rodó los ojos al cielo. Arrugó la uniceja para disimular el sutil sonrojo. "Puede que te haya mencionado a Pandita, digo, a Pandora."
"¿Quién es ella?"
"La Heraldo de mi señor Hades. Cada tanto soy su guardaespaldas, aunque no siempre. Es mi mejor amiga y confidente: le cuento de todo. Más o menos." Rada tragó saliva. "Hubo un tiempo en que mi señor Hades intentó que fuéramos pareja."
"¿Y acaso le resultó? ¿Es tu ex?" Preguntó con súbito interés. Rada negó con la cabeza.
"Es como una hermana pequeña y es demasiado emo, incluso para mi gusto. ¡Hasta se lo he dicho en la cara! Funcionamos mejor así como hermanos de padres distintos." Rada se detuvo delante de Maribel y agachó la cabeza hasta quedar cara a cara con la mujer. Sonrió con travesura. "¿Te pusiste celosa, Mary?" Preguntó lleno de orgullo masculino.
Es que la actitud territorial de Mary le había inflado el ego por las nubes. Además el hecho de verla de mal humor también lo hizo sentir muy contento. La chica lo miró con interés.
"¿Celosa yo porqué, si se puede saber? Que yo sepa no somos nada."
"Te lo concedo, pero eso también podemos arreglarlo, si quieres." Gruñó el juez antes de darse cuenta de lo que decía, sintiendo una súbita subida de endorfinas. "Errr…"
Claro que ni bien terminó de hablar, se quedó helado y de una pieza. Maribel también lo miró congelada.
"Este… ¿Has probado los tamalitos de chipilín? Sé dónde los preparan bien." Se apresuró en sugerir Maribel para cambiar el tema.
"Vamos, me gustaría probarlos." Sobra decir que Radamanthys no se tardó en aceptar.
Evidentemente tal cosa fue algo que Maribel se inventó sobre la marcha, pero que ambos aprovecharon para desviar la atención de aquella arista de la cuestión. Honestamente no habían pensado en ella. ¿Qué eran? Nada. ¿Qué había pasado entre ambos? No mucho. ¿Qué sentían el uno por el otro?
…
¡Ni pensar en eso querían! De alguna manera tal cosa los intimidaba y en serio, como que estaban mejor si asumían que esto que estaba creciendo entre ambos no era sino algo pasajero. Rada volvería a su Inframundo y Maribel abriría las alas y comenzaría su carrera soñada, cada cuál por su lado, sin volver a verse jamás en la vida. Este encuentro entre ambos había sido fortuito, nada más.
Quizás por eso casi se tragaron toda la comida que les pusieron por delante esa noche, como para compensar la ansiedad emocional que se negaban a asumir: mejor no comprometerse mucho o les costaría más recuperarse.
Rada fue a dejar a Maribel a su casa y se separaron a una buena distancia de esta, no por temor a que los fuera a encontrar la madre de la mujer, o su padre a las perdidas, sino porque no querían dar explicaciones ni la imagen de que podrían estar juntos. Por eso cuando el juez volvió al hotel a descansar, no se pudo quedar mucho rato quieto. ¿Qué era lo que tenía que pasar a partir de ahora? Porque pronto se iría, eventualmente Hades lo convocaría de nuevo a Caína y podría volver a retomar sus funciones, entrenar como se suponía y patear a los inútiles espectros a su cargo, pero ¿dónde quedaba Mary?
"I'm thick as two short planks! Her name is Maribel, not Mary!" Se regañó a sí mismo en voz alta, apretando los puños. Fue cuando miró de repente su reflejo en el televisor apagado de la habitación. Relajó la musculatura. "If she calls me Keiran, I will call her Mary. So Be It!"
Con eso, Rada se quitó los zapatos y se calzó sus pantuflas de perrito. Se dejó caer en la cama, aunque no sin antes sacar su celular. Lo pensó un buen rato antes de prenderlo, pero una vez que lo hizo, no se demoró mucho en acceder a los contactos. Necesitaba hablar con alguien de confianza que pudiera orientarlo en estos temas y de verdad, la hora no le importaba; ¿qué horas debían ser en Atenas? Revisó su reloj y sacó algunos cálculos mentales. Mandó un whatsapp… no tuvo que esperar mucho por la respuesta. En seguida llamó.
"Buenas noches Pandora."
"Agradece que estoy desvelada. ¿Qué te pasa, Radamanthys?"
"… No lo sé."
"Son casi las cuatro de la mañana, Rada. ¿Qué horas son allá? Tengo un desvelo horrible y es tardísimo. Si me llamaste para decirme que nada, te juro que…"
"Aquí son casi las ocho de la noche. Es sobre esa chica."
"¿Cuál? ¿La guía turista que por fin renunció a su trabajo? Ya era hora, por lo que cuentas, aguantó mucho tiempo. ¿Qué te pasa con ella?" Algo en el tono irritado de Pandora le insinuó a Rada que la chica ya intuía por donde iban los tiros.
"No lo sé…" Radamanthys arrugó la nariz al oír cómo Pandora resoplaba de impaciencia. "Creo… que pienso mucho en ella. No creo que sea sano. Bajo circunstancias normales no me molestaría, pero… no quiero irme sin ella. Me molesta pensar que… nos vamos a separar. Odio pensar que podría estar lejos. Odio sentirme así."
Se produjo un momento de silencio, pero no porque Pandora se hubiera distraído.
"¡Por Hades! Radamanthys de Wyvern…" La heraldo frunció el ceño: clara señal de felicidad según su personalidad. "Creo que estás algo pillado."
"¿Pillado? ¿Así como con sentimientos más importantes por ella?"
"Y con ganas."
"¡Eso es imposible, Pandita! Yo no me pillo de nada. ¡Es tan solo una mujer que no veré nunca más en la vida!" Reclamó el juez con vehemencia, pero recordó de golpe la figurita de porcelana de su infancia y como ésta se quebró en pedazos cuando cayó al suelo. Sintió el estómago helado."Bloody Tartarus! I can't…"
"No tiene nada de malo pillarse con alguien. O eso dicen: el señor Hades no lo prohíbe y si pudo tolerar…" Pandora parpadeó curiosa al notar el silencio. "¿Rada? ¿Sigues ahí?"
"Sí." Carraspeó molesto, pero con un tono de voz tan calmado que hasta resultaba perturbador. "Solo hacía uso de mi derecho a permanecer callado."
– Le gasp –
La heraldo abrió los ojos como platos. Con eso Radamanthys había dicho más de lo que le hubiera gustado y Pandora, conociéndolo como lo hacía, no pudo evitar sentirse alegremente sorprendida y aterrada al mismo tiempo. No, Radamanthys no estaba pillado.
"Sehr Gut! Radamanthys, tú no estás pillado: ¡Estás…!"
"NO LO DIGAS, PANDORA." La atajó Rada a tiempo, sintiendo un súbito pánico. Incluso se puso de pie. Al menos le hicieron caso.
"Tengo ganas de conocer a esa chica." Dijo Pandora al cabo de un rato, de mejor humor. "Porque si logró ese efecto contigo en menos de un mes…"
"¡Basta, Pandora! No insistas." Reclamó el juez, quizás algo avergonzado. "¡No ha pasado el tiempo suficiente! No puedo sentir nada así de intenso por nadie. ¡No estoy enmr…! ARGH. ¡Ni siquiera puedo decirlo!"
"Hablas como si estuviera mal que te enamores de alguien." Reclamó la muchacha. "De partida, el corazón se manda solo, segundo, el señor Eros tiene un sentido del humor muy negro y tercero… ¿Qué es lo peor que podría pasar?"
"¡Que Mary no sienta lo mismo!" Exclamó angustiado.
"Y si fuera recíproco, ¿qué es lo peor que podría pasar?" Preguntó la chica. "¿Se llama Mary?"
"Que me deje solo." Reconoció el juez algo cohibido. "Y sí, se llama Mary, pero yo no más le digo así." Pandora resopló al otro lado de la línea.
"Lo que digas, dragón. ¡A ti te van a estar dejando de lado!" Exclamó con tono cansado. "Escúchame, Radamanthys: no te pongas melodramático. Eso no te queda." Le dijo con autoridad. "Habla con ella, resuélvanlo juntos y que sea lo que Hades quiera. ¡Nunca se sabe lo que podría pasar!"
"¿Y si no siente lo mismo?"
"Bueno, tienes dos opciones: o le dices y sales de dudas, o no le dices y te quedas con la duda por siempre. ¿Qué es lo peor que podría pasar?" Insistió la alemana. Radamanthys se quedó pensando esas palabras, pero no dijo nada. "No seas cobarde y dile."
"…"
"Rada, ¿sigues ahí?"
"Hmpf, sí, supongo." El juez resopló molesto, pero Pandora no se molestó: supo en ese instante que sus palabras habían surtido el efecto deseado. "Gracias por nada, Pandita."
"¡De Nada!"
Radamanthys gruñó por lo bajo y colgó el teléfono, el que tiró a un lado, sin saber qué hacer, pensar o sentir. O quizás sí: ¿No era acaso un juez de Hades? Bah. Seguro no perdía nada con… tratar de dilucidar qué era esto que de verdad sentía y como lo solucionaba. Suspiró y miró al techo.
"No me veo con una novia… pero tampoco quiero estar solo." Se dijo en apenas un susurro, meditando mucho qué era lo que en verdad quería, sorprendiéndose con la conclusión a la que llegó. Arrugó el ceño. "¿Qué podría salir mal?
A miles de kilómetros de ahí, Pandora dejó el teléfono a un lado, sonriendo para sus adentros. Esta revelación había hecho que desvelarse hubiera valido la pena, y de corazón la agradeció. Se arregló sus trenzas y suspiró contenta varios instantes. ¡Quién lo diría! ¡Radamanthys enamorado! Eso sin duda era algo bueno.
Entonces le cayó la teja.
"¡Pero Rada no sirve para novio de nadie!" Exclamó sorprendida en voz alta. "Conociéndolo, esto termina de dos maneras. O se…"
"¿Pandita?"
– Le Gasp –
Pandora dio un brinco hacia atrás al notar a Hades y Perséfone, en pijamas, mirándola con curiosa intensidad y brillos en los ojos. La heraldo se mordió los labios. ¿Acaso estos dos estaban tan pendientes del juez de Wyvern que se habían dado cuenta que la había llamado y los motivos detrás de eso? ¡Par de acosadores!
"¿Y bien?" Preguntó Hades, emocionado.
"¿Qué te dijo?" Preguntó Perséfone, igual de ilusionada.
"¡¿Cuándo la conoceremos?!" Preguntaron los dos al mismo tiempo.
Pandora se sopló el flequillo. Pues ni modo, ya estaba desvelada. Mejor les contaba algo, lo que pudiera, que los dejara tranquilos e hiciera feliz.
Iba a ser una larga noche… pero más largo el día si no lograba pegar ojo.
Antigua, Guatemala. Casa abandonada.
Tres días después. 13 de octubre. 1:35 de la mañana hora local.
Lucy abrió los ojos casi con temor de lo que podía o no ver. Esas corrientes de viento se habían detenido y el edificio comenzaba a dejar de vibrar. Se destapó sus oídos a medida que miraba a su alrededor: Nicolás y los demás estaban tan ansiosos como ella, pero se veían más enteros (excepto Elián), y comenzaban a recuperar la compostura.
THUD
El cuerpo de aquél policía cayó con un golpe sordo al suelo, muerto. Sus ojos estaban quemados y le salía humo por la boca. Su piel tenía un color muy poco natural. La criatura Chupavida almacenó su alma en el buche y, tras recorrer su mirada por el grupo que comenzaba a salir de su escondite, se abalanzó sobre Elián, a quien le dio un nada amistoso empujón. Abrió sus fauces y dejó escapar un estridente chillido sobre el rostro del hombre, lo suficientemente intenso como para que el sujeto gritara a su vez, de dolor y miedo. Entonces dio un coletazo y abrió una brecha al Xibalbá, en donde desapareció, seguramente para llevarle la energía del sacrificio a Quicxic y Patán.
Elián comenzó a ponerse de pie, lentamente, temblando como una hoja. Dos de los sectarios se acercaron para ayudarlo y por primera vez no se negó.
"Esa cosa le habla directo a mi alma. ¡Es horrible! Siento que me quema las entrañas cada vez que lo hace." Se lamentó a punto de llorar. Nicolás le dio una palmada en la espalda a manera de apoyo.
"¡Todo sea por la Gloria del Xibalbá! Serás recompensado."
"¿Qué te dijo esta vez?" Preguntó uno de los que lo estaban ayudando. "¿Cuántos sacrificios más?"
"Llevamos nueve… me dice que los ajawab ya tienen suficiente energía para el viaje, pero siguen queriendo once sacrificios."
"Nos quedan dos más entonces. ¡Ya casi lo logramos!"
"Hay condiciones: tienen que ser en la entrada más cercana que tengamos al Xibalbá. Y uno de los sacrificios tiene que ser una mujer."
Nicolás abrió los ojos perplejo. Hasta ese momento, desde que habían adquirido la ayuda del Chupavidas para los sacrificios, solo habían atacado hombres, pero ni modo, si el Xibalbá pedía mujer, pues mujer le darían. Lo que sí estorbaba sus planes es que desde Antigua no tenían como acceder al Xibalbá y dudaba que el Volcán de Agua fuera a darles alguna pista.
"Tendremos que ir a las Cuevas de la Candelaria, en Alta Verapaz." Dijo uno de los sectarios. "Ahí nos conseguimos sacrificios." Dijo con mucha calma, al tiempo que se volvía a Lucy. "¿A menos que te quieras presentar como voluntaria?"
"No, Tengo que servir a los Ajawab de otra manera, ese es mi destino." Anunció Lucy con firmeza. Nicolás carraspeó.
"Toca viajar al norte entonces. Allá nos conseguimos presas." Se apuró en decir Nicolás, mientras le daba un puntapié al cuerpo del policía.
"No sería mala idea que contratásemos un tour guiado. Ahí vemos como nos arreglamos." Sugirió otro.
Los sectarios se miraron entre sí, como meditando la idea. Finalmente algunos se encogieron de hombros y todos asintieron con más o menos énfasis.
"Mala idea no es." Dijo Nicolás. El hombre le echó un último vistazo al cuerpo que aún humeaba. "Vámonos antes que vengan por este pobre infeliz. Ya lo deben estar echando de menos."
Y así en tropel, el grupo comenzó a hacer abandono de aquella casa.
El cuerpo del policía fue hallado media hora después.
Cobán, Guatemala.
Más Tarde ese día. 13 de octubre. 9:47 horas.
Necesitaba hablar con ella. Por mucho que lo negara y gruñera y por insignificante que fueran sus sentimientos y emociones, Radamanthys no podía seguir ignorándolos. Se había pasado toda la noche dando vueltas por la cama, su cuarto y la ciudad, tratando de lidiar con eso y finalmente había llegado a una conclusión. Por eso la había buscado, solo con ese afán. Pandora tenía razón: ¿Qué podía salir tan mal?
En honor a la verdad, no le extrañaba que Maribel se sintiera sofocada en su trabajo. Rada estaba apoyado en un pilar cercano, observando como la chica guiaba a ese grupo de turistas. Le habían asignado un grupo más joven, una desesperada medida de su padre para que se retractara de su renuncia, y ella estaba vestida como nunca antes la había visto. Asumía que era un traje típico, ya le preguntaría. La notó algo más contenta mientras daba su discurso, lo que no le extrañaba: pronto dejaría de trabajar y comenzar a buscarse lo que le gustaba y eso lo hacía muy feliz por ella. Miró su reloj: si el cálculo no le fallaba, pronto les daría una media hora a sus pasajeros para que pululasen por el área a gusto, en lo que ella descansaba un poco.
Y así sucedió. No se tardó mucho en verla gesticulando como lo hacía cuando les daba instrucciones y tras despacharlos, la chica caminó hasta el bus, teniendo especial cuidado con su vestido, en donde intercambió algunas palabras con el afable y obeso conductor del bus. Rada se apuró en ir tras ella y la alcanzó cuando comenzaba a alejarse.
La chica parpadeó perpleja al verlo tan de improviso, pero no tardó en sonreírle.
"¡Keiran! ¿Qué haces aquí?"
"Pasaba por aquí: te vi y vine a saludar." Le explicó algo nervioso. Sentía la musculatura apretada, como presta a reaccionar a la menor provocación, como cuando estaba a punto de irse de cabeza a un combate. "Coincidencias nada más."
"Comienzo a pensar, Mr. Ainsworth, que estás coincidencias son a propósito." Maribel se puso las manos en las caderas y ladeó coqueta la cabeza. "¿O prefiere que lo llame por su título, señoría espectral?"
"Puede decirme Keiran si gusta, Miss Sánchez." Rada levantó la cabeza, muy altanero. "¿Qué la hace pensar que hice tal cosa como venir aquí a propósito a buscarla?"
"Lo has hecho antes, Keiran, no lo niegues. ¿O crees que no te vi saltando por los techos?"
"Uno es un turista en un viaje, se supone que debo conocer lugares y descubrir las mejores vistas." Rada la miró con calma y sonrió, señalando su vestido. "Es la primera vez que la veo vestida así, Miss Sánchez. ¿Es alguna ocasión especial que usa un traje típico?"
"Más o menos: son cosas que se le ocurren a mi papá. Esta semana los tour por la ciudad se hacen con trajes típicos, así que tocó vestirse así." Explicó Maribel mientras lucía su vestido. "Puro marketing si me lo preguntas. Es por lo del 12 de octubre. ¿Cómo me queda, Keiran? Creo que subí de peso, me queda un tantito más estrecho que el año pasado."
Rada ladeó la cabeza y observó a Maribel de pies a cabeza. El traje era muy bonito y de alguna manera le lucía mucho. Su Wyvern interno aprobaba con entusiasmo. Se veía como una mujer fuerte y le daban ganas de abrazarla y no dejarla ir nunca. Él no daba abrazos, los odiaba con toda su alma… pero con Maribel podría hacer una excepción.
Quizás más de una.
"Nada que un poco de dieta no solucione. ¡Estás perfecta, Mary! Tal como me gusta." Le dijo con una agradable sonrisa. Maribel lo miró sorprendida y los ojos abiertos.
"¿Dijiste que estoy gorda de manera elegante?" Le preguntó con especial énfasis en la palabra gorda. Radamanthys tuvo un tic en el ojo y retrocedió un paso por precaución: algo le había escuchado al señor Hypnos alguna vez que si una mujer creía que la habías encontrado gorda era un potencial campo minado. Sin embargo Maribel no siguió esa línea de pensamiento. Lo miró como si de pronto cayera en cuenta de algo. "¿Te gusta cómo me veo?"
"Yes, my dear." Asintió Radamanthys, sin bajar la defensa. "Eres muy bonita." Añadió tragando saliva.
Maribel abrió los ojos bastante, sintiéndose muy conmovida. De lo poco que conocía a Keiran, sabía que éste no hacía comentarios así si no los sentía. Se llevó una mano al corazón y lo miró fijo, sintiendo como se soltaba en su torrente sanguíneo una fuerte dosis de felicidad. Rada levantó la cabeza, arrugando mucho el rostro, pero relajándolo pronto.
"Keiran… Creo que eres un adulador de lo peor." Le dijo coqueta. "Yo… no me esperaba que… que me encontraras bonita."
"Lo eres. ¡Y Mucho! No hagas que lo repita, pero lo tengo claro." Radamanthys tomó aire. Era ahora o nunca. "En estos días has plagado mi mente y me sorprendo a mí mismo gustando de tu compañía. Odio estar con personas, pero más odio no estar contigo, Mary. Me gustas tanto que me odiaría a mí mismo no decirte esto. Te amo: Odio pensar que no lo hago."
– Le Gasp –
A Maribel se le enfriaron las manos, pero no se dio cuenta. Toda su concentración estaba en Radamanthys y en la cara de perro enojado que tenía. Se sonrojó con furia y por instantes bajó la mirada, jugando con sus dedos, antes de volver a fijársela. No era la primera vez que le hacían una confesión así, ¡claro que no!, pero era la primera vez que la sentía llena de firmeza, decisión y honestidad. Se mordió el labio: tenía toda la sangre estacionada en sus mejillas.
"Esa es una fuerte afirmación, Keiran."
"Pero va en serio." Gruñó Radamanthys, atreviéndose incluso a acariciarle el rostro. "No tengo otra explicación para lo que siento. Sé que es muy pronto, pero por más vueltas que le doy, es la única conclusión a la que…" Maribel le tomó la mano y la detuvo en su mejilla, interrumpiéndolo. Cerró los ojos unos momentos y disfrutó del silencio antes de abrirlos de nuevo y revolearle las pestañas.
"También siento cosas por ti." Le confesó en susurros. "Me pasan cuando estoy contigo. No sé cómo llamarlo, pero sé que debe crecer mucho más. También te amo. Te amaré mucho más con el tiempo: no puedo echarlo atrás ni detenerlo."
Como que los dos soltaron el aire, llenos de alivio. El mundo se hizo más ligero y fácil en ese momento. Juntaron las frentes y se dedicaron unos momentos de silencio, escuchándose uno al otro.
"Estamos parejos entonces." Dijo Rada de pronto. "¿Y si tratamos de dilucidar de qué se trata esto que nos pasa? ¿Ver hasta dónde llegamos?"
"Me encantaría, Mr. Ainsworth." Le dijo con una sonrisa. "Hay que aprovechar el tiempo, que siempre falta… y no sé cuánto tenemos." Añadió traviesa. Entonces frunció el ceño. "Si convertimos esto en una parodia de Jane Austen, ¡te voy a matar!"
"Si eso pasa, me lanzo de cabeza al Yomotsu, pierde cuidado." Radamanthys retrocedió y la miró divertido, enarcando media ceja y palmeándole la cabeza, en clara alusión a su altura. "¡¿Matarme tú a mí?! JA. Suerte intentándolo, petisa."
"¡¿Cómo te atreves, inglés desabrido?!" Ladró Maribel, agitando las manos. "¡Mira que una tiene métodos de cómo salirse con la suya!" Le dijo coqueta, mientras miraba su reloj. "Argh. Hora de seguir con el tour. El deber llama, amor…"
"Estás en las últimas. Esto ya se acaba." Le gruñó Radamanthys cruzándose de brazos. Maribel asintió y coqueta le dio la espalda, tocando un silbato y alejándose un poco, de manera de ponerse en un lugar visible.
"¡HORA DE PARTIR!" Anunció a viva voz mientras agitaba los brazos para llamar la atención de sus turistas.
Pronto los estuvo arreando y reuniendo, anunciando que ya era hora de seguir. Radamanthys se quedó ahí, junto al bus, recibiendo ocasionalmente una coqueta mirada de su Mary y sintiéndose bastante contento con lo que había pasado.
"Puede ser una buena idea." Se dijo a sí mismo en voz alta.
"¡Una idea estupenda!" Lo apoyó Juan Carlos, el conductor del bus, quien evidentemente sabía más inglés del que le daban crédito. El hombre lo miraba muy contento. "Maribel es una chica muy buena, ¡Es bueno que se conozcan y vean si se quieren o no! Los dos están en la flor de la vida: ¡Me alegra que se den una oportunidad!" Le dijo con muy buen ánimo. "No sé tú, pero Maribel necesita que alguien bueno la quiera mucho."
"¡¿De dónde sales, infeliz?!" Preguntó Rada sobresaltado. Ni cuenta se había dado que el conductor se le había acercado de pronto. ¡No podía permitirse esos lujos!
"Estaba aquí todo el tiempo, lo escuché todo." Explicó el hombre encogiéndose de hombros. "Estaban tan concentrados el uno en el otro que ni cuenta se dieron de mi presencia de lo enamorados que están." Añadió muy jovial. Entonces lo miró muy feo y lo señaló con el dedo. "Escúchame: conozco a Maribel desde que tenía diecisiete años. ¡Si la haces llorar, te atropellaré con el bus ahí donde te vea!"
Rada lo miró molesto y sin darle importancia, al menos en apariencia. Se cruzó de brazos y apartó desdeñosamente el rostro.
"Hmpf. ¿Por qué querría hacerla llorar? Eso es contraproducente. ¡No insinúes que hago llorar a mi gente!" Gruñó Rada de buena gana. Juan Carlos suspiró aliviado.
"Con eso tengo suficiente."
"Más te vale."
Continuará.
Por
Misao–CG
Próximo Capítulo: Anuncios y Secuestros
… Fue cuando notó el banco de arena. Maribel frunció el ceño e irguió la espalda, acercándose a la ventana para ver mejor. Un banco de arena muy amarillesca comenzó como a brotar de la tierra misma y a cubrirlo todo a una velocidad pasmosa. Sin embargo, al mirar alrededor suyo notó que era la única que parecía notarlo. Incluso cuando la arena comenzó a colarse dentro del bus nadie hizo nada, como si ella fuera la única que podía ver el fenómeno. Maribel intentó llamar la atención de Juan Carlos, pero éste siguió conduciendo como si nada, ajeno a la arena que comenzaba a…
Nota Mental: De acuerdo a Google, la distancia entre Antigua y Cobán es de 251,8 kilómetros y se recorrerían en cinco horas con veintidós minutos, por la carretera Jacobo Árbenz Guzmán/CA-9N. Respecto del traje típico, en Guatemala tienen un montón y no pude decidir cuál era el más bonito. Por razones más que obvias, imagino a Maribel usando el típico de Cobán, pero moría de ganas de ponerle todos. Gracias de nuevo a Panzermig por orientarme con algunas normas culturales relacionadas con los trajes típicos. Y si quieren ver como es el traje que viste Maribel en este capítulo, vayan al Pinterest de esta saga. Ahora… en serio espero que Rada no haya estado muy meloso y no… no hubo beso. No dio el tiempo: Maribel estaba trabajando y aunque odie lo que hace, tiene ética. ¡Paciencia! Insisto con esto, y lo haré en todos los capítulos, así que ármense de paciencia: buena parte de este fic estará ubicada en Guatemala y desde ya les pido mil disculpas por cualquier error que pueda tener, tanto cultural o de conocimientos. No fueron intencionales ni tienen mala intención. Por favor, si detectan algún error tipográfico, de ortografía y redacción, me avisan para que lo pueda reparar. ¡MUCHAS GRACIAS A TODOS POR LEER!
Los espectros están muy pendientes, Newfan, de todo lo que pase en el Inframundo, que siguen picados por lo de la guerra. Cierto, esos villanos torpes por fin le dieron con el palo al gato, pero para serte honesta, fue gracias a la Culebra que les asignaron, si no, seguirían intentando sacrificar gente. Sobre el beso, ya podrá Rada desquitarse y Valentine… también lo comprendo: su nueva dieta deprime a cualquiera y ya andaba el pobre de mal humor. Desde que le diagnosticaron la diabetes que no come chocolates. El mesero cometió un error de novato: nunca más volvió a mirar siquiera el control remoto. Al menos vivió para aprender la lección. ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! =D
Rada y Mari son un par de tontos lindos, Guest. Ya tendrán tiempo para besarse todo lo que quieran, pero de momento, toca tener paciencia. Sobre Valentine… cambiar la dieta de manera tan radical como lo hizo él, y todavía no asumir por completo que tiene una enfermedad qué vigilar, tiene al pobre de mal humor y deprimido. Al menos, sus compadres lo apoyan. Benito por su parte dice esas dos palabras, además de no y sí. Crece como la hierba mala, lo cual no es del todo malo. Minos… ya verás lo que le ocurre y Hetalia… es adictiva. u^^ ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER Y CUÍDATE MUCHO! =D
BRÚJULA CULTURAL
Traída a ustedes gracias a Wikipedia o alguna otra página, según corresponda. Una vez más, Google traductor y el vblog de Anglophenia, en su capítulo 12 "How to insult like the British"
Thick as two short planks!: Expresión británica para referirse a una persona particularmente idiota o a torpezas propias ocasionales. Pueden ver la explicación de esta expresión en el minuto 2:48 del video sugerido. Literalmente se traduce como "Grueso como dos tablones cortos"
Sehr gut: Se traduce como ¡Muy Bien! O ¡Buenísimo!
If she calls me Keiran, I will call her Mary. So Be It!: Si me llama Keiran, la llamaré Mary. ¡Que así sea!
Jane Austen: (Steventon, 16 de diciembre de 1775 – Winchester, 18 de julio de 1817) fue una destacada novelista británica que vivió durante el periodo de la Regencia. La ironía que emplea para dotar de comicidad a sus novelas hace que Jane Austen sea considerada entre los clásicos de la novela inglesa, a la vez que su recepción va, incluso en la actualidad, más allá del interés académico, siendo sus obras leídas por un público más amplio.
Nació en la rectoría de Steventon (Hampshire). Su familia pertenecía a la burguesía agraria, contexto del que no salió y en el que sitúa todas sus obras, siempre en torno al matrimonio de su protagonista. La candidez de las obras de Austen, sin embargo, es meramente aparente, si bien puede interpretarse de varias maneras. Los círculos académicos siempre han considerado a Austen como una escritora conservadora, mientras que la crítica feminista más actual apunta que en su obra puede apreciarse una novelización del pensamiento de Mary Wollstonecraft sobre la educación de la mujer.
Ha sido llevada al cine en diferentes ocasiones, algunas veces reproducidas de forma fiel y en otras haciendo adaptaciones a la época actual. La versión más fiel y perfecta que hasta ahora se ha haya hecho de alguno de sus libros, es de su obra Orgullo y Prejuicio, adaptada como una serie que presentó la BBC y protagonizada por Colin Firth y Jenniffer Ehle. El interés que la obra de Jane Austen sigue despertando hoy en día muestra la vigencia de su pensamiento y la influencia que ha tenido en la literatura posterior. Su vida también ha sido llevada al cine con la película Becoming Jane (2007).
