Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y su maravillosa imaginación, aquí traigo un nuevo capítulo. Lamento no haberlo subido antes pero los exámenes... — . —' Espero que les guste. Es algo corto pero el siguiente será bastante más largo(creo).
Capítulo 9: Los sueños, sueños son...
La hoguera despedía hacia el cielo una inmensa fumarada de humo púrpura. Resultaba verdaderamente asfixiante.
Jacob y yo estábamos en la parte exterior de la cabaña. Él estaba de pie, a mi lado, con unos vaqueros y un grueso jersey de lana negro. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y no había abierto la boca nada más que para pedirme que le ayudara a llevar el cuerpo de Jason al exterior. Tras aquello, lo había desmembrado en cuestión de segundos y le había prendido fuego con un mechero que papá debía de haberle dado.
En cuanto el fuego casi se hubo extinguido, se volvió hacia mí. Me encontró con los ojos húmedos y el pelo enmarañado. Llevaba puesto unas botas de montañero, unos vaqueros cómodos, un niqui de cuello alto y un grueso anorak verde.
—¿Nessie? —me llamó.
Yo me lancé a sus brazos, los cuales se abrieron automáticamente, y oculté el rostro en su pecho. Me sentía terriblemente mal y no tenía ganas ni de hablar.
Jacob me acunó entre sus brazos.
—Nessie, Nessie... —canturreó mi nombre. No era tan dulce como la voz de mis padres pero no hubiera preferido ninguna otra.
Estuvimos así hasta que logré calmarme. Entonces, alcé el rostro hacia Jake.
Él me miraba, preocupado, pero con una leve sonrisa que siempre guardaba para mí.
—No llores—me pidió limpiando los rastros de lágrimas que quedaba en mi rostro—. Me muerde el corazón verte así...
—Lo siento—me disculpé sin atreverme a alzar la mano hacia su rostro. Era una asesina, había matado a Jason... Era un monstruo—. Lo siento—volví a musitar. Las lágrimas amenazaron con desbordar mis ojos, de nuevo.
Jacob llegó a una conclusión equivocada pero que se añadió a la lista de cosas horribles que me estaban ocurriendo:
—Tranquila, tu familia estará bien—me aseguró acariciando mi mejilla—. Rosalie y Bella son muy duras, literalmente—sonrió un segundo—. Te aseguro que más deberían temer quienes se encuentren con ellas.
Abrí la boca, sorprendida. Mamá, tía Rose, papá... mi familia. ¿Dónde estaban? ¿Por qué no habían vuelto?
—Si Jason llegó hasta aquí... —comencé pero Jacob me detuvo posando su dedo índice sobre mis labios.
—Ni lo pienses—me dijo con autoridad—. Ellas están bien—insistió.
Sabía por sus ojos que lo decía para que no me preocupara. Cerré los míos para dejar de contemplar su rostro. Lo hacía por mi bien pero me lastimaba que tratara de mentirme...
Me aparté de él y salí corriendo.
—¡Nessie! —me gritó.
—No me sigas—le pedí.
Sabía que en su forma lupina, Jake era muy rápido pero yo lo era tanto como él por lo que, si me aplicaba a fondo, no me alcanzaría. Y así lo esperaba. Necesitaba librar aquella batalla sola. El monstruo que había en mi interior y yo.
A los pocos minutos, comencé a notar el cansancio en mi cuerpo. Odiaba ser humana en ese aspecto. Mi organismo necesitaba cada vez más aire y mis piernas pedían a gritos un descanso así que me detuve bajo un árbol y apoyé la espalda contra el tronco. Tomé largas bocanadas de aire para tratar de reponerme.
"Monstruo" murmuró una voz en mi cabeza.
Jadeé y miré a mi alrededor. Estaba completamente sola.
"Monstruo"repitió la voz. Esta vez identifiqué la voz de Jason.
Jadeé de nuevo. Apreté mi espalda contra el tronco y continué vigilando mi alrededor pero no había nadie, absolutamente nadie.
"Mírate"continuó Jason, "no eres débil sino un monstruo... "
Cerré los ojos queriendo huir de su voz.
"Asesina"siseó una voz distinta. "¿Dónde estaba esa fiereza cuando Seth estaba vivo? ".
La menuda figura de Sue se dibujó en mi mente. Sus ojos me miraban con reproche igual que en el entierro.
—Lo siento—sollocé.
"Lamentarse no traerá de vuelta a Seth" rugió Sue. "¡Devuélveme a mi hijo!".
Me mordí el labio inferior mientras una gruesa cortina de lágrimas volvía mi visión borrosa.
"Monstruo"murmuró la siseante voz de Jason.
"Asesina"coreó la voz de Sue.
Me cubrí las orejas queriendo huir de las acusaciones pero las voces no estaban fuera sino dentro de mi cabeza y yo no sabía callar aquellas voces envenenadas. Me dejé caer al suelo y me coloqué en posición fetal junto al tronco. No me importó que la hierba estuviera fría y húmeda. Me lo merecía, me merecía todo aquello por no haber salvado a Seth...
Monstruo, asesina, monstruo, asesina... las voces no callaban.
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Estaba en mitad de un bosque que desconocía. Un leve viento mecía las hojas de los árboles de forma arrulladora y una suave melodía entonada por pájaros lo acompañaba.
Mira a donde mirara, la paz que inundaba aquel lugar era palpable. Me recordaba a algo pero no sabía exactamente a qué.
—Nessie—dijo una voz familiar pero había tanta serenidad en ella que la confundí con el resto de sonidos que inundaba aquel bosque.
Cerré los ojos y me mecí junto a los árboles, al son de la suave melodía. Había tanta paz...
—Nessie—la voz fue más enérgica esta vez.
Giré la cabeza y me topé con el segundo par de ojos negros más bonitos que había contemplado en mi existencia. Una amplia sonrisa curvó mis labios mientras, de un ágil salto, rompía a correr de forma desenfrenada hacia la figura que había aparecido. Me lancé contra él y lo estreché contra mi cuerpo.
—¡Oh, Seth! —grité con tanto entusiasmo que temí que mi voz se quebrara—. Seth, Seth, te he echado tanto de menos...
El chico correspondió a mi abrazo.
—Yo también—murmuró a mi oído.
Alcé el rostro hacia él y tomé su rostro entre mis manos. Aquel aura de candor aún le cubría y su piel volvía a brillar con aquel tono arena. Había deseado tanto volverlo a ver.
De repente, una parte de mi mente se percató del pequeño pero terrible hecho de que Seth estaba muerto, al menos, en mi mundo. Entonces...
—Ness—me llamó con aquel diminutivo que le había buscado a mi otro diminutivo. Sonreí y olvidé el problema que mi mente planteaba. Había deseado tantas veces volverlo a oír pronunciando el diminutivo de mi diminutivo.
—Dime, Seth—lo animé.
—Sabes que esto es un sueño, ¿verdad?
Aquello era la explicación más simple pero dolorosa que le podía dar a aquello. Aferré su cintura, instintivamente y hundí la cabeza en su pecho.
—No te vayas—le supliqué con un triste suspiro.
Seth me acarició la espalda de forma tranquilizadora y besó mi cabello.
—Oh, Ness—sonrió—. No te preocupes, Ness. Vais a estar bien.
No me pasó desapercibido aquel "vais". ¿Se refería a Jacob? ¿A mis padres? Fui a formulárselo pero, sin previo aviso, dejé de sentir su cuerpo junto al mío.
—Te quiero, Ness—me dijo a un par de pasos de mí—. Siempre serás mi mejor amiga.
Quise salvar la distancia que había entre nosotros pero por cada paso que yo daba, él se alejaba tres.
—¡Seth! —chillé asustada al ver que todo se desvanecía—. ¡SETH!
Su rostro se fue desdibujando lentamente hasta que sólo quedaron sus ojos.
"Tú no tuviste la culpa"me aseguró.
"No te culpes"resonó un extraño eco por el espacio grisáceo en que se había transformado mi sueño.
—Seth... —alargué mis manos hacia él tratando de traerlo de vuelta—. No te vayas.
"Te quiero, Ness"sus ojos se desvanecieron completamente.
"Siempre serás mi mejor amiga"replicó el eco.
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Desperté sobresaltada. Mamá me acunaba entre sus brazos envuelta en una gruesa manta. En cuanto me di cuenta de que era ella, jadeé y enrosqué mis brazos en torno a su cuello para estrechar su cuerpo contra el mío. Era suave, muy suave.
—Mamá—sollocé—, ¿dónde estabais?
—Lo siento, cielo—se disculpó en un susurro—. Nos tendieron una trampa... Fuimos muy estúpidas por seguir un falso rastro...
—¿Estáis bien? —la interrumpí—. Tía Rose, tío Emmett...
Posó uno de sus dedos sobre mis labios. Me sonrió con dulzura.
—Todos estamos bien, cielo—me aseguró—. Papá está fuera...
—Ya no—nos interrumpió la dulce voz de mi padre.
De un momento a otro, los brazos de Bella se cambiaron por los de Edward. Me acunó contra su pecho y besó mi frente, mis párpados y mis mejillas.
—Nessie—susurró con increíble ternura resonando en su voz—, mi Nessie, has sido muy valiente.
Negué con la cabeza.
—Papá soy un... —los ojos se me nublaron.
—Sh... —susurró—. No, no, cariño. Proteger a aquellos a quienes quieres no te convierte en un monstruo.
No lo había visto desde aquel punto.
—Además—intervino mamá y los brazos que me sostenían volvieron a intercambiarse—, eres demasiado hermosa como para ser un monstruo.
Suspiré, divertida y aliviada. Alargué un brazo hacia mi padre mientras con el otro ya abrazaba a mi madre.
—Os he echado de menos—les aseguré.
—Y nosotros a ti—me respondieron al unísono.
Y aunque, los cuerpos que abrazaba fueran tan fríos como la nieve, nos los hubiera cambiado por nada del mundo en aquellos instantes. Bueno, quizá una cosa...
