Aquella mañana presenció a su padre haciendo las cosas más rápido y frenéticamente que de costumbre, le llamó la atención que en el momento en que le ayudaba a colocarle las calcetas del colegio mientras ella guardaba sus lápices sentada en la mesa, le colocara una carmín (que se suponía que era de su colegio) y otra color rosa, que obviamente no pintaban para nada bien y no tenían absolutamente nada que ver. Le dio gracia, y advirtió a su padre de esto, quien miró sorprendido los pies de su hija al darse cuenta y bufó algo fastidiado para seguido ir a buscar el otro par de calcetas correctas. El segundo despiste fue cuando se suponía que debía ir a dejarla al colegio, el rubio simplemente se olvidó de ella y siguió de largo hasta su universidad con la mirada confundida de la niña sobre él. Eider pensó que le iba a comprar una colación extra para compartir con sus compañeras en el receso, como hacía a veces, pero cayó en cuenta que esta vez no era así al llegar al estacionamiento de la universidad del mayor, quien al bajar y abrir la puerta de los asientos traseros para sacar su bolso y algunos planos para su clase, recién se percató de que había olvidado por completo a la pequeña. Se dio una cachetada literalmente y tras la risa de la niña tuvo que devolverse rápidamente hacia el colegio de esta para dejarla.

Desde que aquella carta había llegado, había estado actuando de forma errática, demasiado inmerso en el tema y demasiado despistado de su entorno. Al entrar, compró el café de siempre y entró a su edificio con el pensamiento creciente de "Concéntrate, concéntrate, concéntrate Cipher". Llegó un poco justo con el tiempo, pero se inmediato, al sentarse, sacó algunas guías y los planos que llevaba bajo el brazo y comenzó a rellenarlos y resolverlos. Sería una vil mentira decir que eso lo ayudó, porque no fue así, para nada, el pobre chico borraba y borraba desarrollos mal hechos y líneas mal trazadas con frustración. Intentó distraerse en el las horas de receso, mantuvo algún que otro tema con Tom y Star, compró otro café, y un tercero y cuarto tras ese, saludó a Mabel de paso y conversó un rato con ella, cabe decir que a veces perdía el hilo de la conversación. Intentó hasta fumar un rato para sacar el peso del problema creciente que se hacía saber en la carta ¡Pero nada! Cabe decir que Bill fumaba una vez a las quinientas sólo para liberar el estrés, y le servía… ¡Pero ahora nada! ¡Joder! ¡Nada podía sacarle el puto temita de la cabeza!

—Te ves ido — Dijo Tom, al final del día, cuando ya iban de regreso al estacionamiento, el pelirosa le había dicho si le podía dar un aventón cerca de una calle por la que pasaba Bill todos los días y este había aceptado — ¿Pasó algo malo?

Lo miró tranquilo, era fácil para él fingir — No, sólo estoy algo cansado — Podía cargar el peso solo. Lo había hecho antes y nada le iba a impedir hacerlo nuevamente. — No he dormido bien con esto del trabajo y bueno, ya sabes…

—Ugh, hermano, sí, estamos todos locos con lo mismo, menos mal que estoy por terminar el mío, se entrega el viernes, ¿no? — ¿Ven? Le tiró el tema por otro rumbo y ya está, Tom se tragó la actuación del rubio.

—Síp — Caminó con un poco más de ánimo para disimular y curvó una sonrisa despreocupada en sus labios.

Buen jugado Bill, muy bien jugado, pero veamos hasta dónde te llegará el equilibrio que fervientemente quieres mantener.

En todo el día, incluso, ni había pensado en Dipper, lo había pasado por alto, de hecho ni recordaba haberlo visto por el campus de la Universidad, sólo había visto a su hermana.

— ¿Supiste que DipDip se metió en una pelea ayer por la noche? — Hablando del diablo… Espera, ¡¿Qué?! Desaceleró de pronto haciendo que ambos se fueran hacia adelante, el auto que iba atrás les tocó la bocina enfurecido — ¡Bill! Maldita, sea, bastardo esquizofrénico, eso fue peligroso ¡Jamás me vuelvo a subir al auto contigo al volante! — Lo miró asustado.

—Aunque digas eso te subirás igual — Rió dejando pasar el tema del frenazo — Un alma generosa como la mía que te lleva gratis no se encuentra todos los días, pedazo de basura — Dijo burlón.

—Cállate — Rió ante el insulto devuelto.

— ¿Y qué es eso de que Dipper se puso a pelear? — Realmente no se veía al pequeño castaño metido en una pelea, era demasiado adorable como para que alguien lo golpeara… O que él golpeara a alguien.

—No lo sé, yo sólo ayudé a separarlos, los amigos de Dipper tomaron de él y sacaron de ahí, fue genial, ¡Te lo perdiste! Te juro que jamás había visto a Dipper tan enojado. Pero lo gracioso fue que después de eso a toda la gente presente les valió mierda y siguieron con lo suyo, tomando, bailando — Rió recordando aquel momento — Fue épico.

Lo que es Bill, bueno, se preocupó por el chico, pero si hacía muchas preguntas corría el riesgo de que Tom comenzara a sospechar algo entre él y Dipper, y por el momento quería mantenerlo tras la línea debido a que simplemente ni él sabía qué demonios eran y más encima estaba seguro que Tom se reiría con la broma de "Profanador de cunas que devora a las niñeras de su hija". Y no, simplemente no iba a dejar que ese bastardo lo molestara.

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[La noche anterior]

La voz del castaño había sonado tan malditamente cínica, que hasta un borracho –como lo estaba Collin ahora- lo habría notado, y él, pues claro que lo hizo.

— ¿Qué tal ha ido tu vida? — Preguntó de todas formas el rubio, a sabiendas que la respuesta no sería una positiva.

—Una real mierda, como la tuya, imagino — Seguía sonriendo de aquella forma, lo que a pesar del alcohol que llevaba encima el contrario, lo ponía incómodo, porque sabía el rencor que el chico debía guardarle. — Una real mierda desde que te conocí hasta este punto en que nos volvemos a reencontrar, más mierda ahora que te tengo de frente — prosiguió, los amigos del castaño estaban tras él esperándolo, uno aún apoyando al otro al que poco a poco se le iban quitando las ganas de vomitar y comenzaban, ambos, a prestar más atención a la discusión que el mismo castaño comenzaba a formar.

—M-Mira, yo no-… — Notó de inmediato que el chico comenzaba a tomar vuelo y estando ebrio supuso que no se detendría, por lo que intentó pararlo, pero ya era demasiado tarde, y para cuando se vio interrumpido y se dio cuenta, Dipper ya lo estaba tapando en mierda.

—Además, ¿Por qué mierda me seguiste hace algunos días atrás? ¿Te crees un puto psicópata, tarado? ¿Sabes que por tu culpa mi vida se volvió un puto caos? Todo es tu culpa, imbécil, que no pudiste con una maldita confesión, mariquita, ¿Es que acaso tu sensibilidad era tanta que ni siquiera podían tocarte? ¿Te crees de cristal? Además ¿Era necesario contarles después a tus amiguitos sobre lo que había pasado? ¡¿Era realmente necesario?! ¡Eres tan inútil que ni siquiera puedes hacerte cargo de tus propios putos problemas! ¡La puta situación era entre tú y yo, maricón, no entre más!

Quizá la palabra "maricón" desató la rabia del rubio claro y dio abertura al primer puñetazo, quizá sólo quería detener las filosas palabras del ebrio frente a sí, quizá el que la gente comenzara a mirarlos lo había empezado a cabrear, pero da igual la razón, la cosa es que se había enojado, enojado feo, y sólo soltó el primer golpe directo a la mejilla del castaño. Suspiró y se arregló la chaqueta, seguida abrió el puño y se frotó los nudillos.

Se frotó la parte golpeada con el ceño fruncido y sin mirarlo, sus amigos se acercaron a ambos de sus costados y le preguntaban si estaba bien, miraban como perros rabiosos a Collin, quien atrás de él aún aguardaban sus amigos con la misma mirada encolerizada. Llámenlo ira, o como quieran, la cosa es que la sangre le hirvió, incluso sintió las voces de sus amigos a lo lejos, miró al chico que lo había golpeado y no supo más de su autocontrol.

Lo único que sentía con total nitidez, eran los golpes incontables de daba y recibía, el bullicio de fondo, los gritos para detenerlos, algunas chicas grabando la pelea e incluso la música a todo volumen habían pasado a segundo plano. Sentía un asqueroso sabor metálico en su boca "Sangre, idiota" le dijo su cerebro borroso, pero eso no impidió que terminara prácticamente sobre el rubio golpeándolo de lleno en plena cara, estaba desatado, sí, completamente furioso, sentía rencor, sentía dolor, sentía rabia, sentía odio, sentía hasta placer en cada golpe que recibía el contrario, eso hasta que finalmente los pudieron separar. Collin, casi inconsciente, él, bueno, él tembloroso, con ganas de seguir golpeando al chico que tanto daño emocional le había causado en su adolescencia y al que causaba ahora del estado vuelto de cabeza de su vida y su sexualidad. Quiso devolverse a volver a golpearlo, pero los tirones de sus amigos finalmente lo hicieron desistir y simplemente se tuvo que ver en la obligación de irse de vuelta a su casa, se disculpó con su grupo y dijo que no se sentía bien, algunos (los que tenían auto) se ofrecieron en ir a dejarlo, pero el castaño simplemente se negó y caminó como pudo hasta su departamento.

Luego de eso… bueno, lo tedioso, encontrarse a Mabel enojada en el comedor esperando por él, el espanto que le dio al verlo con el labio cortado, el pómulo hinchado y su ropa desarreglada, y seguido el sermón más jodidamente largo que su hermana le había dado jamás en su vida. Sin mencionar que cuando la chica comenzó a limpiarle las heridas, lo hizo con casi con rabia, con brusquedad, como desquitando su rabia con él a través de eso, lo que lo hizo quejarse todo lo que duró la curación más cuando se iba a acostar y la Pines lo siguió para asegurarse que con todo el alcohol que llevaba encima lo hiciera bien.

La mañana siguiente… Bueno, decir que no despertó bien es decir poco, la verdad, había despertado con una resaca increíble que hasta la mismísima alma le dolía. Las heridas no ayudaban mucho, y al intentar reincorporarse, un ardiente dolor en su costilla lo hizo detenerse a media y tener que tirarse de nuevo de espaldas sobre las sábanas. Levantó su camisa y se encontró con nada más ni nada menos que con un gran moretón el cual dolía un infierno.

No pudo levantarse, así que no pudo ir a la universidad, desde el fondo de su ser agradeció que ese día no harían nada más que adelantar tareas del trabajo final, cosa que él llevaba bastante bien adelantado y no necesitaba. Para lo único debía arreglárselas era para ir en la tarde a cuidar a Eider.


Will Cipher, de temperamento calmado y pacífico, quien no ponía muchas quejas y hacía cosas como ayudar por gusto, se encontraba a la espera de una respuesta que deseaba con todas sus fuerzas que llegara. La respuesta de Bill.

Era cierto que desde que su hermano cumplió los 18 y él contaba con 15 fue cuando nunca más lo volvió a ver ni a saber de él. Había sido doloroso, en un principio; primero su padre, luego su hermano mayor y ahora la enfermedad de su madre, la cual había insistido varios años con que "no era nada" y ahora se encontraba en la cama de la habitación que años atrás compartió con su marido. Nada había cambiado mucho, excepto el olor a remedios que mantenía aquella habitación y la presencia de 4 enfermeras en la casa.

Para ser directos, era demasiada presión para Will, la universidad, el trabajo, la casa, su madre, todo, todo se le estaba complicando un montón, estaban las enfermeras, sí, pero ¿Cómo dejar a su madre? Era la mujer que le había dado la vida, ¿Cómo dejarla a cargo de unas enfermaras así sin más? Simplemente no podía, y ya. Necesitaba a alguien, necesitaba a Bill.

—Me pregunto cómo irá la vida de Bill. — Dijo un día la mujer, mirando perdida por la ventana, el turquesa frunció el ceño, de cierta forma nunca aceptó el que su madre hubiera echado de patitas a la calle a su hermano con una recién nacida a su suerte.

— ¿A qué viene eso?... Tan de repente…

—Sólo divagaba — Volteó y le sonrió.

Un silencio incómodo se apoderó de la habitación. Siempre era así, hablar de Bill siempre era así, incómodo. No por Will, si fuera por él, hablaría día y noche de su hermano, y de los buenos tiempos que compartían juntos, porque ellos sí se llevaban de maravilla, pero por parte de Amelia… la cosa no funcionaba así, el tema de su hijo mayor era casi un tabú, si ella lo nombraba, bien, un par de comentarios y hasta allí llega el tema, si alguien más lo nombraba, ella sólo se retiraba tras una mueca.

Llegaba a ser curioso, puesto que no siempre fue así, ella nunca fue de las que tienen preferencias con los hijos, eso hasta el accidente de su marido, encolerizada por la causa de su ida (la cual nadie tenía la culpa) se desquitó con el vivo reflejo de su esposo fallecido: Bill, quien nada tenía que ver y se llevó los peores tratos dejando fuera de esto a Will, quien sólo miraba de lejos el lazo que poco a poco se comenzaba a romper entre su hermano y su madre. Tal vez fue en esos tiempos, cuando Amelia comenzó a tener preferencias por el lado del menor de sus hijos. Hasta el día de hoy, cerca de su muerte, la mujer no sentía pizca de remordimiento.

Estaba enferma. Enferma del alma. Esas enfermedades que ya no tienen cura. Que echan raíces y te envenenan por completo.

Días después de eso, la carga emocional de Will había comenzado a crecer enormemente, tanto así que contratando a un investigador privado con los grandes fondos que quedaban de su familia buscó a Bill por ayuda de forma urgente. Se sentía ahogado, estaba asfixiado con todo y comenzaba a sentir la ansiedad sobre sí, por lo que al único recurso que recurrió, a pesar de decirle la verdad sobre su estado y el de su madre a Bill, fue a mentirle sobre el arrepentimiento de su madre.

Su excusa: Ya no sabía qué hacer.

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Del otro lado de la ciudad, no muy lejos de la gran casa Cipher, un arrepentido matrimonio entrados en edad contratarían a un investigador y a un abogado para poder recuperar lo que alguna vez perdieron por impulso a una rabia injustificada.

Estaban dispuestos a recuperar a una chica pecosa de cabellos rubios.


Aquella tarde llegó como siempre, con una sonrisa saludó a Eider, quien le abrió la puerta con los mismos ánimos de siempre y con una sonrisa inmutable.

— ¿Qué te pasó? — Apuntó su propia cara cerca de la zona del labio — ¿Te caíste muy feo? — Hizo un puchero.

Rió — Sí, me caí en bicicleta, ¡fue terrible! — le hizo cariño en la cabeza — ¿Y tu papá? — Preguntó, usualmente era el rubio quien le abría la puerta siempre.

—Está en su cuarto — La niña entrecerró los ojos estudiando al castaño y le hizo una seña para que se acercara, seguido, susurró cerca de su oído — Ha estado raro… ¡me puso una calceta carmín y otra rosa en la mañana! — rió bajito.

— ¿Enserio? — Volvió a reír con ella cuando de repente el susodicho sale de su cuarto con cara afligida.

— ¿Qué hora es? — Preguntó exaltado, apurado, miró frenético el reloj de la sala, aún le quedaban unos diez minutos. Suspiró. — Ah… — Se tiró al sofá y se frotó la vista. La pequeña se fue a jugar a su cuarto mientras Dipper quedó ahí plantado en la entrada, curioso.

— ¿Pasó algo malo? Eider me dijo que estabas raro… — Se acercó al sofá, pero por detrás, y se apoyó en el respaldo de éste, mirando al rubio.

—Sólo estoy cansado — Cuando se quitó la mano de la vista y vio el rostro del castaño cubierto de parches, recordó lo que esa tarde había hablado con Tom — ¿Qué diablos te pasó? — Rió fingiendo no saber nada, disimulando no estar algo preocupado.

—Ah, oh… ehm — Se tocó inconscientemente el parche del pómulo — Me… caí, feo… — Un aplauso, gran excusa, Dipper, gran excusa. Sólo un borracho se cae de tal forma como para quedar así… bueno, estaba borracho, pero no se había caído.

—Así que te caíste — Repitió con la mirada hacia arriba, viendo como el menor le quitaba la vista de encima, nervioso. Sonrió socarrón — Entonces tras pelearte te caíste.

— ¿Qué? N-No… eso no… — Frunció el ceño, más que enojado, avergonzado. Escondió un poco la vista tras su cabello — ¿Quién te contó?

Era obvio que iba a avergonzarse, díganme, ¿A quién mierda no le dan ganas de pegarse un tiro tras haber hecho un papelón borracho? te sientes estúpido, en el momento que recuerdas todo te preguntas "¡¿En qué mierda estaba pensando cuando bebí tanto?!" o te prometes "¡Jamás volveré a beber!" ¡Já! Como si eso fuera a pasar. Pero bueno, la cosa es que, tras recordar todo, y recordar cuán ebrio estabas, además de que había más personas presentes que en cualquier momento te recordarán aquel papelón, te dan ganas de querer morirte en el instante.

—Había mucha gente, ¿Cómo no iba a enterarme?

—Era mejor cuando no tomabas en cuenta a la gente de tu alrededor — Reclamó entre dientes sonrojado, lo que provocó la risa del rubio.

— ¿Con quién te peleaste? ¿Si quiera lo conocías? — Levantó la diestra y rozó el parche del labio de Dipper, quien tembló un poco ante el contacto.

—No, yo… — Varias imágenes de Collin azotaron su mente — No. No lo conocía.

—Debes haber estado demasiado ebrio — Rió otra vez. Maldición, Dipper podría oír todo el jodido día la risa de Bill y no aburrirse jamás.

—Uhm… cállate — Frunció el ceño aún más, avergonzado. — ¿No tienes que irte a trabajar?

—Aún me quedan unos minutos.

Le dio un beso rápido en la comisura del labio y le sonrió ladino, juguetón. Sonrió de vuelta sonrojado, y siguiéndole el juego, lo besó de vuelta de la misma forma, primero cortos besos, luego algo más largos, hasta finalmente llegar a jugar con sus lenguas. Era una posición algo incómoda, pero eso no les iba a impedir besarse de todas formas.

Sin cortar el beso, el castaño se dio la vuelta, y justo cuando se disponía a sentarse en el regazo del rubio, quien lo estaba por recibir gustoso, la puerta de la habitación de Eider ser abre y se sienten unos pasitos por el pasillo. Se separaron súbitamente, pero no tan rápido como para que la pequeña notara la situación en sí, los miró curiosos, y luego sonrió.

—Papá, ¿traerás de esos pastelitos con moras de vuelta?

—Ah, sí — Miró la hora y notó que ya era hora de marcharse, tomó sus cosas y despeinó a Eider, miró cómplice a Dipper y éste se sonrojó, ambos menores lo dejaron en la puerta y se despidieron de él con la mano para seguido verlo bajar por el ascensor.

—Bienvenido a la familia — Dijo de pronto la niña, cuando Bill ya se había ido y estaban a punto de entrar al piso, la miró con los ojos como plato y confuso.

— ¿Q-Qué? — De pronto notó que la niña lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja.

—Espero que seas buena mami — Dijo simplemente, y entró corriendo, tras una risita traviesa, dejando plantado al castaño como tomate en la puerta.


Sí, sí, sí, Hola!

Me siento orgullosa de actualizar un capítulo tras otro, siento que mi deuda ha sido pagada (?)

¡Tengo algo que aclarar! xdddddd en el capítulo pasado dije que "Will aparecerá pronto, y no será un personaje muy cooperador en la relación de Bill y Dipper" DISCULPEN ;_; ¡ERA WIRT! XDDDDDDDDDD NO ERA WILL, ERA WIRT! Will no tiene nada que ver, de hecho, Will será un soporte para Bill y al revés, también xddddddd Disculpen, en serio, andaba idiota sdbvkjsbdk

En fin, agradezco mucho, mucho, mucho los review :c en serio, ese review larguísimo que dejó una chica el capítulo pasado, me sirvió de mucho para comenzar y terminar este capítulo en una sola noche, (son las 5 am y tengo colegio mañana, sí, mamá ya me pegó con la chancla por andar hinchando pelotas a estas horas de la madrugada) skdvbksdjv Gracias! muchas gracias! *inserte corazones!*

Gracias por leer waifus!