Aun si le habían dado un diagnóstico favorable anteriormente, Musa estuvo algún tiempo en cuidados intensivos. El tratamiento para poder pasar a piso fue duro y doloroso, pero al cabo de unas semanas, ya estaba apta para poder salir de terapia intensiva, sin embargo, las visitas aun eran limitadas.

Sus amigos estaban pendientes de sus avances. Se sentían aliviados de que día tras día iba recuperando fuerzas y pronto la volverían a ver, ahora viviendo fuera de la pesadilla.

-Musa, tienes visita...-

-Gracias, Gladys- le dijo a su enfermera personal. Varias veces la habían visitado todos los del grupo, a excepción de Riven, así que esperaba ver a Flora o a Nabu, quizá Sky o Brandon, pero jamás a Riven.

Ahí estaba ella. Había perdido peso, su cabello había crecido considerablemente, su cara había recuperado su belleza original, pero aun habían huellas de violencia que resaltaban en sus brazos y rostro, principalmente en sus ojos que reflejaban tristeza.

Él dio un paso lento, suave, como no queriendo avanzar pero aun así haciendolo. Suspiró y se armó de valor para afrontar la fría realidad de aquella persona a la que tanto había amado. La culpa le decía que retrocediera, pero su necesidad y sed de ella le decía que no se detuviera. Se acercó al borde de la cama , ella no había notado quien era, pues contemplaba la ciudad con mirada perdida. Tembloroso, Riven rozó su mano y en ese preciso momento, Musa entendió de quien se trataba, porque nadie en el mundo la había tocado con tanta delicadeza como él.

No quiso voltear y todo su cuerpo se paralizó. Irónicamente para ella, fue como entrar en una pesadilla porque era como si el pasado le hubiera hecho una visita; como si aquel roce hubiera traído todos los recuerdos, buenos y malos, de un pasado que trataba de olvidar.

Él tampoco dijo nada. Tocar su piel le produjo la extraña sensasión de revivir los únicos momentos felices que tuvo en su vida y a la vez, incrementar la culpa por haber dejado que su orgullo casi la matara.

Los labios de Musa se separaron con trabajos, intento decir algo, pero no pudo y en su lugar, una lágrima comenzó a correr por su mejilla. Riven lo notó aunque ella estaba voletada; bajó la mirada y apartó su mano. Sabía que su presencia le hacía daño, quizá tanto como el que le hizo Jason.

-Perdóname...por favor – susurró y salió de la habitación.

Musa dejó que las lágrimas corrieran por su rostro, no volteó. Al oír que la puerta de su habitación se cerró, ella murmuró: "Perdóname tú a mi..."