N/A: Buenas, ¿Como les va? Espero que todo excelente. Por sugerencia (amenaza) de algunas personillas, he venido con capitulo nuevo. Hablando enserio, para las actualizaciones anteriores me demoré más de un mes. Les había mencionado que tenía planes de retomar la rutina de una o dos veces por semana. Hasta ahora, parece ser que lo estoy consiguiendo.
Quiero agradecerles por todo el apoyo, los comentarios y las cosas bellas que me dicen. Me fascina leer sus opiniones respecto de los personajes y de la trama. Intentó producir la mejor historia que consigo y eso ayuda. Así que con este capitulo es lo mismo, les pido que si tienen un ratito vuelvan a dejarme su opinión. De lo que sea que deseen opinar.
Una ultima cosilla, este cap va a tener una especie de nota personal al final. Está relacionada con el contenido del capitulo y si tienen un ratito espero que la lean. Ahora si, les dejo un beso enorme y otra vez más muchas gracias.
DEL OTRO LADO DEL PASILLO
CAPITULO 9
PASTA HECHA POR MAMÁ
Hermione había aceptado desde pequeña que estaba más enamorada del amor, que del romance. La ficticia noción de amor se había impregnado en ella, mucho antes de saber que estaba comprando una mentira. No se sentía especial en ser una victima, los que debían sentirse especiales, eran aquellos que habían logrado declinar la oferta. El amor en esencia es el combustible del mundo, lo que nos levanta de mañana y nos permite soñar, aun cuando el cielo está tan oscuro que ni dentro de nuestra propia mente podemos ver. Pero el amor, aquel que nace entre dos personas y si tienen suerte se extiende a lo largo de una vida, es menos bello. Es una lucha y te quita mucho más de lo que te da. Te pisotea, te extiende una mano, te levanta y te vuelve a derribar. Tal vez, pensó Hermione, es por la lucha por lo que vivimos. Lo que nos hace saber que aun somos humanos y que todo es pasajero.
Sus manos sostenían el pergamino, que había arribado menos de una hora antes, con tanta fuerza que las arrugas se estaban convirtiendo en roturas. La tinta seca le había hecho saber que quien era su amor prefería a algo más que a ella. No sabía si eso la hacía sentir mejor, que la cambiaran por algo en vez de por alguien. Porque Oliver Wood había elegido el quidditch antes de elegir lo que tenían.
Meros días atrás se había acercado a su departamento Blaise Zabini. La piel morena, los dientes de cristal y la obscena cantidad de oro lo seguían volviendo una de las personas más intrigantes que ella conocía. Con cierta incomodidad lo había hecho pasar luego de que él le informara que había ido a visitar a Draco y que por eso andaba por ahí. Traía con él un sobre para el siguiente evento de gala que estaba organizando y la estaba invitando a ella para que fuera con quien quisiera. Al decir eso, le había explicado, se refería a cualquier persona, incluso aquella que pudiera ser que tuviera que entrenar en vez de llenarse de alcohol y canapés.
Con la alegría propia de una niña que consigue que le cumplan el capricho, Hermione invitó a Oliver. El le respondió que no tenía tiempo para galas y que la vería en el primer partido de la temporada. Hermione se rehusaba a asistir.
"¿Qué pasa?" preguntó la voz preocupada de Susan que estaba subiendo a la cama donde Hermione yacía acostada. Su puño estaba cerrado con fuerza al rededor de la respuesta de Oliver y sus mejillas brillaban por la humedad de las lagrimas ya derramadas.
"No lo sé" confesó ella volteando hasta acomodar su cabeza sobre el regazo de su amiga. Los dedos de Susan se inmiscuyeron entre su pelo en un gesto cariñoso y a Hermione le vino a la mente el rostro de su madre "¿Por qué no puedo evitar sentirme así, Sussie? La tristeza no se va. Nunca se va" le hubiera gustado decir que era por Oliver. Pero ese comentario iba mucho más profundo.
"Si quieres te puedo acompañar yo a la gala" si tan sólo ese fuera el problema…
"La mayoría de los días me quiero morir" las palabras salieron en un susurro y Hermione terminó de llorar de pronto, al sentir su propia voz confesar esas palabras. Las sabía hacía mucho tiempo, pero nunca las había dejado salir a la luz.
Esperaba que Susan le dijera algo, pero no la escuchó decir nada. Lo que si sintió, fue su reacción. Varias gotas húmedas comenzaron a chocar contra su cabello y no tuvo que levantar la vista para saber que su amiga estaba llorando. No sólo tenía su vida arruinada, sino que parecía arruinar la de aquellos que la rodeaban también.
"Perdón, Sussie. No te quise hacer llorar" se disculpó Hermione, mientras se movía de una posición acostada, hasta quedar sentada sobre la cama. El cabello rubio frutilla de su amiga estaba desaliñado, mientras sus mejillas usualmente coloradas, destellaban de color carmín furioso. Lo que la quebró por dentro, fue ver el dolor en los ojos cielo.
"Te tengo que pedir perdón yo a ti, Hermione" escuchó decir a su amiga con seriedad. Las manos de esta se elevaron hasta que sus dedos le comenzaron a secar el marcado camino de angustia que había rodado por sus mejillas hasta caer al alcanzar el mentón "no he estado para ti y ahora siento que no puedo ayudarte" la confesión no tenía sentido para Hermione. La ausencia de Susan no había intensificado nada. Ella había comenzado a caer por el agujero del conejo mucho tiempo atrás y ella sola iba a tener que encontrar la manera de disminuir la velocidad o iba a acabar aplastada contra el piso.
"Me voy a poner bien, ya vas a ver" intentó animarla distendiendo el tono y produciendo una pequeña sonrisa "Creeme, Sussie. Lo haré" los ojos de su amiga le informaban a gritos que no creían que eso fuera a ocurrir.
"No me contaste que Draco Malfoy vive cruzando el pasillo" el cambió de tópico la confundió levemente. Parecía ser que para Susan, ambas cosas, estaban vinculadas. Hermione sólo asintió. "Me contó Blaise Zabini. Mencionó algo de que pasan tiempo juntos y que se han vuelto cercanos" esta vez no asintió, todo lo contrario.
"No somos cercanos" debía admitir que por momentos se preguntaba cuanta cercanía tenían. Había compartido más con él, en los últimos meses, de lo que lo había hecho con cualquier otra persona. Pero no, no era cercana con Draco Malfoy.
"Se cuentan cosas y se escuchan" ninguna de esas dos descripciones de su relación era una pregunta y no tuvo que indagar para saber que sin duda era más información compartida por Zabini.
"Si" susurró Hermione. Susan no dijo nada más antes de darle un beso en la frente y bajarse de la cama. Mencionó algo de una cuestión urgente a la que tenía que atender. En el fondo Hermione deseaba que se quedara, pero por fuera esbozó una sonrisa asegurándole que entendía y que no debía darle explicaciones.
Luego de esa conversación, Hermione, se había levantado de la cama. Había ido hasta su estudio, con la vista borrosa y la garganta seca. Por un instante había contemplado prepararse algo de comer, pero a último minuto decidió que no tenía hambre, que lo único que quería escribir. Poner su vida en palabras la calmaba y la ayudaba a procesar todo lo que estaba sintiendo, por más que no parecía ser suficiente.
Habían pasado cerca de treinta horas y Hermione seguía sentada frente a la maquina de escribir. Sin comer y sin dormir. No se sentía cansada, ni sedienta y no tenía el más mínimo apetito. Los dedos estaban igual de vitales que cuando se había ubicado allí y golpeaban las teclas de la maquina de escribir, como si fuera una mecanógrafa consagrada. A su lado las hojas se apilaban las unas sobre las otras, cada una conteniendo un pedazo más de su vida y poquito más de su verdad.
El tiempo podría haber seguido avanzando y ella no se hubiera movido de ese lugar. Al menos hasta que su propio cuerpo hubiera comenzado a apagarse por cuenta propia. Lo que la obligó a levantarse y volver a moverse, fue los suaves golpes en la puerta. No estaba segura quien sería, pero apostaba que debía ser Susan, volviendo a ver si se encontraba mejor. Draco Malfoy no era, porque él golpeaba de manera diferente. Más fuerte y con más confianza.
El redondeado rostro con marcadas arrugas de expresión que quedó al descubierto, no era una de las posibilidades que se le había ocurrido. Cabello rojizo, sonrisa cálida y ojos caídos, parada del otro lado del umbral estaba su madre. En el rostro de Hermione se expandió la más amplias de las sonrisas, dejando a la vista una alineada sucesión de dientes blancos. Era la primera vez que iba a visitarla allí, en vez de ser ella la que iba a lo de sus padres. Debía decir que si algo le iba a interrumpir su sesión de escritura, agradecía que fuera una visita de su madre.
"¡Hola, Ma!" exclamó Hermione tomándola en un abrazo. Enseguida sintió que se lo devolvía y eso la hizo sonreír un poco más "No sabía que estabas por venir, me hubiera arreglado" llevaba puesto el pijama y su cabello estaba pegado a su cabeza y rostro por la falta de lavado en los últimos días.
"Quería pasar a verte" habló su madre con suavidad.
"Por supuesto, eres bienvenida cuando lo desees" le aseguró Hermione con entusiasmo "¿Y papá?" no fue hasta ese entonces, que cayó en la conclusión de que era día de semana. Y que ese era horario de consultorio para su madre. Una instantánea sensación de preocupación la invadió "¿Está todo bien?"
"Papá está trabajando y está bien, así que no te preocupes" un suspiro le abandonó con tanta vehemencia que terminó tosiendo un par de veces "¿Comiste algo, Hermione?" ella negó enseguida. No iba a contarle a su madre, que hacía más de un día que estaba levantada y sin comer nada. Hubiera puesto el grito en el cielo y con razón, pero ella no tenía tiempo para lidiar con reproches. Aun cuando eran justificados. "¿Por qué no vas a darte una ducha, mientras te preparo algo para comer?" Era una pregunta, pero conocía hacía mucho tiempo a su madre para saber que no invitaba a declinarle la sugerencia, así que a cambio asintió antes de disponerse a meterse al baño. Escuchó como se cerraba la puerta de entrada y luego los movimientos en la cocina.
La ducha fue tan relajante como caminar sobre clavos. Aun con el agua caliente recorriéndole el cuerpo y el vapor ayudándole a la respiración, su cuerpo temblaba como una hoja seca en otoño al caerse del árbol. Se sentía liviana y a la deriva, mientras cada nervio en su interior le pedía a gritos que corriera lo más lejos de allí. Su razón era la que acababa mandando y esta le decía que no tenía más alternativa que enfrentar lo que fuera que estuviera ocurriendo.
A penas se puso champú y si le pedían que confirme si se había aplicado acondicionador, no hubiera podido precisarlo. Su cabello siempre había sido un caos, la definición de indomable, por lo que la única manera que podía aplacarlo era usando sus dedos. Los movió entre las hebras castañas con rapidez y poca predisposición. Sólo quería que se desenredara lo más posible, para que el volumen se mantuviera al mínimo. Su cuerpo estuvo a punto de ser cubierto por el pijama nuevamente, pero sabía que iba a levantar quejas de su madre, así que optó por un jean y una remera manga larga. No fue una sorpresa ver que el pantalón que una vez le había marcado a la perfección las curvas de sus piernas y su trasero, ahora le quedaba amplio y sin forma. Tenía que comenzar a recordar la hora del almuerzo y la cena, de lo contrario iba a tener que invertir en un ropero entero nuevo.
Los ojos de su madre se elevaron de la cacerola en la cual estaba revolviendo algo, al verla entrar en la cocina. El lugar olía de maravilla y Hermione sintió a su estomago rugir en un gesto de protesta. No era que no tuviera apetito últimamente, es que no encontraba la motivación de hacerse de comer. O siquiera de levantarse a buscar algo como una fruta o una barra de cereal.
"Huele delicioso" comentó Hermione mientras se sentaba en una de las altas banquetas que daban a la isla. Su madre le sonrió antes de proseguir a servirle un plato de pasta con una buena cantidad de queso rayado. Esperaba que se ubicara a su lado y así pudieran conversar de cualquier cosa, pero su madre se dejó caer contra la mesada de mármol mientras su mente parecía estar lidiando con lo que fuera que allí estuviera ocurriendo.
"Amor, tenemos que conversar un ratito" el tono era dulce y cálido. La sonrisa en el rostro de su madre, sin embargo, era tan melancólica que le estaba advirtiendo que no iba a ser una conversación placentera.
"¿Ocurre algo?" el asentimiento que respondió a ese interrogante fue tan vehemente que Hermione se encontró empujando la comida lejos de ella. El nudo en su garganta le había prohibido seguir tragando.
"No estás bien, mi amor" ya lo sabía a eso. ¿Por qué se lo seguía repitiendo todo el mundo? "tenemos que hacer algo y yo ya busqué ayuda" ¿Qué quería decir con eso?
"No entiendo" susurró Hermione, sintiendo el terror recorrerla de pies a cabeza.
"Hija, tanto tu padre como yo estamos inclinados a creer que puedes estar enferma" ¿Ella? ¿Enferma? No. Estaban equivocados. Ella estaba perfectamente bien.
"¡Estoy bien. Mamá!" exclamó con indignación "¡Estoy bien! No entiendo… ¿Por qué me están haciendo esto?" cada palabra estaba cargada en iguales cantidades de reproche y de miedo.
"Físicamente probablemente estés bien, Hermione" coincidió su madre "pero mentalmente no" el llanto que nació de la garganta de Hermione al escuchar esas palabras, fue tan desgarrador que hasta su mamá tuvo que apartar la vista. Podía ver la lucha por no quebrarse ella también. Era una madre intentando ayudar a su bebé "Mi amor, tienes muchos de los síntomas que presenta la depresión clínica y necesito que vengas conmigo al doctor. Necesito ver que te den la ayuda que necesitás así te pones bien de vuelta" el llanto de Hermione se seguía volviendo más y más desesperado con cada segundo que transcurría. No podía ser que estuviera viviendo eso. No podía ser lo que estaba escuchando.
"No quiero" las palabras se asemejaban demasiado a aquellas que solía decir cuando era pequeña y tenían que pincharla con una vacuna o sacarle sangre. Si tan sólo ahora pudiera resolverlo con una vacuna pondría el brazo totalmente predispuesto y hasta lo haría con una sonrisa. "No quiero" por primera vez su madre cerró la distancia para tomarla entre sus brazos con la típica calidez de familia. Le estaba diciendo que no estaba sola.
"Es para tu bien" le susurró al oído "¿No quieres ponerte bien? Así podrás disfrutar de la vida, Hermione"
"Tengo miedo" su madre no lo dijo, pero ella estaba segura que quería acotar que su situación era idéntica.
"No vamos a hacer nada apresurado" intentó calmarla, mientras se separaba para verla directamente a los ojos. Ambas manos le sostenían el rostro con la firmeza propia de la fuerza inquebrantable. "Le cuentas al doctor tu situación, que te está pasando y como te sientes y de acuerdo a lo que nos dice, vemos como proseguimos. Paso a paso" asintió por amor a terminar esa conversación, pero lejos estaba de estar satisfecha. Quería destruir el mundo frente a sus ojos, mientras otra parte de ella quería hacerse un bollo y llorar hasta que no tuviera más lágrimas para derramar. Quería coincidir con su madre y sentir que era la situación adecuada, pero a la vez prefería correr y saltar del mismísimo balcón de su edificio antes que ver a un médico. No lo iba a hacer. No era tan Gryffindor. No era tan valiente como para terminarlo todo.
"¿Fue Susan?" la pregunta la sorprendió hasta ella misma. Pero la revelación quedó perfectamente clara una vez que se escuchó decirla. Sus padres no habían actuado por parte propia. Alguien les había contado como estaba ella. Extrañamente la respuesta fue negativa. "Alguien habló contigo y con papá" que supiera que era una afirmación.
"No tiene importancia, Hermione" en eso se equivocaba "es gente que se preocupa por ti y quiere verte bien" que la disculparan, pero iba a tener que disentir. Lo que le estaban haciendo era de completo odio. Le estaban arruinando la vida.
"Exacto" nunca había podido mentirle a sus padres, no de manera tan descarada. Momentos desesperados, demandan medidas desesperadas. Ella estaba desesperada y si una mentira era lo que necesitaba, de una mentira haría uso "quiero agradecerle" los ojos de su madre la miraron fijamente por un momento antes de suspirar y asentir.
"Fue tu vecino, Hermione" ¿Malfoy? Que tonta que había sido, por supuesto que tenía que ser él. Todo ese tiempo haciéndose el bueno y probablemente lo único que había estado haciendo era planear como destruirle la vida. Tenía que felicitarlo, porque lo estaba consiguiendo "Susan habló con él y él decidió venir a hablar conmigo y con tu padre" ella sólo asintió. "¿Por qué no vienes a casa conmigo? Puedes quedarte estos días con nosotros hasta que tengamos el turno" terror. Su madre estaba aterrada de pensar en dejarla sola.
"No, prefiero quedarme aquí" no iba a hacer nada. No se iba a dañar. Que no se asustara por ello "prometo hablarte todos los días" su madre asintió con lentitud.
"¿Quieres que me quede un rato más?" Hermione negó inmediatamente.
"Prefiero descansar"
"Lo estamos haciendo por tu bien, mi amor" ella lo sabía. De sus padres lo sabía. Del gusano que vivía cruzando el pasillo, en cambio, no lo sabía.
"Lo sé, ma"
A regañadientes, así se retiro su madre. El silencio que siguió a su partida, la dejó levemente atontada. Lo único que podía sentir con completa claridad, era su respiración, que salía en jadeos de un cansancio que era mucho más emocional de lo que podía ser físico. Sus ideas se golpeaban las unas con las otras, violentamente luchando por tomar control de sus acciones. Era enfervorizada la batalla entre irse a la cama y cruzar el corto pasillo a hacerle quien sabe que cosa a Draco Malfoy.
Nunca en su vida había sentido una tan palpable sensación de odio. Todo en su interior ardía con desprecio y bronca. Era una ira que le retorcía la panza y le daba un gusto amargo a su boca. Le hacía flexionar los puños con más fuerza de la que sabía que tenía, mientras los parpados aleteaban desesperadamente, en una fútil misión de disipar las lagrimas que le cubrían los ojos. Hermione estaba perdida y fue tal vez por eso que estaba entrando al departamento de Malfoy, sin siquiera haberse dado cuenta que se había dirigido allí.
La puerta resonó con un estruendo al chocar contra la pared, a la par que los pies descalzos de ella a penas si se sentían al tocar el piso de parqué. Logró entrar a la cocina antes de que él pudiera caer en cuenta de que estaba ocurriendo y con varita en mano, hechizo tras hechizo comenzó a rebotar contra todo lo que se cruzaba en el camino. La habitación se lleno de polvo y tierra. La piel de ella fue quedando marcada poco a poco, con los pedazos de mármol y madera que chocaban con violencia. El ambiente entero parecía una escena sacada de la guerra y las lágrimas en los ojos de Hermione encontraron su camino por sus mejillas con tanta libertad, que se tropezaban entre sí para caer.
"¡Expelliarmus!" un simple hechizo de desarme fue lo que acabó con el despliegue iracundo de Hermione. Su varita voló de su mano hasta caer en el suelo. Había tantos escombros sobre éste que era imposible visualizar donde, exactamente, era que había quedado.
"¿Ese fue tu plan todo éste tiempo, verdad?" la pregunta destilaba angustia y Hermione estaba segura que iba a perder el equilibrio y quedar desparramada en el suelo antes de poder gritarle en la cara todo lo que deseaba.
El rostro de Malfoy estaba plagado de confusión y ella sintió asco de ver que aun con toda su cocina destrozada y la ropa cubierta de polvo, lucía tan entero como un roble de cien años. ¿Cómo lo hacía? Toda la mierda que había enfrentado en su vida y Draco Malfoy parecía impoluto. Listo para enfrentar la vida con tanta altanería que uno pensaría que era el niño que había salvado al mundo mágico y había conseguido la muchacha de su sueños. El era tan patético como ella, pero sólo ella lo demostraba.
"Ya salió todo a la luz, ten la decencia de aceptarlo" pidió Hermione entre sollozos "querías destruirme la vida y lo estás consiguiendo" quería frenar, le daba asco la idea de que él tuviera el placer de verla tan destruida, pero no podía. No hubiera podido ni aunque su vida dependiera de ello.
"Eres más inteligente que esto, Granger" ¿Cómo se atrevía a sonar así? Tan… distendido. La voz casual y hasta molesto. El la estaba acabando como persona y tenía el coraje de ser el irritado. Hermione abrió la boca para contestarle, pero un agudo sonido de congoja se coló entre sus labios, deteniéndola. "Te dije varias veces que fueras honesta contigo misma. Te dije que te hicieras cargo de tu situación y la solucionaras. A cambio lo único que estás haciendo es autodestruirte todos los días un poco más. Tus padres merecen más que ver a su hija derrotada"
"¿Cómo?" pidió. "Explícame como fue que llegaste a la conclusión de que era una decisión tuya para tomar" las largas piernas de Malfoy comenzaron a avanzar en dirección a la sala. Parecía ser que la manera en la que había acabado luciendo su cocina, no lo satisfacía. O tal vez era la sensación. El desastre se sentía demasiado como la guerra y ese era un sentimiento que cualquiera de los dos evitaría a toda costa.
"Es entre tú y tus padres, Granger" sentenció él.
"¿Por qué, Malfoy?" volvió a preguntar Hermione con la voz un tanto borde "¿Por qué me estás arruinando la vida así?" otra vez esa descripción de su situación. Parecía imposible verlo de otra manera. Su vida estaba siendo destruida. Esa era la verdad.
"¿Qué te da tanto miedo?" preguntó él destilando bronca mientras avanzaba hasta quedar parado delante de ella. En un instante se sintió como si fuera su superior y le estaba dando un regaño. En otro se sintió como si fuera su padre, reprochándole desde el bien. Y por último se sintió como un enemigo que ella pensó que había quedado atrás. "¿Qué te digan que tienes depresión, Granger? ¿Te da miedo que te digan en la cara que estás enferma o lo que estar enferma trae consigo?" ¿Por qué la torturaba así "¿Es el miedo al tabú? ¿A qué la gran heroína de guerra no sea tan perfecta como todo el mundo lo cree?"
"¡No!" exclamó Hermione horrorizada, mientras levantaba ambos brazos para empujarlo lejos de ella. Que no se acercara. No podía aguantar su aroma, ni los rasgos de su rostro. No podía tolerar su presencia dominante y la confianza que destilaba. No podía aguantarlo a él. "Me van a quitarme a mi. Me van a drogar y me van a apagar la mente y me van a encerrar en mi propia cabeza" ese era su miedo. Ese era su completo y absoluto pánico "voy a dejar de ser yo, Malfoy"
"Tus padres no van a permitir eso" que dijera todo lo que quisiera. Ella no estaba escuchando.
"Toda mi vida la pasé dentro de libros. Alimentándome de conocimiento. Soy inteligente, soy astuta, soy curiosa y soy altamente testaruda. Tengo poca paciencia y lucho enfervorizadamente por lo que creo. Soy valiente, fuerte y te juro que me animo a hacerle frente al mundo si hace falta" esperaba escucharlo burlarse de varias de esas características que había usado para describirse, pero él sólo la estaba mirando fijamente a los ojos "¿Qué va a quedar de mi ahora?"
"No lo sé" había una incertidumbre tan clara en esas tres palabras que el llanto que aun esperaba detenerse, en cambio, se intensificó más.
"¿Por qué no podías mantener la boca callada?" había tanto reproche en esa pregunta "¿Por qué no me dejaste seguir siendo una versión triste de mi, pero yo al fin?"
"Esto no es una versión triste de ti, Granger" intentó razonar él. "Esto no es tristeza. Esto es otra cosa."
Las palabras fueron un portal a uno de esos recuerdos que quedan tan impregnados al fondo de nuestra mente que raramente vuelven a salir a la luz. Ella había tenido trece años cuando su prima Céline se había quedado a pasar una semana en la casa de sus padres. Hermione había estado visitando de Hogwarts y la idea de tener a una chica más grande a la cual pedirle consejos tanto de belleza como de moda, la había entusiasmado de sobremanera.
Lo primero que Hermione había notado al ver a Céline había sido cuan delgada estaba respecto a como ella la recordaba y lo segundo había sido el color de su piel. Era el color de una gota de cera de vela al secarse. Pálido y blancuzco. En los siguientes siete días, su madre había discutido con su prima en varias ocasiones. Hablaban mucho de las comidas y del tiempo que Céline pasaba en el baño luego de éstas. Las palabras de su prima habían sido que estaba descompuesta y la madre de Hermione le había contestado que era otra cosa.
No fue hasta que Hermione había crecido que había descubierto que era cierto, su prima era bulímica y que aun después de tanto tiempo seguía bajo tratamiento. Draco Malfoy le estaba diciendo que lo de ella no era tristeza, que era otra cosa. Ella no tenía ganas de que pasara una década y siguiera bajo tratamiento, luchando por conseguir un vestigio de normalidad. Eso era lo que ellos no entendían. Podía vivir con la angustia, la tristeza y el desgano. No podía vivir con la inestabilidad que ser una paciente psiquiátrica traía consigo. Que demonios, tal vez él tenía razón, tal vez la aterrorizaba el tabú. Magos y muggles, los locos son locos en todos lados y nadie los toma enserio.
"Daría la vida por volver el tiempo atrás" acabó susurrando "volver el tiempo atrás y morir en esa estúpida guerra" eran palabras fuertes, el decirle estúpida a una guerra en la que su libertad había estado en jaque. Tal vez era la sensibilidad del momento, o tal vez, estaba genuinamente más allá del bien y el mal.
No tenía nada más para decirle a él. Ya había ido a buscar respuestas que no había conseguido y a hacer cosas que ni sabía que quería hacer. Había ido con ira y bronca y había acabado más destrozada y rendida. Quería aceptar que él no había hablado con sus padres para vengarse por lo que fuera que pudiera seguir odiándola, pero ya no importaba. Se venían tiempos difíciles y ella estaba intentando encontrar fuerzas para seguir adelante. Luego de suspirar varias veces y con el llanto a flor de piel, pasó por al lado de Draco Malfoy y en dirección a su departamento.
La soledad en su hogar, la recibió de manera cruel. El vacío volvía los pensamientos demasiado ruidosos y en ese instante, el interior de su mente, era un lugar más hostil que el infierno. Cada idea negativa, cada pensamiento desgarrador, todo estaba gritando al tope de voz. Hermione levantó ambas manos hasta taparse los oídos, como si todo viniera de afuera, en vez de adentro. Lo único que acallaba todo era sentir sus propios sollozos naciendo de ella con una constancia estremecedora.
Sus piernas avanzaron a toda velocidad hasta el dormitorio. La cama seguía desarmada y no recordaba la última vez que no había lucido así. Había ropa en el piso y el estado en general de su departamento, era el de una persona demasiado descuidada. Los pequeños detalles estaban encajando como piezas de un rompecabezas que ni siquiera sabía que estaba desarmado. Cuando su cuerpo consiguió acomodarse sobre el colchón, sus rodillas estaban chocando contra su pecho y sus brazos mantenían sus piernas tan pegadas contra su cuerpo, que no creía alguna vez podes desatarse.
La puerta abriéndose, esta vez, fue la de su propio departamento. Tenía que ser él. No había nadie más que entrara así como así y cuando segundos después lo vio parado en el umbral de su dormitorio, ni siquiera se sorprendió. Su cabello estaba desaliñado, mientras sus manos se pasaban por este con una fijación enfermiza. Su rostro estaba inundado por la más clara expresión de preocupación, mientras que la camisa blanca que hasta hacía instantes había estado impecable, ahora tenía un botón más desprendido y caía fuera del pantalón, como si fuera un adolescente con poco sentido de la estética personal.
"Maldita seas, Granger" ¿Venía a seguir insultándola? "No puedes estar en este estado y salir de mi departamento como si nada" aun en ese estado, podía hacer lo que se le antojara "A veces eres tan nefasta que no se que clase de idiotez puedes hacer" ¿Cómo lo hacía? Un par de palabras y estaba llorando con tanta fuerza que sentía que la cabeza le iba a estallar. Quería pedirle a gritos que la dejara en paz. "¡Maldita sea!" gritó con más frustración que ira. Las eternas piernas cubiertas en un fino pantalón azul de vestir se desplazaron por su dormitorio hasta acomodarse del otro lado de su cama.
Hermione no conocía a Draco Malfoy. No eran cercanos y mucho menos amigos. Habían vivido eternamente distanciados por ideales y circunstancias. Ese momento, con él sentado en su cama, podía tener un objetivo específico. Hermione no lo hubiera podido precisar ni aunque su existencia dependiera de ello. La verdad era que tampoco le importaba, porque cuando su cuerpo volteó hasta quedar agarrado al de él con la fuerza de alguien que se aferra a un salvavidas para no hundirse, parte de la angustia se sintió más contenida. Y cuando los brazos de él la rodearon con tanta vehemencia que parecía ser que si la soltaba se desarmaría en un millón de pequeños pedazos, el llanto cesó por primera vez.
"No me sueltes, por favor" la plegaria fue acompañada del correspondiente tono desesperado. Porque Hermione Granger estaba desesperada.
"Yo no te quise arruinar la vida" lo sabía. "No te quiero arruinar la vida" ella sólo asintió en un gesto de entendimiento. El había abierto la boca, ahora que la ayudara a través del largo proceso que tenía por delante, porque si le daban a elegir no podía pensar en otra persona para que ocupe ese puesto.
N/A: Como mencioné arriba quería dejarles una nota extra en este capitulo. Lo que quiero es clarificar una cosa, el tema de una enfermedad como lo es la depresión, es serio. No lo estoy usando así nomas para hacer que surja un romance entre los personajes principales.
Yo, personalmente, no sufro de depresión. Hace no mucho y hasta la actualidad, mi vida se vio sacudida por un incidente un tanto traumático para mi y a la par que esto ocurrió empecé a mostrar síntomas propios de la depresión. Me hice los estudios correspondientes y visité a los profesionales que debía visitar, lo cuales determinaron que yo no era depresiva. Desde ya que si hago terapia y necesito mucha contención, pero no es lo mismo.
Varias personas mencionaron como les parecía irreal que Hermione Granger estuviera totalmente perdida en la vida. Eso es lo que tienen las enfermedades mentales, no importa cual sea, no toma en consideración cuan inteligente eres, o cuan buena persona o cuanto dinero puede ser que tengas. Afecta a quien afecte. Uno de los síntomas de la depresión es la falta de decisión y otro de los síntomas es la perdida de interés y capacidad de disfrute por las cosas. Lo único que quiero aclarar es que repito, el tema no es para tomarlo a la ligera y si alguien sufre de alguna enfermedad psicológica o psiquiátrica y teme que lo use como un medio para que los personajes terminen dándose muchos besos y diciendo te amo, que se distienda. Está en mis planes manejarlo con la seriedad que demanda.
Eso era todo. Les dejo un beso grande y espero que les haya gustado el capitulo.
