He aquí un pequeño y nuevo tributo a Marin. Hace tiempo que Safo de Lesbos me dejó caer la sugerencia en un interesantísimo review, y aunque no lo escribí entonces, admito que atesoré la idea para desarrollarla más adelante. Dado que en la trama principal de Duelo Legal hace tiempo que por cuestiones de desarrollo argumental tengo a Marin un poco olvidada, y sabiendo que alguos lectores aprecian su presencia, aquí dejo una vuelta atrás en el tiempo que espero que os guste.
Dedicado a todos los que seguís por aquí, especialmente a Safo de Lesbos por despertarme la inspiración, y también a Inia, quien sé que aprecia mucho a nuestra "gótica" abogada madre de família.
#MARIN y SHAINA#
Aunque la primavera hacía pocos días que se había instalado fiel en el calendario, el aire nocturno todavía laceraba las mejillas de quienes osaban hacerle frente con el intocable descaro de la tierna juventud. La zona de ocio del puerto hervía de vida, y los bares y discotecas asentados cerca de los amarres de embarcaciones más lujosas comenzaban a desperezarse con la llegada de sus huéspedes habituales de cada fin de semana.
Caminando con andares arriados por el frío, dos muchachas de apenas dieciocho años recién cumplidos se apresuraban para llegar a uno de los locales de moda de la zona, abierto hacía relativamente poco y especialmente tentador para una alma que se quería creer oscura. La excusa que ni falta les hacía para salir a romper la noche era celebrar su recién estrenada mayoría de edad, y hacerlo bailando hasta que el amanecer les iluminara el camino de vuelta a casa.
Una vez las puertas del local se abrieron y la calidez del interior les abrazó arrastrando el olor a tabaco que ya impregnaba la atmósfera, la música se interpuso en sus superfluas conversaciones, obligándolas a tener que aumentar el volumen de su voz si deseaban poder escucharse. Ambas se dirigieron directamente a la barra, donde una cerveza cayó a manos de Shaina y un Bacardy con Cola fue pedido por Marin. Shaina se apoyó con un codo sobre la barra mientras rechazaba la copa que acompañaba la cerveza, a la cual propinó un buen sorbo directamente desde la botella. Su cuerpo estaba cubierto por una ajustada camiseta de manga corta que delineaba a la perfección unas sugerentes curvas que muy a su pesar, atraían varias masculinas miradas sobre ella. Los jeans que se ceñían sin respiro a sus piernas se presentaban rasgados y deshilachados en varias zonas, y toda su expresión corporal deseaba trasmitir una autosuficiencia y seguridad que pretendía espantar de antemano a cualquier buitre que deseara acercarse a ella sin su previa aprobación.
- Me tocaba elegir a mí, Marin. Mi cumpleaños ha sido después que el tuyo.- Se quejó chasqueando la lengua, antes de beber otro sorbo con claros gestos que deseaban emular una masculinidad que todo su cuerpo contradecía.
- ¡Shaina! ¡Siempre eliges tú! - Le rebatió Marin, poniendo especial énfasis en la palabra siempre.- Hoy me apetece escuchar y bailar la música que me gusta a mí.
Marin ni se preocupó de poner atención a la mueca de desacuerdo que ladeó los labios de su amiga. Sencillamente se dedicó a catar levemente el combinado servido ante ella, para seguidamente despojarse de la provocativa chaqueta de cuero negra, desvelando un bello torso vestido escuetamente por un top negro que mostraba su ombligo y una fina espalda recientemente adornada. La falda que se ajustaba a sus caderas, corta y también de cuero oscuro, presentaba unas piernas perfectas a la exhaustiva inspección de diversas miradas que habían caído atrapadas en su red de misterio y gótico glamour. Las botas que le llegaban hasta casi rozar las rodillas lucían unos tacones de vértigo y estaban cosidas por un sinfín de hebillas que, por su aparatosidad, contrastaban con la elegancia de sus atuendos superiores.
Shaina no pudo reprimir el impulso de agarrar a su amiga del hombro y medio obligarla a voltearse para tener la espalda expuesta ante su escrutadora mirada.- ¿Te dolió? - Preguntó, rozando con la yema de sus dedos las rosas tatuadas en una exquisita gama de negros y difuminados grises, que ahora adornarían para toda la eternidad uno de sus femeninos y delicados hombros.
- Un poco...- Admitió Marin, dándose media vuelta para deshacerse del contacto de Shaina y poder encararla al tiempo que sorbía gracias a un par de cañitas otro trago del combinado.- Pero es sólo al principio. Luego te acostumbras.
- ¿Y estuviste mucho tiempo para que te lo hicieran?
- Cuatro horas, más o menos...
Shaina bufó evidenciando que ella jamás tendría la paciencia de pasarse semejante tiempo quieta, dejando que la acribillaran a pinchazos para grabar algo en su piel que quizás sólo días después aborrecería.- Joder...y la pasta que te debe haber costado...
- ¡Ay, Shaina! ¡¿Y a ti qué más te da?! - Marin sabía que su amiga no estaba de acuerdo con el hecho de haber llevado a cabo semejante locura de difícil arrepentimiento, pero comenzaba a hartarse que se lo hiciera saber continuamente con comentarios ácidos y sobrantes.- ¡Si, me costó una pasta, ¿pero y qué?! Hace tiempo que quería tatuarme estas rosas...
- Tsk...cuando seas vieja se te arrugará y deformará. Más que rosas acabaran pareciendo los girasoles de Van Gogh...todas mustias y caídas...
- ¡Ya vale, Shaina! ¡No es mi problema que hoy estés amargada pensando en Seiya! - Le espetó con mala intención, tratando de librarse de la negatividad que a veces hacía mella en su amiga.
- ¡¿Pero qué dices?! ¡Yo paso de los tíos! - Se defendió la italiana, apoyándose con la espalda y ambos codos a la barra, cerveza en mano y con la amenaza de "que nadie se me acerque" inscrita en su enfurruñada mirada.
- ¡Obvio! ¡Es que Seiya no llega aún ni a poder ser llamado tío! ¡Todavía es un chaval!
- ¡Habló la madura!
Marin suspiró con resignación tomando otro pequeño y medido sorbo que contribuyó a arrebolar un poco más sus mejillas.- De verdad, Shaina...con este carácter no llegarás a ninguna parte nunca.- Le dijo a modo de regañina, a pesar que las cejas de su amiga se fruncieran más y la miradas ni siquiera se encontraran.- Olvídate de ese crío y mira a tu alrededor...hay montones de chicos que te miran...- Añadió, propiciando un cómplice choque de hombros que apenas sacó a Shaina de su calculado agarrotamiento.
- ¡Te digo que paso de los tíos!
- Uy sí, como todas...- Se rió Marin, que no pensaba amargarse, ni dejar que su amiga también se amargara la celebración que tenían pendiente.- Un día encontrarás a alguien que sacará a la tierna Shaina que llevas dentro...y ahora...¡a bailar! ¡que a ésto hemos venido!
Marin no se lo pensó más. Agarró a Shaina de la mano y la arrastró al centro del local, abriéndose paso entre el cada vez más concurrido espacio. Marin empezó a dejar que su cuerpo fuera seducido por esa música un poco selecta que a ella tanto le apasionaba, y a Shaina no le quedó otra opción que liberarse de su necio mal humor y también intentar disfrutar de su festejo de cumpleaños.
La canción rápidamente mutó hacia otro tema que hizo saltar a Marin de la emoción, chocando contra un pecho que le hizo de muro y le obligó a girarse para pedir la disculpa protocolaria y seguir a lo suyo.
No pudo ni articular palabra. Frente a ella descubrió al chico que le había embelesado sin misericordia cuando ella empezó con la secundaria y él estaba a punto de concluirla. Si el alcohol ya había teñido sus mejillas, verse reflejada tan de cerca en la mirada de Aioria obró el milagro de hacerla sonrojar hasta quedar acorde al rojo que adornaba sus labios. El encogimiento que sufrió su estómago no se lo esperaba en absoluto, y escuchar la voz de Aioria rozarle el oído le electrizó todo el espinazo sin piedad.
- ¡Qué ímpetu! - Dijo Aioria, sonriéndole sabiéndose observado con evidente rubor.
- Lo...lo siento...es...la canción...que...que me gusta mucho...- Balbuceó Marin sin apenas saber lo que decía.
Aioria siguió sonriéndole con cierta sobradez, deslizando su mirada por cada recoveco de ese dulce rostro que no sabía dónde mirar para no parecer tan estúpida como asumía que estaba siendo.- Tranquila...sigue bailando, que lo haces muy bien...
El alto muchacho no dijo nada más, y se limitó a seguir a su hermano hacia la barra, dejando a Marin congelada en medio de una pista en pleno movimiento y a Shaina mirándosela con un atisbo de envidia en su verde mirada.
- ¡Es Aioria! Shaina...es Aioria...Dios...¡qué vergüenza! - Exclamó Marin cuando fue capaz de reaccionar, aunque no de dejar de espiar a su amor platónico tras hileras de gente bailando entre ella y su sueño materializado ante sí.
- ¡Ya sé quién es! ¡El tío más adorable del instituto! - Le espetó Shaina con tono socarrón.- ¡¿Pero cómo puede gustarte todavía?! Creí que se te había pasado la manía...
- Yo también lo creía...pero ¡maldita sea! ¡¿Sabes el tiempo que hace que ni le veía por la calle?!
- ¡Hóstias, Marin! Él estaba en cuarto cuando nosotras empezamos primero...¡y nunca hablaste con él!¡Sólo le mirabas embobada durante el recreo! ¡Como ahora!
- Qué guapo que está...- Informó Marin para corroborarse a sí misma lo que había sabido desde el primer día que sus ojos le descubrieron apurando el último año que le quedaba de estudios secundarios.
- Guapísimo, ya ves...Y creído como siempre. ¡Pero mira qué aires me lleva! ¡Ni que fuera un dios!
A Shaina se le acabaron de pasar las ganas de bailar. Simplemente traspasó toda la gente que la empujaba aquí y allá para ir a dar con un banco lateral y dejarse caer allí, apurando la cerveza y macerando aún más su mal humor.
A Marin dejó de importarle el girado día que regía la esquiva conducta de su amiga. Olvidándose de la música que tanto le deleitaba buscó asiento al lado de Shaina, y observó. Durante toda la noche observó. Como había hecho durante incontables horas de recreo durante el único año que sus respectivos cursos les unieron en tiempo y lugar.
Aioria no parecía tener la intención de acabar la noche pronto, y Marin decidió que ese local pasaría a ser su destino semanal. Con Shaina o sin ella.
Sólo cabía esperar que el apuesto león fuese de su misma opinión.
