¡Buenas! Primero de todo recordar que los personajes no son míos, todos son obra de la reina JK! Lo único que sale de esta loca cabeza es la trama. Como siempre pido perdón si se me cuela algún error de ortografía.
Agradecer a todos aquellos que me dejáis un mensaje, ¡de verdad me animan muchísimo! Espero que este nuevo capítulo os guste también y me lo hagáis saber con un review, ya sabéis que se aceptan todos; buenos y malos, toda crítica es buena si ayuda a mejorar. Agradecer también a los que lo mandáis a fav o le dais follow.
El capítulo de hoy me quedó un poco mas largo de lo esperado pero bueno no demasiado. Hoy veremos la cara amarga de los divorcios esa parte que todos temen afrontar.
Sin mas a leer.
Los Malfoy
Draco caminaba por los oscuros pasillos del Ministerio de magia. Tenía que hablar con su pequeño, debía hacerlo. Para el Scorpius era su mundo, su hijo, todo lo que quería en la vida. Era su pequeño.
No sabía cómo iba a reaccionar y eso le tenía temblando. Él no era tonto y sabía que aunque el pequeño se hacía el duro, en el fondo de su corazón, Scorpius anhelaba que Astoria le quisiera, y eso le enfurecía.
Nunca había odiado a Astoria, nunca. Cuando se casaron por obligación él le dejó claro que jamás la amaría pues su corazón pertenecía a alguien más pero a ella no le importó. Conocía a su esposa desde el colegio y siempre le cayó bien, pues era la hermana pequeña de una de sus amigas, pero nada más. Jamás la vio como mujer o esposa.
Al principio su matrimonio no era malo, pero con el tiempo Astoria cambió. Él siempre supo que era una caprichosa, pues creció rodeada de lujos, siempre teniendo lo que ella deseaba, pero esta vez Draco no podía darle todos sus caprichos, lo que la morena quería era el corazón de su marido y eso jamás lo tendría.
Ese momento fue el detonante del infierno en el que el rubio vivía, su mujer se volvió controladora y chantajista, la paz y cordialidad que reinaba en su casa se esfumó. Y cuando le engaño con esa poción de la lujuria para quedarse embarazada fue lo que hizo que Draco perdiera su respeto por ella. El plan de su esposa había salido redondo, pero una vez más no obtuvo lo que ella deseaba. Draco sabía que Astoria buscó atarle a ella con ese niño, ella le juró y perjuró que amaría al niño con la intensidad con la que lo amaba a él. Mentira, otra mentira.
En cuanto Scorpius nació, el sintió que volvía a la vida, sintió que a pesar de no tener a Hermione a su lado, esa pequeña personita le daba la vida. Su hijo se convirtió en su mundo. No entendía porque Astoria se volvió tan arisca y ni siquiera sabía porque ella, la mujer que le llevo nueve meses dentro, se negaba a coger a su hijo en brazos. La respuesta era simple, celos. Astoria sentía celos de las atenciones que él le daba a Scorpius, y fue entonces cuando no solo perdió el respeto, sino que empezó a odiarla con todo su corazón.
Una persona que despreciaba a su hijo como su esposa lo hacía era alguien que merecía su odio. Su pequeño, que era un niño maravilloso, sufría por culpa de esa bruja que solo se preocupaba por ella. Era una egoísta y el la detestaba.
Suspiró y miró de reojo al niño que iba más que feliz siguiéndole. Draco sonrió, sabía que tenía tan feliz a su hijo. El motivo de la felicidad de Scorpius era la misma que la suya. Hermione Granger, pues el Weasley pronto sería historia.
Como dijo antes, su pequeño estaba falto de amor de madre, y eso era algo que le mataba por dentro. Su niño solo quería una madre y siempre se lo decía y el solo podía sonreír y contestarle que no necesitaba una madre, que le tenía a él.
Pero hoy, al ver como su pequeño miraba y sonreía a Hermione le hizo darse cuenta de que su hijo estaba falto de algo fundamental en la vida. Una madre, y él quería que Hermione se convirtiera en la madre de Scorpius, y por la cara del rubio, el también.
Pensó en su castaña y la sonrisa de gilipollas creció, esa mujer era su todo. Pocos lo sabían, poquísimos, Blaise, Theo, Pansy, su esposa y su madre eran los únicos que conocían su secreto. Unos lo apoyaban más y otros menos, pero lo sabían.
Hermione era todo lo que siempre soñó en la vida. Una mujer hermosa por fuera y por dentro, valiente y orgullosa, inteligente, astuta… Hermione era todo lo que le gustaba en una mujer, pero estaba prohibida.
Estaba prohibida por algo tan estúpido como era su sangre. Ridículo. Cuando era un niño pequeño y caprichoso la sangre le tiraba fuerte, pero llegó un año en que no podía mirarla como una sangre sucia más, no, era SU sangre sucia, suya, aun sin ella saberlo.
Cuando le dio la tremenda bofetada, allá por su tercer curso de Hogwarts no pudo esconderlo más. La atracción que sentía por la terca Gryffindor se convirtió en amor. Sonrió. Quien lo iba a decir, Draco Malfoy enamorándose de la única mujer que le había puesto la mano encima.
Quizás por eso se enamoró de ella. Porque no se amilanaba ante nadie, ni siquiera ante el que tenía la fama de ser hijo de mortífago y tan rico que podría hundirla en su segundo. Aun así ella no le temía, le enfrentaba con la misma sagacidad que él y eso le encantaba.
Pero claro, era prohibida. Nunca funcionaría, ella debía estar con Weasley y el con alguna boba hueca de su misma clase. Por eso decidió hacerle la vida imposible, ocultando sus sentimientos bajo insultos. Bajo amenazas.
Que idiota había sido. Si solo hubiera luchado, si se hubiera enfrentado a todos, si hubiera peleado por conquistarla y no porque lo odiara, quizás, tal vez Hermione ahora sería suya. Quizás estarían casados y Rose y Scorpius serían hermanos. Quizás si solo hubiera sido valiente, su hijo habría tenido una madre como Merlín manda, una que le amara incondicionalmente.
Llegó frente a la puerta de su despacho y la abrió, dejó pasar al pequeño niño antes de pasar el cerrar la puerta. Scorpius corrió a sentarse en el enorme sillón giratorio y el rubio mayor sonrió con tristeza. Temía de verdad lo que se avecinaba. Temía evaporar la felicidad de Scorpius.
El, por egoísmo, por su amor hacia la castaña y su impulsividad iba a destrozar lo que su pequeño conocía como hogar. Se sintió un monstruo, un mal padre.
- Scorp, tenemos que hablar – dijo con voz solemne mirando serio al pequeño que dejó de girar en su silla.
- ¿Qué ocurre papi? – pregunto con preocupación, rara vez su padre le miraba tan serio, se veía ¿triste? ¿Asustado?
Draco suspiró y se acercó a su hijo, lo tomó en brazos con facilidad pues el pequeño no pesaba nada y lo sentó en sus rodillas. Miró su carita preocupada y sintió una punzada en el corazón, era ahora o nunca.
- Veras hijo, yo… - las palabras se acumularon en su garganta sin atreverse a salir ¿estaba haciendo lo correcto?
Los curiosos ojos de su hijo lo ponían nervioso, no sabía qué hacer, se estaba arrepintiendo, estaba dando marcha atrás… no importaba su felicidad ahora, sino la de su vástago. Aun así decidió hablar, decidió abrir su corazón a su pequeño. Scorpius era muy maduro para su edad, parecía que la carencia de efecto maternal hubiera hecho que creciera más rápido de lo normal.
Hablaría, hablaría y dependiendo de lo que su hijo pensara actuaría. No pensaba dañarle, primero muerto – Scorpius, verás… como sabrás tu madre y yo… no…
- ¿Pasó algo con Astoria? – preguntó el niño. Draco sintió una punzada en el estómago, rara vez Scorpius llamaba a su madre "mamá" pero claro, era su propia madre quien le prohibía llamarlo de esa manera.
- No hijo, bueno si… es que…
- Tranquilo papá – dijo Scorpius al ver el ataque de histeria de Draco – cuéntame, soy mayor ¿recuerdas? La señora Granger me lo dijo.
Cuando nombró a Hermione la sonrisa de los Malfoy creció y de nuevo el estómago de Draco sufrió una punzada, pero esta vez una punzada agradable - ¿Qué opinas de Granger hijo?
- ¡Es muy guapa papi! – Respondió con una sonrisa el niño - ¡Y muy buena!
- Sí, lo es…
- Me gusta, es muy amable conmigo papi, me deja mirarla a los ojos, me dice que soy muy mono y me abraza, aun cuando no debería hacerlo – Draco miraba con ternura a su hijo emocionado hablando de la castaña – sería una gran mamá.
El tono de voz de Scorpius escondía algo, y esa mirada ladeada con el toque de la malicia Malfoy en esos ojos grises hizo que Draco pensara que su hijo le estaba intentando decir algo, pero esa era imposible ¿no?
- Sí, bueno por lo que tengo entendido lo es…
- Se va a divorciar papi – dijo demasiado emocionado Scorpius haciendo parpadear a su padre.
- ¿Cómo sabes tú eso?
- Rose me lo dijo. Es mi nueva mejor amiga ¿sabes? Y los mejores amigos se lo cuentan todo – Draco sonrió con ternura y acarició la cabeza de Scorpius que se puso tenso en un segundo asustando a su padre – Papi, no le dije nada a Rose pero ¿no te molesta que sea mi amiga no?
- ¿Por qué me iba a molestar? – pregunto Draco con curiosidad.
Scorpius bajó sus ojos grises al suelo y comenzó a juguetear nervioso con sus cortos y regordetes dedos – Bueno, la mamá de Rose, es hija de muggles, y ella…
- ¡No digas tonterías hijo! – Le corto Draco – Eso no importa mientras sea buena chica.
- Pero mi madre dice…
- Tu madre es una mujer que no sabe lo que dice y está llena de prejuicios – contestó Draco apretando los dientes con furia. Si algo tenía claro es que la sangre solo era eso, sangre. Es cierto que en su pasado pudo pensar diferente, pero Hermione le cambió la visión del mundo. La llamaba sangre sucia cierto, pero ¿Qué hacer sino? No podía decirle que la quería, eso habría sido su ruina, la de ambos.
- Entonces no te importa…
Draco suspiró – Mira Scorp, tu padre cometió graves errores, gravísimos. Juzgué mal a la gente, yo pensaba que los hijos de muggles eran inferiores, pero un día alguien me hizo ver que eso era una tontería. Una mentira. Y cambié.
- ¿Quién te hizo cambiar de idea?
¿Debía decirle a su hijo la verdad? ¿Debería? No lo sabía, no estaba seguro. Esos enormes ojos grises le miraban con una curiosidad que le estaba matando, pero no debía, no podía… Scorpius era muy pequeño para entender las cosas. Aun así maquilló un poco la verdad.
- Una chica en el colegio – dijo sonriendo con nostalgia – era una hija de muggles, de Gryffindor. Me ganaba en todo, salvo en volar, sabes que en eso no me gana nadie – le guiñó un ojo a su hijo que le miró con una sonrisa y prosiguió – Esa chica me sacaba de quicio, en primer y segundo curso llegué a odiarla, pero en tercero me dio una bofetada que me giró la cara.
El pequeño se llevó las manos a la cara, nunca nadie había osado faltarle el respeto a su papa de esa forma – ¿Y qué paso? ¿Qué hiciste?
- Pues la verdad hijo la traté muy mal, muy mal… pero no quería hacerlo, porque esa bofetada me había abierto los ojos. A pesar de ser hija de muggles y yo un Malfoy, no me tenía miedo, no solo era la chica más inteligente de todas, también era valiente.
- ¿Te gustaba? – preguntó Scorpius con una risilla que hizo a su padre carcajearse.
- Merlín, muchísimo.
- ¿Y porque no te casaste con ella? ¿Era mala?
Draco suspiró, ¿cómo explicarle a su hijo todo? Algún día lo haría pero no ahora, no era el momento – Hijo, eso no te lo puedo explicar, al menos no ahora, pero algún día lo haré. Y no, no era mala, tenía el corazón más puro del mundo.
- Pero no lo entiendo papi, si ella te gustaba ¿Por qué no la hiciste tu novia? ¿Te daba vergüenza?
- No hijo, pero ella no me apreciaba mucho, la traté mal ¿sabes?
El niño asintió – Sí, pero papi, siempre me dices que a las chicas las hay que tratar bien ¿Por qué no lo hiciste tú?
- Porque era un tonto, y por eso no quiero que tú lo seas. Perdí mucho siendo un tonto Scorp, no quiero que tú pases por lo mismo.
El niño se lo pensó un momento y más tarde miró a su padre a los ojos con una sonrisa – Seguro que si le pides perdón te perdona, eres bueno papi – Draco sonrió y le dio un beso en la frente – Lo que no entiendo es por qué te casaste con mi madre.
- Fue una decisión de tus abuelos, pero eso te lo explico otro día – el pequeño frunció el ceño y Draco soltó una cantarina risa – Mira, hijo, no importa lo que pasara, solo te digo que, nunca hagas como yo, no seas tonto, no dejes escapar lo que te hace feliz por cobarde.
Scorpius le miró y asintió dándole un abrazo a su padre. El tono del rubio mayor dejaba ver que por dentro estaba sufriendo y él no podía ver a su papa sufrir. Por lo visto su padre estuvo enamorado de otra mujer antes de casarse con su madre, eso era un problema, pero seguro que hacía mucho tiempo que no se veían… ¡Unicornios galopantes! Si su papa seguía enamorado de esa chica, el plan que había pensado con Rose se estropearía. Tenía que sacar más información.
Se separó de su padre y dijo – ¿Y qué fue de esa chica? ¿Sabes algo de ella?
Draco se puso rígido ¿Qué si sabía algo de ella? ¡Salazar! ¡Lo sabía todo! Todo ese tiempo él se había dedicado a vigilarla desde las sombras, ser su guardián, aunque ella no tuviera ni idea y lo viera como un colega de trabajo más – Bueno si, sé que se casó y tiene una hija. Pero basta de preguntas Scorpius.
- Vale, solo quería saber, es que me cuesta entender como teniendo a una chica buena te acabaste casando con Astoria – dijo en tono de reproche cruzando sus brazos. No había sacado mucha información pero lo que había sacado era bueno, su padre no sabía mucho de esa desconocida y por lo visto ella estaba casada y tenía una familia, perfecto, así no molestaría en sus planes.
- Hablando de Astoria, tengo algo que decirte – No sabía porque pero esa pequeña conversación con su hijo le había dado las fuerzas que hace unos minutos le faltaban. Su hijo le observó con toda la atención del mundo y suspiró. Era la hora – Scorp, he decidido divorciarme de tu madre.
El pequeño rubio se quedó de piedra ¿ese era su día de suerte? Por dentro, un pequeño Scorpius bailaba y saltaba de alegría, de verdad desear las cosas con fuerza servía para mucho. Quizás la próxima vez deseara una escoba voladora. Oye, por probar…
El silencio de su hijo le tensó enormemente, a diferencia del pequeño, Draco pensaba que había metido la pata. Ajeno a los felices pensamientos de su hijo, Draco pensaba que el golpe emocional había sido tan duro que su hijo estaba en shock. Si se ponía a llorar llamaría a Theo y mandaría todo al demonio. Amaba a Hermione y odiaba a Astoria, pero lo primero era su hijo.
- Scorp ¿estás bien? – pero entonces un repentino abrazo de oso de su pequeño hijo le sacó de onda ¿Su pequeño estaba sonriendo?
- ¡papi! Eso es genial.
- ¿Entonces… no estas triste?
Scorpius se separó de él y negó – A ver, me sorprende un poco, pero estoy feliz. Papi, Astoria no es buena con nosotros, a mí no me quiere, yo lo sé por más que tú y la abuela Cissy os empeñéis en ocultarlo.
- Bueno pero es tu madre y entendería que te doliera.
El pequeño se encogió de hombros – No, la verdad es que me da igual. Nunca estoy con ella y cuando estoy con ella ni me mira, solo habla de ti. Un día la escuche hablar con Pansy diciendo que me odiaba porque por mi culpa tú no le hacías caso.
Draco tensó la mandíbula, maldita bruja egoísta y rastrera ¡¿Cómo podía ser así?! – escúchame Scorpius, ella no importa ¿vale? Yo estoy aquí, la abuela está aquí, no la necesitas ¿vale?
- Ya lo sé, tranquilo papi, al principio me dolía mucho que no quisiera ser mi mamá, pero ahora que tú has decidido divorciarte, pues podrás encontrar una mujer y que ella sea mi mama.
La carcajada que soltó Draco se pudo escuchar incluso en la China. Sus nervios habían desaparecido. Es cierto que una furia se apoderó de él cuándo escuchó lo que su hijo había dicho, pero esto se disipó al momento que su pequeño le insinuó que debía buscarle una nueva madre, él ya tenía candidata, pero quedaba el trabajo duro, hacer que ella quisiera ser la madre de sus hijos. Y estaba seguro de que Scorp también estaría contento con su decisión.
- Me gusta la señora Granger para ti papi – Otra vez ese tono, eran imaginaciones suyas, seguro ¡era imposible que su hijo quisiera hacerle de Celestino precisamente con la mujer de la que llevaba enamorado años! ¿Cierto?
- ¡Que obsesión te ha dado ahora a ti con Granger!
- Es que es perfecta para ti papi – dijo y comenzó a enumerar una lista de virtudes mientras los contaba con los dedos – es guapa, es lista, trabaja aquí, tiene una hija y bien sabes lo que quiero una hermana ¡pues ya la tendría! Y además me llevo genial con ella – Draco amplió su sonrisa – y según Rose es una mamá genial, cuenta cuentos como nadie, arropa por las noches, me da abrazos y besos y hoy me acaba de conocer – Draco puso una sonrisa triste en su rostro al ver la emoción de su hijo, en cierta forma era posible que Hermione el día de hoy le hubiera dado más amor maternal que Astoria desde que Scorpius nació.
- Por no decir que es íntima amiga del Ministro, ¡ah! Y por lo visto cocina muy bien, según Rose hace unas galletas de chocolate buenísimas. ¡Es perfecta papi! ¡A esta no la puedes dejar escapar!
La carcajada que soltó en ese momento Draco fue bestial, haciendo sombra a las que había lanzado anteriormente. Definitivamente algo tenían los Malfoy que les hacía caer como bobos en las redes de las Granger. Él había caído en su embrujo hace años y su hijo esta mañana. Increíble.
- Bueno, ya veremos además Granger también tiene que estar de acuerdo ¿no? ¿O la obligamos a casarse conmigo?
Scorpius negó – No papi, tienes que enamorarla bien, llevarla al parque, comer helado… ¡ah bueno y tendrías que querer también a Rose papi! Eso es importante – dijo Scorpius como quien no quiere la cosa. Que Hermione fuera su mama estaba muy bien, es más lo deseaba, pero ahora tenía que convencer a su papá de que quisiera a Rose, ella era buena y necesitaba un papá – Por lo visto su papa tampoco le hace mucho caso.
Esa información descolocó un poco a Draco, él sabía desde esa mañana que el hogar Weasley – Granger estaba un poco… roto, pero nunca pensó que Weasley había abandonado también sus obligaciones como padre, s es que cuando el decía que era idiota... – ¿Y eso? ¿No habla con su padre?
- No mucho, según ella su papa al principio era guay y jugaban mucho, como tú y yo – Draco volvió a sonreír – Pero un día, su papa cambio, no le hacía caso ni a ella ni a la señora Granger, y luego nada, ni se acordaba de su cumpleaños ¡por eso si queremos que la señora Granger te quiera deberás querer tú también a Rose!
Draco soltó un suspiro, si su hijo supiera que él quería a esa niña desde que nació, solo por ser hija de quien era. La comadreja era un caso aparte, solo había sacado su color de pelo, por lo demás era una copia exacta de Hermione. Si su hijo supiera que él amaba a esa niña como suya, si el supiera que esta mañana cuando la conoció en persona por primera vez sintió una emoción parecida a la que sintió cuando él había nacido… Si solo Hermione les aceptara…
- Papi, sé que es complicado, pero podemos hacerlo ¡somos Malfoy! Y de verdad sería una gran mamá.
- Por supuesto que si –dijo Draco – pero no es tan sencillo hijo – los ojos de su hijo le miraron curiosos pero no quería hablar más de eso, estaba hablando demasiado y lo sabía, había abierto su corazón a su pequeño hijo más del necesario.
Scorpius sabía hasta donde podía tirar de la cuerda con su padre y la actitud y tono del rubio mayor le hizo saber que era tiempo de dejar el tema a un lado. No quería hablar de mas y que su plan, tan maravillosamente avanzado según él se fuera a la basura – Tengo gana de ir a dormir a su casa, aunque al final no os caséis al menos podemos ser amigos.
- Claro que si hijo – dijo en un susurro Draco. Miró el reloj. Era tarde, debían irse a casa, por más pocas ganas que tuviera de encontrarse con su mujer. A estas alturas del día, lo más probable es que ya lo supiera todo y estuviera hecha un basilisco. Pero debía enfrentarlo. Su felicidad y la de Scorpius dependían de él.
- Vamos a casa hijo, debo hablar con tu madre – el niño asintió y se bajó de un salto del regazo de su padre acercándose a la chimenea del despacho. Cuando su padre se situó a su lado le tomó la mano y se preparó para llegar a casa - ¡Mansión Malfoy! – y fueron engullidos por la llamas verdes.
Una vez llegaron a la chimenea de la mansión salieron sacudiéndose la ceniza de sus ropas. Scorpius estaba nervioso, siempre lo estaba cuando se trataba de su madre, pero esta vez temblaba de pies a cabeza, su padre al notarlo apretó su mano y le susurró un "tranquilo"
Caminaron hasta el salón donde Astoria pasaba las tardes leyendo la revista "Corazón de bruja" o probándose y mirando todo lo que se había comprado. Cuando llegaron a la puerta vieron a Dilly, el elfo, en la puerta frotándose las manos nervioso.
- ¿Qué pasa Dilly? – preguntó Draco.
- Es el ama, amo – dijo nervioso el elfo que se frotaba cada vez más rápido las manos poniendo de los nervios a los rubios – se ha vuelto loca amo – dijo caminando nervioso – No debí decir eso… no debí decirlo…
Cuando se iba a dar golpes contra la pared Draco gritó – ¡Estate quieto Dilly! ¡Te prohíbo que te castigues! – El elfo frenó en seco y miró asustado a su amo – Ahora explícame que ha pasado.
- El ama recibió la visita de la señora Pansy amo, el ama estaba muy enfadada y gritaba amo. Dilly no podía hacer nada.
Un ruido atronador de porcelana rompiéndose sonó tras la puerta haciendo que el elfo y el niño pegaran un bote asustados. Draco suspiró, esto sería más difícil de lo que creía – Dilly, llévate a Scorpius arriba.
- ¡No papi! ¡Yo quiero entrar!
Draco le miró con reproche – Ni hablar, tú te vas arriba con Dilly, esto es cosa de mayores.
- ¡No! – Gritó agarrándose a su pierna – ¡Quiero quedarme contigo!
- En cuanto termine subiré contigo, pero sube – el niño negó aun aferrado a su pierna - ¡Scorpius!
- ¡Por favor papi! – suplicó entre sollozos. Draco no podía ver a su pequeño así, se le partía el corazón. Scorpius estaba asustado, y lo entendía pero no podía hacerle ver el espectáculo que seguramente se formaría.
- Escúchame, está bien, no subirás – Scorpius le miró con esperanza – Pero tampoco entraras, te quedaras aquí afuera con Dilly ¿entendido? – El niño asintió – y por más que escuches no entres ni hagas nada, ni mucho menos hagas caso a lo que puedas escuchar ahí dentro ¿entendiste? – El niño volvió a asentir y Draco se agacho para besar la parte alta de su cabeza – Ahora vuelvo.
Draco se encaminó hacia la puerta con gesto enfadado y dejó a un lloroso Scorpius atrás, cuanto antes acabara con esto, mejor. Abrió la puerta y lo que vieron sus ojos le dejó paralizado. El salón estaba completamente destrozado. Las figuras, libros y vitrinas destrozadas. Los muebles volcados y su mujer hecha una fiera totalmente despeinada y llorosa en el centro de la sala, destrozando lo ya destrozado.
Draco por un momento sintió lástima por ella. A sus pies yacía la carta culpable de todo. Entendía a su todavía esposa. Desde la cuna la criaron para encontrar un marido y conservarlo a su lado, para su familia, Astoria no tenía más trabajo que ese, ser la mujer de, y quedarse en casa contentando a su familia. Debió ser un duro golpe saber que su marido la dejaba.
Astoria notó movimiento cerca de la puerta y clavó los cristalinos ojos en su marido – Draco… - susurró – Draco… ¡Draco! ¡Oh Draco! – corrió a abrazarle, con lágrimas en los ojos, era su última oportunidad y ella lo sabía, o lo mantenía a su lado ahora o lo perdería y eso no podía ser.
El rubio no la dejo acercarse, la tomó por los brazos y la mantuvo alejada de su cuerpo – Tenemos que hablar.
- ¿Por qué me haces esto? – Dijo llorosa en un susurro – ¡¿Por qué me haces esto?!
- No lo hago para dañarte…
- ¡Pero lo haces! – Dijo fuera de sí peleando por soltarse – ¡Lo he dado todo por ti! ¡Todo! ¡Y solo he recibido indiferencia!
- Te deje las cosas claras el día que nos casamos – dijo secamente Draco.
- ¡Pero aún tenía esperanza de que con el tiempo me amaras! ¡Lo intente todo y no sirvió! ¿Por qué Draco?
El rubio suspiró y comenzó a caminar por el destrozado salón – No puedes obligar a nadie a enamorarse de ti.
- ¡Tú debes amarme! ¡Soy tu mujer!
- ¡Yo no te elegí y lo sabes! – explotó el rubio.
- ¡¿Pero a ella si no?! – le gritó Astoria acercándose amenazadoramente a el - ¡A esa asquerosa si la elegiste ¿no?!
Draco le enganchó el brazo con fuerza asustando a la castaña - ¡No vuelvas a insultarla! ¡Ella no tiene nada que ver!
- ¡¿Aun lo niegas?! – Gritó su mujer devuelta sin amilanarse - ¡Se lo de su divorcio! ¡Sé que es por su culpa que decidieras abandonarme!
- ¡Ella no tiene nada que ver! ¡Ni siquiera sabe lo que siento por ella!
- ¡mientes! – Gritó de nuevo Astoria - ¡Esa perra quiere robarme a mi marido, quiere robarme lo que es mío! ¡No lo permitiré!
- ¡No la insultes! – Gritó zarandeando el brazo de Astoria - ¡Ella no tiene nada que ver!
- ¡Si lo tiene! ¡Quiere quedarse contigo! – Gritó fuera de sí, asustando incluso a Draco, jamás había visto tal ataque de locura en nadie, ni siquiera en su tía Bellatrix, lo que ya es decir – ¡Quiere separarte de mí! ¡Por eso ha dejado al inútil de su marido!
Draco la soltó, era imposible razonar con esa mujer y menos en ese estado – Estas loca – escupió con asco mientras la soltaba.
- ¡¿Loca?! Es posible ¡pero loca de amor! ¡Te quiero Draco! ¡Eres mi marido!
- ¡Pero yo a ti no! ¡Te lo dejé claro siempre! – gritó agarrándose la cabeza Draco harto de su mujer
- Por favor, por favor Draco – suplicó Astoria tomando las manos de su marido – Por favor no me dejes, no lo hagas, mi amor por favor – lloró desesperada intentando hacer a su marido entrar en razón.
- No Astoria, no. Está decidido, no te quiero por Merlín, es lo mejor para todos.
Astoria le abrazó desesperada, mientras se desgarraba la garganta entre lágrimas haciendo a Draco sentirse un monstruo, esa mujer no merecía compasión pero no soportaba ver el daño que estaba causando en ella, no le gustaba ver a mujeres llorando - ¡Por favor! ¡Draco no me dejes! ¡No me dejes mi amor! ¡No por ella!
Draco la empujó y la miró con dureza – Astoria por favor no te arrastres más ¡Merlín, ten amor propio!
- ¡Me da igual todo! ¡Te lo suplico Draco no me dejes!
- Esta decidido Astoria, esto no está bien, yo sufro y tu sufres y sobretodo Scorpius sufre.
- ¡Por favor no! ¡Juro que seré buena madre! ¡Lo juro! ¡Cuidaré al niño pero por favor no me dejes! ¡Haré lo que sea, lo que sea! – suplicaba Astoria intentando abrazarle.
- ¡No! – gritó furioso Draco. Si Astoria pensaba que chantajeando a Draco con Scorpius iba a lograr algo estaba equivocada, solo había incrementado la furia de su marido – ¡Me parece asqueroso que intentes chantajearme con el niño! ¡Asqueroso! ¡Es tu hijo por Merlín!
- ¡Pero me robó tu atención! – gritó entre lágrimas cesando su intento de abrazarle – ¡Pero ya no me importa si así te tengo a mi lado! ¡Por favor Draco!
Draco se alejó de ella con la furia danzando en sus grises ojos, deseaba estrangularla con sus manos, primero echaba la culpa a Hermione de su divorcio, que si bien era cierto que el divorcio de la ex Gryffindor había sido el detonante para que el comenzara el suyo, ella no había tenido nada que ver, al menos no conscientemente.
Luego intentó chantajearle con Scorpius, prometiéndole ser buena madre ¿se podía caer más bajo? ¿Pensaba que empezando a atender ahora a su hijo él se enamoraría de ella? Si pensaba eso, estaba más loca de lo que pensaba. Esa mujer debía entender que si él se divorciaba era precisamente porque no la soportaba, porque no podía vivir un minuto más con ella, porque su egoismo le ponía enfermo.
- Me das asco – escupió Draco haciendo que los verdes ojos de su mujer se clavaran en el con dolor y miedo – No puedo entender como duermes tranquila todas las noches.
- ¿Qué quieres decir?
Draco soltó una risa amarga – quiero decir que eres despreciable. Te casas conmigo, a sabiendas que no te amo y que nunca lo haré, eso puedo entenderlo pues naciste para eso, para casarte y tener contento a tu marido, esa era tu única meta en la vida – Astoria le miraba anonadada y Draco continuo su discurso – Luego, me engañas, me das un poción de lujuria, y aunque las dos únicas veces que te toque decía su nombre tu seguías empeñada en retenerme a tu lado, y te repito que puedo entenderlo – hizo una pausa mientras tomaba aire pues de verdad controlar su enfado era difícil – pero lo que no llego a entender es como pensaste que teniendo un hijo podría amarte, eso no tiene nada que ver, no entiendo cómo fuiste tan idiota.
- Era la única opción que me quedaba…
- No solo eso, sino que al ver que le hacía más caso que a ti, comienzas a odiarlo, a despreciarlo… ¡a tu propio hijo! ¿Qué clase de monstruo eres?
- ¡Solo quería que me amaras! ¡Ese mocoso me da igual! ¡Solo te quiero a ti! – gritó Astoria tirándose a sus brazos pero fue apartada de un empujón.
- ¡NO DIGAS ESO CUANDO TU HIJO ESTÁ A UNOS METROS Y PUEDE OÍRTE!
-¡PUES QUE ME OIGA! ¡NO ME IMPORTA! ¡LO ÚNICO QUE ME IMPORTA EN LA VIDA ERES TU!
Draco se controló, contó hasta cien, se mordió la lengua, apretó los puños hasta que los nudillos se quedaron blancos, hizo todo lo posible para no matar en ese momento a la mujer frente a el - Eres un ser… ¡horrible!
- ¡Tú me has vuelto así! ¡Tus desprecios! – Gritó – ¡Solo quería que me amaras, que me vieras como una mujer! – dijo mientras sus ojos se tornaban oscuros – Pero siempre preferiste a esa perra, siempre ella, siempre el nombre de esa asquerosa sangre sucia…
- ¡Basta! – Gritó enganchándola de los brazos y zarandeándola – ¡Por eso me divorcio de ti! ¡Por esto! ¡Por como tratas a nuestro hijo! ¡Por cómo eres! ¡Eres un ser asqueroso que echa la culpa al mundo de sus errores! ¡Me divorcio porque me has arruinado la vida y la de mi hijo!
- Draco… Draco me haces daño – susurró con miedo.
- ¡Me importa una mierda! – Gritó – y ahora mismo cojo a mi hijo y me largo de aquí.
Los ojos de Astoria se abrieron con miedo, empezó a llorar de nuevo y a negar rápidamente, abrazándole desesperada mientras el rubio intentaba zafarse de sus brazos – No Draco, no me dejes, por favor ¡por favor te lo suplico!
- ¡No! – Gritó – Me voy con mi madre, o bajo un puente, donde sea antes que contigo.
- ¡Draco por favor! – Gritó de nuevo Astoria mientras el rubio se acercaba a la puerta – ¡No puedes hacerme esto! ¡Por favor dame una oportunidad!
Draco no la escuchó y abrió la puerta donde un pequeño Scorpius lloraba tapándose los oídos siendo abrazado por Dilly. Al ver a su hijo así Draco sintió su corazón romperse en mil pedazos, se giró y miró a Astoria que le seguía llorando a mares, su maquillaje era un desastre y su cara estaba deformada en una mueca de dolor – ¡Mira! – Gritó apuntando a Scorpius – ¡Esto es lo que haces!
Astoria ni miró al pequeño, solo volvió a colgarse del brazo de Draco abrazándolo con fuerza – ¡No por favor! ¡Por favor!
Draco se soltó del agarre y tomó al niño en brazos para subir hacia las escaleras, Scorpius lloraba en brazos de su padre, lloraba muchísimo y el rubio mayor se encerró en su despacho donde se sentó con el pequeño en el sofá, mientras le abrazaba – Lo siento, lo siento hijo lo siento…
- Papi, papi ¿por qué no me quiere? ¿Por qué no puedo tener una mama que me quiera?
- No la escuches, no te merece – dijo tomándole la llorosa carita a su hijo mientras le secaba las lágrimas – ella no es buena, no merece un hijo tan maravilloso como tu ¿vale? – el pequeño asintió. Una lechuza entró en su despacho. Draco se levantó dejando al niño en el sofá y la tomó. Leyó el contenido y suspiro enfadado dando un golpe a la mesa de madera, no iba a ser una noche fácil y mucho menos podía llevar a Scorpius a casa de su madre esa noche, ya había aguantado bastantes gritos.
Se giró hacia su pequeño que se limpiaba las lagrimas son el puño ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Una idea se le pasó por la mente, cogió un pergamino y escribió una rápida nota mandando a su lechuza "Eros" a enviar el mensaje.
Se sentó junto a su hijo a esperar la respuesta, abrazó a su pequeño que se acurruco en su pecho tapándose los oídos con las manos pues Astoria los había seguido y suplicaba desde la puerta. Draco sintió asco y lástima por ella. Nunca una mujer debía arrastrarse así por un hombre, era patético.
- No la escuches, no la escuches – le decía Draco a su pequeño que asentía. Una vez más Eros entró por la ventana con la respuesta volvió a levantarse con el corazón a mil por hora. Draco abrió la carta y suspiró aliviado. Miró a su hijo que le observaba curioso. Se acercó a él y le sonrió – Vamos a adelantar tu visita a casa de las Granger ¿te parece bien?
El pequeño abrió los ojos grises sorprendido – Pero… papi, ¿Dónde iras tú?
- Tengo que ir a casa de la abuela Cissy, pasaré allí la noche – el pequeño Scorpius le miró con un poco de duda y Draco le besó la frente – Vamos, seguro que será divertido y por lo que me has dicho, Granger cuenta unos cuentos maravillosos.
Entonces los ojitos del pequeño brillaron emocionados y asintió. Draco le tomó de nuevo en brazos y salió por la puerta apartando a Astoria que lloraba desesperada al lado de la puerta - ¡Draco! ¡¿Draco a dónde vais?! ¡Recapacita por favor! – pero nada, su marido la ignoraba olímpicamente, encerrándose esta vez en la habitación de su hijo.
Una vez recogió lo necesario para pasar la noche, salió de nuevo encontrándose una vez más con su aún esposa – ¿ES QUE NO TE CANSAS NUNCA? – Gritó harto del acoso incesante – ¡Por Salazar, respétate un poco!
- ¡No me importa arrastrarme si es por ti! ¡Por ti mi Draco, por ti! – Gritaba mientras perseguía a su marido que llevaba una pequeña mochila al hombro - ¡No lo hagas por favor mi amor no lo hagas! ¡No me dejes! ¡No me abandones!
Draco se giró furioso y Astoria tuvo que frenar en seco para no chocarse con el – Lo más despreciable es que estas suplicando por mí, un hombre cualquiera, un hombre de los miles más que hay. ¡Lo más triste y asqueroso es que supliques porque no me vaya yo, mientras que tu hijo te importa un bledo!
Astoria intentó coger a Scorpius en brazos pero el pequeño se aferró más a lo brazos de su padre que apartaron a la mujer con enfado – ¡No, no es eso mi amor! ¡Me importa mi niño! ¿Verdad que quieres quedarte con tu madre? ¿Verdad? – Scorpius se abrazó más a su padre escondiendo su cara en su cuello mientras le susurraba bajo – quiero ir con la señora Granger…
Draco se giró ignorando de nuevo a Astoria mientras escupió un – eres despreciable…
- ¡Draco! ¡Draco por favor! ¡Mi amor! ¡No! – vio como Draco entraba en la chimenea y gritaba una dirección para ella desconocida. Nunca la había oído y un segundo después su marido desapareció entre las llamas verdes dejándola sola en medio del salón.
Comenzó a hiperventilar mirando el hueco vacío de la chimenea y chilló, chilló hasta que su garganta se desgarró y quedó afónica. Chilló de dolor y rabia mientras caía de rodillas en el suelo. Chilló porque su marido la había dejado, porque su marido solo sentía por ella odio. Draco se había ido y estaba segura de que no iba a volver.
