Una vez más, mil gracias a Charlaine Harris por sus personajes.


9.

Alcide me recibió con los brazos abiertos, hacía meses que sólo nos veíamos de pasada, nos hablábamos por teléfono o a través del ordenador. Por alguna razón, él pareció entender el motivo por el que no podía verle tanto y nunca preguntó por aquel día que le pedí la llave de su cabaña junto al lago, supongo que mi aspecto al ir a devolversela no fue el mejor, demasiado reciente, y acabó encajando las piezas. Nos habíamos conocido unos meses después del fiasco de Dawn. Nos presentó su hermana, Janice, había sido una de mis conquistas pero una de las que me caían bien y de la que acabé siendo amigo. Y, desde entonces, habíamos cimentado nuestra amistad y cuando emprendíamos un proyecto, también era nuestro contratista, porque su familia tenía una constructora, la mejor de la zona y expandiéndose por otros dos estados. Janice llevaba la oficina en Jackson y él se había hecho cargo de la de Shreveport después del problema de su padre. En los últimos meses, con la reforma y puesta a punto de Loki, había supuesto un dolor de cabeza constante para sus empleados. Me había peleado desde el más bajo al más alto nivel, con todos, había exigido todo lo exigible y mucho más, y pagado con ellos la frustración que Sookie había dejado en mí. En el último tramo de la reforma, hartos de mí, me habían puesto al habla con una de las directivas, la señora Compton y ella había sacado lo peor de mí porque su voz había desenterrado a Sookie de mi memoria y me la había devuelto. Yo que ya me creía curado.

Nos ofreció una copa y hablamos durante unos minutos, una mujer pequeña se acercó por detrás de él y se abrazó a su cintura. Sabía que tenía una nueva novia, sólo había que desear que fuese mejor que la anterior que casi le cuesta la familia, los amigos y la vida. Jodida Debbie... Se giró y envolvió a la mujer con su gran envergadura y pasándola hacia delante nos la presentó.

_ Eric, Felicia, os presento a mi chica, Sophie Anne.

Durante unos segundos nos supe que decir, noté el codo de Felicia en mis costillas y por fin reaccioné. Había que joderse, no podía ser...

_ ¿No nos conocemos, Silvie...? – sus ojos llameaban de ira pero, qué le iba a hacer, era un cabrón.

_ Sophie – me corrigió intentando no saltarme encima y matarme-. No lo creo.

_ No se me olvidan las caras, sólo los nombres – sonreí levemente levantando la ceja-. ¿Es posible que te haya visto en Asgård?

Hubo un momento de silencio, Alcide había comprendido lo que estaba diciendo y me miró.

_ No me jodas... – murmuró menos fastidiado de lo que se hubiese supuesto, lo que era un alivio.

_ No, a ti no – se rió Felicia por lo bajo arrastrándome con ella. Por eso me gustaba, teníamos un sentido del humor muy parecido.

Sophie Anne se dió media vuelta y se fue con mucho brío casi arrollando a un camarero en su huida más o menos digna. Alcide me miró negando con la cabeza.

_ ¿Voy a tener que presentártelas antes de liarme con ellas por si te las has tirado?

_ Es una idea – me reí-, quizá deberías hacerlo... – miré alrededor y me pregunté a cuantos de esos empleados había acabado gritando en los últimos meses-. ¿Vas a presentarme a tus empleados? No olvides evitar decir quien soy, no quiero que me estropeen el traje, vale una pasta.

_ Pues mira, te voy a presentar a mi salvación, a quien también has gritado.

_ Me temo lo peor... ¿puedo seducirla con mi encanto para que no me pegue?

_ No creo, te voy a presentar a alguien fuera de tu alcance – avanzó hacia donde algunas parejas bailaban-. Alguien a quien no te has tirado.

_ Uy, eso no me lo pierdo, qué difícil, Alcide – se carcajeó Felicia entre los dos-, ¿estás seguro?

Alcide se volvió dedicándole una mirada seria, la que no nos había dedicado con su... lo que fuese ya. Interesante, no había que joder a Alcide con ésta, ¿le gustaría?. Se dirigió a una mujer que bailaba con un hombre moreno que repasó de arriba abajo a Felicia para mi fastidio.

_ Querida – la llamó con dulzura-. Ven, te voy a presentar a uno de los propietarios de Night&Day – se apartó para que me viese-. Éste es el cabrón que te ha tenido amargada todos estos meses – soltó una carcajada-. Te presento a Eric Northman – hizo una pequeña pausa para ver el efecto y continuó dirigiéndose a mí-. Mi mano derecha y la mayor parte de mi cerebro, Sookie Stackhouse. Ella es tu señora Compton.

Me quedé sin habla y sin fuerzas, sólo podía mirar a los ojos que me devolvían la misma mirada que recibían. Tardé más de lo preceptivo en reaccionar, ni siquiera Felicia pisándome me sacaba de mi estupor, ni Alcide abriendo los ojos como platos. Ni ese hombre pequeño e insignificante, que había osado mirar lascivamente a mi acompañante, y por el que me había dejado. Y no iba a entrar en que, técnicamente, él era su marido.

_ Vaya, señor Northman... – intentó sonreír y me tendió la mano-, por fin cara a cara...

Efectivamente. Nunca mejor dicho.

_ Señora Compton – recuperé la voz y el control sobre mis miembros, y cogí la mano que me tendía-. Discúlpeme todo lo que le haya podido decir y que la haya ofendido, nunca fue mi intención. No era como si usted fuese la responsable de mi mal humor esos días... – su cuerpo se encogió levemente, acusando el sentido de mis palabras.

_ Espero que, pese a todo, consiguiéramos devolverle el buen humor con nuestro trabajo. Eso sí, no diga muy alto por aquí quién es usted, teníamos un papel higiénico con el logo de su empresa.

Alcide se volvió a mirarla y abrió los ojos aún más, evidentemente sin dar crédito a lo que acababa de decir. Su propio marido que se había llevado la copa a los labios segundos antes, se atragantó. Durante unos segundos me quedé mirándola a los ojos, con su mano aún en la mía, y solté una carcajada.

_ Una lástima que no empezara a pelear con usted antes, señora Compton – me llevé su mano a los labios-, nos hubiésemos divertido tanto...

Ahí fue donde su marido intervino cogiéndose de la cintura de ella. ¿Demasiado tonteo con su mujer? Si él supiese... Alcide también decidió tomar cartas en el asunto antes de que el señor Compton se molestara más.

_ Bueno, Eric, dejemos a Sookie y a Bill disfrutar, quiero enseñarte algo más.

A regañadientes, solté la mano de Sookie y le seguí, y pisándonos los talones, Felicia, a quién había olvidado el segundo en el que posé los ojos en Sookie. Me abrió una puerta y se apartó para dejarnos pasar. Entró detrás de nosotros y cerró.

_ Pero, ¿qué coño...? – se enfadó-. Esa mujer es mi mejor empleada y mi más eficiente apoyo en esta empresa, ¿cómo tonteas con ella de esa manera delante de su marido? ¡Qué digo delante de su marido! Ni delante ni detrás, que no se te ocurra – intercambié una mirada con Felicia y se levantó de donde estaba.

_ Necesito ir al aseo de señoras, os dejo solos unos minutos, no os saquéis los ojos – sonrió y salió.

_ Mira, Eric... – comenzó a decir pero mi expresión le detuvo-. ¿La conocías de antes...? – preguntó bajando la voz.

_ Sí...

_ Y no quieres compartir conmigo esa información...

_ No.

_ Conciso y lacónico, sí señor – bufó-. Ten cuidado, ella es vulnerable y buena persona.

_ No te sabría decir, no es así como yo la recuerdo – murmuré con amargura-. ¿Podemos volver ya a la fiesta?

_ ¿De cuándo estamos hablando?

_ De hace unos meses – me miró con concentración, como queriendo ajustar las piezas de un puzzle.

_ Oh, Dios mío, ¿Caddo...?

_ Alcide, eres mi amigo y te quiero, pero no puedo hablar de esto.

_ Joder – murmuró y asintió sabiendo que había sido demasiado importante para mí. Sin saber que aún lo era-. Bueno, nos vamos a ir fuera y nos vamos a poner ciegos de mojitos, ¿qué me dices?

_ Que es una bebida para nenas. Me quedo con la cerveza.

_ Pues vamos a terminarnos toda la de importación que haya.

_ Me lees el pensamiento.

Salimos y nos mezclamos con los demás. Hablamos, bailamos, nos reímos y yo evité a Sookie todo lo que me fue posible, tanto como ella a mí. Cuatro cervezas después, hubo que hacer una pequeña parada en el aseo. Al salir la vi, se había apartado del bullicio y se apoyaba contra una columna. Estaba espectacular, mucho más bella de lo que la recordaba. Llevaba un vestido rojo que se ajustaba a todas sus curvas como un guante, y unos zapatos de tacón altísimos que hacían sus preciosas piernas mucho más estilizadas. Me mordí el labio pensando en la inconveniencia de acercarme, debatiendo conmigo mismo si debería o no. No podía ni calcular cuantos contras tenía la situación, pero evidentemente, el único pro pesaba tanto que acabó imponiéndose. Abrí la puerta que vi cerca de donde estaba con sumo cuidado y vi que era un despacho vacío. Sonreí. Me acerqué a ella por la espalda y me pegué a su cuerpo, que reaccionó inmediatamente a mi contacto poniéndose rígido para luego relajarse contra mí. La cogí por la cintura y la llevé en volandas al despacho, y la aprisioné contra la puerta cerrada. Mi cuerpo se pegaba al suyo y mis manos descansaban sobre la puerta. No dije nada, simplemente respiraba en su cuello, mi pecho se agitaba contra el suyo y mi rodilla se situaba entre sus piernas. No quería mirarla a la cara, quería meterle mano y echarla sobre la mesa y tirármela mientras la cogía del pelo. No quería ser tierno con ella y demostrarle lo que la había echado de menos, ahora que me estaba permitiendo a mí mismo reconocerlo, sino follármela sin ningún tipo de miramientos para infligirle tanto daño como ella me había causado a mí.

_ Dime, Sookie, ¿me has echado de menos? – susurré en su oído y mordisqueé su lóbulo. Ahogó un gemido y mi traicionera polla reaccionó echando de menos cuerpo-. ¿Debería follarte sobre la mesa para que cuando vuelvas a casa fantasees conmigo mientras tu esposo no cumple tus expectativas? Dime, señora Compton – mi mano recorrió su cuerpo hasta llegar a su cadera y asirla más fuertemente para que notara cómo me ponía. Al notar mi erección movió las caderas en un gesto nada involuntario y gemí con la fricción-. Oh, Sookie, mi Sookie... – mi mano siguió su recorrido y se deslizó entre sus piernas y se movió contra ella. Mis dedos jugueteaban con su entrada lista para mí, deseándome, esperándome, echándome de menos-. Tan húmeda por mí, tan preparada para tu amante – iba a deslizar un dedo dentro cuando retiré mi mano y me separé de ella, sonriendo-. Lástima que ya no lo tengas – la cogí por la barbilla y levanté su cara para besar sus labios tentadores y jugosos de rouge, su respiración se entrecortaba en mi boca-. Claro – murmuré con una voz que intentaba no delatar mis sentimientos mientras la separaba de la puerta-, que sabes donde encontrarme...

Abrí y la dejé allí, recuperándose de lo que pudo ser y no había sido, ajustándome el pantalón para que mi erección fuera menos evidente. Llegué hasta Felicia y Alcide que habían estado bailando y me cogí a la cintura de mi pareja. Sonreí a mi amigo y decidí que era mejor irnos. Felicia se lo estaba pasando muy bien pero no protestó, estaba esperando otro tipo de diversión de mí. Nos dirigimos cogidos de la cintura a recoger nuestros abrigos, Sookie eligió ese momento para salir del despacho y nos vio. Se quedó parada y sus ojos se fueron a mi brazo alrededor de Felicia, apretó la mandíbula y sus ojos se encontraron con los míos. Su mirada era de rabia, quizá de vergüenza por haberse dejado tocar y humillar por mí, definitivamente, de celos.

_ Señora Compton – nos paramos un instante delante de ella y le dediqué mi mejor media sonrisa y mi tono de voz más sensual como despedida-. Ha sido un placer. Volveremos a vernos...