Notas del autor: Primero me gustaría agradecer a todas las personas que me han ayudado a lo lardo de la creación de este fic. Gracias a sus reviews , y sus opiniones cuando tenía consultas ante una escena en particular, esta historia, que partió como un experimento, ha podido llegar hasta aquí. Gracias.

Bien, el último capítulo antes del epílogo ha llegado y para remate es una especie de autoregalo de cumpleaños adelantado.

Este sí que me fue difícil de terminar, tanto por tiempo disponible, como por falta inspiración y mi inconformismo con cómo estaba quedando. Al final esto es lo que hay. Advierto desde ya que es un tanto intenso, pero espero que les guste.

Disclaimer: Digimon no me pertenece, sólo mis OCs.


La pelirroja agradeció estar sentada, de otra forma el temblor, provocado por la repentina declaración del castaño, le hubiese hecho perder la estabilidad. Sentía que un nudo se formaba en su garganta, aun así se esforzó para articular una pregunta.

—¿Con quién? —preguntó con un hilo de voz—. Supongo que te dijo —agregó.

—Sora... —Tai estaba totalmente arrepentido por la confesión que acababa de hacer.

—¡¿Con quién?! —exclamó la ella mientras apretaba con fuerza las manos del castaño.

A Taichi le comenzaron a doler las manos, pero lo que más dolor le causaba era ver a su querida pelirroja en ese estado. Volvió a repetirse que era mejor verla herida que engañada y se preparó para seguir.

—Con Mimi... —fueron las únicas palabras que alcanzó a decir antes de que ella se levantase y comenzara a caminar hacia la salida del café.

Él se quedó en su asiento viendo cómo salía, logró reaccionar después de que la puerta se cerró. Sora tenía todo el derecho del mundo para estar enojada con él. Lo suyo había sido una metida de pata de proporciones, pero le preocupaba más lo que pudiese hacer ella ahora. Sentía la necesidad de estar junto a ella, para apoyarla y no tomar decisiones sobre cosas que debían tratar juntos. Tomó de un solo viaje su taza de café, pagó la cuenta y partió en busca de Sora.


La sorpresa, causada por las palabras de Tai, cedió su lugar a la confusión y el enojo. Ella pensaba que Yamato era lo más parecido a una víctima en todo esto, pero ahora resultaba ser que se adelantó a ella. Lo que hacía que todo fuese más doloroso era que, de todas las personas con las que pudo haber comenzado una relación amorosa, hubiese elegido a una de sus mejores amigas de la infancia. No lo entendía, ellos apenas si hablaron durante su adolescencia, y ahora resultaba ser que eran amantes desde hace años. Se detuvo frente a las escaleras del complejo de departamentos.

—¡Maldito Yamato!, ¡maldita Mimi!, ¡estúpido Tai! —masculló mientras lanzaba una patada contra la escalera que llevaba hacia su hogar.

Calculó mal la distancia, pateó el aire y perdió el equilibrio. Estuvo a punto de caer, pero en ese momento sintió que un par de brazos la sujetaron a medio camino del suelo. Movió la cabeza para ver quién era y su mirada se encontró con los ojos color chocolate de Tai. Se incorporó y se alejó un par de pasos del castaño.

—Sora...—comenzó, pero fue interrumpido por la pelirroja.

—Es increíble cómo cambian las cosas en unas cuantas horas —suspiró—. Y pensar que hubo ocasiones en las que quise que dejásemos de vernos... Voy a subir a hablar con Yamato, no quiero que me acompañes. —Había tomado una decisión durante el trayecto entre el café y los departamentos, lo que Tai le rebeló fue el principal motor de ello.

—No tienes porque hacer esto sola, yo...

—Ya has hecho suficiente —cortó ella a la vez que daba media vuelta y emprendía el ascenso por las escaleras.

Seguía dolida por la confesión que Taichi le había hecho a Yamato.

Él necesitaba hablar con ella antes de que viese al rubio. No temía por la seguridad de ella pues, a pesar de todo, estaba seguro de que este sería incapaz de levantar su mano contra Sora, pero no era sólo de ella por quien se preocupaba. Subió las escaleras y, cuando llegó a un descaso, la agarró por el antebrazo, sólo con la fuerza necesaria para que girase a verlo.

—Suéltame, no quiero hablar contigo.

Pero él no desistió. Necesitaba hablar con ella, por lo que decidió no dar más rodeos.

—Supe que casi pierdes a Narumi —dijo, ella se quedó petrificada—. No voy a dejarte sola en esto.

Sora se limitó a cerrar sus ojos. Habían pasado varios años pero seguía recordando cada instante de ello, la punzada en su vientre, los gritos de Hikari, a Yuudai y Takeru cargándola, y las impecables paredes del hospital. Cuando abrió los ojos se encontró con la expresión de preocupación en el rostro del castaño.

—¿Quién..., fue Hikari? —preguntó con voz titubeante.

—Cerca, Yuudai me lo dijo. Sora, por favor, perdóname por lo que hice. No quiero que nada les pase.

El hecho de que ocupase el plural hizo que volviese a centrarse en su condición. Sentía que sus ojos se humedecían. No quería sentirse así, débil y presa de sus recuerdos, pero le resultó imposible contener un sollozo. Cuando estaba a punto de romper en llanto, sintió los brazos del castaño rodeándola en un abrazo que correspondió.

—¿Por qué las cosas tienen que ser así? —preguntó, más para sí misma que a Tai.

Él tampoco entendía como habían terminado así, pero si entendía lo que sentía por Sora. Secó las lágrimas de la pelirroja con la yema de sus pulgares y besó su frente.

—Creo que Yamato puede esperar. Necesitamos hablar.

Ella asintió con la cabeza. Estaba un tanto temblorosa. Bajaron las escaleras y el castaño condujo hasta su casa.


Las palabras del médico seguían retumbando en sus oídos, arrastrándola hacia un oscuro abismo. Necesitaba a Yamato, que la abrazara y le dijese que todo iba a estar bien. Tomó su celular para ver la hora, calculó la de Japón y marcó el número del rubio. «Contesta, por favor, contesta».


Habían pasado casi dos horas desde que Taichi confesó ser el amante de Sora, pero aún lo estaba asimilando. Lo que más le sorprendía era que ambos tenían una relación oculta con uno de los mejores amigos del otro. Si, estaba consciente de que el moreno había estado, en cierta forma, enamorado de ella cuando eran niños, pero aún le parecía digno de un libro ó algo por el estilo. Luego estaba el hecho de que justamente había decidido divorciarse de Sora, quien brillaba por su ausencia y no daba señas de contestar sus llamadas. Existía la posibilidad de que estuviese con Tai en ese momento, pero a pesar de ello, y por alguna razón que sólo podía atribuir a su semejanza con la pelirroja, no pensaba mal de ellos, y si lo que dijo el castaño era completamente cierto, ella le había sido fiel durante tres años en los que él había estado viendo a Mimi. Quizás los motivos de ella eran los mismos que él tuvo en su momento.

Él estaba sentado en el sofá de la salas de estar cuando su teléfono celular comenzó a sonar, indicando una llamada entrante. «¿Qué querrá Mimi?.» Pensó al ver el nombre de la castaña en la pantalla, pero no tuvo tiempo para contestar, Sora entró por la puerta del departamento y lo miraba fijamente.


—¿Estás segura de esto? —preguntó Tai con voz dudosa.

—Sí, no te preocupes. Debo hacer esto sola —respondió Sora mientras sacaba de un bolsillo las llaves de la puerta.

Le dio un beso en la mejilla para luego avanzar hacia la entrada, pero él la tomó de un brazo y le hizo dar media vuelta. La besó suavemente en los labios, ella llevó sus manos hacia la nuca de este y él hizo lo mismo pero con la cintura de la pelirroja, apegándola a él. Se separaron cuando les faltó el aire.

—Te amo —dijo él mientras recuperaba el aliento y le acariciaba la mejilla izquierda.

—Y yo a ti —respondió—. No me tardaré —agregó.

—Te estaré esperando abajo.

Volvieron a besarse, para luego caminar en direcciones opuestas. El tintineo de las llaves no la distrajo de su objetivo. Volvió a repasar lo que tenía pensado decir, palabra por palabra. La conversación con Tai había servido para calmar los ánimos de ambos y fortalecer sus lazos. Era la hora de sincerarse con Yamato, de dejar zanjado todo. Cuando se vio frente a la puerta de su departamento, respiró profundamente e introdujo la llave en la cerradura, la hizo girar y empujó la puerta. Yamato estaba con su celular en las manos cuando entró, pero lo dejó en la mesa apenas la reconoció. Sus miradas chocaron y pudo notar que él se encontraba en la misma situación. Trataron de decir el nombre del otro al mismo tiempo, enredándose, pero ella le dio la palabra con un gesto de su mano derecha.

—Sora... —comenzó, pero no tenía idea de cómo seguir. Varias palabras rondaron su mente, desde un simple «Lo siento» hasta un emponzoñado «Me voy a quedar con Narumi», aunque esto último le parecía imposible, Sora era mucho más cercana a su hija que él, no le parecía justo separarlas, le recordaba demasiado a su propia experiencia. Finalmente encontró las palabras adecuadas—. Es extraño como cambian las cosas con el tiempo, como, lo que en una época jamás habrías creído se vuelve parte de lo "normal" —suspiró—. Supongo que Tai te dijo lo que pasó aquí.

Sora asintió con la cabeza y decidió que era su turno de hablar. Había algo que quería preguntarle desde que se enteró de ello.

—¿Por qué... Por qué a Mimi?.

EL rubio guardó silencio durante un par de segundos, la miraba como si ella ya supiese de antemano la respuesta.

—Porque ya no lo soportaba más, Sora, lo nuestro murió cuando terminamos... De verdad lo intenté, por Narumi, como tú también lo hiciste, pero yo no soy tan fuerte, no lo soy...Mimi me hizo sentir que aún podía ser feliz, no sé cómo explicarlo, pero fue así. Supongo que son las mismas razones por las que buscaste a Taichi.

Ella caminó hacia Yamato y se sentó frente a él. La suposición del rubio era acertada, ella entendía a la perfección como se debió sentir. Un pensamiento fugaz pasó por su mente e hizo una mueca de desagrado ante lo irónico de la situación que se presentó en su mente. Él la miró extrañado.

—Parece que, al final, ninguno de los dos ha sido capaz de representar el significado de su emblema —sintió que la tristeza se aglomeraba en su garganta—. Tienes razón, Yamato, pero también hay algo que no sabes... —«¿Estás segura de esto, Sora?. Sabes que una cosa es todo lo que ha pasado en los últimos años, pero otra muy diferente es decirle que te entregaste al mejor amigo de ambos cuando eran poco más que unos adolescentes, y que él te tomó, ó que ahora estas embarazada» Le decía su conciencia, aún dudaba en decírselo, pero la convicción de que debía hacerlo estaba ganando fuerza. El teléfono del rubio sonó, pero él cortó la llamada— Yo...—«¡Vamos!, tú puedes, pero...¿ realmente quieres?, ¿merece saberlo?». La melodía del celular de Yamato volvió a destruir el silencio que reinaba en la sala, él cortó nuevamente—. Verás... —nuevamente sonó el teléfono, Yamato optó por apagar el aparato—. Narumi escuchó la pelea que tuvimos cuando ella era pequeña —sabía que era un giro repentino en el rumbo de la conversación, pero no encontró otra escapatoria, además, necesitaba hablar sobre ello de todas formas.

El rubio se quedó en silencio. Sabia de que pelea hablaba Sora, era la misma que lo llevó hacia Mimi. «¡Estoy aburrido de esto tanto como tú!, y no trates de hacerte la indiferente. Sé que me odias, tus padres también lo hacen, incluso los míos y Takeru lo han hecho en alguna ocasión, pero no por eso puedes decir que no me preocupo por la niña, hago lo que puedo, pero parece que nunca es suficiente contigo, igual que cuando éramos novios y tratabas de cambiar mi forma de ser. Que no hubiese planeado tenerla no significa que puedas juzgarme, tú tampoco querías». Esas palabras comenzaron a calar hondo en su mente y su pecho. Nunca quiso herir a Narumi, por eso escondió toda su frustración de los ojos de esta, pero al final consiguió que fuese mucho peor. Podía imaginarse a la pequeña pelirroja escuchando todo detrás de la puerta.


Taichi estaba sentado en el interior de su automóvil. Para matar el tiempo se dedicaba a cambiar la estación de la radio, mientras tenía su vista fija en el piso de Sora. Ella había insistido en hablar a solas con Yamato. A pesar de las palabras tranquilizadoras que ella le dijo, aún estaba extrañamente nervioso, como si presintiese algo. En medio de sus cavilaciones su teléfono celular comenzó a sonar, no reconocía el número, pero si la voz de la persona que lo llamaba, aunque había algo raro en esta.

—Mimi..., ¿cómo conseguiste mi número?.

—Hikari me lo dio hace tiempo, no estaba segura de que lo conservases..., ne-necesito que me hagas un favor. ¿Está Yama..., digo, Yamato cerca de donde te encuentras? —su voz seguía sonando rara para él, pero no le dio mayor importancia. Luego de escuchar el nombre del rubio, sentía que debía confrontarla.

—¿Fue él quien te sedujo ó viceversa? —preguntó.

Al sentir que ella contenía la respiración y guardaba silencio, el cual se fue prolongando, volvió a preguntárselo, pero de forma más brusca.

—Tai, yo..., necesito hablar con él, yo lo... lo quiero, por favor..., es por Yoshiro..., de verdad necesito hablar con él —su voz estaba comenzando a quebrarse, causando sorpresa en el castaño, a la vez que se reprendía mentalmente.

Por un lado sentía que debía proteger a Sora, pero también tenía presente las palabras de la misma. «No, no los odio, en el fondo puedo comprenderlo. Quizás tuvo los mismos motivos que yo» recordó. Para él resultaba un tanto extraño, pero aun así confiaba en el razonamiento de su amada pelirroja, era lo bueno de que esos dos se pareciesen tanto.

—Mimi..., perdón, es que todo esto me tiene nervioso... —en ese instante el nombre que ella pronunció se adueño de su atención—. ¿Quién es Yoshiro?.


El silencio se había adueñado del lugar desde la declaración de Sora. Yamato seguía con la mirada perdida en algún punto indefinible de la pared que ella tenía a su espalda. La boca del rubio se abrió, pero no salió sonido alguno de ella, suspiró y miró a Sora directo a los ojos. Se notaba la decisión en sus ojos.

—Lo siento. Siento haber hecho todo lo que te hice, haber sido un pésimo esposo, padre y amigo. Yo nunca quise herirla, en serio, pero parece que logramos todo lo contrario... —el sonido de alguien llamado a la puerta lo interrumpió, era más insistente de lo que alguien tocaría normalmente.

Sora se levantó y caminó hacia la puerta, él se limitó a seguirla con la mirada, pero no tuvo problemas para distinguir a Taichi al otro lado de esta.


Estaba plenamente consciente de lo delicado de la situación. Luego de colgar, y comenzar su viaje hacia la puerta, no había hecho más que pensar en qué haría él ante algo similar, eso le hizo tener un escalofrío y centrarse en lo primordial, cómo rayos iba a decírselo. Pensase lo que pensase, aún conservaba los buenos recuerdos que tenía junto al rubio, pero eso sólo servía para hacer su tarea más complicada. Mimi había tenido la fortaleza justa para hablarle sobre Yoshiro, el hijo de Yamato y ella, un niño de no más de cinco años y que ... No quiso seguir pensando en aquello, simplemente lo superaba, al igual que estaba por encima de cualquier clase de odio que pudiese sentir hacia el rubio. Cuando tocó la puerta, lo hizo con más fuerza de la que esperaba, tenía una extraña sensación en el estómago, y esta no sólo aumento al encontrase frente a Sora.

—S-Sora... —tenía un nudo en la lengua.

—Tai, ¿qué sucede? —preguntó en voz baja y tratando de obstruir cualquier espacio que permitiese al castaño ver el interior del departamento. Aunque él tenía la impresión de ser al revés—. Todavía no termino.

—Yamato..., necesito hablar con Yamato.

—Oh... —la cara de sorpresa de la pelirroja le hubiese causado gracia en otra situación, pero no ahora. Ella notó el semblante serio que tenía y se apartó de la puerta—. Pa-pasa...

No fue necesario dar ni diez pasos para tener a Yamato frente a él. Las miradas de ambos chocaron, Taichi podía distinguir la sorpresa en los ojos azules del rubio, el cual, por otro lado, luchaba por vislumbrar lo que escondían los ojos color chocolate del antiguo portador del emblema del valor. Tai giró su cabeza hacia Sora, quien se había ubicado a un lado de ambos, apoyando su espalda contra la pared del pasillo.

—Sora, no creo que quieras escuchar esto ahora, ¿puedes esperar afuera ó en otra habitación?.

—No —respondió la aludida con pose firme.

Taichi suspiró resignado, volvió a su duelo silencioso con Yamato. Si no lo decía todo de una sola vez no podría terminar de decirlo. Apretó los labios, se relajó en la medida de lo posible y dejó que las palabras fluyesen.

—Mimi me llamó..., a Yoshiro lo alcanzó una bala perdida de un tiroteo mientras estaba en la escuela. Está hospitalizado.

La manera en la que cambio la expresión en el rostro del rubio resulto ser lo peor que Tai hubiese visto en su vida. Primero parpadeó un par de veces, como si aún no terminara de procesar las palabras, para luego dar paso a la confusión y el miedo..., no, eso no era miedo, era pánico, pero un pánico silencioso que sólo se expresaba en una mueca. Parecía que estaba a punto de caer sobre sus rodillas y echarse a llorar, devastado.

Sora había "unido los puntos" en un abrir y cerrar de ojos, cubrió su boca con una mano. Tai quería acudir a ella, pero era Yamato quien realmente necesitaba de cualquier clase apoyo que pudiese brindarle.


Todo le parecía una especie de sueño ó mejor dicho, pesadilla. Tai había puesto las manos sobre sus hombros y le dijo algo que no pudo comprender. No dejaba de pensar en su hijo, Yoshiro, el niño que sólo quería saber sobre su padre, ¡y que lo quiso a pesar de estar tan ausente en su vida!. Le parecía una especie de burla por parte de la vida. Pensó en Mimi. Si a él le dolía, la castaña debía estar mucho peor... Luego de eso todo le pareció confuso. Notó que le dolía la cabeza, se había arrancado unos mechones de cabello y, no recordaba cuando había subido al automóvil de Tai, ni el viaje en este, se encontraban en un aeropuerto, lo que si recordó fue que le pidió al castaño unas pastillas para dormir. Dormir fue la peor idea que pudo tener, demasiados recuerdos se dieron el lujo de aparecer, convirtiendo el viaje en una especie de desfile sobre lo malas que fueron sus acciones. Cuando despertó en la terminal, Taichi le habló.

—Yamato, te voy a llevar al hospital donde están Mimi y tu hijo.

Fue en ese momento que, en un arrebato de impulsividad, abrazó al castaño con todas sus fuerzas y un amargo llanto le hizo cerrar los ojos.

—Yo nunca quise dañarla...—dijo antes de que el nudo que es estaba formando en su garganta le impidiera articular palabra alguna. Sintió que el castaño le daba unas palmadas en la espalda.

—Ya... ya habrá un momento para hablar de ello..., ahora lo importante es que estés junto a Mimi. ¡Vamos!, ella te necesita.

Cuando llegaron a la sala de espera en la que se encontraba ella, le costó reconocerla. Tenía el rostro macilento y unas ojeras inmensas, sus ojos estaban enrojecidos de tanto llorar y su cabello había perdido notablemente su brillo.

—Yamato... —fue lo único que alcanzó a decir antes de que el rubio la envolviese con sus brazos. Al ver que Tai también estaba allí trató de agradecerle, pero sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas y solo pudo hacerlo con un gesto de manos.

—¿Qué han dicho los médicos? —preguntó el rubio con inseguridad.

—Que... que es p-posible que... —no se sentía capaz de hablar de ello, pero se obligó a intentarlo—, que mue... ¡No quiero perder a mi bebé! —ya no pudo contenerse.

—Y no lo perderemos —quería consolarla por difícil que le resultase. Nunca había sido bueno para ello—, no podemos perder la esperanza, él no se rendirá, por eso no podemos hacerlo nosotros. Además, si saco algo de ti, de seguro que es tu terquedad —estaba consciente de lo delicado de la situación, pero fue su último recurso para tratar de animar a Mimi.

La castaña hundió su rostro en el espacio entre el cuello y el hombro de Yamato y respiró hondo, necesitaba estar junto a él en un momento como este. Volvió a repetirse que no podía darse por vencida y se separó lo justo para hablarle.

—Ya tendrás oportunidad de ver que no es así... y, si tiene algo de terco lo sacó de ambos, a fin de cuentas es... es nuestro —dijo con una tímida sonrisa en los labios.


Lo único que tengo como excusa ante el hecho de dejar a un paso de la muerte a uno de los personajes es que se me pegó de leer Canción de Hielo y Fuego, así que digo desde ya que no es seguro que sobreviva (hora de mendigar RR: la alternativa con más RR ganará XD).

Para todo el que se pregunta qué pasará con el hijo de Yamato y Mimi, eso y todo lo demás se resolverá en el epílogo, que ya estoy escribiendo y espero terminar pronto. Lo único que puedo adelantar es que le dará un respiro a los personajes.

Nos leemos luego.