Capitulo 9
El tobillo de Relena estuvo mucho mejor al día siguiente, aunque ella todavía necesitaba un bastón para caminar. Acabar su trabajo en la biblioteca, sin embargo, estaba fuera de lugar, ella estaba lo suficientemente torpe sin intentar mover las inmensas pilas de libros, mientras se equilibrase sobre un pie; no había que decir el desorden que podría ocasionar mientras que estuviera minusválida por su tobillo hinchado.
Durante la cena de la noche anterior, Quatre había mencionado que ella podría dibujar un plano de los terrenos de Dekin. Heero, que había estado más reservado durante toda la cena, había refunfuñado una respuesta afirmativa cuando ella le preguntó si pensaba que era una buena idea. Deseosa de impresionar a su anfitrión, se sentó en una mesa de despacho en la habitación azul y comenzó su esquema.
Organizar el plano del suelo, no obstante, demostraba que era más difícil de lo que ella había pensado, y pronto el suelo quedó esparcido de papeles arrugados y rotos cuyos dibujos le parecieron inaceptables. Después de treinta minutos de intentos infructuosos, finalmente ella declaró, a si misma y en alta voz
- Tengo una nueva apreciación y respeto por los arquitectos.
- ¿Disculpa?
Relena levantó la vista sofocada al haber sido pillada hablándose a sí misma. Heero permanecía en la entrada, pero ella no podía decir si su expresión era divertida o molesta.
- Estaba hablando conmigo misma - titubeó ella.
Él sonrió y ella determinó con alivio que el estaba contento
- Si, eso está muy claro - dijo - ¿referente a los arquitectos, no?
- Estoy intentando dibujar un plano para ustedes -explicó - solo que no me sale bien.
Él fue caminando hacia la mesa de despacho y se inclinó sobre el hombro de ella, para analizar su último dibujo.
- ¿Cuál es el problema?
- No consigo aplicarlas dimensiones exactas de las habitaciones, Yo... yo... – ella tragó saliva, él estaba terriblemente cerca, y su fragancia le trajo de vuelta el poderoso recuerdo de su beso robado. Olía a sándalo y menta y a algo más que ella no pudo identificar.
- ¿Sí? - le instó él.
- Yo... er... bueno, verá, es terriblemente difícil aplicarla configuración y las dimensiones correctas de las habitaciones al mismo tiempo - señaló el esquema
-Empecé dibujando todas las habitaciones del lado oeste del vestíbulo principal, y pensé que las había puesto bien...
El se inclinó un poco más cerca, lo que provocó que ella perdiera el hilo de sus pensamientos.
- ¿Entonces que sucede? - murmuró él.
Ella tragó saliva.
- Puse la última habitación antes de dibujar la pared sur, y me di cuenta que no había dejado suficiente espacio - ella indicó con un movimiento brusco del dedo la diminuta habitación de atrás - parece que aquí no hay nada más que un armario, pero en realidad es más grande que ésta habitación - ella apuntó otro recuadro en el esquema.
- ¿Que habitación es ésa?
- ¿Esta? - preguntó Relena ocupando todavía con su dedo el recuadro más grande.
- No, el que dice que debería ser más grande.
- Oh, ese es el salón de la zona sur. No sé mucho sobre él aparte que debería ser más grande que el que yo le he mostrado. No me estaba permitido ir allí.
Heero aguzó el oído inmediatamente.
- ¿¡No me diga!?
Ella afirmó con la cabeza.
- Dekin la llamaba su Casa del Tesoro, lo que yo siempre pensé que era bastante tonto, viendo que no era en absoluto una casa, sino una habitación.
- ¿Que clase de tesoros guardaba allí?
- Eso es lo extraño - replicó Relena - no lo sé. En cualquier momento, compraba algo nuevo, cosa que hacía frecuentemente, y yo tendía a pensar que él estaba echando mano de mi dinero - ella parpadeó, perdiendo la pista completamente de lo que estaba salvando.
- Cuando compraba algo nuevo - Heero la instó, con lo que le parecía una paciencia asombrosa.
- Oh, si - respondió ella - bueno, cuando compraba algo nuevo le gustaba alardear de ello y admirarlo durante semanas; y siempre se aseguraba de que Daniel y yo también lo admiráramos. Así que, si compraba un nuevo candelabro, uno podía estar seguro de que sería exhibido en el salón comedor; y si compraba un jarrón de gran valor, bueno vale, estoy segura de que entiendes lo que quiero decir. No le sentaría nada bien adquirir algo caro y excepcional y esconderlo fuera de la vista.
Heero no dijo nada, así que ella añadió:
- He estado divagando ¿verdad?
Él miró el esquema atentamente, después la miró fijamente a ella.
- ¿Y dice que mantiene esta habitación cerrada?
- Todo el tiempo.
- ¿Y a Daniel no le está permitido entrar tampoco?
Ella movió la cabeza negativamente.
- No creo que Dekin tenga en mucha estima a Daniel.
Heero dio un respiro, sintiendo como un arrebato familiar de excitación lo atravesaba. Era en ocasiones como ésta, que recordaba porque se había involucrado al principio con los Preventers, y por qué había permanecido en él durante muchos años, incluso pensó que había tardado demasiado tiempo en salir de él. Se había dado cuenta hace mucho tiempo que le gustaba resolver problemas, unir las piezas de un puzzle hasta plantear el cuadro completo en su mente. Y Relena Darlian le acababa de decir donde escondía Dekin Barton sus secretos.
- Relena- dijo sin pensarlo - podría besarte.
Ella lo miró de repente.
- ¿Cómo?
Pero la mente de Heero ya había dado un salto y no solo no oyó a Relena, ni siquiera había advertido que le había dicho que podía besarla. El ya estaba pensando en la pequeña habitación de la esquina de la mansión de Dekin, y cómo él la había visto desde fuera cuando estuvo espiando la casa, y cual era el mejor camino para entrar dentro, y...
- ¡Señor Yuy!
Él parpadeó y levantó la mirada hacia Relena.
- Creí decirte que me llamaras Heero - dijo distraídamente.
- Lo hice - replicó ella - tres veces.
- Oh, lo siento mucho - entonces él volvió a mirar el mapa y la ignoró otra vez.
Relena frunció sus labios en una mueca que estaba entre medio irritada y medio divertida, recogió su bastón del suelo y se encaminó hacia la puerta. Heero estaba tan concentrado en sus pensamientos que probablemente no notaría que ella estaba ausente; pero en el momento en que su mano tocó el pomo de la puerta, ella oyó su voz.
- ¿Cuantas ventanas hay en esta habitación?
Ella se giró confundida - ¿Perdona?
Esta habitación secreta de los Barton, ¿Cuantas ventanas tiene?
- No estoy segura, exactamente, apenas estuve dentro alguna vez, pero con certeza conozco bien el terreno, y... déjame pensar - Relena empezó a señalar con su dedo como si mentalmente contara las ventanas por fuera de la mansión.
- son tres en el salón comedor - murmuró ella - y dos en... ¡Una! - Exclamó.
- ¿Solo una ventana? ¿en la habitación de la esquina?
- Quise decir que solo hay una ventana en la pared oeste, pero en la sur -comenzó otra vez a agitar su dedo en el aire - en la pared sur hay una también.
- Excelente - dijo él, principalmente para sí mismo
- Pero os llevará un montón de tiempo entrar, si esa es vuestra intención.
- ¿Porque?
- la mansión no fue construido a nivel del suelo - le explicó - se inclina bajando al sur y al oeste, así que en esa esquina hay una buena cantidad de cimientos al descubierto, desde que yo me encargué de los jardines y planté algunos arbustos florecientes allí para ponerlos a cubierto, por supuesto, pero...
- Relena.
- Si, por supuesto - dijo ella tímidamente terminando con sus divagaciones – lo que quise decir es que las ventanas están bastante por encima de la altura del suelo. Sería muy difícil saltar a través de ellas.
Él le brindó una sonrisa torcida.
- Donde hay voluntad, señorita Darlian, hay una posibilidad.
- ¿Realmente crees eso?
- ¿Que clase de pregunta es esa?
Ella se ruborizó y apartó la mirada
- Una bastante impertinente, supongo, por favor, olvida lo que pregunté.
Hubo un largo silencio, durante el cual, él la miraba fijamente a los ojos de una manera embarazosa y finalmente, le preguntó
- ¿A que altura por encima del suelo?
- ¿Que? Oh, las ventanas - Sobre diez o doce pies, supongo.
- ¿Diez pies? ¿O doce?
- No estoy totalmente segura.
- Demonios - murmuró él.
Él habló tan decepcionado que Relena sintió como si ella hubiera perdido una guerra.
- No me gusta ser la parte débil - se dijo a sí misma.
- ¿Que dices?
Ella golpeó su bastón contra el suelo.
- Ven conmigo.
Él le hizo un gesto con la mano para que se fuera mientras volvía a examinar el esquema del suelo que ella había dibujado.
Relena descubrió que no disfrutaba siendo ignorada por este hombre. ¡POM!
Ella golpeó con el bastón contra el suelo.
Él levantó la vista con sorpresa
- ¿Disculpa?
- Cuando dije "ven conmigo" quise decir "ahora".
Heero la miró intensamente por un momento claramente desconcertado por la nueva actitud autoritaria.
Finalmente cruzó sus brazos, la miró como un padre podría mirar a su hija y dijo -Relena, si vas a formar parte de esta operación hasta la próxima semana, más o menos...
- Cinco semanas - le recordó ella.
- Si, si, por supuesto, pero vas a tener que aprender que tus deseos no pueden ser siempre lo primero.
Relena creía que estaba siendo irritablemente condescendiente, y le habría gustado habérselo dicho así, pero en lugar de eso, de su boca brotaron violentamente las siguientes palabras
- Señor Yuy, tu no conoces ni el más pequeño de mis deseos.
Él se enderezó en toda su estatura, y en sus ojos apareció un brillo diabólico que ella nunca había visto antes
- Bueno - dijo él lentamente - eso no es totalmente cierto.
Las mejillas de ella prácticamente estallaron en llamas
- Estúpida, estúpida boca - murmuró ella - siempre diciendo...
- ¿Estas hablando conmigo? - le preguntó sin siquiera molestarse en esconder su sonrisa arrogante.
No había nada que hacer sino defenderse con argumentos descarados - estoy enormemente avergonzada señor Yuy.
- ¿De veras? No me había dado cuenta.
- Si fueras un caballero - dijo haciendo rechinar los dientes - lo harías.
- Pero yo no soy siempre un caballero - interrumpió él - solo cuando me apetece.
Evidentemente, ahora no le apetecía. Ella masculló unas cuantas palabras sin sentido por lo bajo, y entonces dijo
- Creo que podríamos salir fuera para que pueda comparar la altura de estas ventanas con las de mansión de Dekin.
El se puso de pie de repente
- Esa es una excelente idea, Relena - le ofreció su brazo - ¿necesitas ayuda?
Después de su vergonzosa reacción al besarlo unos días antes, Relena era de la opinión de que tocarlo era siempre una mala idea, pero esto era un comentario bastante embarazoso para hacerlo en voz alta, así que negó con la cabeza y dijo.
- No, voy bastante ágil con este bastón.
- Ah, si, el bastón. ¿Dónde lo conseguiste?
- Peigan me lo dio.
Heero movió su cabeza negativamente mientras mantenía abierta la puerta para ella
- Debería haberlo sospechado.
- Peigan te daría la escritura de esta casa si supiera donde encontrarla.
Ella soltó una risa traviesa por encima de su hombro mientras cojeaba hasta el vestíbulo
- ¿Y donde dijiste que estaba?
- Zorra engañosa, la he tenido bajo llave desde el día en que llegaste.
La boca de Relena se abrió de golpe y se rió
- ¿Tan poco confías en mí?
- En ti, confío. En cuanto a Peigan...
Para entonces, ellos ya salían a la puerta trasera del jardín, Relena estaba riendo tontamente tan fuerte que tuvo que sentarse en los escalones de piedra
- Debes admitir - dijo con un movimiento magnánimo de su mano -que los jardines se ven bastante espléndidos.
- Supongo que debo - su voz era en parte un gruñido y en parte una risa, así que Relena supo que no estaba enojado con ella realmente.
- Sé que solo lleva dos días - dijo entrecerrando los ojos hacia las plantas – pero estoy convencida de que las flores están más sanas en su nueva ubicación.
Cuando ella miró a Heero su cara mantenía una expresión curiosamente tierna.
El corazón de ella se entibió, se sintió tímida de repente.
- Vamos a examinar las ventanas - dijo ella precipitadamente, dándose la vuelta.
Ella fue cojeando por encima de la hierba y se paró enfrente de la ventana del estudio.
Heero la observó mientras ella levantaba la cabeza para calcular la altura de la ventana. La cara de ella resplandecía de lozanía y rubor por el aire matutino, y su pelo era casi rubio con el sol de verano. Parecía tan condenadamente impetuosa e inocente, que eso le producía dolor de corazón.
Ella le dijo que necesitaba reír más; estaba en lo cierto, él se dio cuenta, fue maravilloso reír junto a ella esta mañana; pero eso no era nada comparado con el placer que él había sentido cuando la había hecho reír a ella. Hacía tanto tiempo que él no había conseguido la felicidad de alguien, que había olvidado lo agradable que era.
Había cierta libertad en permitirse a sí mismo ser claramente estúpido de vez en cuando. Heero decidió no olvidar eso, cuando finalmente rompiera sus vínculos con los Preventers. A lo mejor era el momento de dejar de ser tan endemoniadamente serio todo el tiempo, a lo mejor era el momento de permitirse un pequeño placer.
A lo mejor...
A lo mejor solo era ser fantasioso, Relena podía ser la persona más irritantemente divertida, y podría estar aquí en su hogar durante las próximas cinco semanas, pero pronto se iría, y no era la clase de mujer con quien uno perdería el tiempo, era la clase con la que uno se casaría.
Heero no se iba a casar, nunca, así que iba a tener que dejarla sola. Aun así, él pensó con el típico razonamiento machista, no le haría ningún daño mirar...
Él miraba descaradamente su perfil mientras ella estudiaba la ventana, el brazo derecho de ella se levantaba y bajaba como si mentalmente midiera su altura; volviendo su cara hacia él repentinamente, ella casi perdió el equilibrio sobre la suave hierba. Ella abrió su boca, parpadeó y después la cerró, entonces la volvió a abrir para decir
- ¿Qué estabas mirando?
- A ti.
- ¿A mí?- dijo con voz chillona - ¿Por qué?
Él encogió los hombros.
- No hay mucho más que mirar ahora, ya hemos dejado claro que es mejor para mi carácter no prestar demasiada atención al jardín.
- ¡Heero!
- Es más, estoy disfrutando bastante mirando como trabajas.
- Perdona, pero no estaba trabajando, estaba midiendo la ventana mentalmente.
- Eso es trabajo. ¿Sabías que tienes una cara muy expresiva?
- No, yo... ¿qué tiene eso que ver?
Heero rió. Era más divertida si se ponía nerviosa
- Nada - respondió - simplemente que podía seguir los procesos de tu mente mientras examinabas la ventana.
- Oh, ¿es eso malo?
- En absoluto. Aunque supongo que tu no querrás ganarte la vida siendo apostador profesional.
Ella rió con eso
- Desde luego que no, pero yo... - entrecerró sus ojos - si puedes decir tan bien lo que yo estoy pensando ¿qué creías que estaba pensando yo exactamente?
Heero se sintió joven y sin preocupaciones que le refrenaran, algo que él no había sentido en todos estos años desde la muerte de Silvia, e incluso aunque sabía que esto no podía llegar a ningún sitio, le fue imposible parar, así que dio un paso adelante y dijo:
- Estabas pensando que te gustaría besarme otra vez.
- ¡No!
Él afirmó con la cabeza lentamente.
- Sí.
- Ni siquiera un poquito, quizá cuando estábamos en el estudio - ella se mordió el labio.
- Aquí, en el estudio ¿importa en realidad?
Ella plantó su mano libre sobre la cadera.
- Estoy intentando ser una colaboradora para tu misión u operación o como quieras llamarlo, ¡ y tu estás hablando de besarme!
- No precisamente, en realidad, estaba hablando de que tu querías besarme.
Su boca se abrió de golpe.
- Debes estar loco.
- Desde luego - acepto él acortando la distancia entre ellos - hacía mucho tiempo que no me comportaba así.
Ella lo miró a la cara, la boca de él se estremecía mientras ella susurraba
- ¿Ah no?
Él hizo un gesto negativo con la cabeza muy solemne
- Ejerces un efecto muy peculiar en mí, señorita Relena Darlian.
- ¿Efecto bueno o malo?
- Depende del momento - dijo con una sonrisa traviesa - es duro decirlo, pero tiendo a pensar que es bueno.
Él se inclinó y rozó sus labios con los de ella
- ¿Qué estabas diciéndome referente a la ventana? - le susurró él.
Ella pestañeó.
- Lo olvidé.
- Bueno - y entonces él la besó de nuevo, esta vez más profundamente, y con más emoción de la que él creía tener en su corazón; ella suspiró y se apoyó en él, permitiendo que sus brazos la envolvieran completamente.
Relena dejó caer su bastón, extendió sus brazos alrededor de su cuello, y dejó de intentar pensar. Cuando los labios de él estaban sobre los suyos, y estaba abrazada tan cálidamente, le parecía que no tenía mucho sentido plantearse el entender si era una idea tan buena que él la besara. El cerebro de ella, que hacía unos segundos había estado procurando deducir si lo más probable sería que él rompiera su corazón, estaba ahora completamente ocupado buscando la manera de mantener este beso y seguir, y seguir, y seguir...
Ella se colocó más cerca, poniéndose de puntillas y entonces...
- Ouuuu... - ella se habría caído si Heero no la hubiera sujetado.
- ¿Relena? - preguntó con expresión aturdida.
- Mi estúpido, estúpido tobillo - murmuró - lo olvidé e intentaba...
Él puso un dedo tiernamente sobre los labios de ella
- Es mejor así.
- Yo no lo creo - dijo ella abruptamente.
Cuidadosamente Heero quitó sus brazos de alrededor de su cuello y se apartó; movió su brazo rápida y elegantemente hacia abajo, para recuperar el bastón que ella había olvidado en el suelo
- No quiero aprovecharme de ti - dijo delicadamente - y en mi actual estado de ánimo y físicamente, soy propenso a eso.
Relena quería gritar que a ella no le importaba, pero sujetó su lengua, habían llegado a un equilibrio delicado y no quería hacer nada que lo pusiera en peligro.
Sentía algo cuando estaba cerca de este hombre, algo cálido, y cariñoso y bueno, y sabía que si lo perdía nunca se lo perdonaría. Había pasado tantísimo tiempo desde que ella tuviera una sensación de pertenencia, y que el cielo la ayudara, su lugar estaba en esos brazos. El no se había dado cuenta todavía.
Ella respiró profundamente, podía ser paciente. Casi se abofetea en la cara.
- ¿Relena?¿Estás bien?
Ella levantó la mirada y parpadeó
- Muy bien, estupendamente, nunca había estado mejor, es solo..., sencillamente...
- Sencillamente ¿Qué? - preguntó él.
- Pensaba. - dijo mordiendo su labio inferior - lo hago a veces.
- Un pasatiempo digno de elogio - dijo, asintiendo con la cabeza lentamente.
- Tiendo a distraerme de vez en cuando.
- Ya me di cuenta.
- ¡Ah, ¿sí?!Oh, lo siento.
- No importa. Es bastante curioso.
- ¿En realidad lo crees así?
- Raramente miento.
Los labios de ella se removieron en una mueca ambigua.
- Raramente, no es nada tranquilizador.
- En mi campo de trabajo no se puede subsistir demasiado tiempo sin una mentira ocasional.
- Hmmmm. Supongo que si el bien del país esta en juego...
- Oh, si - dijo él con una sinceridad tan absoluta, que ella no podía creerlo.
Realmente no pudo pensar en nada más que decir además de
- ¡Hombres! - y no dijo esto con mucha gracia y buen humor.
Heero se rió entre dientes y la tomó del brazo para volver su cara hacia el edificio
- Ahora, ¿quieres decirme algo acerca de las ventanas?
- Oh, si, por supuesto, yo podría asirme pero estimaría que el fondo del alféizar de la ventana al sur del comedor estaba igual al tercer parte luz de la ventana del estudio.
- ¿Desde abajo o desde arriba?
- De arriba.
- Hmmmm...- Heero examinó la ventana con ojo experto - esto serían unos diez pies de altura, no es una tarea imposible, pero quizá si algo engorrosa.
- Esa parece una manera extraña de describir tu trabajo.
El se volvió hacia ella con una expresión un tanto cansada
- Relena, la mayoría de lo que yo hago es engorroso.
- ¿Ah, si? Habría pensado que es más bien intrépido.
- No lo es - dijo ásperamente - confía en mí sobre esto, y no es un trabajo.
- ¿No lo es?
- No - dijo con voz demasiado enérgica - es sólo algo que yo hago, algo que no voy a hacer por mucho más tiempo.
- Oh.
Después de un momento de silencio, Heero se aclaró su garganta y preguntó
- ¿Cómo está ese tobillo?
- Esta muy bien.
- ¿Estas segura?
- De verdad. No debería haberme puesto de puntillas. Lo más probable es que esté completamente curado por la mañana.
Heero se agachó a su lado y, para gran sorpresa de ella, cogió el tobillo entre sus manos, palpándolo cuidadosamente antes de dejarlo donde estaba
- Mañana podría ser un poco optimista, pero la hinchazón ha bajado considerablemente.
- Si - ella cerró la boca repentinamente por una pérdida completa de palabras, era un asunto de estado de lo más inusual. ¿Qué era lo que se suponía que había que decir en tal situación? "Gracias por el encantador beso ¿Sería posible que nosdiéramos otro?"
De alguna manera, Relena no creía que eso sonara especialmente apropiado, aunque fuera lo más sincero. Paciencia, paciencia, paciencia se dijo a sí misma.
Heero la miró con curiosidad
- Pareces un poco alterada.
- ¿Yo?
- Perdóname - dijo él inmediatamente - era solo que parecías tan seria.
Relena se asustó de lo que hizo él.
Los extremos de la boca de él temblaron
- Sabes - dijo apresuradamente - de repente me siento muy cansada. Creo queiré dentro y descansaré un rato. Por supuesto, puedes acompañarme.
Sin embargo, ella no esperó su respuesta, giró su talón, y se fue cojeando muy rápidamente de hecho, para ser alguien que necesitaba bastón.
Heero la vio como desaparecía dentro de la casa, su cara no podía abandonar la sonrisa que había aparecido en su cara, a causa de este gran intercambio de palabras entre ellos.
En ese momento que veía a Relena desaparecer en la mansión, vino a su mente aquella mujer que tanto había amado.
- Lo siento Silvia - susurró. Le había fallado de tantas maneras. No le había sido posible protegerla, y pensó que había intentado ser fiel a su memoria, nunca tuvo control sobre eso, tampoco.
Y hoy en día, su indiscreción le había llevado más allá de la simple necesidad de su cuerpo. Había disfrutado con Relena, verdaderamente deleitado por el puro placer de su compañía. La culpabilidad perforaba su corazón.
- Lo siento, Silvia - susurró de nuevo.
De esta forma, mientras caminaba de vuelta a la casa, oyó que se decía a sí
mismo – Relena...
Hizo un movimiento negativo con la cabeza, pero el pensamiento no desaparecería.
