Advertencia: Fanfiction Angst. Puede contener violencia implícita o explícita, abuso de drogas, alcohol, y/o prácticas sexuales riesgosas.

Cronología: Basada en el universo cinematográfico de los Vengadores. Puede contener referencias al cómic. Después de "Era de Ultrón"


IX

Silencio.

—La tormenta está empeorando.

Bruce reacomodó sus lentes sobre el puente de su nariz, observando el paisaje teñirse en blanco. La tormenta atípica comenzaba a entrar en su fase más dura. Fuera, en la zona metropolitana, el nivel de la nieve ya comenzaba a ser un problema para el tráfico. Las autoridades recomendaban no salir más allá de lo necesario, mientras los refugios se habilitaban para recibir a las personas sin hogar. Con la situación climática actual, todos los servicios de emergencia estaban saturándose más allá de sus capacidades, evitando a toda costa que el caos se desatara.

Pero Bruce prefería pensar en la nieve, allá fuera. Olvidar por un momento la voz del telediario para concentrarse en el blanco invadiendo todo. La paz que le transmitía los esqueletos de los árboles, desde su ventana, tan pequeños y lejanos. Como una postal Navideña. Quería olvidarse de los periodistas en la televisión, repetir direcciones de refugios y pronósticos del clima. Olvidar la fotografía de Tony en cada maldito canal.

Esa mañana, los noticieros sólo hablaban de dos cosas: la tormenta invernal y el secuestro de Tony Stark. El ataque había dado suficiente material para que todos tuviesen una opinión al respecto. Incluso los canales de chismes estaban concentrados, ahora, en hablar sobre la separación del genio con Potts y teorizando sobre la posibilidad de que el cáncer fuera la causa de su retiro del ambiente público. Bruce suspiró sonoramente. Si no fuese porque conocía de cerca el historial médico del genio, seguramente llegaría a la misma conclusión. Las imágenes de la alfombra roja mostraban al multimillonario en un estado seriamente deteriorado. ¿Cómo es posible que ni siquiera Rodhes lo notara? ¿Acaso las personas más cercanas a su alrededor no veían que algo andaba terriblemente mal con Stark?

Se detuvo antes que su respiración comenzara a volverse rápida y pesada. Sería injusto con Potts o Rodhes, siendo que ninguno de ellos volvió a poder entrar en contacto con el genio por más que le intentaron. Luego de su pelea con Steve, su aislamiento fue más marcado y hermético. Y las únicas ocasiones que lo intentó, chocó de frente con la barrera de su asistente respondiendo por él.

— No tendremos más opción hoy —, resolvió Natasha, junto a él, con la vista clavada en su tableta digital.

El chillido del marcador contra la pizarra le obligó a girar tras él.

"¿Cómo sobrevivió?" escribió el Capitán desde su cama. Su rostro lucía menos pálido que un par de horas antes, cuando despertó. Aún se encontraba débil, una condición severamente extraña en un ser humano mejorado con el suero del súper soldado, y sus cuerdas vocales parecían seguir afectadas, por lo que Bruce decidió sería sensato mantenerlo en silencio hasta nuevo aviso.

— No lo sabemos —contestó la pelirroja —sólo, sabemos que estaba vivo aun cuando le capturaron.

Steve sintió la presión en su pecho crecer.

"¿Cómo?", escribió.

Natasha torció la boca, en un gesto incómodo. Se incorporó de su asiento hasta posicionarse a su lado. Tecleó varias órdenes en su tableta y luego se la cedió. La imagen mostraba una cámara de vigilancia oculta en algún punto del marco superior del escenario. El campo visual era el auditorio en general. Gracias a su modo nocturno, era fácil observar el movimiento del público. Observó al objetivo que Steve debía seguir aquella noche, levantarse de su asiento para salir al foyer. Ese era el momento en el cual él abandonó su posición. La cinta corrió en cámara rápida hasta el momento donde comenzaron los disparos. Los asistentes en planta baja se echaron al suelo, cubriendo sus cabezas en un intento absurdo de salvarse. Fue entonces que la cámara movió su objetivo un poco más arriba, de donde provenían los disparos: era el palco donde se encontraba Stark. Los sicarios disparaban sin objetivo fijo a todo el público, mientras, a su derecha, se libraba otra batalla. Los elementos de seguridad del multimillonario peleaban por desarmar a los captores, equipados con máscaras. Y luego, escuchó un sonido sordo y el siseó de un gas. La imagen comenzó a llenarse de niebla que dificultaba la imagen. Pero aún tras ella, la escena era legible: los custodios de Stark cayeron de inmediato, inconscientes. Allí fue cuando los captores los liquidaron a quemarropa, sin dificultad alguna.

Natasha enfocó la imagen en el genio: desde las pulseras que le vio colocarse unas horas antes, desplegó un guante metálico, una parte de su armadura. Luego le vio hacer el gesto que ya conocía desde hace años: levantó la palma de su mano contra sus atacantes. El disparo salió sin aviso, pero aún con la corta distancia entre el genio y sus enemigos, no logró su objetivo. Stark siguió atacando, pero su puntería era errática, como si estuviese borracho. Probablemente el gas le estaría afectando. Al no ver resistencia alguna, sus captores se acercaron hasta derrumbarlo. El genio peleo en vano. Eran demasiados y muy fuertes para él. Era como ver el secuestro de un niño indefenso. Sus golpes y movimientos eran inútiles. Y algo dentro de Steve dolió al ver esa imagen: luchando sólo, tan débil, sin posibilidades ni ayuda alguna. Podía verle, en su memoria, con su ahora frágil complexión, cansado y aterrado. Hecho un ovillo en la terraza de la Torre Stark.

La espía decidió que era suficiente, retirándole la tableta.

— Cuando la niebla descendió, Stark ya no estaba allí—concluyó ella —Eso fue unos minutos antes que aparecieras en la escena y el gas te afectara.

Steve aún tenía problemas en recordar los últimos minutos antes de caer inconsciente. Pero el pesar de no saber de Tony seguía allí, en su pecho.

"Interrogatorios", escribió en su pizarra.

— Un ejército de abogados llegaron tras su captura —le explicó Natasha, observando como Steve borraba su pizarra para garabatear de nuevo en ella —No han hablado más que lo necesario. A pesar de los inconvenientes, los tenemos donde queríamos. Decomisaron todo el arsenal con ellos.

"Wanda" decía el garabato de Steve.

— Entiendo tu idea Cap —le respondió Bruce —Pero no podemos utilizar a Wanda como detector de mentiras. Iría contra varias enmiendas y un montón de leyes.

Steve negó con el cabeza, frustrado.

— …al menos no de forma oficial —añadió la espía, logrando que Bruce saliera de sus cavilaciones.

— ¿Lo hizo? —murmuró Bruce, observando el ir y venir de los agentes, fuera de la habitación.

Natasha se dibujó una sonrisa juguetona.

— No están mintiendo —resolvió ella, volviendo a ensombrecer su mirada —al menos no sobre el ataque. Hablan en serio, no tuvieron nada que ver con ello.

Steve la observó, perplejo.

"Rastrear a Stark", escribió.

Bruce se cubrió la boca con su mano, en un gesto preocupado. Apenas y había hablado desde que se enteró de lo ocurrido. Steve pensó que era porque su mente estaba trabajando a toda máquina, buscando una solución. Natasha observó al científico girar de vuelta al ventanal, observando la tormenta.

— Visión encontró los nano-chips de Stark a unas calles del teatro —explicó Natasha —al parecer sus captores sabían de su existencia y se los quitaron antes de ir más lejos.

Steve cerró los ojos lentamente. De pronto, deseaba volver a estar dormido.

— Cerrarán el helipuerto —murmuró Bruce, junto a Natasha, aún hipnotizado por la espesa tormenta. La pelirroja podría asegurar que aquello era relajante para el científico. Una forma de canalizar su atención a algo que no le obligara a ponerse verde. Bruce había sido quien reconoció los nano-chips. Eran apenas más grandes que unos granos de arena, y cuando Vision se detuvo en aquel sucio callejón mientras rastreaba la señal de Stark, Bruce encontró el rastro de sangre, donde apenas brillaban los diminutos puntos azules. Sólo Visión logró comprender porque el doctor se alejó del lugar, controlando su respiración. Los nuevos nano-chips en el cuerpo del millonario habían sido diseñados con ayuda de Banner y Cho. El tiempo de respuesta había sido demasiado lento, y los raptores tuvieron tiempo de sobra para filtrar los nano chips del cuerpo de Stark, algo que sólo podría lograrse luego de horas en un hospital, o forzándolo por algún dispositivo específicamente diseñado para ello. Por el tiempo de extracción, Bruce les aseguro, fue el segundo método. Un procedimiento que, en palabras del científico, debió ser muy doloroso. Natasha entendió, entonces, porque parecía mantenerse a raya del evento. Cada pequeña pista lo ponía en el borde.

— Steve —lo llamó suavemente la espía —sé que puede ser muy frustrante, pero allí esta nuestra primera pista.

El aludido abrió los ojos, cansado.

— Sólo dos personas, además de Stark, sabían de la existencia de los nano-chips —indicó Natasha — y sólo una de ellas, sabía que Stark tenía más de seis meses con ellos dentro de su cuerpo.

Bruce giró de nuevo hacia ellos.

— Eran experimentales aún —explicó —eran la versión alfa, pero Tony… —hizo una pausa, como si pronunciar su nombre fuera doloroso —…ya lo conocen. Es impulsivo, y no podía esperar a usarlos. Así que se extrajo los que ya portaba para cambiarlos por éstos. Me hizo prometer que no le contaría a Helen, o no volvería a trabajar con él de nuevo.

Natasha le dedicó una sonrisa triste, como premiando su honestidad.

— Nadie más podría saberlo.

— Hasta ahora —murmuró Romanoff, volviendo a su tableta.

El rechinar del plumón contra la pizarra devolvió la mirada de la espía al soldado.

"Sus enemigos".

— Demasiados para investigarlos a todos —dijo ella.

"¿Rescate?"

— No hasta el momento.

"¿Cuánto tiempo?"

Ella torció la boca, incómoda.

— Steve, no necesitas atormentarte con esto.

El soldado levantó la pizarra, como si repitiera la pregunta.

— Trece horas con treinta y dos minutos —le respondió.

Bruce se dio la media vuelta y salió de la habitación ante aquel dato. Natasha clavó la mirada por donde el científico desapareció.

"¿A dónde va?" escribió Steve.

— A tomar aire —concluyó ella —Todo esto es demasiado para él.

Steve giró su cabeza hacia la puerta, a su derecha. A través de la mirilla, podía ver al par de agentes que custodiaban su habitación. Y eso le irritó, porque no lo merecía, no lo necesitaba. No él, no ahora. Debían estar todos tras Stark, y no allí, cuidándole. No allí mientras era un inútil, porque ahora mismo se sentía tan inusualmente débil. Cómo si hubiese vuelto hace 70 años en el tiempo y fuera aquel chico enfermizo de Brooklyn.

— El pentágono ya desplegó varias unidades de investigación y rastreo —comentó la pelirroja, como si pudiera sentir la desesperación de Steve.

No era suficiente. Pero nunca sería lo suficiente si él no estaba allí para hacerlo. Para buscarlo.

"Víctimas" escribió en su pizarra.

Natasha seguía inmersa en su tableta, y apenas dio un vistazo para verle.

— Demasiadas Steve —murmuró.

"¿Cuántas?"

Natasha suspuró, cuando leyó su pregunta.

— Si de verdad deseas ayudar, descansa y sal de esa cama pronto —sentenció ella.

Steve no refutó. Un par de horas antes, la noticia sobre el secuestro de Stark lo alteró demasiado. Natasha llamó a Banner antes que Hill lo supiera. Una jeringuilla y una hora más tarde, tenía la suficiente claridad de lo ocurrido. No le pidió que regresara cuando la pelirroja se incorporó de su silla y salió. Había hecho suficiente por él. Pero no podía dejarle.

Más de doce horas.

Su estómago se revolvía solo de pensar lo que pudiese estar pasando el genio, si es que aún le conservaban con vida.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Activó la interfase para simulación de crecimiento celular. Observó como el monitor comenzó a generar gráficas de forma intercalada en varias vistas y escalas, hasta que terminó, enviando un mensaje de proceso terminado. Forzó a su mente a leer los resultados, analizar y volver a teorizar. Pero ni toda su concentración lo alejaban de lo que ocurría fuera de su laboratorio.

Inhaló y exhaló rítmicamente. Por más que lo intentara, su corazón seguía insistiendo en acelerarse dentro de su pecho. Bruce solo quería paz. Paz, y no recordar aquella tarde, que encontró a Stark inconsciente en su laboratorio. O el recuerdo de su rostro alterado y ojeroso, divagando sobre supuestas filtraciones en el sistema de seguridad. El escuchar sus sollozos entre sueños, cuando caía rendido sobre su escritorio luego de una irracional jornada de trabajo. Y quizá lo había logrado, durante meses, olvidar que algo no estaba bien. Y ese fue su error. Era imposible no anticipar que Stark cayera en un estado destructivo de nuevo. Verle alejarse, ocultarse y masacrarse lentamente. Y ahora estaba allí, luchando por respirar sin ser realmente de ayuda. Porque ahora ni siquiera Hulk podía encontrarle ni destrozando la ciudad entera. No sin tener rastro de él.

— Bruce, te necesitamos —comentó Natasha, entrando al laboratorio. Tras ella, Wanda, Vision y Rodhes le seguían.

El científico suspiró, como si todo aquello solo fuera la continuación de su pesadilla.

— ¿A quién necesitan aplastar? —inquirió, moviendo su cuello para relajarlo.

— Doctor, es sobre la huella química del arma usada —aclaró Rhodes —nuestro equipo no está teniendo avances importantes y creemos que usted sería de mucha más ayuda.

Banner giró hacia ellos.

— Además de Steve, ¿hay algún otro sobreviviente en el cual el daño sea menor para analizarlo? —inquirió él, sabiendo la respuesta.

— El equipo de asalto encontró esto —comentó Wanda, depositando con cuidado lo que parecía una lata, de envoltura negra.

— Son las que usaron anoche —aportó Rodhes —ésta, por alguna razón, no se activó. Necesitamos que analice la composición y si la elaboración puede arrojarnos alguna luz sobre los captores.

Bruce clavó su vista sobre la lata. Parecía una lata de pintura en aerosol cualquiera. Bien pudo estar escondida en algún almacén sin problema.

— La señorita Maximoff y yo quedaremos a su disposición si desea nuestra ayuda —comentó el androide —puedo apoyarlo con simulaciones y la señorita Maximoff en caso de que el artefacto estalle y se vuelva peligroso.

Bruce tragó saliva. Por lo que a él respecta no era necesario. En cuanto el gas entrara en su sistema respiratorio el otro sujeto saldría para evitar el daño.

— ¿Cuántos continúan con vida? —inquirió, tomando con cuidado la bomba.

— Nueve, además de Steve —resumió Wanda, tras él.

Banner cerró los ojos, sintiendo todo el peso del atentado. Los que no habían muerto por el gas, habían sido víctimas de la ráfaga de disparos. Otros cuantos desafortunados, de ambos.

— Bien señores, tenemos trabajo que hacer —repuso Banner, antes de regresar a su ordenador.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Si vuelves a perderlo, no te lo devolveré —el rostro de Stark irrumpió en su campo de visión. Portaba su armadura, y su casco estaba abierto. Le sonreía, con ese gesto presuntuoso que le caracterizaba. Sus mejillas lucían enrojecidas, quizá, por el esfuerzo físico de la batalla. Su rostro lucía saludable y su mirada brillante, como el Stark de siempre. Tomó el escudo que le ofrecía y se incorporó.

¿Qué? —Espetó él — ¿Vas a quedarte allí todo el día mirándome?

Steve sonrió. Una cálida y pacifica sensación invadió su pecho. Sí, quizá se quedaría allí, mirándole todo el día.

Si el jet te deja, no te llevaré en mi espalda —advirtió Stark, alejándose a través del paraje nevado.

No, espera… —lo detuvo Steve.

¿Olvidaste algo?

Si —musitó cuando el genio giró de nuevo hacia él. Steve tardó un momento en accionar sus pies, como si estuvieran congelados, pegados al piso. Camino la distancia que lo separaba de Stark, antes de atraerlo hacía sí mismo. La armadura estaba fría, pero a Steve le parecía reconfortante sentir el gélido metal entre sus brazos. Tan cerca de él.

¿Capitán?

Lo siento —murmuró Steve.

— ¿Capitán Rogers?

Steve forzó a levantar sus párpados. Un médico revisaba su tableta y los monitores a su alrededor. Suspiró fastidiado. Por una vez, quería volver a soñar.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

5 DE ENERO, 21:49 HRS, CENTRO DE LOS VENGADORES, NORTE DE NUEVA YORK.

— ¿Alguien me puede explicar cómo es que con todo un equipo de asalto en campo lograron secuestrar al mayor contratista de energía del país? —rugió Fury, entrando al centro de mando.

El silencio se instaló ante su presencia. Unos cuantos agentes de alto rango palidecieron al verle. El moreno cruzó en silencio la sala, antes de llegar a la mesa de juntas, donde Hill dirigía los esfuerzos en la investigación.

— Deben estar bromeando —chistó, al ver al Capitán, al fondo de la mesa, aún en silla de ruedas y con mascarilla de oxígeno. Aún necesitaba cuidar sus vías respiratorias, pero se sentía lo suficientemente repuesto para salir a enfrentar la situación.

— Él insistió —aclaró Hill. Steve no sabía si la elección de palabras era algún tipo de indirecta por su desacato la noche anterior sobre el transporte de Stark.

— Hasta que pueda mantenerse en pie, no nos es útil Capitán —escupió Fury, volviendo al resto de la mesa. Natasha se guardó una sonrisa ante el comentario. —Díganme que tenemos más que una bomba pesticida.

Hill intercambió miradas con sus asistentes.

— Los raptores sabían de los nano-chips que portaba Stark, señor —informó Hill—Los encontramos a unas calles del teatro. Había un pequeño rastro de sangre que coincide con la de Stark. Era información que sólo era del conocimiento del Dr. Banner.

Fury hizo una pausa, cavilando la información.

— Con que tenemos un soplón —dijo el moreno, más para sí mismo.

— ¿Disculpe Señor? —inquirió Hill, intentando seguir la línea de pensamiento de su superior.

Natasha gesticuló, de pronto, con un gesto de sorpresa. Un soplón. Si Banner no había revelado dicha información a nadie – no era necesario poner en tela de juicio la honestidad del científico – entonces, indudablemente, alguien más conocía dicho asunto. Quien fuese tan cercano para saberlo, debió dar esa información a sus captores. A partir de aquel soplón, podrían tirar la cuerda sobre su paradero.

— Torre Stark —musitó Natasha, ganándose la atención de Fury y el resto —Necesitamos todos los registros de la torre.

Steve y el resto de agentes la observaban, confundidos.

— Quien supiera esta información, debió ser alguien cercano a Stark.

"Aislado" garabateó Steve en su pizarra.

— Esto es deprimente —murmuró Fury, observando el medio de comunicación del soldado.

— Y eso nos facilita las cosas Cap —explicó Natasha, como si fuera la cosa más obvia del mundo —Tony Stark pasó los últimos seis meses aislado en su torre con contadas excepciones, por lo que la mayoría del contacto humano lo estableció dentro de su Torre. Sólo necesitamos indagar en sus registros para tener una lista de sospechosos.

— Eso sería fácil si continuara siendo la Torre de los Vengadores —recordó Hill —pero Stark es un civil ahora. Y la torre es propiedad privada.

Steve asintió ligeramente.

"…aunque olvidas un pequeño detalle: Propiedad privada Capitán, yo decido quién entra y a quién lanzo por la ventana."

— ¿Por qué aún no tenemos la orden del juez aquí? —espetó Fury, logrando que todos en la mesa se levantaran de inmediato.


Respuestas a reviews:

Fio Gonzlez: Ya tendremos noticias del genio pronto. ;)

MisaoxMori: Steve buscará a Tony, así sea lo último que haga.

Alessandra Von Grey: Creo que Tony siempre le cuesta aceptar cuando alguien le afecta…de esa manera.

Gracias por seguir la historia. Son un amor.

Hasta la próxima

Bethap