Este OS lo recibí como desafío en mi tumblr, y aproveché de escribirlo-usarlo en la actividad de DZ.
Desafío por: Gabriel-the-wolfking.
LilithmonxOphanimon. Yuri.
Balada para dos
Las luces de la ciudad brillaban intensamente a esas horas de la noche, resaltando la gran vida y actividad nocturna que había a esas horas. Entre los muchos digimon que deambulaban de un lado a otro, todos inmersos en sus propios asuntos, celebrando o comprando, en pares o en grupos, una mujer joven caminaba sola a paso lento, con la mirada baja y su hermoso rostro en un rictus de desazón. Su vestido largo y azul marino parecía inadecuado para ir por la calle, pero a ella no le importaba: detestaba el vestido y detestaba habérselo puesto. Detestaba aquella noche y todo lo que había ocurrido hacía poco en el hotel de donde había escapado.
Su marido, un HolyAngemon igual de joven que ella, nuevamente había hecho gala de sus más desagradables atributos en frente de la recepción de importantes médicos y científicos a los cuales él pertenecía, poniéndose a la altura de ellos en egocentrismo y superioridad. "¡Eres un doctor, por Yggdrasill santo, no una celebridad! Salvas vidas, no te vas pavoneando por ahí de lo que puedes hacer." Siempre era lo mismo, y sus discusiones siempre acababan igual. Esta vez ella no quiso dejar mal al digimon en frente de todos y simplemente se disculpó diciendo que iba al tocador, saliendo del edificio y dejándolo a él solo con sus admiradores.
Solo llevaban un año de casados y Ophanimon sentía que ya no podía seguir al lado de ese ser tan ególatra. Al principio todo era color de rosa, y después del matrimonio comenzó a teñirse lentamente de un desagradable tono gris. Cada vez que había recurrido a alguna solución, sus ideas se estrellaban ante el deseo de HolyAngemon de ser admirado y reconocido por todos a su alrededor, su esposa incluida. El problema es que ni todos los halagos eran suficientes para hacerlo callar, y la joven ya estaba llegando a su límite. Su último recurso parecía ser el divorcio, pero ella jamás había creído que ese era el método para solucionar los problemas de pareja. Tenía que haber algo más…
Cansada de deambular sin un destino fijo, la digimon entró en un elegante bar que tenía bastantes visitas esa noche. La joven ángel fue a sentarse junto a la barra y pidió un coctel suave, mientras intentaba ordenar sus pensamientos y tratar de dejar de lado el mal rato anterior. Probó el trago cremoso y dulce que le sirvieron un minuto después y soltó un suspiro de desánimo: la primera cosa que HolyAngemon le había invitado cuando se conocieron fue exactamente esa bebida. Debió pedir otra cosa.
En el escenario, un Devimon ataviado con traje agradeció a los visitantes por su presencia, dijo algunas palabras amables antes de presentar el primer show de la noche y luego se retiró, mientras las luces iban menguando en todo el lugar, exceptuando en la plataforma. Ophanimon volvió apenas la cabeza para observar un grupo pequeño de digimon rookie y adulto ante unos instrumentos, luego regresó la mirada al frente mientras seguía dándole vueltas a su problema.
Pasados unos segundos de silencio, los músicos comenzaron a tocar una suave y romántica melodía, y en breve, una voz profunda, cálida, sensual y femenina llenó todo el espacio, con una energía cargada de fuerza y pasión que Ophanimon no había escuchado jamás en su vida. Necesariamente tuvo que volverse de nuevo a observar sobre el escenario a la dueña de aquella voz: una antítesis suya alta, de sublime figura enmarcada por un vestido negro con pequeñas perlas que relucían con las luces, guantes largos y cabello suelto. Sus labios oscuros y carnosos deletreaban con sensualidad cada palabra, como no queriendo dejarlas ir y estirando algunas letras, volviendo de su cantar un suave y melodioso ronroneo.
Ophanimon quedó poco más que fascinada con aquella voz. No pudo quitar sus ojos de la plataforma durante todos los minutos en que aquella Lilithmon cantó para ella y para el resto del público, ganándose al terminar los aplausos y vítores por parte de los presentes, y más de alguna rosa que llovió a sus pies: aparentemente la digimon ya era conocida del lugar y estaba cultivando algunos fanáticos. Esa noche y sin querer, plantó una semilla fructífera que rápidamente comenzaría a dar sus más dulces y bellos brotes.
Al regresar a casa la misma noche, Ophanimon estuvo completamente ausente de la reprimiendo que le dio su marido en casa, ante la impertinencia de haberle dejado solo y plantado en el hotel. El digimon la estuvo buscando por más de una hora, preguntando a todo el personal y sin encontrarla. La llamó a móvil, pero con éste en silencio, Ophanimon jamás se enteraría de nada. Lo único que resonaba en su cabeza era la voz de la digimon, música que la cobijó durante los breves minutos que tardó el ángel en quedarse dormida, soñando y anhelando poder escuchar esas cuerdas melodiosas muy pronto.
La noche siguiente y alegando un compromiso con sus amigas frente a HolyAngemon, Ophanimon volvió a pisar el suelo del mismo bar, sentándose en el mismo lugar de la noche anterior, pero pidiendo esta vez un trago diferente. Preguntó al bar-mon, un boogeymon metido en un traje que lucía incómodo, si la cantante de la noche pasada estaría cantando hoy. Ante su afirmativa, la digimon no pudo evitar sonreír anchamente y aguardó con paciencia hasta que fue cerca de la medianoche. Fue entonces cuando el mismo elegante Devimon volvió a pararse frente a los espectadores, pronunció similares palabras a las dichas anteriormente, y dejó el espacio libre para que entrara ella.
Esta vez Lilithmon lucía un traje ligeramente más corto adelante, pero con una larga cola atrás que dejaba relucir sus piernas torneadas. Los mismos músicos iniciaron una breve introducción lenta y cálida, que fue seguida por una voz igualmente ardiente y reconfortante. La canción de Lilithmon esta vez era sobre un corazón roto que buscaba cobijo en brazos ajenos. La digimon conseguía impregnar en cada una de sus notas, el dolor y la frustración de alguien que no se siente lo suficientemente amado, y que busca desesperadamente encontrar de nuevo ese valioso sentimiento.
La joven ángel la escuchaba embelesada, sonriendo y observándola fijamente. Sentía que se había enamorado de esa voz tan única y especial, y capaz de transmitirle con tanta fuerza lo mismo que ella estaba sintiendo en esos momentos. En un momento dado, Lilithmon barrió con sus ojos violeta el lugar, encontrándose con los de ella y sonriéndole ligeramente. Ophanimon se sonrojó sin querer y se estremeció, comparándose con una adolescente que acaba de recibir una sonrisa por parte de su estrella ídola. Decidió que la buscaría al finalizar el espectáculo para agradecerle el compartir una voz tan prodigiosa y un talento tan especial.
Una hora más tarde y cuando el bar comenzaba a cerrar, Ophanimon se dirigió discretamente a la salida de atrás y esperó largos minutos, mientras los trabajadores y aspirantes a artistas famosos salían del lugar de regreso a casa. Cuando perdía sus esperanzas de encontrarse con su nueva admiración e intercambiar unas palabras con ella, la digimon atravesó el umbral convertida enteramente en otra persona: llevaba su cabello azabache atado en un moño sobre la cabeza, con varios mechones salvajes cayendo por sus mejillas y cuello. Camisa escotada bajo una chaqueta de cuero negro, falda corta y sandalias igualmente oscuras de taco alto, con muchas correas subiendo por sus piernas hasta la rodilla. Llevaba una cartera a juego con su ropa, y se detuvo un segundo a encender un cigarrillo justo a un lado de Ophanimon, y sin reparar en ella.
La digimon quedó boquiabierta: en el escenario parecía una mujer de edad algo más avanzada, y sin embargo ahora lucía como una rebelde sin causa. Se preguntó si también se habría engañado con su voz, y venciendo la sorpresa inicial, Ophanimon consiguió dirigirle la palabra:
—D-disculpa—le llamó, consiguiendo la atención de la otra—, eres la cantante de hace un rato… ¿cierto?
La demonio sonrió anchamente y con cierta sorpresa. Se quitó el cigarro de los y le estiró su mano libre:
—Lilithmon—se presentó—, es un placer conocerte.
Ophanimon volvió a sonreír: su voz sonaba muy similar a lo que había escuchado hacía poco, así que volvió a retomar su postura animosa. Correspondió al saludo y se presentó:
—Soy Ophanimon. Ayer por casualidad vine y te escuché cantar, y yo…
—Lo sé—le interrumpió la otra, aspirando su tabaco—, te vi sentada en la barra: lucías muy molesta por algo, pero parece que después se te quitó. Bonito vestido llevabas, por cierto.
La digimon rubia dio un leve respingo. ¿Tanta atención le había prestado la otra sin que ella se diera cuenta? Se sonrojó un poco, apenada de ser tan evidente y continuó:
—Ah, sí, había salido de una situación algo incómoda…pero en cuanto te escuché cantar—dijo, con su cara iluminándose—, fue como si todo mi malhumor se hubiera ido de un soplido.
Lilithmon se mostró muy sorprendida, pero no dejaba de sonreír. Aparentemente había pescado otra fan, una muy bonita y dulce por cierto, y eso era motivo para hacerla feliz.
— ¿En serio? ¡Vaya! Pues me alegro. Me gusta que mi música le haga bien a las otras personas tanto como a mí.
— ¿Eh?
La digimon morena hizo un gesto con la mano, como diciendo "no es nada". Sonrió levemente y luego se volvió:
—Disculpa que te deje, tengo algo de prisa. Vivo muy lejos y si no tomo un taxi pronto tendré que irme caminando. ¿Volveré a verte por aquí?
Ophanimon se lo pensó un segundo y luego se preguntó "¿por qué lo estoy pensando?".
—Claro que sí.
Iniciaba la semana, lo que significaba que HolyAngemon llegaría tarde cada noche, lo que a su vez significaba que Ophanimon tenía todas las libertades necesarias. Hacía mucho no tenía algo motivante que la sacara de casa y rompiera un poco su rutina, además de alegrarle el día y mandarla a la cama con un tarareo diferente cada noche. Fue a ver a Lilithmon en sus breves espectáculos todos los días, encontrándose con ella en la salida e intercambiando siempre unas breves palabras, puesto que la demonio salía de las últimas y siempre estaba atrasada para coger un taxi. La digimon era cordial, simpática, y a pesar de su imagen juvenil tenía un aire señorial, maduro y protector que encantaba a Ophanimon y le hacía sentir cierta envidia: ella todavía parecía una jovencita que no terminaba de madurar y eso que hacía tiempo había conseguido su etapa final.
Sin quererlo se le metió en la cabeza la idea de ser amiga con Lilithmon, no solo por su apego y esa "luminiscencia" propia de las personas talentosas que atraen a las más "comunes"; le resultaba alguien de carácter atractivo e interesante, y además no había mostrado rechazo hacia ella ni aún porque eran de tipos opuestos.
Nunca pudo ser precisamente amiga de la digimon, pues a causa de una jugada de ésta, se saltaron accidentalmente el paso de la amistad y subieron rápidamente de ese nivel. Una noche y al encontrarse afuera, después del pequeño show, Lilithmon salía más tarde de lo acostumbrado, y los taxis probablemente ya no estaban circulando. Ophanimon apenas intentó saludarla mientras la otra salía a toda prisa, volviéndose rápidamente y depositándole un pequeño y tibio beso en los labios, corriendo en la dirección opuesta y soltando alguna maldición por la hora que era, y por un tal fulano que la había retrasado.
La joven ángel se quedó paralizada en su sitio, sonrojada y sin saber qué pensar. Lo primero que quiso hacer fue gritarle a la otra: "¡Soy casada!"…pero lo único que consiguió fue llevarse dos dedos a los labios para asegurarse de que aquel beso no había sido invención suya y había sido enteramente real. Regresó de forma mecánica a casa, con la cabeza en blanco y los labios ardiendo. Se acostó y se fingió dormida mientras HolyAngemon llegaba minutos luego, y se metía en la cama farfullando cosas. Esa noche no tuvo tiempo de soñar dormida, y el sol de la mañana la encontró aun soñando despierta y sin saber qué pensar.
Una única vez mientras había sido una joven e impetuosa Angewomon se había dado un leve beso con una chica en la escuela, y no le había llamado en nada la atención. Pero este beso la había dejado tan descolocada y fuera de sus ejes, que la digimon se tomó hasta la tarde para poner de nuevo las cosas dentro de ella en su sitio. Para entonces, se había reprochado una y otra vez por lo que había hecho durante la noche, engañando a su marido. No en el cuerpo, pero sí en la mente y en el corazón.
Ophanimon ni siquiera intentó encarar a Lilithmon diciéndole algo como "eso fue muy imprudente", "estoy casada"—como quiso decirle la primera vez—, "¿te gustan las mujeres?" o cualquier otra cosa que pudiera si quiera hacer retroceder a Lilithmon del impulso repentino que la movió a besarla. Simplemente fue al bar como cada noche, se perdió con las notas y la música romántica y envolvente de la voz de aquella misteriosa mujer, y aguardó pacientemente en la salida, con el rostro prendido y las manos sudando por el nerviosismo.
Cuando los trabajadores comenzaron a salir, los nervios de Ophanimon fueron en aumento, y de pronto sintió deseos de salir corriendo de allí. Pero sus piernas se hicieron de piedra y no se pudo mover, hasta que el último digimon hubo salido del lugar y Lilithmon no apareció. Extrañada, la digimon esperó un poco más, y cuando abrió la puerta para entrar a mirar, ésta se abrió y la hermosa demonio hizo finalmente su aparición. La digimon rubia retrocedió y juntó sus manos sobre su estómago, nerviosa y sin saber muy bien qué decir.
—Disculpa que me tardara—empezó Lilithmon, saliendo y cerrando tras de sí—, era día de pago.
La otra levantó la cabeza, pero todavía no conseguía articular nada. Tenía tantas cosas que quería preguntarle, y repentinamente no podía acordarse de ninguna de ellas. Lilithmon fingió no prestarle atención mientras terminaba de contar un fajo de dinero, se lo guardaba bajo la blusa y trasteaba en su cartera buscando su móvil para ver la hora. Luego regresó su atención hacia la muchacha que seguía con la boca ligeramente abierta y sin soltar una palabra.
— ¿Te molestaste por lo de ayer?—preguntó entonces, rompiendo el silencio.
Ophanimon negó enérgicamente con la cabeza…y al instante se arrepintió de haberlo hecho. ¡Debió haber dicho que sí! ¡Ella era una digimon casada! Lilithmon sonrió con su encanto felino y sus labios púrpura en una hermosa curva oscura en su rostro pálido. Cerró espacios con el ángel haciendo notar la gran diferencia entre sus alturas y sus físicos, sonrojando a la otra que todavía no conseguía soltar palabra ni reaccionar. Puso su dedo en su mentón y preguntó:
— ¿Podría darte otro?
La aludida se quedó de piedra. "…soy casada…" era lo único que resonaba en su cabeza, pero ésta se movió afirmativamente, traicionándola. La digimon recibió un segundo cálido y provocativo beso. El perfume y las vibras que esa fémina exhalaba eran tóxicos, potentes y abrasivos. Aturdían el entendimiento y rompían la voluntad de cualquiera. Ophanimon sentía que se derretía ante sus labios de fuego y su calor infernal. Si hubiera tenido conciencia suficiente, hubiera recordado que estaba recibiendo un beso nada menos que de la encarnación del deseo y el placer. Pero Lilithmon, esa Lilithmon, estaba muy lejos de representar para ella simplemente una satisfacción carnal. Desde que intercambiaran sus primeras palabras, su aire protector y maduro había sido lo que más le había atraído, junto con su voz esplendorosa y su carisma. HolyAngemon jamás se le mostró como alguien que pudiera darle protección, tanto emocional como física: más que nada representaba un futuro asegurado, aunque por supuesto, Ophanimon no recordó nada de eso durante el largo beso que se dio con la digimon oscura, interrumpiendo a ambas de pronto y retrocediendo un paso. La otra le observó con curiosidad.
—Los taxis…—dijo la rubia, con el rostro enteramente encendido.
— ¿Tú necesitas uno?
Ophanimon se lo pensó: en realidad sí necesitaba coger uno que la llevara a casa antes de que su marido llegara, pero la fuerte atracción magnética que despedía el cuerpo de Lilithmon parecía decirle que no, que no iba a necesitarlo esa noche. Así pues, negó con la cabeza y la otra sonrió.
—Yo tampoco.
Esa noche fue inolvidable para Ophanimon. Nunca nadie la había deseado de aquella forma ni la había hecho sentirse más hermosa, única y especial. Ni su primera vez ni su noche de bodas podía compararse a lo que Lilithmon le había regalado en unas pocas horas en un hotel barato cerca del lugar. ¿Por qué con ella todo resultaba tan diferente? ¿Era solo porque era una mujer? ¿Por ser quién era? ¿Un demonio de la lujuria y el placer? ¿Cómo podía un vulgar demonio impregnar tanto amor, dedicación y ternura en una caricia, en un abrazo o un beso? ¿No se suponía que eran ellos, los ángeles, quienes amaban más y mejor? Ophanimon se convirtió por entero en una adolescente novata, virgen, completamente ignorante de lo que tenía que hacer en brazos de esa diosa de pasión.
Se entregó por entero y sin reparos a la experiencia de ella, dejándose guiar y aprendiendo a descubrirse a sí misma. Por primera vez sintió deleite en sus senos endurecidos en las manos de la otra, admiró las curvas de su cuerpo y se sintió a gusto con ellas, y volvió durante un momento al cielo con las caricias y las palabras de Lilithmon en su cuello y en su oído. Su voz seguía siendo un instrumento de cuerda profundo, melodioso y cargado de sentimiento, más aun cuando al acabar todo, Ophanimon le pidió una canción que la reconfortó como un abrazo cálido, fuerte y prometedor.
Volvieron a encontrarse esa y las siguientes noches. Arriba del escenario, Lilithmon daba su voz para complacer a sus oyentes, pero en su abrazo con Ophanimon ponía todo su cuerpo, su alma y también su voz para complacer a esa que había venido a llenar un vacío dejado en su corazón hacía mucho tiempo. La digimon demonio se sentía feliz, libre y autentica estando al lado de esa muchacha dulce que como un niño, le pedía una canción antes de quedarse dormida.
Pero a mitad de la noche, la joven ángel se levantaba, vestía y se despedía de ella, argumentando que tenía trabajo al día siguiente. Durante muchos días Lilithmon quiso creer ciegamente en esta posibilidad, pero la preocupación en el rostro de su compañera cada vez que notaba lo tarde que se le estaba haciendo le hacía preocuparse y preguntarse algunas cosas. El día en que tuvo la certeza de que algo raro estaba ocurriendo, su jefe cambió los planes para ella durante esa noche. Lilithmon solo pudo enviar un rápido mensaje a Ophanimon diciéndole que esa noche por favor no la esperara.
En su casa, la mujer leyó el texto sin mostrarse desanimada. No más de lo que ya estaba. Al menos así no había sido ella quien tenía que llamar a la otra, diciéndole que no podría ir. HolyAngemon había sido invitado nuevamente a alguna reunión llena de personajes importantes, entre los que por supuesto, él y su distinguida esposa tenían que figurar. Ophanimon pensó en excusarse, pero se lo replanteó después de que había llegado sospechosamente tarde a casa en un par de ocasiones, consiguiendo la curiosidad de su marido en ella. Volvió a ponerse su vestido azul favorito para aquella clase de ocasiones, y tomada del brazo del ángel, le acompañó al edificio en donde se llevaría a cabo el importante encuentro.
En el lugar había varios digimon periodistas y una que otra celebridad que también quería cierta atención de los medios. La junta era para celebrar la próxima apertura de un gran hospital, y que sería financiado con donaciones de figuras destacables de la ciudad. Había un gran escenario en donde se transmitirían las donaciones de los personajes destacados, pero antes se daría inicio con un pequeño número que estaba preparado.
Aburrida y pensando en su amante, tomada del brazo de su esposo, Ophanimon tarareaba una canción que había escuchado de boca de Lilithmon y que tenía un sentido especial para ella, sin prestar la menor atención a todo el ajetreo que se desarrollaba a su alrededor, ni a la música que pocos instantes después comenzó a sonar. Su ensimismamiento duró hasta el instante mismo en que escuchó a esa voz tan amada y familiar envolviéndola, despertándola de golpe y dándole una puñalada en el corazón que la hizo tambalearse.
La voz de siempre, aquella voz tan única y cargada de sentimiento que Ophanimon conocía y la había enamorado, cantaba ahora para ella la misma canción de esa noche en que habían cruzado sus miradas por primera vez. El ángel levantó la cabeza buscando de nuevo esa mirada, encontrándola pues la estaba esperando, con los ojos cristalizados y su sonrisa perenne en el rostro, entonando una melodía sobre un corazón roto que buscaba cobijo en brazos ajenos…Ophanimon negó con la cabeza mientras una lágrima bajaba por su mejilla fría, creyendo que aquello tenía que ser un mal sueño y que no estaba allí ahora, en ese instante, del brazo del hombre al que le había prometido su vida, y frente a la mujer que se la había robado.
