Primerizos 9
- ¡Edward! ¡Ven para acá! – dijo Esme mientras veía a su hijo correr precariamente por el pasillo del supermercado. Suspiro y caminando con el carrito más rápido se acercó a él - ¡Edward Cullen! ¡Te estoy hablando! – dijo con voz más fuerte y dura. No estaba enfadada, pero su madre, en su última visita le había advertido que debían colocarle límites a Edward, que por muy hermoso y tierno niño que fuera, si era un malcriado no le agradaría a nadie.
- Papá – fue lo único que respondió su hijo mientras apuntaba hacia el otro pasillo con el dedo. Esme rió.
Faltaban dos días para que su hijo cumpliera un año, y tenían programada una gran fiesta para él, vendría toda la familia, ya que muchos no lo conocían aún. Estarían los amigos de la familia y habían invitado a los niños pequeños del pueblo. Ahora, se encontraban en el supermercado de PortAngels que tenía más variedad de cosas, comprando todo lo necesario y Edward andaba como loco. Ya tenía la confianza suficiente para caminar y no hubo manera de lograr que se sentara en el carrito para niños que otorgaba el Supermercado.
Edward estaba presentando cierta ansiedad cuando alguno de sus padres no estaba, pero en su ultima visita al medico, Eleazar había dicho que era normal, era parte del sentido de dependencia que el creaba, más aun cuando estaba en lugares abiertos con más personas.
- Mamá ¿Papá? – pregunto Edward frunciendo el seño. Esme se acercó a él y le mostró los brazos. De inmediato su hijo levanto los suyos. Así que Esme lo tomo y le besó la frentecita y eso hizo que su hijo relajara el seño.
- Papá ya viene mi amor – le dijo sonriendo. El rubio pelo de su hijo era muy delicado, como una pelusita y se le hacían rizos en las puntas dándole un toque angelical. Además que sus verdes ojos contrastaban con su muy blanca piel y sus espesas pestañas que eran envidia de muchas mujeres, parecían pestañas de comercial de rimel. Edward balbuceo algo inentendible y Esme le sonrió. Ella siempre le respondía algo, era una forma de estimular a su hijo.
- ¡Papá, papá, papá, papá! – comenzó a gritar Edward haciendo que algunas personas que pasaban por ahí comenzaran a reír y pronunciaran sonoros "awww". Se le había pegado esa costumbre a su hijo cuando hace una semana antes estaba jugando con sus bloques en el living y daban un especial de Queen en la radio. Cuando tocaron la canción Bohemian Rapsodhy y se escuchaba la inconfundible voz de Freddy Mercury cantando "Mamma uuhh" Edward comenzó a reír y empezó a gritar como loco "mama, mama, mama, mama, uuuuuuh". Así que ahora cada vez que quería a alguno de sus padres empezaba a repetir su nombre. Ella solo reía, su bebe tenia una voz tan dulce que a nadie le molestaba.
- ¿Qué ocurre, campeón? – pregunto Carlisle cuando llegó a su lado prácticamente corriendo con unos paquetes de malvaviscos. Su rubio pelo y sus ojos azules resplandecían. Nada lo hacia más feliz que escuchar a su hijo llamarlo, sentir como su bebe lo necesitaba. De inmediato Edward estiró sus brazos hacia él y su padre lo tomo después de dejar las bolsas en el carrito.
- Miau – respondió Edward indicándole con un dedo un cartel que ofrecía una oferta para alimento de Gatos – Ewar miau.
Esme rió. Su pequeño tenia cierto amor por los animales y siempre pedía un guau o un miau, incluso un piopio cuando veía un pajarito, y así como iban se lo terminarían comprando, alguna inofensiva mascota para que su hijo tuviera con que jugar.
- Si Edward, un gato – le respondió su padre.
- Ewar miau – continuo
- Si Edward, ya se que quieres un gato – respondió cansinamente su padre, a él no le gustaban mucho las mascotas.
- Papi, Ewar a miau – dijo mirándolo haciendo un puchero.
Carlisle simplemente suspiro, y Esme de inmediato supo que su hijo tenia la batalla ganada.
- ¡Está tan grande! – dijo Aro con una sonrisa. Ver a su nieto tan feliz persiguiendo a su amiga y vecina Alice le sacaba una sonrisa a cualquiera. Ellos no lo veían hace dos meses, y era increíble todos los cambios que su nieto había manifestado en tan poco tiempo. Ya decía algunas palabras, caminaba y corría y aplaudía todo lo que le gustaba. Era un niño muy inteligente. Sabia cual era su boca, su nariz, sus orejas, sus ojos, su pancita, sus piernas, sus brazos y manitos. Cuando llegaron no se había dado fácilmente, pero luego de un rato no quería soltarse de los brazos de su abuela y sonreía mucho cuando él le hablaba.
- Si, no me gusta que crezca tan rápido – añadió su hijo por lo que se rió
- Yo pensé lo mismo cuando eras un crío, Carlisle, pero ya vez ¡Tengo un nieto! No te darás ni cuenta cuando me haga bisabuelo.
Ambos rieron mientras Esme con su madre colocaban más bocadillos en las mesas. Todo era muy alegre. Los niños más grandes reían y corrían por todo el lugar jugando con las pistolas plásticas que ella había comprado. Edward estaba totalmente ajeno a eso, corría lentamente detrás de Alice. Estaban en un corral habilitado en el patio que era bastante grande y ahí se encontraban todos los niños de la edad de Edward, como el hijo de los Newton, de Crowley, Mallory, Stanley, Cooper. El no compartía con ellos, que jugaban cada uno en su mundo con cubos y sonajas.
Los adultos comían y bebían refrescos comentando los adelantos de sus pequeños, sonaban orgullos por cualquier logro de sus hijos.
- Tía Esme, tío Calisli – dijo Emmett corriendo hacia ellos.
- ¿Qué pasa Emmett? – pregunto Esme sonriendo a ese pequeño al que ella quería como a otro hijo y que Edward adoraba.
- Eddie se cayó y no alcanzo a pasarme al corral – dijo sonando bastante preocupado.
De inmediato ambos padres corrieron hacia el lugar, preocupados sobre todo por que su hijo no llorara, ese era mal indicio.
La imagen que vieron los consternó. Edward estaba boca abajo en el suelo tratando de levantarse, mientras Alice lo tiraba tratando levantarlo.
- ¡Cariño! – grito afligida su madre, metiéndose adentro del corral fácilmente y tomándolo en brazos.
En cuanto Edward sintió el calorcito y la voz de su mamá empezó a sollozar débilmente.
- ¿Está bien? – preguntó su abuelo, Edward, padre de Esme que se acercó rápidamente al lugar.
- Ahora le acaba de dar una crisis de mamitis aguda solamente – añadió Carlisle. Cada vez que Edward tropezaba o caía se trataba de levantar solo y hacia como si nada, pero en cuanto llegaba Esme comenzaba a llorar, solo para que su madre lo regaloneara y le colocara más atención.
Ambos rieron y Carlisle ayudo a su esposa a salir de corral.
- ¿Por qué no lo revisas? – Dijo mirándolo con preocupación – Se puede haber hecho daño
- Esme, no se golpeo en la cabeza y sus rodillas están en perfectas condiciones – agrego Carlisle con una sonrisa – Amor, colócale su gorro, ya es hora de que le cantemos el cumpleaños feliz.
Edward no quería su pequeña coronita de rey, se la sacaba cada vez que su mamá o alguna de sus abuelas trataban de colocársela.
- No, Eward no – repetía ya un poco rojo por la molestia.
Todos reían a causa de la molestia del pequeño. Sus abuelos trataban de distraerlo, pero al final lo logro su padre al mostrarle la torta con la vela encendida que llevaba hasta el. De inmediato todos comenzaron a cantarle el "cumpleaños feliz" y Alice aplaudía sin entender que sucedía en su entorno, mientras los demás niños de su edad estaban distraídos apretando los malvaviscos que les habían entregado, otros mirando la llama de la vela con forma de uno y los mas grandes cataban emocionados. Luego todos aplaudieron esperando a que Edward soplara la velita.
- Vamos Edward, sopla – lo alentaba su madre. Hace unos días le habían enseñado a soplar así que ella hizo el gesto y de inmediato Edward comenzó a imitarla hasta que después de unos intentos lo logro. Todos aplaudieron y él también lo hizo feliz.
Lo colocaron en el piso con varios de los regalos que le habían traído, el solo miraba los papeles de regalos llenos de colores, y sus padres comenzaron a ayudarle a romper el papel de los regalos y el sin mirar el juguete se entretenía aplastando los papeles fascinado por el sonido que estos producían. Le regalaron balones de futbol, autitos de carrera y juegos didácticos. También libros de género con grandes dibujos.
- Ahora, viene el regalo de papá – dijo Carlisle trayendo consigo una gran caja con un inmenso moño azul.
- ¡Papá! – grito su hijo.
Edward miro la caja, solo tenía que levantar la tapa.
- Vamos Edward, levanta la tapa – le indicó su mamá con una gran sonrisa mientras sus abuelos sacaban fotos como locos.
Edward se levantó y camino hasta la caja y con cautela levanto la tapa mirando que contenía.
- ¡Guau! – grito emocionado. Todos rieron ante el entusiasmo del pequeño que aplaudía feliz mirando el pequeño labrador Golden retriever que comenzó a ladrar alegremente.
Carlisle sonrío. Aunque no le gustaban los animales sabía que ese era el regalo perfecto para su hijo, ya que un gato lo podía rasguñar ante un niño que lo tomara en brazos y lo molestara mucho, en cambio el cachorro aun no tenía la fuerza para provocarle una mordida grave y se acostumbraría.
Sacaron el perrito de la caja y todos los niños se vieron entusiasmados ante la mascota, sin embargo el más feliz era Edward, al fin tenía su guau.
N/A: Espero les guste, estoy escasa de creatividad, espero sus reviews. Las que quieran escuchen la canción de Queen, es muy buena =)
