Capítulo IX: La Traición.

—Quién está matando almas.

La luz de las farolas de la calle a través de las cortinas permitió a Naruto apreciar cada matiz de la expresión de Sasuke. Éste fue narrándole a grandes rasgos sus primeras experiencias en el Infierno, comenzado por su aparición frente a aquellas puertas de bronce y cómo se abrieron para él con sólo mirarlas. Prefirió obviar la descripción del instante de su muerte, pero el rubio lo esperaba. La ilimitada magnitud de ese trance todavía no estaba destinada a sus oídos.

Una vez instalado en la Ciudad, a Sasuke le propusieron integrarse en el cuerpo de policía y, superado el trauma inicial, aceptó. Necesitaba darle un sentido a su nueva existencia eterna e iniciar una dolorosa ruta de purgación personal. Así, durante años se limitó a pacificar riñas y a solucionar sustracciones de bienes ajenos.

—¿Robos? —lo interrumpió Naruto, sorprendido.

—Hay cosas que a algunos les está vedado pedir y optan por quitárselas a otros. Más adelante, me trasladaron a homicidios. Aquí son hechos puntuales y no era difícil localizar a los culpables. Pero un día al llegar a la Torre, además de mis jefes me estaban esperando dos Números. En sus recuentos periódicos habían descubierto que muchas almas estaban siendo sustituidas por corazas dispersas a lo largo de la Ciudad. No eran muertes aisladas. Al parecer, tenían entre manos a un…

—¿…mata-almas en serie…? —sugirió el rubio.

Súbitamente, Sasuke apartó el cobertor y se levantó de la cama para dirigirse hacia la coraza apoyada contra la pared y cogerla.

—¿Qué pasa?

—Está perforada.

El Uchiha encendió una de las lámparas de pie y colocó debajo el frontal de la armadura de metal para examinar el orificio en su centro.

—Un agujero limpio: la atravesaron de un golpe. Es la primera vez que lo veo —añadió, incrédulo—. En los demás casos estaban intactas. Mis jefes me dijeron que eran indestructibles y que sólo nuestros kunais pueden traspasarlas. Suponíamos que obligaba las víctimas a despojarse de la coraza, pero si es capaz de asesinar con ella puesta, el asunto es más grave de lo que creíamos.

A Naruto no le complació ese plural mayestático "suponíamos-creíamos" que integraba a Sasuke y a los Números en un sujeto colectivo. Hizo una mueca y palmeó repetidamente el colchón, instando al moreno a que regresara. El Uchiha soltó el peto de metal y volvió para sentarse de piernas cruzadas a su lado.

—Yo frecuentaba los prostíbulos, porque suele haber altercados. Aprovechando que por ellos pasa mucha gente, me encargaron que obtuviese información; la mayor parte de la Ciudad está al tanto de las desapariciones, incluso se han topado con corazas abandonadas, pero lo de hoy ha sido excepcional. Nadie había visto al agresor hasta ahora, es un avance importante.

—¿Qué les llevabas a la Torre, si antes no habías conseguido nada?

—Testimonios de personas que conocían a los fallecidos y un plano con la ubicación de los lugares donde se produjeron las últimas desapariciones. Los Números cierran inmediatamente esas zonas para buscar pistas y aún continúan cerradas. Yo no acostumbro a llevarme las corazas, lo que pasó hoy fue tan apresurado y tan anormal que no lo pensé.

—¿Las víctimas son de tipo especial? —preguntó Naruto, rascándose la comezón de su incipiente barbita.

—No. Mata en todas partes y elige en igual proporción a jóvenes, viejos, hombres, mujeres o niños. No sigue una pauta. Al menos, no que sepamos.

—¿Hay niños aquí, Sasuke? —La entonación del rubio sonó turbada.

—Sí.

Naruto no supo qué decir. De sus negros pensamientos lo rescató una idea que saltó al exterior con la elasticidad de un sapo de las montañas.

—¿Crees que Orochimaru está involucrado? Me contaste que estuvo en la cárcel.

—Sé que te gustaría. Y a mí. Pero Orochimaru no hace nada que no le reporte beneficios, no iría por ahí matando almas sin motivo. Se le ha interrogado y afirma que no sabe de qué le hablamos. Robó instrumentos raros y muy sofisticados para utilizarlos en su nuevo laboratorio, y provocó varios incidentes… explosivos. Por eso lo detuvieron.

—¿Le han consentido que construya un laboratorio aquí? ¡¿Se han vuelto locos?! —se escandalizó el Uzumaki.

—Es la forma más sencilla de mantenerlo entretenido y que no cometa delitos peores. Los Números conocen de sobra su gusto por los experimentos indeseables. Ahora se ha aficionado a deambular por la Ciudad en busca de los puntos de origen de tanto frío, dice que le intriga este clima. Según ellos, está fuera de sospecha; sólo en lo relativo a los asesinatos, han recalcado, porque no logran que deje de robar objetos y materiales extraños. Pero, al menos, esa víbora no tiene que ver con el asunto de las muertes.

—Entiendo. Una pregunta más, Sasuke.

—¿Cuál?

—¿Qué hay en tu jodida bolsa?

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El moreno se mordió los labios, dudó, dejó de mordérselos, siguió dudando, volvió a mordérselos y contestó:

—Lo que estás imaginando.

La sonrisa de Naruto no le cabía en la mandíbula.

—¿Lo que creías que les iba a pedir a los Números cuando quería mis patines?

—Mmm… —contestó Sasuke sin comprometerse—. Más o menos.

—Déjame ver.

De medio brinco el rubio estaba fuera del futón, y de otro medio se hallaba junto a la mochila. Sasuke se levantó corriendo y lo sostuvo desde atrás por debajo de las costillas para contenerlo.

—¡Teme, no seas malo! —El Uzumaki se revolvía, tratando de alcanzar su meta en vano—. Casi me has dicho lo que es, así que no importa que lo vea. ¡Déjameeeee…!

—¡Quieto! ¡Estate quieto, usuratonkachi! ¿No puedes esperar a que lleguemos a casa?

—Noooooo…

Naruto se seguía resistiendo y, para su horror, Sasuke notó que estaba excitándose en grado sumo. Prácticamente desnudo, sólo con la ropa interior puesta, el rubio no paraba de agitarse y de restregarse contra él para desembarazarse del férreo agarrón.

El flequillo oscuro, que con las sacudidas cubría sus ojos, ascendió en un soplido contrariado. Tenía abiertos dos frentes: uno, luchar contra la fuerza impresionante y la insaciable curiosidad de Naruto; y dos, pelear contra su propio cuerpo que estaba reaccionando vivamente al revoltoso metro ochenta de carne que se removía contra él. Superado por las circunstancias, Sasuke soltó a su presa.

En lugar de salir disparado hacia delante por la inercia y sus impulsos, Naruto se quedó inmóvil.

—¿Sasuke?

—Mira lo que quieras y acuéstate de una puta vez —espetó el aludido—. Estoy cansado.

Regresó al futón, y desde allí vio al rubio abrir las correas y sacar el paño de algodón de su escondite. Con la mano detrás de la nuca simulaba desinterés, pero sus pupilas rodaban ágiles por sus globos oculares, siguiendo las acciones del otro.

Éste, tras un guiño pícaro, se aproximó con la bolsa colgando, la depositó a su lado y se le sentó encima. Dos manos descansaron en el pecho pálido y sus ojos se encontraron con los negros. El Uchiha se dio cuenta de que el trasero de Naruto se le había clavado como dardo en su diana. Podía no ser el símil más acertado, pero la idea estaba clara.

Los dedos del rubio recorrieron y modelaron palmo a palmo los músculos del pecho y el abdomen debajo de él, recreándose en el cálido tacto, mientras sus nalgas empezaban a dibujar lentos círculos sobre su erección y le provocaban un involuntario gruñido.

—La tienes muy dura, Sasuke —ronroneó Naruto, sonriente. El moreno no pudo rebatir su argumento, así que se unió al enemigo y llevó las manos a las caderas de su jinete para marcarle una cadencia. La presión firme ejercida sobre su pelvis hacia abajo hizo que Naruto gimiese bajito y ondulase con más energía.

De pronto el rubio se dejó caer hacia delante, abandonando su peso sobre sus brazos, y pegó el pecho al de Sasuke. Eso hizo perder a éste el contacto con aquellos glúteos divinos, pero le permitió constatar que no era el único excitado. Percibía el calor de la otra erección rozándose contra la suya y las manos volaron a su trasero para oprimirla contra su cuerpo. Naruto suspiró, al percibir lo que su amigo pretendía y aceleró la frotación con su ayuda.

—Te has mordido los labios —murmuró, antes de salvar los centímetros entre sus caras.

El Uchiha aguardaba un beso, pero el ninja número uno en sorprender a la gente sólo sacó su lengua gatuna para deslizarla sobre los labios enrojecidos. Se dedicó a humedecerlos, acariciándolos de izquierda a derecha. De una comisura a la otra. Y vuelta a empezar.

Naruto gozaba mimando los labios del otro. Se moría por colarse entre ellos para adentrarse en terreno inexplorado, pero todavía no. Besar a Sasuke, besarlo de verdad, era el premio, el regalo que se reservaba para el final. Antes otra cuestión necesitaba ser resuelta sin demora:

—¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar?

La pregunta cogió al Uchiha desprevenido. Llevaba un rato con el cerebro en blanco, perdido en las sensaciones. La esponjosa lengua felina lo lamía sin prisa y su dura erección era restregada contra la del rubio. Sin embargo, la enjundia de la cuestión lo espabiló como jarra de agua fría.

Su amigo se había apartado y lo observaba con ojos muy azules. El moreno parpadeó y permaneció estático.

—¿Y tú?

—Ya te lo dije. Contigo no tengo límites. Pero no me dijiste los que tienes tú. ¿Cuáles son, Sasuke?

El rubio esperaba su respuesta, expectante. Que hubiese parado sus movimientos para supeditar su instinto a su razón, era palmario síntoma de que el asunto poseía una vital importancia para él.

Sasuke ladeó la cabeza, hasta reposar la mejilla en la almohada y enfocó la vista en la bolsa de algodón.

—A cada persona que llega a este burdel le dan lo que precisa para pasar la noche. Ocho sabe que no soy un cliente, pero después de vernos juntos, cuando estuvimos a solas me ofreció una de sus bolsas sin pedir explicaciones. Y yo la acepté, sin dárselas. Hasta le sugerí que completase el contenido. —Sasuke enderezó el cuello y encaró a Naruto con un leve sonrojo, pero había serenidad en su expresión—. ¿Responde eso a tu pregunta?

—Oh, sí.

Naruto, erguido, se había sentado sobre él. De una de sus manos pendía el cuello de la bolsa, y con la otra deshacía el nudo del cordón que la cerraba.

—Veamos.

—Por favor… —protestó el Uchiha—. ¿No me has humillado lo suficiente por hoy?

—Nop. ¡Ohhh…! —El rubio acababa de sacar un consolador de considerables dimensiones, empaquetado al vacío—. Qué romántico, Sasuke… Es rosa —comprobó, zumbón—. Si hay más, puedo hacerme un ramo.

Su bromita fue recibida con unos ojos de rencor negro intenso.

Ignorando las malas vibraciones que surcaban el aire, Naruto fue retirando del interior de la bolsa en admirada sucesión un pequeño vibrador en forma ovoide con pulsador; dos ristras de bolas chinas de tamaños diversos; tres tubos con lubricantes de menta, fresa y chocolate; unas esposas acolchadas; un anillo transparente; una chocante y estrechísima varilla negra…

El Uzumaki siguió sacando cosas, cada una más escabrosa que la anterior. Al acabar, su cara era una pura oda a la perversión.

—Sasuke-kun, Sasuke-kun… Te creía más modosito…

El Uchiha, fucsia desde hacía cinco minutos, lo miró con furia asesina y pataleó para soltarse, pero Naruto lo tenía bien sujeto bajo su cuerpo.

—Ni hablar. De aquí no te mueves hasta que probemos algunos de estos juguetitos. ¿Con cuál te apetece empezar?

—¡Que me sueltes, usuratonkachi! ¡Suéltame ya! —Sasuke, de lo más indignado, continuó agitando piernas y brazos para escapar de las garras del rubio sin éxito.

—Eso gritaba yo antes, y no me hiciste puto caso. ¿Vas a cambiar la decoración de nuestra casa y a reemplazar esos horrendos cuadros del símbolo Uchiha por estos bonitos aditamentos para el hogar? Las bolas quedarían genial en el frutero. Éstas son tan grandes como mis… naranjas… ¡Joder! —exclamó, esquivando un manotazo—. Relájate, Sasuke; si pediste todo esto, es que quieres que lo probemos.

—¡Que me sueltes! —Otro pataleo. Al Uchiha le ardían los ojos y Naruto tomó una decisión estratégica. La retirada a tiempo es una victoria. Todas esas chorradas de estrategia militar de Kakashi-sensei servían también en la vida civil.

—De acuerdo. Te suelto.

Se levantó y permitió al Uchiha liberarse de su peso. Sasuke observó como Naruto guardaba las cosas en la bolsa con parsimonia, la cerraba y la empujaba a cierta distancia. Por último, se inclinó para darle un beso en la frente y se acostó a su lado, mostrándole la espada.

—Que descanses, Sasuke.

¿Una rendición espontánea del rubio? ¿Sin pelear en serio? ¿Sin haber apelado a su buen corazón? ¿Sólo porque se lo había pedido?

—¿Desde cuándo obedeces mis órdenes, dobe?

—No voy a violarte ni a obligarte a lo que no quieras. Por eso te lo pregunté antes. Buenas noches.

Bien. Sin duda, la única neurona operativa en el cerebro del devorador de ramen gozaba de una portentosa habilidad para usar la psicología inversa. Sasuke podía ser muchas cosas, pero no tonto, y comprendió que había vuelto a ser manipulado.

A la mierda, no se iba a quedar con la intriga. Un movimiento rápido y fue el rubio el que se encontró boca arriba bajo el Uchiha, que lo traspasó con la mirada.

Lo que suponía: el muy cabroncete sonreía como un condenado. Sasuke echó pestes en su interior, todo había sido una jodida trampa.

Venganza.

Bueno, llamémosle revancha. Sí, tratándose de él, revancha sonaba mejor. Se aproximó a la nariz del rubio hasta que respiró su aliento.

—¿Quieres aprender algo?

—Por supuesto. El incremento de la sabiduría forma parte de cualquier camino ninja.

Había sonado a cachondeo descarado. ¿No?

De un Uchiha nadie se reía. Y menos aquel usuratonkachi. Sasuke estaba ferozmente cabreado. Y febrilmente caliente.

Nefasta combinación.

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Sasuke alejó a Naruto de un empellón para despojarse de sus pantalones. Después se tendió relajadamente, extendiendo una pierna sobre la cama y doblando la otra hacia arriba con la planta del pie sobre el colchón.

El rubio se quedó sin habla, embrujado por la sensualidad del cuerpo desnudo frente a él. La lámpara de pie continuaba encendida y la luz ambarina suavizaba aún más los contornos de su piel, dando un toque añadido de erotismo a la escena. Sasuke entreabrió un poco las piernas para que la erección que latía sobre su barriga lanzase un desafío obvio. Descarado. Y maléfico.

Que el futuro Hokage de Konoha no iba a pasar por alto, por muy deslumbrado y excitado que estuviese.

—Dime qué hacer —demandó, devolviendo el reto.

—Trae aquí esa puñetera bolsa.

Obediente, el rubio gateó hacia su izquierda y la cargó consigo hacia el futón.

—Encuentra el tubo blanco, el más pequeño. El que pone fresa.

—¿No prefieres el de menta?

—¡No! ¡No! No… —se alteró Sasuke. La confusión de Naruto parecía auténtica y el Uchiha explicó, más reposado—: La menta es para… tiene… un efecto especial que no me interesa… por ahora.

El rubio separó los pliegues de la tela y escogió el tubo correcto. Su pulso se aceleró.

—Colócate ente mis piernas.

Empleaba una seguridad inusitada, teniendo en cuenta que minutos antes lo había puesto a suplicar misericordia cuando le lamía los labios. Naruto confirmó el resultado de experiencias anteriores: al calentarse, Sasuke pulverizaba sus inhibiciones y se transformaba en una especie de dictador sexual. Elevó la otra rodilla y fue abriendo las piernas con un aire tan sugerente que lo dejó descolocado.

El teme no había hecho esto nunca, ¿verdad? Se lo había asegurado la primera vez que se hizo una paja delante de él, ¿verdad?

Abandonó sus celosas conjeturas ante la vista de la gruesa erección palpitando sobre el vientre blanco, y las nalgas perladas y tentadoras.

—¿Te acuerdas de lo que me hiciste ayer? —susurró Sasuke.

—Sí… —Hubo cierto titubeo y una sonrisa ladeada asomó al rostro del Uchiha. Iba a ganar el reto. Tenía a Naruto orbitando alrededor de la punta de su… dedo. Ese zorro manipulador y tramposo se iba a enterar.

—Pues vas a mejorarlo. Abre el tubo y úntame.

Al rubio le temblaron las manos al oír el último y estimulante mandato, para regocijo de Sasuke, dueño pleno de la situación. Torpemente, Naruto logró desenroscar el tapón, quitarle el precinto e impregnar la yema de sus dedos con una porción de gel transparente.

El corazón de Sasuke dio tantos bandazos como el de Naruto, aunque no podía tolerar que el otro lo dedujese. Tener al rubio allí de rodillas, con la mano reluciendo por el lubricante, la boca abierta y el rostro fascinado, indagando entre sus piernas, hizo que se esfumasen los restos de su falso aplomo. Pero debía resistir como fuera, fingir estoicamente que la situación no le estaba afectando. Asunto complicado, ya que comenzaba a ser consciente de que aquellas maniobras podían reportarle un placer inmenso, descomunal, si el ninja rubio asimilaba bien sus lecciones.

¿De qué se preocupaba? Naruto poseía un don para las guarrerías que envidiarían meretrices de la más amplia trayectoria. En cuanto aprendiese la técnica, Naruto iba a ser… increíble.

El rubio, por su parte, se estaba mordiendo la lengua para no entrar en trance. Inspiró hondo y dirigió la mano hasta su amigo. Usando suaves movimientos, extendió la sustancia alrededor del delicado anillo de músculos que intuía, pero no apreciaba en detalle, al quedar en sombras debido a la postura. Se sentía acalorado y tenso. Era curioso, porque no era él al que iban a meter un dedo por el culo, pero Sasuke se mostraba tan seguro, que…

A su roce, el esfínter pulsó y se contrajo, y Naruto elevó violentamente la cabeza. Era preferible no encontrarse tan cerca de lo que iba a hacer. El día anterior tenía a Sasuke comiéndole la polla con la mayor de las ansias, pero ahora tendría que aguantarse un largo rato las ganas antes de recibir contraprestación.

—Voy.

Ahora sí. El dedo comenzó a entrar suavemente. El moreno expulsó demasiado aire en una exhalación, y jadeó ansioso para recuperarlo.

La sensación era… tan… oh… joder… tan…

Naruto había dado un respingo cuando sintió que su dedo penetraba dentro de aquel lugar estrecho y resbaladizo. Inspiró hondo para darse valor y con movimientos de rotación pudo entrar unos centímetros más.

—¡No! —clamó el Uchiha—. Espera.

—¿Qué pasa? ¿Te hice daño?

—No. —La expresión arrugada de Sasuke se dulcificó ante la inquietud del rubio por su bienestar—. Estoy bien, pero ya no entres más. Ahora dóblalo hacia arriba y busca…

La nuez de Naruto subió y bajó un instante.

—Sasuke… te dije que contigo sería capaz de hacer cualquier cosa, hasta lo más sucio que se te ocurriese. Y… y lo mantengo. Pero si estás pensando en lo que acabo de imaginar, yo… sigo dispuesto, pero antes tengo que saber exactamente…

El moreno le fulminó con la mirada.

—¡¿Pero qué clase de aberración estás pensando, idiota?! Hablo de la próstata. ¡La próstata, joder…!

—¿La qué?

—¡Ahhhhhh…! E… eso… Eso…

Naruto había hecho magia en su interior y le había causado calambres en las piernas.

—¿Qué he hecho? —preguntó, deslizando repetidamente el dedo por la superficie abultada que había localizado a la primera.

—Ah… Para… para… paraaaaahhh… Espera… a que te lo diga yo.

Sasuke estaba sonrojadísimo y no cesaba de resollar y estremecerse. El rubio sonrió victorioso y se pegó al rostro del otro, respirando sobre su nariz.

—Maravillas. He hecho maravillas, como siempre, Sasuke-sensei. Voy a ser su alumno predilecto. Y eso que no sabía de qué iba la cosa.

Sasuke soltó otra tanda de gemidos, ante la presión insistente sobre la pequeña glándula que le había hecho gritar. Con su peso sobre una mano para no aplastar al moreno, y la otra mano ocupada en su interior, Naruto retiró la vista de las pupilas negras y se abrigó en el hueco de su cuello. Los ojos cerrados y el calor de la piel de su amigo en su rostro, le ayudaban a concentrarse. Su dedo se movía lentamente, apretando y haciendo espirales.

—¿Cómo lo sabías? ¿Alguien te lo hizo antes?

—No —negó el Uchiha, detrás de su oreja—. No. Sólo escuché cómo se lo explicaban a un chico en uno de los burdeles.

La erección de Naruto bailaba de desesperación bajo su ropa interior. La mano interpuesta entre sus cuerpos impedía que se frotase contra el moreno hasta el delirio tal como estaba deseando. Se desplazó hacia atrás y sus ojos quedaron enganchados entre las pálidas piernas. Por fin contempló nítidamente su dedo, hundido en el interior de Sasuke, y rodeado por la carne rosada y brillante debido al lubricante.

—Eres… perfecto —susurró, para volver a inclinarse sobre el Uchiha y empujar y presionar con más fuerza—. ¿Puedo meterte otro?

—Sssí… Y tócame… Tócame, Naruto —rogó Sasuke, sacudiendo suavemente su cadera donde su erección se bamboleó pidiendo socorro. Enseguida supo que acababa de condenar su alma definitivamente a las catacumbas del infierno, suplicándole así al rubio. Pero sus hormonas aullaban, acallando cualquier reparo.

—Voy a tocarte la polla —siseó Naruto en su oído—, y a meterte la mano hasta el fondo, si quieres. —Las cejas Uchiha se unieron en lo alto, pero no hubo réplica—. Quiero ver tu cara corriéndote al mismo tiempo que te hago de todo, pero permite que me la toque yo un poco. Estoy que reviento desde que hemos empezado y…

—Lo haremos juntos. Mira otra vez en la bolsa, Naruto; es azul y tiene forma de "S".

El rubio detuvo sus acciones y se giró hacia la bolsa para buscar aquel dildo de extraña apariencia.

—¿Qué es?

—Un masajeador de próstata. Sácale la funda.

El rubio cazó al vuelo las intenciones del otro y rasgó el envoltorio del raro artilugio. Sonriente, se arrancó la ropa interior y, como Kushina lo había traído al mundo, se arrodilló en su lugar favorito. Entre las piernas del Uchiha.

—Ábrete para mí, Sasuke.

El moreno no esperó a que se lo repitiesen dos veces. Separó cuanto pudo los muslos para que el otro, que ya empapaba el dildo en lubricante, se arrimase a él.

—Despacio… —pidió—. Despacio.

—Tranquilo. No te dolerá… si no quieres —concluyó Naruto malicioso.

Pegado a Sasuke una vez más, le introdujo dos dedos húmedos que fueron ensanchándolo tiernamente para lo que vendría. El masajeador era pequeño, pero el moreno jamás había tenido nada en su interior antes.

Salvo los dedos de Naruto. Y su lengua.

—¿Cómo se mete?

—Esa parte va hacia arriba —murmuró el Uchiha—. Ah… ah… ahí…

Naruto fue metiendo con delicada lentitud el dildo en el interior de Sasuke. No mucho, lo bastante como para que alcanzase el punto adecuado. Entonces, aferró con hambre el miembro olvidado, tan hinchado que pareció a punto de estallar en su mano, y comenzó a masturbarlo. Aun sintiendo un placer de otro mundo, Sasuke se retorció, descontento.

—Ven… —gimió abriéndole los brazos—. Ven aquí. Y déjamelo dentro.

El rubio le encajó el dildo y se tendió encima, para unir sus erecciones a una generosa dosis de lubricante. Al descansar una esquina de la base contra el suelo, Sasuke pudo sentir el aparato muy hondo en su interior, oprimiendo su próstata. Naruto se abrazó a él, e inmediatamente se puso a agitarlas con energía, mordiendo ansioso su cuello.

Cuando notó que se iba a correr, se apretó con fuerza contra el colchón y el dildo lo penetró aún más profundamente. Naruto, que no podía ver pero sí intuir lo que Sasuke se hacía, se excitó poderosamente con la idea de saber que su amigo se empalaba a sí mismo y lo aplastó con vigor contra el suelo y contra aquello que tanto placer le estaba proporcionando. De esa manera, el orgasmo los sacudió simultáneamente y se corrieron el uno contra el otro.

Al separarse, se miraron con la respiración entrecortada y Sasuke sintió cómo la mano del rubio circundaba su cuerpo. Sus dedos inquisitivos buscaron la base del dildo y la extrajeron cuidadosos de su interior. Cerró los ojos al notar que salía del todo con un vergonzoso sonido mojado.

—Sasuke…

Naruto cayó sobre él. Su lengua se impulsó voraz entre sus labios, y la lengua de Sasuke, ansiosa por recibir a la contraria, le dio una desesperada bienvenida. Comenzaron a besarse de verdad, como no lo habían hecho antes. Entregando y exigiendo, exploraron la textura, las formas, la humedad y la intimidad del interior ajeno de la manera más detenida posible. Hambrientos del calor y del sabor del otro.

Hubo un momento en el que el Uzumaki tomó con la mano la barbilla de Sasuke, para abrirle más la boca y poder chuparle la lengua con gula. El moreno tuvo la sensación de que le estaban haciendo una mamada a su lengua. Ante ese gesto de posesión tan obsceno y ávido, se removió otra vez debajo de Naruto, deseando que se hundiese más y más entre sus labios.

Se separaban lo imprescindible y retornaban a la boca del otro, como si fuese ésta la que les proporcionase el aire y no la que los estuviese privando de él. Pero el Uchiha finalmente se apartó.

—Naruto, ¿puedo hacértelo yo ahora?

—Te dije que no preguntases.

Intercambiaron posiciones y el rubio se colocó debajo. Sasuke agachó la cabeza y fue acogido por los cálidos muslos tostados. Naruto, sin pudor alguno, se abrió por completo y alzó las piernas hasta posar la parte posterior de sus pantorrillas sobre los hombros del otro. Y ya no hubo rincón íntimo de su cuerpo que no quedase expuesto a los ojos oscuros.

—Todo tuyo —concedió lánguidamente.

Sasuke iba a dejar de respirar, antes de saber por dónde empezar. El cuerpo de Naruto era todo un espectáculo, y se le iban las manos y los ojos en mil direcciones. Su propia entrepierna se había erguido con la potencia de un resorte de metal. Le hubiese gustado detenerse a tocar y acariciar hasta el horizonte de su mirada, pero tendría que posponerlo para un momento en el que no estuviese tan ansioso. Tragó saliva, humedeció un dedo en el producto de sus dos orgasmos, y lo utilizó para repetir los circulitos que Naruto había trazado en él.

—¡Vamos, teme! Yo no soy tan delicadito como tú —gruñó el rubio.

Animado por la frase, Sasuke fue adentrándose despacito en el virgen trasero de Naruto, que gimoteó un poco pero no retiró su esfínter de aquel dedo violador. Volvía a lucir una considerable erección y a Sasuke se le ocurrió otra feliz idea. Sin repugnancia, pasó su lengua por la superficie de la carne rojiza, desde la punta hasta la base de vello dorado. El rubio maulló.

—Oh, joder, sí, sí… Cómetela, Sasuke…

El Uchiha empezó a meter y a sacar el miembro de su boca, tragándolo entero cuando avanzaba, al tiempo que su dedo experto se clavaba en la próstata del rubio.

Éste no salía de su asombro. Entre la boca golosa que le estaba dejando sin aliento y el sublime placer por la avasalladora invasión del dedo en su culo, volvería a correrse en minutos. Con soltura llevó las manos a la cabeza de Sasuke y enlazándole la nuca, le imprimió un ritmo a su gusto. Aquél se dejó hacer, aceptando en su boca los embates del rubio, sin emitir queja alguna. Su única ambición era que disfrutase igual que él esa noche. Y al sentirlo empujar contra su dedo para que profundizase más, enloqueció y se lo enterró por entero.

Naruto se corrió en su boca, igual que había hecho el día anterior, y luego con ímpetu tiró de Sasuke hacia arriba para masturbarlo duramente, hasta que el moreno terminó también en su mano.

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—Esta noche no usarás mi kunai especial para afeitarte. Y es mi última palabra.

Se encontraban en medio de un frondoso bosque, sentados junto a una fogata. Las llamas crepitaban desde la madera apilada en el hoyo que habían excavado en la nieve. Llevaban varias horas atravesando aquella extensa arboleda y ya estaba atardeciendo.

—Anda Sasuke, ¿qué más te da? —reclamó el rubio—. Esta mañana salimos tan deprisa del burdel que no me dio tiempo de pedirle prestada una cuchilla a tu amiga. Casi mejor, porque iba a imaginar que la queríamos para más cosas raras…

Sasuke resopló.

Ya no tardaría en oscurecer y levantarse aquel fuerte viento nocturno, por lo que el frío en poco tiempo se volvería intensísimo. Por segunda vez en la jornada habían hecho su parada para prender una fogata, recuperar un poco de calor y descansar.

—En el siguiente refugio te conseguiré jabón de afeitar y una navaja. La culpa de que nos quedásemos dormidos y tuviéramos que salir volando, fue tuya. Te pusiste a rebuscar en la "jodida bolsa", y ahora sufrimos los dos las consecuencias…

Naruto bajó la vista al suelo. En el instante en que las posaderas de ambos ninjas habían tomado asiento en aquel tronco de árbol, se había escuchado el mismo quejido ahogado. El del Uchiha algo más duradero, pero el motivo en los dos casos era similar. Se habían mirado por el rabillo del ojo, cohibidos y un poco colorados, pero luego se habían echado a reír sin poder evitarlo.

—Si no estuvieses pensando siempre en lo mismo, no nos veríamos obligados a atravesar el bosque a tanta velocidad —continuó Sasuke, mientras el Uzumaki se acuclillaba para soplar en el interior de la hoguera y avivarla—. Hay que llegar a los límites del bosque y volver a zona urbana antes del anochecer, y hemos perdido dos horas de luz muy valiosas.

—Ya, ya… Yo solamente obedecía tus órdenes. ¿Quién fue el que me pidió… No… el que me exigió que le perforase el culo de todas las formas posibl…?

—¡Schhhh…!

Sasuke había incorporado violentamente desde la manta que les protegía del frío del tronco donde se sentaban y estaba girando la cabeza en todas direcciones. Naruto también se puso en pie, y lo interrogó con los ojos sin preguntar en voz alta.

El moreno negó con la cabeza y le hizo un ademán para que recogiese todo. Naruto cabeceó en respuesta, pateó una montaña de nieve sobre la fogata, y metió rápidamente lo más importante en las mochilas. Entre tanto, el Uchiha oteaba entre los abetos los bordes del claro, en busca del origen del sonido que le había puesto en alerta.

El ruido se repitió y vieron salir de entre los troncos a un cervato que los estudió con ojos opacos y temerosos, antes de ocultarse de nuevo.

—¡Uf! —resopló Naruto—. No era más que un ciervo. Creí que nos tocaba perseguir a alguien otra vez y hoy no estoy para fiestas. Y tú menos.

Sasuke se había tranquilizado, aunque seguía echando rápidos vistazos a su alrededor, conforme terminaban de guardar sus cosas. Llenas las mochilas, reanudaron el paso hacia el comienzo de un camino flanqueado por dos grandes rocas, para perderse luego por él dentro del bosque, desplazándose lo más velozmente que podían.

—Sasuke, el tipo puede atravesar las corazas. ¿No será que ha matado a algún policía o le ha robado su arma?

—Es probable.

Naruto no había más que mirar en derredor cada pocos metros, lo que enlentecía considerablemente su avance. No le agradaba aquel sitio y estaba deseando salir de allí. Los bosques siempre le habían gustado, pero aquel no era como los otros. Lo sentía sin vida y, al tiempo, lleno de presencias y de sombras. Menos mal que pasar la noche allí estaba descartado, de ahí sus prisas por abandonarlo antes de que anocheciese.

—¿Y no te preocupa?

Se encaminaban hacia otra abertura de salida entre los árboles. Desembocaba en una llanura pedregosa que, si todo iba bien, los conduciría por fin al término del bosque.

—A mí sí —continuó el rubio—. Tú eres policía, y si va a empezar a matar policías ahora…

—El muerto no era policía. Su coraza no llevaba identificación como la mía.

—Sólo te pido que tengas cuidado. Ese tipo es peligroso.

—Lo tendré, dobe. Aprecio bastante mi miserable existencia —sonrió Sasuke, asomando de reojo desde la capucha negra—. Sobre todo ahora.

Naruto sonrió también y se cruzó entre el moreno y la salida a la explanada, obligándole a frenar. Lo agarró por el cuello de pelo para atraerlo y adelantó la cara hasta introducirse en el hueco de la otra capa, besando con suavidad los labios helados.

—Si algo te sucediese… —musitó.

El rubio había unido las capuchas, sosteniéndole por los hombros y creando un pequeño paraíso de tibio pelo en el que sólo vivían ellos, sus alientos y su calor. Rozó su nariz con la otra y le dio un nuevo beso en la mejilla.

—Naruto —dijo el Uchiha sin moverse, y aún con los ojos cerrados—. Así todos nos pueden ver y nosotros no podemos ver nada.

—Tienes razón. Salgamos de aquí.

Se separó tras un beso más y continuaron caminando hasta salir de la fronda.

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Naruto lo percibió antes.

—Sasuke —siseó bajito, deteniéndose en seco—. Allí hay alguien.

Retrocedieron, se ocultaron y dirigieron la mirada hacia la masa de árboles que se encontraba a su derecha. Bajo las copas más próximas, una figura cubierta con una capa de color gris claro estaba arrastrando un bulto por el suelo nevado. No daba la impresión de haberlos visto, porque siguió a lo suyo como si nada.

Estaban muy lejos como para verle la cara, pero se le adivinaba una piel pálida y coincidía sustancialmente con la descripción del chico del prostíbulo.

—Vamos por él —Sasuke salió sigiloso de su escondrijo y corrió hacia el lugar, al ver que el hombre desaparecía detrás de un árbol.

Cuando Naruto salió detrás, ocurrió algo que no esperaba. Tropezó con una raíz que sobresalía y se cayó. El Uchiha no se percató y continuó corriendo en pos del desconocido.

El rubio se levantó en cuanto pudo, pero ya se hallaba solo. Su veloz amigo en unos segundos se había perdido de vista.

Detrás del asesino.

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Naruto siguió corriendo en la dirección en que los había visto desaparecer a ambos. Sasuke sabía defenderse; sin embargo, aquel asesino había matado muchas almas. Demasiadas. Debía ser muy fuerte, muy rápido, o ambas cosas a la vez. Su amigo podía correr un gran riesgo, si intentaba atraparlo en solitario. Tenía que encontrarlo ya.

El rubio jadeaba por la carrera y el pecho le ardía de frío. Ninguno de los días que llevaba en el Infierno había sufrido tanto por la falta de chakra. Sabía que el moreno retrocedería en su busca, en cuanto descubriese que no lo seguía, pero eso podía darle una gran ventaja al asesino. Cuánto más lo pensaba, más angustia sentía.

Detrás de él crujió la hojarasca. ¿Qué estaba ocurriendo? Sus dos objetivos se encontraban delante de él, y no detrás. ¿Otro ciervo?

Dobló la cabeza y se encontró a Sasuke a su espalda, a unos cien metros de distancia, erguido y quieto en su capa negra, contemplándolo.

¿Cómo había llegado hasta allí, si se suponía que lo tenía delante? ¿Y por qué lo miraba así? ¿Por qué no le decía nada y no se acercaba?

Las piezas encajaron, al escuchar una voz enojada y muy cercana:

—¡Usuratonkachi! Te dije que no te apartases de mí. Por tu estupidez, ese tipo ha atravesado la verja de salida, se ha metido en la ciudad y ya debe estar en…

Rubio y moreno ahora fijaron los ojos en la silueta que se aproximaba tranquilamente desde la lejanía. La que Naruto había tomado por el Uchiha.

Y lo era.

Pero no el que pensaba.

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—¡Lo matarán! —gritó Naruto a pleno pulmón al hombre frente a ellos. El terror, la impotencia y la angustia arrasaron su interior, asfixiándolo ese miedo atroz que sólo sintiera otra única vez en su vida—. ¡Ellos lo matarán! ¡Vete, Itachi! —rugió.

El producto supremo de generaciones y generaciones de talento, el más inteligente, el más audaz, el mayor genio genocida de la familia Uchiha, miró al Uzumaki y comprendió. Desvió su trayectoria bruscamente y se fundió con el paisaje para desvanecerse entre las sombras del anochecer.

Sasuke no tuvo tiempo de reaccionar. Permanecía de pie, paralizado.

Su hermano había estado allí y ahora… ya no estaba. Su primera oportunidad de volver a verlo, quizá la única, se había disuelto entre los árboles.

—Nii-san —susurró, y cayó de rodillas en la nieve con la cabeza hundida entre los hombros—. Nii-san…

El triste lamento de Sasuke le rompió el corazón a Naruto. Le dolió como si le estuviesen arrancando el corazón con las uñas. De inmediato, se arrodilló a su lado y le rodeó la espalda con el brazo. El Uchiha se estremecía entre sollozos mudos.

Olvide eso y escuche con atención la tercera regla. Es la más importante, en caso de que la vulnere, sea cual sea la forma, el castigo no recaerá sobre usted sino sobre Uchiha-san. Uzumaki-san, bajo ningún concepto debe ayudar, animar o apoyar a Uchiha-san a encontrar a su hermano. Si rompe su promesa el alma de Sasuke Uchiha se evaporará y no volverán a encontrarse jamás…

—Sasuke… —susurró con la voz desgarrada—. Perdóname… ellos te…

El moreno alzó la vista de un latigazo. Naruto halló en sus ojos húmedos tanto odio, tanta ira, tanto aborrecimiento que fue como si lo golpearan físicamente. Perdió el equilibrio y cayó hacia atrás.

Sasuke se había erguido y se secaba las lágrimas en silencio. Viró hacia él, y su rostro afectó más Naruto que el empapado por el llanto de un segundo antes. El conmocionado rubio buscó en los ojos yermos del otro un rastro de entendimiento, de comprensión frente a lo que acababa de hacer.

No encontró nada. No había nada. Nada. Sasuke había vuelto a ser el de antes. El incapaz de sentir nada, excepto el abismo y la oscuridad.

—Levántate —exigió áspero.

Naruto obedeció como un autómata, acercándose y tratando de posar la mano en su brazo.

—Sasuke, perdóname. Yo sólo…

Éste lo contempló con la expresión que Naruto había visto tantas veces en sus pesadillas. Especialmente en la más terrible de todas, esa que sólo una persona en el mundo conocía.

—Te odié con toda mi alma durante los últimos años de mi vida y estaba empezando a olvidar el porqué, pero acabas de recordármelo. No necesito nada de ti, y menos compasión y patéticas disculpas. Cuando lleguemos a la Torre, pediré que te devuelvan a Konoha. Si no estás dispuesto a irte por las buenas, será por las malas. Te quiero lejos de mí. Quiero que te vayas.

Naruto, desolado, devastado, sin palabras que decir ni aire que respirar, lo miraba con ojos líquidos.

—Y si hasta entonces vuelves a tocarme, te mataré.