Disclaimer: No me pertenecen ni la historia, ni los personajes. La historia es de Biianca23 y los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, yo sólo hago la traducción.
Capítulo 9: Pasando y siendo atrapada
Kaede, Miroku y Sango estaban sentados en la cabaña de Kaede. Acababan de terminar de prepararse para el hechizo que usarían para contactar con Kagome. Kaede tomó la palabra:
—Necesitaremos toda nuestra fuerza espiritual para hacer esto. Debemos ir a un lugar donde Kagome esté conectada tanto a nuestro mundo como al de ella.
Sango alzó la mirada.
—¿Algo como el pozo?
Miroku meneó la cabeza.
—No. Tiene que ser más fuerte que eso. Un lugar donde haya tenido algún tipo de experiencia que pueda… llamarla.
Todos parecieron sumirse en sus pensamientos. Kaede se levantó y comenzó a caminar.
—Venid —les dijo. Miroku y Sango se miraron antes de traspasar la puerta para seguir a Kaede. Kaede se detuvo delante de un árbol—. Éste es el árbol sagrado. Cuando Kagome vino por primera vez a nuestro mundo, la encontré aquí —Kaede bajó la mirada—. También es donde conoció a Inuyasha y rompió el sello de mi hermana que recaía sobre él.
Los ojos de Miroku y Sango se abrieron como platos. Ellos no sabían eso. Ahora sé porqué Kagome siempre viene aquí a pensar. Pensó Sango tristemente. Kaede caminó hacia el árbol y les hizo una señal para que hicieran lo mismo.
—Debemos decir el encantamiento, luego el nombre de Kagome, luego debemos usar todos nuestra energía. Concentraos en Kagome y sólo en Kagome. Si funciona, la veremos en nuestras mentes. Continuad diciendo su nombre y conduciéndola hacia el árbol sagrado de su época. Será la única forma de que podamos contactar con ella.
Todos asintieron y leyeron el encantamiento:
Esto hacemos y esto vemos
Contactar con alguien que necesitamos
Pásanos y haz que dure
No sea que lo malvado les llegue rápido.
¡KAGOME! Gritaron todos juntos.
Cerraron los ojos inmediatamente y se concentraron en Kagome. Lentamente, comenzó a formarse una imagen. Era Kagome en una especie de habitación, y estaba llorando. Miroku fue el primero en ver la imagen claramente.
—¿Kagome? ¿Kagome? ¿Puedes oírme?
Kagome siguió llorando. No sabía qué podía hacer. Le había dado su palabra a ese… demonio, y ahora no podía retractarse, aunque la hubiera engañado. Esto es inútil. Pensó. De repente, oyó que la llamaban. Miró alrededor de la habitación.
—¿Quién… quién anda ahí? —la voz era débil, pero ella sabía que la había oído.
—Kagome… —dijo la voz.
Kagome supo que no era Inuyasha. Esta voz era más suave, casi como… ¿Miroku?
Kagome llamó:
—¿Miroku? ¿Eres tú?
—Sí. Kagome necesito que vayas al árbol sagrado de tu época. Esto es muy importante.
—Pero… ¡no puedo! Inuyasha no me dejará ir. ¡Oh Miroku! ¡Necesito tu ayuda! Se ha convertido en alguna especie de monstruo.
—Lo sé, pero debes intentarlo. Este hechizo no durará mucho. Necesito que toques el árbol y que te concentres en mí, Kaede y Sango.
Sango y Kaede entraron en ese momento.
—¡Kagome! —dijo Sango—. Por favor apresúrate. ¡Nuestra energía se está desvaneciendo y necesitamos hablar contigo!
—Sí niña. Ve ahí lo más rápido posible —y sí, las voces desaparecieron.
Kagome se secó las lágrimas de su cara. Miró el reloj. Le quedaban 45 minutos antes de… eso. Se estremeció. A lo mejor, si me voy muy silenciosamente, no se da cuenta.
Kagome salió de puntillas de la habitación de su madre y observó el pasillo. No hay señal de él. Caminó paso a paso, teniendo cuidado de los crujidos que hacía el suelo. Se mantuvo observando para asegurarse de que Inuyasha no estuviera acechando en las sombras. Antes de que lo supiera, había llegado a la puerta. Respiró hondo, la abrió, y salió afuera de puntillas, cerrando suavemente la puerta detrás de ella. Volvió a mirar detrás de ella una vez más y corrió a cobijarse bajo el árbol sagrado. Una vez allí, extendió la mano y lo tocó, pero se apartó. Todavía no estaba segura de si esto era o no real. Podría haber sido otra ilusión puesta por Inuyasha. Volvió a mirar a su casa y se encontró con que todas las luces estaban apagadas, excepto la de su habitación. Su ventana estaba abierta, pero no podía ver a Inuyasha dentro en ningún lado. Se encogió de hombros y devolvió su atención hacia el árbol sagrado.
No estoy segura de qué hacer. Pensó Kagome desesperadamente. Bueno, mi vida está casi terminada de todas formas, qué más da.
Cerró los ojos fuertemente y tocó el árbol, esperando que pasara algo. Para su sorpresa, nada pasó. Se quedó ahí con una molesta expresión en su rostro. Genial… recorrí todo este camino para nada. Kagome siguió golpeando el árbol, esperando que a lo mejor pudiera activar algo.
Al otro lado, Kaede, Miroku y Sango tenían sus manos sobre el árbol, esperando la respuesta de Kagome. Permanecieron callados, esperando oír algo. Kaede de repente sintió algo. Era muy débil, pero podía notarlo.
—Es Kagome. Ha conseguido llegar al árbol, pero no sabe qué hacer. ¿Se ha olvidado de que tiene que concentrarse en nosotros?
Miroku y Sango intentaron captar la energía que Kaede estaba sintiendo. Ambos la localizaron.
—Parece que Kagome está… ¿golpeando el árbol?
Todos sudaron un poco.
Miroku suspiró.
—Lo único que podemos hacer es rezar porque Kagome recuerde que debe concentrarse en nosotros.
—¡Espera! —gritó Sango—. ¿No podemos volver a intentar localizarla?
Kaede asintió.
—Es posible. Ahora que está cerca del árbol, necesitaremos menos energía para alcanzarla. Venid, intentémoslo otra vez.
Volvieron a decir el encantamiento y gritaron "¡KAGOME!"
Esta vez, pudieron verla inmediatamente. Estaba sentada en un banco al lado del árbol.
—¡Kagome! —gritaron todos.
Kagome suspiró y le dio una patada a una piedra. Bueno, eso fue una pérdida de tiempo. Fue hacia el banco. Será mejor que me siente. Se sentó, y alzó la vista al cielo. Pensó en su vida y en lo que echaría de menos. Pensó en sus amigas y en sus locas formas de ser. Recordó todas esas veces en que la molestaban con salir con Hojo y cómo la llamaban casi todos los días cuando se enteraban de que estaba enferma.
Pensó en su familia y en sus gestos de cariño. Su madre, a quien quería con cada fibra de su ser, siempre estaba ahí para ella y siempre se aseguraba de que tuviera lo que necesitaba. La echaría muchísimo de menos. Su Abuelo, que siempre estaba encontrando nuevas formas de "prevenir lo maligno", y su hermano, que era molesto, pero cariñoso. Sabía que sería a él a quien más extrañaría. A pesar de lo mucho que se peleaban o se ponían de los nervios, siempre estaban ahí el uno para el otro. Papá… pensó Kagome. Ni siquiera podía pensar en él sin contener las lágrimas. Todo lo que le quedaba de él era una foto que guardaba en el cajón de su escritorio. Entonces pensó en sus amigos del Japón feudal. Miroku, Sango, Kaede, Shippo, Kirara, Kouga… Los quería mucho a todos. Sin ellos, seguramente no estaría hoy aquí. Extrañaría la forma en que luchaban juntos contra demonios, o discutían. Ni siquiera llegué a ver casados a Sango y a Miroku… Kagome dejó que algunas lágrimas rodaran por sus mejillas. Casi puedo oírlos llamándome.
—¡Espera! —Kagome se animó. ¡Eran ellos los que la llamaban! Corrió rápidamente hacia el árbol y lo tocó. Los oyó llamándola—. ¡Chicos! ¡Puedo oíros!
Kaede tomó la palabra.
—Niña, tienes que concentrarte en nosotros, de otro modo, el hechizo se desvanecerá y también lo hará nuestro poder espiritual —Kagome asintió. Vale Kagome, concéntrate.
Kagome cerró los ojos e intentó concentrarse en sus amigos, pero todo lo que podía ver eran unos ojos rojos, persiguiéndola. Oyó que Kaede hablaba.
—¡Kagome! ¡Es Inuyasha! Está intentando romper la conexión. ¡Tienes que darte prisa!
Kagome entró en pánico. ¡Oh no, Inuyasha!
Volvió a cerrar los ojos y vio los ojos rojos. Recordó el momento en que Inuyasha y ella habían conocido a Miroku y cuando conocieron a Sango. Recordó cuando Kaede había puesto las cuentas de subyugación alrededor del cuello de Inuyasha.
Siguió pensando en los recuerdos que los involucraban, todo eso mientras trataba de ignorar los ojos rojos de Inuyasha. Oyó un gruñido proveniente de su habitación y supo que era él. Tenía que apresurarse, antes de que saliera. Pronto vio a Kaede, Sango y Miroku alrededor del árbol sagrado, concentrándose con fuerza. Kagome sonrió.
—¡Chicos! ¡Soy yo! ¡Pasé!
Todos miraron en su dirección y sonrieron, pero la sonrisa desapareció rápidamente. Sango gritó:
—¡Kagome mira detrás de ti!
Kagome miró hacia atrás y vio oscuridad. De la nada, vio los ojos rojos de Inuyasha, acercándose más… y más… Parecía loco. Kagome tragó saliva. Oh no…. Estoy muerta.
Inuyasha se estaba paseando. Le había dado una hora de libertad. Sabía que debería haberle dado más tiempo, pero ya no podía esperar más. Necesitaba hacerlo esa noche, cuando era luna nueva. Podía oírla gritar en otra habitación y sintió una punzada de culpa. A lo mejor debería decirle que seré suave…
El medio demonio de su interior bufó.
—¿Suave? Ya claro. Vas a ir rápido y fuerte, y te gustará.
El demonio gruñó. Cállate. No lo haré. Es su primera vez, así que seré suave… más tarde, iré rápido y fuerte.
—¿Por qué de repente eres tan comprensivo? ¿Qué pasa? ¿La humana te robó el corazón? —se burló el medio demonio.
No. Estoy tratando de ponerla más cómoda y de hacer que se enamore de mí. Sé que todavía me desea, pero la perra está luchando contra ello ahora más que nunca.
El demonio sabía que todavía le dolía lo de antes y no quería empeorarlo. Sabía que le dolería mucho más que lo que le había hecho esa tarde, simplemente no quería que el medio demonio lo supiera.
—Cierto. Simplemente no hagas que nos odie. Y recuerda, mañana por la mañana, voy a salir. Tu poder se debilitará una vez desaparezca la luna nueva.
Sí, sí, lo sé. Ahora cállate y déjame pensar en algunas cosas, híbrido.
En ese momento, oyó a Kagome por los pasillos. Él no estaba de buen humor, así que no quería arriesgarse a tener otra pelea con ella antes de que se unieran. La dejó que fuera al exterior para ver qué tramaba. Abrió su ventana y saltó a uno de los árboles de detrás de ella. La vio mirar atrás hacia su cuarto, probablemente tratando de encontrarlo. Sonrió con suficiencia. ¿Qué pasa perra? ¿Ya me extrañas?
La observó mientras iba hacia el árbol sagrado y lo tocaba. Sus ojos se entrecerraron. Sabía lo que estaba pasando. La vieja bruja estaba intentando llegar a ella, intentaba prevenirla de lo que estaba por venir, sin duda. No podía dejar que pasara eso. Estaba a punto de interrumpir su hechizo, cuando vio que no pasaba nada. Sonrió con maldad. Niña estúpida, no sabe qué hacer. Bien. Eso lo hace aún más fácil. Observó con diversión que ella golpeaba el árbol varias veces, esperando que hiciera algo espontáneamente. Se rió cuando la vio darse por vencida y sentarse en un banco. Escuchó sus pensamientos y oyó que estaba recordando a sus viejas amigas y a su familia. Era interesante toparse con sus recuerdos. Se congeló cuando ella empezó a pensar en su padre. No recordaba haber oído nunca nada sobre su padre. Escuchó y oyó que decía algo sobre una… ¿foto? En el cajón de su escritorio. Recordó que le había dicho algo al grupo sobre fotos. Escuchó para ver si había algo más que mereciera la pena escuchar y volvió a entrar en su casa. Todavía estaba pensando en lo que había pensado ella sobre su padre. Llamó al medio demonio.
Híbrido, ¿Kagome te contó algo sobre su padre?
—No, nunca dijo nada, y yo nunca pregunté.
El demonio puso los ojos en blanco. Era de esperar.
Entró en su habitación y volcó su escritorio. No sabía lo que era un "cajón" y estaba demasiado desesperado para descubrirlo. Su compañera no iba a guardarle secretos. Tenía que ver la foto. Había montones de papeles volando a su alrededor, pero había uno grueso que destacaba. Tenía algo escrito en el reverso. Ponía: "5º Cumpleaños de Kagome".
Le dio la vuelta y vio a un hombre con una niña pequeña. Reconoció inmediatamente que la niña era Kagome. Sus ojos se suavizaron al verla. Era tan pequeña e inocente, casi como ahora. Miró al hombre y supo que era su padre. Vio que Kagome había heredado de él su sonrisa y sus ojos. Eran idénticos. No pudo evitar preguntarse lo que le había pasado. Ella había dicho que esto era lo único que le quedaba de él. ¿Seguro que no tenían más fotos? Empezó a reflexionar sobre lo que le habría pasado y sobre por qué Kagome no lo había mencionado.
De repente, sintió una presencia. Sabía que la vieja bruja estaba intentando llamar a Kagome. Miró por la ventana y vio que se acercaba al árbol, a punto de cerrar sus ojos para concentrarse. ¡No! ¡No puede ponerse en contacto con ellos! Sus ojos se endurecieron una vez más y destellaron, los cerró e interfirió con el hechizo. Apártate de mi compañera, vieja bruja. Sabía que Kaede podía oírlo. Ella simplemente lo ignoró. Kagome parecía estar haciendo lo mismo. Gruñó sonoramente mientras ella pasaba hacia ellos. Saltó por su ventana y aterrizó cerca del árbol. Caminó lentamente hacia ella, con pura malicia en sus ojos.
Kagome palideció mientras él caminaba hacia ella. Tenía sus garras en alto, preparadas para atacar. Kagome cerró los ojos y sintió… nada. Alzó la mirada y vio una barrera a su alrededor. ¿Qué? ¿Cómo pasó esto?
Kaede tomó la palabra:
—Niña. Yo alcé la barrera, pero necesito que tú la sostengas. No puedo hablar contigo y sostenerla al mismo tiempo, no tengo tanta fuerza.
Kagome asintió.
—Pero… ¿cómo?
—Sólo usa tu energía espiritual. Concéntrate en la barrera. No tienes que centrarte en nosotros. Ya estás conectada y tienes la suficiente energía para mantener la conexión sólo tocando el árbol.
Kagome asintió.
—Vale. Estoy lista.
Kaede soltó la barrera y Kagome usó rápidamente su energía espiritual para sostenerla. Vio a Inuyasha intentando abrirse paso. La miró con una promesa de muerte en sus ojos. Ella estaba aterrorizada. No podría mantener la barrera para siempre.
Volvió su atención hacia Kaede.
—¿Y ahora qué?
—Hay cosas que necesitas saber sobre la situación en la que te encuentras y asumo que quieres saber sobre el apareamiento.
Kagome asintió, intentando no mirar a Inuyasha.
Inuyasha estaba gruñendo. ¡Maldición! ¡Su energía spiritual es demasiado fuerte! Y esa bruja le va a contar cosas que no necesita saber. Si ella sabe demasiado, ¡seguro que se niega a entregarse a mí!
Intentó cortar la barrera para abrirse paso, mientras maldecía. Esa perra va a pagar. Cuando llegue a ella, ¡voy a chingarla con tanta fuerza que se sorprenderá! A la mierda lo de ir despacio con ella, ¡las perras desobedientes como ella se merecen ser castigadas! No me puedo creer que fuera a ser suave con ella. Bueno… ya no. Esa perra es mía. ¡y lo demostraré!
De repente se detuvo y sonrió con suficiencia. Comenzó a reír. ¿Qué demonios estaba haciendo? No tenía que romper la barrera. Dio unos cuantos pasos atrás y sonrió.
—Ven, perra.
Vio que los ojos de Kagome se abrían como platos, mientras era obligada a bajar la barrera e ir hacia él. Podía oír a la vieja bruja diciéndole que se detuviera, pero la ignoró. Sabía que ella no lo había oído todo y eso le gustaba. La detuvo justo en el momento apropiado.
Ella tenía la cabeza gacha cuando llegó junto a él. La agarró por el mentón y le hizo mirarlo.
Kagome sabía que no podría escapar del peligro. Él tenía una sonrisa malvada en su rostro que prometía dolor. Sus ojos brillaban con un magnífico color rojo mientras fijaba la mirada en ella.
Nunca se hubiera esperado la ardiente sensación que entró en contacto con su mejilla. Alzó la vista hacia él con lágrimas en los ojos, mientras él seguí mirándola. Él… él me dio una bofetada. La empujó hacia el suelo y puso un pie sobre su pecho.
—Perra, te romperé. Trocito a trocito, y disfrutaré cada minuto. Nunca volverás a dejar la casa sin mi permiso, y nunca volverás a hablar con la vieja bruja ni con nadie más. Y como tu compañero, nunca, nunca pondrás una barrera a mi alrededor.
La fuerza de su pie se hacía mayor sobre su pecho con cada palabra que decía.
Kagome sentía como si le hubieran robado el aliento. La fuerza de su pie era demasiada como para soportarla. Se alivió cuando apartó el pie.
Inuyasha la alzó por el pelo y la arrastró hacia su casa, ignorando sus gritos.
—¡Cállate perra! Más tarde habrá tiempo para que grites.
Fue a su habitación y la tiró en la cama.
—Te tendré ahora. Me has cabreado y he decidido quitarte el tiempo que te queda de libertad.
Ella vio que había volcado su escritorio y soltó una exclamación cuando vio la foto de su padre posada sobre su silla. Inuyasha notó esto y sonrió con maldad.
—¿Preocupada por esto? —cogió la foto—. No necesitarás esto después de esta noche. Además… es sólo una foto —rompió la foto en trocitos y los tiró por su habitación.
Kagome se levantó con fuerza.
—¡NO! —gritó. Tenía lágrimas bajando por su rostro, mientras veía que todo su mundo colapsaba delante de sus ojos. Intentó coger los trozos que pudiera, pero Inuyasha le dio un puñetazo en el estómago justo cuando se levantaba.
—No no perra, esta noche tienes que quedarte en la cama.
Cayó en la cama con un sonoro ruido mientras se agarraba con fuerza el estómago. Inuyasha la alzó y la extendió sobre la cama, mientras se ponía sobre ella. Vio que estaba llorando, pero esta vez, no tendría ninguna misericordia—. Será mejor que llores perra, porque esto te va a doler.
Sonrió con maldad mientras Kagome se preparaba para lo que venía.
Bien, aquí está el siguiente capítulo después de mucho tiempo. Los exámenes no me han dejado en paz, pero ahora que he terminado me he esforzado por traeros hoy este capítulo.
La próxima actualización la pondré cuando alcancemos los ¿100 reviews? ¿Qué os parece?
Un beso, lo siento por la espera y espero traeros pronto el siguiente capítulo. ^^
