Otros dos capis para vuestro disfrute
CAPÍTULO 9
Sam se incorporo en el sitio al oír el estruendo, separándose de su hermano que hizo una mueca al sentir como sus dedos salían de su cuerpo de forma tan brusca. Algo debía pasar para que Dean no hiciera ningún tipo de comentario despectivo, así que como si no hubiera pasado nada, ambos cazadores se dirigieron hacia donde se había oído el destrozo:
El salón.
El corazón le dio un vuelco nada más entrar. Una de las ventanas estaba completamente reventada y la puerta de entrada sacada de sus goznes, algo que por regla general era muy normal en sus vidas. (Eso de estar en una casa y que esta no terminara destrozada sí que era sobrenatural). Lo que si hubiera deseado Sam (por una vez) fue que una rama de un árbol se hubiera encargado del tal desastre y no ocho personas que en ese momento los miraban serios desde la otra punta de la habitación.
- ¿No es apetecible?-pregunto una mujer, la que parecía la líder del grupo, lamiéndose los labios mientras los recorría con la mirada.
El psíquico parpadeo confuso... ¿A qué venía ese comentario?
- Mira lo que quieras. Pero nunca probaras la mercancía.- mascullo Dean en un gruñido.
Sam se hubiera golpeado la frente con fuerza por su estupidez, ambos estaban desnudos y el arrastraba una erección de mil pares de demonios. Sintió como el rubor subía a sus mejillas y alargo la mano para coger el cojín que había encima del sofá. Debido a lo brusco de su movimiento pensó que sus atacantes reaccionarían pero ninguno se movió. Se cubrió como buenamente pudo, sin pasarle desapercibido como la mujer y varios de sus acompañantes sonreían.
- Ese "pequeño" no te hace justicia.- señalo con la barbilla.
El cazador parpadeo y miro a su hermano que sonreía de esa forma que le dejaba claro que utilizaría esa situación para reírse durante décadas. Hizo una mueca de no entender y bajo los ojos. Casi se muere cuando vio que lo que había cogido en realidad no era un cojín, sino un peluche con forma de elefante sonriente que tenía una trompa inusualmente larga que le serbia de contrapeso para poder mantenerse en pie cuando lo pusieran sobre una mesa.
- Sammy... -Sonrió Dean arqueando una ceja que decía claramente: Deja de hacer tonterías.
El menor se encogió de hombros con una sonrisa de disculpa.
Medio segundo después, como si enfrentarse con ocho vampiros, desnudos y sin armas fuera lo más normal del mundo para ellos, se movieron cada uno en una dirección.
Sam a la derecha y Dean a la izquierda, haciendo que el grupo se dividiera en dos.
El psíquico vio con el rabillo del ojo como uno de los monstruos se lanzaba contra su hermano luciendo colmillos, Dean se echo a un lado con una rapidez sobrenatural y le puso una zancadilla, haciendo que el agresor trastabillara y se estampara contra una pequeña librería, convirtiéndola en astillas.
Un escalofrió de pura excitación le recorrió el espinazo al ver como el antiguo Dean resurgía mezclando su actitud desvergonzada natural con la naturaleza sádica de un vampiro. Era una mezcla intoxicante. Se hubiera quedado prendado de él, deleitándose en cómo le arrancaba la cabeza con sus propias manos al siguiente vampiro que lo atacaba de no ser porque el mismo estaba metido en problemas.
Unas uñas le arañaron el pecho de forma superficial haciendo que diera un par de tras pies hacia atrás. La teoría de que su sangre parecía ser especial cobro más fuerza al ver como todos los vampiros (incluido Dean) olisqueaban el aire durante una centésima de segundo para luego continuar con la lucha como si nada hubiera pasado.
- Mmmm... Una mezcla curiosa.-ronroneo la mujer lamiéndose la punta de los dedos. Sam vio como cerraba los ojos y un leve escalofrió le recorría el cuerpo.
- Vale... Era oficial... A su sangre le pasaba algo.-se dijo a sí mismo.
Sabía que el efecto que su
sangre ejerciera bajo la mujer no dudaría mucho así que se movió
con rapidez. La agarro de las solapas del chaleco que llevaba puesta
y giro sobre sí mismo, rodando ambos en círculos para poder coger
impulso. La vampira manoteo el aire, intentando sacarle los ojos, sin
llegar a conseguirlo. La soltó en la tercera vuelta, lanzándola
hacia el fondo de la habitación.
El monstruo rodó sobre sí
mismo y antes siquiera de llegar a pararse se incorporo sobre una de
sus rodillas y lo miro bufando como si fuera un animal enfadado. Sam
sabía que tenía que moverse con rapidez. Esos seres eran
increíblemente rápidos, así que sin esperar a ver lo que hacía su
femenino oponente se lanzo sobre el paragüero que había al lado del
sofá. Nunca llego a tocarlo porque otro vampiro, este con el pelo
largo se lanzo a por su cuello.
En mientras Dean lanzaba la cabeza del primer vampiro muerto contra sus compañeros que la miraron espantados. El cazador aprovecho el momento, se lanzo sobre ellos, consiguiendo que los tres rodaran por el suelo convertidos en un amasijo de brazos y piernas. No era una pelea bonita pero tampoco le importaba.
Quería divertirse.
Aprovechando su postura le rompió una pierna a uno de sus enemigos que grito de dolor mientras le arrancaba la Nuez de Adán de un mordisco al otro y la escupía como si fuera un despojo.
Se incorporo con toda
la boca manchad de sangre, hizo una mueca de asco. No era sangre de
Sam y por lo tanto el simple hecho de que su piel estuviera en
contacto le ponía enfermo. Se limpio impaciente, expandiéndose gran
parte del líquido rojo por su cuello y cara, dispuesto a continuar
con la pelea cuando se dio cuenta de que Sam estaba fuera de su
ángulo de visión.
Sintió sus pupilas dilatarse cuando vio las
largas piernas de su hermano moviéndose de forma espasmódica junto
con otras que hacían presión en el suelo. Un grito atronador estuvo
a punto de escaparse de su garganta pero estaba demasiado
aterrorizado ante el hecho de que alguno de esos despojos tocara a su
ser más preciado, lo que si le salió fue un rugido de puro odio
ante la posibilidad de que alguien que no fuera el probara la sangre
de los Winchester.
Con pasos fuertes se dirigió hacia la pareja,
ignorando por completo como sus nalgas desnudas retumbaban debido a
su forma de andar.
Cuando llego quiso soltar una carcajada. Sam
tiraba de la larga melena del vampiro con una mano, impidiendo así
que le mordiera mientras que con la otra intentaba coger algo.
- Sammy, al final voy a tener razón con eso de que eres una niña.- rió dando una palmada al aire.
El psíquico gruño ante la
gracia de su hermano y a punto estuvo de pedirle ayuda, sinceramente
aquellos filosos dientes estaban demasiado cerca para su gusto pero
en el justo momento que iba a hacerlo su mano se cerró sobre el
puñal que tenia escondido debajo del sofá (y que había guardado
ahí por si le hacía falta con Dean). Descargo el arma sobre el
cuello del vampiro con un fuerte gruñido, tuvo que repetir la
operación para que la cabeza se desprendiera del cuerpo, la lanzo
lejos con una mueca de asco cuando sintió el húmedo y muerto
cabello envuelto en sus dedos. Con el rabillo del ojo vio como su
hermano fingía aplaudir con aprobación pero tenía que algo mas
importante que hacer que seguirle una broma.
Se incorporo sobre
su rodilla, alargo el brazo libre y tiro de un resorte que estaba
escondido en el paragüero.
Una reja de metal se cerró en el
fondo de la habitación donde la mujer vampiro se disponía a atacar
de nuevo. El psíquico se maravillo de lo lento que podía pasar el
tiempo, parecía que hubiera pasado una eternidad desde que la mujer
se lanzo sobre él, sin embargo solo habían pasado unos segundos.
Dean fue a decirle lo aplicado que había resultado ser. Una
trampa con cuchillos impregnados en sangre de muerto en el
dormitorio, una celda camuflada en el salón, machetes debajo del
sofá… Sin duda su hermano había pensado en todo para un posible
enfrentamiento contra vampiros. Se sintió un poco culpable por haber
pensado que había estado jugando a la play durante todo el día
mientras él era sodomizado por esa panda de pervertidos. Al parecer
Sam había estado trabajando muy duro. El problema fue que nunca pudo
decirle nada de eso ya que el vampiro que le quedaba por matar se
abalanzo sobre el tirándole al suelo.
Una fuerte picazón en la
nalga derecha le hizo encajar los dientes. Había caído sobre una
pila de cristales rotos, seguramente de la ventana.
Menuda herida de guerra... En el culo.
Gruño como el animal que se suponía que era y se lanzo hacia el desdichado vampiro.
xxxx
Sam vio como el antiguo cazador era placado por uno de los vampiros y se incorporo de inmediato para ayudarle, pero se quedo clavado en el sitio, sino le fallaban las matemáticas habían entrado ocho vampiros: A uno lo había inmovilizado y a otro matado, no sabía cuántos le quedaban a Dean pero si él se había encargado de sus cuatro...
-Eso significa que a mí me quedan otros dos...-
Unas fuertes manos se cerraron sobre su espalda y lo
empujaron a varios metros de distancia. El aire abandono sus pulmones
cuando su cuerpo toco la pared pero ni una sola maldición escapo de
su boca ya que el vampiro le había facilitado bastante el trabajo.
Con las reservas de energías al mínimo alzo los brazos y tiro los
libros que descansaban en la estantería de su izquierda al suelo.
Sentía las vibraciones en el suelo a través de las desnudas plantas
de los pies, el vampiro se acercaba a paso rápido. Aunque no lo
suficiente para no darle tiempo a coger la ballesta que tenia
escondida detrás de la pila y dejarse agujerear el cerebro con una
flecha impregnada en sangre de muerto.
Sam no sabía si eso
serviría para detenerlo pero prefirió no pillarse los dedos, así
que recogió del suelo el machete ensangrentado que utilizo para
decapitar al primer vampiro y le rebanó el cuello mientras evitaba
oír los gorgojeos de dolor del demonio.
Busco con la vista su siguiente oponente, no lo encontró. Su ojos captaron un movimiento en la puerta, algo rápido había salido. No hacía falta ser muy listo para saber que el ultimo de los vampiros se había escapado y decía el ultimo porque en ese momento el cuerpo del agresor de Dean caía al suelo con un agujero hueco en el pecho en donde se suponía que estaba su corazón. El psíquico se maravillo de como solo cercenándole la cabeza podía morir un vampiro ya que el antiguo cazador sujetaba el corazón en una mano y el cuerpo aun se movía, intentando huir. El único Winchester vivo se encargo de evitarlo con un rápido movimiento de su cuchillo.
Después de la corta batalla el silencio reino en la habitación. Un silencio en el que solo la respiración errática de Sam se oía.
-¿No te dijo papa que no jugaras con esas cosas?-pregunto Sam completamente exhausto refiriéndose al corazón que aun Dean tenía en las manos.
Una risita divertida se escapo de la boca del vampiro que lanzo el órgano por encima de su hombro como si fuera una bolita de papel.
- Desde luego no es que sigas demasiado los consejos de papa, ni en cuanto a juegos, ni a compañías.
- ¿Qué quieres decir Sammy?
- No es obvio, que "tus nuevos amigos" querían unirse a nuestra fiesta privada.
- Bueno, veamos que tienes en esa jaula, la verdad es que no conozco a ninguno de estos "nuevos amigos"
-¿No los conoces?-pregunta el psíquico dirigiéndose hacia la puerta para cerrarla o al menos intentarlo ya que estaba sujeta solo por una bisagra, teniendo especial cuidado en no pisar los cristales rotos. - ¿Eso no es bueno, no?- cogió la madera con firmeza e intento cerrarla pero solo consiguió que la pobre bisagra que quedaba se desprendiera, al final termino apoyándola sobre el marco, una vez arreglado ese pequeño detalle vuelve sobre sus pasos y se coloca al lado de su hermano. Mira a la mujer fijamente, no es una belleza, ni siquiera es guapa. Algo raro para un vampiro. Sam no puede evitar pensar lo increíblemente fea que tendría que ser cuando era humana.- ¿Os envía Kate?-pregunta serio.
La vampira no contesta, mantiene una postura defensiva aunque a través de los barrotes no debería sentirse insegura. Dean la mira y con una sonrisa de las que siempre le han conseguido ración doble de tarta dice:
- No hagas caso de mi hermano, no es precisamente un buen anfitrión. A pesar de la evidente ironía con la que Dean habla, se vuelve hacia él y le da una colleja antes de que este tenga tiempo de protegerse.- Me llamo Dean, Dean Winchester y me gustaría saber que te ha traído aquí. -
- Sé quién eres, Dean.- Escupe la mujer en un vano
intento de que parezca que les tiene odio, pero la lujuriosa mirada
que recorre por completo el cuerpo del vampiro le deja claro a Sam
que de odio nada.-
Y sabes lo que me ha traído aquí- sus ojos se
posan rápidamente en el psíquico pero es apenas una mirada rápida,
estos vuelven pronto al desnudísimo cuerpo de Dean que parece
complacido de capturar toda la atención de la joven.
Sam tiene que morderse la lengua para no decir nada. La zorra esta ligando con él, está claro que Dean siempre ha gustado, pero el Dean vampiro es aún más irresistible y si hay algo que tiene claro es que no está dispuesto a compartirlo, no, de ninguna de las maneras.
- Entonces juegas con ventaja, porque yo no sé quién eres y no olvidaría a alguien como tú.
Los ojos del vampiro recorren a la mujer con la misma aparente lujuria con la que ella le observa.
Los ojos de la chica brillan, coquetea un poco. Sam está seguro de que no está acostumbrada a ese tipo de comportamiento por parte del sexo opuesto, ya que en vez de acercarse a los barrotes se queda en el centro de la celda... Dudando si ir hacia la llama sexual que es Dean o quedarse donde está.
-Me envía Kate.- el psíquico se tensa al oír el nombre pero no dice nada.- Quiere que vuelvas con tu "autentica" familia.- Sam quiere hablar pero no le da tiempo. La vampira lo mira con cara de asco y añade mientras le señala con la barbilla.- El cazador no es de tu raza. Terminara traicionándote.-sentencia
El menor de los Winchester sabe que debería de mantener la calma, que debería de insistir, hacer un interrogatorio decente y no uno en el que su hermano se pavonee delante de una fea mujer pero ya saben lo que querían.
Kate quiere que Dean vuelva y que el muera.
No hace falta saber más.
Así que se acerca al resorte que el
mismo hizo hacia dos días, una pequeña tabla sobresaliendo y la
pisa con fuerza. Una pequeña guillotina surca el aire con una
velocidad que hasta a Dean le cuesta procesar.
La cabeza de la
mujer rueda por el suelo hasta terminar junto a los pies del vampiro
que da un respingo en el suelo al ver como los ojos de la mujer han
parpadeado ante de quedarse con la mirada fija y muerta
- ¿Por qué has hecho eso? Aun no había terminado de interrogarla.-
- Querrás decir que no habías terminado de ligar, porque preguntas no he oído muchas, más bien te has pavoneado delante de ella enseñándole "la mercancía".-
- ¿Celoso?
- Mucho.
Se dirige hacia el dormitorio apretando los dientes... Joder con Dean... Hasta con esa cosa...
- AslvaposvsldfñojoepJsjidfaoñera-suelta en un gruñido bajo aunque al parecer no tan bajo ya que parece que Dean le ha oído
- Me parece que estas muy enfadado y el enfadado tendría que ser yo, porque el rasguño que le has hecho a la nena estaba destinado para mí y la verdad, muy superficial no parece…
- Claro, claro… Desvíate del tema... - Masculla cruzando el dormitorio y entrando en el baño.-
- Eso es lo que yo quiero ¡desviarme! Pero de la trayectoria de tus juguetes, por cierto Sammy ¿quedan aún por descubrir?
Sam se encoge de hombros, no piensa revelar sus juguetitos, solo por si acaso.
-Tal vez... Además… No sé porque te pones así... Sólo estaba preparado.
- ¡Preparado! Joder, eso no es estar preparado, es el apocalipsis en versión Sam Winchester.
Dean ha seguido a su hermano hasta el baño y justo antes de que Sam cruce la puerta, se pone delante impidiéndole el paso.
Con un resoplido que se escapa de su garganta se aparta un mechón de cabello de su frente mientras lo mira con seriedad.
- ¡¡Tenía que hacerlo!! No sabía cómo ibas a volver a mí... Vamos, Dean... Si hasta que no te he esposado a la cama estabas dispuesto a arrancarme los higadillos… - Bramo señalando el colchón.
- La verdad es que lo de arrancarte los higadillos sigue siendo una buena opción, pero casi me apetece más lo de las esposas... ¿Tienes más de esas?
- Ja... Como que me vas a tocar después de haber estado ligando con esa... Amos… Te matas a pajas si quieres pero a mí ni me tocas.- gruñe poniendo morros mientras intenta abrirse camino hasta el baño.
La risa del vampiro resuena en todo el bungalow, cuanto más enfadado esta Sam más parece divertirse.
- Sammy, Sammy… No estaba ligando… Sólo hacia más interesante el interrogatorio.
-Sí, sí... Claro... Interesantísimo... - Por fin consigue entrar en el baño aunque para ello ha tenido que darle un empujón, se para delante del espejo y empieza a mirarse las magulladuras.- Pues mira tú por donde yo voy a hacer más interesante nuestra relación...- Dice mientras cierra la puerta dándole en las narices
- ¿Relación? ¿Tenemos una relación? Jo, Samanta deberías contarme esas cosas. No está bien que tengamos una relación y yo sea el último en enterarme.
Dean esta tan divertido que continúa la broma a través de la puerta cerrada, pero se cansa de esperar pronto ya que parece que Sam no está dispuesto a contestarle y abre la puerta del baño.
A Sam le ha cambiado hasta el color cuando lo ha oído repetir la palabra relación.
Es como si de golpe se diera cuenta de que efectivamente tienen una…
Nunca lo había pensado, pero le ha amado siempre, lo sabe, antes creía que era la típica admiración que sienten todos los pequeños por los mayores, pero de repente sabe que nunca le ha mirado de esa manera, a lo mejor es porque él es demasiado hermoso, diseñado directamente para habitar en sus sueños más húmedos, o a lo mejor es sólo que está enfermo, no lo sabe ni realmente le importa. Le ama, le desea y sueña con él, con su hermoso pelo rubio, con su piel dorada como la cerveza, con ese salpicado de pecas que le enloquece, se muere por probarlas una a una, por lamerle y morderle, por saborear su piel, su cuerpo… Puede que esté enfermo, pero esta enfermedad le gusta, no quiere curarse, quiere emborracharse de él
Así que sin mediar palabra gira sobre su cuerpo y cierra las manos sobre el cuello desnudo de Dean para cerrarle la boca con un húmedo beso.
Ambos trastabillan un par de pasos, al parecer su reacción ha cogido por sorpresa al vampiro y ambos cuerpos se estampan contra la pared más cercana. Un escalofrió le recorre el cuerpo al sentir la fría lengua de su hermano enroscarse en ella pero esta vez no va a ser él, Sam Winchester, el que termine sollozando de placer, esta vez será Dean y va a dejárselo muy claro.
Dirige al vampiro con su cuerpo a base de empujones de pecho contra pecho y besos de boca abierta. Si Dean está en desacuerdo con lo que hace no lo demuestra porque le está devolviendo todos y cada uno de los besos añadiendo largas pasada de lengua tanto por sus labios como por su cara.
Llegan en cuatro pasos a la cama y terminan cayendo de forma pesada sobre ella. El psíquico encima del cazador.
¡Me toca!- susurra sobre él inmovilizándole con su peso y alzándole los brazos por encima de la cabeza.
- ¡Los cojones te va a tocar, niñato! - Contesta Dean intentando apartarlo, pero la verdad es que el forcejeo es puro trámite, los dos saben que perderá irremediablemente la batalla antes de empezar.
-¿Vas a impedírmelo?- Pregunta irónico al oír como Dean jadea con fuerza al sentir como su rodilla le separa las piernas de forma suave pero implacable.
Es más un reto que una pregunta y el mayor nunca ha eludido un reto, pero en ese momento con su hermano entre las piernas, sintiéndole rozar ambas erecciones en una perfecta imitación al sexo no siente la necesidad de contestarle, le basta con dejar escapar un gemido que el menor se apresura a silenciar con su boca y su lengua Dean se retuerce debajo de él, no cree que sea para liberarse ya que podría hacerlo si quisiera, así que supone que es porque quiere jugar... Fingir que sigue siendo normal y que puede dominarlo como quiera.
Sam se deja querer y le sigue el
juego durante unos minutos, unos minutos en los que le aprieta todo
el cuerpo con la manos, deslizándolas hasta sus caderas y dejándole
marcas llenas de pasión. El kilométrico cuerpo del menor de los
Winchester se resbala entre las piernas de su hermano y siente como
su miembro duro y erecto encuentra rápido la entrada del vampiro
pero aun es muy pronto para eso... Primero quiere tocarlo,
saborearlo, disfrutar del tacto que durante tantos años le ha sido
negada. Así que se incorpora sobre sus rodillas y le hace darse la
vuelta, no le obliga, solo le empuja suavemente por el hombro.
Dean
se gira sin oponer resistencia, dejando que Sam vea toda esa piel
tostada que poco a poco se va volviendo blanca. Cierra la boca sobre
la nuca, lamiéndola, besándola, mordiéndola con amor a la vez que
frota su erección entre las nalgas del vampiro que gruñe bajo.
El cuerpo de Sammy es caliente y entibia el del vampiro, la sensación es tan arrebatadora como engañosa, da una falsa naturalidad, le da un barniz de humanidad que no durara, así que baja lentamente lamiendo la piel del vampiro hasta llegar a las heridas que sangraban en sus nalgas y se sorprende al ver como prácticamente se han cerrado ya.
Aun hay una esquirla de cristal que seguramente es lo que ha impedido que la lesión se cierre, Sam la retira con cuidado y mira como sana la herida, jadea excitado y desgarra nuevamente la carne de su hermano, que se queja ante la agresión, pero no le impide seguir lastimándole, es toda un fiesta ver la piel curarse casi antes de terminar de herirla.
Tiene un impulso
incontrolable de pasar la lengua por los arañazos pero se para. No
porque no quiera lamer esa redondez que parece llamarlo si no porque
la sangre salpimenta en pequeñas virutas toda la zona.
No está
muy seguro de que si la prueba se contagiaría pero es mejor no
arriesgarse… Al menos por el momento. Así que limpia la zona con
la sabana mientras muerde con fuerza la otra nalga.
Dean se alza al sentir los dientes humanos y él aprovecha el momento para agarrarle de las caderas y conseguir dejarle expuesto y así hacerle todo lo que quiera, nunca ha hecho eso, ni siquiera con Jess, de hecho siempre ha pensado que pasar la lengua por "ese" sitio es algo insano, pero sentir, oler, ver, notar como Dean se deshace ante la caricia le hace hundir mas la lengua en ese aro de músculos y lamer con mas ansia mientras le marca los dedos en las caderas.
Dean se siente a punto de ebullición, desde que se transformo en vampiro ha tenido más sexo del que cualquier adulto, por promiscuo que sea, pueda preciarse, y él lo sabe por experiencia, pero con Sam no es lo mismo, el le seduce, le mima, le lame, le hiere y le sana, sabe que si quisiera podría dar la vuelta y librarse de la dulce tortura a la que le somete, podría apartarle, podría… Podría hacer lo que quisiera con él y lo que quiera, lo que verdaderamente quiere es sentirle, ser uno con él, darle placer y aceptar todo lo que al pequeño se le ocurra hacerle.
La forma en que su hermano se mueve hace que la erección de Sam se estire hasta niveles que creía impensables. La sangre no corretea por sus venas… Vuela, el aire le araña los pulmones y la garganta se le queda seca. Ver como el famoso Dean Winchester se contonea buscando la fricción es el mejor afrodisiaco que podrían darle.
Una pequeña vocecita le golpea la mente, gritándole: Por Dios, Sam, Dean no tiene alma pero tu si... ¿Qué mierda vas a hacer?
Normalmente le haría caso, se quedaría quieto y le daría la razón a esa maldita voz pero en ese momento Dean alza las caderas y gruñe o muge o algo que hace que los vellos de la nuca se le pongan como escarpias.
Así que calla a su conciencia (o
eso cree que es la voz) y se incorpora mientras cierra la boca contra
la nuca de su hermano que se vuelve a contorsionar contra su cuerpo
de esa manera... Esa manera... Qué...
Con un juramento se
incorpora sobre sus rodillas, voltea al vampiro y no sabe cuál de
los dos tiene la expresión más cargada de deseo. Dean parece
desconcertado y Sam piensa de pasada que tal vez no está
acostumbrado a hacerlo así, con el otro mirándole a la cara. Pero
Sammy ya ha roto muchos tabúes esa noche y una mierda si se va a
perder la expresión de su hermano mientras se corre. Le besa con
fuerza, diría que le roba el aliento en un beso pero el mayor de los
Winchester ya no tiene aliento, así que no tiene porque preocuparse.
Le mete la lengua hasta la campanilla, los dedos de los pies se
le curvan cuando la lengua de Dean se envuelve en la suya y lucha
contra ella.
Una lucha que hace que la saliva corra por ambas barbillas.
Sam resopla y eso le ayuda a incorporarse sobre
sus brazos para mirar como las mejillas del cazador están sonrojadas
a pesar de que la sangre no corre por sus venas. Con la urgencia de
la excitación, la mano del psíquico se cierra sobre su miembro,
posicionándolo en la entrada de Dean que separa más las piernas.
Ve estrellas de todos los colores cuando lo penetra. Lento y sin
compasión. Como si fuera una apisonadora y no una persona normal.
Dean se revuelve bajo su peso y eso solo hace que quiera empujar con más fuerza dentro de él.
Con fuerza y sin control.
Tiene que recurrir a las leyes mercantiles para no hacerlo.
Quiere que dure, quiere que Dean sienta lo que él siente y si para eso tiene que estallarle la polla... Que así sea.
Cuando Sam le voltea bruscamente se siente en éxtasis,
quiere ver a su hermano, disfrutarle, pero también quiere que este
lleve la iniciativa en todo (al menos por esta vez) necesita saber
que no se está imponiendo como han hecho con él en el nido de
vampiros, que su hermano quiera hacérselo de frente es delicioso, es
mantener un plano de igualdad que no esperaba en ese momento.
Sam
se ha zambullido en su cuerpo sin prepararle, sin dilatarle primero,
pero tampoco es que le haga falta, le quiere dentro, profundo y
completamente dentro, formando un solo ser, puede que él le forzara
primero y aunque finalmente consintió no se ha sentido del todo bien
hasta que Sam ha tomado la iniciativa.
San siente la necesidad de oírle gemir, no sabe porque, tal vez porque es lo más parecido a sentirle vivo, siente la necesidad de oírle suplicar y desgarra la piel de su hermano con las uñas, le muerde y embiste con tanta fuerza que un ser humano sufriría, por suerte Dean ya no es un ser humano.
Así que deja que toda la excitación que ha sentido desde que Dean lo poseyó por primera vez salga en forma de embestidas. Siente la blanca piel del vampiro bajo sus dedos, aplastándose y deformándose bajo su contacto.
La cabecera de la cama golpea con fuerza contra la pared, las gotas de sudor le cubren la piel y el pelo se le pega a la cara. Siente el orgasmo aproximándose y se odia a sí mismo por durar tan poco, está seguro que un par de embestidas más y ya estará listo.
En ese
momento Dean gime de forma lastimera y eso le hace olvidarse por
completo de que está a punto de correrse, le hace parar y siente
como los riñones se le contraen en protesta, pero le da igual.
A
hecho daño a Dean y eso es inaceptable.
-¿Estas bien?-pregunta con la voz rasposa, cargando el deseo y la preocupación a la perfección
- Sigue moviéndote y no seas nenaza Sam.
La sonrisa con la que su hermano le ha contestado le dejan claro que tanto daño no le ha podido hacer y por un momento desea borrársela de los labios, le muerde la boca al tiempo que embiste aún más fuerte, aún más rápido, aún más violentamente, sin darse cuenta de que se está dejando llevar una vez más, el orgasmo que se le escapo unos momentos antes le golpea brutalmente dejándole exhausto sobre el cuerpo aún insatisfecho de su hermano.
Tarda un poco en recuperarse y cuando lo hace se siente culpable, siente las caricias de Dean en su cuerpo, siente su erección clavándose en su vientre, sus labios recorriendo su piel… Sigue mimándole y él desea corresponderle, desea hacerle gritar, pero esta vez de placer.
Con más pena que otra cosa sale del
cuerpo del vampiro que se estremece de ansia, Dean intenta
incorporarse pero Sam no le deja. Se desliza por su cuerpo a bese de
besos, mordiscos y lametones. Le muerde las tetillas y su lengua
juguetea con los pezones, sus manos también se mueven pero evitan en
todo momento la parte más necesitada consiguiendo que los pequeños
gemidos de desesperación de su hermano se conviertan en ronroneos de
desesperación.
Cuando por fin su boca llega a la erección de
Dean esta tan dura que está seguro de que podría clavar clavos en
una pared. Quiere jugar con él, hacerlo sufrir un poco pero eso
tendrá que esperar. El ya se ha descargado, es el turno de su
hermano.
Desliza la lengua por la hendidura consiguiendo que
un gruñido demasiado animal se escape de la garganta del vampiro,
animándole a seguir, a relajar la garganta y tragar todo lo que
puede. Siente las manos de Dean hundiéndose en su cabello, tirando
suavemente pero con contundencia, dirigiéndole y no es lo que
quiere, quiere que Dean se corra por lo que él ha hecho y no porque
lo ha guiado. Así que ignora el dolor de su cabello y como unos
cuantas hebras se quedan entre los dedos de su hermano. Aprieta los
labios, absorbe sintiendo como los dientes raspan un poco mientras
desliza dos dedos dentro de él.
Nota como las piernas del vampiro
se estiran y se convulsionan medio segundo después, con un rugido
sobrenatural, Dean se corre dentro de su boca.
Lo único que Sam quiere hacer en ese momento es rodar hacia un lado de la cama y quedarse dormido como una piedra, pero si esos vampiros han podido localizarles... Otros pueden hacerlos. Además, no le hace mucha gracia quedarse allí, con todos esos cuerpos mutilados poblando el salón.
Se incorpora sobre sus brazos y empieza a besar el cuerpo que yace bajo el. Su vientre bajo, sus abdominales, se divierte dibujando la circunferencia del ombligo con la lengua, degustando como la risa ronca de Dean llena la habitación.
Sigue subiendo hasta que llega a la altura del pecho. Se detiene justo donde está su corazón callado, muerto y deposita un casto beso en el.
Alza la mirada y ve la expresión triste de Dean ante ese gesto. Su corazón nunca más volverá a latir desbocado y esa es una de las sensaciones que más le gustaba sentir.
Se olvida por completo del pequeño tour que estaba haciendo por el cuerpo del vampiro y lo besa con vehemencia, dejándole claro que le da igual en lo que se haya convertido, que si tiene que beber sangre para sobrevivir el tiene mucha para él.
Aun así sabe que su hermano es un ceporro, sentimentalmente hablando, así que cuando tiene que cortar el beso, porque a él si le hace falta respirar, pone la mano sobre su corazón muerto y obliga a poner la fría mano sobre el suyo, que late como un loco mientras susurra:
-Tranquilo, el mío late por los dos.-
Si no fuera porque el que está debajo de él es Dean Winchester que para colmo esta vampirizado de seguro que pensaría que a esa expresión que surca su rostro le siguen un sin fin de lagrimas pero... Claro... Es Dean.
-Eres un cursi.- jadea
Y Sam está seguro de que podría ponerse a gritar, pero en vez de eso solo sonríe divertido y pregunta suavemente:
- ¿Y ahora qué?
- Todos decís que debo tomar una decisión, que debo elegir cuál es mi familia, como si tuviera elección.
- Siempre hay elección Dean.
- No es cierto, yo nunca la he tenido, desde que papa te puso en mis brazos y me grito que corriera y te protegiera – Dean mira a los ojos a Sam mientras habla – tu eres mi familia, mi única y autentica familia y cualquiera que te amenace tendrá que pasar sobre mí.
- Entonces te lo repito ¿ahora qué?
- Ahora vamos a acabar con ellos, con todos ellos.
- Sabes que después de esto no habrá vuelta atrás ¿verdad?
- ¿La ha habido en algún momento?
CONTINUARA
