Aclaraciones:
Perdón por no actualizar ayer pero es lo que tiene subir dos capítulos seguidos :P Si mañana no me conecto tampoco actualizaré pero no os preocupéis que el siguiente capítulo va a ser largo ¡Lo prometo! Al menos muchomás largo que este. Sobre este capítulo y el anterior quería explicar que Sasuke se comporta de forma extraña pero que tiene sus motivos, al igual que Gaara. Se descubrirán un día de estos no os preocupéis.¡Muchas gracias por los reviews de nuevo! Por favor seguid escribiendo. Creo que me he pasado un poco con tanto diálogo... Ya me contaréis.
Capítulo 9:
El moreno acarició con gesto indiferente los símbolos grabados en el portón antes de subirse ágil la puerta. Observó en silencio lo que antaño fuese su hogar, la mansión Uchiha. Las calles silenciosas conservaban el respeto inspirado hace tiempo. El viento se colaba por las rendijas de las paredes de madera de las ruinas del clan provocando un misterioso arrullo...
-Sube –dictaminó impasible a la vez que me cedía su mano para trepar. Ambos se adentraron en la pequeña villa en miniatura que componía la elegante residencia de los Uchiha. Todavía se respiraba en el ambiente los tiempos de gloria.
-Wua…esto es enorme…
Asintió quietamente. Se le notaba tenso. Naruto trató de alcanzar su mano de nuevo, inútilmente. El Uchiha andaba en su mundo. Desenfundó su katana y se allegó a los restos de un comercio derruído, tal vez una panadería...
-No tenemos por que venir aquí...Yo tengo...
-Cállate.-ordenó con voz seca. Con la katana revolvió los escombros. Y empezó a caminar hacia el edificio principal.
Entraron en la residencia, donde vivía la rama principal. Cruzaron los sinuosos pasillos hasta llegar a las escaleras. Subieron al segundo y piso y cruzaron la primera puerta. El moreno se estremeció. La habitación constaba de dos camas una ligeramente más grande que la otra. Las dos tenían fundas con pequeños retazos de símbolos del clan. Silenciosamente se sentó en la cama más pequeña ante los ojos confusos del ojiazul.
-Esta era mi cuarto.
-Era bonito.
-Ja -rió sarcásticamente- Acércate...
El de repente tímido kitsune se allegó al alcance de la luz que entraba por la ventana. El Uchiha le escrutó para concluir:
-Has cambiado.
-Lo mismo digo.
Aunque mantenía el peinado de su juventud, sus ojos se habían endurecido y su cuerpo parecía mucho más maduro, a pesar de que mantenía ese aire frágil que le caracterizaba. Su piel más pálida de lo que se recuerda relucía bajo la luna. Se levantó y lo condujo a otra habitación. Esta tenía una cama de matrimonio con las mismas fundas. Se quedaron un segundo al umbral, inmovilizados. Naruto agarró de nuevo la mano del Uchiha:
-Mejor nos vamos…
-No…
-No estás bien.
-...No me digas lo que tengo que hacer.-la ira se reflejaba en su cara así que decidió desistir en el intento de convencerlo.
-Perdona...
-...
-¿Donde has estado todo este tiempo?
-¿No decías que ya lo sabías?
-Más o menos, me informaron un poco, pero nadie quería contarme más...
-No tiene importancia donde he estado.
-Pero...
-Esta noche...no harás más preguntas ¿de acuerdo?
Asintió poco convencido por las palabras del moreno. Mientras, en las frescas calles de Konoha paseaba con paso apresurado, cierto chico de cabellos carmesís.
-No deberías pasear a solas, y menos hoy...
-...
-Estás preocupado por Naruto ¿no?
Continuó caminando hasta que la mujer se interpuso en su camino. Se paró en seco y intentó pasar por su derecha hasta que fue detenido por ella.
-...
-Gaara...puedes confiar en mí...
-No me descontrolaré. Aunque la luna...
-No tiene nada qué ver..-interrumpió inmediatamente.
-Ya...déjame pasar, por favor.
-Prométeme que no matarás a Sasuke. -ordenó con autoridad. Su voz reflejaba su ira.
-...
-¡Promételo!
-¿Por qué te preocupa tanto?
-No me preocupa el, me preocupa Naruto.
-...
-No me obligues a utilizar la fuerza para detenerte...
-No le mataré.-suspiró con cansancio.- Naruto no sólo te importa a ti, Hokage-sama.
-...Tienes razón. No debí cuestionarte, Gaara.-empezó a caminarhacia el final de la calle.
-...
-Perdóname. -pidió antes de que llegase a la esquina.
Giró su caraantes de desaparecer dejando en el aire las palabras ya pronunciadas aquella noche:
-No hay nada que perdonar...Tsunade-sama.
