"Dices que me amas, pero actúas como si no lo hicieras, solías adorarme, te reías de todos mis chistes. No te lo tomes a mal, me pones en peligro."
― $ting, The Neighbourhood.
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Friburgo de Brisgovia, Alemania.
Lunes 20 de febrero, 2.31 p.m
Pronto las semanas pasaron volando y como no hay plazo que no se cumpla, febrero había llegado. Desde que el hecho innegable de que Eren realmente me había comenzado a gustar en algún punto de mi vida me había abofeteado con fuerza, no pude, ni me forcé a no pensar en él. Ya no podía, me permitía pensar en él tanto como quisiera, decir que no contaba los días para volver a verlo era una total mentira. Deseaba verlo, no sólo porque estos nuevos sentimientos así lo querían, sino que también para confirmarlos, para reafirmarlos, para comprobar que no se trataba una obsesión enfermiza. Era por eso que me encontraba ahí, de nuevo en ese mugroso parque, sintiéndome ansioso, con el pulso disparado y el corazón a punto de explotarme. Nunca me había sentido tan ansioso por algo, o por alguien en especifico.
Esto era diferente, sólo lo vería pasar y sentarse en el mismo puto lugar de siempre, volvería a verlo de lejos. Unicamente intercambiar miradas sencillas con esos profundos orbes verdes y ya... entonces, ¿por qué de repente quería salir corriendo? Me estaba comportando como una chica y comenzaba a odiar a Eren por hacerme esto.
Por haber causado tantas cosas en mí, en este tiempo en el que ni siquiera lo vi.
No voy a negar que aún me seguía doliendo lo que estaba pasando entre Erwin y yo, porque joder, aún lo amaba. Pero era aquí cuando Eren aparecía de la nada y borraba todo ese dolor, todo ese miedo a ser remplazado. Era la anestesia para cualquier pensamiento doloroso.
A donde sea que yo fuera estaba él, con cualquier cosa lo relacionaba y hubo muchas ocasiones en las que me quedaba despierto hasta tarde preguntándome por él, pensando fervientemente en él. Eren era mi pensamiento más frecuente y eso comenzaba a asustarme más que el haber descubierto que comenzaba a sentir una fuerte atracción por él.
Me asustaba porque no podía controlar los sentimientos que recién se iban arremolinando en mi pecho y cabeza. No quería que se saliera de control, no quería enamorarme de alguien más, y sin embargo aquí estaba, en esta lucha interna entre lo que deseaba yo y lo que en realidad sucedía.
Hanji había llegado en algún momento con una bolsa llena de golosinas, Isabel me hablaba de un nuevo anime que estaba viendo, no prestaba atención realmente a lo que sucedía a mi alrededor. Petra y Auro se habían ido a darle una vuelta al parque, en realidad yo pensaría que sólo querían privacidad. Todo iba normal, como solía recordarlo, sin embargo...
Dieron las tres, tres y media, las cuatro, cuatro y media, y de Eren ni una sola señal, comenzaba a sentirme ansioso y de mal humor. La única razón que me hacía estar aquí, era poder verlo y aclarar la bola de pensamientos confusos que no dejaban de burbujear en mi cabeza. Comenzaba a pensar que quizá él no aparecería, que no vendría. Pero Eren siempre lograba hacer algo que me sorprendía, siempre llegaba haciendo alguna especie de entrada triunfal y con él, todo un alboroto. Porque sí, todo parecía tomar color en cuanto él hacía acto de presencia.
Ya ni siquiera debería sorprenderme, pero ahí estaba yo nuevamente. Con las cejas levemente arqueadas y la boca entreabierta en la espera de que él hiciera su briosa aparición como solía recordarlo. Siempre hacía lo mismo, y realmente no importaba el número de veces que le viera aparecer por esa puerta de rejas metálicas y caminar en el pequeño camino pavimentado, yo seguiría viéndolo como si fuera la primera vez que entraba por esa puerta, que caminaba por ese camino, con ella actitud despreocupada que siempre lo distinguía. Este era el efecto Eren Jaeger, de cualquier modo.
Como siempre hizo su famosa aparición de último momento, como quien debe esperar para el acto final y principal de una obra, venía acompañado de sus fieles amigos y ahora, a ese trío se habían agregado a quien yo ya ubicaba como Jean y la otra chica rubia. Y como siempre, Eren y ese chico llamado Jean parecía que discutían por algo. No era algo nuevo, siempre sucedía, como un dejavú, lo que era completamente nuevo, era que esta vez, cuando por fin habían finalizado su pelea a base de insultos, Jean abrazó a Eren. Sí, estaba rodeando sus hombros con su brazo y Eren... ni siquiera hizo algo al respecto. No intento empujarlo, ni golpearlo, se limitó a poner los ojos en blanco.
Fruncí el ceño, se suponía que Eren y yo teníamos un maldito acuerdo, una rutina. En donde él venía puntualmente, caminaba hasta llegar a la fea banca y tomaba asiento ahí. Mientras que yo lo esperaba, lo veía venir y luego me dedicaba a avergonzarlo con la mirada. En nuestra rutina no habían abrazos de terceros.
En cuanto tomaron asiento en el mismo lugar de siempre, Eren no tardó en posar su mirada en mí, me miraba fijamente y yo correspondía con la misma intensidad. Me di el pequeño lujo de observarle mejor ahora que ya me había descubierto mirándolo. Él también parecía examinarme con la mirada, como si estuviera buscando algo nuevo, pero no lo había, yo seguía siendo la misma persona insípida de siempre. En cambio, a él yo sí le notaba varias cosas nuevas, no sabía como explicarlo, pero hasta su forma de sentarse había cambiado.
Seguía vistiéndose completamente de negro, pero de alguna forma se las había ingeniado para verse más "maduro", sofisticado. Y su cabello, Dios santo, se lo había dejado crecer, los mechones que antes caían por su frente y terminaban abajo de sus cejas, ahora caían un poco más abajo de cada extremo de sus ojos, algunos mechones comenzaban a cubrir sus orejas y definitivamente su cabello se veía más alborotado que de costumbre.
Más despeinado y demonios, puedo jurar que incluso se veía más atractivo así.
Dejé que de mis labios escapara un suspiro y me hundí cada vez más en mi lugar, sin despegar ni un sólo momento los ojos de Eren. Ahora por fin había comprobado lo inevitable, por fin entendía que Eren me gustaba y que esto complicaría aún más las cosas.
—¡Aniki!— Isabel movió sus manos en frente de mi rostro en reiteradas ocasiones, yo parpadeé, quitando la mirada de Eren.— ¡Aniki!
—¿Qué?— Conteste casi de mala gana, ni siquiera había prestado atención a lo que ella me decía.
—Te preguntaba si conoces a Eren— Pestañeó varias veces, abriendo un poco más lo ojos ante la curiosidad que la embargaba. Yo casi me ahogo con mi saliva, ¿Isabel sabe quién es Eren?
—¿Eh?
Fue lo único que salió de mis labios, no sabía que responder y el pánico de haber sido descubierto con las manos en la masa por Isabel —la persona más distraída del mundo—, hacía que me sintiera asustado y con ganas de vomitar, ¿tan obvio era? Fue entonces que reaccioné, Isabel se había referido a Eren por su nombre y también parecía curiosa de saber si nos conocíamos. Eso sólo se podría significar una cosa: Isabel también conocía a Eren de algún lado.
—¿Se llama Eren?— Fingí demencia, pero obviamente lo sabía. Isabel asintió extrañada, pronto mi cabeza comenzó a maquinar una mentira ingeniosa para no verme como un maldito acosador— No en realidad, viene por aquí todos los días. Sólo lo conozco de vista— En realidad, no era una mentira como tal. Nunca había hablado con Eren.— ¿Por qué me preguntas?
—Estaban mirándose fijamente, como si quisieran hablarse o algo así— Encogió los hombros.— Supuse que por esa razón se conocían.
—Ah— Llevé mi mirada hacia algún punto muerto de uno de los tantos árboles que estaban ahí. Me mordí los labios, no quería ser más obvio, pero la curiosidad me ganaba demasiado.—¿Y tú de dónde lo conoces? Nunca te he visto hablar con él, pero hasta sabes su nombre...
Isabel levantó la mirada del manga que estaba leyendo y volvió a enfocar sus ojos en Eren, como si estuviera asegurándose de algo y luego regresó la mirada al manga de súper héroes que leía y con toda la naturalidad, dijo:
—Es mi primo— Respondió como si nada, porque para ella no era algo nuevo, pero para mí era un enorme descubrimiento. Lo único que pude hacer fue quedarme muy quieto en mi lugar, intentando procesar la información, entonces Isabel volvió a hablar.— En realidad... diría que somos primos muy lejanos, dudo que él me recuerde.
—¿No se hablan?— Intenté sonar normal, no hacer notorio el hecho de que en realidad sentía demasiada curiosidad por ese asunto.
—No— Hizo alguna especie de mueca con los labios y cambió de hoja, mirando el manga con un poco de aburrimiento— Lo conocí cuando era muy pequeño, pero hubo problemas entre mi tía y su papá, así que a los seis años mi tía se regresó a su país natal y el de mi mamá: Turquía, y con ella se llevó a Eren. Puedo reconocer a Eren porque mi tía le enviaba fotos a mi mamá de la familia y entre ellos también estaba él. Aún no sé porque regresó a Alemania si su mamá aún vive en Turquía, me imagino que su papá lo mandó a traer— Soltó un suspiro, como si hubiera sacado una complicada teoría matemática.— ¡Ah! ¡lo siento! No debí de contarte estás cosas, sé que no es de tu incumbencia.
—No, no debiste— Negué con la cabeza, pareciendo molesto, aunque la verdad era que se lo agradecía, Isabel y Hanji casi competían por el titulo a "la más chismosa del siglo", pero de cierta forma, me había hecho un favor.— En todo caso no hay problema, no le pienso contar a nadie.
—¡Gracias, aniki! Cuento contigo— Me dedicó una enorme sonrisa, a cambio le palmeé el hombro mientras asentía con la cabeza.
Isabel continuó con su "importante" tarea de leer aquel manga, yo miraba entre ratos y disimuladamente a Eren, a quien por cierto, también caché varias veces mirándome. Lo que Isabel dijo comenzaba a tener sentido, es decir, son muy parecidos, al menos los dos tienen enormes ojos verdes. Ahora sabía que debí darme cuenta antes, el mundo de verdad parecía hacerse más pequeño cuando se trataba de Eren.
Los días siguieron su curso, pasando con normalidad, al igual que las semanas y con ellas se iban yendo también los meses. El cuaderno de dibujos que siempre llevaba conmigo sin importar el qué, llegó a sus ciento dos páginas ocupadas, nunca pensé que llegaría tan lejos, pero ya ni siquiera me sorprendía el curso que habían tomado las cosas. Tantos y diferentes dibujos en donde Eren era el puto centro de atención, él era el protagonista después de todo. Aunque a partir del dibujo número ochenta, comencé a dibujarme a mí también... algunos dibujos reflejaban la rutina, a Eren sentado en aquella banca y a mí del otro lado, observándolo sonreír, o hablar, o cualquier cosa que estuviera haciendo. Otros en cambio, comenzaban a salirse de la realidad y más que reflejar la verdadera rutina que llevábamos, reflejaban mis fantasías, mis verdaderos deseos.
En donde Eren y yo nos conocíamos, nos hablábamos, en donde éramos demasiado cercanos hasta el punto que me dejaba tocarle sus cabellos café oscuro, varias veces nos había dibujado así, con mis dedos enterrados en aquel revoltijo de hebras café. Había otros dibujos en donde retrataba uno de esos tantos escenarios fantasiosos en donde nos conocíamos por primera vez.
Estaba llegando demasiado lejos con esto, pero no podía dejar de imaginar ese tipo de situaciones. Y para finales de marzo descubrí que Eren no sólo me gustaba, sino que ahora empezaba a desarrollar algún tipo de enamoramiento-obsesivo por él. Y para comienzos de abril descubrí que mi amor por Erwin se iba extinguiendo, poco a poquito. No era culpa de Eren, como en un principio pensé, era culpa de Erwin y mía. Tal vez lo nuestro había comenzado demasiado rápido.
No era que lo hubiera dejado de amar de la noche a la mañana, esto fue de poco a poco, desde mucho antes de que Eren hiciera su aparición, lo mío con Erwin se iba acabando, haciéndose viejo, desgastándose por el paso del tiempo y el descuido de ambos. Debí de darme cuenta antes de que esta era la razón por la cual mis defensas habían flaqueado ante Eren. Esto no quería decir que ya no amara a Smith, porque ciertamente aún lo amaba hasta el punto de elegirlo a él, por encima de Eren.
Sin embargo, yo sabía que él, aquel cejón de azulada mirada, ya no me quería en lo absoluto. Jamás llamó o mandó algún mensaje en todo este tiempo que había estado ausente. Sé que Hanji sabe algo que yo no y probablemente ese algo sea que él esta saliendo con alguien más. Tal vez por eso Hanji me insinuaba de vez en cuando que diera ese gran paso y le hablara a Eren. Hasta cierto punto, tenía lógica pensar en eso.
Suspiré por millonésima vez en el día y deje de mover la cuchara de plástico en el humeante café. A decir verdad, jamás me ha gustado el café de Starbucks, es demasiado dulce como para que ten den seis tipos de diabetes diferentes y los dientes se te pudran. En frente de mí se encontraba Hanji, demasiado ocupada con el celular, mandando mensajes seguramente a Mike o quizá algún compañero nerd de su universidad.
Me mordí el labio inferior con fuerza por lo que estaba a punto de decir. Había pasado más de dos semanas dándole vueltas al asunto y por fin me había decidido, aunque lo que buscaba ahora, era un consejo, saber si lo que tenía planeado hacer no era tan descabellado como yo lo veía. Me aclaré la garganta.
—Voy a hablarle a Eren— Le di un sorbo a mi café y sólo entonces Hanji despegó la mirada de la pantalla de su celular, pestañeó un par de veces, parecía contrariada.
—¿Eh?, ¿estás hablando en serio, enano?— Tenía los ojos bien abiertos, como si le hubieran dicho la cura para el sida o algo parecido. Asentí y en el proceso encogí los hombros.— Pero tú habías dicho que n...
—¡Ya sé lo que dije, cuatro ojos! Ya sé... — Arrugué la nariz y volví a meter la cuchara en aquel liquido café— Pero ya no debería esperar a Erwin, ¿verdad?— Continúe en mi tarea de mover una y otra vez el café con la cuchara, supe que la cuatro ojos se había tensado en su lugar porque no dijo palabra alguna.— Sé que tú lo ocultas, pero de alguna manera yo ya lo sé.
—¿Qué es lo que sabes?— Apagó su celular y lo dejó sobre la mesa, prestándome más atención que antes.
—Que Erwin tiene a alguien más.
Sé quedó en silencio, mordiendo su labio inferior con insistencia y eso fue una confirmación directa. No dije nada más, me quedé en completo mutismo, mientras miraba las ondas que se hacían en el café cada vez que movía la cuchara. Escuchaba los murmullos de la gente y la música de fondo que le daba "ambiente"al lugar.
Y de alguna forma, me entretuve escuchando a la chica que cantaba aquella canción que sonaba en la radio. Era mejor que intentar disimular ese incomodo silencio entre Hanji y yo, no me gustaba la música, mucho menos la música pop, pero debía admitir que esta canción tenía un ritmo pegajoso, sin mencionar la buena voz de la cantante que hacía sintonía con el ritmo. Por unos momentos me olvidé de lo que estaba sucediendo, sólo me importaba escuchar con atención la canción e intentar descifrar qué era lo que decía. De alguna manera quería huir de la mirada de lastima que seguramente la mierda de lentes estaba dándome.
"Y esto fue We can't stop de Miley Cyrus..." , escuché que presentaban la canción y al artista en cuanto acabó. Fue cuando Zoe soltó un suspiro cansado.
—Levi— Me llamó y yo quité la mirada de la oscura bebida y la posé sobre su persona. Ella parecía demasiado seria, nunca dejaría de sorprenderme esa faceta suya que rara vez ocupaba.— No tiene caso que lo siga ocultando, ya te diste cuenta... Erwin no esta saliendo con alguien, precisamente. Más bien con un montón de... uhm, como decirlo...
—Zorras.— Concluí su frase, ella asintió pareciendo un tanto apenada por el comportamiento de Erwin y también por habérmelo ocultado.
—Sí... parece que él sí se tomó en serio lo de "darse un tiempo"—Soltó una risilla nerviosa y yo me mordí el labio inferior con fuerza, quería golpearlo.— Me disculpo por eso.
—No tendrías porqué, no es tu culpa— Le di el segundo sorbo a mi café, no me sentía tan molesto como pensé que me sentiría cuando lo confirmara. Pero sí estaba esta sensación de traición combinada con los asquerosos celos.— Era por eso que querías que le hablara a Eren, ¿verdad?
—Sí, me pareció justo que si Erwin estaba allá divirtiéndose y experimentando con gente nueva, tú también lo hicieras... y Eren era la única persona que parecía gustarte— Se quitó los lentes y comenzó a limpiarlos con aquel pañuelo azul marino que era exclusivo para el lente de sus anteojos.— Erwin es mi mejor amigo, casi como un hermano para mí, pero tú también eres especial y no me parece justo que sólo uno de los dos siga cargando con todo el peso de una relación casi a punto de perecer.
—Entonces no importara si empiezo a acercarme a Eren, ¿verdad?— Escupí esas palabras con todo el veneno que mi boca era capaz de producir.
—Enano... tampoco quiero que te acerques a ese muchacho sólo porque estás despechado. Debes entender que Eren no es Erwin y no es justo que lo uses para vengarte, para ninguno de los dos.
Negué varias veces con la cabeza, esto no tenía que ver con Erwin y su aparente traición. Ya tenía planeado hacerlo desde mucho antes que se confirmaran mis sospechas, era algo que realmente deseaba hacer, sin importar lo que estuviera pasando con Erwin.
—No todo tiene que ver con Erwin— Respondí mientras me ponía de pie y tomaba una bocanada de aire.— Esto es más por Eren, quiero conocerle. No planeo abrirle las piernas si eso es lo que crees. Sólo quiero conocerlo, no hay nada más.
Deje mi café sobre la mesa y di la media vuelta para poder salir de aquel lugar que cada vez se llenaba más y más de gente, comenzaba a sentirme asfixiado ahí dentro. Oí los pasos apresurados de Hanji detrás de mí, no dijo nada una vez que se ubicó a mi lado, simplemente caminamos por el centro de aquella pequeña ciudad, ella respetando mi silencio y yo en el intento de no derrumbarme a cada paso que daba.
No se volvió a tocar el tema de Eren, o el de Erwin... y le agradecía a Hanji que hubiera comprendido que por el momento, ambos eran temas delicados, sobre todo el asunto de Erwin. Aunque bueno, supongo que siempre lo supe, pero me negaba a creerlo. Lo peor de todo, lo que más enojado me hacía sentir es que en realidad me dolía porque una parte de mí lo seguía amando y había puesto todas mis estúpidas esperanzas en que él también sintiera lo mismo.
Su sonrisa era hermosa, contagiosa e infantil, no sabía cuanto me gustaba hasta que presté atención a los cinco dibujos seguidos en donde había plasmado esa singular sonrisa. En el último que había hecho, lo había dibujado... sonriéndome a mí, con esos dos hoyuelos en cada una de sus mejillas, esa sonrisa enorme y tan luminosa que le regalaba a sus amigos y que me había regalado una vez, pero que ya no se volvió a repetir para mí.
Ahora mismo, él sonreía y yo no podía hacer otra cosa que mirar en silencio esa pequeña felicidad que se desprendía en aquel gesto. Él no lo sabía, pero esa sonrisa me hacía bien. Fruncí el ceño en cuanto me di cuenta de lo cursi que sonaban mis pensamientos, me había vuelto así por su culpa, tenía estos pensamientos tan cliché por él y los dejaba salir naturalmente, cuando esto aún no terminaba de convencerme, incluso de gustarme, pero, ¿qué podía hacer?, a estás alturas ya no quería dejar de ver a Eren. Menos ahora que mi resolución estaba resuelta y pensaba acercarme a él.
Miré hacía mi derecha, en donde se encontraba mi grupo de amigos, asegurándome de que Isabel no descubriera que otra vez veía a su primo. Ella seguía de lo más feliz hablando sobre postres con Petra, pero Hanji sí que lo había visto todo y sólo me miraba en silencio, sin ninguna expresión en su rostro, lo cual me preocupó.
La llamé con un gesto de mano y enseguida se acercó, con paso lento.
—¿Qué ocurre, enanín?— Tomó asiento a un lado de mí y cruzó las piernas.
—Eso mismo iba a preguntarte a ti— Crucé los brazos y levanté una ceja, mirándola fijamente.— Llevas viéndome cinco minutos con la misma expresión de mierda.
—Pensé que estabas demasiado ocupado con Eren, que no lo notarías.— Soltó una pequeña risa y se acomodó los lentes sobre el puente de su nariz.
—Puedo perfectamente ver a Eren y estar al pendiente de ti— Encogí los hombros.— Soy capaz de vigilarlos a ambos.
—Entonces prometo que de ahora en adelante, cuidaré lo que hago, mamá Levi— Sonrío ampliamente, como si fuera una niña pequeña.— Creo que debería darle una señal de advertencia a Eren de que también cuide lo que hace.
Soltó una suave carcajada, parecía más relajada que momentos atrás, yo me limité a negar con la cabeza ante su comentario. De una de las bolsas de mi suéter saqué unas pastillas de menta con limón, le tendí una Hanji y ella aceptó casi al instante: era una loca de los dulces y pastillas de este tipo.
Me llevé una a la boca y comencé a saborearla, dejando que mi paladar se inundara con el sabor fresco de la menta y el supuesto limón, que en realidad era saborizante artificial. El día estaba agradable, la suave brisa mecía las hojas de los árboles y también mecía mi fleco y los mechones de cabello que Hanji llevaba sueltos. Claro que a Eren también le revolvía esa cabellera ya de por sí tan desaliñada, por primera vez, desde que lo conocía, él acomodó enseguida los cabellos que habían sido despeinados. Se pasaba las manos por su cabeza una y otra vez, intentando arreglar lo que el viento había desacomodado. Me sorprendió este nuevo gesto, por lo regular él dejaba que el viento hiciera con su cabello lo que quisiera y después ni siquiera parecía preocuparle si estaba despeinado, pero ahora... parecía que estaba dejando las niñerías atrás.
Sí, lo sabía, lo supe desde el primer momento en el que dejó las peleas absurdas con el tal Jean, lo supe desde el momento en el que dejó de hacer sus típicas rabietas cada vez que tenía que marcharse de nuevo a clases. Después de todo, él estaba creciendo y comenzaba a tener otras preocupaciones, otras prioridades. Yo esperaba que no se olvidara de mí, que no desapareciera de la nada, que no me echara al olvido. Eren había vuelto estos últimos meses algo... especial y soportables.
—¿Cómo piensas acercarte a él?— Interrumpió Hanji el silencio, mientras que del paquete de pastillas, volvía a sacar otra de ellas.— Hablo de Eren, claro.
—Ah, eso... pienso pedirle ayuda a Isabel.
Casi después de haberle respondido, me arrepentí, la loca cuatro ojos no sabía que Isabel y Eren eran primos, de alguna forma retorcida y extraña.
—Isabel qué tiene que ver con es...
—Hanji— No había terminado su oración, porque Mike había aparecido de quién sabe donde. Estaba parado frente a Hanji, con aquella cara de seriedad y ese porte elegante que lo caracterizaba, no me dirigió ni una sola mirada, pero eso no era raro— Acabó de recibir un mensaje de...— Me miró con discreción y tuve que apartar la mirada, fingiendo que como siempre, no estaba prestando atención a asuntos ajenos a mí.— De Erwin.
Me tensé por completo ante la mención de ese nombre, apreté muy fuerte los labios, evitando que algún suspiro escapara de ellos y mantuve la mirada fija en cualquier otro lugar, menos en dirección de Hanji y Mike, quienes en realidad estaban demasiado cerca de mí, quise irme de allí, de verdad lo intenté pero la curiosidad de saber si había preguntando por mí me estaba corroyendo como ácido.
—Oh... ¿qué decía el mensaje?— Hanji soltó un suspiro y justo en ese momento debí de haberme ido, pero no podía hacerlo, no cuando hablaban de Erwin, a quien no había visto por meses.
—Regresa mañana por la tarde... unos compañeros de la universidad y yo, le organizamos una fiesta de bienvenida, estás invitada— Habló con su típico tono serio y desinteresado de siempre, después llevó la mirada a mí.— Tú también estás invitado, Levi.
—Gracias.
Asentí con un ligero movimiento de cabeza, Mike quitó la mirada de mí y se volvió a dirigir a Hanji:
—Por eso necesito que mañana me ayudes con algunas cosas, ¿te parece?
La castaña asintió y entonces Mike dio media vuelta y se fue, mientras marcaba un número en su celular. No me extrañaba que tuvieran este tipo de relación tan seca, después de todo, no se diferenciaba mucho de la relación que yo tenía con Erwin. Sin embargo, me parecía demasiado curioso como un hombre tan serio y distante como Mike, se había fijado en el ser más atolondrado y enérgico, como lo era Hanji.
A veces tenía una que otra duda sobre ese supuesto romance, no por la cuatro ojos, sino por Mike, algo de él no me cuadraba demasiado. Aunque también existía la posibilidad de que realmente quisiera a Hanji, muy a su peculiar manera, porque al final del día, yo no era nadie para juzgar eso, pues yo al igual que Mike, no era romántico, ni expresivo... casi nunca.
—Levi, tú... ¿vas a ir?— Preguntó con miedo ella de pronto, como si estuviera a la expectativa de que le gritara o la empujara.
—No tengo nada que hacer allá— Arrugué la nariz y tomé mi cuaderno de dibujos, junto con el lápiz desgastado.— No quiero incomodarlo.
—Tal vez debas ir... a hablar con él y dejarle las cosas claras, romper por completo con esa relación extinta— Sacó del paquete de pastillas una más antes de devolvérmelo, y le quitó el envoltorio transparente a la pastilla que había hurtado.— Entre más rápido, mejor y más ahora que tomaste la determinación de hablarle al chico de tus dibujos.
Guardé el libro de dibujos en mi bolso y aventé el lápiz por ahí antes de ponerme de pie le regresé el paquete de pastillas a Hanji y después sacudí mi ropa. Mi mirada viajó a la banca al otro lado del parque, Eren aún seguía ahí, con su guitarra y su sonrisa arrogante, faltaba una hora para que Eren abandonara el parque, pero yo ya no podía quedarme ni un minuto más en ese lugar, sabiendo que Erwin estaría de regreso y todo terminaría, me comenzaba a sentir asfixiado.
—Tienes razón...— Tomé mi bolso y lo colgué en mi hombro.— Lo pensaré en el transcurso de la noche. Nos vemos Hanji.
Moví la mano de un lado a otro mientras caminaba directo a la salida, ni siquiera le dirigí una última mirada de disculpa a Eren. No iba ser tan fácil tomar la decisión correcta, pero era algo que tenía que hacer. Iba a dejar ir a Erwin porque de eso se trata la vida ,¿verdad?, soltar y no aferrarse a algo que tal vez no valía la pena.
Era la millonésima vez que intentaba tocar el timbre de aquella enorme casa y no me atrevía, adentro se escuchaba el bullicio de la gente y la música estilo electrónica resonaba por media colonia, por lo menos. Pasaron otros cinco minutos más, antes de que mi valentía saliera a flote y terminara por apachurrar con mi dedo aquel pequeño timbre blanco. Una chica rubia me abrió la puerta y me indicó que pasara, mis ojos viajaron por toda esa casa que ya se me hacía bastante conocida. Justo en el marco de la entrada a la sala, había un enorme letrero con cientos de colores fosforescentes que decían: "Bienvenido, Erwin". Había globos de helio atrapados en el techo y un montón de confeti y serpentina regada por todo el pulcro y blanco piso de azulejo.
Una enorme mesa con bebidas alcohólicas y botanas estaba justo en medio de la enorme sala, había demasiada gente desconocida para mí, yendo y viniendo por todos lados y entonces, en medio de esa enorme bola de gente demasiado fastidiosa, ubique a Erwin. Estaba con una hermosa chica de cabello café y sonrisa de comercial, pero nada espectacular como la de Eren, pensé en ese momento de debilidad por el chico de los ojos verdes. Me acerqué muy despacito a la pareja que parecía de lo más feliz hablando.
Me aclaré la garganta.
—Levi...— Dijo en un ligero susurro, mientras arqueaba esas cejas tan pobladas y se relamía los labios.
—Erwin— Devolví el saludo.— Vine hasta aquí para hablar contigo, no pienso quitarte mucho tiempo.
Asintió rápidamente y enseguida se disculpó con la muchacha, ella a cambo sonrío y dijo que no había problema. Me hizo una seña para que lo siguiera y así lo hice, caminé atrás de él, hasta que llegamos al enorme jardín trasero de su casa. Comenzaba a sentirme nervioso y con ganas de salir huyendo, nunca había querido huir de nada y esta parecía ser la primera vez que ocurría. Por un largo tiempo nadie dijo nada y ese silencio abismal comenzaba a ponerme más nervioso.
—Erwin...
—No, Levi, antes de que tú hables, dejame hablar a mí primero, por favor— Giró su cuerpo hasta quedar frente a frente de mí, mordí mi labio inferior y le di una afirmación con la cabeza.— Yo... Hanji me dijo que ya sabes de las cosas que hice mientras estaba en Francia.
—La cuatro ojos no te traicionó, yo prácticamente la obligue con una navaja a que me contara— Crucé los brazos y lleve los ojos a donde estaba el hermoso rosal que no tenía ninguna rosa, sólo botones a punto de abrirse.
—Sí, imaginé que algo así había ocurrido— Rió suavemente por algunos segundos, pero después de que no yo lo imitara o le dirigiera la mirada, calló aquellas risas forzadas.— Levi... la verdad es que ninguna de ellas pudo reemplazarte.
—¿Eso era lo que querías decirme?, porque no me hace sentir mejor, en lo absoluto.
—No... pensé que estaría bien si sólo me acostaba con una o dos, pero no me sentía satisfecho al final del día, porque la persona que estaba en mi cabeza estaba aquí, en Alemania— Dejó escapar un suspiro y encogió los hombros.— Levi, por favor perdoname.
—No, Erwin— Levanté la mirada, enfrentando la suya.—Ni siquiera llamaste, ni en mi cumpleaños, ni en Navidad... ni siquiera para saber si yo estaba igual de bien que tú.
—Pensé que no querías saber nada de mí.
—Aún así, debiste llamar, yo lo hubiera hecho en tu lugar— Arrugue la nariz e hice una mueca con los labios.— Lo siento, Erwin, esto no podrá funcionar. Ya no confío en ti.
Estaba listo para darme media vuelta y salir de ese lugar, no quería seguir viendo el rostro de tristeza de Erwin, no estaba seguro de soportarlo. Era mejor de esta forma. Sin embargo, cuando Erwin adivinó mis intenciones, enseguida se abalanzó sobre mí, rodeándome con sus fuertes brazos, aplastando mi cuerpo contra el suyo, maldición, no hagas esto, pensé mientras ponía todo de mí en no aferrarme a él con fuerza y decirle que sólo una... una vez más y ya, que aún era capaz de perdonarlo si él prometía quedarse conmigo.
—Por favor, por favor, por favor, no— Decía entre susurros temblorosos, mientras se rehusaba a soltarme.— No me dejes, Levi, no lo hagas.
—Erwin, basta— Me removí entre sus brazos, odiaba verlo así y odiaba pensar en que pronto iba a ceder.— Se acabó.
—Sé que cometí un error... pero, ¿qué humano no comete un error?— Era la primera vez que lo veía así de desesperado, casi rozando con la histeria.— Sólo dame una oportunidad, te prometo que esta vez sí será todo diferente.
—No, ya, déjame ir.
Me soltó y por fin pude respirar como era debido, pero justo cuando pensé que me dejaría ir, inclinó su cuerpo hacía el mío y tomó mi cintura, mientras prácticamente se hincaba para poder apoyar la frente sobre uno de mis hombros, sus manos fueron a dar directamente con mis hombros para apretar esa zona con fuerza, aferrándose a mí lo más que podía.
—Levi— Habló ya más calmado, soltando mi nombre en un susurro.— No nos hagas esto, sabes que no podré solo, has sido el único apoyo que tuve para enfrentar las exigencias de mi padre, si tú no estas aquí para apoyarme, entonces ¿que se supone que voy a hacer?, te necesito tanto que duele. Prometiste que siempre te quedarías.
Me quedé estático en mi lugar, Erwin sabía que decir para convencerme. Sabía que odiaba romper promesas, sabía que su pasado pesaba mucho para mí. Sabia dar en mi punto exacto, era cierto, no podía dejarlo solo, él... me necesitaba.
Pronto mi determinación flaqueó y el amor que aún sentía por él me decía a gritos que lo perdonara y siguiéramos como antes. Pero era una pequeña parte la que se rehusaba a dejar ir a Erwin, la otra parte me decía con suaves susurros el nombre de Eren. Estaba en medio de todos estos sentimientos confusos y si no tomaba una decisión pronto, me terminaría por volver loco. Enterré mis dedos en las rubias hebras de Erwin y peine con cuidado su cabello, que seguía igual que siempre. Erwin a diferencia de Eren, odiaba tener el cabello largo y mucho menos despeinado. Deje escapar un suspiro tembloroso antes de decir suavemente:
—Ya, tranquilo— Susurre mientras seguía pasando las manos por su cabello.— Te daré una última oportunidad, ¿me escuchas?
Él asintió, yo continué acariciando sus cabellos pero mi mirada estaba perdida, clavada en algún punto del jardín, no me sentía bien con esto, en lo absoluto. Pero lo había prometido, una promesa no debe romperse por cosas tan... estúpidas —y dolorosas— como esta, eso era lo que pensaba en aquel momento de confusión. Después de todo, todos merecíamos segundas oportunidades y Erwin siempre me había dado muchas, incluso cuando ni siquiera las había pedido, se lo debía. Sin embargo, no podía dejar de sentir que me estaba traicionando a mí mismo, que lo estaba traicionando a él, al joven de los ojos verdes.
Tal vez esta era la señal de que Eren y yo no debíamos estar juntos. Quizá no estaba en el destino que nos habláramos.
A pesar de darle mil vueltas a eso, supe que lo que comencé hace unos meses a sentir por Eren, se había hecho más fuerte. Lo supe y no tuve ninguna duda de ello, mientras Erwin se aferraba cada vez más a mí, en lo que único que podía pensar era que quería salir de ahí, mandar al carajo la promesa, la deuda que creía tener con él y a su doloroso pasado por la ventana. Y buscar a Eren. Sí, al desconocido del parque. Al chico de los ojos verdes que no sabía ni mi nombre. Al joven de todos mis dibujos. A la persona con la que compartía miradas furtivas todos los días.
Pero sólo me había quedado ahí, convenciéndome a mí mismo de que podría ser feliz con Erwin una vez más.
Suspiró, pareciendo realmente molesta y después palmeo su frente, mientras negaba suavemente con la cabeza. Estaba actuando demasiado dramática, tanto como en esas series cursis baratas, en donde a la protagonista le dan una mala noticia. Isabel sentada a un lado de ella, simplemente apretaba los labios y me regalaba varias miradas de desaprobación.
—¡Ay!, enano, no puedo creer lo que estoy escuchando— Por primera vez en varios minutos se dignó a dirigirme su mirada café, que no era de desaprobación, sino de decepción.— Pero no pienso cuestionar tus decisiones, de cualquier forma nunca me escuchas.
—Pensé que estarías feliz por Erwin y por mí.— Puse los ojos en blanco e hice una mueca de total fastidio, porque así era como sentía: fastidiado.
Habían transcurrido dos semanas desde que Erwin y yo nos habíamos "reconciliado" y Hanji parecía estar molesta, ni siquiera quería hablarme, pero en estas dos semanas no había parado de regañarme con la mirada y hoy había llegado a mi limite. Era por eso que ahora estábamos en esta situación, en la que incluso Isabel había sido involucrada y se había enterado de la infidelidad de Erwin, al menos ella no decía nada. Se había mantenido al margen de todo esto.
—Erwin es como mi hermano, pero no puedo estar feliz cuando tú no lo estás, lo que más me enoja es que te chantajeo y tú caíste— Pellizco el puente de su nariz y cerró los ojos por varios segundos.— Incluso desististe con el asunto de Eren.
Fue entonces que Isabel parpadeó confundida y no era para menos, me tuve que morder el labio inferior con demasiada fuerza como para sacarme sangre, debí hablarle a Hanji de esto desde el principio.
—¡Wow!, ¿qué?, ¿están hablando de mi primo?— Isabel, quien había permanecido imparcial en esto ahora parecía interesada.— ¿Qué tiene que ver él en todo esto, aniki?, creí que habías dicho que no lo conocías...
—¿Qué está pasando aquí, Levi?
Hanji nos miró a Isabel y a mí con recelo, como si estuviéramos ocultándole algo sumamente importante, y en realidad lo era. Acaricié mis sienes, esperando que de un momento a otro la cabeza no me estallara en millones de pedacitos, aunque pensaba que era un buen momento para que la tierra me tragara.
—A ver... primero, Hanji: Eren es el primo de Isabel y ella no sabe lo que ocurre— Fulminé a Hanji con la mirada y ella simplemente agachó la cabeza, pidiendo perdón en suaves susurros. Llevé la mirada a la pequeña pelirroja que parecía demasiado confundida.— Segundo, Isabel: no mentí cuando dije que no conocía a Eren, en realidad sólo lo conozco de vista, pero... creo que estoy un poco prendado de él.
Agaché también la cabeza y lo último casi lo dije en un suspiro, ni Isabel, ni Hanji dijeron nada después de esa repentina confesión que ni siquiera yo mismo esperaba. Pasaron varios segundos antes de que levantara el rostro y me topara con el rostro palidecido de Isabel, me miraba casi como si me hubieran salido tres ojos. Supongo que después de todo, sería un shock muy grande si uno de tus amigos de repente te dice que esta medio enamorado de un primo con el que llevas años sin hablar.
Incluso yo hubiera reaccionado como Isabel.
—Aniki, ¿en serio estás enamorado de Eren?— Volvió a parpadear y luego sólo me miró con seriedad.— Pero... ¿cómo?, ¿en qué momento?, ¿cuándo?, ¿cómo... cómo fue qué pasó? No entiendo, yo...
Respiré muy profundo y comencé a contarle todos los detalles, desde la tarde lluviosa de agosto, hasta el día en la cafetería de la preparatoria María, le expliqué de mis verdaderos motivos por los que iba a ese horrible parque: sólo para verlo. Incluso le conté de mi preciado cuaderno de dibujos y de las tantas veces que había dibujado a su peculiar primo.
Le había contado todo, cada pequeño detalle, sin omitir nada, al final, Isabel tenía los ojos llorosos, estaba completamente conmovida con la historia. Incluso la gafas de mierda parecía estar en el mismo estado, a pesar de que ella ya sabía de antemano la historia tan... rara que vivía día a día con Eren.
—Por eso pensé en pedir tu ayuda, en algún momento... ya sabes, para acercarme a él— Encogí los hombros e Isabel se limpió las lágrimas con la manga de su playera azul de cuello de tortuga.— Pero ya no creo que sea necesario, Erwin y yo estamos en proceso de arreglar nuestra relación.
Hanji levantó los hombros y se encogió más en el colchón de la cama, como si se estuviera dando por vencida con este asunto. Isabel parecía perdida en sus pensamientos, como si tratara de recordar algo, hasta que dijo:
—Espero que no te enojes por lo que diré, pero jamás me gustó como te veías con Erwin y sigue sin gustarme, menos ahora con lo que sé— Hizo una pequeña pausa para tomar aire.— En cuanto a Eren... bueno, no he hablado con él desde que yo tenía nueve y él seis, no puedo decirte que clase de persona es actualmente, pero si tú quisieras, yo podría acercarme a él y averi...
—No, no es necesario que lo hagas.— No deje que terminara su oración, no quería que ella me siguiera dando más razones para interesarme más por él, ya era bastante malo lidiar con estos pequeños pero intensos sentimientos.
—Esta bien— Hizo una mueca y levantó los hombros.— Pero si alguna vez te ánimas, cuentas conmigo... claro, siempre y cuando pueda tener contacto con él.
—Gracias, lo tendré en cuenta— Asentí con un suave movimiento de cabeza y Hanji soltó un resoplido cansado.
—Me tengo que ir, quedé de verme con Mike— Hanji se levantó de la cama y en seguida Isabel lo hizo, diciendo que ella también se iba.— Nos vemos, Levi.
Se despidió con un movimiento de mano mientras salía de mi cuarto y se perdía en el pasillo. Isabel me dedicó una mirada llena de comprensión y me palmeó el hombro suavemente, antes de decirme en voz bajita:
—Espero que las cosas con Erwin funcionen.
Me dedicó una última sonrisa y al igual que Hanji, desapareció por el pasillo, después escuché que cerraban la puerta de madera de la entrada. Me dejé caer de espaldas contra la mullida cama y solté un suspiro lleno de frustración, yo también me sentía molesto conmigo mismo.
Friburgo de Brisgovia, Alemania.
Viernes 30 de Abril, 6:45 p.m
Mis pensamientos acerca del insoportable calor de inicios de mayo, se vieron interrumpidos cuando Erwin tomó mi mano y entrelazó nuestros dedos, estábamos en la parada desde hace diez minutos, esperando a que el bus de las siete de la tarde pasara. Correspondí a su gesto y apreté un poco su mano con la mía, otra vez estaba poniendo lo mejor que tenía para que funcionara y no podía echarle en cara nada a Erwin, porque él también parecía estarse esforzando.
Habíamos hablado de las cosas que nos molestaban del otro y llegamos al mutuo acuerdo de que intentaríamos mejorarlas, para que esto volviera a ser lo que era antes. Ahora yo ponía mi mayor esfuerzo en ser cariñoso y corresponder a sus gestos excesivamente cursis y empalagosos, aunque cada vez que lo hacía, cierta persona de ojos verdes aparecía en mi cabeza.
¿Cómo era posible que este niño lograra hacerme esto, así de fácil?
Pero otra vez mis pensamientos fueron interrumpidos cuando Erwin depositó un pequeño beso en mis labios y me devolvía el apretón en mi mano. Él realmente parecía feliz con esta nueva oportunidad y yo, sin embargo, ya no me sentía cómodo estando de esta forma con él. Enfoqué la mirada en la avenida, en donde los coches iban y venían, algunos más lentos que otros, sentí que alguien se paró a mi lado derecho, no le tomé demasiada atención, después de todo era algo común que la gente fuera a esperar el bus en ese mismo lugar.
Hasta que la curiosidad me hizo llevar los ojos a la persona parada a mi derecha, y ahí, a unos quince centímetros lejos de mí estaba él, la persona que últimamente ocupaba mis pensamientos. Estábamos demasiado cerca, más cerca de lo que nunca estuvimos en los últimos meses. Respiré muy hondo y sin discreción alguna le vi el hermoso perfil.
Su revoltoso cabello color chocolate, las gruesas cejas fruncidas y los verdes ojos clavados en el semáforo. La pequeña y respingada nariz, los rosados labios y la piel de un moreno muy claro. Él no me dirigió la mirada ni una sola vez, es más, ahora que lo veía mejor, él parecía enojado... o irritado, como si estar tan cerca de mí le molestara de algún modo. Pero lo que me inquietaba más, eran sus ojos, no tenían el típico tono verde agua, estaban completamente oscurecidos, llegando casi al verde pasto. Y no sólo eso, en ellos había una infinita tristeza, era como si... le acabaran de romper el corazón.
Erwin me hablaba y sonreía, contándome alguna anécdota divertida que vivió en Francia. O al menos eso fue lo poco que entendí, porque en realidad toda mi atención estaba centrada en el chico que estaba parado a un lado de mí. En como tenía las manos en los bolsillos delanteros de sus jeans color negro, las muñecas y parte de los brazos con un montón de pulseras de colores. En sus nuevos y brillantes botines negros de charol, en la sudadera negra con estampados rojos y en como tenía la mangas remangadas hasta arriba de los codos. En su cabello que estaba un poco más largo y que el viento se encargaba de despeinar. Incluso me fijé en el blanco cable de los audífonos.
Pero lo que más llamaba mi atención era su ceño fruncido, esa expresión de estar irritado. Había visto muchas facetas en Eren, la alegre, la despreocupada, la seria, la berrinchuda e incluso llegué a ver una que otra vez la triste, pero nunca la enfadada y más porque tenía esa mirada triste, apagada y decaída, él también escondía su tristeza con enojo... era como yo. Fue en ese momento que la preocupación me golpeó, ¿y si le había ocurrido algo grave?
Él realmente, realmente parecía completamente descompuesto.
Entonces el bus llegó, Erwin y yo lo abordamos primero, después se subió Eren y detrás de él otras personas, pagó su pasaje y camino por el estrecho pasillo hasta los asientos de atrás. Me había girado sólo un poco para verlo, pero en ese momento, Erwin rodeó mis hombros con su brazo.
—¿Qué sucede?, ¿acaso hay algo que te moleste? Has estado un poco distraído— Susurró mientras dejaba diminutos besos en una de mis mejillas.
—Nada, de repente sólo me dio un bajón.
—¿La ansiedad otra vez?— Preguntó con un tono un tanto preocupado, una última vez mire a Eren de reojo, quien a su vez miraba por la ventana, con aquella expresión de seriedad distante.
—Sí, tal vez un poco.
Admití encogiendo los hombros, Erwin respondió diciendo que me tomara las pastillas al llegar a mi casa. Pasamos otros cinco semáforos distintos, antes de que el bus se quedara parado por un largo rato en uno de ellos, supuse que ese semáforo estaba descompuesto. Fue entonces que al mirar por la ventanilla, vi pasar a Eren, caminando con la cabeza agachada, se había bajado del bus en algún momento. Lo vi caminar por aquella banqueta, llena de locales de comida y peatones transitando por ella. Finalmente dio vuelta en una esquina y ahí se perdió. Él había desaparecido de mi vista, junto con ese cabello rebelde y esos preciosos ojos verdes. Él ya no estaba más.
¡Hola a todas/os! Lo prometido es deuda y aunque terminé subiendo los capítulos por la madrugada, como lo prometí, subí dos y aparte uno de Like a girl. Espero que haya sido de su agrado el capitulo, muchas gracias por sus bellos reviews y el amor que le están dando a este fanfic en particular, siendo honesta, nunca pensé que llegaría a tener más popularidad aquí que Like a girl, pero de ninguna forma es una queja, de hecho, me complace bastante. En fin, sin nada más que agregar, nos estamos leyendo próximamente, ¡saluditos! ✨
All the love, Dragón.🐉🌹
