Bueno aquí les dejo mi deuda… 1, 2, 3. ¡Ahora!
Emma POV
¿Qué si me fue mal? ¡Humpf!– Solté una protesta. –Creo que no había visto tantos desastres o vivido tanto caos desde mis dulce 16. Es enserio, fue horrible. – Le comenté a Leah mientras escogía la ropa que me llevaría al campus.
Emma, creo que estas exagerando. Puedes hacerme un mejor resumen de todo, fue demasiada información como para procesar.– Refunfuño Leah mientras se tiraba dramáticamente en mi cama.
¡Leah! – Protesté. – Te he contado la historia como cinco veces. – Me volví a quejar. – Para mí que quieres escribir una historia sobre esto y hacerte rica.- No me contestó y lo tome como una señal. Tendría que repetir toda la historia.
El campamento de verano había sido un verdadero desastre. Nunca volvería a pisar un zoológico, en mi vida lo haría. Toda mi familia había acabado en verdadero desastre. Cuando mis padres regresaron nos fue peor de lo que creímos. Nunca habíamos visto a Carlisle enojado de esa forma. Mi mamá no tuvo tiempo de enojarse conmigo mientras me revisaban y preparaban para llevar al hospital. Suspire en señal de rendición.
Había pasado un mes desde nuestro pequeño incidente o nuestra tormenta personal. El campamento ya no era más nombrado. Sabía que más tarde todos lo recordaríamos como algo gracioso pero por lo pronto no debería mencionarlo enfrente de los demás. Tal vez en unos dos o tres años. Quince mejor.
Me entretuve en el baño vistiéndome. Nunca me había sido tardado o molesto, inclusive difícil pero desde el campamento todo cambio para mí, al menos en los próximos meses. Le repetí casi toda la historia a Leah mientras intentaba meter el pie sin lastimarme dentro de mi pantalón. Esto era como el mismo infierno.
¡Ouch!– Me queje cuando mi pie quedo atrapado dentro de los malditos pantalones entubados.
¿Estás bien?- me gritó Leah desde el cuarto.
Se me atoro otra vez. Da igual, ¿sigo con la historia o no?- Leah no tuvo que hablar porque yo ya sabía que asentía con la cabeza. –La imagen es algo graciosa si lo ves desde fuera.– Sonreí de pensarlo. –En serio, da risa. Bueno imagínate a todos nosotros sentados en la mesa donde desayunábamos. Jasper empapado, un Emmett con ojos llorosos y sangrando del pie, ambos con la ropa desgarrada; Alice y Rosalie por rara vez calladas y tan ciscadas que no podías pronunciar la "s" sin que se asustaran y entraran en ataque de pánico; Edward estaba sentado conmigo en su regazo y seguía chupando mi pie insistiendo en que todo el veneno no estaba fuera, yo arriba de Edward entre dormida y desmayada y con horrible dolor por todo el cuerpo eso sin mencionar el dolor de cabeza que tenía; y al último de la fila estaba el idiota de Adam vomitando sin cesar porque un zorrillo lo había orinado. Finalmente estaba mis padres, furiosos, es enserio ¡furiosos! Estaban que explotaban, toda la comida se había perdido, las casas de campaña estaban rotas, toda nuestra ropa igual y no se diga por mí.
Espera un momento. Edward te chupaba el pie, sabía que tenía fetiches pero nunca mencionaste eso.- Me interrumpió a media plática.
¡Leah! – La volví a regañar. – Las serpientes me mordieron en el pie, Edward estaba extrayendo el veneno, no chupándome el pie.
Pero tú dijiste que… - Levante una mano para callarla. – Continua… - Me concedió y le sonreí.
Gracias. EL punto es que estaban decepcionados de que mis hermanos no hubieran sido capaces de cuidarme. Mi mamá estaba muerta de miedo por mi pie, por toda mi salud pero mi papá decidió regañarlos primero. – Abrió la boca para interrumpir pero la amenace con la mirada. Decía algo más y no le volvía hablar en todo el día. – Cuando llegamos al hospital a la primera que atendieron fue a mí. No dejaban de repetirme lo afortunada que fui. Dos minutos más y mi pie estaría en el suelo. - Lo tenía morado y mi mamá casi estaba blanca del susto. – Después fueron a revisar a Emmett y Jasper. Emmett lo tuvieron que vacunar seis veces en el estomago, a Jazz no le hicieron nada. Preferí escuchar los gritos de Em, no quería tener un hermano con rabia en la casa, si de por si se porta como animal. - Ambas reímos. - Rose y Alice regresaron a la normalidad cuando vieron mi pie, se disculparon dos semanas enteras. Mamá y papá han hecho como que nada paso. Solo dicen "Fue un desastre y Emma salió herida. Estamos muy decepcionados con ustedes, no pudieron cuidar a su hermana menor. Es la más pequeña y fue la que salió herida." - Imite la voz de mi padre tan bien que Leah se dobló de risa.
En fin. Creo que nos pudo haber ido peor y por lo que sé Adam no se me va a volver a acercar nunca más. Se preocupo por mi y bla bla pero cree que el hecho de que siga apestando es mi culpa. Que puedo decir, esta ardido. – Leah dejo escapar un "uuuuh".
Salí del baño con una sonrisa victoriosa. Me había logrado poner unos apretados pantalones entubados aun con el pie vendado. Me había lastimado en el proceso pero lo logre. – Ahora una blusa – declare. Hacía frio, estaba en bra caminando con muletas por todo mi closet mientras Leah me veía con fija atención desde mi cama.
¿Y Edward? – Ups. Punto fijo, golpe bajo. Sentí como el aire se escapaba de mis pulmones mientras intentaba recomponerme. Sabía a lo que se refería. Puede que Edward y yo estemos bien ahora pero ella insistía en recordarme los momentos raros. La puerta de mi cuarto se entreabrió y una conocida colonia entro hasta donde yo estaba. Sonreí al instante, se acababa de rasurar.
Bien gracias, ¿y tu Leah? ¿Dormiste cómoda? – Edward le preguntó. Mi mejor amiga adquirió un rojo tomate mientras asentía. – ¿Emma puedo pasar? – Preguntó antes de meter un pie dentro.
Claro, Edward, solo… - entro enseguida del "claro" sin siquiera dejarme terminar. Sus ojos se abrieron en forma de plato cuando me vio. Solo me reí, termine escogiendo una playera tipo polo blanca. – Lo siento. No recordé que eras tan paciente. Bueno, no es nada que no hayas visto antes. – Le guiñe el ojo y tanto Leah como él casi se desmayan. Su cara denotó incomodidad pero lo deje pasar. Ambos teníamos que trabajar en ello.
Nos vamos en veinte minutos. Deberían bajar a desayunar. YA. – Me advirtió.
¡Edward! - Me queje. - La paciencia es una virtud. Ademas, aun no me he puesto mis… mi zapato aun.- Traté de razonar.
¿Y por eso vamos a llegar tarde? – Hizo su paso hacia la puerta indicándole a Leah que nos siguiera. Obediente, Leah tomo nuestras mochilas antes de salir de mi cuarto cerrando la puerta detrás de ella. Bajamos a la cocina jugando y haciendo tonterías. Antes de que Edward me pusiera en la silla de la barra me aferre a su cuello.
No me has dado mi beso de buenos días.- Sabía que las cosas aun estaban extrañas pero no quería que entre nosotros cambiara nada, aun cuando mucho lo había hecho, complicando todo.
Perfecto.- Declaro antes de besarme. Libero una de sus manos y me acopló a su cuerpo. Metió una de sus manos entre mi cabello y me atrajo hacía él, su lengua hizo su camino recorriendo mi labio inferior haciendo que mis rodillas se hicieran débiles. Abrí mi boca como me lo había pedido, y su boca empezó a danzar con la mía. El sabor de Edward era tan dulce que sentí que me volvería diabética. Un golpe en la mesa me hizo entrar en razón. ¡OH POR DIOS! ¡¿Qué estaba haciendo?! Bruscamente me aleje de él y me hizo un puchero. - ¿Así está mejor? – Preguntó con sus sonrisa torcida danzando en sus labios. No sabía que decir… acto seguido recorrió sus labios con su lengua. Diablos.
Edward.- le advertí antes de que mi padre hiciera acto de presencia en la cocina.
Edward deja a Emma en la silla o no va a desayunar y aun así llegaremos tarde a la escuela. – Declaró antes de saludar a Leah y tomar una tostada de la barra. – En cinco minutos te quiero fuera en el auto. – Amenazó a Edward pero ambos sabíamos que me lo dijo a mí.
¿Papi, me vas a llevar tú? – Le pregunte mientras le daba una gran mordida a mi tostada.
Así es Emma, hoy te voy a llevar y a recoger. Mañana será Emmett el que te lleve pero Edward te va a recoger porque tienes cita con el doctor. El resto de la semana será mía. Emmett aparto la siguiente. – Fruncí el ceño. ¿Acaso la tortura iba a continuar? Tenía planeado todo el mes, de seguro si lo tenía. – Cierto. - Mi padre rio al ver mi cara. – Jasper la que sigue y ya sabes, Edward y Alice se están peleando por ver quién te va a llevar en tu última semana con las vendas. –
Fácil, Edward. – Sonreí pero unos pequeños y apresurados pasos me hicieron borrarla.
Ni lo creas, piojo. – Me regaño Alice señalándome con su pequeño dedo. – Esto es la guerra.- Le declaró a Edward.
Tiene razón Eddie, tendrás que comportarte de aquí a que esa semana llegue. Si eres buen chico igual y Alice pierda. – Le sonreí pero me frunció el seño mientras desaparecía de nuestra vista.
Leah y yo nos habíamos quedado solas desayunando.
Así que… - Me gire para ver a mi amiga mejor. - ¿Tú y Edward?- Me dijo en tono celoso.
¡No lo puedo creer, Leah! Sigues enamorada de mi hermano.– Grite tapándome la boca con una mano. Pensé que su extraña obsesión con Edward ya había pasado.
¡Shh! No, claro que no. – Me dijo con vergüenza escrita en la cara. – Es solo que se me hizo obvio. La forma en que te beso, lo besaste, Eddie… el coqueteo, ya sabes todo eso. –
Estaba a punto de meterme el último pedazo de tostada de la boca cuando otra boca se la comió de mi mano. Me enoje con Edward, ese era mi pedacito de tostada. Me giro con todo y silla mientras se inclinaba hacia abajo. Lo frio de mi zapatilla me hizo estremecerme con escalofríos. Edward rio mientras se fijaba que mi venda estuviera bien acomodada.
Perfecta- Dijo mientras me pasaba mis muletas. Había excedido mi tiempo y mi padre empezaba a sonar el claxon. Me dio un dulce besito en la mejilla antes de ir por mi chamarra y la de Leah.
Lo ves- Me susurró Leah antes de que mi hermano regresará. Nos puso a ambas nuestra chamarra, como un verdadero caballero, y se despidió de nosotros. Corrimos o bueno eso hizo Leah mientras yo cojeaba hacia el carro y nos metimos lo más pronto que pudimos.
Nuestro recorrido fue silencioso. Mi padre no nos permitiría continuar con el tema que habíamos empezado desde mi cuarto así que mantuvimos la boca cerrada. Recargue mi cabeza en la ventana y me puse a pensar en mis hermanos.
Emmett, Rose y Jasper estarían en ese momento en la Universidad. Ya estaban grandecitos como para seguir conmigo en la prepa pero no tenían ni una idea de cómo nos extrañábamos. Nuestros campus estaban casi juntos. La universidad de Washington había abierto un campus aun lado de la preparatoria del pequeño pueblo de Forks. Estaban haciendo reparaciones por toda la escuela para poner un puente que junte ambas escuela. Pronto podría volver a comer con mis hermanos.
Alice y Edward eran toda otra historia. Alice debería estar con Jasper y los demás y Eddie debería estar un año delante de mí, a punto de seguir al resto de mis hermanos. Pero no, ambos estaban ocupados con otras cosas. Alice había encontrado una fabulosa escuela de diseño cerca de Seattle. Era su tercer año ahí, de hecho le faltaba un mes más para poder graduarse. Para su mala suerte, los diseñadores necesitaban terminar la preparatoria así que tan pronto saliera de su escuela entraría a la mía, con Edward. Ahora que ese piojo estaba tan metido en sus propios asuntos que se había tomado unos cuantos meses para explorar las grandes posibilidades que tenia para su futuro. Por ser un matadito en la escuela desde hace dos años ya tenía empleos casi asegurados alrededor del mundo. La NASA, el gobierno, Microsoft, Apple, y un millar de lugares más lo querían, inclusive de modelo para Abercrombie. La escuela le había dado permiso de faltar un mes y medio a las clases para que pudiera ir a todas sus demostraciones y para pensarlo mejor. No tendría problema con los maestros ni con las calificaciones. Tengo que admitir que la visita a la NASA fue divertidapero me enojaba estar lejos de él. Deseaba ver el momento en que regresará a la escuela.
Así que en mes y medio todos los Cullen estaríamos de nuevo juntos. Tres en la universidad, tres en la preparatoria. Sería genial.
Suspire al ver a mi mejor amiga sentada a mi lado. Yo tenía amigos en la escuela, los quería conmigo. Llegaría a ser un problema eso. Piensa, piensa me dije. Ya sé, me turnaría, no me podía dividir en dos. Un día comería con mis hermanos y otro con mis amigos. No los podía juntar, mis hermanos odiaban a Jacob y mis hermanas acosaban a Seth. Leah no tenía problema con ninguno, ni siquiera con Edward.
Recordé que le debía una explicación y me dispuse a sacar mi celular. Le contaría todo de manera que mi papá no se enterara. Vía mensaje.
Lee,
Sé que te debo una entera explicación pero es la única forma que te lo puedo decir sin que mi papi o alguien más oiga nuestra conversación, la escuela tampoco es segura.
Esta es la última vez que te voy a explicar lo de del beso. Te lo estoy advirtiendo.
Edward me besó el día que las malditas serpientes me mordieron. Fue lo más increíble que he sentido en mi entera vida. Te puedo jurar por mi vida que fue la primera vez que bese a un chico. No me arrepiento, trate de negarlo todo este tiempo pero llego un momento en el que ya no pude continuar. Tú eres mi mejor amiga y te juro que te estoy diciendo toda la verdad. Besar a Edward… es algo increíble. Siento que mis huesos se vuelven esponjosos y que mis rodillas caen al suelo. Besa increíblemente bien. Delicioso puedo decir…. El punto es que después de nuestro primer beso estaba hecha un lio, estaba muerta de miedo por mis hermanas y sus gritos pero en gran parte de mi cabeza seguía repitiendo ese momento una y otra vez. Además de que fue mágico, delicioso, increíble, tierno y lo que quieras fue lo más raro de mi vida. Pude ver y sentir todo lo que Eddie sentía por mí. O lo que creía sentir por mí. En ese momento estuve confundida y llena de dudas pero ahora se toda la verdad.
Tecleaba de manera furiosa sobre mi teléfono haciendo que mi padre sospechara pero no importo, era ahora o nunca.
No me ama, Lee.
Ojos de plato que casi nos delatan, fue rápido pero por más que intento mi amiga no pudo disimular mucho tiempo.
El cree estar enamorado de mí, pero yo sé que no es así. Es solo un capricho que tiene. Creí que también nos pertenecíamos, lo acepto. Pero ahora me doy cuenta que estaba equivocada. No estamos enamorados, ni creo lo estaremos. Llegue a la conclusión de que Edward está más desesperado de lo que cree, ve el amor en mi casa y cree necesitar eso. Solo está confundido, y yo lo sé mejor que nadie. Lo que viste hoy en la mañana fue pura debilidad mía. Después de salir del hospital volví a hablar con él y tratarlo de convencerlo pero termine rechazándolo y el siendo terco.
Niñas, sé que estoy interfiriendo en su plática pero, ¿no sería más fácil solo pasar el celular? ¿Tienen que mandar el mensaje y gastar dinero así? – Nos regaño. Ups. –Además, espero que tan rápido como escribes los mensajes contestes los exámenes.-
Si, papá. – Le dije mirando al suelo. Nos había cachado y peor aún, nos había dado una solución.
Me juro que haría todo lo posible por conquistarme y que terminaríamos igual de felices que mis padres pero eso no es cierto. Una de sus maneras es besándome y como te lo dije antes no lo voy a negar es increíble pero he hecho todo en mi para detenerlo, ponerle un alto pero no puedo. Sabe que sus besos me derriten y cree que estoy cayendo pero no, lo niego y se enoja. Sigue de terco… en fin. Sigo tratando de abrirle los ojos pero es igual de terco que yo. Solo puedo esperar el momento en que la chica correcta se atraviese en su vida. Prefiero que él encuentre primero el amor que yo, nunca querría lastimarlo así.
Por favor, borra esto después de leerlo. Es muy serio como para que alguien lo pueda ver…
Justo en ese momento el coche se paró enfrente de la puerta principal. A Lee poco le importo y siguió leyendo el mensaje. Los nervios se me pusieron en punta al ver a todos los alumnos parados alrededor de la entrada, inclusive había chicos de la universidad. Cuando vieron el mercedes de mi papá parar enfrente más de la mitad volteo su mirada hacia nosotros.
La escuela seguía siendo igual a como la recordaba. La puerta principal era transparente con el contorno de metal. Había unos buenos cuarenta metros de la acera, donde estaba el coche, a la puerta. Un camino detallado de cuadros de cemento te llevaba a la puerta. El alrededor del camino era pasto, unas mesas y bancas estaban esparcidas por toda el área verde. A la orilla del pasto solo se veía el bosque y el bosque. Si, el típico Forks.
Carlisle salió antes que nosotras para sacar las muletas de la cajuela. Lee salió aun entretenida en su celular, eso me dejo a mi sola dentro del coche. Una ola de murmullos lleno el lugar cuando varias chicas vieron a MI padre. Hasta acá llegaba el ruido. Sonreí y me imagine que pasaría con todos mis hermanos aquí. El sonido aumento y de repente me sentí insegura. ¿Qué había pasado? Me apresure a salir empujando mi pie en dirección a la puerta y apenas abriéndola. Me detuve y quite mi mano cuando se abrió sola… no, esperen. No se abrió sola. Edward la abrió para mí. ¿Edward?
Tomó mi mano y me dedicó una gran sonrisa. Le regresé la sonrisa. Se ensancho más la suya cuando vio cual había escogido dedicarle. Mi sonrisa coqueta decía mi madre, yo solo la había hecho como amigable. No me tomen a mal, lo último que hacía era coquetear con Edward, estaba poniendo mi mejor cara para salir del coche. Apretó su agarre y me sacó del coche. La ola de murmullos se elevo hasta un nivel casi imposible. Era entre embarazoso y fascinante causar ese tipo de reacciones en mis compañeros. Eddie y yo reímos al escuchar a todos los chicos. Mi padre me entrego mis muletas y se despidió de mí dándome un beso en la frente. Miró a Edward con ojos divertidos antes de regresar frente al volante. Tomé con mucho cuidado el resto de mis cosas y las colgué de mi brazo izquierdo, mi pie bueno daba más equilibrio a su lado que al malo. Edward cerró la puerta y mi papá se fue.
¿Qué haces aquí, Eddie?– Dije con voz divertida, estaba disfrutando de esto.
Emma, ¿qué te puedo decir? Un hombre enamorado hace todo por… - Me intentó decir pero lo calle con un leve golpe en su hombro. – Solo quería ayudarte en tu primer día, además Emmett olvido su mochila en la casa y me amenazo para traerla.
Déjame adivinar, ¿sexo? – Levante una ceja cuando se encogió de hombros
Realmente no quiero llegar a mi cuarto, prender mi estéreo esperando oír a Bach y encontrarme con los gemidos de Rose.– Ambos reímos ante fatal castigo. –Bueno, princesa, me voy. Espero que te vaya bien. – Se acerco lentamente a mí con la intención de besarme.
Aquí no.- Susurré antes de recargar mi cabeza en su pecho y abrazarlo. No quería seguir con el mismo pleito antes de despedirnos. En lugar de eso, me besó la frente y ambas mejillas. Hizo su camino hacia su volvo, estacionado detrás de una desgastada Chevy probablemente de algún desafortunado nuevo, no sin antes despedirse de Lee. Una vez llegado a su coche volteo a vernos y me lanzo un beso. Mi cara cambio de tonos cuando escuche otra ola de murmullos. - ¡Te amo, Emma! – Gritó antes de meterse en su coche y salir disparado al estacionamiento de la Universidad.
NO. LO. PUEDO. CREER.– Gritó Seth cuando me gire hacia la escuela. Se lanzo a mis brazos con una enorme sonrisa.
¡Emma, cuanto has crecido.- ¿Y a esta loco que le pasa? – En este verano has madurado tanto. Y mírate, por primera vez te veo bien. Ya eres toda una señorita, ya no quedan rasgos de niña en ti, el cuerpazo, tu actitud, tu forma de hablar. Emma estoy tan feliz por ti. – Balbuceo mientras me veía. Rompí a reír.
Seth, ¿qué diablos te pasa? – Pregunté alejándolo para verlo mejor. Me suplicó con la vista antes de regresar a abrazarme. Leah atrapó mi mirada y me indico a una bola de chicos viéndonos desde una mesa. – Diablos, Seth. ¿Cuantas veces más te voy a tener que salvar? Chico, ¿no te puedes mantener lejos de los problemas?
El primer toque sonó antes de que me contestará. Teníamos diez minutos para entrar a los salones.
Cuando tenga la respuesta te aviso.– Dijo Seth antes de alejarse de mí y quitarme el portafolios con mi carga. Intente reprochar. – Yo llevo esta. Prefiero verte sin muletas pronto. – Contestó antes de despeinarme y salir corriendo a la entrada. Corriendo le quedo corto. La bola de brabucones se paró de la mesa y empezaron su camino hacia adentro.
¡Te veo en el almuerzo, Seth! – Grite lo suficientemente fuerte como para que todos me escucharan. – Espero verlo en una sola pieza.- Le confié a Lee antes de hacer mi camino hacia adentro con los demás.
Caminamos tranquilamente hacia la puerta. Conforme pasábamos no faltaba los que me guiñaran, me sonrieran, me vieran con cara de estúpidos y tres litros de baba de fuera. También, los que amigablemente me saludaban. Ángela Weber se acercó a nosotros a mitad del camino.
Emma, ¿te encuentras bien?– Pregunto con verdadero interés. Le sonreí.
Si. Gracias por preguntar. Tuve un pequeño incidente mientras caminaba por el bosque. – Me dedico una mirada confusa pero sin abrir la boca. La curiosidad la comía pero era los suficiente educada o tímida como para no preguntar. – Me mordieron unas serpientes. Tres para ser precisa. Ya sabes, por si preguntan.-Le guiñe el ojo. – Espero que tu mamá me disculpe con la entrega de las galletas, en mi condición sé que mis papas ni soñando me dejaran ir a las comunidades pero que no se preocupe. Alice le entregara las que yo cocine antes de que se vayan.-
No hay problema, Emma. Si quieres no hagas las galletas, igual se cancele. Hace falta cooperación de parte de la gente. – La boca se me cayo hasta el suelo.
¿Cooperación? No tienen suficientes personas para ir.- Asintió desviando la mirada. – Ángela dile a tu madre que todos mis hermanos estarán ahí para la entrega. Cada uno llevando su propia cantidad de galletas, ¿OK?- Me miró sorprendida.
¿Estás segura? – Preguntó aún más sorprendida. Asentí con una sonrisa. Irían o irían a ayudar. Los iba a obligar si era necesario. Me aventaría de un acantilado si no lo lograba. – Pues gracias pero no sé si sea suficiente.
No alcance a responderle porque me estrellé contra un cuerpo y caí de bruces al suelo. Fue una chica la que me chocó ya que escuché su queja. Inmediatamente me rodearon. Lee tomo mi mochila mientras agarraba una de mis muletas. Me intente levantar pero fur inútil, los oídos me retumbaban y sentía un pequeño dolor. Todos me estaban ayudando cuando escuché las quejas de la otra chica. Me frustré con todos los que estaban a mi alrededor, ¿acaso solo existía yo?
Lee, la chica. – Me miro confusa. -¡Ayuden a la chica del otro lado!– Grite a toda la bola de inútiles. Mike Newton, Tyler Crowley, Ángela y otros dos chicos que no reconocí fueron a ayudarla. Me abrieron paso para ver con quien había tenido el accidente. Me arrastré hasta su lado.- ¿Te encuentras bien?
Traía puesta la capucha de su chamarra impidiéndome ver toda su cara. Me sorprendí cuando la capucha cayó y me dejo ver su rostro. Era linda, realmente linda, podría decirse que casi hermosa. Tenía el pelo lacio, color café oscuro y de un largo admirable. Su rostro tenía una fina forma de corazón. Sus labios temblaban a causa del frio. Era pálida casi tanto como yo o alguno de mis hermanos. SI alguna vez pensé que me gustaban los ojos cafés de Jacob estos no tenían comparación. Un café chocolate dominaba tornándolos cálidos. Me sentía extraña al ver dentro de ellos, era como si pudiera ver dentro quien era ella, su verdadero ser. Ojos tímidos pero muy bellos.
Sentí envidia. Una punzada de celos pasó por mi cabeza. Inconscientemente posicione mi mano cerca de los míos. Eran verde esmeralda como los de Edward, pero no sabía cómo describir… estaba confundida. ¿Qué dirían los míos? ¿Podrían ver dentro de mí? Por un momento quise tener sus ojos, quise ser como ella. La voz de Leah nos saco de nuestros pensamientos.
Emma, cuidado que te vas a manchar. Solo no respires y aléjate de ahí.– ¿De que hablaba? Un líquido caliente toco la punta de mis dedos. Una de mis manos seguía en el suelo deteniéndome. Tanto la chica como yo desviamos la mirada a mi mano.
Newton y Carter lleven a la señorita Swan a la enfermería- Gritó el director Greene.
¿A quién?- Preguntó Mike confundido
A la señorita Isabella – Les grito nuestro director con enojo señalando a la chica de los ojos cafés. Los chicos tomaron en brazos a Isabella y empezaron su camina hacia el cuarto edificio. Del brazo de la chica goteaba un extraño líquido, era rojo…
¡Cullen, no mire! – Grito mi director antes de que pusiera mi mano enfrente de mis ojos.
Sangre. Isabella Swan. Sangre. Fue lo último que pensé antes de que todo se volviera borroso.
Isabella Swan.
Como se los prometí, Bella apareció. La saque de una forma muy trágica pero, ¿qué esperaban? Es Bella por el amor de dios.
Yo sé que a lo mejor Emma no les caiga bien pero juro que ella tiene lado bueno. Aunque en los siguientes capítulos demuestre lo contrario haciéndole la vida cuadritos a Bella tarde o temprano verán más de su lado bueno.
