Shaic dormía. Esto era algo sorprendente ya que, cuando se tumbó en una de las literas de la habitación izquierda del Halcón de Ébano, dio por hecho que era una pérdida de tiempo, que no iba a ser capaz de conciliar el sueño después de los recientes acontecimientos de Taris, de los que no podía evitar sentirse, en cierto modo, culpable. Y, si conseguía dormirse, había pensado, sería aún peor, ya que probablemente tendría pesadillas sobre gente gritando y muriendo bajo la impasible mirada de la nave que estaba bombardeando la ciudad. Pero no fue así.
Es cierto que le costó dormirse. Su cabeza había estado dando vueltas y vueltas sin aterrizar en ningún sitio en concreto, atormentándolo, y cuando acabó durmiéndose, ya estaban prácticamente en Dantooine. Sin embargo, una vez se durmió, soñó algo que no tenía nada que ver con Taris ni con la guerra, al menos en apariencia.
Soñó que se encontraba en un extraño lugar. Parecían unas ruinas muy antiguas y las sentía rebosantes de energía, o mejor dicho, de Fuerza. Entonces él se acercaba a una puerta. Podía sentir su excitación por lo que había tras esa puerta, que era lo que había ido a buscar, pero era incapaz de saber lo que era, como si su mente se negara a decírselo. Entonces, Shaic extendía una mano enguantada ante la puerta y lo movía… utilizaba la Fuerza. La puerta comenzaba a abrirse...
Llegaron a Dantooine. El Halcón de Ébano aterrizó, y Shaic se despertó de golpe. Sacudió la cabeza y frunció el ceño, contrariado por el extraño sueño que había tenido, pero no le dio importancia. Se levantó y se dirigió a la salida de la nave; tocaba jugar un rato a los Jedi con Bastila antes de poder regresar junto a la armada de la República.
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Shaic salió del templo Jedi bastante malhumorado. No podía evitar respetar a los Jedi por el mero hecho de serlo, pero visto lo visto, empezaba a dudar de que fuera la mejor idea ponerlos al mando del ejército de la República.
Tras el aterrizaje en Dantooine, Bastila se había empeñado en hablar con el Consejo Jedi a solas, y Carth y Shaic habían aprovechado ese rato para hacerse con provisiones en las tiendas de la plataforma de aterrizaje. Mission los acompañó a petición de Shaic, quien se pasó todo el rato gastando bromas, a menudo haciendo el tonto para hacerla reír, y lo conseguía. Shaic no soportaba pensar en lo afectada que tenía que estar en realidad Mission tras la destrucción de Taris, a pesar de que ella intentara aparentar ser fuerte.
Cuando vino Bastila, les sorprendió diciendo que los Maestros querían hablar con Shaic... Extrañado, él acudió, sin esperar en absoluto lo que ocurrió allí. Los Maestros comentaron la posibilidad de entrenar a Shaic como Jedi, y luego empezaron a poner pegas. Nada tenía sentido. Una cosa es que se negaran por la edad de Shaic, que era comprensible, pero el Maestro Vrook Lamar, un hombre que parecía estar permanentemente malhumorado, decía que era peligroso entrenarlo por si Revan volvía, lo cual no tenía ningún sentido. Además, en caso de que volviera, ¿de qué forma iba a afectar peligrosamente a Shaic si lo entrenaban como Jedi? Luego, los otros Maestros le decían que estaban pensando ignorar el hecho de su edad porque era un "caso especial". Estuvo tentado de preguntar qué tenía de especial su caso, pero en vista de que a aquellos Maestros les faltaba algún que otro tornillo, acabó mordiéndose la lengua. Porque luego alegaban como excusa que estaban necesitados de Jedi, ya que muchos estaban cayendo al Lado Oscuro. ¿De qué forma le hacía eso importante? Es decir, si simplemente necesitaban Jedi, ¿qué tenía él de especial para que discutieran tanto entre ellos cosas sin ningún sentido aparente?
A pesar de la falta de lógica de todo esto, Shaic pudo sacar una cosa en claro: Los Jedi le ocultaban algo. Y esto solo aumentaba sus ganas de saber qué era, y por qué se lo ocultaban. Sospechaba que estaba en cierto sentido relacionado con algunas de las dudas que tenía últimamente. ¿Qué derecho tenían ellos de ocultarle cosas que... no podía saberlo, pero probablemente fueran importantes? Estaba claro que por algún motivo, él asustaba a la Orden Jedi, a pesar de que a Shaic jamás se le ocurriría atentar contra la Orden. Pero no se le había pasado por alto la mención del Maestro Vandar sobre su poder "salvaje y desbocado", como queriéndole decir a Vrook que tenían que meter en la mente de Shaic los principios de los Jedi para evitar que ese poder fuera un peligro... Esta idea le inquietaba, era como si le quisieran lavar el cerebro.
En esto pensaba Shaic mientras se encaminaba, acompañado de Bastila y de un malhumorado Carth, al Halcón de Ébano para "dejarles deliberar". Shaic se dio cuenta de que estos Jedi empezaban a caerle realmente mal, mucho peor de lo que le había caído Bastila cuando la conoció. Seguía respetándolos, no sólo por educación, sino porque seguían siendo guardianes de la paz que buscaban ayudar a la República, por cuestionables que fueran sus métodos, y si acababan decidiendo entrenarlo, seguiría sus normas... por un tiempo, al menos. Especialmente si eso ayudaba a la República. Pero eso no quitaba que su comportamiento le diera rabia.
Cuando ya estaban a punto de subir por la rampa de acceso al Halcón de Ébano, Bastila habló, interrumpiendo sus pensamientos.
– Deberíamos descansar hasta que los Maestros nos vuelvan a llamar – dijo con su habitual tono autoritario, como si el que ella mandara fuera lo más normal del mundo y cuestionarla fuera impensable –. Hoy ha sido un día muy duro para todos y, por lo menos yo, no he dormido nada.
"Como ordenéis, majestad", pensó Shaic, pero se limitó a ignorar ese tono ya habitual en la voz de Bastila y a seguirle la conversación con normalidad. Pasaba de malos rollos con ella.
– Sí, yo apenas habré dormido diez minutos... – comentó mientras entraba.
Carth los siguió en silencio.
Esta vez le costó menos dormirse. Ya no tenía tan reciente la masacre y tenía otras cosas en que pensar, y aparte, estaba mucho más cansado. Así que se durmió. Y volvió a soñar.
El sueño era el mismo de antes, solo que ahora lo veía todo con mucha más claridad, muchos más detalles. Estaba en una especie de templo rebosante de energía... que podría ser denominada oscura. Un hombre calvo con tatuajes azules en la cabeza comentaba algo sobre el poder de la "Fragua Estelar", y... Un momento. ¿No era Malak? Sí, era Malak. A su lado, Darth Revan daba vueltas ante una gran puerta de piedra, pensativo. Entonces, sin contestar a su aprendiz, abría la puerta, hallando en la estancia contigua una especie de artilugio arcaico, que se abrió ante él, mostrando lo que parecía un mapa de la galaxia.
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Al final lo iban a entrenar como Jedi. Al parecer, tenía una especie de vínculo de Fuerza con Bastila que les había producido una visión -el sueño de Revan y Malak-, y los Jedis consideraban que debían ser ellos los que fueran a investigar las ruinas de Dantooine, ya que al parecer la Fuerza así lo había decidido. A Shaic le pareció bien, estaba deseando encontrar alguna pista que ayudara a la República a vencer a Malak, pero el Consejo decidió que era peligroso que fuera sin preparación, y que tenían que entrenarlo como Jedi antes de dejarle ir. Y por eso lo iban a entrenar. A él le exasperaba, no había tiempo que perder, desde luego no los años que se dedican al largo entrenamiento de un Jedi, pero cuando intentó protestar, descubrió que los Maestros no estaban dispuestos a ceder y que les inquietaba su impaciencia, y comprendió que el modo más rápido de hacer las cosas era actuar exactamente como ellos querían que actuase y aparentar estar de acuerdo en todo, para que le dejaran ir a las ruinas cuanto antes. Fue entonces cuando decidió que, para hacer su entrenamiento lo más corto posible, se esforzaría por hacerles creer que estaba de acuerdo con todos los principios de los Jedi, aunque no fuera verdad. Porque no había tiempo. Los Jedi decían ser los buenos, los protectores de la galaxia, pero por su exagerado temor al Lado Oscuro preferían perder tiempo en entrenarlo cuando a diario morían millones de personas por culpa de la guerra y la solución del conflicto podría estar en las ruinas de su sueño. Tal vez, los Jedis pasaban tanto tiempo rodeados de muerte y destrucción que aprendían a no permitir que les afectara, y esto los hacía insensibles al dolor de la galaxia. Shaic jamás podría estar de acuerdo con ellos en aquella supresión total de sentimientos o emoción. Pero eso se lo guardaría para él, claro.
Sus reflexiones se interrumpieron cuando abrió la puerta del Enclave Jedi y se encontró a Carth Onasi esperando con impaciencia. Shaic no contuvo una mueca de desagrado. La actitud de Carth desde que Shaic había hablado con el Consejo por primera vez dejaba mucho que desear, y Shaic se sentía a distusto en su presencia.
– ¿Qué te han dicho? – inquirió Carth.
– El Consejo Jedi ha decidido aceptarme en la Orden. Quieren comenzar mi entrenamiento en unas horas.
Carth frunció el ceño, contrariado. Shaic comprendió que le iba a tocar de nuevo aguantar sus paranoias y desconfianzas.
– ¿Qué? ¿Tú, un Jedi? ¿Por qué? Es decir... ¿no eres demasiado mayor?
– Carth, los Maestros han decidido hacer una excepción con él – respondió Bastila al lado de Shaic, que había ido con él a hablar con el Consejo.
– Eso es extraño. Siempre están hablando de los peligros del Lado Oscuro y la dificultad de entrenar a los adultos. ¿Por qué iban a hacer algo así?
Era cierto. El propio Shaic tenía sus dudas. Los Jedis habían decidido entrenarlo debido a las visiones y al vínculo de Fuerza con Bastila, sí, pero seguía sin terminar de encajar, y Shaic ya había llegado a la conclusión de que le ocultaban algo, y no le gustaba la idea. Lo cierto era que le habría gustado compartir sus dudas con alguien, le habría gustado poder hacerlo. Le podría haber explicado lo del vínculo de Fuerza, lo de la visión, lo de las ruinas de Dantooine, el temor de los Maestros por el Lado Oscuro y sus temores de que a él tampoco le estaban contando todo. Y quizá lo habría hecho, si Carth se lo hubiera preguntado. Pero Carth no le estaba preguntando, le estaba exigiendo respuestas, y eso le ponía enfermo. Llevaba aguantando aquella actitud desde que se estrellaron en Taris, pero ahora ya no tenía que trabajar con él para escapar y salvar a Bastila, y realmente no tenía por qué darle explicaciones de lo que le había dicjo el Consejo Jedi. Desde luego, sabía que no iba a encontrar en él el apoyo que quería.
– Francamente, no es asunto tuyo – le respondió, cortante.
– No me gusta que se me oculten cosas, Shaic, así que suéltalo.
– Y a mí no me gusta que estés constantemente dudando de mí, así que supongo que estamos en paz.
– Se trata de asuntos de los Jedi, Carth, y solo conciernen a los que estamos dentro de la Orden – intervino Bastila, mostrándose sorprendentemente de acuerdo con Shaic.
– Ya, pues mira por dónde, yo no me fío de tu querida Orden – le respondió Carth, malhumorado –. Ahora nos están ayudando, pero quién sabe por qué o hasta cuándo. Este movimiento que han hecho es inquietante, y no voy a quedarme aquí de brazos cruzados viendo cómo el Consejo hace lo que le da la gana sin dar explicaciones.
– Bueno, en ese caso no hay problema, porque no hace falta que te quedes aquí. Ya no tienes que esperarme para volver a Coruscant, porque me voy a quedar en el Enclave Jedi, así que puedes regresar con el ejército cuando quieras... – atajó Shaic.
Carth se quedó unos segundos en silencio, mirándolo con dureza.
– No, creo que no voy a hacerlo – dijo al fin.
– ¿Qué? – preguntó Shaic.
– No te va a ser fácil librarte de mí. He visto casos de personas con gran sensibilidad a la Fuerza ser rechazadas a pesar de ser más jóvenes que tú. Si han decidido entrenarte, debe de ser algo gordo, y quiero formar parte de ello, porque quiero poder ayudar a la República... Así como asegurarme de que no se actúa en su contra.
– Olvídalo. No quiero tener a un espía de la República a mi lado.
– Yo tampoco es que me esté muriendo de ganas, pero se me respeta, y el ejército puede presionar al Consejo para que aceptéis mi presencia, así que probablemente no te quede más remedio. En cualquier caso, ¿cómo puedes decir que soy un "espía de la República"? Se supone que tú también luchas por ella...
– Y lo hago, pero no quiero estar con gente que no confía en mí. Mira, haz lo que quieras, mientras dure mi entrenamiento no me importa que rondes por aquí, pero no esperes que te cuente nada. Después... ya se verá si los Jedis aceptan de verdad tus exigencias.
Carth gruñó como respuesta y se alejó de él, concluyendo la conversación. Shaic comprendió que el humor del soldado no iba a hacer más que empeorar, según pasaban los días y se veía atrapado en Dantooine sin poder hacer nada más que esperar a que el entrenamiento de Shaic concluyese, pero negándose a separarse de él para reunirse con el ejército. La perspectiva no era agradable. Shaic reemprendió la marcha en dirección al Halcón de Ébano, acompañado de una incómodamente silenciosa y altiva Bastila, con intención de entretenerse un rato en compañía de Zaalbar y Mission y olvidarse de todo lo que le esperaba.
Nota: Lo sieeento lo siento por haber tardado tanto y porque este capítulo sea tan corto T.T realmente tengo muy poco tiempo y estoy siempre hasta arriba de exámenes. Intentaré subir el siguiente cuanto antes, pero no prometo nada. Lo de siempre, necesito reviews por favor ^^ Gracias por leer!
