¡Hola a todos! ¿Cómo lo lleváis? Tal y como os dije, a partir de ahora la historia va a dar un giro interesante... ¡Ya lo descubriréis!
Levanto las pesas a buen ritmo concentrando la mirada en el espejo que tengo delante. La camiseta blanca se me queda pegada al torso por el sudor. Hago una repetición de quince y las dejo en el suelo antes de coger aire en grandes cantidades por la boca. Se nota que llevo bastante tiempo sin darme caña. Llevo poco más de una semana asistiendo, e intento pasar el máximo tiempo posible allí. Es mi única distracción últimamente.
Hace dos días recibí un correo de Barry. Ya han salido de Canadá, y vienen hacia aquí. ¡Por fin la espera va a terminar! Es un auténtico infierno estar solo en un país desconocido y en el que no puedes hablar con absolutamente nadie. En fin, espero que la espera merezca la pena. Barry me dijo que iban a enviarme un arsenal desde República Dominicana, lo cual me sorprendió. ¿Cómo pretende sacar armas de un país sin que las autoridades se den cuenta?
Que yo sepa no tiene ningún contacto allí, y no veo a Barry hablando en español. Me pregunto cómo lo habrá conseguido. ¿Habrá sido ese superviviente que ayudó a Jill a escapar de Raccoon? Pensar en ella me revuelve el estómago. Vuelvo a coger las pesas para realizar la última serie. Estoy seguro de que está enfadada conmigo de algún modo. ¿Es por qué no me quedé a su lado? ¿Por qué no hice nada para arrastrarla a mi lado?
Sé que debíamos hacer algo para detener las actividades de la corporación; no podíamos permitir más muertes… aunque el desenlace no fue el que esperábamos. Le hemos fallado a Raccoon City, pero estamos en el camino correcto para derrotar al villano, al causante de todos nuestros problemas. No he vuelto a escuchar nada más desde la desastrosa conferencia… Se han encargado de taparlo todo, como siempre.
Dejo las pesas en el suelo con un grito y relajo los brazos y los hombros. Me estoy superando: veinte series de cuarenta kilos… Desde el incidente de la mansión, la lucha a muerte contra Umbrella, y los últimos sucesos en París, me he dado cuenta de que no debo dormirme en los laureles. Debo estar preparado para todo lo que me venga encima… y con Umbrella nunca se sabe.
Hay un par de mujeres que no dejan de observarme. Están haciendo estiramientos. Es posible que estén terminando tal y como voy a hacer yo. Cojo la toalla que he dejado sobre un banco y me seco el sudor de la cara. Hay un fuerte olor a sudor en el ambiente. No sé cuántos seremos, pero calculo que alrededor de unos cien. Se oye francés por todos lados, hasta en la música. Le doy un gran sorbo a mi botella de agua y me quedo sentado en el banco durante unos instantes.
Mi cuenta corriente está casi en números rojos. Ya casi he gastado casi todos mis ahorros en el alquiler del piso… y sin trabajar es bastante complicado. Si no encuentro algo pronto es muy posible que deba buscarme la vida por mí mismo… No es una idea demasiado alentadora, pero no tengo otra opción. Claire ya se habrá dado cuenta de que no le paso ningún tipo de ayuda desde hace unos meses, y estoy convencido de que estará haciendo lo imposible para encontrarme.
¿Qué pasa si los de Umbrella la encuentran… y le hacen algo? La sola idea me hace entrar en pánico. Si esos malnacidos se atreven a ponerle un dedo encima, me aseguraré de que sea lo último que hagan en la vida. Ya estoy decidido a no parar hasta verlos caer. Todas y cada una de sus víctimas lo merecen.
Recojo mis cosas y camino hacia el vestuario esquivando a algún que otro machito demostrando sus dotes ante el público femenino. Niego lentamente en silencio. Yo antes también era de ese tipo; me gustaba impresionar, y la única manera que sabía era hacerlo a través de mi cuerpo. Ninguna se ha quejado, la verdad. Abro la puerta del vestuario viendo una amplia columna de vapor salir de una de las duchas.
Hay dos hombres de mediana edad charlando en una banca. Están cogiendo sus cosas de unas bolsas que tienen abiertas. Paso por su lado y me sitúo a pocos metros, donde está mi propia bolsa, una gris que compré hace unos días en una tienda de deportes. Me costó lo mío explicarle a la dependienta lo que quería.
-Buenas tardes –me saludan en francés cuando estoy buscando en el interior de la bolsa la ropa limpia. Creo que ya tengo suficiente para poner una lavadora.
-Buenas tardes –respondo en una de las pocas palabras que me ha dado tiempo a aprender. Espero que no sean de los que les gusta charlar, porque a menos que sepan inglés, no sabría qué decirles.
Para mi fortuna se ponen de pie y se dirigen a la puerta. Cojo toda la ropa que necesito y me dirijo a una de las pocas cabinas que hay libres. Es un gimnasio bastante pequeño pero muy acogedor. Tiene buenas máquinas, y hay ciertas horas en las que puedes hacer cualquier ejercicio sin tener que preocuparte por molestar a los demás o estar esperando a tu turno.
Tras una ducha rápida y secarme el pelo dándome repetidas veces con una toalla en la cabeza, me dispongo a salir del local. Los tejanos me quedan bastante ajustados. ¿Habré engordado? Que yo recuerde antes me quedaban más holgados… Dios, definitivamente estoy perdiendo la forma… y es algo que no puedo permitirme. Veo a las dos chicas de antes en la puerta del gimnasio charlando. Suerte que el dueño es alemán y habla muy bien inglés. Es un hombre bastante amigable y que está muy pendiente de todos los clientes.
Paso por el lado de las chicas y me quedo mirándolas. Ellas también lo hacen de forma descarada. Tal vez debería pedirles el número de teléfono y proponerles pasar un buen rato. Hace tanto que no sé lo que es echar un polvo que ya creo que se me va a olvidar y todo.
Cuando se enteren de que no tienes donde caerte muerto la historia cambiará. Muchas lo hacen.
Tengo tantas cosas en la cabeza que es imposible concentrarse. El piso está a poco más de diez minutos del gimnasio. Llegaré rápido y me pondré a investigar sobre ese nuevo amigo de Barry que nos ha vendido las armas. Veo a un numeroso grupo de personas apiñadas en una plaza donde hay una cafetería. Son cerca de las siete de la tarde, y la verdad es que hay mucha actividad por los alrededores.
Pero de lo que me doy cuenta es que un gran grupo de aproximadamente siete no deja de prestarme atención. ¿Qué les pasa a todos hoy conmigo? ¿Es que me conocen? Me detengo en seco. Son gente de Umbrella. Me han descubierto. Maldita sea. ¿Por qué no se me había ocurrido antes? Camino más rápidamente que antes. Debo despistarlos como sea. No deben saber dónde vivo ni adónde voy.
Joder… ¿Cómo han podido localizarme tan pronto? Apenas me he mostrado en público, y no me he metido en ningún problema. ¿Qué coño es lo que pasa? Voy tan distraído que sin darme cuenta choco con una mujer que estaba en la esquina, en una parada de autobús.
-Lo siento… -me disculpo en un ligero francés antes de seguir con la marcha. ¿Y adónde voy ahora? París es una ciudad gigantesca. Vaya donde vaya, tengo las de perder. Estoy en territorio enemigo.
-¡Espera!
Tardo unos segundos en darme cuenta de que me está hablando en inglés. Todos mis instintos se activan. Agarro bien la bolsa y echo a correr por un callejón que tengo a mi derecha. Si es un callejón sin salida estoy completamente perdido. Esa gente me busca para matarme, para mostrarme como un trofeo a sus superiores. No puedo dejar que eso suceda.
Me dejo caer contra una puerta metálica, pero está cerrada. La empujo con el hombro, pero no muestra señales de ceder. Joder… Sigo avanzando caminando junto a unos contenedores que huelen a demonios. A saber desde cuando el servicio de recogida de basura no pasa por allí. Corro todo lo deprisa que puedo observando mis alrededores. Tiene que haber una escalera de emergencia o algo por lo que pueda escapar… pero está todo tan sombrío, tan solitario.
Llego al final del callejón dándome de bruces con un muro. Maldición. ¡Es una puta trampa! ¡Y he caído como un auténtico gilipollas! Saco la pistola de mi bolsa comprobando que está cargada. Estoy dispuesto a disparar contra el primero que se atreva a asomar la cabeza. No pienso irme por las buenas. Escucho muchos pasos que se van acercando. Ya vienen.
El dedo en el gatillo me empieza a temblar. No, no estoy preparado para morir. Todavía tengo mucho que hacer, muchas cosas de las que me arrepiento por no haber hecho antes. Espero que Barry, Jill, y sobre todo Claire, sepan perdonarme. Lo primero que veo es a un tipo castaño de mediana edad con una gabardina verde. Lleva también una pistola en la mano. No reconozco el modelo, pero no es ni una Glock ni una Beretta desde luego.
El tipo relaja su rostro al verme y baja su arma. Yo me mantengo firme. No pienso bajar la guardia ante estos sinvergüenzas. ¿Y por qué no me ha disparado en cuanto ha tenido la ocasión? ¿Acaso quiere que lo haga uno de los jefazos? Luego aparecen un hombre bastante joven, que debe tener más o menos mi edad, y una joven que lleva una gorra.
Los reconozco de inmediato: son los que estaban en la cafetería. Ya sabía yo que esos tipos tenían algo raro. Ahora ya no tengo ninguna duda de que trabajan para Umbrella… y que vienen para rematar la faena.
-Si vais a hacerlo, me pienso llevar a todos los que pueda conmigo –les amenazo con toda la autoridad posible. Mi experiencia como policía me ha curtido en ese aspecto.
-¿Hacer el qué, señor Redfield?
Definitivamente son asesinos. Saben quién soy. Ya está. Van a hacer su trabajo aquí, en este solitario callejón donde nadie se dará cuenta de lo que pasa y donde no puedo pedir ayuda. Maldita sea. ¿Por qué no he pensado en ello antes de meterme aquí?
-Habéis venido de parte de Umbrella, ¿verdad? –les espeto con toda la chulería de la que soy capaz -. Pues decidles a vuestros superiores de mi parte que no vamos a parar hasta veros caer.
El tipo que va delante, y que parece ser el líder, sonríe ampliamente. Nadie me apunta. Todos tienen sus armas guardadas. ¿Qué coño está pasando aquí? Y entonces veo a las dos mujeres del gimnasio. ¡Sí, son ellas! ¡También están metidas en el ajo! ¿Quién lo hubiera imaginado…?
-Creo que se confunde respecto a nuestras intenciones… -el cabecilla da unos pasos hacia mí, hasta situarse a pocos metros. Le quito el seguro a mi Glock sin apartarle la mirada -. Si no le importa, me gustaría mantener una conversación normal con usted, sin armas de por medio.
Suelto una carcajada.
-Lo siento, no me fío de tus intenciones. No bajaré la pistola hasta que me expliques por qué coño me perseguís como si fuera un criminal… -pero hay algo más importante que me preocupa -. ¿Cómo sabéis quién soy?
-¿No es evidente? –pregunta con algo de ironía el de la gorra -. Chris Redfield, uno de los pocos supervivientes del incidente de la mansión, uno de los que está dispuesto a hacer caer a Umbrella… ¿Con eso te basta, o sigues en las musarañas?
-Ron, por favor… -le interrumpe el de la gabardina levantando una mano -. Está bien, señor Redfield. Se lo explicaré todo. Dejaré que tenga su arma, pero estoy convencido de que lamentará apretar el gatillo sin oír lo que he venido a contarle. ¿Por qué no vamos a un lugar más cómodo, con más público? Allí nadie podrá hacerle nada, eso está claro…
Medito unos instantes su propuesta. Un parque, una plaza o un bar concurrido puede ser un buen lugar donde no llamar la atención… Yo tengo la última palabra. Soy el único que va armado; yo soy el que llevo el timón. ¿Estaré haciendo lo correcto si me dejo llevar por esta gente? Todos me observan expectantes. Suspiro con resignación.
-Está bien… -murmuro entre dientes bajando ligeramente la Glock -. Pero la pistola no se separa de mí.
-Estupendo –responde el tipo con una leve sonrisa -. Cerca de aquí hay un parque. Vayamos allí.
Llevo más de diez minutos rodeado de estos tipos, y no saco una conclusión clara. Parece que quieren ayudar de algún modo… pero no sé cómo. Me asusta la idea de que unos completos desconocidos me hayan localizado tan fácilmente. Tal vez no estoy jugando bien mis cartas después de todo. Es muy posible que los de Umbrella ya sepan dónde vivo y por dónde me muevo. Joder, ¿tan difícil era no meterse en putos líos hasta que llegue la caballería?
El parque está atestado de gente. Es el lugar perfecto. Aquí no pueden tocarme un pelo sin que alguien los identifique. Hay muchos niños con sus bicicletas, algún otro con patines y otros con cuerdas y balones. Es viernes por la tarde. Muchos han terminado su jornada laboral y han venido con sus familias a pasar la tarde. A pesar de que hace un día bastante bueno, pronto anochecerá, y no sé cuánto se alargará. No me apetece nada tener que enfrentarme a Umbrella en un territorio desconocido y de noche.
Casi todos los asientos están ocupados, y en los pocos que hay libres no cabemos. Muchos se nos quedan mirando. Somos un grupo muy numeroso. Sujeto con fuerza la bolsa del gimnasio sin perder de vista ningún detalle. No puedo despistarme.
-Después de los numeritos que montas en el gimnasio, podrás cargar hasta con una mula –bromea una de las chicas que estaba allí mismo. Hago caso omiso de su comentario. ¿Me ha llamado mula de carga o algo por el estilo? Tenía entendido que a la mayoría de las tías les va el rollo musculitos.
-Allí, junto a aquel árbol. Vamos –indica el líder señalando a un solitario árbol que está a poco más de cincuenta metros. No hay nadie por los alrededores que pueda interrumpirnos ni escucharnos. Desde luego que mis sospechas se van confirmando con el paso de los segundos.
-Después te quejas de que ningún tío quiere ligar contigo… -oigo decir a la otra mujer mientras camino tras el grupo -. Qué poco tacto tienes –se gira y me mira -. Me llamo Megara, pero puedes llamarme Meg. Pertenecía al ATF.
Me detengo en seco.
-¿ATF? ¿Eres americana? ¿Lo dejaste?
La chica ríe al oír todas mis preguntas seguidas. Hasta se me queda la garganta seca. ¿Hay gente de mi país aquí, dispuesta a seguir mis pasos? Esto es demasiado bueno para ser verdad.
-Luego te lo explico –contesta con una sonrisa y haciéndome una seña para que me acerque al grupo.
Me coloco junto a un tipo que está encendiendo un cigarrillo y que tiene un bigote bastante poblado. El que parece ser el líder se lleva las manos a los bolsillos de su gabardina y nos va mirando a todos hasta que su mirada se posa en mí.
-¿Cómo me habéis localizado? ¡Apenas he salido a la calle! –les pregunto sin saber muy bien qué esperar. No creo que por estas lindes del mundo alguien me conozca… salvo que Umbrella me considere un terrorista y haya difundido mi imagen por la Interpol.
-El numerito de la charla estuvo muy bien, la verdad… -responde un tipo que debe estar por los cincuenta -. Algo soporífera, pero entretenida al final con la evacuación… Aunque alguno se quedó dando una vueltecilla por allí mientras nos sacaban al exterior… -Detecto cierto tonillo que no me gusta nada. Ese capullo la lleva clara conmigo si sigue hablándome así -. Yo también estaba allí. Al igual que tú, sentí curiosidad por saber qué era lo que tenían que decir… Aunque ya vimos que todo fue una patraña para causar expectación…
-Gracias, Clarence –le interrumpe el líder alzando una mano -. Bueno, señor Redfield. Seré breve pero claro. Somos un grupo clandestino que estamos muy preocupados por las armas biológicas –empieza explicando el tipo con el rostro serio, sin alterar lo más mínimo su postura -. Tras lo de Raccoon City mucha gente se está haciendo preguntas, se están cuestionando cada vez más las decisiones del gobierno y, por supuesto, están sospechando de Umbrella. Siempre ha estado en el ojo del huracán desde el comienzo, pero con el poder que tienen consiguen hacer lo que les place sin recibir ningún tipo de castigo. Yo siempre he sido muy escéptico al respecto… Y tras el incidente de la mansión Spencer supe qué hacer –se detiene unos segundos, como si estuviera meditando la respuesta -. Ayudaros, ofreceros mi mano en todo lo posible. En esta lucha… no estáis solos. Este pequeño grupo quiere apoyaros.
-¿Cómo? –pregunto algo escéptico. ¿Acaso esta gente maneja información confidencial sobre los planes de la corporación? -. Lo siento, pero hasta que mi equipo no esté reunido no pienso actuar.
Pues sí. No me parece justo dejar a Jill y a Barry al margen de esto cuando se han visto tan involucrados como yo.
-¿Y cuándo será eso? ¿Mañana? ¿Dentro de una semana? ¿Un mes? –me pregunta otro de los tipos con ironía. El líder le corta de inmediato alzando la mano.
-Señor Redfield, ésta es Patricia Lorenzi –me presenta a la otra mujer del gimnasio, la que, según su compañera, tenía poco tacto con los hombres -. Es una agente del servicio secreto italiano. Tiene información importante que compartir con nosotros sobre la corporación…
-¿En Italia?
-Sí… -responde la chica cruzándose de brazos -. Hace poco se han registrado unas actividades sospechosas por la zona de la Toscana –saca una fotografía de su chaqueta y me la enseña. La observo ceñudo. Veo una caja de madera semi abierta donde se ven varios sacos apilados. Pero lo que más me llama la atención es un símbolo que aparece en uno de los laterales. No… no puede ser… -. Por tu gesto deduzco que ya te has dado cuenta de lo que significa.
-Umbrella… -murmuro casi sin darme cuenta -. Seguro que están realizando algunos de sus experimentos macabros… Maldita sea… Pensaba que las bases de París y de Viena eran las más importantes… Pero si hay más por Europa… pueden hacer lo que les plazca.
-Es por eso por lo que necesitamos tu ayuda –vuelve a intervenir el tipo de la gabardina -. Tú eres uno de los pocos que conoce la verdadera cara de la corporación… y todos sabemos lo que es capaz de hacer si se les deja libertad de movimiento… -se detiene unos instantes -. Imagino que también andarás algo escaso de dinero… Luchar contra Umbrella por amor al arte no debe salir barato precisamente. Estoy dispuesto a compensarte económicamente si nos ayudas a descubrir qué se está tramando en esa base.
Me cruzo de brazos y paseo de un lado otro, meditando. ¿Qué ocurre si la cosa se alarga? ¿Y si no existe tal base? ¿O si no la encontramos? Barry y Jill pueden llegar en cualquier momento… Debo ponerles en aviso. Todo el grupo está expectante; están esperando mi respuesta casi con ansiedad. La verdad es que nunca me hubiera imaginado que este grupo de hombres y mujeres pudiera estar de nuestro lado en esta lucha a muerte.
-¿Cuándo vamos a hacerlo? –me limito a preguntar volviendo a una posición más natural. Siento que hasta incluso puedo respirar un poco mejor. La tensión me tenía casi rígido. Algunos emiten suspiros de alivio, y otros me sonríen ampliamente.
-Mañana mismo –el líder me pasa un trozo de papel con un número de teléfono apuntado -. Ponte en contacto conmigo mañana por la mañana. Te diré el lugar exacto en el que quedaremos… No te preocupes por el armamento; nosotros tenemos algunos juguetitos que pueden sernos de gran ayuda. Espero tu llamada.
-Un placer conocerte, Chris –se despide Patricia guiñándome un ojo. Soy incapaz de reaccionar. Desde luego que la chica tiene buenos modos… y su compañera tampoco está tan mal.
Les veo alejarse poco a poco. Ahora que caigo, el tipo no me ha dicho en ningún momento su nombre, ni ningún apodo con el que deba referirme a él. Maldita sea.
-¿Puedes decirme tu nombre? –exclamo casi a pleno pulmón corriendo hasta llegar a pocos metros del grupo. Mi respiración se vuelve más agitada por momentos, pero logro controlarla poco después. Todos los presentes se giran, pero yo sólo tengo ojos para el que ha ideado todo este plan que, sin saber cómo, me he involucrado en él.
-Llámame O'Brian. No olvides llamarme.
Como para olvidarlo…
La charla aún resuena en mi cabeza. ¿Cómo pude cometer semejante error? De no ser por mi rapidez, los de Umbrella me habrían acribillado a balazos. La verdad es que corrí un riesgo innecesario… Pero necesitaba conocer, saber que esa gente seguía utilizando la misma mentira una y otra vez para engañar al público, algo que se les da fenomenal, la verdad.
Debo ser mucho más cuidadoso a partir de ahora. Ya he descubierto que los errores se pagan muy caros, y en esta guerra el más mínimo te conduce a la derrota. Subo a buen ritmo los escalones que llevan a mi planta cargando la bolsa del gimnasio en mi hombro izquierdo. Veo a un hombre delante de la puerta de mi piso. Hay un paquete de considerable tamaño apoyado contra la pared.
El hombre lleva un uniforme: gorra azul, camisa blanca con el logotipo de una empresa y unos pantalones vaqueros. Se gira al oír mis pasos. Me observa durante unos segundos.
-¿Chris Redfield? –todos mis sentidos se ponen alerta. ¿Otro que quiere venir a ayudarme o a matarme aquí mismo? El típico juego del repartidor que resulta ser un asesino a sueldo o un matón. Llevo mi mano distraídamente hacia el bolso, y abro un poco la cremallera. El gesto del tipo se pone tenso -. Sólo venía… a entregarle un paquete.
-¿Un paquete? –esto cada vez suena más raro. Termino de abrir la cremallera y toco la pistola. El repartidor retrocede hasta quedarse pegado contra la pared. Una excusa bastante buena… -. No estoy esperando ninguno.
-Me han pedido… que… que se lo entregara… junto a una nota… -el tipo está empezando a sufrir, y lo sé por la forma en la que no deja de mirar la mano que tengo metida en el bolso -. ¡Sólo hago mi trabajo!
-Enséñame la nota –le ordeno un tanto pensativo. ¿Serán las armas de Barry? Y entonces recuerdo su correo, en el que me decía que iban a ir a por las armas. El tipo se introduce una mano temblorosa en el bolsillo de la camisa y me pasa la nota con pánico -. Ese paquete… ¿viene de República Dominicana?
-Creo que sí… señor…
Esto es un anticipo de lo que nos espera. (Louis Martin)
¡Sí, es Barry! No puedo evitar sonreír y sentirme mucho más tranquilo. ¡Ya vienen! Debo dejarles algún mensaje por si vienen antes que yo… No sé cuánto tiempo me llevará lo de Italia, pero espero que no se alargue más de dos días. Mi sitio está aquí, con mis compañeros, con los verdaderos oponentes de Umbrella.
-¿Tengo que firmarte en algún lugar? –le pregunto al repartidor en un tono mucho más suave. El tipo niega constantemente con la cabeza.
-No… Yo… yo me marcho ya… ¡Adiós!
Y se larga a gran velocidad por las escaleras. No me da tiempo ni a disculparme. La verdad es que he sido bastante agresivo… pero no puedo bajar la guardia en ningún momento. Observo el paquete. Tiene pinta de ir bastante cargado y pesar bastante. Abro la puerta del apartamento y dejo la bolsa sobre el sofá antes de cargar con la caja.
-Joder… -murmuro cuando intento cogerla en peso. Imposible. Tendré que arrastrarla hacia el interior. Resoplo cuando consigo moverla unos cuantos centímetros.
Maldición… ¿Qué has comprado la tienda entera, Barry?
Tiene pinta, porque no hay quien pueda con la mierda ésta. Tras casi un minuto más de esfuerzo consigo ponerla sobre la mesa. Mierda. Ya tengo la camiseta otra vez chorreando en sudor. Voy a tener que darme otra ducha… Espero que lo que haya dentro merezca la pena… porque Barry me las va a pagar con creces.
Cojo un cuchillo de la cocina y corto el cartón por un lateral. Poco a poco voy abriendo hasta ir descubriendo el contenido. No me equivocaba; hay de todo: granadas, pistolas, escopetas, rifles, detonadores… Pues vaya con el contacto del brasileño… Debe estar muy metido en esto para tener tantas cosas. Debo poner todo nuestro arsenal a buen recaudo; es una de las pocas cosas que tenemos de consuelo.
¡O'Brian! ¿Puede ser una pequeña introducción a la B.S.A.A.? ¿Quién sabe? Aunque Chris ya ha manifestado que no piensa moverse sin sus compañeros.
Xaori: Amiga, muchas gracias por tomarte tu tiempo para pasar por aquí estando en tu luna de miel (espero que no te pille tu marido xD). Ya vimos en Revelations que la situación se le fue de las manos, y que desde ese momento, su relación con Moira empezó a caer en picado. Me pareció interesante incluirlo para darle más juego a la historia. Y respecto a Jill... Creo que ahora está muy confusa, porque ya sabemos que está loquita por Chris, pero parece que Carlos ha despertado algo en ella que le preocupa hasta cierto punto... Quizá deberían hacer un trío para decidirse jajaja.
Stardust4: tal y como dices, Jill parece estar un poco resentida con Chris por haberse largado sin más y no haber estado a su lado cuando Raccoon City dejó de existir... Pero ya sabemos que Chris es un hombre de acción, y que le gusta estar siempre en el foco de la lucha. Pero ya hemos visto que por ahora no ha descubierto nada de interés... Salvo esta nueva base que ha aparecido en Italia.
Hasta aquí por ahora, amigos. ¡Disfrutad de la semana!
