Sé que los que entráis aquí estáis para leer la historia y no las divagaciones de la escritora pero necesito hacer una pequeña nota aclaratoria. Mi día a día es bastante atareado por lo que sentarme a escribir me resulta muy complicado. Lo siento, no tengo tiempo, fuera de esta pantalla llena de letras tengo una vida. Voy a terminar mis historias, TODAS, pero lo haré al ritmo que me sea posible. Siento mucho que la espera desespere, de verdad, pero es todo lo que puedo hacer. Muchas gracias por vuestra comprensión y os dejo con lo importante: el nuevo capítulo.
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Advertencias: lenguaje, violencia, muerte.
Disclaimer: Kishimoto, los personajes son tuyos. Gracias por prestármelos para hacer lo que me apetece.
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"Estoy tratando de decirte que me desespero de esperarte, que no salgo a buscarte porque sé que corro el riesgo de encontrarte, que me sigo mordiendo noche y día las uñas del rencor, que te sigo debiendo todavía una canción de amor."
Joaquín Sabina
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La historia es cíclica y ellos no necesitan leer montones de libros para saberlo. Su propia vida se encarga de demostrarlo.
Lo hace separándolos una y otra vez, como un cruel castigo por los crímenes cometidos que jamás desearon hacer.
Están tan cansados que la fuerza ya ni les permite luchar. Se acomodan, están resignados y sus escasas sonrisas se pierden en busca del otro. Aunque eso es algo que no admitirán. Jamás.
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Gaara vio como se sentaba al borde de la deshecha cama vistiéndose con simpleza. No habían cruzado ni una palabra desde que habían atravesado la puerta del cuarto del motel cutre en el que se encontraban. Tampoco es como si fuese necesario. Se habían arrancado la ropa, mordido, arañado, besado – con escasez – y follado hasta cansarse.
Eso era lo que ambos buscaban. Apoyó su espalda contra el cabecero de la cama mientras revolvía su propio pelo. Hinata ya se había perdido por la puerta del baño.
Tuvo que sonreír. Porque a cualquiera que le contase que llevaba unas semanas acostándose con la misma mujer que lo había amenazado delante de la comisaría, lo tildaría de loco. Él mismo se lo había planteado la primera vez que Hinata lo esperó, de nuevo, en el mismo lugar y acabaron exactamente como ahora.
Pero él no era imbécil. Sabía que Hinata cumpliría su amenaza sin pestañear si Gaara intentaba de nuevo algo contra Uchiha Sasuke, la más mínima y ridícula cosa. También sabía que su actual condición tenía algo que ver con la extraña relación de esos dos.
Por supuesto Hinata no iba a contárselo y Gaara no iba a preguntar.
Por loca y surrealista que fuese la situación, estaba genial para Gaara. No era el novio de Hinata y no iba a postular para serlo. Ellos simplemente se aprovechaban uno del otro. Estaba claro que la Hyûga solo buscaba algo para tener momentos en los que simplemente dejar de pensar fuese sencillo. Gaara solo quería el sexo sin compromiso. Hinata no exigía nada. Gaara tampoco. Y, extrañamente, eso funcionaba jodidamente bien para ellos.
—Me voy. Yo pago hoy— Hinata salió del baño como si no hubiesen acabado de follar como dos animales salvajes hacía unos minutos. Perfectamente vestida, peinada y tranquila.
—Nos vemos.
Ninguno dijo nada más. Gaara observó la puerta cerrarse y – aunque no soportaba al hombre – no pudo evitar dedicarle un pensamiento a Sasuke.
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Hinata pagó en efectivo y abandonó el lugar subida en la moto. Como siempre que llamaba al inspector tenía un sabor amargo en la boca. Tres horas. Había estado tres horas con él, las únicas en ese día que sabía que no pensaría en nada.
El invierno empezaba a mostrarse duro y la brisa le rozaba la cara en las zonas que el casco no tapaba.
Miró por el gastado retrovisor. Unos cuantos coches más allá vio una vieja furgoneta que le parecía haber visto en algún otro lugar.
Otro estúpido enemigo de Byakugan que quería sorprenderla, últimamente parecían salir de todos los lados. Aceleró la moto y adelantó coches en zigzag entre los pitidos de protesta del resto de conductores.
Sonrió. Que ridículo. La temeridad la hacía sentirse viva también.
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—¡Uchiha Sasuke! ¡El hombre que tiene a todas mis chicas encandiladas!
Suigetsu era el hombre menos discreto del mundo, incluso menos que Naruto lo cual ya era mucho decir.
—Cállate.
El otro hombre rió.
—Te he visto más en estos últimos meses que en todos los años desde que nos conocemos.
—No vengo por ver tu horrible cara, eso seguro.
—Claro que no. Tú quieres ver a las chicas y no su cara precisamente.
La sonora carcajada retumbó en el oído derecho de Sasuke de tal manera que pensó que sangraría pero no tuvo respuesta para eso. ¿Cómo podía si él bastardo tenía razón? Había estado visitando tanto a las putas de lujo de Suigetsu que hasta él mismo empezaba a sentir que las bromas del hombre eran ligeramente merecidas.
—Vengo a darte tu parte —sacó unos cuantos billetes bastante relucientes y los tiró sobre la mesa.
—¿Qué? ¿Ni un gracias? Eres tan frío Sasuke-kun— alargó la última vocal como solían hacer las chicas con él y rió de nuevo.
No se molestó en despedirse. Que se fuera a la mierda. Abandonó el lugar de Suigetsu caminando sintiendo varias miradas sobre él. Casi podía oír sus pensamientos. Ignoró a cada persona que se cruzó se fue a casa. Emborracharse sonaba bien.
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Zona Neutral. El último lugar donde Hinata quería estar. Eso le pasaba por ofrecerse a ayudar a Kiba, ahora tenía que esperarlo en el sitio que más había evitado últimamente. Aunque Chôji no hizo ningún comentario por su larga ausencia vio la sorpresa dibujada en su cara. Una cerveza fría fue puesta delante de ella y se concentró en beberla en la esquina más oscura de la barra del local.
—Ni escondiéndote puedes pasar desapercibida, Hyûga Hinata.
Giró la cabeza para ver al hombre mayor sentarse a su lado sin permiso. Hatake Kakashi, cerebro de Sharingan.
—Me marcharé en un minuto. Tampoco es muy usual verte por aquí.
Pidió una bebida y sonrió.
—Desde que Sasuke tampoco frecuenta mucho esta zona me ha tocado echarle un ojo. Es un poco emocionante.
—Zona Neutral es cualquier cosa menos emocionante—ignoró deliberadamente la primera información. ¿Dónde cojones estaba Kiba? ¡Quería salir de allí!
—¿En serio? Había oído cosas sobre tiroteos, venganzas de sangre de hermanas y amores prohibidos.
Hinata alzó la esquina de la boca en una sonrisa irónica.
—Todo lo que yo recuerdo de este sitio son borrachos, yonkis y putas. Debemos de estar hablando de cosas distintas.
—Hnm. Sasuke no entra en ninguna de esas definiciones y sé lo mucho que visitaba este lugar antes—el estúpido juego de Hatake estaba empezando a mermar la paciencia de Hinata. Tuvo que recordarse que Sasuke le había dicho que molestar a la gente era la mayor virtud de Kakashi.
—¿Quieres hablar de Sasuke? Adelante. No es como si yo tuviera un problema con eso, pero tu líder no creo que apreciara que hablaras de un miembro con el enemigo.
—No es Sasuke quien me interesa. Lo conozco demasiado bien.
—¿Entonces?
—Tú. Eres extraña pero interesante.
—Vaya, gracias—Ironizó —¿y qué quieres saber? Responderé tu pregunta para que me dejes en paz.
—¡Oh! Entonces… ¿lo echas de menos?—Hinata giró la cabeza sorprendida, esperaba cualquier cosa menos eso. La sonrisita inocente del hombre mayor hizo que apretase los dientes con rabia. Se obligó a escudarse con sarcasmo.
—¿El qué?¿Su enorme ego?¿o su horrible personalidad? —se puso en pie. Que le dieran a Kiba, lo llamaría para quedar en otro lado—Disculpa, tengo que irme.
—Claro—Hinata puso el dinero sobre la barra, cuando iba a marcharse Kakashi la agarró con fuerza de la muñeca, obligándola a mirarlo. Ya no había sonrisa falsa ni tono petulante—Él también te extraña.
Tiró de su brazo y se marchó con un paso más apresurado al final, una vez fuera tomó aire profundamente. Hasta ese momento ni si quiera se había dado cuenta que había dejado de respirar.
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Kakashi encontró a Sasuke tirado en el sofá de la casa en lo que parecía la última fiesta de autocompasión del Uchiha. Estaba dormido.
—Tengo algo para ti—lanzó una fotografía despertándole. Se frotó los ojos y se agarró la cabeza en el típico gesto de dolor producido por la resaca—¿Lo conoces?
Sasuke gruñó desganado cogiendo la foto mal enfocada y observándolo.
—Ni puta idea. ¿Es un trabajo?
—No.
Le lanzó una mala mirada.
—¿Por qué debería importarme entonces?—se volvió a tumbar en el sofá. ¡Maldita sea! La cabeza iba a estallarle y tenía la boca como si alguien hubiese orinado en ella. Quizá no debería haber bebido tanto.
—Se llama Hidan. Lo buscan polis de varios países. Es un psicópata que viola mujeres, las tortura y luego las deja morir.
—Ajá. Un tipo encantador—ironizó Sasuke— ¿pero no es trabajo de la policía dar con él?
—Lo es pero pensé que te interesaría.
—Te equivocaste. Me duele la cabeza Kakashi, déjame en paz—se levantó con dificultad. Bebería un litro de agua, se daría una ducha e intentaría descansar. El sonido de un grupo más de fotos cayendo sobre la vieja mesa hizo un ruido seco.
—Está bien—Kakashi lo miró—Tira esas fotos por mí, por favor.
Sasuke gruñó pero se agachó a recogerlas sabiendo que discutir con Kakashi no serviría de nada. La primera imagen hizo que su corazón diera un bote irregular. Miró al hombre mayor, pero ya había desaparecido por algún lugar.
En contra de su mejor juicio agarró el taco de imágenes y las pasó una a una. La rabia comenzó a inundarle y apretó con fuerza el papel fotográfico.
—¡Kakashi!—gritó.
—¿Si?—el hombre asomó la cabeza a través de la puerta del pasillo, confirmando la sospecha de Sasuke de que no se había ido muy lejos.
—¿Dónde puedo encontrarle?—ya estaba poniéndose la chaqueta.
—Tras la primera foto hay algunas pistas. Diviértete.
Sasuke sonrió sombríamente.
—Siempre.
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Hinata caminaba con Kiba a través de una de las calles que pertenecían al dominio de Byakugan en la que últimamente habían tenido algunos problemas. Las cosas con su amigo habían mejorado ligeramente pero estaban lejos de ser lo que habían sido. Si Hinata no tuviese mierda suficiente ya por la que lamentarse estaría hecha polvo pero el orgullo herido de Kiba no era su mayor problema.
—Todo parece bastante tranquilo.
Asintió al comentario, destinado a llenar el silencio, de Kiba.
—Oye, Hinata.
—¿Hmm?
—Lo estás haciendo bien.
Giró la cabeza sorprendida hacia su mejor amigo.
—¿El qué?
—Ya sabes—resopló resignado—¿Cuánto ha pasado ya?¿Cinco meses?
Cuatro meses y tres semanas, quiso corregir ella pero se calló.
—No quiero hablar de eso Kiba-kun.
—Ya lo sé pero yo necesito hacerlo ¿de acuerdo? Sólo escúchame—Hinata suspiró asintiendo—Nunca quise ser un insensible con el tema ¿sabes? Es sólo que… ¡que lo odiaba!
—Ya lo sabía.
—No, no. No me refiero a Uchiha. Odiaba como parecía que con simplemente silbar tú ya ibas a su lado. Verte seguirlo tan ciegamente me hacía hervir la sangre. ¡Era el enemigo y tú parecías no cuestionarlo nunca!
—Te equivocas. Cuestioné a Sasuke cada minuto.
—Aún así hacías lo que quería—Hinata asintió ante eso— No soportaba que él fuera tan importante para ti como para jugarte cada maldita cosa que habías conseguido. Quería matarte cada jodida vez que sabía que habías estado con él.
—Lo siento.
—No, no lo haces pero está bien. Le quieres. Te quiere. Sigue jodiéndome ¿Sabes? Pensé que cuando, al fin, tuvieras los cojones de alejarte de él me sentiría mejor —Kiba sonrió con resignación—pero no lo hago. No te equivoques, nada me había hecho más feliz que la decisión que tomaste de alejarte de él, sigo pensando que es lo mejor que has hecho en tu vida pero, en realidad, no cambia nada.
—No entiendo— ¿de qué hablaba Kiba? ¿qué no cambiaba nada? ¡Había cambiado todo!
Nunca había visto una mirada tan triste en su mejor amigo como la que tenía cuando le miró.
—Aún le quieres. No sabes cómo duele eso, Hinata.
—Yo no quiero a Sasuke.
—¿Ves? Quiero matarte cuando haces eso. Me mientes y yo, aunque no quiero, me lo creo un poco y eso me da falsas esperanzas. ¡Qué estúpido soy! Aunque nunca serás mía, me alegro de que no seas de él tampoco. Así que ya ves, estamos en la misma línea Hinata. Nunca obtendremos lo que deseamos.
El silencio cayó incómodo sobre ellos. Quería decirle a Kiba que él sería siempre su mejor amigo pero sabía que eso solo aumentaría su dolor, así que optó por callar.
Mientras miraba la calle a su alrededor al caminar, intentando ignorar el incómodo momento que se había instalado entre ellos, le pareció ver algo familiar. Miró de nuevo para ver desaparecer un tipo que no conocía pero que creía haber visto en otro lugar. No lo ubicó y lo último que vio de él fue un extraño collar que colgaba de su cuello.
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El apestoso lugar parecía sacado de las ridículas películas que emitían las televisiones los domingos por la tarde. Era tan tópico que Sasuke casi esperaba encontrarse un cartel luminoso con una flecha que pusiera "Hogar del psicópata asesino. Bienvenidos".
Era lúgubre, húmedo y apestaba a orina.
Miró de nuevo la arrugada foto para asegurarse de las señas y continuó. Si era sincero consigo mismo no sabía que cojones hacía allí, no era su asunto. Lo malo es que tras ver las putas fotos de Kakashi y saber que ese enfermo había estado tras Hinata como si quisiera hacerla su próxima víctima, lo hacían desear matarlo lentamente y bueno ¿quién era él para negarse tan pequeño caprichito?
Casi rió ante su propio pensamiento. ¡Joder! el alcohol, las noches de insomnio y las putas debían estar eliminándole el poco sentido común que le quedaba.
Se detuvo para escuchar los sonidos que parecían provenir del final del viejo edificio. La diversión estaba a punto de comenzar.
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Las noticias de la ubicación del hombre más buscado del momento llegaron al despacho de Gaara apenas unas horas tras su llegada del encuentro con Hinata.
—¿Cómo procederemos, Inspector?—su compañera desde hacía varios meses, Matsuri, lo observó con la mirada que a Gaara le gustaba denominar "soy pequeña pero te arrancaré las pelotas de un mordisco si me apetece" mezclada con la de "ámame, Inspector".
Todos en la comisaría sabían del enamoramiento de la jovencita por su persona y él no era menos. Era una lástima no poder hacer nada al respecto pero Gaara no tenía las mínimas ganas de tener una novia, eso sería como hacer horas extra.
—Supongo que tendremos que ir a por el cerdo. Al fin tantos meses de corretear a su alrededor sirven de algo.
—Lo prepararé todo.
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Sasuke entró en la habitación sorprendiendo al psicópata comiendo unos fideos instantáneos. Tenía que concederle al bastardo cierto crédito ya que no se había ni inmutado al ver entrar a un auténtico desconocido apuntándole con una pistola directamente a la cabeza, en vez de eso sonrió macabramente.
—¿Nos conocemos?
—Tenemos amigos en común—Sasuke le lanzó la foto que llevaba consigo—¿te suena?
El cambio en la mirada del hombre le dio a Sasuke escalofríos.
—Bueno, aún no tenemos el placer de conocernos en profundidad pero tengo intención de que eso cambie pronto ¿por qué? ¿quieres compartir?
La sonrisa no había abandonado los labios de Hidan en ningún instante y eso cabreaba a Sasuke más allá de lo que le gustaba admitir.
—Lo siento, no comparto.
—Una pena, juntos podríamos hacerla gritar mucho. Me gusta cuando gritan ¿sabes? Lo hace todo mucho más divertido.
—No te muevas— Sasuke afianzó más el dedo en el gatillo al verlo revolverse en su lugar. El tipo lo ignoró y siguió con su loca conversación.
—No pude oírla mucho, hay que mantener las distancias con las presas al principio, pero creo que tiene una linda voz. Sus gritos serían como ángeles muriendo, estoy seguro.
—No oirías ni una palabra de ella, cabrón.
—¡Oh! Se resisten siempre al principio pero al final todas gritan, hasta las más tercas. Todas, todas gritan. Si no quieres compartir entonces ¿es tu chica? ¿Eres una especie de novio salvador con complejo de héroe?
—¿Héroe? En esta historia soy cualquier cosa menos eso—Sasuke dio un paso más hacia adelante—pero hay una cosa graciosa aquí. Yo odio cuando las víctimas gritan, las hace parecer patéticas y débiles. Si vas a morir mejor hacerlo con dignidad, llévate eso al menos a la tumba—esta vez la sonrisa salió en los labios de Sasuke— Voy a hacer una excepción a muchas de mis reglas contigo, hijo de puta. La primera es que voy a echar una mano a la mierda de la policía sacándote del camino y la otra es que voy a hacerte gritar. Vas a pedirme que te mate con rapidez y yo voy a cumplirme el capricho de ir lento. Muy, muy lento.
—Si no es tu chica ¿por qué tanta rabia?
Sasuke alzó los hombros.
—No es mi chica y no lo será nunca pero seré un maldito si dejo que tomes algo que me pertenece.
—¿El qué?
—Su muerte.
En un callejón olvidado de la peor zona de la ciudad un disparo resonó en el vacío.
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—Hinata-san, hay un mensajero en la puerta con un paquete para ti—el chaval que se encargaba de la seguridad aquella noche en la casa entró en el salón donde ella leía un libro tirada en el sofá.
Se levantó y tomó el pequeño paquete sin remite que pesaba ligeramente.
Ya en su habitación cuando estaba a punto de saciar su curiosidad, Ino entró.
—Hinata tienes que bajar.
—En un segundo.
—No, ahora —la agarró del brazo forzándola a salir— la poli está aquí. Neji está con el inspector Sabaku en la puerta, él está preguntando por ti.
¿Qué mierda hacía Gaara en su casa?
Llegó a la puerta a punto para recibir la matadora mirada de Neji que decía claramente que creía haberle dicho que no más líos. Gaara por su parte le dedicó una sonrisa irónica.
Hinata puso su cara de póker y se apoyó en el marco de la puerta, casualmente.
—Inspector diría que es un placer pero…
—Ahorrémonos conversaciones sarcásticas Hinata, vayamos al grano—miró hacia Neji— si no te importa, Hyûga.
—Es la puerta de mi jodida casa, Sabaku. No voy a ninguna parte.
—Está bien, Neji-nisan. Puedo arreglármelas sola—su primo la miró durante un segundo y asintió en silencio dándose la vuelta y desapareciendo por el pasillo. Miró hacia Gaara— Debería matarte por venir a mi casa.
—¡Un respeto! ¡Estás hablando con un Inspector de policía!
Hinata reparó en ese momento en la mujer que acompañaba al pelirrojo. La recordaba. Ni siquiera pudo reprimir la sonrisa divertida que asomó a sus labios.
—Qué tierno. Ahora contratáis chiquillas para animaros cual jugadores de fútbol. Es una pena que aquí tu amado Inspector no te vaya a dar ni los buenos días, querida.
—¡Voy a…!
—¡Matsuri, basta! No tenemos ninguna orden por lo que Hinata está haciendo un favor al atendernos.
La Hyûga sabía que aquella frase le había costado decirla más que ninguna otra cosa.
—Cierto, así que vayamos al grano.
Miró fijamente al pelirrojo. A cualquiera le hubiese parecido de lo más ridículo que estuviese siendo interrogada por el hombre con el que hacía unas horas estaba follando. No para ella, ni para Gaara. Las cosas eran como eran, tomabas y dabas lo que querías o lo que te dejaban y lo que ellos hiciesen en una habitación oculta de un motel de mala muerte no interfería para nada con que ella era miembro de una banda y él un respetable – supuestamente – policía.
Gaara le tendió una foto sacada de una ficha policial.
—¿Te suena?
—¿Debería? —había aprendido hace muchos años a ser cautelosa ante la ley.
—Responde claramente—miró a Matsuri al oírla hablar.
—No lo conozco—le tendió la foto de vuelta. Era la pura verdad, no había visto esa cara en su vida. Por el contrario creía que había algo familiar en él, el extraño símbolo de su colgante parecía sonarle de algo pero no lograba ubicarlo—¿Por qué estás interrogándome sobre un hombre que no he visto en mi vida?
—Es un torturador y asesino en serie de mujeres—respondió Gaara.
—Encantador—ironizó ella.
—Tú ibas a ser su próxima víctima—Hinata no mostró ninguna emoción—y él acaba de aparecer muerto hace un par de horas.
—Debo haberme perdido algo porque no te sigo. Un psicópata está muerto y estáis interrogando a su posible última víctima.
—Voy a ser claro ¿has matado tú a este hombre?—Gaara la conocía bien, era mucho mejor ser directo que andar con rodeos.
—No. Aunque por lo que dices de él no hubiese sido algo de lo que me arrepentiría, desde luego. ¿Por qué crees que yo lo hice?
—Eres la mano derecha del líder de una peligrosa banda y justo alguien que te persigue aparece muerto. Es sospechoso—aquella fue la frase más larga que le escuchó decir a la mujer policía.
—¿Tienes pruebas?
—¡He leído tu expediente policial! Puedes parecer una chica del montón ¡pero eres peligrosa!
—¿Por qué estoy en mi casa entonces y no en la cárcel?—Hinata retomó su posición de apoyo en el marco de la puerta, algo divertida con la tonta jovencita que creía en mundos justos de buenos y malos—te lo diré. Ese montón de papeles inútiles que dices haber leído sobre mí no valen una mierda. No sabes quién soy o como soy y mucho peor, de lo que soy capaz—miró hacia Gaara— por el contrario, tú sabes de mí más cosas de las que me gusta admitir. Sinceramente Gaara ¿Crees que he sido yo?
El hombre no respondió, le tendió una foto de lo que claramente era el escenario del crimen. Incluso ella, que estaba más que acostumbrada a momentos atroces, tragó saliva. La imagen presentaba un sitio sucio y todo lleno de sangre, el cadáver a penas se parecía al de la foto que le habían enseñado antes. Tenía múltiples balazos por todo su cuerpo y estaba claro que uno de ellos le había volado la mitad del cráneo. Sus manos y pies estaban atados con un alambre – que tenía pinta de doloroso – manteniéndolo en una posición en cruz. Pero lo que más le llamó la atención fue que varios impactos de bala se concentraban en la entrepierna del hombre.
Miró la imagen unos minutos y se la tendió de nuevo al pelirrojo.
—Hasta tú tienes que saber que eso no lo he hecho yo.
—Tenía que interrogarte de todas formas, eras sospechosa.
Matsuri pareció indignada ante el uso del pasado de su compañero y superior.
—Inspector, aún no podemos descartar su participación.
—Dices que leíste mi expediente ¿no?— Hinata la interrumpió— estoy segura de que hay un montón de cosas ahí que son inútiles, pero alguna habrá que sea real—Señaló la foto en la mano de Gaara—le dispararon ¿verdad?—ambos asintieron con la cabeza—ahí tienes tu respuesta señorita policía.
—¿Qué?
—Corren los rumores de que Hinata prefiere las armas blancas a las pistolas—fue Gaara quien respondió.
—¡Pero sé que ella porta armas de fuego! La han pillado algunas veces.
—Lo hace—concedió el hombre sin dejar de mirar a Hinata que ladeó la cabeza sonriendo—pero nunca se le ha asignado ningún disparo. Este hombre ha sido torturado a balazos, si ella fuera su asesina las heridas serían diferentes. Estoy seguro.
—¿Por qué?—la mujer era terca—ella pudo preferir la seguridad de una pistola. Es simple.
—Hay una cosa que debes saber Matsuri, con Hyûga Hinata nada es simple. Nunca —hubo un par de segundos de silencio— gracias por tu atención, Hyûga. Nos vemos.
—Quizá—respondió ella enigmática y cerró la puerta.
Neji apareció por la puerta del salón con su habitual semblante serio e Hinata sintió la necesidad de suspirar con resignación.
—¿Has tenido algo que ver?
—Sabes que no—por alguna razón la duda de Neji la ofendía ¿es que todos sus logros y sus años de ser su más fiel mano derecha no valían de nada? ¿sólo contaba la mierda?
Aceleró el paso encerrándose en su habitación con un portazo. Sobre la cama vio el paquete sin abrir, del cual se había olvidado completamente. Se sentó en la cama con la caja sobre las rodillas.
Al abrirla se encontró de frente con la respuesta al misterio que Gaara intentaba resolver. Tomando aire agarró el extraño colgante que había visto en la foto y le había traído recuerdos confusos. Estaba ensangrentado. La caja de cartón aún contenía algo más.
Sacó la pequeña botellita de whisky – de tamaño minibar – que estaba por la mitad y la observó confusa dejándola sobre la cama. Ahí fue cuando recayó en el sobre que decoraba el fondo del paquete.
Lo abrió sin delicadeza reconociendo la letra al instante. ¡No podía ser! ¡Tenía que tirar el papel y ni siquiera mirarlo! Pero en contra de su mejor juicio fijo la vista en las escasas líneas.
"Aquí tienes mi regalo. He brindado a tu salud, haz lo mismo"
Hinata miró a la medio vacía botella y no pudo evitar sonreír. El whisky era la bebida alcohólica preferida de Sasuke pero ella la odiaba y él lo sabía. Aún así pensar que de esa botella también había bebido él la hizo sentirse patéticamente cerca del Uchiha. La destapó y bebió lo que quedaba de un solo trago, notando el desagradable ardor bajar por su garganta. Salud, Sasuke.
Volvió la vista al papel de nuevo, a la siguiente y última línea.
"PD: Feliz cumpleaños de mierda, Hyûga."
Abrió los ojos sorprendida y alzó la vista al pequeño calendario pegado en la pared de la habitación. ¡Su cumpleaños! ¡Era su maldito cumpleaños! Metió todo en la caja de nuevo, la apoyó sobre el suelo y se dejó caer sobre la cama mirando al techo.
Cerró los ojos e imaginó a Sasuke torturando a ese hombre por el simple pecado de querer hacerle daño a ella y sintió nervios, tristeza y rabia. Quería ir junto al Uchiha golpearle, gritarle, abrazarle, matarle o besarle. Quería ser capaz de darle las gracias.
Quería…quería verle. Pero era jodidamente imposible y lo sabía. Ella había tomado esa decisión y sería injusto para Sasuke, incluso para ella misma, que ahora se echase a atrás.
Se giró de lado mirando hacia la calle.
Feliz cumpleaños para mí.
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Como siempre, me encantaría y os agradecería vuestros reviews. ¡Nos vemos!
