Romanticide

By Padfoot & Prongs

Chapter IX: Nymphomaniac Fantasia

- Delicioso… - atinó a decir, bastante distraído, mientras ayudaba al amigo de Roy a sacar las cosas de las bolsas. Al acabar, se le quedó viendo, nuevamente perdido.

- Casi no puedo esperar - gimoteó Hughes, abrazándose a un frasco de nutella. De repente pareció caer en la cuenta de algo. Parpadeó - ¿Y Roy?

- Huh? - revoleó la cabeza para intentar quitarse aquellos pensamientos de su cabeza, de modo tal que no resultase tan en vano el haber sumergido su cabeza en agua helada – Eh, está durmiendo aún. Pero si quiere puedo despertarlo para que prepare café… - se ofreció, caminando hacia el dormitorio.

- ¡Noooooooo! – exclamó bajito, y verdaderamente espantado, colgándosele del cuello al rubio para impedirle avanzar más - ¡No lo hagas, por lo que más quieras, Ed! ¡Quiero viviiiir! – le entraban ganas de salir corriendo de sólo recordar lo que había pasado la última vez que había tenido la brillante idea de sacar al General de su sueño – No sabes con el humor de perros con el que se levanta si lo haces… - soltándose de Ed, caminó en puntillas hasta la puerta del dormitorio y la cerró con toda la suavidad del mundo. Suspiró – Además, hay que dejarlo dormir. ¿No ves que el pobre trabaja demasiado? – comentó, con una risita.

"¿Trabaja demasiado?... MENTIRA, SIEMPRE QUE VOY AL CUARTEL ESTÁ HACIENDO NADA!"

- O-OK… prepararé yo el café entonces - se resignó, caminando hacia la cocina.

Ahora, había que ver de no romper la cafetera de Roy… porque si no, éste lo colgaría.

Después de todo, el café para él era algo sagrado.

- Dígame Coronel, ¿qué lo trae por aquí?- dijo, mientras buscaba el café en la alacena.

- Ya verás – respondió él, con una sonrisa misteriosa – Anda, déjame a mí – agregó, tomando el paquete de café de las manos del chico – Prepararé capuccino, ¿te gusta?

- Hai - contestó con una sonrisa, mientras sacaba platos y los llevaba a la mesa.

Seguramente él no la rompería.

Y si la rompía, sería culpa suya.

- Dime, ¿soñaste bonito? – preguntó al rubio, mientras encendía la cafetera y se acercaba a sacar tazas.

CRASH!

Y tenía que preguntar.

- N-No soñé nada! - se apresuró a decir, mientras juntaba los trozos de loza de los platos que se le habían caído.

- Como digas, Ed – convino con una sonrisa un tanto temblorosa por las carcajadas que luchaban por salir de su garganta. Metió la cabeza en uno de los muebles unos segundos y sacó una jarra grande de allí – Por cierto, si lo despertaste… me esconderé bajo la mesa – no, que no hubiera oído nada, por Dios. ¡Necesitaba un poco más de tiempo a solas con Ed todavía!

Gracias al cielo, los segundos pasaban y pasaban. Pero no había señales de Roy.

- Si no despertó con el timbre, dudo que lo haga… - dijo, mientras reparaba rápidamente lo que se le había caído y lo acomodaba en la mesa. – Dígame, ¿cómo está Elysia?

"Ya, que no me pregunte más nada!"

- Awww, ¡mi princesita está muy bien! – se apresuró en terminar de echar leche en la jarra para poder enseñarle al afortunado joven Elric una foto especialmente tierna de la pequeña sosteniendo un cachorrito – Ésa es Koto, su mascota, creo que no la conoces. La tenemos hace poco, Elysia la vio cuando la llevé al parque, y no podía decirle que no a la carita que me pusooo - sacó el momento preciso capturado nuevamente en foto - ¿Podrías? ¿Podrías decirle que no a este angelito? – le acercó el papel, hasta casi pegárselo a la nariz, con los ojos llenos de lagrimitas.

"Oh, mierda… ¿para qué le pregunté?"

- Ah! - intentó alejar la foto de su rostro – Q-qué tierna! - fingió, mientras acomodaba todo – ¿Y cuándo cumple años?

- En un mes – anunció el orgulloso y emocionado padre, guardando las fotos con aire melancólico - ¡Oh, crecen tan rápido! – de la misma forma, puso a hervir un poco de agua distraídamente – Más te vale que sigas en la ciudad para entonces – dijo luego, mirándole, amenazante – Porque no puedes faltar… ¡a su cumpleaños! – dio un par de vueltas por la cocina, agitando los brazos con admirable energía – Oh, Dios, ¿qué le compraré, ¿qué le obsequiaré a mi pequeñita?

Mientras el Coronel hablaba… y hablaba... y hablaba, Ed seguía en silencio, poniendo las cosas en su lugar. Buscó cubiertos en los cajones y los puso en la mesa, junto a las demás cosas.

No podía dejar de pensar en aquel sueño que tuvo. Es decir, hasta en el sueño estaba disfrutándolo. Y no había opuesto resistencia alguna ante las acciones de Roy, lo cual se contradecía un poco con lo que pensaba. No sabía realmente si no estaba listo o si en verdad lo estaba, pero tenía miedo de defraudar a alguien como el General, con aquella destreza y experiencia que éste poseía.

"Seguramente pensaría que soy un niño", concluyó. Y es que, con todas las mujeres que él tuvo, ¿cómo disfrutar plenamente con alguien como él, ¿inexperto?

Claro que, por otro lado, podía ser que Mustang le enseñase. Que le divierta la situación y quiera instruirlo, tomarlo en serio. Como quería ser tomado, desde luego. Era una posibilidad, tal vez remota, pero lo era.

- ¿Qué sucede? Luces algo triste, Ed – se fijó por fin Hughes, cuando terminaba de preparar la crema para el capuccino. Dejó la jarra en la mesada y se acercó al rubio - ¿No van bien las cosas con Roy?

-E-eh, ¿c-cómo sabe usted…?

- Soy psíquico – explicó Hughes, subiéndose las gafas con suficiencia – Y además conozco a Roy como la palma de mi mano – miró su mano con el mismo gesto altivo, hasta que alzó la ceja – Hey, eso es nuevo… ¡En fin! ¿Qué tal va todo entre ustedes?

- Emh… ¿bien? - contestó, vacilante. Más por confusión que por otra cosa.

- No te ves muy convencido – comentó, viéndole. Se sentó en una de las banquetas del desayunador y le señaló a Ed con un gesto que hiciera lo mismo – Vamos, puedes contarme, de todos modos hay un par de cosas al respecto que me gustaría saber…

- E-es sólo que… no sabía que usted sabía – dijo, acomodándose también en una banqueta – Pues… ¿cómo qué cosas quiere saber?

- No muchas, pero te pido que seas sincero conmigo, Ed. Es importante para mí – le miró a los ojos unos momentos – ¿Por qué estás con Roy? Estuve hablando con Hawkeye y… espero haber sacado las conclusiones erróneas, la verdad. Ella me aseguró que le quieres, pero también me dijo que necesitas su ayuda para lo de Al

- Por todos los cielos… - se lamentó Edward al procesar la información que le acababa de brindar Hughes – ¿Usted cree… que puedo dejar que un hombre como lo es el General me… bueno, me bese… y esas cosas, sólo porque quiero que me ayude a devolverle el cuerpo a mi hermano?... - preguntó en voz alta – No puedo creer que piense eso de mí, Coronel… - miró al piso, ofendido.

- No creo que seas capaz de hacerlo, Ed, no te lo tomes así – intentó aclarar el Lieutenant Colonel – Es sólo que he visto también las cosas que puedes hacer por Al y quiero estar seguro, completamente seguro, de que estás siendo justo con Roy

- Soy capaz de muchas cosas por recuperar el cuerpo de Al, lo sé. Pero eso no significa que no sienta nada por el General o que estoy aquí sólo por eso. Y por cierto, el que nunca me dijo nada de lo que sentía fue él, señor. No yo - exclamó, bastante molesto. Lo único que faltaba, que él fuera el que podía llegar a ser deshonesto de los dos. Después de todo, era cierto. Roy demostró lo que sentía, pero nunca dijo nada. Por lo tanto, no se puede hablar de que ambos sientan lo mismo, ¿verdad?

- Es muy orgulloso como para decir algo en voz alta, me temo – le aclaró Hughes, visiblemente más relajado – Si quieres oír algo en palabras, tendrás que esperar… - miró su expresión un segundo, dándose cuenta de su enfado - Discúlpame por acusarte así, por favor. Siento que tengo que… protegerlo, aunque suene absurdo. Y me parece tan asombroso – apoyó los codos en la mesa y su cabeza en sus manos antes de continuar, sin dejar de mirar fijamente a Ed – que esté dispuesto a tomar tantos riesgos. Les deseo mucha suerte, no quisiera ver a ninguno de los dos salir herido luego…

- No se preocupe, Coronel - Ed levantó la mirada del piso un momento – Conozco los riesgos que Roy atraviesa… si mantiene una relación estrecha conmigo. Y créame, nada de eso sucederá, mientras no lo sepa nadie más - agregó elocuentemente. En menos de 24hs ya se habían enterado 2 personas.

- Nadie más lo sabrá, tranquilo – sonrió, notando cómo había llamado el joven al General.

Se paró y sirvió el café en cada taza, poniendo luego la crema que había preparado encima. Algo le decía que su amigo despertaría pronto.

– Y, anda… - hizo un puchero, volteando a verle – perdóname, Ed, onegai, o Roy me matará cuando despierte! – se le colgó del cuello de nuevo - ¡Te quiere más que a mí, no le importaría! ¡Ni un poquito!

- No se preocupe… - sonrió – Entiendo que se preocupe por él, después de todo es su amigo, ¿no? - se sentó en la mesa y probó su capuccino – ¡Es delicioso!

- ¿Qué es lo delicioso?... - se oyó una voz en la espalda de Ed.

Era el Flame Alchemist.

Aún con su pijama. Aún con el cabello revuelto de recién levantarse.

Aún con un sueño indescriptible.

- El desayuno, bello durmiente – replicó Hughes sonriente, poniendo otra taza de capuccino en el lugar que estaba junto al Fullmetal - ¿Soñaste bonito tú también? – preguntó ahogando una risita, cortando uno de los panes que había traído y poniendo los trozos en el tostador.

-Oh, sí. Soñé que ni tú ni Hawkeye me veían más cara de refugiado de guerra y paraban de traerme comida a mi casa - gruñó, sentándose al lado de Ed – Ohayou, Ed… - le sonrió por un momento antes de mirar a Hughes nuevamente - ¿Por qué el "también", ¿tú soñaste lindo, Maes?

- No precisamente – aclaró mirando hacia arriba, con una sonrisa pícara - ¿Por qué no le preguntas a Ed, mejor?

El aludido, que seguía disfrutando de su bien preparado capuccino, casi se atora con él y terminó rojo en parte por la falta de aire, en parte por el todavía fresco recuerdo de su sueño.

Tosió, pasmado. ¡En ningún momento le había dicho nada! Mh… tal vez Hughes sí era psíquico…

- No soñé nada! - ¿qué creen ustedes?

- Luego averiguaré qué fue - Roy no se tragó el cuento, desde luego.

Sin decir más, miró con atención la taza que habían dispuesto para él.

- Hughes…

- ¿Mande? – colocó en el centro de la mesa un plato con tostadas y se sentó al otro lado de Roy.

- ¿Crees que estoy muy delgado? - seguía mirando la taza.

- "¿Qué clase de pregunta es ésa?" – Ed miró al Flame Alchemist, alzando una ceja.

- ¿Eh? – le miró confundido Hughes – La verdad, sí, un poco… ¿por qué preguntas?

El puño de Roy golpeó la mesa con rudeza

- En primer lugar, no, no lo estoy. Y en segundo lugar, ¡¿puedes parar de traerme comida, maldita sea! - un tic nervioso adornaba uno de sus profundos ojos azules.

- Claro que lo estás. Ne, Ed?

- Uh? – tragó – N-No creo…

- ¡Vamos, ayúdame un poco! – le rogó el Lieutenant Colonel, dándole una mirada lastimera - ¡Lo está!

- Está bien así - se encogió de hombros, sonrojado. ¿Qué quería que dijera? A él le gustaba Roy tal como estaba.

- ¿Ya ves, además… - le dedicó una mirada de recelo, mientras tomaba su taza y daba un sorbo al contenido – No voy a engordar para que así tú estés más guapo que yo - siguió bebiendo.

- Dios, Roy – se exasperó su amigo un momento, agitando la cabeza mientras acababa de untar nutella a su pan – A veces eres peor que una mujer – rió – Pero lamento decepcionarte, seguiré viniendo

- ¿Quieres ver cómo esta mujer te deja el cabello?... - preguntó insinuantemente, dibujando con el café un círculo de transmutación en la mesa.

- ¡No, muchas gracias! – saltó de su puesto y se escondió tras Ed, agachándose y poniendo las manos en sus hombros – ¿Cómo le haces para soportar a este loco, Ed?

- No es difícil – sonrió, divertido por la situación – Por cierto, Coronel, creo que eso era suyo – señaló el piso, donde descansaba un olvidado trozo de pan.

- ¡Noooo! – lloriqueó, recogiéndolo – Mi vidaaa

- ¡Ya deja esa cosa, tienes un tarro lleno… - señaló con un cuchillo de untar el frasco de contenido amarronado. Acto seguido, tomó una rebanada de pan y le untó un poco de mermelada.

- Demo… - seguía lamentándose Hughes, hasta que le vio preparándose el pan con mermelada - ¿Vas a comer? – lo miró con los ojos como platos.

- "Maldición, cállese" – refunfuñó Ed para sus adentros, comenzando a devorar su segundo pan – "¡Va a hacer que se arrepienta!"

Con eso, Roy dejó el pan a medio untar y el cuchillo sobre la mesa.

- Ya, se terminó. Si como porque como, si no como porque no como - se tomó el capuccino de un solo trago y se levantó de la mesa – Iré a bañarme - y tras decir eso, se encerró en el baño.

- ¡Roy, no seas así! – le reclamó Hughes, golpeando la puerta del cuarto de aseo. Viendo que no iban a abrirle en un futuro cercano, volvió a la cocina – Rayos… es tan niño pequeño a veces

- Hmpf… - bufó Ed, mirándole con cara de pocos amigos.

- ¿Tú también? – suspiró – Ni modo. Ya se le pasará… - tomó otro trozo de pan y tras echarle nutella encima, sonrió a Ed – En especial contigo aquí – le dio una mordida y se encaminó hacia la puerta – Ya me voy. Lo cuidas bien, eh? Ja ne!

- Ja ne – le devolvió la seña de despedida con desgano y comenzó a retirar las cosas de la mesa luego de haber oído la puerta principal cerrándose.

Pasados unos minutos, salió el moreno del cuarto de baño. Para variar, con una toalla alrededor de la cintura nada más. Observó la mesa y vio que ésta estaba toda limpia.

- Oi, ¿ya desayunaste?

- Hai – respondió, cerrando la llave del agua. No había tenido que lavar demasiadas cosas, pues casi no habían ocupado nada.

Al darse la vuelta y ver a Roy, se quedó congelado por unos segundos. Las imágenes de su sueño y la que tenía frente a él pasaban insistentemente frente a sus ojos.

- ¿N-No tienes hambre? – preguntó, volteando rápidamente y apretándose la nariz. Había sentido algo extraño y molesto de repente.

Mustang sonrió.

- La verdad, no - se acercó a Ed de espaldas y apoyó su mentón en el hombro de éste – ¿Estás bien? - al realizar ese movimiento, notó como las manos del rubio estaban manchadas con una sustancia escarlata – Vaya… - despegó su mentón del lugar donde reposaba, para levantarse unos centímetros y poder susurrar en su oído – ¿Aún no pregunto lo que soñaste y ya te sangra la nariz?...

Ya, era definitivo. La próxima vez que viera a Hughes, ¡lo estrangularía con sus propias manos!

- ¿Lo que soñé…? – intentó hacerse el tonto, sin mucho éxito.

- Sí… lo que soñaste… - Roy le pasó una servilleta de uno de los cajones – ¿O qué, no vas a contarme?

- Es… que… - se limpió la sangre con la servilleta – No tiene final – justificó, decidiendo que mejor se dejaba la servilleta ahí por un rato. Su nariz no cooperaba y no la culpaba, la verdad. Su sueño había sido demasiado bueno.

- No importa, puedes contarme el principio… - le rodeó la cintura con sus brazos, al tiempo que rozaba sus labios en su oreja.

Oh.por.Dios.

Alguien. Quien fuera. ¡Que interrumpiera, por favor!

- B-Bueno… - ¿por qué mierda nunca sonaba el timbre cuando lo necesitaba?

Cuando el rubio al fin había separado los labios para confesar, resignado, sonó un timbre. Si bien no el que esperaba.

- Creo que… desconectaré el timbre… y el teléfono… y mataré a todos - decía, entre pequeños lametones al oído del Fullmetal.

- Ah… ¿A-A todos…? – atinó a preguntar, dividido entre decirle 'Sí, eso estaría genial' o '¡Contesta el teléfono, maldita sea!'. Sabiamente, mejor no eligió ninguna y se contentó con repetir para sus adentros la segunda.

- Si… pero bueno, tal vez… tal vez… sea algo importante - se separó de él despacio – No te escapes - dijo y se fue enseguida a atender - Moshi moshi?... eh?... ¿quién habla?... oh… sí, un momento - separó el tubo de su cara y lo puso en la mesa del desayunador, sin mirar a Ed - Es para ti

Ed tomó el aparato, algo confundido, pero francamente agradecido.

Aunque, ya no estuvo tan seguro de hacerlo cuando reconoció la voz al otro lado de la línea.

- ¿Winry?

- Sí, soy yo... ¿c-cómo estás?

Por su parte, Roy había desaparecido de la sala.

- Bien – respondió, sintiendo ganas de colgar. ¿Le hablaba así como si nada después de haberle ignorado por meses? ¿Quién se creía? - ¿Qué pasa, ¿Al está bien?

- S-sí, está bien. Sólo… sólo quería hablar contigo… ver cómo estabas…

- Oh, ¿querías hablarme? Curioso, pensé que no ibas a hacerlo nunca más – pensó por un momento que quizá no debería ser tan frío, pero se dio cuenta de que estaba demasiado enfadado con ella como para eso - ¿Cómo conseguiste el número, de todas formas?

- Eh… entiendo que no quieras hablar conmigo… sólo quería pedirte disculpas... me comporté muy mal contigo…

- Al te pidió que te disculparas conmigo, ¿verdad? – tenía que ser eso. Sabía que su hermano estaba triste porque ya no se hablaban, como también sabía que la chica era demasiado terca y orgullosa como para pedir perdón así como así.

- No me trates así, por favor. Y sí, Al me lo pidió… p-pero también… también te… te extraño

- E-Eh? – no, tenía que haber oído mal. Eso o estaba entendiendo todo del modo que no era - ¿Qué quieres decir?

- Ed… es que… yo… yo… te quiero

Con los ojos muy abiertos, el rubio se quedó en silencio por lo que seguramente fue una eternidad para la joven Rockbell. Y es que, ¿qué se suponía que iba a responder a eso?

Había sido muy rudo, hasta ahora. Seguía molesto, sin embargo, también sentía pena por ella. Si Roy le hubiera rechazado, imaginaba que se habría hecho pedazos, después de todo. Y ahora él tenía que hacerle eso a la que fue su amiga durante toda su infancia.

- Yo… no siento lo mismo, Winry

Nuevamente, silencio.

Sepulcral.

Luego, lágrimas.

- N-no, si… t-te entiendo… p-perdona por molestarte… - y finalmente, cortó.

Edward suspiró, dejando el auricular en su lugar. ¡Ésa no era la interrupción a la que se refería, por todos los demonios! Pensaba en algo como que Hughes volviera a buscar más nutella y armara el desastre de siempre, o que Hawkeye viniera con Black Hayate a ensuciarle los muebles a Roy, algo así… ¡pero no que Winry se le declarara!

Intentando olvidarse del asunto, salió de la cocina en busca de Roy.

Para fortuna del mayor de los Elric, el dueño de casa ya se hallaba cambiado con una camisa negra y un pantalón de vestir. Para variar, leía el periódico, sentado en su sillón habitual.

Ed le estudió con la vista unos momentos, sentándose a su lado. Lucía indiferente, pero notaba un fulgor extraño en sus ojos, como de… ¿enfado?

No, era otra cosa.

- ¿Qué lees? – preguntó, para romper el hielo.

- El diario - respondió sin prestar mucha atención – ¿Y hablaste por teléfono? - maldita mocosa de Rizenbul, ¿cómo se atrevía a llamar a SU casa para hablar con SU Ed después de todo lo que le hizo?...

Un momento.

¿Su Ed?

"Conciencia, ya me tienes enfermo", resolvió, dando vuelta la hoja del periódico.

- Hai - OK, tal vez sí era enfado – Winry se disculpó conmigo… - le contó, buscando un poquito más de atención. ¿Qué tenía el periódico de interesante, pues?

- Ah, si?... bueno, supongo que ahora no tendrás más problemas con ella y volverán a ser lo que eran antes - comentó, volviendo a cambiar de página.

- No creo – se acercó más a él, con unas casi irrefrenables ganas de arrancarle ese molesto papel de las manos. Pero, se controló – Me dijo que me extrañaba, que me quería. Y yo le dije que no sentía lo mismo. No puedes ser amigo de una persona luego de eso, ¿no te parece?

- No, claro que no… - siguió mirando las noticias hasta que reaccionó – Un momento… ¿dijiste que te dijo que te quería?

Oh, sí.

La mataría.

- Sí, eso dije… - le quitó el periódico y lo dejó en la mesa de centro – Si pudieras dejar eso un momento y escucharme, sería genial

O.SEA… ¡Lo había llamado Winry! Y, vale, ella no era algo por lo que Roy tuviera que preocuparse, pero… ¿no se podía poner un poquito celoso siquiera? Con Hawkeye lo había hecho enseguida.

- ¿Qué quieres que te diga, ¿que vayas a Rizenbul a terminar de 'amigarte' con ella? - preguntó, perdiendo los estribos.

OK, tal vez sí estaba un poquito celoso.

- ¡Claro que no! – replicó Ed – Además, para que me vaya no hará falta que me lo digas, ¿sabes?... – dijo, viendo hacia otro lado – Si eso es lo que quieres, entonces tendrás que echarme a patadas. O quemarme vivo. Quizá así me vaya – le sonrió antes de continuar, acercando su rostro al de él – Pero aún así, no te lo garantizo. Puedo ser muy persistente – dicho esto, volvió a apartarse.

- ¿Estás seguro, sonaba muy triste por teléfono… tal vez necesitaba de tu 'comprensión' - dijo.

- Si la necesita es una lástima – alzó una ceja, disfrutando de aquel ataque de celos. De alguna manera, le hacía sentirse… ¿querido? – porque no la tendrá

- ¿Y si tu hermano te lo echara en cara?... y por cierto, todavía no me dijiste qué le respondiste

Dios santo. Qué lindo espectáculo le estaba dando a Edward. Un tipo de 27 años celoso de una mocosa de 17.

- Al nunca lo haría, él no es así – aclaró el Fullmetal con tranquilidad – Y la rechacé, lo que hubieras escuchado antes de no estar tan concentrado – carraspeó – leyendo

- De acuerdo, de acuerdo… ya no me regañes, ok, estaba molesto - se defendió – Y… ¿por qué la rechazaste?

- Porque no la quiero, ¿por qué otra cosa sería? – respondió con seguridad - ¡Además, vamos! Estoy contigo, ¿no? Es a ti a quien quiero, ya deberías saberlo… - un par de segundos después, se dio cuenta de lo que había dicho y miró el piso, avergonzado – "Genial, Ed" – se felicitó – "Primero le dices que te gusta, y él no dice nada, pero te vale madre y le dices otra cosa peor"

Mh.

Eso sí que era nuevo.

Por un momento, el Flame Alchemist no sabía que decir.

Acababa de oírle decir a Ed que le quería. Y eso era mejor que aniquilar a un millón de niñitas rubias de Rizenbul.

Sin decir nada, tomó al rubio de la nuca y depositó un suave beso en sus labios, a modo de respuesta. Nunca había sido bueno con las palabras, por lo que prefería demostrar lo que sentía más que decirlo.

Ja, claro que si el Fullmetal le dejase expresar lo que sentía con libertad, éste entonces no tendría ninguna clase de dudas al respecto.

Ed le besó también, entendiendo que esa era la forma que Roy le ofrecía para corresponderle.

Aceptarla o no, era decisión suya.

¿La tomaría? ¿O seguiría dejando que la duda no le dejase actuar? Tal vez sería eso lo que decepcionaría a Roy; su timidez, y no su inexperiencia. Y si no, pues… de todos modos, se arriesgaría.

Con los latidos de su corazón multiplicados por diez, intensificó el beso, inclinándose un poco hacia él.

Cuando el aire se terminó y tuvieron que separarse, también sus dudas habían terminado.

Por su parte, el moreno le sonrió.

Como si fuera un telépata y pudiera leer los pensamientos de Edward, se alejó de él y se puso de pie.

- En fin… iré a buscar tus cosas a los dormitorios del cuartel. Regresaré en un momento - se acercó a la puerta, tomando su gabardina negra – No hagas lío - terminó de decir, y se fue.

Sabía perfectamente que Ed ya estaba listo.

Y como era debido - según el Diccionario del amor según Roy Mustang -, le haría desesperar un poquito. No demasiado, pero lo suficiente como para que las cosas salten a la vista por si solas.

El mayor de los hermanos Elric le observó hasta que se perdió de vista, debatiéndose entre:

- Ir a estudiar, fingiendo que estaba de acuerdo.

- Gritarle que era un maldito bastardo desconsiderado.

- Correr tras él y tirársele encima.

Y, hay que decirlo, se inclinaba más hacia la última.

Sin embargo, su ego ganó la batalla y terminó yéndose a la biblioteca, con más ganas de echar abajo un par de estantes y arruinar así el perfecto orden del estudio del Flame Alchemist que de leer en sí.

A pesar de ello, abrió el pequeño volumen que antes revisaba y se obligó a estudiar.

Edward Elric no se arrastra ante nadie. Y ese nadie, por supuesto, incluía al presumido de Roy Mustang.

Hablando de él, cierta imagen invadió su mente.

"Nada va a interrumpirnos esta vez…"

Se estremeció.

… Bueno, de momento, sí lo incluía.

¿Por qué tenía que atraerle Roy tan intensamente? Como si fuera un imán. Y, de todos modos, él ya no tenía ninguna parte metálica, así que, aún si lo fuera… no tenía sentido.

De hecho, tampoco tenía sentido lo que estaba pensando en general.

Mejor sería que ocupase su tiempo en algo productivo.

Tras un par de intentos fallidos, pudo concentrarse en su lectura.

Capítulo 1: Cómo reconocerla

No es cosa fácil estar completamente seguro de que la persona que tenemos a nuestro lado es la correcta. Muchas veces el amor se confunde con enamoramiento, otras veces con atracción física, con un fuerte lazo de amistad o fraternidad.

¿Dónde está, entonces, la clave? Dentro de usted mismo. Es su percepción, lo que provoca y ha provocado esa persona en usted, lo importante.

No es necesario llevar años junto a ella, ni tampoco lo es haberse sentido flechado al instante de conocerla. Lo que sí es requerido, es haber notado un chispazo, una emoción intensa, desde el principio. No es obligatorio que haya sido un sentimiento positivo, bien puede haberse presentado en su lugar la repulsión, la ira, el dolor. Además, el recuerdo del primer encuentro debe estar presente como si lo hubieran tatuado en nuestra memoria con metal al rojo vivo.

Podremos, también, evocar la imagen de esa persona con lujo de detalles y carente de error alguno, cuando deseemos, sin habernos planteado nunca el memorizar su apariencia de los pies a la cabeza. Sus ojos deben ser los más intensos y profundos que hayamos visto en nuestra vida. Su sonrisa, la más cautivadora. Su abrazo, el más protector y placentero. Su compañía, la más grata de todas.

Haremos todo pensando directa o indirectamente en esa persona, ya sea para causar una impresión positiva o negativa en ella. Para molestarle, para alejarle, para atraerle, para agradarle.

Finalmente, la opinión más importante, el juicio más duro para nosotros, vendrá de esa persona. Nada nos golpeará más duro que su decepción, su rechazo o nos animará más que su apoyo, su compañía.

Dando vuelta la página para pasar al siguiente capítulo, Edward revolvió su propio cabello en un gesto ausente. Sí, todo eso era le parecía un tanto cursi, por decir lo menos… pero a la vez algo, su intuición, le dictaba que era la verdad.

Capítulo 2: Fusionando cuerpo y alma

Hay sólo una manera de lograr esto y es, contradictoriamente a su dificultad, bastante popular. Hablo del sexo, aunque prefiero el eufemismo 'hacer el amor'. Y, para el proyecto, es mejor también familiarizarse con la segunda forma de nombrarlo.

Los seres humanos somos energía pura y, como tal, vibramos a un cierto nivel. Algunas vibraciones, las más intensas, corresponden a las personas que más entienden y experimentan el amor. No sólo el amor sexual, sino además del tipo que se le da a un amigo, a un hermano o inclusive a un desconocido con amable sonrisa. Aquellas personas que no juegan con él, sino que lo brindan y lo reciben atesorándolo, dándole la importancia que merece, son las con mayor nivel y las más aptas para armonizar con su Otra Parte. Cabe destacar que cualquiera puede encontrarse con ese ser que está hecho únicamente para nosotros, pero no lo sabrá si no está listo para ello, si su nivel es demasiado desigual.

Los compañeros ideales para llevar a cabo un proyecto vibran, desde un comienzo, a un nivel similar. Y en la medida que se comprenden, se conocen y se compenetran haciendo el amor, el que vibra a un nivel más bajo alcanza al otro. Se sienten completos, realizados, felices al máximo punto. Cualquier distancia, cualquier instante de tiempo que les separe duele como un puñal constantemente enterrado en el centro del pecho. Sin embargo, mientras ascienden de nivel esta vez escalando a la par, ese dolor se vuelve más tolerable… pero siempre permanece.

¿Cómo hacer el amor y no sólo tener sexo? La respuesta es igual de hermosa que de simple. Hay que vivir la experiencia centrándose en compartirla con esa persona especial, no pensando en todo el placer que se obtendrá de ella. Porque es el único instante que sólo pertenece a esas Dos Partes que intentan ser Uno Solo, que es sólo de ambos, y es cuando más cerca se puede estar el uno del otro. Al ir haciendo suyo este pensamiento, el placer vendrá solo y se convertirá en sinónimo de participar en una actividad única, especial, en compañía de esa persona que ha nacido para encontrarnos.

Luego de releerlo un par de veces, Ed terminó de convencerse.

Sí, era un libro sobre alquimia. ¡Y hablaba de sexo! Ahora sí lo había visto, mejor dicho, leído, todo.

Se preguntó si era por eso que estaba entre las cosas de Roy… conociéndolo, era una posibilidad.

Dio vuelta nuevamente la página, con intención de continuar revisando el contenido del curioso texto, mas su mente tenía otras ideas y no le permitió concentrarse. Así pues, se resignó y salió del estudio.

La verdad, ahora que lo notaba… seguía en boxers y playera.

"Muy bonito, eh, Ed, ¡no es tu casa, idiota!" , se regañó así mismo y, buscando una toalla limpia, se metió a la ducha.

Mientras se duchaba aún podía recordar cómo durante el primer día que estuvo en ese apartamento se imaginó a la perfección todos los detalles de aquel cuarto de baño - ni hablar del que se aseaba mientras lo hacía -.

Él sí podría ser considerado telépata.

Al acabar de ducharse, se secó bien y buscó su ropa seca en el cuarto de lavado. Aún estaba un poco húmeda, pero la secó rápidamente usando alquimia - desde el incidente con la licuadora, ¿quién se atrevería a tocar algún electrodoméstico más? - y se vistió y trenzó el cabello.

Regresó a la sala, donde esperó un rato a que el dueño de casa regresase de su diligencia, pero aparentemente no tenía ni la más mínima intención de hacerlo, al menos, no pronto.

"¿Habrá ido a algún otro lado?..."

Un ruido bastante familiar en el organismo de Edward Elric le avisó que ya era hora de ingerir algún tipo de alimento. Por lo que, abandonó su espera y fue a la cocina, donde se sirvió algunas cosas que sobraron del desayuno y se sentó a la mesa.

Después de terminar con los restos, llevó los trastes a la batea y comenzó a lavarlos con cuidado de que no se rompieran. En eso, oyó la puerta de entrada cerrarse.

"¡Ya era hora!", pensó, dejando todo a medio lavar para ir hasta la puerta a recibir a Roy.

- Vaya que te tardaste – comentó, y le dio un beso en los labios a modo de bienvenida.

- Sí... - le responde el beso - Es que me crucé con el Coronel Armstrong y me invitó a beber algo... - comentó agobiadoramente - No podía simplemente decirle que no - dejó su sobretodo en el perchero y le pasó el bolso a Ed - Aquí tienes tus cosas; acomódalas donde quieras

- Claro que no, al Coronel de plano no puedes decirle que no – rió, imaginándose la escena.

Roy siendo arrastrado por el cariñoso y musculoso brazo de Alex Louis Armstrong hacia el café más cercano era algo digno de ver, sin duda.

Tomó el bolso, sin ninguna gana de ordenar sus pertenencias en ese momento, pero con todas las ganas de ocuparse haciendo otras cosas.

– Arigatou… por cierto, ¿comiste algo al menos? – tocó el estómago del moreno por encima de su camisa.

- Sí, sí, comí con el Coronel... me llevó a su casa, por eso tardé - se excusó, poniendo una de sus manos sobre la que Ed colocó en su cuerpo – Por cierto, ¿tú que comiste?

- Mh? – le acarició suavemente el pecho esta vez, con su otra mano – Lo que quedó del desayuno…

- Ah... bueno, al menos no te moriste de hambre. En fin… creo que iré a hacer un poco de ejercicio. Mientras, puedes seguir estudiando - sentenció, yéndose para el dormitorio a ponerse algo más cómodo.

Sí, sí, lo sabía.

Edward intentaba acercarse a él.

Pero como ya dijimos, no se lo iba a hacer fácil.

Dividido de nuevo entre varias opciones, el Fullmetal maldijo para sus adentros y, aunque tenía ganas de ir hacia el lado contrario, sus pies se alejaron de Roy y le llevaron al estudio, donde tercamente se encerró hasta que consideró que no le vería saliendo de allí.

Sip, su orgullo alcanzaba magnitudes asombrosas a veces. ¡Pero es que no podía tolerarlo! El militar se estaba burlando de él, estaba seguro. Ya le había tirado todas las indirectas que se le habían ocurrido y tenía que haber captado ya, al menos alguna. Si es que no todas.

Recostándose en el sofá de la sala, sopesó sus opciones. Podía seguir allí perdiendo el tiempo, enfurruñado, hasta que al Sr. Sí-sé-que-te-mueres-por-mí se le antojara prestarle un poquito de atención. O podía dejar de amargarse la vida por una niñería y comenzar él todo; seducirle. Claro que, para eso debía considerar el pequeño detalle de que… no tenía idea de cómo chingados hacerlo. Tendría que improvisar, como cuando 'cocinó'.

- "¡No, de ninguna manera!" – decidió, cruzándose de brazos y volteándose, quedando de cara al respaldo del sillón – "No voy a hacer el ridículo así. Ni en un millón de años."

Aunque, tal vez si se daba otro baño y dejaba su cabello suelto y se paseaba en toalla frente a él…

- "No, no, ¡no iré! No me obligarás… no lo harás… oh, Dios…" – volvió a darse la vuelta, ¡tenía que quitarse esas escenas de la cabeza! – "Maldito seas, Roy Mustang."

Mientras tanto, el dueño de sus pensamientos ya se encontraba vistiendo un pantalón deportivo y una playera de manga corta negra, dentro de su pequeño gimnasio casero.

Bueno, ni tan pequeño. De hecho, era otra de las habitaciones del apartamento, en la cual él se dio el lujo de instalar un par de aparatos para hacer ejercicio y la misma contaba con un pequeño jacuzzi. ¿Por qué, porque se le antojó. Enseguida, se acostó en uno de los aparatos y empezó a realizar abdominales.

Realmente, no era un fanático del ejercicio y de sacar músculos y esas cosas, pero como un militar lo exigía, debía mantener al menos la línea y tener cierta flexibilidad y agilidad en el campo de batalla.

Aunque sea alquimista y controle el fuego.

De todos modos, con un par de minutos de aparatos todos los domingos bastaba.

Sumergido todavía en su dilema, Edward continuaba cruzado de brazos. No, no tenía ni idea de qué demonios hacer aparte de eso, que mucho no ayudaba. Además, aunque se animase a ir a interrumpir a Roy y a rogarle ("¡Que no lo haré!"), quedaba también la desoladora posibilidad de que, luego… el Brigadier General ya no quisiera nada con él. Que todo fuera sólo un caso de atracción física especialmente intensa para él. Después de todo, no le había dicho nada… y él hasta le había confesado que lo quería.

Sacudió la cabeza.

Definitivamente no tenía remedio. Ni pensando eso se le quitaban las ganas. Y es que estaba seguro, así como lo estaba de que Roy era el único que podía ayudarle a recuperar el cuerpo de su hermano, de que el moreno no haría eso. No jugaría con él, por mucho que lo deseara.

Además, en el supuesto caso de que estuviera equivocado y el militar sí fuera capaz de hacer eso, no estaría ahí tirado en el sofá en ese momento. Al menos, no solo.

Así pasaron, fácil, unos 15 o 20 minutos.

No que fuera una eternidad, pero al menos, para nuestro amigo de acero se le estaba haciendo prácticamente eso.

Roy, por su parte, ya estaba terminando de ejercitarse. Durante todo su "entrenamiento", no hizo más que pensar en el muchacho que estaba con él en el apartamento. Le había dicho que le quería… y cuando regresó de traer sus cosas, se estaba comportando bastante mimoso.

Eso no dejaba lugar a dudas; recayendo de ese modo en el pensamiento que tenía inclusive antes de salir de la casa: Edward ya estaba listo.

Y al parecer, lo quería ahora mismo.

No era justo hacerle esperar más, en todo caso. Lo único que esperaba era que el rubio no se arrepintiera luego. O peor, que luego pensara que él sólo lo quería para un rato, que sólo jugaba.

Lo gracioso era que no era un juego. Al menos, para Mustang no lo era, lo cual descubrió con el correr de los días - sí, a veces 48hs son suficientes para darte cuenta de detalles como esos -.

Con esos pensamientos en la cabeza, se encaminó a la sala. Los pasos a seguir eran:

- Entrar a la biblioteca

- Cargar a Ed cual costal

- Tirarlo en su cama

- Desvestirlo

- Hacerlo suyo

El rubio, al oír los pasos que se dirigían hacia él, al fin tuvo claro algo: no quería que Roy siguiera divirtiéndose por sus vanos intentos de atraerle, y no era como si le ocurrieran más cosas que hacer tampoco. Así que, relajando sus músculos y cerrando los ojos, optó por hacerse el dormido.

De ese modo no tendría que hablarle y reprocharle por hacerle sufrir – lo cual terminaría haciendo, por alguna extraña razón no podía ocultarle nada a ese hombre – ni tampoco tendría que mirarle y sentirse tentado de nuevo. Además, con un poco de suerte, sería el Flame Alchemist ahora el que no se resistiría a acercarse a él.

Al llegar finalmente a la sala, Roy pudo observar a su compañero en el sofá, aparentemente dormido.

"Oh, bueno… pero que luego no se queje de que no presto atención a las señales que me tira", pensó, mientras, con cuidado, cargaba a Edward en sus brazos y lo llevaba al dormitorio, tal cual hizo cuando lo encontró dormido en el escritorio de la biblioteca.

Al ingresar, lo recostó en la cama. Claro que, apenas lo hizo, sintió como un brazo del muchacho le rodeaba el cuello, a la vez que los labios de éste se apoyaban sobre los propios.

Sí, bueno. Le estaba besando, ni siquiera con los ojos cerrados había podido controlarse, pero no le avergonzaba su poca resistencia. Ahora, que al fin lo tenía cerca, justo donde quería, no iba a dejarlo ir. Eso era todo lo que le preocupaba.

Y para que no le quedara ninguna duda al respecto, mientras intensificaba el beso, le jaló hacia la cama, consiguiendo que quedara sobre él.

OK, si ya antes no había ninguna duda de que le quería, ahora menos que menos.

Cerró los ojos, al tiempo que acomodaba uno de sus brazos a un lado del rostro de Ed y el otro sobre su pecho, poniendo las mismas energías que el rubio en aquel beso. Al terminarse el aire, se separó despacio de sus labios y le miró, sonriente, sin decir ni una sola palabra.

- De casualidad… - comenzó el Fullmetal, dispuesto a jugar la única carta que tenía bajo la manga. Pero adecuadamente, claro. Regresándole la sonrisa, se acercó a su oído y continuó, rozándolo mientras hablaba - ¿Aún quieres que te cuente lo que soñé? ¿O prefieres que… - hizo una pausa, donde una de sus manos viajó hasta tocar las nalgas del moreno – te lo muestre, mejor?...

El militar alzó una ceja al ver tan decidido a Ed y soltó un pequeño suspiro al sentir su mano viajando por su cuerpo hasta depositarse en aquel lugar.

- Déjame adivinar… - dijo – ¿En tu sueño hacía algo como esto?... - y sin decir más, comenzó a rozar los labios sobre su cuello para más tarde besarlo lentamente, recorriendo toda la extensión de éste.

- Sí… justo así – suspirando, echó un poco la cabeza hacia atrás, pidiéndole sin palabras que siguiera.

Oh, sí, quería que continuara. Por fin ya no había dudas ni nada que le hiciese sentir de otro modo. Y, si alguien se atrevía a interrumpirles, juraba por Dios que se lo comía. Aunque se indigestara.

Su compañero comprendía a la perfección todas las señales que Edward le enviaba y las decodificaba en acciones.

Subiendo la intensidad de sus besos y entrecortándolos con susurros en su oído, bajó el cierre de la chaqueta de Ed y se la quitó enseguida, empezando a estorbarle notablemente el hecho de que tuvieran ropa encima. Sin más, coló con suavidad una de sus manos debajo de su playera, acariciando su torso.

- ¿También… te hacía esto?...

- Ah… - ¿cómo le hacía para adivinar? No lo sabía, pero… le encantaba – Sí…

La mezcla de sentimientos que tenía que se le hacía deliciosa. Quería que continuara rápido, muy rápido, ansiaba saber lo que seguía. Pero, a la vez, quería que fuera lento, muy lento, disfrutaba saboreando cada avance que el otro hacía.

Deslizando su mano bajo la remera de Roy, aprovechando de rozar esa pálida piel con la yema de sus dedos, pensó que el moreno simplemente había impuesto el ritmo perfecto.

Mientras tanto, los de Mustang se encargaban de palpar cada rincón del torso del Fullmetal, concentrándose en uno de sus pezones, tocando, presionando e incluso pellizcando con cuidado.

Sin detenerse mucho más tiempo pero a la vez intentando no ser brusco, con sus dos manos, comenzó a subir su playera. A decir verdad, ahora que lo estaba haciendo, no se lo creía. Realmente… realmente iban a hacerlo.

Y ahora sí que N.A.D.I.E interrumpiría.

Edward se irguió un poco, ayudándole al militar a deshacerse de la prenda. Hablando con sinceridad, nunca se hubiera imaginado estar así con él, pero, bueno… tampoco hubiera hallado posible mucho de lo que había pasado antes.

- Si alguien viene… - susurró a su oído, cuando la playera ya se encontraba olvidada en el piso – lo mataré…

"Ya vas aprendiendo, eh?", se le cruzó por la mente a Roy, mientras se acercaba a los labios de Ed.

- Eso si… no lo hago yo antes… - suspiró antes de besarlos nuevamente, a la vez que la otra de sus manos se aventuraba un poco más allá del abdomen del rubio, descubriendo un interesante bulto – Vaya… mira lo que encontré… - dijo separándose de los labios de Edward, rozándolos con su boca al hablar mientras lo miraba fijamente a los ojos.

- Ah… sí, pero… - gimiendo, entrecerró los ojos y, delineando los labios de Roy con su lengua, bajó una de sus manos un momento a esa misma zona del cuerpo de su compañero y agregó – No soy… el único, ¿sabes?... – con la misma mano, acarició luego las nalgas del moreno.

Lo que iba a pasar ahora era la parte del sueño que recordaba más nítidamente y que, por cierto, era la que más problemas le había dado. Sin embargo, podía apostar a que por muy vívido que hubiera sido, no se iba a comparar nada a lo que seguía.

Mustang soltó un gemido, profundo, el primero en todo el rato que llevaban tan cerca.

- Nunca dije… que lo fueras - sonrió en un modo sexy y separó sus labios para permitir el ingreso de la lengua del rubio a su boca, al tiempo que desprendía el botón del pantalón de él.

No se lo había dicho nunca. Ni a él ni a casi nadie en realidad. Pero que le tocaran la cola era algo que le encantaba. Y de hecho, desearía hacer lo mismo con Ed, pero mientras estuviese acostado, no podría.

Habiendo conseguido entrar con su lengua, el rubio comenzó a besarle lentamente, interrumpiéndose sí cada tanto con los suaves pero audibles gemidos que no podía reprimir en su garganta.

Mientras subía la playera del moreno con intenciones de que fuera a parar al mismo lugar que la anterior, pensó que nunca había oído a Roy gemir antes. Acababa de descubrir que escucharle era igual de excitante que todas las caricias y roces que estaban compartiendo. Si es que no más.

Lo había hecho por él, después de todo, y le llenaba de confianza.

Corriendo sus brazos y con ayuda del Fullmetal, se quitó la playera y la revoleó por ahí. Total, más del piso no iba a ir a parar. Apenas lo hizo, comenzó a besar de nuevo el cuello del muchacho, delineando lentamente su clavícula con la lengua y bajando por su torso con lentitud, besando cada centímetro de la deliciosa piel de Ed.

Edward continuó suspirando, gimiendo suavemente. En realidad, era otra parte de su cuerpo la que necesitaba atención, pero disfrutaba de esa placentera agonía a la que le sometía Roy pasándola por alto apropósito.

Su lengua en contacto con su piel le traía recuerdos de su sueño, que al final había resultado ser muy útil. Porque, debía admitir que no se le hubiera ocurrido otra cosa para poder… bueno, tocar dignamente el tema.

Lentamente, el militar siguió bajando por el cuerpo de Ed. Al llegar a sus pectorales, dibujó el contorno de sus pezones con la lengua y los succionó despacio, dando unos pequeños y suaves mordiscos al hacerlo.

Mientras tanto, su mano se aventuraba nuevamente por el pantalón del rubio, bajando el cierre y rozando la ya más que evidente erección.

El Fullmetal mordió sus propios labios, luego de soltar un gemido bastante más fuerte que los anteriores. Por un momento, su boca había adquirido mente propia y había estado a punto de suplicarle a Roy que lo hiciera de una vez porque se estaba volviendo loco. Esperó sin embargo, tenía la impresión de que debía guardar el ruego para más adelante.

Para apremiarle sin decir nada, apretó nuevamente con una de sus manos las nalgas del moreno.

El mismo, soltó un nuevo gemido, separando sus labios de su pecho y comenzando a bajar de una vez por todas el bendito pantalón, el cual una vez en sus manos, tuvo igual destino que el resto de la ropa de ellos dos.

Ni él se aguantaba mucho ya, pero se suponía que tenía que enseñarle.

Tras levantar un poco su cadera para permitirle a Roy que le quitara el pantalón, se acercó a su oído y le dio un pequeño mordisco allí. Francamente, ya no aguantaba. Y empezaba a no importarle más nada.

- ¿A qué… esperas? – susurró.

- A que… seas un poco más paciente… - gimió el otro, tomando a Ed de la espalda y arrodillándose en la cama, de modo que ambos queden en la misma posición pero enfrentados.

Aprovechando el movimiento, una de sus manos se deslizó por la espalda del rubio y siguió su recorrido hasta llegar a sus glúteos, metiendo la mano dentro del bóxer para acariciarlos piel a piel.

- Ah… ¿y qué tal… - gimió hondamente al sentir la mano de Roy en ese lugar de su cuerpo – si no puedo?... – le rodeó la espalda con un brazo, arañando un poco su piel, mientras que con la otra tiró del elástico del pantalón de Roy con intenciones de bajarlo luego.

- Ah… tendrás qué… o si no, todo terminará antes de empezar… y no porque yo pare, precisamente… - dijo, comenzando a deslizar la ultima prenda que cubría el cuerpo de Ed y lo besó en los labios intensamente, dirigiendo su mano hacia su sexo.

Respondiéndole el beso de igual forma, Edward intentó seguir el consejo y serenarse. No resultó mucho que digamos, en especial al hallarse completamente desnudo frente a él y sabiendo lo que seguía.

Sin hacerse esperar mucho más, comenzó a acariciar suavemente el miembro del Fullmetal, despacio. Acto seguido, lo tomó con una de sus manos y empezó a apretarlo con la palma con cuidado.

No le había hecho algo así antes a ningún otro hombre, pero no significaba que no supiera lo que estaba haciendo.

Sin proponérselo, Ed movió ligeramente sus caderas hacia delante. Cerró los ojos, susurrando el nombre del otro entre gemidos, sin cortar el beso.

Nunca nadie más que él mismo le había tocado así. Pero, se sentía muchísimo mejor que fueran las manos de Roy las que le atendían de esa manera.

Sin que lo dijese en voz alta - aunque aquellos susurros le daban la pauta -, sus deseos fueron cumplidos; las caricias del Flame Alquemist iban en aumento, presionando cada vez más con su mano, dando pequeños jaloncitos.

Al terminarse el aire de los pulmones de los dos, el militar se separó de los labios de Ed y se dirigió hacia su oído, respirando entrecortadamente.

- ¿Está mejor ahora?... ah… - preguntó cínicamente, ya que conocía la respuesta.

- Ah… - se estremeció, respondiendo sin que le importara el tono de la pregunta – H-Hai…

De un par de tirones, bajó el pantalón deportivo que traía Roy y tocó con una capa menos de tela su cola, dibujándola.

Gracias a eso, el moreno soltó unos gemidos suaves en el oído de Ed y miró hacia abajo, observando a su mano y lo que ésta hacía.

"Nada mal, eh?", pensó al ver lo que sostenía. Y es que para ser sinceros, Edward Elric estaba bastante bien dotado. Al cruzarse esos pensamientos por su mente, aceleró el trabajo un poco más, sin poder evitarlo.

Notando la mirada, el ya visible sonrojo en sus mejillas se acentuó, al tiempo que jadeó en el oído del General.

Comenzó a lamer su oreja entonces, mordiéndola tenuemente cada vez que sentía un jalón en su miembro.

Lo cual era cada vez más frecuente, a decir verdad.

Gimiendo casi a su ritmo, Mustang seguía acariciando, presionando y jalando del miembro de Ed. Por un momento se había sorprendido de que le hubiera bajado el pantalón así de rápido, pero no que fuera demasiado relevante el hecho.

Sin perder ni un segundo más, aumentó la intensidad de sus atenciones, mientras se encargaba de besar y mordisquear el cuello del rubio con suavidad, respirando sobre su piel.

Edward no pudo aguantar mucho más así. Pasados unos momentos, en donde ni él estaba seguro ya de lo que estaba murmurando, siguió un impulso y tiró la cabeza hacia atrás, dejándose recorrer por esa familiar corriente eléctrica. Al mismo tiempo, sus manos apretaron fugazmente el lugar donde se encontraban; la espalda y las nalgas del moreno.

Respirando con algo de dificultad, abrió los ojos y se separó un poco de él. Le observó, buscando algo en especial. Tenía que haberle manchado, después de todo… aunque no sabía si sentirse avergonzado o no por eso.

Pronto encontró lo que buscaba. En el abdomen de Roy y en las manos del mismo había restos de una sustancia blancuzca. Los ojos del militar se encargaron de llamar la atención de los de Ed y sonrió.

- ¿Qué… - se acercó una de sus manos a sus labios y lamió con cuidado un poco de aquel líquido, sin retirar la vista de sus ojos - … buscas?

Sorprendido, el rubio no pudo más que mirarle por unos segundos. Esa imagen… si normalmente Roy era irresistible ante sus ojos, entonces no sabía cómo podía describir aquello.

Sólo algo la arruinaba, pero no iba a permitir que continuara así por mucho tiempo.

- Ya verás…

Esperó pacientemente hasta que Roy terminó de limpiar su mano y, pillándole desprevenido, hizo que se recostara en la cama. Se encargó entonces de mandar a volar lejos el pantalón del Flame Alchemist, respirando sobre su cuello. Lamiendo un poco esa zona como él había hecho antes, le quitó también el bóxer y pudo notar que no era precisamente el único entusiasmado con el asunto.

Dibujó una sonrisa un tanto burlona en su rostro al darse cuenta de ello, y se separó un poco para verle bien. Admirándolo y disfrutándolo en toda su magnificencia, sin telas de por medio que pudieran estropearlo. Su gesto entonces fue más bien de satisfacción.

Oh, sí, Roy Mustang estaba muy bueno, pensó mientras una de sus manos no se resistía y jugaba por unos instantes con aquello que había llamado su atención.

El moreno gimió ante el gesto, algo pasmado por las acciones de Ed.

- ¿Y?... - le rodeó la espalda con uno de sus brazos, acariciando su cuerpo con la otra – ¿Encontraste… lo que buscabas? - sonrió maliciosamente, susurrándole al oído.

- Mh… - suspiró, bajando por la piel del militar con sus labios – no lo sé… - colocó una de sus piernas entre las de Roy y, cuando llegaba a la altura de su pecho con su lengua, presionó ligeramente el miembro del moreno con su rodilla - ¿Tú… qué crees?

- Ah… - suelta un gemido al sentir el toque de Ed – n-no lo sé… supongo que sí… - susurró, dejándose hacer. Quería ver hasta dónde era capaz el Fullmetal.

Siendo franco, estaba un tanto extrañado de la docilidad de Roy. Sabía que a él le gustaba tener las cosas bajo control.

Mientras seguía con su tarea y mordía suavemente los pezones del moreno, decidió no pensar en eso. Continuó bajando, besando y lamiendo su piel ahora con un objetivo más que claro.

Era su oportunidad de impresionarlo, después de todo, y no iba a dejarla pasar así nada más.

Pero justo antes de seguir con lo que estaba haciendo, el Flame Alchemist se irguió y con un rápido y certero movimiento se colocó sobre Ed.

- No es necesario… que hagas eso - susurró sobre sus labios, rozándolos al hablar, al tiempo que movía sus caderas contra las del rubio – no aún…

Sin pensarlo dos veces y acariciando su rostro con su boca, dirigió ésta al oído del Fullmetal. A su vez, introdujo dos dedos en la boca de su compañero.

- Ah… mójalos bien… - lame su oreja con suavidad.

Aún algo asombrado por el repentino cambio de papeles, Ed se estremeció y le rodeó la espalda con sus brazos. Gimiendo al sentir la lengua de Roy en su oreja, obedeció a lo que le había pedido, dejándose hacer.

No le molestaba en lo absoluto acatar sus órdenes, además… había dicho que le enseñaría.

Cuando el militar sintió que sus dedos estaban lo suficientemente húmedos, los retiró de la boca de Edward.

- Buen chico… - susurró – ahora - empezó, mientras separaba las piernas del rubio con cuidado y la mano mojada desaparecía de la vista de éste – respira profundo…

Tras decir aquellas palabras, uno de los dos dedos que Ed lamió se posicionó en su entrada y se introdujo lentamente en su cuerpo.

Aunque la intromisión se sintió molesta al principio, no emitió ningún sonido que lo indicase, esperando que esa sensación se esfumara. Cuando ocurrió soltó un suspiro y acarició con una de sus manos la espalda del moreno.

Al ver que estaba calmado - o al menos disimulaba bien -, Roy comenzó a moverse despacio en su interior, intentando no ser demasiado brusco. Después de todo, el muchacho era virgen aún…

Virgen. Es decir que nadie había poseído su cuerpo antes. Él era el primero.

Con ese pensamiento en la cabeza, comenzó a depositar pequeños besos por todo el rostro del rubio, en sus párpados, en sus mejillas, en su frente, por todos lados. Esperó unos segundos más hasta que el chico se acostumbrara lo suficiente para introducir el segundo dedo.

Ed se las arregló para, entre toda la excitación que sentía, esbozar una tenue sonrisa. Depositó un pequeño beso en sus labios, animándole a continuar.

No importaba que ni siquiera le hubiera dicho en voz alta que le gustaba o que lo quería. Los cuidados que estaba teniendo Roy con él lo decían todo. Estaba claro que así era.

El militar sonrió ante el gesto y con la mano que tenía libre, tomó la goma que sujetaba el cabello del rubio y la quitó, dejando su cabello suelto, como a él le gustaba. Depositando un nuevo beso en sus labios, esta vez uno un poco más intenso que los anteriores, movió sus dedos de modo tal de llegar a aquel delicioso punto y estimularlo un poco.

- ¿Te gusta?... - preguntó, nuevamente conociendo la respuesta.

- Ah!... – no pudo evitar temblar ante ese simple toque – H-Hai…

- Mh… bueno, ahora sí… - con cuidado, retiró los dedos de su interior y tomó una de las almohadas de la cama. Agarró a Ed por la cintura y lo levantó un poco, colocándola debajo de sus caderas, elevándolas así un poco.

Sin más, se acomodó entre sus piernas y posicionó su miembro en el lugar exacto. Miró al Fullmetal a los ojos un segundo y esbozó una pequeña sonrisa, al tiempo que empujaba su pelvis contra su cuerpo, entrando despacio en él.

Irremediablemente, sus facciones se tensaron por un momento. Con un brazo aferrado a la espalda del moreno y su otra mano enlazada entre mechones azabache en su nuca, entrecerró los ojos y esperó. Pronto, sintió como una exquisita desesperación comenzaba a extenderse por su cuerpo y no se molestó en intentar esconderla.

Al notar que Edward comenzaba a disfrutarlo, comenzó a moverse lentamente, intentando acostumbrarlo a la sensación. Claro que, después de 3 o 4 embestidas suaves, aceleró un poquito el ritmo, empezando a soltar algunos gemidos.

Y es que, encontrarse en aquel dulce y estrecho pasaje le volvía loco. Mucho más de lo que el rubio creía.

Él le rodeó entonces con sus piernas, para incrementar el efecto. El dolor que había sentido se había desvanecido, como si nunca hubiera estado allí en primer lugar, dando paso a un casi intolerable gozo y, cuando sintió que ese punto especial era alcanzado otra vez, casi gritó.

Dejándose llevar por las sensaciones, recorrió con una de sus manos el cuerpo de Roy hasta llegar a esa zona que había notado le entusiasmaba demasiado y la apretó.

Al hacerlo, el Flame Alchemist gimió con ganas, acelerando un poco más el ritmo. Rozó los labios de Ed y tras delinearlos con la punta de su lengua, se deslizó hasta su oído.

- Ah… puedes decir… ah!... p-puedes decir… mi nombre?... - una de sus manos libres se dirigió a su sexo, comenzando a acariciarlo.

- Ah!... – oprimió más insistentemente sus nalgas, revolviéndole el cabello con su otra mano – Roy, ah… Roy!... más…

El mencionado obedeció las súplicas de su compañero y sus embestidas comenzaron a profundizarse más, arrancando varios gritos de placer de la garganta de ambos. A su vez, las caricias en el miembro de Ed se hacían cada vez mas intensas, comenzando a apretujar como antes.

Atrapando los labios del otro con los suyos, el rubio le besó de manera desesperada. El aire no duró mucho sin embargo, lo que le obligó a separarse, vociferando el nombre que el General deseaba oír. Sentía que enloquecía, era demasiado.

Roy aumentó por última vez sus movimientos, llegando así al límite. De pronto, y sin previo aviso más que un corto beso en los labios, profirió un grito, al tiempo que aquella seductora sensación recorría su espina y llenaba el interior del Fullmetal de una cálida sustancia, producto de un delicioso orgasmo.

Edward le alcanzó poco después, pronunciando su nombre profundamente mientras tiraba la cabeza hacia atrás. La misma sustancia salpicó entonces el espacio entre ambos y consiguió que dejara de asirse al otro, relajando inevitablemente sus músculos.

Tomó bocanadas de aire, intentando recuperar el aliento, todavía un tanto abrumado por todo lo que había sucedido.

Su compañero se retiró de encima, acostándose a un lado de la cama y rodeándole con un brazo. Acercó sus labios a su oído y, respirando tan entrecortadamente como él, susurró quedamente.

- E-Ed… ai shitteru… - buscó sus labios y depositó un pequeño beso sobre ellos, antes de caer rendido sobre la cama, con los ojos cerrados.

Tras oírlo, necesitó de unos cuantos segundos para creer que de verdad lo había dicho. ¡Había dicho que lo amaba! Sonrió sin poder evitarlo, cerrando los ojos.

Pasó uno de sus brazos alrededor del torso del moreno, acomodándose, y apoyó la cabeza en su pecho. Sabía que no era posible estar más cómodo que eso.

- Watashi mo ai shitteru, Roy… - susurró, no muy seguro de que el aludido siguiese despierto. Se encargaría de repetirlo luego en todo caso, así que no había problema. Lo haría, cuantas veces fuera necesario.

"Mh... sí, de nuevo este sueño…", pensó Ed, un rato más tarde, al sentir sobre su cuello los labios y la lengua de Roy. Abrió los ojos entonces, para poder contemplar al cuerpo extendido al lado del suyo, durmiendo.

Momento.

No, no dormía.

- Al fin te despiertas… - murmuró el moreno aún besándole en aquel lugar.

- … ¿Estoy soñando de nuevo? – preguntó adormilado, rodeándolo con un brazo mientras se dejaba hacer.

- No sé… tú sabrás - se colocó encima de él empezando a acariciar su cuerpo lentamente, al tiempo que la intensidad de sus besos se hacía mayor.

La sensación de unos finos dientes clavándose en la piel de su cuello le respondió a su pregunta. Claro, además de aquellas manos que se encargaban de tocarlo allí, en ese lugar que más reclamaba atención en aquel momento.

- ¿Estás cansado?... - la lengua del Flame Alchemist recorrió su yugular mientras ascendía hasta sus labios.

Por toda respuesta, Ed aprovechó que su boca estaba al alcance de la propia y comenzó a besarle, mientras una de sus manos tocaba suavemente la cola del moreno y la otra, en su espalda, se encargaba de acercarlo más a él.

Oh, sí… estaba aprendiendo a hablar sin palabras. Entre otras cosas, claro está.

Y, al parecer, sus lecciones iban a continuar por lo que restaba de esa noche.

Continúa…

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Esperamos lo hayan disfrutado tanto como nosotras escribiéndolo xD de ahora en adelante, pueden leer las respuestas a sus reviews en fics. recomendamos que guarden esta dirección en sus Favoritos. ¡Muchas gracias!

Ps: Al ser un capítulo del doble de largo (18 páginas contra 7), nos quedamos CASI sin fic para publicar, así que tengan paciencia para la próxima actualización :3 arigatô

Update / 17.01: Divinos fans (xDDD) como ya varios dijeron que no entendían a qué nos referíamos con lo de la dirección esa mencionada arriba, hemos decidido incluir una breve explicación al asunto. Como sabrán, nosotras veníamos poniendo las respuestas de los reviews en los mismos capítulos. Pues bien, nos hemos enterado que en no se puede hacer eso y que te banean por ello, pues desean que usemos la herramienta esa de "reply" que te dan la opción de responderlos en modo privado. Lamentablemente, esa opción solo la tienen los usuarios registrados y, como bien sabemos, hay muchos que no lo están pero que nos dejan sus reviews religiosamente en todos los capis. Como nosotras realmente nos divertimos al responderlos (y además, adoramos que todos nos dejen review), sigan haciéndolo, por favor :3 solo que las respuestas a sus reviews las encontrarán en aquella dirección en vez de aquí mismo en los capítulos. Eso es todo nos vemos