IX
A través de la ventana, el olor salado del aire llenó la habitación. Las maletas estaban sobre la cama, junto con la corbata, que abandonada de cualquier manera formaba una figura extraña sobre la colcha. Wilson descansaba en el balcón, observando como un sol anaranjado se estaba ocultando lentamente en el ondulante horizonte del mar. Suspiró satisfecho, tratando de recordar la última vez que se había alejado a más de quinientos kilómetros del hospital. Miró el reloj colgado en la pared del cuarto y se levantó. Había acordado con Cuddy que bajarían a cenar al restaurante del hotel, así que se cambió con rapidez y se mojó el cabello para ordenarlo un poco. Diez minutos mas tarde estaba sentado en una mesa reservada, tenuemente iluminada, y con el rumor del mar a su lado, en una condición que le habría parecido inverosímil dos días antes. Se distrajo observando el azul oscuro casi totalmente ennegrecido del océano mientras el viento le despeinaba el cabello castaño.
- Te gusta la elección del hotel?
Wilson quedó gratamente sorprendido cuando volteó a mirar a Cuddy. La mujer lucía un vaporoso vestido rosa y una sonrisa franca como perfecto accesorio.
- No pensé que te gustaran este tipo de sitios discretos y encantadores. Te consideraba más de hoteles cinco estrellas con todos los lujos posibles- Wilson sonrió a su vez.
- Cómo crees? Soy directora de un hospital, siempre escojo la mejor calidad al menor precio disponible.
- Pero no me digas ahora que Hawai era la opción más económica. – Wilson señaló a su alrededor.
- Cierto, pero si me pareció la mas lejana a nuestro "problema". Algunas veces pienso que con tal de molestarnos, House sería capaz de seguirnos hasta el mismo infierno. No escuhas? Debe estar gritándole quién sabe que clase de tonterías a Fisher. – Cuddy sacudió la cabeza.
- Puede que ahora mismo esté revolcando tu oficina para descubrir donde te escondes- Convino Wilson.
- Sí, porque seguramente habrá revolcado la tuya primero. Está más cerca y es más fácil entrar. – Cuddy respondió con agudeza.
Un mesero se acercó y les pasó el menú. La conversación quedó parcialmente trunca mientras ambos decidían su orden.
- A propósito ¿Cuánto te debo de todo esto?- dijo Wilson después que el mesero se retiró.
- Bastante. – Cuddy sonaba enigmática.
- Te lo tengo que pagar cuando lleguemos a New Jersey, así que mejor adelántame una cifra.
- No es precisamente una cifra.
- Administradora y directora por encima de todo ¿no?.- Los ojos de ambos se cruzaron por un segundo.
- Hay ciertas enseñanzas que no se pueden olvidar. – La mujer miró hacia la playa y aspiró profundamente. Wilson observó como se tensaba la suave piel de su cuello cuando giró la cabeza. Pasó saliva involuntariamente.
- Bueno si es trabajo extra, por favor, no me pongas en la clínica. House terminaría haciéndome ver mis pacientes y los de él.- Protestó Wilson tratando de pensar en otra cosa.
- Qué clase de actividad extra estarías dispuesto a realizar? – Cuddy lo miró fijamente. En su interior se sentía cansada, talvez más que de costumbre. No quería pensar en que era aún una mujer madura, sola y desesperada por ser madre. No quería pensar que lo que le habían gritado alguna vez era cierto. Que ella no estaba destinada para eso de los hijos por alguna razón. Simplemente no quería pensar por esta vez.
- Qué opciones tengo? – El oncólogo estaba como pez fuera del agua. La pregunta de Cuddy, y el tono ronco de su voz lo dejaron descolocado.
- Pues son mas bien pocas, pero no desagradables. – Cuddy se enderezó en su silla y el vestido se ajustó a sus senos. Wilson no dejó pasar desapercibido el gesto y contuvo la respiración por segundos.
Un carraspeo insistente de un hombre en la mesa más cercana los distrajo momentáneamente. El carraspeo se convirtió bruscamente en una crisis de tos que hizo al hombre ponerse en pie.
- Se le atoró algo! – gritó la mujer que le acompañaba. El tono rojo encendido de la cara se tornó violáceo y todos los presentes en el restaurante lo miraron. Wilson apartó de un empellón a un mesero que le daba golpecitos suaves en la espalda al hombre y se ubicó tras él. Le abrazó el abdomen y le apretó violentamente tratando de expulsar con el último resquicio de aire de sus pulmones, la causa de la obstrucción en su garganta. La maniobra fue infructuosa y se desmayó en mitad del restaurante, arrastrando a Wilson con él.
- Llamen una ambulancia! – Gritó Cuddy al mesero, al tiempo que se agachaba a ayudar a Wilson a tratar de zafarse del cuerpo desmadejado del hombre.
El sonido de la puerta de cristal corrediza de la habitación fue casi imperceptible, pero suficiente para atraer la atención en medio del silencio de la sala. Eric Foreman, neurólogo de reciente incorporación al Princeton, atravesó el umbral y se encontró con un tablero acrílico en la mitad de la habitación.
- ¡Esdoy salvao! – gritó una voz desde la cama. - ¡Foleman ha venio a salvajme!-
House sacudía las manos con las palmas arriba y miraba hacia el techo con su único ojo bueno.
- No seas payaso House. Yo tampoco me alegro mucho de volver a verte, y menos en estas condiciones. – Foreman habló lenta y pausadamente.
- No tienej gue guedalte. Te mandalé ua posdal uando lleghe a la molgue. – La mirada monocular de House estaba llena de resentimiento. Foreman le miró extrañado al escucharlo hablar.
Ya verá lo que le grito a este negrito esnobista cuando pueda hablar…si es que algún día puedo.
- ¡Eric, que alegría verte! – La felicidad de Cameron era totalmente genuina. Había entrado un segundo antes y ver otra cara conocida era un alivio.
- Qué le pasó? – Preguntó a Cameron señalando con la cabeza a House.
- Te presento nuestro nuevo caso. – Le respondió Cameron.
- Nooo Foleman no. – House respondió a la seña de Cameron.
- Es el mejor neurólogo que conocemos. Lo sabes. –
House sabía que no estaba en posición de negociar. Sentía que la parálisis de su ojo estaba empeorando.
- Esdá bien. Dengho el ojo baralizao, y esda maldida disaltlia.
House se refería a la disartria, la incapacidad para pronunciar correctamente. Foreman miró el tablero y lo encontró casi vacío. Solo estaban unas cuantas palabras solitarias: visión doble, disartria y disfagia (dificultad para tragar).
- Todas apuntan a un daño cerebral. La visión doble apareció antes de la caída y el resto después. Eso suena a un borracho que se cae y sufre un trauma craneoencefálico severo.- Puntualizó Foreman.
- Si ví una botella de whisky vacía cuando entré en su casa.- Cameron trataba de seguir la línea de análisis.
¡Clonk,clonk! Cameron y Foreman miraron hacia la cama donde House golpeaba desesperadamente una riñonera metálica contra la barandilla.
- Io no esdaba bolacho – Protestó a medias.
- No será la primera vez que nos mientes- Le recordó Foreman.
- Pues ésta vez, no lo hace.- Luego de entrar, Chase cerró la puerta de la habitación. Saludó con un movimiento de cabeza a Foreman quien le devolvió el gesto.
- Acaba de llegar la toxicología, alcoholemia negativa y lo único positivo son los opiodes, que son por supuesto, rastros de vicodin- Terminó de aclarar Chase a sus compañeros.
- ¡Ha, Ha!- Alardeó House, para luego sacarle la lengua a medias a Foreman.
- La tomografía del cráneo es normal también, lo que descarta el trauma.- Todos quedaron callados por un instante. El juego del diagnóstico comenzaba otra vez, y House deleitó el momento con placer.
- Diajnosdigo dijelencial – Dijo al fin, feliz aún en medio de sus problemas.
- Podría ser simplemente un Accidente Cerebro Vascular. Una arteria que se tapa, falta de oxígeno, muerte de algunas neuronas y ahí está. – Chase fue el primero en hablar y al terminar señaló a House como si fuera caso de demostración para una clase.
- Pero él no está tan viejo como para sufrir de arterioesclerosis y arterias tapadas.- Allison Cameron negó con la cabeza.
Gracias Cameron. House no se atrevió a decirlo en voz alta.
- Ya sabemos que aunque tuviese cien años lo seguirías viendo como todo un semental – sonrió Foreman, mientras a Chase la réplica no le resultó tan feliz y torció la boca en un gesto torvo. Cameron miró a Foreman como si fuese un niño de kindergarten.
- Estoy siendo objetiva. Mírenlo, no está obeso, no es fumador, y …- Cameron trató de defenderse con sus argumentos más lógicos, pero tuvo que detenerse antes de que su cerebro la tracionara y dijese que House incluso tenía un cuerpo bien ejercitado.
- Pero ya tuvo un infarto en un músculo del muslo…- Recordó Chase a la reducida audiencia.
- Hagamos una resonancia nuclear...así descartaremos que tenga un infarto en el cerebro, que tempranamente podría no detectarse en la tomografía.- Foreman trató de definir algo.
- Podría ser una vasculitis, con inflamación de vasos del cerebro. Una enfermedad autoinmune.- Cameron lanzó otra idea.
Maldición Cameron, si llegas a decir que tengo lupus, te juro que te daño esa cabecita y tu nuevo tinte rubio. House tomó de nuevo la riñonera metálica con la mano izquierda listo a lanzarla, pero Cameron no aventuró nuevas teorías.
- Hagan la lesonanjia, y puebas pada audoinmudes.- House redondeó la discusión como siempre. Estaba enfermo, pero no muerto.
