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Bueno, he aquí un relato con temática del Día del Amor y la Amistad, conocido también como San Valentín. Un poquitín atrasado a la fecha, ¿verdad? Ups xD
Bien, sé que vengo acarreando la promesa de un fic especial desde hace tiempo, pero se cruzaron muchas ideas que poco a poco formaron este relato. Se me juntaron tres planes narrativos en este shot, así que no es de sorprenderse que sea el más largo que he escrito hasta ahora. Van incluidos elementos de Dragon Ball, Dragon Ball Z y Dragon Ball Super… Ya están advertidos. ¡A leer! *3*
¡Je l'apprécie!
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San Valentín: Día del no-enamorado
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La mañana había estado plagada de romance y hostigamiento, infestada de cartas de amor, chocolates, ositos de felpa, corazones y de un sinfín de cursilerías. Goten había agotado toda su energía en la galantería que estaba comprometido a brindarle a las incontables chicas que le dedicaban un amor platónico; era su responsabilidad como el chico lindo del colegio.
Pese a lo divertida y halagadora que le resultaba tanta atención femenina, Goten sintió que ya no le restaban ánimos de seguir entre tantas feromonas. Ya había escuchado las declaraciones amorosas de sus compañeras más atrevidas y pícaras y de las más tímidas e inocentes tartamudas. A tempranas horas el ajetreo sólo le había dejado el anhelo de marcharse a casa, para devorar cualquier postre que su madre hubiera preparado para festejar San Valentín.
Se escabulló, pues, entre las enamoradas, dedicando como obsequio general una sonrisa y un guiño que dejó a la Preparatoria Estrella Naranja una oleada de suspiros y rostros sonrojados.
El ladino adolescente volaba sin censurarle su sonrisa a las nubes. Se sentía afortunado de ser tan popular en el colegio y de cargar tantos chocolates y detalles en la mochila. Sus amigos lo consideraban un ejemplo de conquistador y sus compañeras el novio ideal: fuerte (más de lo que podrían imaginar), guapo, simpático e inteligente… aunque es su hogar nadie se sintiera realmente orgulloso de su talento casanova.
Antes de llegar a casa el aire ya tenía un dulce aroma a cacao y canela, que emanaba desde una chimenea cercana. Su madre estaba preparando su chocolate especial. Milk estaba tan concentrada en su cocina que no notó cuando Goten entró a casa, con su enorme mochila repleta de presentes y su simpática sonrisa.
—Mamá, papá, ya estoy en casa.
—Hola, mi amor —saludó Milk, sin mirarlo. Su mandil estaba lleno de manchas y su cabello estaba envuelto en una pañoleta. Con una mano movía una olla llena de chocolate derretido, mientras que con la otra batía una mezcla de vainilla—. Creí que regresarías en la noche ¿No tenías una cita hoy?
—Mi cita es más tarde. En la mañana me reuní con unos amigos en la escuela, pero decidí regresar a descansar un rato —se paseó por la mesa, donde su padre estaba concentrado en el intento (fallido) de envolver unas canastitas llenas de galletas y chocolates—. Además estaba ansioso por probar tus postres.
Goku tomó sigilosamente galletitas de la canasta y se las pasó a su hijo, guiñándole y haciéndole seña de guardar silencio.
—Está bien, pero no toques nada de las canastas. Tu padre me ha dado problemas toda la mañana comiéndose lo que… ¡Goku, Goten!
Milk los descubrió asaltando los postres de las pocas canastitas listas, y les dio a cada uno su merecido manotazo en las manos. Obligó también a Goten a ayudarle a su padre en la imposible labor de envolver los postres, mirándolos cada dos segundos para asegurarse de que no atrasaran más su cometido.
En medio de la mesa había una enorme canasta llena de las galletitas y chocolates más grandes y deliciosos que Milk había preparado. Estaba perfectamente envuelta en un hermoso lazo rojo, y frente a la canasta se leía una nota: "Con amor, para Gohan, Videl & Pan". Alrededor de ésta, habían muchas canastas más, un tanto más pequeñas y menos elaboradas; quizá porque las elaboraban eran las inexpertas manos de dos saiyajines sin gracia alguna para los detalles finos. Goku y Goten no lograron remedar dignamente el arreglo de Milk, hasta que ella los socorrió mientras las próximas galletas se horneaban.
Habían canastitas para la familia de Krilin, para el maestro Roshi, para Yamcha y Puar, Ten Shin Han, Chaoz y Lunch, para el abuelo Ox-Satán, para la casa de Mr. Satán y, por supuesto, no podía faltar una canasta especial para la residencia Corporación Capsula; Milk había preparado deliciosos presentes para todos los amigos, que Goku entregaría esa tarde.
Cuando por fin terminaron y llegó el momento de la entrega, Milk había envuelto un paquete especial para Goten en su cita. Ni ella ni Goku conocían a la chica, pero Milk ya había superado sus celos maternos desde Videl, y además, Goten solía tener tantas novias diferentes que sus padres no se inmutaban en averiguar quién era la chica en turno. Al marcharse Goku, su hijo decidió acompañarlo.
—¿Fuiste a ver a Trunks en la mañana, hijo? —preguntó Goku mientras volaban a casa de Bulma.
—No, hoy Trunks tiene una cita con Mai. En realidad fui a la escuela para reunirme con unas chicas, pero no quise decirlo frente a mamá —rio el joven—. Muchas chicas de la escuela me citaron para dedicarme sus obsequios de San Valentín.
—¿Te regalaron comida? —se emocionó Goku.
—No precisamente, pero eso hubiese sido genial. Sin embargo, sí me dieron muchos postres, aunque la mayoría sólo me confesó desearme como su novio.
—¿Y tú para qué quieres tantas novias, hijo? —preguntó Goku sin entender—. Ni siquiera te dieron algo bueno de comer… No te entiendo, Goten.
—No lo sé, papá —carcajeó su hijo—. Supongo que no ha llegado la indicada.
—Sigo sin entenderte. Pero, en todo caso, espero que tu "indicada" sepa cocinar tan bien como tu madre.
A Goten siempre le causaban simpatía las ideas de su padre. Era un hombre demasiado despistado, pero él siempre lograba interpretar su sencillez de manera analítica, tal como su hermano mayor le había aconsejado hacer. Goten se había vuelto un chico a quienes sus padres no entendían en absoluto, aunque a veces él tampoco se entendía a sí mismo. Precisamente ese día había lidiado con cierta confusión. A pesar de haber recibido toda aquella atención amorosa, obsequios costosos y miradas enamoradas, a pesar de incluso tener agendada una cita con una de las chicas más lindas del colegio, no se sentía entusiasmado con la magia de San Valentín.
La entrega había sido rápida con el uso de la tele-transportación, pero a Goten le comenzaba a desesperar el correr tan lento del festivo día. También, y quizá más que cualquier otro desconocido motivo, le incomodaba saber que todos gozaban ese día a excepción de él mismo, que hartas pretendientes tenía para festejarlo. Ni siquiera entraban a la casa de sus amigos, sino que sólo dejaban en presente en la puerta y se marchaban tras sonar el timbre, sin embargo, Goten podía imaginarse perfectamente a cada uno de ellos disfrutar mientras él se desesperaba por la llegada del día siguiente.
—¿Te gusta este día, papá? ¿Te sientes feliz? —preguntó Goten con desánimo.
—Tu mamá siempre prepara sus mejores postres este día ¿Cómo no estar feliz?
Qué peculiar era la relación de sus padres. Goten la había admirado desde niño, desde que había sido tan ingenuo e inocente como su padre. No obstante, ya fuera por la pícara influencia de su mejor amigo o por la de sus compañeros del colegio, ahora su mente abarcaba dilemas que no creía poder resolver con la limitada filosofía de su padre.
Y, habiendo mencionado a Trunks, éste no se excluía de la felicidad amorosa. Por muy travieso y engreído que éste fuera, el mejor amigo de Goten había recibido al amor en su vida desde la niñez: Mai. De pronto el niño más descocado había crecido sometido a conquistar a la extraña niñita rebelde, que siempre juraba no ser lo que aparentaba. Era el más desvergonzado de todos, pero estando con Mai se sosegaba como el mejor de los caballeros. Goten veía eso con anhelo; siempre había admirado a su mejor amigo e intentaba imitarlo en todo lo que parecía alegrarlo. Quizá por eso Goten se había vuelo tan mujeriego, pero sin encontrar a la indicada aún entre ese montón de admiradoras.
¿Cómo es que las cosas habían sido tan sencillas para todos sus amigos? Vegeta, siendo anteriormente un malvado, había encontrado una mansión con alta tecnología para sus entrenamientos, a los mejores amigos y a la grandiosa Bulma en tiempo récord. Luego había sido Krilin: solía burlarse que en su juventud siempre iba tras chicas brutas y materialistas, pero al final la chica más imponente, hermosa y poderosa se había fijado en aquel chaparrito; la androide No.18 había demostrado no tener un corazón de metal. Tras la pesadilla de Majin Buu, su hermano y héroe había tenido una fortuna no menos maravillosa: Videl; otra chica sorprendente, poderosa, fiera y aparecida espontáneamente en la vida de Gohan, como su primer y único amor. Goten no había reparado en el extraordinario destino que había capturado a las parejas de su alrededor, hasta que su mejor amigo sucumbió también ante el fenómeno. Él mismo había sido cómplice del extraño primer encuentro de Mai y Trunks en la fiesta de años atrás, misma en la que el Dios Bills había aparecido también por vez primera. Luego de tantos años, Trunks demostraba una vez más ir un paso por delante de Goten: él se había enamorado.
Goten creció admirado de ver cómo el amor había vuelto vulnerables a sus amigos más poderosos. Apenas entrando en la preparatoria se volvió el blanco amoroso de toda una multitud, ya por su bondad, ya por su encanto, su simpática ingenuidad, su fuerza o su atractivo; no obstante, por ninguna chica había correspondido un sentimiento especial, por más linda o talentosa que fuera.
Finalmente habían hecho la última entrega en La Montaña de Fuego, lugar que reinaba su abuelo Ox-Satán. Luego de un abrazo fraternal y un veloz bocadillo en el palacio, volaron de allí. Por supuesto, el abuelo de Goten felicitado burlonamente la popularidad de su nieto con las chicas.
—¡Qué gusto hijo! Llevas el atractivo en la sangre —reía el rey—. Aunque, definitivamente, tu gusto por las citas no fue herencia de tu padre.
—Exacto, yo jamás fui así —comentó Goku—. Ese valioso tiempo debería aprovecharlo en entrenar y volverse más poderoso, como yo.
Y he allí que de nuevo lo invadió la confusión. Si las relaciones de Krilin, de Vegeta, de Trunks y de su hermano Gohan eran sorprendentes, la de sus padres desbordaba en lo extraordinario. Había vivido su alegre niñez entre los exagerados regaños de su madre y las risas nerviosas de las disculpas de su padre; luego su padre se marchaba a sus prolongados entrenamientos y su madre exponía su irresponsabilidad, pero lo llenaba de abrazos y tronados besos apenas verlo regresar. A veces los observaba pelear, él rogando su permiso y ella negando su libertad, pero después de un trato de compensación y una mágica mirada entre ambos, él se salía con la suya y ella lo despedía amorosamente. Su padre podía ser insolente con los dioses más destructores y letales de la existencia, pero jamás se atrevía a desafiar u ofender a su madre. Ella solía maldecir las costumbres y diversiones de su padre, y sin embargo, Milk le había inculcado a Goten las artes marciales para hacer sentir orgulloso a Goku. En extraordinaria suma, la relación entre sus padres era la más asombrosa que Goten conocía.
De pronto esas reflexiones acarrearon muchos recuerdos sentimentales a Goten. Antes de comenzar a volverse un casanova por las ganas de imitar el romance de Mai con Trunks, inconscientemente Goten se visualizaba teniendo una relación exactamente igual a la de sus padres. Todos siempre recalcaban lo idénticos eran Goku y Goten: idéntica ingenuidad, idéntica fuerza, idéntico entusiasmo y alegría y ni qué decir de la apariencia. Automáticamente el pequeño se había ilusionado con ser exactamente igual a su padre en cada aspecto. Se veía a sí mismo como un guerrero entusiasmado, como un Dios luchador, como aquel divertidísimo padre con quien todos los días jugaba en el campo y nadaba en el río. Cuando su madre le preguntaba lo que quería hacer cuando creciera, siempre respondía que quería ser como su padre, y ella no refunfuñaba sus expectativas por tener otro hijo científico, doctor o abogado, sino que sonreía. Pero después creció, y sin quererlo ni saberlo se convirtió en alguien muy diferente a su padre, tanto así, que incluso decidió cambiar su apariencia tan idéntica a Goku. Ya no era la viva imagen de papá.
Un escalofrío perturbó la espalda del adolescente mientras volaba al lado de su padre. ¿Cómo, entonces, tendría una relación tan admirable como la que él veía en sus padres? ¿Cómo conseguiría relacionarse con una chica especial cuando él ya no era un chico especial?
Deseaba profundamente ser tan feliz como Krillin, como Gohan, incluso como Vegeta (aunque éste no lo admitiera), pero sobre todo, deseaba ser tan feliz como su padre, al lado de alguien como su madre. No es que tuviera mamitis o algo por el estilo, sino que sólo una mujer como ella lograba impresionarlo; sólo una mujer como Bulma, como Videl, como Mai o como No. 18. Todas las chicas comunes y corrientes le parecían insuficientes, le aburrían. Le desesperaban las chicas que se escandalizaban con la vida del campo en la que él había crecido, que tenían un carácter débil y miedoso, las que sólo se preocupaban por su belleza y su posición económica y que carecían de la sed de aventuras y combates que hidrataba el corazón saiyajin de Goten.
Sus anhelos románticos se dilataban imaginando a alguien que viera en él algo especial que otros no entenderían, tal como Bulma había hecho al enamorarse de Vegeta. Quería a alguien que lo amara como al héroe más poderoso y valiente, incluso siendo alguien débil, así como No. 18 amaba a Krillin. Su corazón quería poder contar con la persona que se arriesgaría a abandonar una vida cómoda y normal para estar con él, exactamente igual que Videl había hecho al casarse con Gohan. Soñaba con enamorarse de alguien que le abriera su corazón y le mostrara un lado de su alma que sólo él pudiera conocer, que fuera exclusivo de ambos, justo como Mai era con Trunks. Y por sobre todas las cosas, desde niño había construido la ilusión de tener una esposa valiente, fiera, inteligente, determinada, hermosa, habilidosa, sensible, fuerte y tan dedicada como su madre.
Milk siempre esperaba ansiosa a Goku, aun si él se marchaba por años, siempre se mostraba tan enamorada de él como la primera vez. Continuamente se preocupaba por ser lo suficientemente bella y joven para no desencantar a Goku. Lo apoyaba violentamente en ser siempre el mejor, sintiéndose orgullosa de presumirlo como el más fuerte y más guapo de todos. Lo complacía con las comodidades dignas de un rey en su hogar: la comida siempre deliciosa y abundante, el baño siempre listo para relajarlo, la casa siempre impecable y el lecho siempre lleno de amor y tibieza. Cuidaba y educaba a sus hijos a modo de enorgullecer infinitamente a Goku y a todos cuantos los conocieran. Y, aunque muchos lo vieran al modo malo, siempre lo presionaba y regañaba para ser la mejor versión de sí mismo, para ser un mejor padre y esposo, un mejor hombre trabajador. Goten había sido testigo de ese verdadero amor, y nada le parecería más ensoñado que tener uno mínimamente similar.
Ahora Goten no podía estar más cabizbajo. Sentía una frustración tan imponente como el no poder derrotar a un peligroso enemigo. Volaba distraído en el horizonte que le golpeaba los ojos con su viento. Cuando agachó la mirada notó que volaban sobre un lugar que no conocía.
—¿A dónde nos dirigimos, papá?
—Acababa de decírtelo —respondió Goku, extrañado. Goten había estado tan absorto en sus reflexiones que no había escuchado a su padre—. Tengo que buscar algo cerca de aquí y luego volveremos a casa. No tardaré mucho.
No volaron por mucho más y luego descendieron a una pequeña y linda isla entre las montañas, llena de flores, rodeada del agua de una laguna cristalina y con un gran árbol de manzano decorando su centro.
—¿Exactamente qué buscamos, papá? —preguntó Goten mirando el peculiar alrededor. Era un lugar muy pequeño como para hallar algo de valor allí—. ¿Buscas alguna Esfera del Dragón? Porque creo que Bulma las tiene todas en su casa.
—No, hijo, sólo estoy buscando una manzana ¿Podrías ayudarme? —pidió Goku subiéndose al manzano.
—¿No sería más fácil golpear el árbol para que cayeran todas?
—¡No, se maltratarían! Además sólo necesito una.
Goten se extrañó muchísimo ¿Acaso era un árbol mágico o algo por el estilo? Su padre escalaba el árbol con lentitud y examinaba cada fruto con sumo detenimiento, por lo que Goten acató que se trataba de algo serio. Se subió también al árbol e imitó la búsqueda de su padre por la manzana más bonita, rojiza y grande de todas.
—¿Estas manzanas tienen poderes especiales o algo así? —preguntó Goten.
—Más o menos —respondió Goku riendo.
—Entonces no me vendría mal comer una ahora mismo —suspiró acostándose entre las ramas y mordiendo una manzana.
—¿Te sientes mal? Hoy has estado muy raro en realidad.
—Este día me pone mal. El día de los enamorados sólo le da alegría a quienes están enamorados.
—¿Ehh? ¿Acaso tú no estás enamorado de tus novias? —preguntó Goku, sin dejar de buscar entre las manzanas.
—En realidad supongo que nunca me he enamorado, ni creo estarlo pronto —confesó Goten con tristeza, y con cierta esperanza de un buen consejo paternal, se atrevió a preguntar—: ¿Tú cómo te enamoraste de mamá?
—No lo sé —respondió inmediatamente su padre, comparando dos manzanas en sus manos—. ¿Cuál de éstas crees que sea mejor, Goten?
—Papá, en serio necesito que tú me escuches y aconsejes ahora…
—¿Sobre cuál manzana es mejor?
—¡Sobre el amor!
—Ah, eso —Goku se recostó en una rama cerca de Goten—. No soy muy bueno dando consejos o hablando sobre el amor… A decir verdad, cuando yo era pequeño pensaba que el matrimonio significaba comida.
—Lo sé, mamá nos lo contaba a Gohan y a mí —sonrió Goten—. No tienes que ser un psicólogo experto, papá, sólo háblame con honestidad. ¿Cómo aconsejaron tú y mamá a Gohan con Videl?
—Tu hermano siempre fue muy inteligente, así que supongo que no necesitó nuestra ayuda. De pronto se volvieron "novios" y luego se casaron —mencionó Goku con una sonrisa de ternura.
—¿Entonces tampoco sabes cómo se enamoró?
—No, pero supongo que todos se enamoran de maneras distintas —Goku no sabía muy bien de lo que estaba hablando y titubeaba lo poco que decía, por lo que configuró lo que intentaba expresar con algo que conocía a la perfección—: ¡Debe ser como entrenar! Algunos se vuelven muy fuertes con poco entrenamiento, como tú, que por naturaleza Gohan y tú deberían ser más fuertes que yo. Otros, como Vegeta y yo tenemos que entrenar por mucho tiempo para mejorar.
—Aunque Trunks se enamoró de Mai inmediatamente —comentó Goten.
—Pero sus padres tardaron más en entenderse. Recuerdo que no podía creer cuando Trunks del futuro me dijo que ellos se volverían pareja —carcajeó Goku.
—Creo que mi hermano tampoco se enamoró de inmediato. Me ha contado que incluso Videl le mostraba mucho desagrado cuando se conocieron.
—Así es. Y en cambio, Krillin pareció enamorarse de No. 18 apenas viéndola, aun cuando ella nos quería matar a todos —volvió a carcajear Goku, comiéndose las manzanas que estaba comparando.
—Pero ¿qué hay de mamá y tú entonces? —preguntó Goten con más esperanza que anteriormente.
—No lo sé —respondió Goku con las manos tras la nuca, mirando el cielo entre los espacios de las ramas—.Tu madre y yo nos conocemos desde niños, nos reencontramos pocas veces y después nos casamos. De hecho, uno de nuestros reencuentros fue en esta isla precisamente. No sé en qué momento ocurrió, sólo sucedió y sin que me diera cuenta o lo entendiera —Goku rio—. Supongo que es también como el entrenamiento: Te ejercitas sin saber lo que pasa dentro de tu cuerpo, poco a poco te cuesta menos trabajo hacer cosas que antes te parecían innecesarias y al final eres más fuerte, y no puedes vivir sin luchar por eso que no conocías ni querías conocer ni sentir… Pero no me hagas caso, hijo. Tu madre es mejor para estas cosas. Yo ni siquiera entiendo bien lo que acabo de decir.
Pero Goten sí que había entendido. Su padre le había dado la respuesta que alimentaba el hambre de su dudoso corazón.
—¿Crees que pueda conocer a alguien como mamá?
—Espero que sí —Goku se incorporó para continuar buscando entre los frutos—. Aunque las chicas con las que te he visto salir no se parecen en nada a ella. Parecen muy débiles y se ve que no saben nada de combates ni de cocina. No puedo creer que no te hayan regalado comida hoy.
—Supongo que no podré encontrar a alguien como mamá en mi escuela —rio Goten—. Me pregunto dónde está la chica perfecta para mí…
—¡Aquí está, Goten! —exclamó Goku.
—¿Eh?
—¡La manzana! —festejó Goku, elevando en su mano una enorme manzana digna de retratarse, rojísima y brillante, con un aroma fresco que invitaba a morder—. Ya podemos regresar a casa. Deberías llevarte unas manzanas a tu cita de hoy.
Inmediatamente se tele-transportaron de regreso a casa. Goten no había preguntado aún sobre los poderes mágicos de las manzanas, pero había hecho caso a llevarse algunas. Cuando llegaron Milk tenía listo el baño para que ambos se refrescaran, pero Goku había insistido en entrar después, ya que tenía asuntos que atender con esa hermosa manzana. Goten se bañó solo y se alistó para su cita, usando un reloj de costosa apariencia que su cita de la noche le había obsequiado durante la mañana.
Cuando salió de su habitación escuchó unos alegres sollozos por parte de su madre. Se asomó con sigilo y la vio abrazada del cuello de su padre, quien sólo le sonreía triunfal. Goku le había dado la manzana y ella la miraba como tratándose de un tesoro. Por la emoción de su madre, Goten llegó a pensar que esa fruta podría ser más valiosa que todas las Esferas del Dragón. Milk concluyó su gratitud aplastando las mejillas de Goku con sus manos para atraer su rostro hasta su altura y darle un sonoro beso.
Goten entró a la cocina, y Milk limpió sus lágrimas de alegría para preparar la mesa de la cena. Goku se marchó sonriente a bañarse, con un semblante propio del ganador de un torneo. Goten seguía sin preguntar nada, porque quería esperar a que su padre le hablara de las poderosas cualidades de esa fruta especial, pero cuando vio a su madre cortando la enorme manzana mientras tarareaba una canción, no se contuvo.
—¿Qué harás con la manzana, mamá? —se alarmó.
—La haré parte de mi pay de manzana —respondió colocando los trozos encima del pay sin hornear.
—¿Y nos comeremos eso? ¿No perderá su magia si la cortas? ¿Tú sabes qué poderes tiene esa manzana?
Milk miró con confusión a su hijo, sin entender su alarma.
—Goten, ¿de qué hablas? Es sólo una manzana —intentó tranquilizarlo mientras metía el pay dentro del horno caliente.
—¿No tiene poderes mágicos?
—Por supuesto que no —rio Milk, en parte divertida y en parte extrañada por tal ocurrencia—. Aunque tal vez tenga el poder de enamorar —agregó cubriéndose las mejillas de pronto sonrojadas y riendo para sí. El muchacho continuaba observando a su madre sin comprender nada—. ¡Ay, Goten, no me digas que no recuerdas la tradición de la manzana entre tu padre y yo!
—Es que no recuerdo que me hayan contado sobre tradición alguna. ¿De qué se trata?
—En realidad la iniciamos recientemente —comentó Milk, sonriendo con ternura mientras se quitaba el mandil y tomaba asiento al lado de Goten—. Tu padre y yo nos conocimos desde niños y él me prometió buscarme algún día para casarnos, aún sin él estar seguro si se trataba de algo para comer y yo sin ser consciente que casarse no era un juego. Después de eso fueron muy pocas las ocasiones en que nos volvimos a ver…
(…)
El correr del tiempo ya no se sentía para el corazón de Milk como se sentía en la vida del resto del mundo. Para la humanidad, el tiempo iba y venía sin afectarlos, pero para Milk los segundos eran horas, las horas días, los días meses y los años se le figuraban como la eternidad misma; todo desde haber conocido a aquel niño con cola de mono.
Su corazón presentía verdad en la promesa de Goku, pero el tiempo desde no verlo nuevamente le hacía velar en las noches. Constantemente le rogaba a las estrellas fugaces, a los tréboles de cuatro hojas, a las patas de conejo y hasta al mismo Kami-sama que Goku no la olvidara y regresara por ella para ser tan felices como los cuentos de hadas concluían tan románticamente.
Aunque no perdía la fe de ver prontamente a su prometido, a veces se sentía tan abrumada que escapaba del castillo para tranquilizarse con el aire fresco de las islas del reino. Huía hacia una isla preciosa, como sacada de sus cuentos de ensueño, y recogía flores mientras comía los frutos del manzano.
Aquel día estaba más desvelada que de costumbre. Toda la noche había sentido una extraña emoción premonitoria que le había provocado fugarse a la isla desde el alba. Se dedicaba a tararear melodías románticas y a cortar las flores y sus pétalos, jugando al "me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere…". Cuando la última flor atacada había marcado por milésima vez que sí la querían, ella deseó con todo su corazón poder sentir ese hecho en persona.
—¡Hola, Milk! —se escuchó de pronto entre las ramas del manzano. Un pequeño niño bajó del árbol con una sonrisa y corrió hasta ella. Parecía un sueño, el sueño por fin otorgado después de rogarlo tanto a las estrellas y a los pétalos de las flores.
—¡Goku, has venido desde tan lejos por mí! ¿No es así? —preguntó la embelesada niñita, con temor de sólo estar frente a una visión de ensueño.
—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Goku sonriente, sin caso a lo que ella le preguntaba.
—Estaba cortando flores para dártelas —se las entregó con las mejillas teñidas—. Estoy segura de que llegaré a ser una magnífica esposa para ti.
—¿Esposa? ¿Y eso qué es?
—Esa broma no me gustó, Goku —rio Milk pensando que sólo la burlaba, y ella quiso darle un pequeño empujón amistoso como lección, sin recordar que desde pequeña había tenido cierta fuerza inhumana—. ¡Toma!
—¡Ay! Eres muy fuerte, aunque pareces débil —Goku se frotaba la adolorida espalda. Había salido disparado hasta el árbol, estrellándose.
—¡Oh, lo siento! Estoy muy avergonzada…
—Ah, bueno —la tranquilizó el niño, demostrando que no había problema alguno. Se acercó a ella con una sonrisa—. ¿Por qué no comes esto?
—¿Es para mí?
—Toma…
Era una manzana. Goku llevaba dos guardadas en su pecho y una era especialmente para ella. Milk jamás había recibido un regalo tan especial. En todos sus cortos años contaba con los presentes de más atinada riqueza: collares de oro, pulseras de perlas, coronas de diamantes; justo lo digno de una primorosa princesita. Sin embargo, el Príncipe Azul de su ilusionado corazón de niña le había obsequiado una simple manzana, que para ella resplandecía más que el oro y valía más que los diamantes.
Milk no sabía cómo sostener un objeto tan precioso entre sus manos temblorosas. Goku dio un mordisco a la otra manzana, sonriéndole para invitarla a comer con él. Ella mordisqueó con vergüenza, intentando disfrutar todo el jugo delicioso del divino fruto. Ambos rieron de la nada, sin duda gustosos de verse. Milk deseó preservar ese sabor, ese tacto, ese recuerdo y ese obsequio tan valioso en su enamorada memoria.
(…)
—Desde ese día las manzanas son mi fruta favorita —comentó Milk, al término de su anécdota—. Después de varios años, tras la resurrección de tu padre y muchos embrollos más, sucedió que viajamos al reino de tu abuelo y por casualidad visitamos esa isla. Yo me emocioné muchísimo al recordar lo sucedido en nuestra infancia y tu padre me vio tan contenta que prometió regalarme una manzana en cada uno de nuestros próximos aniversarios… ¡Pero no imaginé que me daría esta sorpresa hoy también!
Goten se contagiaba de la alegría de su madre, imitando su sonrisa. Ahora estaba más admirado que antes de la relación de sus padres. ¿Una manzana? ¿En verdad sólo eso bastaba para poner tan eufórica a su mamá? ¿Cómo es que existía tanto amor en algo tan pequeño e insignificante para el mundo entero?
Observó el reloj en su muñeca. Seguramente era costosísimo, pero la chica no dudó en regalárselo como una especie de pago para ser su cita en la noche de San Valentín. Qué tristeza. A Goten ni siquiera le gustaban esas cosas ostentosas, y menos entonces, sabiendo que ese reloj no tenía ni la millonésima parte del valor de la tradicional manzana de sus padres. No había nada especial en ese reloj, ni en los chocolates importados, ni en los peluches de marcas extranjeras que le habían dado las chicas de su escuela; nada de eso era él. En cambio, Goten miraba los trozos de manzana sobre el pay en el horno y creía ver una pila de oro. Quizás en el fondo aún se parecía un poco a Goku.
—¡Estoy listo! —entró Goku a la cocina, recién salido del baño y envuelto sólo en una tolla asida a su cintura—. Desde afuera me llegó un aroma delicioso y me apresuré a entrar ¿Qué hay de cenar?
—Preparé un estofado especial y un pay de manzana como postre… ¡Pero qué demonios, Goku! ¡Vístete inmediatamente! No cenarás en paños menores.
Goku objetaba que ya tenía mucha hambre y Milk se negaba a dejarlo sentarse hasta no estar decentemente vestido, y desde la mesa Goten no hacía más que reír a carcajadas con la escena. Hacía mucho que no reía tanto con las ocurrencias de sus padres. De pronto su risa se convirtió en una media sonrisa, que admiraba tiernamente la imagen de sus padres juntos y se sintió como un intruso entre esa intimidad.
—Mamá, papá, ya me voy —anunció levantándose de la mesa.
—Pero si ni siquiera has cenado, hijo ¿No dijiste que tu cita sería más tarde?
—No te preocupes, mamá, cenaré en la ciudad. Además regresaré muy pronto.
Goten tomó su mochila y se dispuso a salir. Era un martirio marcharse observando y oliendo el banquete de su madre en la mesa, pero debía apresurarse a terminar con esa farsa de cita y de su rol como el galán de la escuela. El ejemplo de sus padres pisaba sus talones de muchacho rebelde y lo incitaba a un cambio.
—Déjame aunque sea envolverte un postre para el camino, Goten —pidió su madre apresurándose a la cocina.
—Llévate las manzanas, hijo —le dijo Goku.
—No creo que sea necesario, papá —Goten se acercó a su padre sonriendo—. Aún no ha llegado la chica que se merezca un regalo tan especial.
—¡Hey! Ahora que lo mencionas —exclamó Goku de pronto—, acabo de recordar algo que me contó Vegeta hace unos años sobre las mujeres de los saiyajines.
—¿Qué es?
—Un día le comenté que era divertido ver que tanto Bulma como Milk tenían caracteres bastante fuertes, sin embargo, los dos estuvimos de acuerdo en que eso nos gustaba —comentó riendo—. Me dijo entonces que se debía a que todas las mujeres de raza saiyajin tienen un carácter violento, porque de otro modo no podrían controlarnos.
—¿Quieres decir que sería bueno encontrar a una chica con la personalidad de mi mamá?
—No lo sé… Pero a mí me gusta el carácter de tu mamá cuando se enoja —comentó Goku con una carcajada.
—Creo que lo he notado… a veces hasta he llegado a pensar que la haces enojar a propósito.
Ambos rieron. Dentro de la mente de Goten se relacionaron los recuerdos del carácter de Bulma, de Videl, de Mai, de su madre e incluso de No. 18, aunque ella no fuera pareja de un saiyajin. Todas tenían una personalidad idéntica: fiera y apasionada. Tenía sentido y convenía a su ilusión de niño: tener una relación como la que sus padres poseían.
—Aquí tienes, mi niño —Milk le extendió un bento lleno de postres—. Oye, ¿y ese reloj? No me digas que te lo obsequió esa chica de tu cita…
—Así es —rio Goten—. Bueno, nos vemos más tarde ¡Feliz día de San Valentín! —el chico abrazó a sus padres, agradeciendo en su corazón tener a ese par de personas tan extraordinarias para enseñarle las maravillas de una vida fuera de lo común.
—¡Hijo, creo que deberías casarte con esa chica! —gritó Milk cuando Goten se elevaba para despegar en el aire. Goku la miró extrañado—. ¿Qué? Debe ser una buena muchacha si tiene tanto dinero como para comprar ese reloj tan costoso ¡Seguramente es tan rica como Videl!
—Pues… Yo sólo sé que ya quiero cenar —comentó Goku frotándose el estómago.
—¡No hasta que te pongas algo de ropa!
Goten los veía divertido a unos metros por arriba de la casa. Milk comenzaba a empujar a Goku dentro de la casa con enojo. Goku le guiñó el ojo a su hijo mientras se reía por hacer enfadar a su esposa.
—¡Quiero cenar! Nadie me verá.
—¡Que no, Goku! ¿¡Por qué demonios me haces enojar!? ¡Vístete, maldita sea!
Goten despegó vuelto un emisor de carcajadas que producía ecos por toda la extensión de las montañas Paoz. Las estrellas brillaban con la misma alegría esa noche de San Valentín.
Goten aún no encontraba a una chica como su madre, de carácter tan feroz como el de una mujer saiyajin. Esa muchacha a quien regalarle una manzana mágica podía no estar entre las admiradoras de su colegio. No había llegado la mujer que lo haría enamorarse a primera vista, como a Krillin y a Trunks; o que lo hiciera amarla poco a poco, como pasó con Vegeta, Gohan y su padre Goku. Goten aún no se había enamorado, pero pese a ello, no perdía la esperanza de tener un futuro tan feliz —y disparatado— como el de sus allegados. Aunque, si algo tenían en común todas esas parejas, es que su media mitad había aparecido de la nada, sin ir por la vida buscándola. Nada le imposibilitaba a Goten encontrar a su media naranja por casualidad… O, mejor dicho, a su media manzana.
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Fin.
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¡Muchísimas gracias por leer!
Dudé si poner esta historia aquí o por separado de este recuento, pero mi amor por sus reviews, sus mensajes y su favoritismo a este apartado ganó. ¡Los adoro! ;*
Me encanta leer sus opiniones y ánimos en cada actualización, juro que cada uno de ellos recompensa el tiempo y ansiedad de escribir ¡Que no acaben! :'D
¡Mucho cariño!
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PD1: Goku permaneció en toalla 7u7
PD2: Sus reviews son el fanservice romántico de mi Dragon Ball Supah Wah! (pishi Akira, eres la onda vital).
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