Plagg sonreía de oreja a oreja. El delicioso olor del camembert que Adrien le había dejado inundaba sus fosas nasales, aumentando más sus ganas de zamparse la pieza de queso con cada minuto que pasaba. Cuando ya había decidido que había esperado lo suficiente para devorar aquel manjar, un ruido estridente provino del teléfono de Adrien.
Lanzó un pequeño gruñido en respuesta, debido a la interrupción de su séptimo almuerzo, y volvió su atención al apetitoso queso delante de él, dispuesto a retomar lo que había comenzado. Pero justo en ese momento la puerta de la taquilla donde se escondía se abrió, mostrando al chico rubio con su traje de esgrima.
—Por fin llegas— dijo Plagg exasperado—. Ya estaba harto de escuchar los molestos ruiditos de ese trasto— señaló el teléfono con cierto desdén.
Adrien rodó los ojos. Con el tiempo había aprendido que la única forma de convivir con ese kwami era ignorarlo en ocasiones. Tomó el "trasto" entre sus manos y leyó las notificaciones, encontrándose tan solo una en particular que hizo que sonriera bobamente.
—Ha dicho que sí— murmuró para sí mismo, ganándose una mirada de confusión de parte de Plagg— ¡Dijo que sí!— volvió a repetir con entusiasmo, esta vez consiguiendo que no solo Plagg lo mirara, sino también el resto de sus compañeros de esgrima.
Un sonrojo profundo cubrió sus mejillas y comenzó a reír nervioso, intentando aligerar el ambiente y de camino ahorrarse una sesión de preguntas incómodas hacia su persona. Ninguno preguntó nada, aunque también fue debido a que él salió corriendo hacia su limusina con sus cosas antes de darles tiempo para ello.
—¿Conseguiste una cita?— cuestionó Plagg nada más el chico terminó de abrocharse el cinturón de seguridad.
—¿Qué? N-no. —tartamudeó nervioso ante la pregunta directa de su acompañante— ¿Por qué me preguntas eso?
—Ha dicho que sí, ha dicho que sí— el kwami imitó su voz de forma burlona—. Solo una persona desesperada por una cita habla de esa forma, ¿sabes?
—N-no digas estupideces— respondió tajante, no queriéndole darle la razón—. Reaccioné de esa forma porque bichito respondió— sonrió nervioso, todavía no se acostumbraba a referirse a Ladybug de esa forma cuando no estaba frente a ella, aunque era el único apodo que según ella podía usar en público para referirse a ella. Aunque desde su punto de vista my lady era mucho mejor...
—¿En serio? Ya era hora. Esa chica se demoró muchísimo. ¿Te dijo cuándo será el robo?
—No lo especificó en el mensaje.
—Fantástico...—murmuró con fastidio— Estamos casi como al principio. A este ritmo jamás encontraremos la joya de Hawk Moth.
—No seas impaciente —dijo, dándole un trozo de camembert para no escuchar sus réplicas—. Estoy seguro que poco a poco irá perdiendo su inseguridad.
Plagg rodó los ojos divertido—. Es cierto eso que dicen que el amor es ciego.
—¡Plagg!— se quejó avergonzado, mientras un sonrojo se extendía por sus mejillas. Iba a volver a reclamarle cuando una nueva notificación sonó de su teléfono—. Esta noche.
—¿Qué ocurre esta noche?—preguntó confuso el kwami.
—Quiero que vayamos a verla.
Marinette, mientras tanto, caminaba con dificultad cargando una enorme cantidad de bolsas.
—Mm, compraste muchas cosas. ¿Seguro que tus padres no sospecharán al verte entrar con tantas bolsas?— la chica pelinegra le sonrió de manera tranquilizadora a su kwami.
—No te preocupes, están acostumbrados a verme entrar con muchas bolsas con materiales para mis diseños. Además compré varios rollos de tela para que lo demás pase desapercibido.
—Eso no es lo que me preocupa. Me asusta que te pongas nerviosa si te preguntan que compraste.
—Bueno, es buen motivo para asustarse...—Marinette abrió la puerta principal de su casa y se asomó para comprobar que no había nadie.
Sonrió ampliamente al ver el salón y la cocina completamente vacíos. Procurando no hacer ruido, subió hasta su habitación y una vez allí depositó las bolsas en el suelo.
—Bien, manos a la obra. Ya es hora de que Ladybug pueda realizar su Lucky Charm, ¿no lo crees, Tikki?
El espíritu de la fortuna asintió ansiosa, mientras veía a su portadora comenzar a coser habilidosamente.
Acrofobia. Ese era el nombre que recibía el miedo a las alturas. Su mente recordaba dolorosamente como en muchas ocasiones se había burlado de algunos de sus amigos por padecerlo, principalmente de su hermana mayor cuando ella comenzó a padecerlo a su misma edad. Ahora mentalmente quería que la tierra la tragara, por la vergüenza que sentía y para detener el temblor que recorría su cuerpo.
Tal vez no fue tan buena idea quedar en la cima de la torre Eiffel, cuando todavía no lograba acostumbrarse del todo a estar a grandes alturas.
—¿Y esos temblores, my lady? ¿Tan nerviosa te pone mi presencia?— rápidamente volteó su cabeza hacia la izquierda, encontrándose al joven rubio sonriéndole burlón.
—¿Por qué debería ponerme nerviosa un minino galán?— Ladybug bufó y rodó los ojos—. Como sea, ten —dijo, tendiéndole una bolsa de tela de color negro.
Chat observó lo que le ofrecía curioso y no tardó en tomarla entre sus manos.
—¿Qué es esto?— la chica sonrió, al notar la curiosidad que se reflejaba en la voz y en las acciones del chico.
—Pensé que era injusto que Batman fuera el único que tenga juguetes para pelear.
Chat, de inmediato, sonrió ilusionado como si fuera un niño en la mañana de Navidad y no un ladrón que pensara entrar en una basílica conocida a nivel mundial. No tardó mucho en abrir la bolsa de tela para descubrir que se ocultaba en su interior.
—Nada mal, bichito— respondió al cabo de unos minutos—. Aunque yo le habría añadido algunas cosas más— añadió socarrón.
Ladybug negó con la cabeza divertida—. Hice más compartimentos para tu cinturón por lo mismo, chaton.
—Buen toque— dijo mientras incorporaba los mismos a la correa de su traje y guardaba los "juguetes", que su compañera le había dado, en su interior—. ¿Y bien, bichito? ¿Cómo continuamos esta encantadora velada?
—¿Qué te parece si vamos planeando cómo infiltrarnos en la basílica? Sería muy precipitado volver a colarnos en algún sitio sin atenernos a lo que podría pasar.
El chico asintió conforme.
—Bien, había pensado que podríamos...— comenzó a murmurar en su oído tras aquellas palabras.
Segundos después se separó de él algo temerosa, aún cabía la posibilidad de que no le gustara su plan y tuvieran que idear otro. Y, aunque lo negara, la opinión de su compañero le afectaba mucho. Sin embargo, pudo relajar sus hombros cuando vio una sonrisa burlona asomar por su rostro. No lo admitiría pero las sonrisas de Chat la animaban muchísimo.
—Muy buen plan, hermana. ¿Segura que no eres descendiente de Lupin?— le preguntó, sin quitar aquella sonrisa socarrona en ningún instante.
—Tal vez— respondió, sonriendo de la misma manera—. Ahora vámonos de aquí, suelen pasar varios coches patrullas por esta zona a estas horas de la noche. No sería conveniente que nos atraparan antes de hacer el robo siquiera.
Chat asintió conforme—. Por cierto, ¿ya mandaste el aviso?
—Pensaba hacerlo ahora mismo, aunque todavía no sé el porqué se te ocurrió enviarlos. Es cierto que es menos sucio robar si saben que vamos a hacerlo, pero aún así me sigue pareciendo una idea bastante extraña.
—Kaitou Kid— respondió, encogiéndose de hombros—, él fue la razón por la que lo hice. Adiós, my lady— posteriormente saltó y comenzó a alejarse de la torre metálica.
—Kaitou Kid, eh. ¿De dónde me suena ese nombre?— murmuró, antes de lanzar su yo-yo contra una de las múltiples vigas de metal que había en la torre y comenzar a descender—. Bueno, no importa— dijo, para después dirigirse a la comisaría de policía más cercana que hubiera. Siempre manteniéndose oculta encima de los tejados, lugar que las luces de la ciudad no lograban alcanzar.
"Es inmensa."
Ese era su único pensamiento en aquellos instantes. Había pasado muchos días, observándola en silencio, intentando descubrir cualquier detalle que pudiera servirle de utilidad durante el robo, y gracias a eso había admirado con más precisión cada elemento que componía el enorme edificio religioso. Desde la estatua de Juana de Arco que regía sus puertas hasta sus enormes cúpulas, las cuales más de una vez la habían despistado y habían ocasionado que desviara su atención hacia ellas.
Inconscientemente había comenzado a admirar aquel templo relativamente joven que se imponía delante de ella.
—¿Estás nerviosa?— dijo Tikki en un susurro.
—Mentiría si dijera que no— respiró hondo y dirigió su mirada a su disfraz, que consistía en un hábito de un pulcro color negro que solo era sustituido por un pliegue blanco en los extremos de las mangas y de la falda, llegando esta hasta sus tobillos. También poseía un velo del mismo color que el hábito, unas gafas que junto al maquillaje la ayudaban a ocultar su identidad, un collar con una cruz latina y unos largos rosarios en sus muñecas.
Todavía no se acostumbraba del todo a llevar aquella vestimenta, pero se esforzó en mostrar todo lo contrario para no levantar sospechas.
—Llegó la hora de la verdad, Tikki— le murmuró, ganando un asentimiento de la kwami.
Con paso decidido se dirigió lentamente hacia la entrada principal de la basílica, donde varios policías se hallaban vigilando. Uno de ellos no tardó en interceptarla y se acercó a ella antes de que pudiera ingresar dentro, reteniéndola suavemente por el hombro por unos segundos para captar su atención.
Marinette se volteó hacia él y lo inspeccionó con la mirada, descubriendo que se trataba del inspector Roger, el padre de Sabrina—. Lo siento, hermana. Pero no se puede ingresar en la basílica hoy— le explicó.
—Vaya, no lo sabía— tomó la cruz de su collar y jugó con ella, para relajar un poco sus nervios y también para simular que estaba apenada—. Es una lástima, en verdad quería ver esa misa. Oí decir que las misas que hay en el Sacré Coeur son preciosas— subió su mirada y lo miró fijamente a los ojos, mirándolo de manera esperanzada—. ¿No podría al menos ver el interior de la basílica?
—Me temo que no, tendrá que volver mañana u otro día, hermana. Lo lamento.
—No, la que lo siento soy yo. Soy una mariquita muy impaciente— el hombre pelirrojo abrió los ojos sorprendido al oír las palabras de la que él había pensado que era una monja inocente. Marinette por su lado sonrió, mientras abría el compartimento escondido dentro de la cruz y lanzaba numerosos petardos al suelo que, debido al fuerte ruido que ocasionaban, lograron desorientar a todos los policías que había cerca suya por unos segundos. Oportunidad que aprovechó para entrar corriendo en la basílica.
—¡Es Ladybug! ¡No dejen que escape!— vociferó el inspector apresurado.
Como es evidente, tras esa advertencia todas las miradas de los policías se posaron en ella y no dudaron ni un segundo en empezar a seguirla. Al principio consiguió mantenerlos a raya a los que la seguían, pero pronto se vio perseguida por una mayor cantidad de oficiales de lo que hubo pensado en un comienzo.
—Maldita sea— masculló, cuando vio que una en particular estaba al punto de alcanzarla—. ¡Tikki, tránsformame! —gritó lo más fuerte que pudo, sintiendo al instante como un brillo rojizo cubría cada parte de su cuerpo.
Una sonrisa se formó en sus labios cuando vio su nuevo cinturón alrededor de su cintura. Tikki le había dicho que no era seguro que pudiera conservarlo durante la transformación, pero que haría todo lo posible para que así fuera y por lo que veía la pequeña kwami había logrado su cometido exitosamente.
—Buen trabajo, Tikki— susurró para sí misma, mientras tomaba firmemente su yo-yo y lo arrojaba contra una de las vigas que más sobresalía de la estructura. Con un ágil salto llegó hasta ella y se incorporó sobre ésta, sin apartar la vista de todos los oficiales que la escrutaban con la mirada y que meditaban de manera precisa sus movimientos en base a los que ella hiciera. Ese pequeño hecho la hizo ampliar su sonrisa, ya que eso corroboraba que su plan estaba siendo ejecutado a la perfección.
Cogió impulso y saltó de la viga, dirigiéndose en esa ocasión a una gruesa columna, donde se posó sobre el capitel. Repitió esa misma acción varias veces, procurando captar el mayor número de miradas sobre ella. En todo momento procuró parecer intimidada por la presencia de los vigilantes y los policías, y para ello realizó saltos presurosos de un lugar a otro para que su actuación fuera más creíble. En pocas palabras, hizo el intento de imitar a un animal enjaulado y ansioso por escapar. En su caso no fue muy complicado, tan sólo bastó con complementar su número acercándose al altar, más específicamente al sagrario en el que descansaba el cáliz que tanto deseaba robar. O más bien donde en días normales estaría.
—¡Detente Ladybug!— su voz sonó tan firme y autoritaria que hasta llegó a sorprenderla e incluso hizo que lo envidiara un poco, mas sin embargo siguió caminando hacia el dorado sagrario a pesar de su advertencia.
Tomó la llave que descansaba sobre la mesita que estaba a su costado y abrió el cerrojo que la separaba del cáliz de oro. Sin embargo al realizar dicha acción una red saltó hacia ella y la atrapó en el acto. Se había imaginado que algo así sucedería, era más que obvio que debía haber un motivo para que los policías no hubieran corrido a abalanzarse sobre ella al tocar el suelo pero, a pesar de saber que había una trampa de cualquier tipo esperándola, no pudo evitar blasfemar al ser atrapada. E incluso estuvo moviéndose para poder escapar de la red que la mantenía presa.
—¡Rápido, quitadle los pendientes!— ordenó Roger, sin pensárselo dos veces. Marinette tragó saliva, creía que con el tiempo los ciudadanos habrían olvidado que sus pendientes eran el origen de su transformación, pero al parecer no era así y algunos seguían recordando ese detalle a pesar de haber transcurrido 7 años. Fue debido a eso que recordó que el inspector frente a ella había sido akumatizado por no haber encontrado un osito de peluche amarillo que Chloé había perdido. En aquellos tiempos solamente era un agente de policía más, pero fue poseído por Hawk Moth tras ser despedido al fallar en su "misión". Además había presenciado muchas akumatizaciones tras ser ascendido aquel mismo día, más que cualquier otro civil.
Mientras pensaba aquello, mayor era el número de personas armadas que se aproximaban a ella para tomar sus pendientes y por consiguiente más forcejeaba contra las cuerdas entrelazadas que la mantenían atrapada. A una de ellas, en concreto, no le tomó mucho tiempo llegar hasta donde estaba ella tendida. Con lentitud se agachó para aproximarse más a ella y la observó en silencio por unos segundos mientras acercaba ambas manos a sus orejas, la chica de traje rojo moteado comenzó a temblar al sentir sus dedos sobre sus pendientes, sin dejar de observar en ningún instante los ojos violetas que la examinaban detenidamente.
—Eres tal y como te imaginaba,— siseó en voz baja y frívolamente— una simple sustituta de la anterior Ladybug.
Marinette mordió su labio, presa de los nervios y también del miedo que aquella mujer producía en ella. Quería huir, correr y alejarse de ella lo más lejos posible, hasta que sus piernas se rindieran por el cansancio.
—Lo siento, señorita. Pero yo soy el único que puede acercarse tanto a ella— la voz burlona de Chat arrancó una sonrisa de su rostro al instante, más cuando vio como todas las luces que iluminaban el lugar se apagaban y sintió como alguien apartaba a la fémina rápidamente y la cargaba a ella alejándola del lugar mediante saltos.
Lo próximo que pudo ver cuando volvieron a prender las luces fue el rostro de su compañero y, aunque la irritara la mayoría del tiempo, no pudo evitar acurrucarse contra él en busca de calor nada más verlo. El chico acarició su cabeza sin pensarlo siquiera y la abrazó por la espalda, entretanto susurraba palabras en su oído para calmarla.
—¿Mejor?— preguntó cuando se percató de que la chica se separaba lentamente de él. Ladybug asintió y respiró hondo para recuperar la compostura.
—Sí. Gracias por sacarme de ese embrollo, minino— le agradeció sonriendo.
—No fue nada— le respondió, imitando su gesto—. Eso me recuerda, tengo un regalo para ti— dijo, comenzando a rebuscar en uno de sus bolsillos—. ¿Te gustan las obsidianas, my lady?— los ojos azules de la joven se abrieron sorprendidos al ver la reluciente piedra negra que le mostraba.
—Has conseguido encontrarla —murmuró ilusionada—. Es preciosa— musitó, mientras miraba embelesada la obsidiana.
—Coincido contigo. Por cierto, ¿ya pensaste alguna forma para escapar de aquí? Las claraboyas son una buena opción, pero dudo que podamos llegar hasta ellas sin ser vistos.
Ladybug suspiró—. En un principio tenía pensado que huyéramos a través del campanario, pero al inspeccionar la zona me fijé que delante de la puerta que conduce a él hay varios guardias vigilando. Demasiados como para noquearlos a todos. Además deben estar más atentos ahora que saben que los dos estamos todavía en la basílica— volvió a suspirar—. Debí haberme imaginado que esto pasaría.
—Hey, tranquila— posó su mano sobre su hombro—. Fue muy kwami quien tuvo la idea de venir aquí, así que si hay un culpable de que estemos en esta encrucijada es él —desvió su mirada a las cúpulas que habían próximos a ellos—. Es una lástima que no podamos considerar las claraboyas como vía de escape— murmuró, mientras rompía la red que envolvía el cuerpo de su compañera—. Son lo suficientemente grandes como para que podamos escapar por ellas— dijo, tras librarla de las cuerdas que la ataban.
—Sí— le secundó en voz baja.
—Tal vez podríamos...—no pudo continuar ya que se vio interrumpido por varios gritos.
Se asomó inconscientemente por detrás del órgano al escuchar como gritaban sus nombres a todo pulmón.
Ladybug se encogió en el sitio, asustada, al distinguir en su rostro un atisbo de sorpresa.
—¿Nos encontraron?— le cuestionó, temblando ligeramente por la incertidumbre. Chat negó con la cabeza, un poco estupefacto.
—No, pero parece que nos están persiguiendo— la chica ladeó la cabeza, confundida ante la incoherencia que acababa de decir—. Míralo por ti misma— Ladybug fue junto a él y también se puso a observar por las rendijas, asombrándose al ver a todos los agentes salir en formación del lugar.
—¿Por qué están saliendo de la basílica?
El chico se encogió de hombros—. No lo sé, pero es nuestra oportunidad, my lady.
—Podría ser otra trampa— no supo el porqué, pero le llegó el recuerdo de los ojos de aquella mujer a su mente. No recordaba haber conocido a alguien con ojos violetas, sin embargo temblaba con sólo recordar la fiereza que se reflejaba en la mirada de la que antes casi logra arrebatarle sus pendientes. Nunca antes le habían transmitido tal cantidad de odio con sólo una mirada.
—En ese caso, la afrontaremos los dos como un equipo— dijo, tendiéndole su mano. Marinette tomó su mano un poco insegura, mas aumentó la fuerza de su agarre al ver sonreír al rubio, quien se estaba ganando su confianza más rápido de lo que hubo pensado al conocerlo.
—Bien, vamos allá— al instante se ganó un asentimiento de su compañero, el cual en un gesto veloz disminuyó abruptamente el espacio entre los dos, abrazándola por la cintura—. ¿Chat?— le miró con una ceja alzada.
—Dudo que tengas muchos lugares donde enganchar tu yo-yo. Si vamos de esta manera, iremos más rápido— le explicó de manera despreocupada—. Además me gusta tenerte cerca— añadió, sonriendo galantemente.
—Como quieras, minino. Sácanos de aquí— Chat acató su petición de inmediato y, cuando menos se lo esperaba, ambos ya habían salido por la claraboya gracias a su bastón.
El chico hizo el intento de asomarse desde detrás del tejado de la cúpula para descubrir el motivo del extraño comportamiento de los policías anteriormente, pero fue detenido por su compañera, quien con gestos le indicó que se alejaran de aquel lugar. En un principio quiso negarse, pero acabó cediendo a su petición silenciosa. Procurando no hacer ruido, los dos se alejaron de la basílica, ocultándose en la oscuridad de la noche. Ocultas en las sombras, dos figuras los observaban irse en silencio.
—No creía que los dejarías escapar. Pensé que querías atraparlos para descubrir sus identidades— habló una de ellas, interrumpiendo el silencio que había en el ambiente después de la ida tanto de los agentes como la de los ladrones.
—Dale tiempo al tiempo, Trixx. Los atraparé, cueste lo que cueste— murmuró su acompañante para sí misma—. Pero ese día no es hoy.
Bueno, me tardé más de lo que esperaba, pero aquí les traigo el capítulo del robo de la basílica. Me disculpo por la tardanza, este capítulo se me hizo más complicado de escribir que los anteriores u.u
¡Espero que les haya gustado!
Contestación de reviews:
Forever MK NH: Como dije antes, lamento haber tardado tanto en publicar un nuevo capítulo. Espero que te haya gustado este capítulo n.n
Se despide Kirara213.
