Ep. 9: Te encontré a ti
Anko estuvo mucho rato pensando en las palabras de Kakashi, hasta que se quedó dormida entre sus brazos, reconfortada por el calor de todo su cuerpo rodeándola. Kakashi la observó dormir plácidamente acurrucada contra él. Se veía tan vulnerable... aunque sabía que no lo era, pobre del que se metiera con ella porque acabaría en el hospital en un minuto. Sin embargo, para él Anko era un animalito herido del bosque, mostrando sus garras a quien se le acercase, temerosa de que pudieran hacerle daño.
Se merecía algo mejor. Debería tener media docena de muñecas para cambiarles la ropita y jugar a que iban de compras, o unos cuantos ponies para peinarles el cabello con purpurina, y... Kakashi se preguntó si todavía querría un dormitorio pintado de rosa. Probablemente no, pero tal vez le gustaría un ramo de hermosas flores y que un apuesto príncipe de cuentos la invitara a una cita.
A él no le gustaban esas cosas. Las flores se morían en unos días, los únicos juguetes que había tenido eran instrumental ninja de prácticas, y si alguna vez se despertó en un dormitorio rosa fue porque había hecho cosas interesantes con su dueña durante la noche. Y respecto a su guardarropa... baste decir que el traje más elegante que tenía era su uniforme ninja para ocasiones especiales, como bodas o funerales, y dudaba que fuese lo que un príncipe de cuento debía lucir.
Decididamente Anko se merecía algo mejor, se merecía a alguien que fuera capaz de cumplir todas y cada una de sus fantasías (en el sentido más inocente y literal de la palabra). Él estaba dispuesto a conseguirlo de alguna manera, lograría que ella volviera a ser mayor... pero que kami le ayudase si sabía cómo.
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Un par de días más tarde, el cliente terminó con los negocios que había ido a hacer, y todos regresaron al País del Agua. Una vez allí se dio por terminada la misión, acompañada de no pocas lágrimas de las pequeñas Saki y Yumi, que le hicieron prometer repetidas veces a su amiguita que volvería a visitarlas.
- ¡Ten cuidado con las chinches, Anko-chan! - sollozaba Saki, abrazándola por el cuello y dejándola al borde de la asfixia - Ven a vernos cuando descanses de las misiones ninjas, ¿vale?
- ¡Espero verte pronto para que me enseñes a trepar a los árboles! - decía también Yumi, imitando a su hermana mayor pero a la altura del estómago de la kunoichi - ¿Me invitarás a tu boda con Kakashi-kun?
Ante esto, tanto Anko como el abuelo de las niñas se echaron a reír con todas las ganas. Por favor, ni siquiera sabía si ella también le gustaba un poquito a Kakashi, y ya la estaban casando.
- Perdona su indiscreción, Mitarashi-san - dijo el anciano sonriente, agarrando a sus nietas por el cuello de la ropa y dejando finalmente que Anko respirase sin problemas - Pero a mí sí me invitarás, ¿verdad?
Una nueva ola de risas llegó menguada hasta la cubierta del ferry que tomarían los ninjas para regresar al País del Fuego. Ahora, siendo tan sólo cuatro personas, no eran suficientes para manejar un barco entero por pequeño que fuese, de modo que no les quedó más remedio que comprarse pasajes.
- ¡Vamos a zarpar! - se escuchó la estruendosa voz de Gai - ¡La llama de la juventud seguirá ardiendo la próxima vez que os encontréis, rápido!
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Al día siguiente arribaron a tierra sin problemas. Ocuparon un día para reabastecerse de agua y comida para el trayecto de vuelta a Konoha, pero curiosamente, ninguno de los ninjas se dio cuenta de que llevaban el mismo camino que a la ida... o al menos, no se percataron hasta que cierto bosque apareció nuevamente ante sus ojos, a pocos metros del camino.
- No me lo puedo creer. ¿Otra vez vamos a pernoctar aquí?
- No puede evitarse, Yugao - resopló Kakashi sin detenerse - Es el camino más corto para regresar a Konoha, y no me apetece perder dos días enteros de viaje dándole un rodeo al bosque.
Cayó la noche y acamparon, acordando que Anko haría el primer turno de guardia, seguida del líder, luego Yugao y por último la bestia verde. Cuando los demás se retiraron, Anko se quedó absorta contemplando el fuego, abrazada a sus rodillas y perdida en sus pensamientos. ¿Estaba bien desear quedarse así? Empezaba a tener sus dudas. Ella ya había tenido diez años, y por mucho que le disgustase admitirlo, su tiempo de infancia había pasado. ¿Tan malo sería volver a la normalidad... o no hacerlo?
- Anko - habló repentinamente Kakashi sentándose a su lado - Ya puedes retirarte a descansar, tu turno acabará en unos minutos.
- Gracias, pero prefiero quedarme aquí un rato más - respondió ella - Se está bien junto al fuego. ¿Adónde fuiste? Te tardaste mucho.
Así que ella había notado que no había ido a descansar con Gai y Yugao. Era de esperarse.
- No tenía intención de tardar tanto, pero el bosque se ve muy oscuro de noche - explicó el shinobi - Fui a... recoger esto para ti.
Y le tendió un esmerado ramo de flores silvestres. La kunoichi abrió mucho los ojos, sin saber qué hacer, hasta que advirtió que supuestamente tenía que aceptarlo. No era su culpa, nunca le habían regalado flores... y dicho sea de paso, tampoco él las había regalado.
- No me digas que es tu primera vez, Kakashi - se rió ella con ese tono suyo tan característico.
- Me estaba reservando para una persona especial - Kakashi se siguió el juego - ¿Te gustan?
- Sí, son muy bonitas - Anko olió las flores - Y también huelen muy bien.
Después hubo silencio por un largo rato, Anko mirando otra vez el fuego y Kakashi las estrellas.
- Anko, he estado pensando. Dije que encontraría algo para que quisieras volver a tu apariencia habitual, pero lo único que he hallado... - carraspeó un poco, se sentía algo nervioso y no le gustaba - es un motivo puramente personal. Me gustaría q-que fueras mayor y... tener una cita contigo. Que saliéramos juntos.
- Eso no es nada especial. Ya varias veces hemos salido juntos con otros ninjas.
Ella lo hacía a propósito, estaba seguro. Kakashi no creía posible que Anko realmente fuese tan inocente... o bueno, quizás sí.
- No me refiero a salir en grupo como amigos, sino como pareja. Tú y yo solos.
Ella le miró fijamente, con sus ojos cacao muy abiertos.
- ¿Por qué? - le preguntó sorprendida.
- Porque... - el jounin suspiró hondamente - creo que te quiero, Anko. No, sé con seguridad que te quiero, por eso me gustaría que...
- Bésame - le interrumpió ella, acercándose más a él - Ahora mismo, bésame.
Decir que Kakashi estaba asombrado de semejante petición es decir poco, pero aun así lo hizo. Tapando los ojos de Anko con una mano, se bajó la máscara dos segundos y la besó en la frente.
- ¿Pero qué has hecho, Kakashi? - dijo la kunoichi confundida - Me refería a un beso de verdad.
- Anko, no puedo besarte así... ahora - la miró de arriba abajo, incómodo - Eres una niña, me sentiría fatal.
- De acuerdo, no lo hagas - ella avanzó hasta colocarse de rodillas entre sus piernas, tal como estaba ese día en la playa - Y deja que sea yo la que te bese a ti.
Anko atrapó el borde de la máscara con sus pequeñas manos y comenzó a deslizarla, Kakashi no hizo nada por evitarlo. Cuando estaba a punto de escurrírsele de la nariz, su compañera cerró los ojos antes de bajarla del todo, dejando toda su cara al descubierto. Anko acarició sus pómulos, su mandíbula, su barbilla, hasta llegar a sus labios, y se inclinó suavemente sobre ellos.
- Vuelve a decirlo, Kakashi - susurró.
- Te quiero, Anko.
Tras esta declaración, Anko le besó. Juntó sus labios con los de él en un beso que al principio fue inocente, pero al cabo de unos segundos la chica insistió en obtener paso al interior de su boca. No queriendo que ella pensara que la despreciaba, Kakashi accedió, pero se sintió terriblemente raro el tener una lengua tan pequeña y sedosa dentro de la boca... y también terriblemente delicioso.
Anko sabía dulce, muy dulce. Ya, normalmente todos los hombres decían de las mujeres que sabían dulces, pero ella realmente tenía ese sabor: chocolate, crema, un bombón en su boca. Era de esperarse de una adicta al dango.
El shinobi no pudo resistirse a un sabor tan enloquecedor. Comenzó a participar activamente en el beso, respondiendo con todas las ganas y sujetándola de su pequeña cintura para subir su escaso peso sobre su cuerpo. Tan perdido estaba Kakashi en las embriagadoras sensaciones del beso, que tardó en notar que ese "escaso peso" de su compañera empezaba a aumentar, apretándose sugestivamente contra su cadera, al tiempo que la lengua de Anko se volvía más audaz. Inconscientemente, sus manos vagaron por su piel, pero al no descubrir rastro de ropa, finalmente Kakashi se dio cuenta de que algo raro estaba pasando.
- ¡Anko, estás...! - exclamó, abriendo repentinamente los ojos.
- ¿Desnuda? - completó ella la frase, abrazada a su espalda para no verle la cara si él no quería - Sí, eso parece. La ropa no creció conmigo.
- ¿Pero cómo has...?
- Pues igual que todos los demás, supongo - era fascinante ver lo bien que se entendían sin necesidad de palabras - Creo que todos experimentaron sensaciones de adultos mientras estaban atrapados en sus cuerpos de niños, y eso fue lo que rompió el... embrujo. Este beso lo fue para mí.
Kakashi no dijo nada, se limitó a abrazarla fuertemente. Anko, SU Anko a partir de ese momento, había vuelto por fin.
- ¿Eso significa que saldrás conmigo?
- Mmmm... me lo pensaré - se rió ella, y él notó el movimiento en sus (nuevamente) generosos pechos - Pero tendrás que mimarme y consentirme hasta la locura.
- Lo soportaré. Pero no pienso ponerme unas mallas principescas.
Se besaron otra vez, dándose más calor entre ellos que el fuego de delante. Unos minutos después, se separaron para que Anko pudiera buscar una muda de ropa en su mochila, aunque de haber estado solos, al shinobi no le habría molestado en absoluto que su compañera se pasease desnuda frente a él.
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- ¿Has visto eso, Yoru? - exclamó encantada cierta hada que ya conocemos, tirando ansiosamente de la oreja de su compañero - ¡Ella regresó a su estado cuando él la besó!
- ¡Sí, lo he visto también, pero me gustaría conservar mi oreja si no te importa! - farfulló el pequeño duende con una mueca de dolor.
- Ah, perdona - se disculpó Hi - Fue la emoción.
- Así que uno a uno, todos volvieron a la normalidad. Menudo desfile de ninjas que hemos tenido por aquí este mes. Ha sido muy divertido.
- Todos no, todavía falta ese extraño espécimen verde. Me pregunto por qué estará tardando tanto...
- Déjale, ya volverá tarde o temprano - Yoru se acomodó sobre una rama, dispuesto a dar una cabezadita - En cuanto se tope con alguien en sus mismas circunstancias, querrá volver a ser él mismo, ya lo verás.
El duende no se equivocó mucho, porque un par de días después, un extraño grito procedente de varios kilómetros de distancia llegó a oírse entre los árboles.
- ¡GAI-SENSEEEEEIII!
F I N
