¡Hola de nuevo otro viernes! En este capitulo se ve el primer día en la luna desde los ojos de la princesa. Espero les guste y comenten. Muchas gracias a los que lo habéis hecho y también a todos los que lo habéis leído.
Capítulo 8.: La princesa, primer día.
La princesa Selene se había mantenido alejada de Endimión todo ese primer día, no quería que descuidase sus entrenamientos, pero le había estado observado oculta entre las sombras para no perder detalle de sus nuevas ocupaciones y estar así al tanto de todo lo que le pasaba. Se sentía extrañamente unida a él, le gustaba su compañía a pesar de ser un completo extraño y terrícola. No sólo era el hecho de ser una base de datos en potencia que explotar para saciar su gran curiosidad, si no que había algo en él que no dejaba de atraerla. Quizá sería su fuerte carácter… o la profundidad de sus ojos azules… o la calidez que despedía su cuerpo cuando estaban cerca el uno del otro. Se sentía extrañamente completa, más de lo que en sus cortos años de vida había estado y no estaba segura de qué podía ser lo que había entre ellos, apenas se conocían aunque sabía por Minako que existían múltiples tipos de conexiones entre seres humanos, fueran terrestres, lunares o de otro planeta de la Galaxia. Sólo debería averiguar de qué tipo era la suya con Endimión… sólo de pensar en estar conectada a él, un súbito calor la embargaba y sus mejillas se teñían levemente de carmín.
Desde uno de los corredores superiores de la Biblioteca había observado la sesión de estudio que Ami y Zoysite habían impartido al príncipe. Le recordaba cuando ella comenzó a estudiar todo aquello, con la diferencia que su mentalidad no tenía que cambiar pues desde muy niña era consciente del poder que poseía y de las energías que la rodeaban. Para Endimión resultaría totalmente diferente, pues era ajeno a todo ese mundo que aun rodeándolo no le había sido conocido hasta ese momento. Él estará bien, se dijo mentalmente. Y cambiando sus ropas por las de princesa, abandonó la Biblioteca por una de las salidas auxiliares, dirigiéndose a los jardines con un libro en sus manos.
Una vez en el exterior, se dirigió hasta el laberinto y más concretamente a su centro. Ese lugar había sido el regalo de la reina en su último cumpleaños y le encantaba estar allí. Había querido convertirlo en un lugar de descanso, en su remanso de paz. Había decidido que instalaría una hilera de bancos de formación de media luna en el centro. Dentro de ésta, un leve montículo de terreno cubierto de verde y coronando la leve elevación podría un árbol a cuya sombra tumbarse para disfrutar del paisaje, pero… todavía no había decidido cuál sería. Le encantaba el árbol del cerezo, sus pequeñas flores rosas la enamoraban pero no estaba segura de querer poner ese árbol allí, por lo que había decidido que rodearía ese espacio con cerezos y almendros, pero reservaría el centro para otro árbol. Se sentó apoyada en uno de los bancos y comenzó a pasar las hojas de aquel libro que había tomado de la Biblioteca. En él, podía observar gran variedad de árboles y arbustos terrestres. Era la Botánica General Terrestre, el último libro que había llegado de la tierra y ella había encargado. Estuvo horas leyendo y seleccionando árboles para su selección final, no había muchos que la convencieran. No llevaba ni un tercio del libro cuando decidió que era suficiente, más tarde hablaría con Makoto para que la asesorase en base a sus preferencias.
Miró al cielo y cerró el libro: "– No falta mucho para el almuerzo, debo ir con las Guerreros a informarlas de lo ocurrido ayer." –dijo poniéndose en pie, pero una voz la sorprendió.
"– No será necesario que nos busque, Princesa, aquí estamos, –dijo Minako seguida por Rei y Makoto– Ami no tardará en unirse a nosotras, sus lecciones de hoy están por concluir." Las tres muchachas se aproximaron a la princesa y se acomodaron alrededor a ella.
"– ¿Qué es lo que teníais que comentarnos, Alteza? –Preguntó Rei– ¿es acerca de nuestros huéspedes? ¿Habéis pensado como acercaros al príncipe?" La princesa no pudo evitar sorprenderse al ver como un leve rubor acudía a las mejillas de sus amigas. Ellas habían desviado levemente la mirada, evitaban mirarla a los ojos.
"– Me parece que ustedes también me tienen que decir algo, ¿no es así, amigas? –dijo mirándolas burlonamente con tono jocoso– pero no se preocupen, ayer les conocí… a los cuatro Generales." Ellas se sobresaltaron ante la noticia.
"– ¿Cómo? –Dijo Minako saliendo del estado de estupefacción en que las tres se encontraban – ¡Es imposible, con el revuelo de la desaparición del príncipe Endimión no hubo ningún momento para que fuesen presentados, sólo la Reina estaba presente cuando llegaron!".
La princesa sonriendo y con gesto tranquilizador les habló: "– Sabéis que el príncipe Endimión ayer llegó en extrañas circunstancias acompañado al palacio, ¿no es así? –dijo enigmáticamente– Pues bien, fui yo quien lo encontró." Ellas abrieron los ojos como platos ante tal información. ¿Cuándo había salido de palacio la princesa? ¿Cómo y dónde se habían conocido?
"– ¿Cómo sucedió? ¿Os hizo algo? ¿Estáis bien?" –dijo Rei poniéndose en pie y acercándose a la princesa totalmente alarmada.
"– Tranquilizaos, amigas, no sucedió nada malo. La verdad es que todo fue por casualidad; sentí el deseo de salir de palacio para organizar mis ideas y planificar cómo abordar la misión encomendada por la Reina. Lo encontré desorientado y débil, a punto de perder la consciencia. Lo socorrí y lo traje de vuelta a Palacio, y al ir a despedirme fue como conocí a los Generales de la tierra. –ella hizo una breve pausa, cambiando su semblante a uno más serio– He de pediros discreción y que olvidéis el protocolo si coincidimos ustedes y cualquier terrícola. Ellos han creído que soy una de ustedes o tal vez algún rango inferior, situación que creo me beneficia ya que puedo prescindir de todos los formalismos y tratamientos que la clase noble emplea para relacionarse y por ello no se aísla de mí."
Las Guerreros estaban pasmadas, la princesa las había dejado nuevamente asombradas ante tal información. Ella prosiguió.
"– Os ruego el mayor cuidado cuando nos encontremos con cualquiera de nuestros invitados. Puse gran esmero en ocultar mi marca real y aparecer frente a ellos con nuestro atuendo sencillo, así mismo he usado el mote cariñoso que entre nosotras empleamos y no sospechan que es únicamente el disfraz que encubre mi verdadera identidad de princesa."
Las Guerreros se miraron todavía bastante sorprendidas pero tras unos instantes relajaron su gesto y Makoto le habló a la princesa: "– Podéis contar con nuestra total colaboración, princesa."
Minako se adelantó un paso y dudando le dijo a la princesa: "– ¿Bunny?… ¿es así como deberemos referirnos a… ti? –La princesa se sorprendió un momento pero asintió a sus Guerreros– Es fácil de hacer, sólo hemos de olvidar durante unos días el protocolo. ¡Al final te saldrás con la tuya y conseguirás que te tratemos con nuestra hermana pequeña!" –finalizó Minako frotando la cabeza de la princesa, alborotando su flequillo y parte de su peinado. Las muchachas rieron ante tal gesto y siguieron conversando animadamente. Pasado un rato, Makoto se excusó; ella era la encargada del siguiente entrenamiento del príncipe. Y fue reemplazada por Ami que accedía al lugar en ese momento portando una gran cesta con el almuerzo, ella siempre era tan previsora. Las chicas la informaron de la situación, a lo que Ami sonriente dio su aprobación al plan de Selene mientras almorzaban.
Se sentía muy bien en compañía de sus amigas, disfrutaba de sus reuniones con ellas, le hacían sentir como una chica normal quedando con sus amigas. En un momento dado, la princesa miró al cielo. Se preguntaba cómo le iría al príncipe con su entrenamiento con Makoto; ella era muy dura, las más aguerrida de sus compañeras. No era una adversaria fácil. Se levantó sin mediar palabra con sus Guerreros y siguiéndola, se dirigieron cautelosas cerca del área de entrenamiento. Desde el edificio estaría protegida de la mirada del príncipe.
Tras ver unos minutos el entrenamiento con Guerrero Júpiter se preocupó. Estaba muy nerviosa, Júpiter estaba luchando por debajo de sus capacidades pero aun así era extremadamente temerario exponer al príncipe de esa manera a las habilidades de la Guerrero. Ella los observaba desde uno de los balcones del palacio, sus amigas la habían dejado allí tras unos minutos de observación; iba bordeando la barandilla pensando que en cualquier momento el príncipe recibiría un fuerte impacto y caería al suelo. 'Pero, ¿qué me pasa? ¿Estoy tan preocupada por él? No lo entiendo… No me entiendo', pensaba la princesa observando el área de entrenamiento.
"– ¿Qué tal lo hace nuestro nuevo huésped, Princesa? –escuchó decir a una voz familiar tras ella– A pesar de no emplear ningún poder, parece que se desenvuelve bien, ¿no os parece?". La Princesa se giró levemente hacía la figura que se había situado junto a ella, mirándola con visible preocupación.
"– Bien, Rei, se está desenvolviendo sorprendentemente bien pero estoy intranquila. No hace ni un día que lo conozco y ya me preocupa que pueda salir herido –dijo aproximándose un poco más a la barandilla– Me preocupa que Júpiter se exceda, sólo es su primera toma de contacto, aunque… se le ve muy motivado y no tan esquivo y negligente como pensábamos."
Rei miró con curiosidad a la princesa, intuía que algún tipo de conexión se había establecido entre ellos, tenía la sensación desde hacía días que algo iba a cambiar en ella, y la pose y rostro de la princesa se lo confirmaban.
Tras unos instantes de observación al joven guerrero, le habló enigmáticamente a su princesa: "– Después de este encuentro y el estudio que tuvo por la mañana, el príncipe estará agotado… ¿me pregunto si mañana será capaz de moverse? –dijo Rei burlonamente, provocando que la princesa entrase en un nuevo estado de preocupación– Tal vez deberías pensar algo para después, no creo que sobreviva a muchos días como hoy sin que su mente o su cuerpo le pasen factura." Tras estas palabras, Rei se giró y apoyando su mano en el hombro de la princesa, la obsequió con una amplia sonrisa mientras se retiraba.
Selene seguía observando pero tras unos instantes, tuvo una idea. Salió corriendo de la sala y se dirigió velozmente a sus aposentos. Allí tomó de su baño varias pequeñas botellas de un hermoso cristal labrado que contenían las esencias que ella utilizaba tras algunas duras sesiones de entrenamiento: jazmín, canela, enebro, clavo,… entre otras. Sabía que le ayudarían tras el duro día de entrenamientos que estaba teniendo. Justo cuando iba a salir de sus habitaciones se aseguró de cambiar su atuendo, a aquel vestido sencillo, el que el príncipe y los Generales le conocían.
Mientras iba por los corredores con esa apariencia, se sonrió pues sería muy sospechoso sobre todo para sus visitantes si la princesa de la luna entraba en las habitaciones que ocupaban sus invitados terrestres sin haber sido presentados. Una vez llegó al corredor donde estaban las habitaciones de los Generales y el príncipe aminoró su paso, no quería llamar la atención de los Generales aunque imaginaba que estarían vigilando al príncipe o con sus amigas Guerreros. Cuando llegó a la puerta de los aposentos de Endimión respiró aliviada pues no había nadie quien la hubiese descubierto. Justo cuando iba a girar el pomo de la puerta, alguien carraspeo tras ella. Lentamente se giró y vio a un par de los Generales observándola con cierta desconfianza. Eran Zoysite y Jadeite, los cuales la miraban de manera sospechosa. Se mantuvieron en silencio unos segundos hasta que ella decidió mostrarles lo que llevaba en sus manos a los Generales. De nada habría servido ponerles una excusa o mentirles sobre el motivo de su incursión en las habitaciones del príncipe.
Sólo dijo unas breves palabras sonriendo a la vez que les mostraba su carga: "– Baño relajante." – Ellos se acercaron curiosos y observaron los pequeños recipientes de cristal que ella llevaba y viendo las etiquetas que los catalogaban, se miraron entre ellos y sonriendo, abrieron ellos mismos las puertas de la habitación del príncipe ayudando a su joven instigadora.
"– Una gran idea, mi Señora, lástima que no se nos haya ocurrido a nosotros teniendo en cuenta la magnitud e intensidad de los entrenamientos." –dijo Zoysite con una sonrisa complaciente mientras buscaba entre las pertenencias del príncipe lo que se pondría tras ese baño.
"– Llamadme Bunny, mi Señor, me hacéis sentir vieja –dijo haciendo un mohín– ¿creéis que le agrade realmente?". Ellos se miraron un instante y guiñándole un ojo le hicieron un gesto de aprobación con la mano.
"– Sin duda, lo va a agradecer mucho, sé que Júpiter le debe estar haciendo morder el polvo." –afirmó Zoysite. Él alzó unos instantes la vista, observando como la joven sonreía atareada preparando las esencias. "– Mi Señora Bunny, vemos la buena intención de vuestros actos, pero no podemos evitar preocuparnos pues no la conocemos…". Ella le miró interrogante y después cambió su mirad a Jadeite, que asentía dando la razón a su compañero.
"– Se lo que debéis pensar, pero sólo puedo deciros que mi único propósito es ayudarle… –explicó calmada– dentro de mis capacidades y en la medida de lo posible, sólo busco su bien y el de la tierra." Ambos la miraros aún más dudosos ante su comentario. "– Para tranquilizaros lo último que puedo deciros es que cuento con el apoyo de la reina y las Guerreros, imagino que eso puede ser por el momento suficiente garantía para vosotros, ¿me equivoco?"
"– No os equivocáis, Bunny, tenéis razón, –explicó Zoysite– todos estamos en el mismo barco." Los dos Generales se miraron y le devolvieron una sonrisa de satisfacción a la joven que los miraba afectuosa.
Mientras Jadeite cerraba los grifos de la gran bañera, la princesa iba echando las esencias que había traído con ella; cada cual tenía diferentes medidas; dos o tres gotas de algunas, de otras un buen chorro. En poco tiempo, el baño poseía un olor tan relajante y atrayente que hasta ellos mismos se habían sentido tentados en meterse en el agua, pero Bunny no se lo había permitido. Ella iba corrigiendo las colocaciones de los objetos que los Generales habían depositado para que su príncipe las utilizase de manera que estuviesen más armoniosas y prácticas para ser utilizadas.
"– ¿Cómo haremos para que el príncipe encuentre el agua caliente? No sabemos cuándo terminará su entrenamiento…" –dijo Zoysite preocupado cuando habían terminado todos los preparativos.
"– De eso no debéis preocuparos, yo me encargo." –dijo ella mientras se aproximaba al agua. Extendió sus manos sobre el agua, en éstas concentraron unas pequeñas esferas de energía, parecían pequeñas nubes de color rosado que iban descendiendo hasta introducirse en el agua. Cuando ambas se hubieron sumergido, toda la superficie del agua se iluminó unos instantes y al apagarse el agua comenzaba a despedir vapor.
"– ¡Sorprendente! –exclamó Zoysite– debo aprenderlo para la próxima vez." Ella sonrió complacida.
"– Debemos irnos, he calculado que para cuando las puertas del baño se vuelvan a abrir, el agua comenzará a enfriarse." Ambos Generales asintieron y todos abandonaron la estancia.
"– ¿Qué haréis ahora? –Preguntó Jadeite– ¿Nos necesitáis… para algo más?". Ella los miró pensativa e iba a pedirles que buscaran algún alimento para el príncipe pero percibió dos conocidas energías aproximándose. Ami y Rei se acercaban.
"– No, mis Generales, quiero buscar algo de comer para que Endimión recupere sus fuerzas; por mi parte estáis libres para… –y vio aparecer a sus Guerreros por el pasillo– escoltar a Mercurio y Marte que acaban de llegar." Ella señalaba a sus espaldas y ellos se giraron sobre sí mismos, sus rostros se encendieron y una sonrisa cruzó sus rostros.
Las Guerreros se aproximaron y haciendo una reverencia invitaron a acompañarlas a los Generales. Ellos no habían perdido detalle de la situación. ¿Por qué las Guerreros le rendirían pleitesía a una compañera? ¿Quién sería ella para merecer tales deferencias? Ambos Generales se formulaban las mismas preguntas mientras caminaban alejándose de los aposentos del príncipe. La princesa les despedía afectuosamente con la mano y ellos le devolvieron el gesto con una cálida sonrisa, aquella muchacha era un encanto, no iban a dudar de las acciones de la joven que en poco tiempo había logrado tanto con su príncipe.
Ella respiró aliviada y volvió a acceder a la habitación del príncipe. Estaba satisfecha pero le faltaba encontrar algo que ofrecer de comer a Endimión. Se dirigió al balcón que se encontraba abierto y saltó a los jardines, desde allí podría acceder más rápidamente a las cocinas.
A medida que se acercaba a la puerta de servicio para los trabajadores de Palacio, veía caras conocidas que la saludaban con una reverencia, ella sonreía y les devolvía el gesto levantando su mano amigablemente. Desde niña se había escapado de sus cuidadores para hacer incursiones a las cocinas y despensas, por lo que todos en Palacio la conocían personalmente y le tenían gran afecto, la querían de verdad pues desde niña había sido un dechado de alegría y generosidad para con todos, fueran humildes o nobles. Al entrar en la cocina, se dirigió a una mujer de largos cabellos azulados que removía con ahínco un gran caldero y que iba añadiendo a éste especias y alimentos cortados que tenía preparados a su lado y que un joven de pelo castaño claro le iba dejando a su alcance.
"– Nana Ikuko, ¿Cómo estás?; Motoki, ¿Cómo te va? Tú como siempre tan atento y previsor en tus tareas." –dijo saludándoles y guiñando un ojo.
"– ¡Princesa! ¿Qué hacéis aquí? ¡No deberíais estar en las cocinas: si vuestra madre se entera, volverá a regañarnos!" –exclamó Ikuko con cara de sorpresa.
"– No os alarméis, estoy aquí en comisión de servicios. –dijo con orgullo guiñando un ojo– Necesito algo rico y nutritivo que llevarle al príncipe Endimión, hoy tuvo el primer entrenamiento de combate con Júpiter y…".
Ikuko la interrumpió abruptamente: "– ¡Válgame el cielo! ¡Pobre hombre, no digas más, seguro que no es capaz de llegar a sus habitaciones! No te preocupes te prepararé algo inmediatamente, no hay que descuidar su alimentación. Necesitará aportes extras de vitaminas, sales minerales,… bien, inmediatamente te lo preparo."
Y diciendo esto, avisó a otra de las cocineras que se encontraba organizando unas cajas de hortalizas y le indicó que prosiguiese con su tarea. Ikuko era una locomotora de mujer, empezó a agarrar sartenes y cazos cuando iba en una dirección, a mitad de camino agarraba unas hortalizas, al retornar agarraba un cuchillo y las cortaba a la vez que había echado un poco de agua en un cazo y unas especias en él. Daba un salto y agarraba un condimento, corría a la despensa con unas piezas de pasta y carne y de camino las iba troceando mientras las salpimentaba. Era una máquina, conseguía lo que ni entre 3 cocineras con sus respectivos ayudantes conseguirían. Era única, y la princesa Selene la adoraba, preparaba platos exquisitos con escasos elementos haciéndolos parecer platos de alta cocina con sus presentaciones y sabores.
"– Tardaré unos minutos más, ¿puedes esperar? –dijo Ikuko mientras se inclinaba a probar una de las salsas que ni Selene habría adivinado cuando había comenzado a hacer. – Te avisaré en cuanto esté." Selene asintió y salió de la cocina para observar el atardecer que en cuestión de minutos comenzaría a hacerse notar. Miraba al cielo y sintió como su corazón se alegraba de ver otro día tranquilo en su hogar, aun con los cambios que se habían sucedido desde el día anterior.
"– Creo que me acercaré a ver cómo va su entrenamiento." – dijo mientras salía del camino atravesando unos macizos de vegetación y árboles que aislaban esa zona del palacio de los bellos jardines y las área de entrenamiento. Con asombro vio que Makoto y Nephrite estaban saliendo del recinto de entrenamiento por lo que Endimión no tardaría en subir a sus habitaciones y ella todavía no había completado su puesta en escena. Rápidamente, se dio la vuelta y corrió sigilosamente volviendo sobre sus pasos. Justamente cuando iba a cruzar la puerta de acceso a la cocina, la nana Ikuko salía por ella con una gran cesta de picnic de la cual salía un delicioso aroma.
"– ¡Justo a tiempo, Ikuko, como siempre! –dijo sonriente mientras se aproximaba. Ikuko alzó la cesta para que ella la cogiese y le alargó otra más pequeña de donde pudo ver asomaban las boquillas de una par de botellas.
"– No estaba segura si querrías ofrecerle vino, pero he seleccionado una botella que va fantásticamente bien con lo que te he preparado y si no fuese de sus agrado, en la otra botella hay zumo de frutos rojos, muy rico en antioxidantes y que le revitalizará y refrescará." –dijo Ikuko sonriendo maternalmente.
"– Tú siempre tan atenta y protectora, ¡te adoro!". Y dándole un beso en la mejilla y tomando las dos cestas, se dirigió hasta el lugar desde el que podría acceder al balcón del príncipe sin ser vista. Lo hizo con cuidado de no hacer mucho ruido, pues quería que todo fuese sorpresa.
Cuando accedió a la habitación principal vio que sólo la luz del baño estaba encendida. Sonrió malévolamente, su plan de cuidar desde la sombra al príncipe ese día estaba siendo un éxito. Dejó con cuidado las cestas encima de la mesa de la terraza y comenzó a sacar el menaje y los recipientes que Ikuko había envuelto cuidadosamente. Se dio cuenta que había dos juegos de menaje… '¡Bueno!, ¿Por qué no? Cenaré con él', pensó inocentemente.
De pronto un escalofrió recorrió su cuerpo… algo no andaba bien… se concentró buscando el origen del problema… era… ¡era Endimión!… su energía… ¡Se estaba disipando! Rápidamente corrió al baño y lo encontró cuando su cabeza estaba punto de sumergirse en el agua. Como alma que lleva el diablo, saltó a la gran bañera sumergiéndose y tiró del cuerpo del príncipe hasta que hubo sacado su cabeza y pecho del agua. Había perdido el conocimiento, todavía respiraba pero de manera muy débil. '¡Maldita sea!', pensó ella para sus adentros, no quería creer que sería demasiado para él tras su accidentada llegada a la Luna. Con agilidad agarró una de las toallas pequeñas que ella misma había situado justo al borde de la bañera para que al príncipe las tuviese accesibles durante su baño. Secó su rostro y cabeza mientras se cercioraba que sus constantes seguían estables.
"– ¡Endimión! –le llamó ella– ¡Endimión, contéstame!, ¡vamos despierta!" –Él abrió los ojos y la miró, pero era como si no estuviese ahí, se le notaba agotado, confuso y a punto de perder nuevamente el conocimiento.
"– Tengo que sacarte del agua –dijo tirando de él– no sospeché que estuvieses tan débil,… perdóname." Consiguió sacarlo del agua y lo dejó sobre la alfombra del baño que afortunadamente era bastante mullida. Agarró otra toalla y cubrió el cuerpo del príncipe no sin que todos los colores encarnados del arcoíris acudieran a sus mejillas por la desnudez del príncipe. Tomó la toalla que había utilizado para secar el rostro del príncipe y la mojó en un recipiente con agua fría que había dejado cerca de la bañera y con ella refrescó la frente del príncipe que poco a poco comenzaba a recuperar la temperatura y el color de su rostro.
"– No me vuelvas a asustar así, Endimión, y menos tan seguido." –dijo ella mientras tomaba otra toalla para secarse un poco pues ella estaba empapada también. Con delicadeza tomó la cabeza del príncipe y la apoyó sobre sus piernas como había hecho el día anterior cuando se conocieron. Puso su mano sobre la frente del príncipe y realizó un pequeño hechizo para restablecer sus constantes vitales; ahora más que nunca le agradecía a Ami sus conocimientos de medicina y sus aplicaciones mágicas de ella.
Lentamente el príncipe fue abriendo los ojos, todavía parecía un poco confundido, el agotamiento era ahora más evidente pues el baño aunque contribuyó a su bienestar, le había relajado demasiado haciendo peligrar sus constantes vitales.
"– ¿Cómo te encuentras?" –dijo con ternura mientras le acariciaba el rostro. Él la miró todavía confuso, no se habían visto en todo el día y de repente aparecía ahí, con él apoyado nuevamente en sus piernas como la otra vez…
"– ¡Dime que… no ha vuelto a pasar… por favor…!" –dijo tapando sus ojos con su mano temblorosa expresando cierto malestar.
Ella se inclinó para besar su frente y dulcemente le aclaró la situación: "– Esta vez ha sido algo más… humano, Endimión; estabas agotado y debido al baño te relajaste demasiado… yo… lo lamento tanto, ha sido por mi culpa." –dijo ella apartando la mirada de él intentando contener la culpabilidad que le causaba haber sido la artífice de esa situación. Él comprendió atando cabos; había sido ella quien había preparado todo aquello para él, para que se relajase y descansase mejor. Ella se había preocupado por él y su bienestar en la sombra, no hacía falta estar presente, el sentía en aquello la mano de sus Generales y de ella.
"– ¡Eeh!, no te preocupes,… –susurró débilmente– llegaste otra vez a tiempo, y me siento más relajado y desentumecido. Debí haberme esforzado menos, esto no es la tierra y mi cuerpo no se ha acostumbrado, pero ahora puedo abordar la situación desde otra perspectiva. –dijo mientras se intentaba incorporar y quitarle hierro al asunto para mirar a Bunny a la cara– de nuevo gracias por velar por mí."
Se miraron durante unos segundos hasta que Selene observó como una gota de agua se deslizaba por la cara de Endimión resbalando por su mandíbula y cuello, dándose cuenta que él seguía desnudo bajo esa toalla.
Ella desvió nuevamente la mirada, intentando controlar el rubor que estaba más que presente en sus mejillas y le dijo suavemente: "– Endimión,… ¿crees que… puedas ponerte en pie? Te saqué a rastras del agua sin secarte apenas y no quiero… que enfermes…". Ella estaba evitando mirarle muy sonrojada y ahora entendió por qué. Se dio cuenta que solamente tenía una toalla sobre las caderas. Él asintió avergonzado y ella se levantó, tomó otra toalla para secarse ella y salió del baño.
"– Te esperaré fuera, avísame si me necesitas." –dijo tímidamente antes de cerrar la puerta. Él sonrió aliviado, ella no se iría todavía, podría estar un rato con ella. Con precaución comenzó a incorporarse, parecía que sus sentidos estaban intactos, notaba los músculos cansados pero ya no era como antes, el dolor que sentía al terminar su entrenamiento se había reducido considerablemente. Con la toalla que tenía sobre sus caderas comenzó a secarse, para asegurar su equilibrio se sentó en el borde de la bañera que podía fácilmente servirle de banco. Tomó la ropa limpia que encontró en uno de los estantes del baño y se vistió rápidamente para salir al encuentro de su amiga lo antes posible. Quería pedirle a Bunny que avisase a alguien o que le acompañase a las cocinas para poder comer algo, pues desde el almuerzo no había probado bocado y no quería desfallecer nuevamente, con dos veces tenía más que suficiente. Al salir del baño sus pensamientos fueron escuchados, a su nariz llegaron deliciosos aromas que lo guiaron hasta la terraza. Ya era de noche y corría una suave brisa que lo aliviaba y despejaba su mente. Se acercó a la mesa que ya estaba servida, observando el festín que ella había preparado para ellos dos. Se emocionó, ella tenía tantos detalles que le conmovían, que no entendía de donde podía sacar tanta ternura y delicadezas para con él, un completo desconocido hasta hace un día. Al percatarse de su presencia, Bunny se acercó a una de las sillas y la retiró ofreciéndole sentarse con una reverencia.
"– Si gustáis, mi príncipe; la cena, aunque fría, os espera." –Dijo ella simulando un tono servicial digno de un mayordomo de palacio. Él sonrió ante la escenificación y devolviendo la reverencia, tomó asiento. Ella devolvió tiernamente su sonrisa, se sentó delante de él y comenzaron a cenar.
Disfrutaron de una tranquila cena en el balcón, con el cielo estrellado y la tierra de fondo, un maravilloso escenario que ni en sus mejores sueños él había podido llegar a imaginar.
"– Tendrías que verlo, Bunny, es un rincón muy tranquilo de los jardines; hay un pequeño estanque en un lado, rodeado de frondosos setos, y en el centro pedí plantar un Sauce llorón flanqueado por rosales y algunos bancos de mármol. Ahí es donde yo únicamente consigo relajarme y desconectar." Narraba Endimión a una muy interesada Selene cuando ella le preguntó acerca del palacio de la Tierra. Al escuchar su descripción de aquel sitio, ella sintió como una idea atravesaba su mente… su rincón… ¡así es como ella lo quería!
Él la sacó de sus pensamientos. "– ¿Qué ocurre, Bunny?" Ella negó sonriendo y le instó a que siguiese contándole más cosas del palacio. Estuvieron charlando animadamente pero en un rato que quedaron en silencio, el agotamiento le venció sin darse cuenta y el príncipe cayó en un profundo y necesitado sueño. Ella lo observó con ternura y moviéndolo un poco consiguió despertarlo lo suficiente para que medio dormido, él llegase a la cama donde se desplomó.
Ella se sentó unos minutos a su lado, acariciando su cabello mientras escuchaba la suave respiración del príncipe. Le parecía tan hermoso, todas sus facciones se suavizaron tanto que creyó estar viendo otra persona diferente frente a ella. Rozó su mejilla con sus dedos levemente y la tan conocida para ella onda de energía le recorrió todo el cuerpo.
"– Bunny… –susurró en sueños el príncipe–… quédate un poco más." Sonriendo le arropó y colocó mejor la almohada para que descansase bien. Se sentía tan bien cuidando de él, era extraño; en ella era normal interesarse y preocuparse por quienes la rodeaban, pero este hombre despertaba en ella una preocupación diferente, una necesidad de velar por él que la intranquilizaba. '¿Qué será este sentimiento?' se preguntaba ignorante la princesa mientras se levantaba de la cama del príncipe.
"– Duerme bien, Endimión." –susurró dulcemente saliendo por la puerta del balcón, allí recogió rápidamente los restos de la cena y desapareció por la barandilla. Al día siguiente tenía cosas importantes que hacer en la mañana… en aquel lugar especial que ella también poseía en los jardines.
